“Ahmadineyad exige un “nuevo plan” mundial

El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, pidió el miércoles en la capital cubana, La Habana, que se establezca un “nuevo plan” mundial basado en la justicia.

“Estamos observando que el sistema capitalista está en decadencia, en diferentes escenarios, está en un callejón sin salida”, declaró Ahmadineyad, a la vez que afirmó que es necesario crear “un orden nuevo, una mirada nueva, que respete a todos los seres humanos, un pensamiento basado en la justicia”, informa AFP.

El jefe de Estado iraní dio una conferencia en la Universidad de La Habana, donde fue investido como ‘Doctor Honoris Causa en Ciencias Políticas’.

“Tenemos que estar despiertos, alertas, si nosotros no planeamos el nuevo orden futuro del mundo, serán los herederos de los esclavistas y los capitalistas, quienes nos impondrán un nuevo sistema a nosotros”, recalcó el presidente iraní.

Ahmadineyad señaló que el capitalismo es un sistema “fracasado y en decadencia”, además de indicar que las autoridades estadounidenses, que hacen la guerra y matan a millones de personas con el único objetivo de ganar las elecciones, “tienen el corazón totalmente vacío del amor y el cariño hacia el prójimo”.

En este sentido, el mandatario iraní agregó que EE. UU., hasta el momento, ha matado a más de un millón de inocentes en Irán, en su pretensión de querer controlar las reservas de petróleo.

Después de participar en la ceremonia de investidura de su par nicaragüense, Daniel Ortega, el presidente iraní aterrizó en el aeropuerto de La Habana y, tras reunirse con las autoridades cubanas de alto rango, llegará a Ecuador, la última parada de su gira por cuatro países latinoamericanos.

Desde que Ahmadineyad se convirtió en el presidente de Irán en 2005, Teherán ha estrechado sus vínculos con los países latinoamericanos, dando lugar a la apertura de embajadas iraníes en seis países de la región, a saber, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, Colombia, Chile y Uruguay.

zss/aa/tt”

Extraído de: HispánTV

“Ahmadineyad anuncia el fracaso del capitalismo y pide nuevo orden mundial

10:25 12/01/2012
La Habana, 12 de enero, RIA Novosti.

El presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, declaró la víspera durante su visita a Cuba que el mundo necesita un nuevo orden ante el fracaso del capitalismo que “recurre a las armas para matar”.

“Al capitalismo le falta la lógica y recurre a las armas para matar y destruir. Hoy día lo único que le queda al sistema capitalista es matar. El sistema capitalista prácticamente ha fracasado y está en decadencia”, afirmó.

Según Ahmadineyad, Estados Unidos no tiene motivos para “castigar” a los pueblos de Irán, Cuba y América Latina, porque nunca han atacado a nadie ni han deseado más de los les corresponde.

El líder iraní también reclamó un nuevo orden mundial basado en la justicia y respetuoso con todo ser humano.

“Si no planeamos nosotros un nuevo orden mundial, serán los herederos de los esclavistas y capitalistas los que lo establecerán”, dijo.

El presidente de la República Islámica, quien llegó a Cuba en la tarde del miércoles, fue investido doctor honoris causa en Ciencias Políticas por la Universidad de La Habana.

La isla caribeña fue la tercera escala de la gira latinoamericana del líder iraní que previamente visitó Venezuela y Nicaragua y este jueves, según lo previsto, viajará a Ecuador.”

Extraído de: RIA Novosti

“1. Después de la decadencia y de la desaparición del bloque socialista de Europa del Este a finales del siglo pasado, se hizo necesaria una nueva visión de la geopolítica mundial sobre la base de un nuevo enfoque. Pero la inercia del pensamiento político y la falta de imaginación histórica entre las élites políticas del Occidente victorioso, llevaron a tomar una opción simple: la base conceptual de la democracia occidental liberal, una sociedad de economía de mercado, y el dominio estratégico de los EE.UU. a escala mundial se convirtieron en la única solución ante todo tipo de retos emergentes y el modelo universal que debe ser obligatoriamente aceptado por toda la humanidad.

2. Ante nuestros ojos está surgiendo una nueva realidad – la realidad de un mundo organizado en su totalidad en el paradigma de los Estados Unidos. Un influyente think tank neoconservador en el moderno EE.UU., se refiere a ella abiertamente mediante un término más apropiado: el “imperio global” (en ocasiones: “imperio benevolente” -R. Kagan). Este imperio es unipolar y concéntrico en su misma naturaleza. En el centro se encuentra el “Norte rico”, la comunidad Atlántica. El resto del mundo -la zona de los países subdesarrollados o en desarrollo, considerados periféricos- se presume que está siguiendo la misma dirección y el mismo curso que los países centrales de Occidente tomaron mucho antes.

3. En esa visión unipolar, Europa es considerada la periferia de América -la capital del mundo- y como la cabeza de puente del oeste americano en el gran continente euroasiático. Europa es vista como parte del Norte rico, no en la toma de decisiones, sino un socio menor, sin intereses propios y características específicas. Europa, en tal proyecto, es percibida como un objeto y no como sujeto, como una entidad geopolítica privada de identidad autónoma y de soberanía real y reconocida. La mayor parte de la particularidad cultural, política, ideológica y geopolítica del patrimonio europeo es considerada como algo pasado de moda: todo lo que una vez fue valorado como útil ya ha sido integrado en el proyecto occidental global, y lo que queda es descartado como irrelevante. En tales circunstancias, Europa queda geopolíticamente desnuda, privada de su propio, adecuado e independiente ser. Siendo geográficamente vecina de regiones con diversas civilizaciones no europeas, y con su propia identidad debilitada o negada directamente por el enfoque del Imperio Americano Global, Europa puede perder fácilmente su propia forma cultural y política.

4. Sin embargo, la democracia liberal y la teoría de libre mercado representan sólo una parte del patrimonio histórico europeo, ya que ha habido otras opciones, propuestas y temas, tratados por los grandes pensadores europeos, científicos, políticos, ideólogos y artistas. La identidad de Europa es mucho más amplia y profunda que alguna simple comida rápida ideológica norteamericana del complejo imperial global – con su mixtura caricaturesca de ultra-liberalismo, ideología de libre mercado y democracia cuantitativa. En la época de la guerra fría, la unidad del mundo occidental (en ambos lados del Atlántico) tenía la base más o menos sólida de la defensa mutua de valores comunes. Pero ahora este reto ya no está presente, la vieja retórica ya no funciona. Debe ser revisada así como suministrados nuevos argumentos. Ya no hay un enemigo común claro y realista. Una base positiva para un Occidente unido en el futuro es casi totalmente inexistente. La elección social de los países y estados de Europa se encuentra en marcado contraste con la anglosajona (hoy americana) opción por el ultra-liberalismo.

5. La Europa de hoy tiene sus propios intereses estratégicos que difieren sustancialmente de los intereses estadounidenses o del enfoque del Proyecto Global Occidental. Europa tiene su particular actitud positiva hacia sus vecinos del sur y del este. En algunos casos los beneficios económicos, los problemas de abastecimiento de energía y de defensa común no coinciden en absoluto con los americanos.

6. Estas consideraciones generales nos llevan, como intelectuales europeos profundamente preocupados por el destino de nuestra Madre-Patria histórica y cultural, Europa, a la conclusión de que necesitamos desesperadamente una visión alternativa del mundo futuro donde el lugar, el papel y la misión de Europa y de la civilización europea sean distintos, mayores, mejores y más seguros de lo que lo son dentro del marco del proyecto de Imperio Global, con características imperialistas demasiado evidentes.

7. La única alternativa viable en las actuales circunstancias se encuentra en el contexto de un mundo multi-polar. La multipolaridad puede ofrecer a cualquier país y civilización del planeta el derecho y la libertad para desarrollar su propio potencial, para organizar su propia realidad interna de acuerdo con la identidad específica de su cultura y de su gente, para proponer una base fiable de relaciones internacionales justas y equilibradas entre las naciones del mundo. La multipolaridad debe basarse en el principio de equidad entre los diferentes tipos de organizaciones políticas, sociales y económicas de esas naciones y estados. El progreso tecnológico y una creciente apertura de los países deben fomentar el diálogo y la prosperidad de todos los pueblos y naciones. Pero al mismo tiempo esto no debería poner en peligro sus respectivas identidades. Las diferencias entre civilizaciones no tienen que culminar necesariamente en un choque inevitable entre ellas – en contraste con la lógica simplista de algunos autores americanos. El diálogo, o más bien “polílogo”, es en este sentido una posibilidad realista y viable que todos debemos explotar.

8. En lo que respecta a Europa directamente, y en contraste con otros planes para la creación de algo “grande” en el ya pasado de moda sentido imperialista de la palabra – sea el Proyecto del Gran Medio Oriente o el plan pan-nacionalista de una “Gran Rusia” o de una “Gran China” – sugerimos, como una concreción del enfoque multi-polar, una visión equilibrada y abierta de una Gran Europa como un nuevo concepto para el futuro desarrollo de nuestra civilización en su dimensión estratégica, social, cultural, económica y geopolítica.

9. La Gran Europa consiste en el territorio contenido dentro de los límites que coinciden con los confines de una civilización. Este tipo de frontera es algo completamente nuevo, como lo es el concepto de la civilización-estado. La naturaleza de estos límites supone una transición gradual – no una línea abrupta. Por lo que esta Gran Europa debe estar abierta a la interacción con sus vecinos del Oeste, el Este o del Sur.

10. Una Gran Europa en el contexto general de un mundo multi-polar se concibe como rodeada de otros grandes territorios, basando su unidad respectiva en la afinidad de civilización. Por lo tanto, se puede postular la eventual aparición de una Gran América del Norte, una Gran Eurasia, una Gran Asia Pacífico y, en el futuro más lejano, una Gran América del Sur y una Gran África. Tal y como están las cosas hoy en día, ningún país – excepto los EE.UU.- puede darse el lujo de defender su soberanía real contando únicamente con sus propios recursos internos. Ninguno de ellos podría ser considerado como un polo autónomo capaz de contrarrestar el poder Atlantista. Por lo tanto la multipolaridad requiere un proceso de integración a gran escala. Se podría llamar “una cadena de globalizaciones” – pero globalización dentro de unos límites concretos – que coinciden con los límites aproximados de varias civilizaciones.

11. Nos imaginamos esta Gran Europa como un poder geopolítico soberano, con su propia identidad cultural, con sus propias opciones políticas y sociales – sobre la base de los principios de la tradición democrática europea -, con su propio sistema de defensa – incluidas las armas nucleares -, con su propio acceso estratégico a los recursos energéticos y minerales – tomando sus propias e independientes decisiones sobre la paz o la guerra con otros países o civilizaciones -, todo lo anterior en función de una voluntad europea común y un procedimiento democrático para la toma de decisiones.

12. A fin de promover nuestro proyecto de una Gran Europa y el concepto de la multi-polaridad, hacemos un llamamiento a las diferentes fuerzas en los países europeos, y a los rusos, los americanos, los asiáticos, para que yendo más allá de sus respectivas opciones políticas, diferencias culturales y opciones religiosas, apoyen activamente nuestra iniciativa, creando en cualquier lugar o región Comités para una Gran Europa u otro tipo de organizaciones que compartan el enfoque multi-polar, el rechazo a un mundo unipolar y al creciente peligro del imperialismo norteamericano, así como la elaboración de un concepto similar para otras civilizaciones. Si trabajamos juntos, afirmando fuertemente nuestras diferentes identidades, seremos capaces de encontrar un mundo equilibrado, justo y mejor, un Gran Mundo en el que cualquier digna cultura, sociedad, fe, tradición y creatividad humana encontrará su propio y reconocido lugar.

Alexander Dugin

Comité para una Gran Europa”

Traducido de: Global Revolutionary Alliance

por Alexander Dugin

Si queremos preservar, fortalecer y ampliar nuestra esfera de influencia, debemos ser euroasiáticos y basar nuestra política en esta filosofía.

Los pasos que Vladimir Putin ha dado desde la publicación de su artículo programático sobre la Unión Euroasiática en “Izevstia”, demuestran que no se trata simplemente de una declaración aislada. No obstante, tanto sobre una integración del espacio post-soviético, como respecto a la posibilidad de llevarla a cabo prioritariamente en relación con la CEI, el tema ya ha sido ampliamente tratado por el mismo Putin y por otras figuras políticas.

Que no se trata simplemente de una abstracción, es algo visible desde los primeros pasos concretos tendentes al establecimiento de una unión aduanera, en la creación de una zona de libre comercio en la CEI y en otras acciones: esto demuestra que estamos frente a un proyecto con estrategias y programas.

La Unión Euroasiática no es sólo una iniciativa económica, aunque Putin insiste en la economía. Pero si sólo se trataba de economía, entonces ¿por qué no limitarse a un formato “euro”, la Comunidad Económica Euroasiática –CES-, un espacio económico común o una unión aduanera? ¡No! Putin dijo que la Unión Euroasiática es otra cosa. Es una estrategia política real. Y vemos cómo Putin se está esforzando en ponerla en práctica.

Si Medvedev comenzó su presidencia con el proyecto de modernización, Putin comienza su regreso a la presidencia con el proyecto de Eurasia.

¿Qué es la Unión Eurasiática? Se trata de una filosofía política que tiene tres principios básicos, tres núcleos principales. El primer núcleo consiste en la construcción de un mundo multipolar. No se ve la necesidad ya sea de un mundo unipolar, ya sea de la hegemonía estadounidense -que Putin ha criticado en su discurso de Munich-, ni de un mundo sin polos que garantizaría el dominio de las corporaciones transnacionales y el poder de las élites mundiales. Para Putin es inaceptable tanto un mundo sin polos como un mundo unipolar. Él habla de un mundo multipolar donde haya algunos polos concretos de influencia regional, desde cuyo equilibrio se pueda implementar un sistema equitativo de reparto de la fuerza y de las áreas de influencia. Sólo en un mundo multipolar puede hacerse esto.

De la idea de un mundo multipolar arranca el segundo núcleo de la filosofía política euroasiática: la integración del espacio post-soviético. Esto es realmente lo que Putin, ahora, más destaca. En que Rusia, por sí sola, no puede constituir un polo plenamente autónomo y completo en un mundo multipolar. Con el fin de crear este polo Rusia necesita de aliados, de los procesos de integración en el espacio post-soviético. Necesita de Kazajstán, Bielorrusia, Ucrania, Moldavia, si es posible también de Armenia y de Azerbaiyán; necesita una salida en el corazón de Asia Central, como en Kirguistán, en Tadžikistan, mejor aún en Uzbekistán e incluso en Turkmenistán.

Eso es todo – una perspectiva muy lejana. Pero hay que trabajar en esta dirección. Aunando nuestro potencial energético, económico y militar-estratégico, nuestros yacimientos de recursos fósiles y naturales y sus canales de distribución, seremos una potencia mundial real, verdaderos protagonistas globales, y volveremos al escenario de la historia.

El tercer núcleo de un mundo multipolar –Rusia se está reconstruyendo con el modelo de la democracia liberal que en los años 90 fue copiado de Occidente, recorriendo la muy especial ruta rusa de desarrollo.

La especificidad de nuestra sociedad consiste en el hecho de que no tenemos una nación enteramente burguesa. No tenemos una única sociedad civil basada en los principios del individualismo, el liberalismo, como por ejemplo la sociedad norteamericana o europea. El sistema de valores de Rusia es radicalmente diferente. Este sistema tiene como valor estratégico una unidad alrededor del núcleo ruso y la polifonía étnica, no las naciones, sino los grupos étnicos que viven en el territorio de Rusia y en el espacio post-soviético formando una unidad cultural. Esto se llama eurasismo en la política interna. Una sola gestión estratégica, un solo Estado y una multiplicidad de grupos étnicos, cada uno de los cuales no reproduce la propia configuración nacional o política, sino una parte del tesoro espiritual de nuestra patria común.

Putin ha hablado este verano sobre la necesidad de distinguir entre naciones y grupos étnicos. La nación es una sola, como único es el estado, mientras que los grupos étnicos son diversos. En este punto es muy importante no permitir ni el nacionalismo separatista de los grupos minoritarios, ni el nacionalismo de los pueblos más grandes. Los modelos nacionalistas son incompatibles con la naturaleza euroasiática de nuestra sociedad. Si queremos preservar, fortalecer y ampliar nuestra esfera de influencia, debemos ser euroasiáticos y basar nuestra política en esta filosofía.

Esto es todo lo que Putin anunció, este es el proyecto que ha comenzado a concretar. Creo que en un corto período de tiempo va a ser necesario modificar nuestro sistema político, cambiar el equilibrio de poder entre el centro y las regiones, y el discurso en dos direcciones simultáneamente: la eliminación de conceptos tales como la república nacional dentro de Rusia y al mismo tiempo ampliar el poder de los grupos étnicos, una política deliberada para el fortalecimiento y la renovación de la lengua y de las comunidades religiosas. Se trata de un equilibrio dual.

Este filosofía política de Eurasia estará representada por Putin a partir de marzo de 2012. Se trata de un asunto muy serio. Vamos a entrar en una era de nuevas realidades políticas. No se trata de la modernización liberal, sino de la construcción de una potencia euroasiática. Integral, fuerte, mundial, con sus características sociales, con sus principios y valores específicos.

Traducido de: eurazia.info

Por Tiberio Graziani*

Hace diez años el acrónimo Bric entraba a formar parte del léxico de la economía y de las finanzas internacionales. Desde aquel momento la cooperación de los países emergentes que agrupa esta sigla ha adquirido cada vez más un valor de carácter geoeconómico y geopolítico. El afianzamiento de las relaciones entre Brasil, Rusia, India, China y, desde el 2010, Suráfrica fue posible no sólo debido a las evidentes necesidades económicas comunes en asuntos de modernización y desarrollo – típicas de los países emergentes – sino también gracias a una compartida visión de la política internacional. La coordinación política desarrollada en el ámbito del BRICS en el transcurso de pocos semestres constituye un elemento de aceleración de la transición multipolar.

Los BRICS entre geoeconomía y geopolítica

En otoño de 2011, el analista Jim O’Neill del Banco de Inversiones Goldman & Sachs, sobre la base de datos macroeconómicos de algunos países emergentes, en particular concernientes a la demografía, la tasa de crecimiento y los recursos naturales estratégicos, certificaba un nuevo potencial agregado geoeconómico con el acrónimo BRIC. Los países que fueron tomados en cuenta eran, como ya se sabe, Brasil, Rusia, India, y China. Según O’Neill estas naciones verosímilmente habrían dominado la economía mundial del siglo que está iniciando. Por consiguiente se hacía necesario englobarlas en la economía mundial hegemonizada, después del colapso soviético, en el sistema occidental bajo conducción americana. Los paises BRIC, como sucesivamente fueron denominados, buscaban desde aquel momento, pero unilateralmente, un lugar geopolítico propio en el tablero global. Algunos de ellos, en particular Brasil, India y China, intentaban aumentar sus propios niveles de libertad en el campo mundial haciendo hincapié en una articulada serie de alianzas económicas y comerciales en el ámbito regional e internacional. Las tasas de crecimiento elevadas de estas naciones-continentes, indudablemente, constituía el combustible necesario para un nuevo rol en el escenario post bipolar. También Rusia, bajo la dirección de Putin, intentaba reafirmar, cuando menos en el espacio ex-soviético, una propia primacía, después de la desastrosa presidencia de Yeltsin.

En el transcurso de pocos años, la nueva agregación geoeconómica se ha convertido, de simple hipótesis analítica útil para la descripción de los escenarios económicos-financieros del siglo XXI, un actor global de hecho.

La agenda de los valores del forum de los países BRIC contiene a estas alturas todos los puntos cruciales de la economía  mundial: desde la cuestón climática a la de la cesta de las divisas, desde aquella concerniente a los procesos de modernización y desarrollo innovador a aquella que atañe a la seguridad de particulares sectores industriales; además de estos temas, los BRIC se pronuncian con inmediatez y determinación, también por lo que concierne a los dossier “calientes”, como aquellos que tienen que ver con los conflictos internacionales. Durante el 2011, tan sólo para ofrecer algunos ejemplos, los BRIC han tomado partido sobre los casos de agresión a Libia y sobre el aislamiento de Siria,  principalmente efectuado por los euroatlánticos, han expresado su voto a favor del reconocimiento de Palestina en el ámbito de la UNESCO y han solicitado la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU.

La coordinación entre los países del club BRIC, fortalecida en 2010 con la inclusión de Suráfrica[1], ha asumido por consiguiente un carácter cada vez más “político”, al punto de incidir profundamente sobre los actuales equilibrios mundiales. Desde una perspectiva general podemos observar que la sola constitución del nuevo club de hecho ha acelerado la transición hacia el sistema multipolar e introducido las premisas para su consolidación a nivel continental. La agrupación BRICS parece confirmar, además, la hipótesis geopolítica, adelantada en estas mismas páginas[2], según la cual los pilares del nuevo ordenamiento in fieri estarían constituidos por América indiolatina y por Eurasia.

De hecho, los BRICS no sólo influencian, como ya se sabe, a los sectores económicos, financieros e industriales[3], sino  también a aquellos geoestratégicos y, por último, a los que conciernen al orden jurídico internacional.

El club BRICS y el ámbito geoestratégico

Por lo que se refiere el ámbito geoestratégico, vale la pena considerar que la coordinación entre los países BRICS representa (y predilige) de hecho un eje casi diagonal – proveniente del lado oriental del hemisferio septentrional (Eurasia) al occidental del hemisferio meridional (América indiolatina) – que podríamos definir “asimétrico”, respecto a aquellos definidos respectivamente por las trayectorias horizontal (Este – Oeste) y vertical (Norte – Sur), a las que nos había acostumbrado la propaganda de la prensa de los períodos bipolar y unipolar. Este eje asimétrico NE – SO, articulado en tres núcleos constituidos respectivamente por el polo eurasiático, por el vértice surafricano y por el polo brasileño, previsiblemente desmembrará, en el medio y largo plazo, las líneas de intervención del sistema occidental bajo conducción americana, aún hegemónica desde un punto de vista militar.

El orden BRICS, por ahora solamente diplomático y económico, sin embargo, debido a su potencial militar[4] y por su posición geoestratégica, podría constituir una primera respuesta organizada hacia la “marcha” de los EE.UU que, avanzando a lo largo de la directriz “horizontal” atlántico mediterránea, intenta dirigirse hacia los países de Asia Central. La presión estadounidense hacia la masa euroafroasiática, vale la pena recordarlo, ha adquirido en los últimos doce años un carácter marcadamente militar. La militarización de la política exterior del sistema Usacéntrico, llevada a cabo por la varias administraciones de allende el océano, desde Bush padre a Obama, constituye el principal elemento de la práxis geopolítica de todo el sistema occidental, tendente a la fragmentación de particulares áreas estratégicas como las del Cercano Oriente y el Norte de África[5].

Desde el punto de vista diplomático, económico y militar el club BRICS se presenta evidentemente desequilibrado a favor de su componente eurasiática. Esta situación por lo menos abre dos posibles escenarios. Por un lado el desajuste podría representar, ya desde el medio plazo, un factor de tensión en el interior de la coordinación política de la nueva agregación, con una vuelta hacia el amparo estadunidense por parte de Brasil y tal vez de Suráfrica. Una segunda perspectiva, tal vez la más realista, evalúa el actual desequilibrio como motivo de aceleración de la integración pro continental de América meridional, fundada en el polo Brasil-Argentina-Venezuela. En este último caso, por otra parte deseable, puesto que reforzaría el escenario multipolar en fase de consolidación, el elemento más débil de la actual composición del conjunto BRICS, es decir, la República Surafricana, asumiría, en virtud de su particular posición geográfica, una evidente función de equilibrio geoestratégico en el interior del nuevo sistema mundial.

Un nuevo modelo de cooperación multipolar

Por lo que concierne a la incidencia en el orden jurídico internacional de parte de los países del BRIC, concordamos con lo que asegura Paulo Borba Casella, profesor de derecho internacional en la Universidad de São Pulo (Brasil), según el cual nos hallamos ante un modelo de cooperación innovador, independiente y original.

Para el docente brasileño, “el carácter innovador de la perspectiva BRIC reside precisamente en el hecho de que estos países se pueden ocupar de sí mismos y al mismo tiempo formular un nuevo modelo de inserción internacional y de cooperación. La perspectiva es ésta. Lo que se precisa es ponerla en práctica[6]. El club de los países BRICS de hecho introduce una práxis de cooperación que, respetando las identidades culturales de sus propios miembros, no se conjuga a la perfección con los planteamientos universalistas de las estructuras internacionales como, por citar algunas de ellas, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Banco Mundial (BM) y el fondo Monetario Internacional (FMI), basados, como es sabido, en criterios individualistas y mercantiles propios de las concepciones de carácter occidental.

El nuevo club, aun cuando haya surgido por evidentes razones económicas, sin embargo parece evolucionar hacia una concepción más concreta de las relaciones entre los Estados, fundada en un sustrato cultural afín que podríamos definir de tipo solidario[7], atento hacia la “cosa pública” y a los intereses concretos de las variadas comunidades etnoculturales que pueblan las respectivas naciones.

 La nueva perspectiva que el modelo BRICS introduce, forzosamente chocará con la otra “reglamentación mundial” (la global governance de la escuela angloamericana) la cual se “radica en la concepción individualista de la sociedad y en el pensamiento único “democrático”, rehúsa las diversidades culturales de las distintas poblaciones (aunque no en términos instrumentales como el de la doctrina del “choque de civilizaciones”)[8]. De hecho, el nuevo modelo de cooperación promovido por los países BRICS atestigua el fin o la reorientación de la ONU y la decadencia o la reestructuración de las organizaciones mundiales como el FMI, el BM y la Organización Mundial de Comercio.

*Tiberio Graziani es director de “Eurasia” y presidente del IsAG – Instituto de Altos Estudios Geopolíticos y de Ciencias Auxiliarias.

(Traducción de V. Paglione)

[1] La inclusion de Suráfrica en el Nuevo club multipolar, preanuncia la posibilidad de agregación de otras naciones, entre ellas, Turquía; véase al respecto: Aldo Braccio, E se il BRICS diventasse BRICST? Dati e prospettive dei cinque emergenti più la Turchia, Eurasia. Rivista di Studi Geopolitici, a. VIII, vol. XXIV, n. 3/2011.

[2] Tiberio Graziani, America indiolatina ed Eurasia: i pilastri del nuovo sistema multipolare, Eurasia. Rivista di Studi Geopolitici, a. V, n. 3/2008.

[3] Los países BRICS en su conjunto constituyen alrededor del 27% del territorio, el 43% de la población y el 15% del PIB mundial.

[4] Alessandro Lattanzio, Le forze strategiche del BRICS, Eurasia. Rivista di Studi Geopolitici, a. VIII, n XXIV, n. 3/2011.

[5] Pietro Longo, Daniele Scalea, Capire le rivolte arabe, Avatar – IsAG, Dublino 2011.

[6] Paulo Borba Casella, BRIC: a l’heure d’un nouvel ordre juridique, Edition A. Pedone, Paris 2011.

[7] Ignazio Castellucci, Il diritto nel mondo dei molti “imperi”, Eurasia. Rivista di Studi Geopolitici, a. VIII, n XXIV, n. 3/2011.

[8] Tiberio Graziani, Prefazione a Claudio Mutti, Esploratori del Continente. L’unità eurasiatica nello specchio della filosofia e dell’orientalistica, Edizioni Effepi, Genova 2011.

Stefano Vernole es periodista publicista, redactor de la revista italiana de estudios geopolíticos “Eurasia”. Asimismo, es coautor de La lotta per il Kosovo, publicado por las  Edizioni all’insegna del Veltro, y autor de La questione serba e la crisi del Kosovo, libro  publicado por Noctua edizioni. Recientemente ha tenido la oportunidad de visitar Siria junto con una representación de la comunidad siria en Italia. Ha pasado algunos días en Damasco, donde ha podido encontrar a personalidades del Gobierno, pero también hablar con ciudadanos comunes (pueden verse algunas fotos de su viaje en

http://www.eurasia-rivista.org/stefano-vernole-reportage-da-damasco/11987). Lo que sigue es su relato de esta experiencia.

Quien tuviese ocasión de dirigirse a Siria, debería, como primer acto, liberar su cerebro de la propaganda massmediática transmitida por Al Jazeera y afines.

Siguiendo el clásico estilo hollywoodiense, la televisión símbolo de la “democracia” de Oriente Medio, pero pagada por un autócrata, el Emir de Qatar, nos ha hablado durante meses de imponentes manifestaciones anti-régimen reprimidas sangrientamente por el presidente Bashar al-Assad, descrito por televisiones y periódicos alineados como un dictador despiadado.

Por eso, siento desengañar a los distintos apasionados de la prensa “alternativa”, estilo “Internazionale” o a todos los que han cedido al encanto de los lemas lanzados desde la Casa Blanca sobre “primaveras árabes” y “nueva caída del Muro de Berlín”, pero por lo que he podido ver durante mi estancia en Damasco, Siria y su guía gozan de óptima salud.

Ante todo, ya no hay rastro de las verdaderas o presuntas manifestaciones de masas antigubernamentales en la capital siria, donde reina la paz social y la vida discurre con la máxima tranquilidad, desde el centro hasta la periferia.

Los controles en el aeropuerto son blandos, hay posibilidad de moverse sin límites y de sacar fotos a voluntad.

Raramente al visitar ciudades por el mundo he conocido personas tan serenas, lugares donde no se da el más mínimo rastro de criminalidad y, por otra parte, sin ningún despliegue de fuerzas del orden.

Los primeros que se deberían haber percatado de la situación real son precisamente los delegados de la Liga Árabe, que piden la “retirada de los blindados de las calles” cuando ellos, en primer lugar, han salido del Palacio Presidencial  después de las conversaciones riendo sin ningún tipo de escolta…

El Estado, de hecho, mantiene a sus militares en los cuarteles, y en las calles de Damasco se observan tan sólo los Guardias Urbanos encargados de dirigir el tráfico.

Tras el inicio hace algunos meses de modestas manifestaciones antigubernamentales, de hecho, ha sido precisamente el pueblo sirio el que ha bajado a la calle al lado de su Presidente, como atestiguan las imponentes manifestaciones, las fotos y los carteles colgados en todas las tiendas y en todas las calles principales de la capital, o la bandera que se encuentra en uno de los principales pasos a desnivel de la ciudad que recita “Thank You Russia” (en referencia al veto de Moscú a las sanciones de la ONU).

Si quizás algún exponente del establishment, imaginándose un escenario libio, inicialmente ha dudado a la hora de posicionarse, han sido precisamente los partidos menores, el comunista y el socialista-nacional los que han organizado la movilización pro-gubernamental, conscientes de que la alternativa a Assad sólo puede ser la ocupación del país por parte de la OTAN.

Porque hay que decir una cosa inmediatamente: la mayor parte del pueblo libio sigue compacta alrededor de su Presidente. Siria es un conjunto de etnias y culturas todas respetadas y bien representadas por las mezquitas, por las iglesias católicas y por las cristiano-ortodoxas, que conviven pacíficamente unas junto a otras.

Un mensaje opuesto al del “choque de civilizaciones” que el Pentágono quiere, que con la lógica del “divide et impera” trata de mantener el control sobre el vecino Irak.

Las palabras que hemos escuchado en la Gran Mezquita de los Omeyas del Gran Muftí de Siria, Ahmed Badr Al-Din Hasssun, no dejan dudas al respecto: “Cualquier vida humana es más importante que los símbolos religiosos. Una mezquita se puede reconstruir, una vida no se puede restituir”.

Este mensaje, sin embargo, no ha sido recibido en absoluto por todos los que trabajan para la desestabilización de la nación siria y, por tanto, por los grupos salafistas que desde hace tiempo desencadenan una durísima guerrilla en las zonas fronterizas con Líbano, Jordania, Irak y Turquía.

Después del presunto asesinato de Bin Laden, de hecho, los Estados Unidos no se preocupan ya ni siquiera de enmascarar su alianza con Al Qaeda, el heredero de aquel mercenariado islamista al servicio de Washington desde 1979 en Afganistán.

Hemos podido visitar en el hospital militar de Damasco los frutos de las “manifestaciones pacíficas” de las que nos hablan nuestros mass media en Hama y en otras partes: muchísimos los soldados sirios heridos en las zonas de frontera, que han perdido ojos y brazos pero no la voluntad de seguir sirviendo a su patria.

Exactamente como en Libia, financiados y protegidos por las centrales ocultas sauditas, israelíes y estadounidenses, estos grupos islamistas actúan sin la más mínima piedad contra todos aquellos que no aceptan pasar de su parte, y tienen como único objetivo el de devolver al país a la edad de piedra.

Los testimonios de un conflicto que con el llamamiento a una “mayor democracia” no tiene en realidad ninguna relación han sido unánimes: en Siria se habla de un complot urdido desde el exterior para consolidar la estrategia geopolítica atlantista, la del caos en Oriente Medio, único antídoto al inevitable crecimiento de la influencia de Rusia y de China en la región.

La crisis irreversible del capitalismo financiero occidental, como nos ha indicado el Viceministro de Exteriores del Gobierno de Damasco Abdel-Fattah Ammoura, sólo puede acelerar la tentativa desesperada de postergar el fin de la hegemonía de la City y de Wall Street.

Por otra parte, la serie de reformas concedida por Assad es impresionante pero, como ha afirmado la señora Clinton, si Siria quiere ver el fin de las revueltas debe “reconocer Israel, retirar su apoyo a Hamas y a Hezbollah y quizás poner a 3 ó 4 ministros de los Hermanos Musulmanes en su ejecutivo” (petición esta última particularmente agradecida en Ankara).

Así, han sido meses y meses de guerra oculta, que ha costado muy cara al ejército sirio (se habla de 1600 muertos), que, sin embargo, ha logrado al final prevalecer, con la única excepción todavía de la ciudad de Homs y de alguna pequeña localidad, donde los extremistas salafistas se mezclan con los civiles.

La capacidad económica y social del país, pese a algunos efectos visibles de las sanciones internacionales, permite a Assad tratar ahora desde una posición de fuerza y aceptar las peticiones de la Liga Árabe.

La bola pasa ahora a las manos de la Casa Blanca, que no oculta sus planes de ataque no sólo contra Damasco sino también contra Teherán, como revelan en estos días los periódicos británicos.

Siria, en cualquier caso, espera confiada lo que decidan en el Pentágono y en el Cuartel General de la Alianza Atlántica en Bruselas, segura de la capacidad de resistencia de su propio ejército y de la movilización popular que derivaría: en caso de guerra, dicen todo Oriente Próximo se vería convulsionado y el primero que pagaría el precio sería precisamente Israel, el taciturno aliado regional de los Estados Unidos, que después de la dura lección recibida en el Líbano en 2006 correría el riesgo de una auténtica debacle.

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