MARCHA EN MADRID EL PRÓXIMO SÁBADO 14 DE NOVIEMBRE DE 2009 12h DESDE ATOCHA A LA PUERTA DEL SOL

Marcha Justicia y Libertad para el pueblo saharaui. Madrid, 14N

JUSTICIA Y LIBERTAD PARA EL PUEBLO SAHARAUI

Hoy, 14 de noviembre de 2009, se cumplen 34 años de la firma de los “Acuerdos Tripartitos de Madrid”, que representó la entrega por parte del régimen franquista del territorio del Sáhara Occidental a Marruecos y Mauritania, desentendiéndose de sus obligaciones como país colonizador, y posibilitando a Marruecos ocupar el territorio a sangre y fuego. Este reino echó de sus casas a los y las saharauis, que tuvieron que refugiarse en Argelia y crear una vida y un Estado en los campamentos; los que se quedaron, no corrieron mejor suerte y tuvieron que sufrir persecución, desapariciones, represión brutal, tortura y prisión… Hasta nuestros días.

El Estado español continúa siendo responsable legal y político de esta tragedia. Mientras el pueblo saharaui no pueda decidir libremente su futuro, el Gobierno de España carga con la responsabilidad del sufrimiento y de la violación permanente de los Derechos Humanos que sufre la población saharaui en el Sáhara Occidental.

Por ello, le solicitamos al Gobierno español que, haciendo suyo el clamor social y político mayoritario, haga frente a su responsabilidad histórica y a la deuda moral con el Pueblo Saharaui e impulse un proceso que le posibilite ejercer su derecho a la libre determinación, para de este modo contribuir a una paz justa y duradera, y a la estabilidad en el Magreb.

Hoy reafirmamos nuestro apoyo y solidaridad con el Pueblo Saharaui, y denunciamos:

.- La responsabilidad histórica, política y ética de España en cuanto potencia colonial del Sáhara Occidental, y su actual “mirar hacia otro lado” cuando no mostrando su apoyo a falsas soluciones que no resuelven el conflicto y demoran su solución.

.- El estancamiento del conflicto por la intransigencia marroquí, con el silencio cómplice de algunos países con intereses económicos y políticos en la zona.

.- La violación de los Derechos Humanos en las zonas ocupadas del Sáhara Occidental y la campaña de represión contra la población civil indefensa y sus activistas.

.- El expolio de las riquezas naturales del Sáhara Occidental, durante estos más de 30 años de ocupación militar marroquí, en contra del derecho internacional sobre protección de recursos naturales en los territorios pendientes de descolonización.

No descansaremos hasta que se haga justicia y este Pueblo hermano pueda vivir en paz en su tierra, unidas las familias, sin Muro y minas que se lo impidan. Por eso te pedimos que el sábado 14 de noviembre, a partir de las 12 h., participes en la manifestación de apoyo al Pueblo Saharaui que saldrá de Sol y terminará com un acto lúdico en la Puerta del Sol.

MARRUECOS CULPABLE, ESPAÑA RESPONSABLE

Fuente: SaharaLibre.es

por Eduardo Arroyo.

No es un secreto para nadie que el aborto se disparó en España durante la era Aznar. Pero no solo eso impide que algunos quieran cargar, por interés a favor o en contra, la etiqueta pepera.

La manifestación de hoy en contra del aborto es algo que desborda con mucho el debate político. Algunos medios serviles con el poder –como por ejemplo Antena 3- han lanzado el eslogan propagandístico de que el debate del aborto “está politizado”. ¿Qué quieren decir con esto? Pues que los que han introducido en la arena pública la negativa a las decisiones psicopáticas de una ministra ignorante lo hacen por prejuicios “políticos”. Naturalmente, este argumento es utilizable en sentido contrario, y puede decirse que es el nivel intelectual ramplón de nuestras ministras –no hay más que ver los libros “favoritos” de Carme Chacón según manifiesta en La Razón- el que ha hecho posible una ley del aborto basada en los tópicos más ridículos de la izquierda.

Y es que históricamente, en España, desde las intervenciones pedestres de una Cristina Almeida –basadas en el gracejo populachero y ayunas de argumentos de calado- hasta la necia frivolidad de una niña de 30 años aupada a ministra por la estulticia de un presidente, jamás ha aportado el sector progresista un solo argumento al debate nuclear del aborto. Porque es que lo que aquí se debate es, como decía Julián Marías, si lo que se quita de la madre “es un qué o es un quién”. Solo una vez dirimida esta cuestión central puede pasarse al debate que plantea los pro-abortistas sobre si a la mujer se le niega o no un derecho. Jamás el progresismo ha entrado en este debate por la sencilla razón de que lo tiene perdido. Arrogantes en su ridícula ignorancia, se niegan a verse a sí mismos como los perpetradores del mayor genocidio que registra la historia y que, en este precios momento, el complejo abortivo-industrial está llevando a cabo en los cinco continentes.

Esto es una constante en toda la literatura al respecto. Si uno consulta el infame folleto de IPAS, la multinacional del aborto –una multinacional pagada por la Fundación Bill y Melinda Gates-, que gana millones vendiendo sistemas de succión para extraer “contenidos uterinos”, titulado “¿Embarazo sorpresa? ¡Infórmate! Es tu derecho”, no aborda en una sola ocasión el asunto de la naturaleza del ser abortado.

Por eso, la “politización” del debate sobre el aborto es un hecho real, pero no en el sentido del que dice la jauría de la corrección política, sino en este otro sentido, mucho más real y trascendente, de la información que se oculta a la opinión pública; es decir, esa reflexión rigurosamente racional que demuestra que con cada aborto se mata a un ser humano en el momento de su vida en que la indefensión es máxima. Solo un político, en el sentido más bajo del término, puede prescindir de forma tan descarada de esa información que no le interesa, a fin de deducir de unos hechos previamente filtrados aquellas conclusiones que sí le interesan. Gracias a esta “estrategia del calamar”, que consiste en arrojar al debate argumentos confusos, sesgados o, simplemente, en desviar los argumentos hacia otro sitio, la discusión sobre el aborto puede decirse que está “politizada”, pero mucho me temo que ello se debe a los defensores, y no a los detractores del aborto.

Sin embargo, como era de esperar, el progresismo está en su papel y despliega ante nosotros toneladas de nihilismo bajo la forma del estiércol mental que le caracteriza. Nada nuevo, como se ve. Desgraciadamente, hay algo mucho peor que lo que las Aídos y cía. están perpetrando en nombre de “los derechos de las mujeres”. Ese supremo pecado, ante el que a toda persona decente no le queda más que el vómito, es emplear esa misma “estrategia del calamar” –falacias, segundos argumentos y, en definitiva, ausencia de racionalidad- para, con los votos y las voluntades de aquellos que sí quieren extraer las conclusiones correctas, acabar conduciendo al mismo redil del progresismo nihilista a unos y a otros, a los que están a favor y a los que están en contra del aborto. Esta maniobra repugnante, intrínsecamente corrupta e hipócrita hasta abominar la desolación le corresponde, como ya habrán adivinado, a nuestro ínclito Partido Popular, particularización española de eso que en el mundo occidental se llaman “conservadores”. No es un secreto para nadie –las estadísticas del Ministerio de Sanidad son públicas- que es en la era Aznar cuando el aborto se dispara en España, por lo que a muchos nos cuesta comprender los aires de cínica beatitud con los que ciertos diputados “populares” concurren a congresos auténticamente conservadores, en los que la práctica totalidad del auditorio está en contra de las siniestras actividades del complejo abortivo-industrial.

Como me dijo una vez un político cuando critiqué el “chaquetazo” innoble de cierto personajillo de finales de los 80, “la soledad política es muy dura”. Y es cierto. Hay gente que no soporta que el teléfono deje de sonar, que no aguanta que el poder no cuente con ellos, que tengan que remitirse a su propios méritos en vez de a los fastuosos resultados obtenidos gracias al sortilegio de una lista electoral. En definitiva, no soportan la aspereza de una coherencia vital, aunque sea en soledad, que otorga algo mucho más importante que las prebendas y las consideraciones: el honor y la libertad.

Este arquetipo de político manipulador de sus electores, y provocador del vómito de la gente decente ha sido escenificado a la perfección en las declaraciones de María Dolores de Cospedal, que ha manifestado a la Europa Press (30/9/2009) que “el debate no es aborto sí o aborto no, porque ese debate ya se libró y ya se pactó” y el resultado fue una ley “que se llama de despenalización del aborto en determinados supuestos, supuestos que, por cierto, son muy amplios”. Por eso ella manifiesta que “no hacía falta” reabrir la polémica sobre el aborto, aunque “sí se podía hablar de que la ley como está planteada tenía que cumplirse de una manera rigurosa”. Al parecer, sigue diciendo Cospedal, “como [el del aborto] es un debate que mueve a la moral y la ética volvemos a hablar de eso que le gusta tanto al presidente del Gobierno y que es tan malo para nuestro país, que es el tema de las dos españas (…) Es lo mismo que la [Ley de] memoria histórica, el mismo tipo de debate que va a la moralidad y que trata otra vez de abrir a la sociedad española en dos”.

Es difícil incurrir en una confusión de conceptos mayor. En el tono melífuo de sus aires “centristas”, Cospedal se arroga a sí misma la etiqueta de la “moderación” para exponer y defender ideas fanáticamente radicales. Este argumento tiene la virtud de neutralizar cualquier debate que “mueva a la moral y a la ética” hasta el punto de excluir tanto a una como a otra para sustituirlas por el sucedáneo legalista. Es exactamente la misma estrategia intelectual que emplean todos los sinvergüenzas de nuestro país para empujarnos poco a poco al abismo. Desde los que viven de los contratos basura, la deslocalización y los despidos masivos, hasta los partidos políticos paraterroristas, los jueces egomaníacos o los políticos subnormales aupados a la dirección de la nación, todos ellos cumplen la ley, pero el resultado de hecho es que nuestro país es más pobre, nuestros trabajadores más miserables, los terroristas obtienen financiación pública y ciertos jueces dividen y enseñan el odio desde sus estrados. Aunque eso sí: todo muy legal.

A nadie en estos tiempos se le ocurre buscar sencillamente la verdad y anularse a sí mismo para servirla. Cospedal, como tantos otros, cree “entender de política” por moverse en la cloaca del poder de nuestra época e ignora, también como tantos otros, que en el fondo no tiene ni idea de lo que pasa. Como dijera Romano Guardini “cuando el hombre rechaza la verdad, enferma. Ese rechazo no se da ya cuando el hombre yerra, sino cuando abandona la verdad; no cuando miente, aunque lo haga profusamente, sino cuando considera que la verdad en sí misma no le obliga; no cuando engaña a otros, sino cuando dirige su vida a destruir la verdad. Entonces enferma espiritualmente”.

Por todo ello la manifestación de hoy no es –ni podría ser- una manifestación “del PP” –aunque éste acuda como los buitres a la carroña- sino de las fuerzas sanas de la nación, de esas bases populares sobre las que se puede construir un futuro sano. Será una voz mucho más allá de los partidos políticos al uso, una voz que en definitiva éstos se encargan muy mucho de silenciar.

Extraído de El Semanal Digital

por Jorge Verstrynge

I. El Motín

Decíamos hace ya unos años en éstas mismas páginas, dando cuenta de los grandes movimientos huelguísticos de 1995 que cuando a la gente se la trata como a perros responde con “votos que muerden”. Dicha fórmula fue también aplicable a la hora de explicar, al menos parcialmente, el pase a la segunda vuelta de Lepen en las últimas elecciones presidenciales galas; e incluso el 55% de “Noes” en el referéndum europeo Hoy, como el motín, el crujido, han sido más fuertes, la fórmula acuñada es “Puesto de chusma somos, como tal actuamos”.

Partamos de unos primeros hechos evidentes: los amotinados no eran, en todo el país, más de 3000. Nada pues de movimiento masivo. Con la excepción de los menores de edad de los cuales 89% nunca habían tenido problemas con la justicia, los demás, hasta una proporción del 80% eran viejos “conocidos” de la policía. Su origen étnico no es árabe[1] sino muy mayoritariamente negro: las estadísticas policiales “y todos los testimonios coinciden: son los jóvenes negros de los suburbios, al menos los de origen africano, los que han sido la punta de flecha de los motines…. mayoritariamente: representan ya la mayoría de los habitantes de muchos barrios[2],…. padecen cumulativamente los problemas sociales….: pobreza extrema, segregación, discriminación, racismo más afirmado hacia ellos, des-socialización familiar,…. dificultades escolares, desestabilización cultural, consumo acusado de alcohol y drogas…. Tampoco tienen que ver ni el Islam ni el fundamentalismo islámico, sino más bien al revés”, como veremos[3]. Por cierto que los amotinados son franceses, no de primera generación. Sino de segunda, y tercera. Los amotinados detectados en las acciones de calle son muy minoritariamente inmigrantes ilegales…. Se trata por lo tanto de un motín escenificado por franceses, como las rebeliones que, en frío (con ocasión de huelgas o/y de votaciones cada vez más intensas en pro de anti-sistemas), se están produciendo en Francia ya con cierta regularidad[4]. Y que los bisabuelos, abuelos y padres procedan de la inmigración africana no cambia esta evidencia.

¿Problema de integración? Si y no; o ¿un fracaso del modelo francés de integración? No y si. Porque estos jóvenes (la inmensa mayoría de los amotinados son jóvenes, la mitad menores de edad) están parcialmente integrados. Han pasado por la escuela y una minoría cada vez más numerosa, sobre todo por el lado de las jóvenes, lo han hecho con bastante éxito por cierto[5]; hablan perfectamente la lengua de su país, y ha interiorizado los valores republicanos: libertad, igualdad, fraternidad, sin duda. Pero también exigencia de justicia, aspiración al progreso, y meritocracia[6]. Todo lo cual nos lleva a dos consideraciones: la primera es que son tan franceses que no les pasa por la cabeza volver al país de origen de sus antepasados, en donde nadie les espera ya; ni hallan en dichos países ningún modelo ni modo de vida que les atraiga. Más bien lo contrario…. Ciertamente menos fracaso escolar, el mantenimiento del servicio militar obligatorio u algo similar[7], y mayor estabilidad familiar (lo cual plantea la cuestión de la poligamia) hubieran permitido aún más integración. Pero integrados, culturalmente hablando, la inmensa mayoría de estos amotinados, en acción, a la espera o/y en potencia lo está. Regis Debray, según reza en un artículo publicado en el “Diario el País”[8] añade a las causas del motín un alto grado de desconocimiento y/o de desidentificación con la France “grande” del Imperio y sus victorias militares. Pero esto viene compensado por el rango de gran potencia (además nuclear) del país, y por una política exterior a la vez independiente frente a Washington, y constructiva, casi de hermanamiento, con Berlín.

Sin embargo, a la vez, se trata de una integración fracasada. Porque está el tema del racismo, que es fruto, primero, de una larga tradición intelectual de dicho país (recuérdese que, de los grandes teóricos del racismo, Arthur de Gobineau, Vacher de Lapouge, Edouard Drumont y G. Montandon fueron franceses; y tan sólo H. S. Chamberlain británico, y A Rosenberg, alemán y del Báltico), de precedentes históricos (por ejemplo cuando Napoleón Bonaparte restableció la esclavitud; o cuando el régimen de Vichy aprovechó la Alianza con Alemania para una depuración étnico-religiosa severa; o con ocasión de las masacres coloniales en África), y también hay que decirlo, de cifras elevadas de inmigración africana (hay actualmente en los países europeos 24.190.980 extranjeros –tirando bastante por lo bajo- pues sólo se computan los legalmente residentes, y en Francia concretamente 3.263.186 –tirando muy muy por lo bajo-) sensación aumentada por su concentración en determinadas zonas y, dentro de éstas, en determinados suburbios de las grandes ciudades. Ciertamente Alemania tiene el doble de extranjeros– aunque su población es sólo un tercio mayor que la de Francia, pero, como señalaba Michels, “no importa que un hecho sea falso; si es considerado cierto, es cierto en sus efectos”. Máxime cuando existe un silencio espeso sobre las cifras étnicas ya que “la ley prohibe a cualquier organismo, público o privado, utilizar datos étnicos, excepto la nacionalidad”[9]. Pero eso permite que se disparen al alza las especulaciones sobre la cifra de franceses no de origen…[10].

Dos factores además pueden explicar la diferencia entre Francia y Alemania: el primero, la existencia en Francia de un fuerte partido etno-populista, el Frente Nacional, a la vez producto de esa sensación de un excesivo número de extranjeros, y causa de que se llame mucho la atención sobre dicho excesivo número; y segundo el que una parte considerable de la inmigración hacia Francia sea de origen sub-sahariano (término por cierto muy “cool” políticamente, destinado a sustituir la palabra “negros” pero, por cierto, inexacto, pues al sur del Sahara hay fuertes núcleos de población caucásica –por ejemplo, en África del sur-), lo que no ocurre en Alemania. De hecho, en Francia, en la famosa ecuación Blancs-Blacks-Beurs[11], la identificación por la fisonomía de los Beurs se limita generalmente a la parte de los mismos (no mayoritaria) con rasgos negroides –recuérdese que los árabes y los hebreos son muy mayoritariamente caucásicos y no fácilmente distinguibles de grandes partes de las poblaciones como la española, italiana, griega, portuguesa, rumana, etc-. Hay en todo caso, un cierto fracaso del modelo de integración a causa de esta cuestión racial y no hay más que ver cuantos puestos de trabajo, y cuantos alquileres de viviendas son denegados en virtud de los apellidos o/y de la fisonomía….

Ahora bien, tampoco aquí reside el meollo del asunto: la realidad es que los antepasados de éstos “nuevos franceses” fueron llamados a Francia en épocas del pleno empleo (por ejemplo para las reconstrucciones en 1918 y 1945, y durante el Keynesianismo de los “30 gloriosos años”) y, actualmente, la situación ya no es tal, ni tiene aspecto de volver a ser tal, dado que nos hallamos, excepto cortos periodos de tiempo, en fase de recesiones económicas en serie y que no existe voluntad económica de instaurar un neokeynesianismo. Por otra parte, llegaban a Francia dichos antepasados con unas expectativas dadas, habitualmente mayores que las que el Sistema estaba dispuesto a satisfacerles; pero sus países de origen las satisfacían aún menos. “Privación Relativa” (o sea la distancia entre las expectativas y las satisfacciones; o si se desea la frustración social) existente pues, pero poco exteriorizada por el hecho de que eran extranjeros en el país y que menos daba una piedra. El problema, lógicamente, se complica cuando nacen en Francia sus hijos y nietos y bisnietos que, en virtud de un derecho de nacionalidad que combina, alterna y simultáneamente, “ius soli” y “ius sanguinii”, y que es demasiado laxo, son ya de nacionalidad francesa y que, a través de la socialización escolar, mediática y ambiental en general, interiorizan los valores y exigencias de la sociedad francesa. Por ello, suben de manera importante sus expectativas individuales y grupales. Sin embargo, no hallan posibilidades equivalentes de ascenso social (o sea que el Sistema no satisface a la misma velocidad que crecen las expectativas) entre otras cosas porque se ha pasado ya del “Estado de Bienestar” al “Estado de malestar”. Resultado: una privación relativa que se ha disparado. Traducido: los hijos, nietos y bisnietos de inmigrantes viven en los mismos barrios mugrientos en los que se hospedaban los padres, abuelos y bisabuelos. Muchos de ellos, o son pobres, o ven el “ascensor social” bloqueado. Es decir, ya no son argelinos o marroquíes o senegaleses, son franceses; pero no son franceses como los son los franceses, es decir, con una posición socio-económica más sólida. El resultado es la aparición de una situación prerevolucionaria.

Y este último escenario, explican Bouthoul y Carrere, “describe una situación típicamente revolucionaria”. Añadía yo que “este fue el caso de la Revolución Francesa, cuando varias malas cosechas y un colapso económico y del subsistema distributivo siguieron a un periodo de crecimiento ininterrumpido del bienestar durante 30 años; o el de la Rusia zarista, en 1917, donde el inicio del <> (como diría W. W. Rostow) acompañado por un incremento de las expectativas, no pudo finalmente satisfacerlas….; o el caso mismo de la antigua URSS cuando… un sistema productivo que después de décadas de crecimiento dio muestras de agotamiento y de no poder satisfacer…. las expectativas cada vez más crecientes de la población[12]. Y es el caso de Francia hoy y la causa de estos motines o de estas rebeliones, “frías” o “calientes”.

No se trata de hacer tremendismo. Primero porque no es cierta totalmente la afirmación según la cual en el mundo hay cada vez más pobres. Así la Europa del Este contaba 102 millones de pobres en 1998, 20% de la población, y la cibra bajo a 61 millones en el 2003, 12%; eso si se trata de pobreza absoluta (y no relativa) y el criterio utilizado es el de contabilizar cuantas personas viven con menos de 2 dolates diarios[13]. Pero alguién dirá, con razón, que se trata de Europa, y que no puede darse lo mismo en otras partes del mundo (incluido los USA); y que, además, se trata de “pobreza absoluta” y no “relativa”, lo cual no es mera cuestión semántica. Porque el problema en cuestión reside en el aumento de la última, habida cuenta que se han disparado las desigualdades comparativas tanto de Renta como de Patrimonio. Asunto tanto más grave cuando que como ha explicado recientemente Lionel Jospin, exPrimer Ministro francés “una nueva casta dominante…. que emerge a partir de una alianza implícita entre grandes dirigentes empresariales financieros, cuadros altos de la industria y de los servicios, determinados altos funcionarios del Estado y de privelegiados de los medios de comunicación, [constituye un grupo] que le pide a las demás categorías sociales hacer sacrificios en el nombre de la competitividad o del equilibrio económico, pero que no consiente para sí mismo ningún esfuerzo de renuncia y ni concibe siquiera que ello pueda ser planteado… Comportamientos y privilegios escandalosos que comienza a provocar la colera” en los demás. Añade E. Le Boucher que se trata de una “élite mundializada que se ha divorciado de su tierra natal” [14].

Peor áun: dicha élite ha aplicado, oidos sordos, políticas ultraliberales desde hace décadas con los con sabidos resultados sociales. Volvamos a J. F. Kahn: “¿Es que no hay relación entre la explosión de los alquileres y la de los suburbios; o entre el abandono del mantenimiento de las viviendas sociales por una parte y el surguimiento masivo de residencias nuevas y de lujo por otra; o entre aquí 50% de paro y de la de los récords bursátiles de las grandes empresas; o entre la Renta Mínima de Inserción como única perspectiva en la periferia y las remuneraciones de oro macizo en el centro; o entre el culto o la maximización del beneficio especulativo arriba y la búsqueda frenética del enriquecimiento vía el tráfico de droga abajo; o entre el alud de emisiones de televisión deliberadamente debilitantes mentalmente y la desculturalización total de una generación pegada a los reality-shows de televisión? Y mientras la explosión amenazaba, los ultraliberales se movilizaban a favor de la supresión del impuesto sobre las grandes fortunas, ¿ninguna relación? Se ha liquidado cualquier política de planificación; se ha dado campo libre a una dinámica ultra capitalista que… ha exacerbado un proceso de marginalización de los más débiles, de pauperizacción absoluta de las poblaciones periféricas rechazadas hacia espacios condenados a una arquitectura y un urbanismo de acompañamiento de la miseria, de exclusión y de precarización de todos aquellos que no procedían de buenas escuelas, y de Getöización social y étnica engendradora de un ultracomunitarismo autoprotector y a veces alentado por los poderes locales; y una desinversión en las zonas calificables de desfavorecidas…” [15].

II. El Crujido.

No es pues de extrañar que el Sistema se este colapsado lentamente, y que sus costuras revienten, con crujidos cada vez más sonoros. Por eso pierden sus más fieles defensores elección tras elección. En Polonia, los liberales han perdido, una tras otra las últimas elecciones legislativas y presidenciales. ¡Vaya victoria pírrica la de Angela Merkel, con, además, los liberales excluidos de la coalición que va a gobernar!. En el Partido Conservador británico, el candidato a su jefatura de ideología más liberal David Davis lo tiene muy dificil frente a David Cameron, coservador partidario de la potenciación de la empresa… ¡pública! Charles Kennedy, líder del Partido Liberal Demócrata reclama un programa “socialmente progresista” para su formación política. Hasta Blair “en su contribución al debate sobre el modelo social europeo cita como uno de los valores principales comunes a los 25 la importancia del sector público y la calidad de los servicios de interes general”[16]. Incluso Nicolas Sarkozy, en Francia, ha puesto sordina a su ultra-liberalismo mientras Villepin sólo jura por el “patriotismo económico” (traducción: proteccionismo), el “voluntarismo económico” (Traducción: intervencionismo) y la prioridad al empleo y a la política de reactivación vía la demanda (Traducción: Keynesianismo). En Bélgica y en Dinamarca, donde gobiernan, los partidos liberales han dejado de defender la “minimalización del Estado”.

Jaque pues, electoral y en las calles, al liberalismo mundializador, que es derrotado por doquier (añadamos por ejemplo lo que está pasando en Latinoamérica) y que cuando es aplicado lleva al impasse (hasta en ¡Burkina Faso! alumno modelo del FMI) [17]. Pero hay quien incluso añade “Mate”, como lo hace, en el Harper´s Magazine, John Ralston Saul [18]. Para éste analista norteamericano “las grandes teorías económicas raramente duran más de unos decenios […] La teoría del liberalismo salvaje apenas tenía más de 30 años cuando se hundió, en 1929. El comunismo […] consiguió durar 70 años en Rusia y 45 en Europa Central pero no sin un recurso intensivo a la fuerza militar y policial. El Keynesianismo, si se considera no sólo su variante de post-guerra […] sino la forma [...] que revistió durante la Gran Depresión vivió 45 años[19]. La actual mundialización, caracterizada por el determinismo tecnocrático y tecnológico, y por el culto a los mercados, a su vez tiene 30 años. Hoy, a su vez, ha muerto… [y] los síntomas de declive eran claros y se manifestaron desde 1995”. Dicha mundialización era una mezcla “religiosa atrincherada tras certidumbres [tales como que] el Estado Nación iba a declinar en provecho de los mercados mundiales, [que] la economía y no ya la política y las armas forjarían el destino de la humanidad, [que] la liberalización iba rápidamente a conducir a equilibrios internacionales insensibles a las contingencias de los antiguos ciclos [económicos, que] el crecimiento de los intercambios [comerciales] mundiales inflarían las velas de todos los barcos fueran occidentales o de los países en vías de desarrollo, [que] la prosperidad de los mercados transformaría las dictaduras en democracias, [que] todo en esta evolución iba a frenar al nacionalismo irresponsable, y al racismo y a la violencia política, [que] la economía mundialización crearía la estabilidad merced a empresas cada mayores y por ende inmunizadas frente a las quiebras, [que] de dichas multinacionales emanaría un nuevo liderazgo internacional liberado de todos los apriorismos políticos localistas, [que] el surgimiento del poder de los mercados y el declive de la política nacional acabaría con el endeudamiento público, [que] con Estados ya nunca deficitarios nuestras sociedades conseguirían una definitiva estabilidad, [que] en definitiva las fuerzas económicas mundiales, libres para actuar, nos iban a proteger de los errores engendrados por los orgullos locales y aportar a todos prosperidad y felicidad”. Como añade este investigador: “En un mundo durante tanto tiempo dominado por los dogmas cristianos ¿Cómo no quedar seducido ante tales promesas?”.

Dos consecuencias particularmente funestas derivaron de esa nueva “teología de la explotación”, que por cierto, y paradójicamente, han contribuido a la crisis de la misma: Como, dado lo preconizado, todo tenía, forzosamente, que funcionar perfectamente, no se quiso reparar en que, cuando la máquina “jadeaba”, era algo más que una sencilla y corta recesión; resultado: una sucesión sin fin de recesiones que, en lugar de ser globalmente consideradas como la depresión de que se trataba, fueron consideradas (obviando pues respuestas enérgicas para contrarrestarlas) como algo “minimizable, siempre a punto de solución”. Dos: los gobernantes, gobierno y oposición, fueron alcanzados por un síndrome de parálisis; y es que “la nueva ideología integraba una estrategia exhaustiva, llamada, mundialización, con una respuesta para cada problema. ¿Puede haber algo más seductor? Aportaba soluciones simples y radicales y, al igual que todas las religiones […], situaba la responsabilidad última en una entidad invisible e intangible. La mundialización no le pedía pues a nadie ser responsable de algo…. [Por ello] luego vinieron las declaraciones públicas de impotencia de los dirigentes democráticamente elegidos. [Se supuso que] los Estados-Nación ya eran impotentes. [Es decir que] la mundialización se torno para los dirigentes una excusa para no encarar las cuestiones difíciles y no movilizar su poder y sus presupuestos en forma eficaz” [20].

Tres: También cayeron en esta trampa, los oponentes “lights” al Sistema. Así, “los que podrían haber reformado [dicha situación y el Sistema] no se autorizaron tampoco a si mismos a tomar la perspectiva necesaria para estudiar el contexto en su conjunto. Habían perdido la amplitud de miras y la ponderación necesarias. Y poco a poco, también perdieron el derecho a gobernar”. Y es que, más aún: hubo una rendición mental e ideológica de la izquierda: “los reformadores procedieron a un replanteamiento total de su argumentario, retomando las hipótesis de base de sus adversarios. Socialdemócratas y demás progresistas se tornaron ellos también mundializadores, pero de un género más educado, más gentil. [Aceptaron ellos también], como en un acceso de moralismo, que los gobiernos sucesivos renunciaran legalmente a su derecho a endeudarse o crear nuevos impuestos, dos prerrogativas sin embargo esenciales e indispensables para la construcción del Estado y preservar la democracia, y [que] la deuda pública se volviera pecado […] y que los servicios públicos, funcionasen bien o no, fueran privatizados y desregulados” [21].

Y así, el poder económico, sin que nadie, ni gobierno ni oposición lo impidiera, se desnacionalizó (entonces ¿qué más daba sustituir a trabajadores de su propio país por extranjeros más maleables y menos exigentes?), y se dejó que las multinacionales pretendieran sustituir a los Estados como “naciones virtuales”, liberadas de las limitaciones geográficas y nacionales. Apogeo de esta fase: el año 1995, con la sustitución del ATT por la OMG y la comercialización de todo, intercambio cultural incluido.

Pero ahí, paradójicamente se inició el reflujo. Por la sensación de indefensión de los consumidores (vaca loca, recalentamiento climático, déficit medicamentoso en los países en desarrollo, desmejora de los servicios públicos), por el paro crónico agravado por una riada inmigratoria, por la inestabilidad laboral, etc, las gentes volvieron a pensar en el Estado-Nación, máxime cuanto que se vio que el debilitamiento de éste equivalía automáticamente a debilitar la democracia y la expresión de la voluntad general de los nacionales, y que, por lo demás “los recursos naturales se ubican, geográficamente, en Estado-Nación –los consumidores viven en un territorio real, en lugares reales llamados países. Los hombres de negocio y los universitarios, tan disertos sobre las nuevas sociedades–nación virtuales, son a su vez nacionales y consumidores de buenos viejos los Estados-Nación. Un día u otro, los dirigentes electos iban a darse cuenta de que sus gobiernos eran mucho más poderosos que todas las grandes empresas” [22].

III. La Reacción

Cuando se vio que la mundialización tenía mucho de virtual y poco de real, que tan sólo los países que no se plegaban al FMI, como Malasia la primera, escapaban a la crisis (y los otros, seguidores del FMI, no), que de la URSS nacían muchísimos Estados-Nación nuevos, que se hacían guerras para al final parir micro-Estados-Nación muy celosos de su nueva soberanía, que a su vez, el nacionalismo volvía pujante a Nueva Zelanda, y que llegaban Lula, Chávez, Kirtchner, que los propios norteamericanos caían en el unilateralismo, entonces la ruleta volvió a girar con, como consecuencia, una reivindicación mayor del nacionalismo y de la protección de la identidad. La cuestión es hoy si se trata de un mero movimiento de autodefensa frente el caos de la mundialización, con su retahíla de paro y desigualdades crecientes y de flujos inmigratorios descontrolados, y frente al fracaso de la ideología de esta última, o, al contrario, que estamos viendo aparecer un nuevo ciclo político, esta vez bajo el retorno en fuerza del Estado-Nación y del valor identidad, como lo demostraría la letanía de renacionalizaciones: quiebra de la CEI post-soviética e independencia creciente de muchos de sus Estados miembros frente a Moscú, negativa del eje Franco-Alemán a apoyar, en detrimento de sus intereses nacionales, a los USA en Irak, la propia reacción iraki ante la ocupación, el no franco-neerlandés a la Constitución Europea, las últimas elecciones de Irán…., protestas crecientes de los nacionales frente al alud considerado insoportable de trabajadores foráneos.

Y lo cierto es que hasta los propios acontecimientos últimos en Francia apuntan en la misma dirección: los que queman coches quieren ser franceses, íntegramente, tener una identidad clara…. Y quien prospera es frente a la inmigración el Frente Nacional de Le Pen y frente a la desnacionalización del capital el “Patriotismo económico” de Villepin…. Hasta en la izquierda, explica Dominique Reynie [23] (con preocupación excesiva a nuestra opinión) se percibe, en “la izquierda del No […] una mezcla de antiliberalismo muy firme, de exaltación del Estado y de un discurso nacionalista”. Reprocha este analista al PS francés “el haber resbalado hacia la derecha en el plano económico y social al tiempo que se le acusa de una excesiva tolerancia hacia la delincuencia”. ¿Una izquierda “socialista nacional” (según la terminología utilizada en la primera mitad del siglo XX por León Blum)? Puede tratarse, efectivamente de una maniobra táctica. Sumar al voto “no” a la constitución “una mística del Estado permite abrazar la crítica procedente de la extrema izquierda, esperando así hacerse con los asalariados de la función pública, de los que una amplía fracción vota por la extrema izquierda, así como los asalariados del sector privado, de lo que una amplia parte ha apoyado a Le Pen”. Pero lo cierto es que Reynié tiene más razón cuando afirma que para dicha izquierda “las conquistas sociales se han tornado conquistas nacionales, no tanto amenazadas por el envejecimiento demográfico o los déficit financieros como por las directrices europeas”. Lo cierto es que a dicha evolución corresponde un equivalente en lo defendido por O. Lafontaine en las últimas elecciones alemanas… [24]. Sólo que este último, ahora situado a la izquierda de los socialistas, añadió la cuestión del descontrol inmigratorio.

Ciertamente, se intenta reaccionar ante el vacío creado por la defunción de la ideología mundializadora, y para poner remedios a sus desaguisados. A corto plazo, casi de inmediato están las medidas destinadas a relanzar el crecimiento económico, tanto más urgentes cuanto que si no se aplican pronto, estallidos como el francés se van a producir en cascada. Sin duda, poner en vereda el Banco Central Europeo, obligándole a tomar como objetivo el crecimiento económico a través de la creación de empleo. Segundo: lanzar de una vez un “Tratado Social para la CE”. Nos habían impuesto déficit inferior al 3% y deuda inferior al 60%: hay que exigir, a cambio unas tasas de paro y de pobreza inferiores al 5%, unas tasas de malas viviendas y de analfabetismo del 3% [25].

¿Cómo mantener esos objetivos sin disparar la inflación y sin rebasar los famosos ya mencionados déficits y endeudamiento, y, al tiempo alcanzar el índice de paro de un máximo de 5%? Pues atacándonos a la cuestión de la inmigración, reduciendo el gasto al respecto. Primero, cerrado las compuertas y suprimiendo la reagrupación familiar para aquellos cabezas de familia que hayan incurrido en delitos o que practiquen la poligamia [26] y endureciendo las condiciones para la concesión de nacionalidad por matrimonio (por ejemplo, exigiendo cuatro años al menos de vida en común y el conocimiento tanto de la lengua española como de las características de la sociedad española). Así se disminuirán los gastos sociales en materia de educación y sanidad (sobre todo en materia de inter-consultas), así como en materia de trasferencias de divisas (por envío de remesas de inmigrantes, sean de su ahorro sea de sus jubilaciones). Aquellos preocupados por nuestra natalidad, veían como, pronto, la endógena aumentaría en función de las pertinentes ayudas, y de la creación y estabilidad de empleos. Segundo: regular la inmigración limitándola, según las necesidades aunque también en base a nuestra capacidad comunitaria de absorción correcta (integración exitosa incluida), y también en base a dos objetivos estratégicos: África del Norte y la Europa del Este y Central que son nuestros patios traseros, y, como tal, deben ser privilegiados [27]. En la misma óptica, devolución a sus países de origen de todos los ilegales, así como de los legalizados implicados en hechos delictivos. Y si los ahorros en gastos sociales no se comprimen suficientemente, se establecería que las empresas que contraten a trabajadores inmigrantes no comunitarios participen de sus gastos de viaje y asuman la totalidad o parte de sus gastos sanitarios y de vivienda. Para tirar del consumo (forma esencial de reactivación económica), acercase al pleno empleo, y poder financiar el Tratado Social antes citado, la CE emitirá una moneda especial de consumo en función del grado de utilización del aparato productivo, sin rebasar su capacidad máxima de manera a no disparar la inflación [28].

En cuanto al consabido argumento según el cual los inmigrantes vienen a desempeñar los oficios que ya los europeos no aceptan desempeñar, se trata parcialmente de una falacia: en unas sociedades en la que el status social ya no viene determinado por la función que uno desempeña sino por la remuneración percibida por la misma (“el tanto tienes tanto vales”), una cantidad considerable de empleo volvería a ser desempeñada por los europeos, siempre y cuando fueran correctamente remunerados. Es lo cierto que a quien beneficia la inmigración es al capital, mediano y grande. Y que inmigración más deslocalizaciones equivale hacer competir al trabajador europeo no ya con un cinturón nacional o continental de parados, sino con uno mundial, para gran satisfacción del patronato y desgracia de las clases trabajadores. Es por ello por lo que nunca se ha visto a una patronal quejarse de las deslocalizaciones pero tampoco de la inmigración masiva, y menos aún de la ilegal…

IV. Del “patriotismo económico” al “desarrollo regional autocentrado”.

La alternativa de un neoproteccionismo, incluso frente a la inmigración, se está haciendo cada vez más evidente. Hemos visto como J. R. Saul rehabilita la realidad del Estado-Nación y su importancia económica e identitaria. Lo mismo afirman Frederic Lemaître: “Una ilusión está caducando: la mundialización de la economía ni significa que las empresas se han tornado apatridas, ni que los Estados ya no tiene papel alguno para defenderlas [….]. Las empresas tienen en efecto una nacionalidad, y cada país tiene interés en defender las suyas, inclusive aplicando una política industrial”[29]. Y lo mismo afirma Elie Cohen: “las empresas están enraizadas en su territorio nacional; están insertas en las mallas de los sistemas de regulación locales; tienen una relación históricamente construida con su asalariado [….] la multinacional no es [….] apatrida”[30].

La cuestión esencial reside sin embargo en si se va hacia un mero patriotismo económico, o no; tachar éste último, en definitiva una forma de proteccionismo nacional, de potencial impulsor de la guerra económica constituye una estupidez. Primero porque lo que actualmente vivimos, como mundialización, si que constituye una guerra económica encarnizada. Segundo porque per sé, el proteccionismo es pacifista: de lo que se trata, llevado su extremo, que es la economía autárquica, es precisamente de no depender de los demás, ni para las materias primas y demás importaciones, ni de mercados exteriores y demás exportaciones, ni de la mano de la obra de otros. Proteccionismo es pues paz. Entonces ¿cómo es posible que países ultraproteccionistas como Alemania, Japón e Italia en los años 30 fuesen particularmente belicosos, y no lo fuera la URSS igualmente proteccionista? Pues la respuesta es clara: cuestión de tamaño. En sí, por separado ninguno de los tres primeros países poseía las materias primas en cantidad y en variedad suficientes ni un mercado interior propio lo suficientemente amplio. Una “solución” ya se vislumbró durante la IGM con la idea de la “mitteleuropa” que incluía, además del II Reich y del Osterreich, a Francia, Italia, Polonia, y al Benelux, y, de hecho, en eso residían entonces los objetivos de guerra de Alemania. Hitler, en un clima de nacionalismo exacerbado, va a optar por la misma opción, pero también con los mismos métodos empleados en 1914-18: la conquista. Más aún: extender la idea de Nuevo Orden Europeo hasta la Península Ibérica, los Balcanes, y la Europa oriental hacia los Urales. ¿Hubiera podido optar por una propuesta asociativa? Ni la mentalidad de la época, ni la del dictador lo permitían. Se necesitó pues otra Guerra Mundial para que la opción asociativa se impusiera. Y así nació el Mercado Común. En cambio, la URSS per sé, constituía todo un planeta, (máxime cuando extendía su influencia hasta el Elba), lo cual fue uno de los motivos de que tras la II GM no llevará acabo expansiones territoriales.

No otra cosa afirma, por cierto, J. Greau cuando arranca de unas evidencias: la mundialización ha irracionalizado al capitalismo, y, además esta provocando, vía el librecambio, “un riesgo mortal de declive industrial” y vía las desigualdades y la inmigración descontrolada, un cáncer social. Solución: “grandes zonas de libre cambio [pero] económicamente integradas y comercialmente protegidas [porque ahí es donde] puede desarrollarse el potencial que constituye la mundialización para las empresas; es en el seno de aquellas zonas donde las condiciones de una concurrencia equitativa podrían establecerse en lugar de estas razzias hacia los lugares de producción más baratos a los que nos incitan los partidarios del librecambio integral. Pero es también a partir de dichas zonas como podremos sentar, por etapas, las bases y los primeros elementos de un sistema monetario internacional que permita a los inversores configurar proyectos a largo plazo sin miedo a padecer los efectos, siempre perturbadores y a veces devastadores, de las grandes fluctuaciones de divisas”[31].

Amén de que, como hemos demostrado en otros escritos, en la historia económica, el proteccionismo ha sido consustancial al, y causa del, crecimiento económico, y que “el librecambismo internacional o mundial ni es una condición previa, ni un horizonte natural del proceso capitalista”. Es verdad también que, constatando lo esencial de una “protección comercial del espacio nacional […], la nación, si hay que evitar en todo caso renegar políticamente de ella, ya no puede definir un espacio pertinente de mercado” dada la estrechez del mismo. Ahora bien “las grandes naciones o las grandes regiones económicas del mundo pueden [y deben] protegerse sin que la concurrencia quede sensiblemente alterada”. Por ello, es correcto “defender la tesis de un neoproteccionismo que no busque ni dificultar la concurrencia, ni a cerrar territorios a las empresas originarias de otros territorios: Las grandes naciones o las grandes regiones económicas del mundo pueden protegerse sin que la concurrencia quede sensiblemente alterada. Al contrario, es infinitamente más probable que la concurrencia muestre entonces su mejor aspecto cuando las empresas que intenten vender en los grandes mercados nacionales o regionales se verán obligadas a producir en ellos respetando a la vez las condiciones del mercado laboral y ambientales en vigor”[32].

Solución: formar múltiples mercados comunes continentales o regionales, sobre la base de la proximidad geográfica (lo cual por cierto abarata los gastos de transporte) que “estimularía duraderamente las relaciones comerciales, estrechando los lazos de intercambios sobre una base territorial. Alentaría decisivamente las empresas de otras regiones del planeta a venir implantarse en el seno de la zona comercial protegida para llevar a cabo sus producciones”.

Modelo: el Mercado Común de inicios de los años 60, en el que “apertura interior y protección exterior era indisociables, […] Lo que la Europa consciente y responsable de la post-guerra supo realizar constituye el modelo de lo que cada gran región económica del mundo puede a su vez iniciar [….]”. Ahí esta otra solución al problema de la estampida emigratoria, empobrecedora para los países emisores, y peligrosa para el receptor rebasadas determinadas proporciones demográficas y económicas….

En todo caso, a raíz de los acontecimientos franceses, de moda se está volviendo reclamar a Europa, para África, un plan Marshall. Por dos razones: la primera porque África es responsabilidad de Europa (pero también lo es Eurasia y Oriente Medio); la segunda: porque nuestro problema inmigratorio (España en parte excluida) procede de dicho continente. Nadie discute dicha propuesta. Pero a medio plazo, no existe otra alternativa duradera que no sea la que acabamos de describir. En su día, Samir Amin expuso su “teoría de la desconexión” en la que preconizaba grandes conjuntos regionales que comercial y monetariamente se desconectarán de la “Triada” (CE, USA, Japón). André Grjebine planteó algo más pragmático: no desconexión monetaria pero si proteccionismo basado en que cada conjunto basaría su crecimiento en el sector exterior tan sólo en una proporción variable entre el 12 y el 15% del PN. Greau concreta más, y refiriéndose a África enuncia: que en esta, “por una parte la producción local de productos manufacturados o de servicios es aún poco eficaz según los criterios de las grandes economías ricas. Por otra parte, prácticamente ninguna nación de dicho continente dispone de mercados suficientes para edificar esos tejidos de relaciones económicas a partir de las cuales se efectúa el despegue económico. Se impone pues la apertura hacia las naciones vecinas; pero también, en sentido inverso, la necesidad de proteger a los productores locales que fabrican productos que se importan desde países muchos más avanzados, pues dichas importaciones podrían impedir el surgimiento de producciones autóctonas análogas. Lo que equivale a aceptar como bueno que determinados bienes y servicios sean realizados in situ aunque en forma menos eficaz que lo que son los productos importados. Pero se trata del precio a pagar por la constitución de economías locales coherentes. Poco importa que los productores locales no ofrezcan de entrada el grado de eficiencia y de calidad de los productos de las grandes empresas de occidente o del Asia emergente”. En definitiva: África no saldrá de su retraso y de la sangría emigratoria “lanzándose a la competición mundial o mendigando mercados para sus productos para malvenderlos en los mercados internacionales, sino construyendo, pacientemente, con los medios de a bordo, economías aptas para proveer a las necesidades elementales de sus poblaciones, antes de operar los progresos ulteriores de la marcha hacia la madurez “industrial”. Pero eso excluye “dejar entrar una riada, incondicional, de productos del resto del mundo”[33]. Proteccionismo inteligente, que nadie defendía hace 10 años, pero que se esta imponiendo, arriba y abajo del Ecuador, por obvio; y que, desde esta revista, algunos vienen defendiendo desde hace años.

En cuanto a la izquierda, o renuncia al romanticismo beatifico y angelical en materia de flujos migratorios (que la convierte en aliada objetiva del gran, mediano y pequeño capital siempre al acecho de la carne de trabajo maleable y servil), y se dedica de verdad a la función tribunica de defender a los que lo necesitan, (sobre todo frente al capital y a sus exigencias de carne de cañón laboral barata y sumisa) pero, prioritariamente lo hace para con sus compatriotas y demás comunitarios; o pasará, como ha explicado con tristeza, Domique Andolfatto, “de la mutación a la liquidación”[34]. Y la fraternidad será sustituida por la obsesión de la identidad y el nacionalismo estrecho a ultranza.

Epilogo.

Hace unos meses, Nicolas Sarkozi estaba políticamente muerto. Tras la rebelión lleva el viento en popa; ello porque es verdad que ya había zonas en Francia en las que la ley ya no era la de la República. Hubo, en los acontecimientos, quienes protestaban legítimamente contra el Sistema, quienes quemaban sus propios coches para cobrar el seguro o la indemnización (pero quien roba a un ladrón tiene 100 años de perdón)[35], y para que negarlo, también otros, chusma, que se creyeron más fuertes que la República. Hoy, los últimos han perdido la batalla: el Estado es más fuerte. La pregunta siguiente es que será de los primeros, los antisistemas, cuando la represión se acentúe, algo que va ocurrir sin duda.

[1] Dossier de “Marianne” del 25-11-05: “Posons les questions, osons les reponses”.

[2] De donde, por cierto, hace tiempo que los magrebíes, mayoritariamente, han huido…. Igualmente como en Marsella y en la mayoría de los lugares afectados “los barrios de muy fuerte implantación magrebí, globalmente se han movido menos que los que contienen una población, llegada más recientemente, del África negra” (Marianne, op. cit).

[3] “Donde hay fundamentalistas y mezquitas no hay problemas…. El Islam y los islamistas con su peso de tradiciones y prohibiciones han contribuido al mantenimiento del orden social” (Marianne, op. cit.)

[4] Para Emmanuel Todd (en “Rien ne separe les enfants d´inmigres du reste de la societe”, Le Monde, 14-11-05) “la vida política francesa, en los últimos años, no ha sido sino una serie de catástrofes que dejan a los observadores extranjeros irónicamente estupefactos. La primera catástrofe fueron las presidenciales del 2002, con una primera vuelta que conduce a la extrema derecha en el duo de cabecera y, con una segunda vuelta en la que Chirac es elegido con más del 80% de los votos. La segunda catástrofe, visto desde la perspectiva de las clases dirigentes es el referéndum sobre Europa [y] cuando las clases dirigentes se están empezando a volver a dormir, intentando persuadirse de que la sociedad ha retornado a la estabilidad, sobreviene la tercera catástrofe [que es] el incendio de los suburbios. [Y] cada una de dichas catástrofes tienen su protagonista: [la primera la provocó] el viejo mundo francés que constituye el núcleo del FN. El “no” en el referéndum constituye la entrada en escena de una parte de las clases medias, ligadas a la función pública… [La tercera] pone en escena… los jóvenes nacidos de la inmigración… Los tres grupos [...] tienen en común un antagonismo frente al sistema y las clases dirigentes”.

[5] Indica M. B. Baudet (en “Portrait deseunes français”, Le Monde, 15-11-05) que “haber heredado un origen no europeo constituye un handicap en el mercado laboral que la obtención de la nacionalidad francesa no borra…. No obstante, entre las personas de más edad, la educación parece desempeñar mejor su papel protector: en la clase de edad comprendida entre los 36 y los 50 años, cuando 15,4% de los franceses de origen magrebi y sin calificación están en el paro, la proporción baja al 2,3% para los que han realizado estudios superiores”.

[6] Volvamos a E. Todd (op. cit): “No veo nada en los acontecimientos mismos que separe radicalmente a los hijos de los inmigrantes del resto de la sociedad francesa. Incluso veo exactamente lo contrario. Interpreto los acontecimientos como un rechazo a la marginalización. Todo esto no hubiera podido producirse si esos hijos de inmigrantes no hubiesen interiorizado algunos de los valores fundamentales de la sociedad francesa, entre los cuales por ejemplo, el tándem libertad-igualdad… Los jóvenes se rebelan porque han integrado el modelo republicano y sienten que no funciona… Veo su rebelión como una aspiración a la igualdad… [Incluso] los jóvenes étnicamente mezclados de Seine-Saint-Denis se inscriben en una tradición de sublevación social omnipresente en la historia de Francia…. Las segunda y las terceras generaciones de hijos de inmigrantes se integran relativamente bien en las clases populares francesas, y algunos alcanzan las clases medias o superiores”.

[7] Servicio militar o cívico que, en contra de lo que afirma Chirac no puede ser voluntario. Como afirma J. F. Kahn (en “Les vrais incediaires, Marianne 25-11-05), la propuesta de Chirac “es absurda. Como fue absurda la pura y simple supresión del antiguo servicio militar sin sustituirlo por una movilización alternativa. De hecho lo que si forma parte del modelo republicano…. es un servicio civil obligatorio que un plazo corto de tiempo pero significativamente permitiría mezclar poblaciones de medios y orígenes radicalmente diferentes, llevarles a realizar acciones de interés colectivo y darles algunos a la vez, una enseñanza técnica…. y una recuperación de cultura general”.

[8] Javier Cuartas: “Los valores republicanos en crisis”, el 11-11-2005.

[9] Ver, de A. Reverchon “Un trou enorme dans la statistique nationale”, en Le Monde del 15-11-05.

[10] Escribe J. F. Kahn (en “L´embrasement des cites: les vrais responbles”, Marianne del 18-11-05): “no querer ver, no decir: los diarios bien pensantes nos explicaban que, en porcentaje, las personas procedentes de la inmigración no eran más numerosas que antes de la II GM – y por lo tanto ¡no hay problema! – y que las poblaciones de cultura musulmana, viniesen de Turquía, de África negra, o de países árabes o asiáticos, no rebasaban los tres millones. De hecho, la ceguera y la imprevisión fueron totales”.

[11] Es decir “Blancos-Negros-Magrebis”.

[12] Op. cit. págs. 31, 32, 43 y 44.

[13] P. A. Delhommais “Dossiers et Documents”, en Le Monde, Noviembre de 2005.

[14] En “La question de l´emergence d´une <> mondialisee”, Le Monde del 31-10-05.

[15] Op. cit.

[16] Ver, de Thomas Ferenczi “Echec au liberalisme”, Le Monde del 28-10-05.

[17] Ver de Alain Faujas: “Malgré une politique économique modèle, Burkina Faso ne sort pas de la misère”, en Le Monde, 28-10-05.

[18] En “La mondialisation: vie et mort d´une idéologie”. Courrier International del 12-10-05.

[19] De hecho “formas” variadas tan Keynesianos fueron el “New Deal” norteamericano como el nacional-socialismo alemán y el fascismo italiano….

[20] Op. cit.

[21] Op. cit.

[22] Op. cit.

[23] En “Le vertige social-nationaliste”, Paris 2005.

[24] Afirma Raphaëlle Bacqué (en “Voyage dans la gauche du non”, Le Monde, 12-11-05) que condenar el que la “izquierda del No” recoja argumentos de este tipo debería llevarnos a “preguntarnos ¿porque dichos argumentos han hallado tanto eco en los franceses? ¿Y porque, frente a éste desafío nacido en su propio seno, se halla <> tan sin replicas?”.

[25] Ver, de Vincent Peillon y P. Larrouturou: “ Europe: vite un traité social ”, en Marianne 11-11-05.

[26] Atención a la cuestión de la poligamia practicada generalmente por los inmigrantes que vienen de más abajo del Sahara y cuyas familias, en ¡un 90%! son polígamas. Esta claro que dicha práctica, por cuanto multiplica, amén de los gastos derivados de reagrupaciones digamos “múltiples”, la cifra de menores sin atención paterna. Como ha explicado Pierre Cardo, diputado UPM-Gaullista, “los jóvenes delincuentes más duros con frecuencia proceden de familias polígamas [que] en Francia son 30.000, que a diez hijos por familia representan 300.000 jóvenes”. En 1995, el Institut National d´Etudes Demographiques francés precisaba que “dicha práctica [de la poligamia] sólo existía en Francia en las mujeres de étnica africana negra”. Ver “La polygamie et le regroupement familial au centre de la polemique, Le Monde del 18-11-05. A su vez para el Presidente del Grupo UMP de la Asamblea Nacional francesa: “si se desea integrar, hay que ralentizar significativamente los flujos migratorios [siendo] dos las causas de la llegada masiva de nuevos inmigrantes: la reagrupación familiar y la poligamia” (Op. cit). Para Sarkozy, Ministro francés del Interior “el reagrupamiento familiar constituye una nueva vía de inmigración”. La poligamia para Marianne (25-11-05): “plantea un problema enorme para los hijos las familias polígamas generan una violencia en sus hijos dado que ellos mismos son víctimas de violencia: pagan el precio del celo entre las esposas que con frecuencia ajustan cuentas a través de ellos. Esos chicos todo el mundo lo constata tienen más problemas escolares y caen más fácilmente en la delincuencia”.

[27] Como señala el analista Philippe Bernard (en “Banlieues: la provocation coloniale”, Le Monde, 19-11-05) “el incendio generalizado de los suburbios corresponde…. a los inicios de una especie de relevo migratorio: los hijos de la inmigración subsahariana de los años 80 y 90 entran masivamente en la escena incandescente de los barrios populares, justo además en el momento en el que los hijos de los maghrebíes, en parte integrados en la clase media, se ven a sí mismos como las víctimas de dichas violencias y suscriben el discurso sobre el restablecimiento del orden”. Recalcar también las declaraciones apaciguadoras de autoridades religiosas musulmanas magrebíes y que a “diferencia de los jóvenes de origen magrebi, muchos jóvenes negros de origen africano se hallan mucho menos integrados cultural y políticamente” (Marianne, 25-11-05).

[28] Ver J. Verstrynge, en “Elogios” (Barcelona, 1998), el capítulo “Elogio de la inflación I”, y en “Sobre el poder del pueblo” (Barcelona, 2000), el capítulo titulado “Elogio de la inflación II”.

[29] En “La mondialisation du patriotisme économique”, Le Monde, 13-08-05.

[30] En “La tentation hexagonale”, Paris 1996. Nos hallamos pues ya muy lejos de lo que, en 1991, escribía Robert Reich (en “L´économie modialisée”): pronto “no había ya tecnologías ni productos nacionales. Tan solo un elemento permanecerá enraizado en el interior de las fronteras del país: los individuos que constituyen la nación”. Con la inmigración, ni eso.

[31] En “L´avenir du capitalisme”, París 2005.

[32] Ver, de E. Todd “La ilusion économie”, Paris 1998; y de Verstrynge “E. Todd y la ilusión económica”, en “Sobre el poder del pueblo”, ya citada.

[33] Op. cit. pág. 213 y ss.

[34] “PCF: de la mutation a la liquidation”, París 2005.

[35] Según Marianne (25-11-05): “las compañías de seguros han decidido ser generosas. Los propietarios de coches incendiados serán rápidamente indemnizados sin franquicia, y cuales quieras sean las cláusulas de los contratos suscritos… condiciones tanto más interesantes cuanto que la mayoría de dichos coches ya están fueran de valoración y, por ello, carecen de valor mercantil. Tan sólo tienen valor de uso. Según nuestras informaciones algunos… intentan presentar sus viejísimos y deteriorados autos como coches incendiados. Incluso…. Han pagado a amotinados… para que el coche ardiera”.

Jorge Verstrynge – Ciudadano.eu.

Extraído de: Red Tercera Vía.

El rotativo madrileño El País publicaba, el lunes 28 de julio de 2003, un artículo del historiador catalán Xavier Casals bajo el título “La ilegalidad de las ideas”, en el cual hacía una particular reflexión al calor de los incidentes del 8 de julio del mismo año, que implicaban al dueño de la librería Kalki, y a Joan Antoni Llopart, responsable de Ediciones Nueva república. Ante la reciente sentencia condenatoria de la Audiencia Provincial de Barcelona, (ver noticia en prensa) reproducimos el texto en cuestión:

La ilegalidad de las ideas

“En La Crónica del miércoles 23 de julio Jacinto Antón aludía al hecho de que la reciente actuación de los Mossos d’Esquadra (incautando 10.000 libros “nazis” de la librería Kalki de Barcelona y de las Ediciones Nueva República) había manifestado tal exceso de celo que incluyó obras del célebre escritor Ernst Jünger. En realidad, las obras “nazis”, al parecer, incluían también libros del falangista José Luis de Arrese o de uno de los introductores del fascismo en España, Ramiro Ledesma Ramos. En fin, un melting-pot ultraderechista.

Pero al margen de estas precisiones, el episodio policial vuelve a poner en primer plano una cuestión difícil de acotar: ¿cuáles deben ser los límites de la libertad de expresión y de la circulación de ideas? ¿Dónde comienza o acaba la “apología del genocidio” en una democracia más allá de lo que establece el Código Penal vigente? ¿Hasta qué punto es legal incautar obras con ISBN y Depósito Legal? ¿Debe existir censura previa?

Respecto a la primera pregunta, es fácil coincidir en una pregunta de amplio consenso social: el delito supuestamente cometido por los editores y difusores de estas obras (“apología del genocidio”) despierta una inmediata condena ética y social, que comparte quien escribe estas líneas. Es obvio —como han demostrado los resultados electorales— que la mayor parte de nuestra sociedad no se identifica con los postulados neonazis, racistas o antisemitas. Pero al exigir que una sanción social legal acompañe a la condena ética se entra en un campo minado para la libre circulación de ideas.

En efecto, “judicializar” la difusión de ideologías en función de su supuesta maldad o bondad abre vías de eventual limitación de las libertades cívicas. Porque… ¿debe limitarse la “apología del genocidio” a obras exaltadoras del nazismo o negadoras del exterminio judío? ¿Y la dura realidad del “Gulag” soviético? En 1997 una obra de historiadores franceses, El libro negro del comunismo, inventarió los crímenes monstruosos del llamado “socialismo real”. ¿Es posible, después de aparecer nuevas monografías que describen el totalitarismo comunista, excluir del delito de “apología del genocidio” obras laudatorias de los extintos regímenes comunistas? ¿Por qué?

La situación se hace más complicada si miramos nuestro pasado inmediato, el franquismo. Está documentada la voluntad de genocidio de la dictadura respecto a la cultura catalana, como refleja una monografía de Josep Benet de 1995. ¿Qué hacer, pues, con quienes reivindican la memoria del régimen anterior? ¿Hay que cerrar la revista Fuerza Nueva? ¿Y la Hermandad de Combatientes de la División Azul? Ahí está un trabajo que se acumula para jueces y letrados y que se complica con la publicación exitosa de la obra de Pío Moa Los mitos de la Guerra Civil. En ella, se cuestiona (entre otros aspectos de la contienda y sus participantes) la “crueldad de Franco”, y su autor argumenta que éste “sale bien parado”, “si lo comparamos con, por ejemplo, Churchill, Roosevelt o Truman, no digamos Hitler o Stalin”. Lejos de merecer condenas, Moa fue legalmente entrevistado en la televisión estatal sin intervenir ningún contradictor de sus argumentos. ¿Debió ser censurado?

Tipificar el delito de “apología de genocidio” abre las puertas a que la verdad histórica se confunda con la judicial y ello no depara nada bueno ni a la historia ni a la libertad de ideas. Tampoco está de más recordar que la sentencia de una actuación precedente de la policía autonómica de 1998 contra el dueño de la Librería Europa, Pedro Valera, aún está pendiente de ejecución por un recurso presentado ante el Tribunal Constitucional.

Igualmente, cabe destacar que este tipo de intervenciones policiales cada vez tiene menos sentido en la era de Internet: si alguien se molesta en viajar por páginas web ultraderechistas descubrirá que se puede copiar libros enteros. Por otra parte, si se quiere limitar la difusión de este tipo de obras en el ciberespacio, se entra en problemas más complejos. Así, dado que la venta de Mi lucha, de Adolf Hitler, está prohibida en Alemania, los neonazis adquirirían la obra en la librería virtual Amazon, pues en EE.UU. es un texto de difusión legal. Tras producirse varias protestas, Amazon ha decidido retirar el libro de su catálogo. Esta cibercensura abre una senda de destino ignoto (¿se retirarán sistemáticamente obras catalogadas por las protestas que se efectúen?) y plantea algunos problemas obvios: si algún estudioso o interesado desea conocer las fuentes originales del hitlerismo, ¿dónde las podrá consultar?; ¿deberán habilitarse bibliotecas vigiladas?

A quien esto escribe le separa un abismo ideológico de los editores, autores y distribuidores de las obras incautadas, pero considera que —pese a todo— éstas deben ampararse en el marco de la libertad de expresión. Las ideas sólo pueden combatirse con ideas, aunque ello nos desagrade. Actualmente, la generalización de un pensamiento políticamente correcto crea un clima social de censura ideológica, como mostró el episodio protagonizado por Miriam Tey y Todas putas, en el que abundaron opiniones contrarias a una obra que apenas nadie se había tomado la molestia de leer previamente. En definitiva, cuando la democracia necesita policía del pensamiento, su salud no puede ser muy buena.”

Acceso a la sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona.

Comunicado emitido desde la Coordinadora por la Libertad de Expresión

“El pasado jueves, 8 de octubre, la Audiencia Provincial de Barcelona dictaba sentencia contra Juan Antonio Llopart, como máximo responsable de Ediciones Nueva República. Asimismo, se hizo pública la sentencia contra Óscar Panadero (dueño de la extinta librería Kalki), Ramón Bau y Carlos García Soler, estos últimos por su pertenencia al “Círculo de Estudios Indoeuropeos”.

En concreto, el dueño de Ediciones Nueva República ha sido condenado por el delito de difusión de ideas genocidas a un año y tres meses de prisión, y por un delito contra los derechos humanos, también a un año y tres meses de prisión. En total, dos años y seis meses de prisión, más una cuantiosa multa económica y el “daño colateral” de la quema de todos los libros requisados (valorados en decenas de miles de euros). Los demás acusados también han sido condenados por un delito de asociación ilícita, subiendo en este caso las penas a tres años y medio de cárcel.

Hay que recordar que la “caza de brujas” comenzó en 2003 con el asalto a los hogares y negocios de dichas personas, el “secuestro” de miles de libros y el inicio de un proceso judicial contra los cuatro acusados, a los que la fiscalía decidió sentar juntos pese a tratarse de casos diferentes, y pertenecer a asociaciones y empresas sin conexión entre sí.

Como ciudadanos defensores de la libertad de expresión -derecho recogido en la Constitución -, nuestro colectivo quiere denunciar el atropello absoluto a los derechos fundamentales de los españoles que se ha cometido en nombre de la “libertad”. Toda la trama INVENTADA por las comunidades israelitas y ONG´S subvencionadas, ha sido UTILIZADA por la “JUSTICIA” para castigar el pensamiento disidente, con el beneplácito de la clase política y el aplauso de la extrema izquierda. No se persiguen delitos, se persiguen ideas. No se persigue a violentos, a maltratadores, o a genocidas. Se persigue a pensadores, a libreros, a editores. Creemos que es necesaria una reflexión por parte de la sociedad. ¿Vivimos realmente en una democracia? ¿Tenemos los ciudadanos realmente libertad de expresión?

A la vista de los acontecimientos, la respuesta es clara: NO. El sistema quiere silenciar opciones políticas diferentes; quiere ahogar el pensamiento crítico y alternativo, quiere demonizar al disidente. Se ha establecido un pernicioso precedente que, en un futuro, permitirá a sionistas, censores y represores callar la boca de aquellos que se han manifestado en contra de este decadente régimen. Por ello, y desde aquí, un grupo anónimo de personas conscientes del atropello que se ha cometido contra ciudadanos decentes y honrados, quiere expresar su SOLIDARIDAD y apoyo hacia ellos. Hoy han sido cuatro catalanes, pero mañana pueden ser cuatro, diez o veinte madrileños, o extremeños, o gallegos.

Los enemigos de la razón se organizan y atacan; nuestro deber como seres racionales y coherentes es ORGANIZAR LA AUTODEFENSA, HACER UN LLAMAMIENTO A LA SOLIDARIDAD y EXTENDER LA LUCHA POR LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN.

Ayuda comprando libros o en la cuenta bancaria habilitada para apoyar económicamente a ENR que es la misma de la editorial ( Deutsche Bank, en todas las Oficinas de Correos y Telégrafos, en concepto de “Apoyo Solidario” al número 0019-4466-74-4010000300).

En breve comenzarán a organizarse actos y movilizaciones para fomentar el debate en la sociedad y defender con el poder de la palabra la libertad de expresión.

Contra la dictadura del pensamiento único.
Contra la persecución de las ideas.
Contra los que hoy han sonreído (o aplaudido) ante este atropello “democrático”.

Por la libertad de expresión:

Solidaridad y apoyo mutuo.

¡No nos van a callar!

Coordinadora por la Libertad de Expresión

por Santiago Niño Becerra

El Señor Pedro Solbes (¿por qué, bastantes, ahora le echan de menos?) dijo en una ocasión que las previsiones, a la que se hacen públicas, ya son viejas, lo que es muy cierto: la realidad siempre está en movimiento. Pero las previsiones suponen un algo fundamental: son la consecuencia de una tendencia en función de lo que se está considerando y suponiendo. A continuación las últimas que he elaborado referentes al reino: a 30 de Septiembre (si quieren comparar, las anteriores las publiqué en lacartadelabolsa el 15 de Marzo). De entrada, una aclaración (pienso que tal y como están las cosas es necesaria): estoy suponiendo que no va a producirse ningún cambio en el sistema de cálculo ni de registro de los macroagregados comúnmente utilizados, tampoco ninguna modificación en su composición; lo digo porque las intenciones de cambiar y de alterar cosas van a ser crecientes.

Previsiones S. Niño Becerra

Bien, ¿qué es lo nuevo en relación a seis meses atrás?. Tres cosas. Una: los efectos animadores del Plan E y similares; otra: el descenso del euribor que, como ese anuncio de la tele, ha metido un poco de dinero en el bolsillo de bastantes españolas y de bastantes españoles y que ha generado, en estas y estos, la ilusión de `tener más’; otra más: el deseo de la población de que las cosas se arreglen es, si cabe, más fuerte que en Marzo, lo que hace que, aunque la calle esté cada vez menos limpia, la esperanza en EL milagro que todo lo arreglará siga siendo casi tan fuerte como en Marzo.

Y a partir de ahora, ¿qué?

El problema de los impulsos (de cualquier impulso) es que llega un momento en que se agota; además, los impulsos (todos los impulsos) pueden tener dos consecuencias nefastas: 1) generar una falsa sensación de euforia (efecto anfetamina), y 2) crear acostumbramiento: expectativas de que nuevos estímulos serán arbitrados cuando los actuales pierdan consistencia (efecto supervivencia asistida). Ambos, pienso, se han dado y, de momento se continúan dando (en todo el planeta), pero una situación como esa tiene fecha de caducidad: viene dada por su insostenibilidad física: llega un momento en que el montaje, cualquiera que este sea, no da más de si.

En España, y desde la oferta, las fuentes generadoras de PIB, y debido a lo anterior, acelerarán su caída: construcción, turismo automóvil, manufacturas; desde la demanda, progresivo hundimiento del consumo privado y de la inversión, así como del consumo de un Estado crecientemente deficitario. El comercio exterior en retroceso: exportaciones: ¿a dónde exportar en un escenario que se cierra sobre si mismo para defender `lo suyo’?, importar: ¿qué, si no puede pagarse y/o no es necesario aquello que se desea?. El símil de esta situación podría ser una reacción nuclear.

Agotado el impulso y agotada la posibilidad de crear nuevos impulsos, la actividad va retrocediendo, y un Estado, crecientemente empobrecido, poco puede hacer por revertir la situación. La actividad se va enlenteciendo, la generación de PIB va retrocediendo y el desempleo del factor trabajo aumentando (en España más debido a su reducida productividad y a la composición de su PIB) de forma acelerada: como si la economía estuviese impulsada por un desmultiplicador que va realimentando el proceso.

La tendencia a lo largo de todo el 2010 será, entiendo, claramente a la baja: decididamente desde Enero (cada vez peor, pero llegaremos a Navidad como sea) y aceleradamente desde mediados de año: cuando la insostenibilidad física referida se pondrá, pienso, totalmente de manifiesto (momento en el que, pienso, mayoritariamente, se dejará de esperar EL milagro, lo que aumentará la degradación del proceso). ¿La inflación?; suavemente negativa como balance final del año en curso, y decididamente negativa en el siguiente, fundamentalmente porque quienes consumen (lo que sea) irán experimentando un paulatino retroceso en su capacidad de ¿compra?.

A partir de mediados del 2010, el derrumbe. Privada de cualquier capacidad compensadora porque ya estará agotada (Estado, crédito, confianza), la situación va entrando en una desaceleración continuada que se manifiesta con toda su virulencia durante el 2011 (en España más debido a su nivel demográfico y a su modelo productivo). En un escenario como ese pueden imaginarse de que tipo serán las expectativas.

Como consecuencia de esta situación, es previsible que se produzca una expansión de la economía sumergida: la única posibilidad, y una generalización de las situaciones de subempleo y de desempleo encubierto del factor trabajo. El consumo (de todo) es asumible que caerá, por lo que gran número de bienes y servicios dejarán de producirse y de prestarse, lo que abocará a caídas de precios y a que los índices de precios pasen a ser muy poco significativos (como la mayoría de los datos económicos y sociales que sean publicados).

Un panorama de crisis sistémica, en definitiva.

Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

Extraído de: La Carta de la Bolsa

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