Apuntes sobre el capitalismo cognitivo

por Alessandro ViolaResumen: El propósito de este breve trabajo es el análisis del nuevo modelo de producción de valor que está emergiendo en el capitalismo avanzado. Con este fin, hemos decidido dividir el trabajo en dos capítulos. En el primero, trataremos de los viejos modelos de producción de valor y de su naturaleza contingente. En particular, nos centraremos en el papel y la distribución del conocimiento.

En el segundo capítulo vamos a exponer un nuevo marco teórico desde el que analizar el capitalismo contemporáneo: el “capitalismo cognitivo”. Marco ideal en cuanto encierra tanto las novedades del presente (el conocimiento del trabajo) como la subsunción del trabajo al capital.

Introducción

Cuando se habla de capitalismo el pensamiento se dirige automáticamente a las grandes fábricas de la producción industrial. Este tipo de producción no pertenece al pasado. Pero en el presente de los grandes centros del capitalismo global “donde las redes de ordenadores son más densas” (Benkler, 2007: 7), una nueva forma de producción de valor se está desarrollando: la economía digital. ¿Cuáles son los retos de este nuevo tipo de economía? Sehart Koloğlugi, en su ensayo “Digitalizing Karl Marx: the New Political Economy of General Intellect and Immaterial Labour“, explica bien cómo el impacto que las nuevas tecnologías digitales han tenido en la economía no ha sido reconocido inmediatamente como revolucionario. De hecho, el fenómeno:

«was largely confined to the idea that the Internet, through such phenomena as e-commerce and e-finance, was essentially expanding the reach of the market system. It follows from this interpretation that the political economic analysis of the Internet does not really call for new concepts, ways of thinking, or theoretical structures.» (Koloğlugi, 2015:125)

Ahora, cuando oímos hablar de proyectos como Clickworkers, lanzado por la NASA en 2001, entendemos sin embargo que lo que emerge es algo que se aleja de las imágenes de la fábrica fordista evocadas anteriormente. El proyecto era ”un experimento para ver si los voluntarios, cada uno trabajando unos minutos aquí y allá, podían ejecutar análisis científicos de rutina hechos por un científico o un graduado universitario trabajando durante meses seguidos” Como nos explica Yochai Benkler:

“Los usuarios pueden marcar los cráteres sobre los mapas de Marte, clasificar cráteres que ya habían sido identificados o buscar terrenos “con forma de panal” en el paisaje marciano. El proyecto era “un estudio piloto llevado a cabo por un ingeniero informático a tiempo parcial, con fondos limitados y la participación ocasional de dos científicos”. En los primeros seis meses de funcionamiento más de 85.000 usuarios han visitado el sitio y muchos de ellos han contribuido con más de 1,9 millones de registros (incluyendo los registros redundantes en el mismo cráter, usados entonces para calcular el error promedio). Un análisis de la calidad de la actividad realizada mostró que “para identificar los cráteres de Marte, el consenso de un gran número de Clickworker, agregado automáticamente, es prácticamente indistinguible de los análisis realizados por un geólogo con años de experiencia.” “(Benkler , 2007: 87)

En este punto, creo que es necesario hacernos una pregunta: ¿cuál es el nuevo modo de producción de valor? ¿Y cuál es la nueva naturaleza del trabajo?

En la primera parte de este artículo me centraré en cómo el papel y la distribución del conocimiento influyen en la relación capital-trabajo. Esta primera parte servirá para aclarar la centralidad del conocimiento en la teoría del valor.

En la segunda parte vamos a tratar de proponer una clave de lectura adecuada para describir el capitalismo presente. Nos valdremos por tanto del concepto de capitalismo cognitivo, estando bien atentos a mirarlo desde dos perspectivas: por un lado, intentaremos trazar todas las novedades implícitas en la cognición del capitalismo. Por otro lado, nuestro objetivo es no omitir lo que de antiguo queda en nuestro presente. Esta herencia del pasado viene, a nuestro parecer, bien expresada por la permanencia de la palabra “capitalismo” dentro de nuestro modelo teórico. A pesar de las numerosas innovaciones y del papel fundamental de los conocimientos dentro de la nueva producción de valor, no se ha logrado realizar el potencial emancipador que fue entrevisto por Marx.

Si de una parte tenemos una revolución de la propia naturaleza del trabajo, de la otra vemos la preservación de su subsunción al capital. Subsunción que, como veremos, se produce con formas afines a las del capitalismo pre-industrial.

I

En el artículo “Il rapporto capitale/lavoro nel capitalismo cognitivo“, Antonio Negri y Carlo Vercellone llegan a definir el fordismo como el punto de llegada de cuatro tendencias propias del capitalismo:

“La polarización social de los saberes y de la separación del trabajo intelectual del trabajo manual; la hegemonía del conocimiento incorporado en el capital fijo y la organización de gestión de las empresas; la centralidad del trabajo material, sometido a las normas tayloristas de extracción de la plusvalía; el papel estratégico de capital fijo como principal forma de propiedad y de progreso técnico”. (Negri & Vercellone, 2007: 1).

Estas tendencias, señalan los autores del artículo, habrían por lo tanto encontrado su cumplimiento con el advenimiento del capitalismo industrial en los albores de la revolución industrial (Vercellone y Negri, 2007). Por lo que nos interesamos en este primer capítulo es por el punto en el que todas estas tendencias parecen cruzarse como formando su centro de gravedad, el punto a partir del cual la evolución del capitalismo y de sus modos de producción apoyó el peso, manteniéndose en equilibrio. De hecho, todos los cambios, tanto precedentes como posteriores al capitalismo industrial, parecen implicar una respuesta diferente a la misma pregunta: ¿cuál es el papel del conocimiento y cómo se distribuye? En efecto, es justo el conocimiento el eje en torno al cual giran las modalidades de la subsunción del trabajo al capital y la organización del trabajo.

Tomemos por ejemplo el capitalismo en su primera fase, caracterizada por lo que Marx llamó “subsunción formal”, entre el siglo XVI y el siglo XVIII [1]. Como escribe Vercellone: «The relation of capital/labour is marked by the hegemony of the knowledge of craftsmen and of workers with a trade, and by the pre-eminence of the mechanisms of accumulation of a mercantile and financial type.» (Vercellone, 2007:19). En esta etapa del capitalismo el conocimiento está en manos de los artesanos y los trabajadores, y por lo tanto la subsunción de este trabajo tiene que ocurrir a través de trucos comerciales. Este estatus del conocimiento no modificará la organización misma del trabajo, en el que

«Cooperation in labour relations remains technically autonomous with respect to capital. The control of the labour process and the modalities of appropriation of the surplus are founded, in the first instance, on mechanisms external to the directly productive sphere, as, for example, in the model of the putting-out system.» (ibidem:20).

¿Pero qué sucede cuando se pasa de la subsunción formal tipo a la subsunción típica del capitalismo industrial? El papel y la distribución del conocimiento cambian drásticamente. Llegan a su cumplimiento, de hecho, aquellas tendencias que mencionamos al principio de este capítulo. Comencemos analizando la primera tendencia, que es la polarización social de los saberes y la separación del trabajo intelectual del trabajo manual. Lo primero que hay que resaltar es que, a pesar de que a primera vista parecen ser dos fenómenos distintos, estos dos elementos son en cambio parte de un mismo fenómeno. Podríamos definir este fenómeno único como expropiación de la cognición del trabajo. Esta expropiación está muy bien explicada en este pasaje en el que Vercellone afirma cómo:

[…] La lógica de la división capitalista del trabajo, desarrollada después de la primera revolución industrial, consistía en un intento de vaciar, en cuanto fuera posible, el trabajo de su dimensión cognitiva para transformarlo en su contrario: una actividad mecánica y repetitiva”, (Vercellone, 2009: 34).

Por otra parte, es el mismo Taylor el que habla de la necesidad de la expropiación del saber, en cuanto peligroso y subversivo:

“Taylor, reconociendo que “el saber es el bien más precioso” de que disponen los trabajadores frente al capital, hará explícitamente de ello el blanco de su análisis sobre las causas de la “flanerie obrera”. Deducirá de ello la necesidad de hacer emerger y de expropiar a los obreros de su “conocimiento tácito” para convertirlos, a través del estudio de tiempos y movimientos, en un “saber codificado” en manos de la administración, y devuelto a los asalariados en la forma de una rigurosa prescripción de los tiempos y de los procedimientos operativos. Taylor cree así haber establecido las bases de una organización científica del trabajo que elimine toda incertidumbre respecto a la ejecución del trabajo, dando al capital la capacidad de planificar ex-ante la ley del valor-plus-valor”, (Ibid: 33).

El conocimiento sufre una contracción polarizándose en la gestión. De esta manera se pasa a un estadio de subsunción real [2]. En esta etapa, la subsunción del trabajo al capital se vuelve interna al proceso mismo de producción, que encuentra su culminación en la división taylorista del trabajo. Es la naturaleza misma del trabajo industrial, privado de cualquier elemento cognitivo, para hacer posible una teorización de la producción del valor que encuentra en el tiempo su unidad de medida. Cuando el gesto de la mano se vacía de todo impulso creativo, el trabajo deviene abstracto, en cuanto no destinado a la creación de un objeto, sino teniendo en sí mismo su propio objetivo. A este propósito, Vercellone habla muy eficzmente de “paradigma energético” (ibid: 40). Si el trabajo es trabajo mecánico, el resultado es la equivalencia entre el trabajo y las energías físicas empleadas y, por lo tanto, “el tiempo se convierte en la medida del trabajo y, en consecuencia, en la norma de valoración del valor de la producción y de la remuneración del trabajo en función del “tiempo pasado” (ibid: 36). No es casualidad que en el mismo artículo, Vercellone hable de una revolución del régimen temporal: el tiempo de entrada en cada pliegue de la vida de la población.

El papel central del capital fijo, que es la cuarta tendencia (realizada al grado máximo en el fordismo), deriva de la necesidad de aumentar la productividad del trabajo obrero, y con ella, la extracción del plusvalor [3]. La centralidad del capital fijo viene reconocida también en un escrito visionario de Marx como es el Fragmento sobre las máquinas. De hecho, la especulación de Marx se basa exactamente en este punto cuando afirma que “Las máquinas se presentan así como la forma más adecuada del capital fijo, y el capital fijo, si se considera el capital en su relación con él mismo, como la forma más adecuada del capital en general” (Marx: 392), o cuando afirma que “el aumento de la productividad del trabajo y la negación máxima del trabajo necesario es, como hemos visto, la tendencia del capital” (Marx 391).

Creo que con esta primera sección hemos sido capaces de subrayar un punto que me parece decisivo: la centralidad del conocimiento en la relación capital-trabajo. De hecho, las principales características del capitalismo industrial, que son (según Vercellone) la realización de las cuatro tendencias mencionadas al principio de este capítulo, dependen todas de la cantidad del papel del conocimiento. No es casualidad que la primera de las tendencias citadas por Vercellone sea la que tiene que ver más que ningún otra con el conocimiento. De hecho, ella constituye como el dintel para todas las demás. La polarización de los saberes y la separación entre trabajo intelectual y manual, conduce en efecto a una hegemonía del conocimiento incorporado en el capital fijo, a la organización de la gestión de las empresas, a la eficacia de las normas tayloristas y al papel central del capital fijo y la ley del valor tiempo. El último punto que me gustaría tocar en este capítulo afecta en cambio a la naturaleza coyuntural de esta teoría del valor. Es coyuntural en dos sentidos. Primero porque, como hemos visto, esta teoría del valor tiene un origen bien preciso, que es la primera revolución industrial. Antes de este desarrollo, la naturaleza del trabajo, del trabajador y del valor eran completamente diferentes:

«In effect, before the industrial revolution, the distinction between labour and non-labour was almost absent (in a universe in which multi-activity and the versatility of individuals still dominated). Labour (activity in general) was the measure of a time not measured by the clock and the chronometer in terms of its efficacy.» (Vercellone, 2007:24)

En segundo lugar, en lugar de demostrar su naturaleza coyuntural moviéndonos hacia atrás en el eje temporal, invertimos la ruta y volvemos al ya citado Fragmento sobre las máquinas. De hecho, es precisamente en este punto en el que Marx, según la lectura realizada por Paolo Virno, identifica una incongruencia en la teoría del valor-tiempo. En El fragmento… Marx no hace otra cosa que apoyar lógicamente las tendencias que hemos visto con anterioridad, y llega así a definir la forma más adecuada y más perfecta para el capital fijo como un “sistema de máquinas”. El obrero se convierte en el “órgano consciente” de la máquina y se asiste a la subsunción del trabajo vivo al trabajo objetivado. Ahora, como dice Virno, «[…]the main lacerating contradiction outlined here is that between productive processes that now directly and exclusively rely on science and a unit of measure of wealth that still coincides with the quality of labour embodied in the product» (Virno, 2001:1). Por lo tanto, en teoría, la única fuente de valor es el tiempo de trabajo, pero al mismo tiempo es tendencia propia del capital la de anular a este último. Esta contradicción es expuesta explícitamente por el propio Marx cuando escribe que:

“En la misma medida en que el tiempo de trabajo – la mera cantidad de trabajo – es puesto por el capital como el único elemento determinante, el trabajo inmediato y su cantidad desaparecen como principio determinante de la producción – de la creación de valores de uso – y son reducidos, sea cuantitativamente a una porción exigua, sea cualitativamente a un momento ciertamente indispensable, pero subalterno, respecto al trabajo científico general, a la aplicación de las ciencias tecnológicas de un lado, y [con respecto a] la productividad general resultante de la articulación social en la producción total, del otro – productividad general que se presenta como un don natural del trabajo social (a pesar de ser, en realidad, un producto histórico). El capital trabaja así para su propia disolución como forma dominante de la producción” (Marx, 1968 a 1970: 394-395).

II

Después de haber argumentado en el primer capítulo la importancia central del conocimiento dentro del capitalismo y su amplia influencia a todos los niveles, y de haber sostenido por lo tanto que la teoría clásica del valor es coyuntural, pasamos en este capítulo a analizar la situación actual y la emergencia de la digital economy. Para nuestro análisis nos valdremos de las teorías sobre el capitalismo cognitivo y, a través de éste, trataremos de analizar qué hay de realmente nuevo en la nueva producción de valor. Estructuraremos el capítulo en dos partes: en la primera parte analizaremos las características específicas del modo de producción examinado; en la segunda parte, sin embargo, tengo la intención de discutir lo que queda del antiguo modo de producción. Esta división parece estar bien presente ya dentro de la misma definición de capitalismo cognitivo adoptada por nosotros, en la que el segundo de los dos elementos (el cognitivo) contiene el alcance revolucionario del cambio ocurrido, mientras que el primero (el capitalismo) parece aludir a todo lo que de antiguo ha quedado.

Recomenzamos entonces desde el punto donde nos detuvimos en el capítulo precedente. El Fragmento sobre las máquinas de Marx aparece ante nuestros ojos, como sugiere Virno, como una “sociologist’s toolbox” de la que tomar conceptos y con la que girar las manijas. Hemos subrayado en repetidas ocasiones en este punto la importancia no sólo del papel que juega el conocimiento en el sistema capitalista, sino también su distribución. Estas dos coordenadas son útiles a este respecto para someter a la necesaria crítica el texto de Marx. La poderosa representación poderosa del general intellect y de la centralidad del conocimiento en el proceso de producción son ideas fundamentales para nuestro análisis. Pero hojeando el libro Lessico Fordista, en la voz “General Intellect”, Paolo Virno observa no obstante cómo llegó la distribución del conocimiento a constituir un parámetro a corregir. Marx piensa en efecto el conocimiento como objetivado en el capital fijo. Marx escribirá que la máquina es virtuosa, ya que posee el conocimiento mecánico, y Marx siempre escribió muy claramente que

“La acumulación de la ciencia y de la habilidad, de las fuerzas productivas generales del cerebro social, queda así, en relación con el trabajo, absorbida en el capital, y se presenta por lo tanto como propiedad del capital, y más específicamente del capital fijo, en la medida en que ello entra en el proceso de producción como un medio de producción verdadero” (Marx, 1968 a 1970: 392).

Virno, por el contrario, llama nuestra atención sobre el hecho de que el general intellect, en nuestros días, parece manifestarse como la intelectualidad de masas. El conocimiento no se concentra por lo tanto en las máquinas, sino que se distribuye. Este elemento invierte una de las tendencias primarias del precedente modelo industrial, lo quiere decir el carácter estratégico del capital fijo. Si en el centro del modelo industrial aparecía el trabajo muerto de las máquinas, en el capitalismo contemporáneo el carácter estratégico se desplaza en cambio al trabajo vivo. Vercellone dice: “[…] es el trabajo vivo el que cumple ahora un gran número de las principales funciones una vez llevadas a cabo por el capital fijo” o, en palabras de Andrea Fumagalli: «an essential character of cognitive biocapitalism is the dematerialization of fixed capital, and the transfer of its productive and organizational functions to the living body of labour power» (Fumagalli, 2011:11). Incluso Lazzarato, hablando del fin del modelo fordista, escribe que “de hecho, es a la vez sobre la derrota del trabajador fordista y en el reconocimiento de la centralidad del trabajo vivo siempre más intelectualizado, que se han constituido las variantes del modelo post-fordista” (Lazzarato 1997: 23).

Lo que deriva de esta estructura del conocimiento (central a la producción de valor, y distribuido entre las masas) es un cambio radical de la naturaleza misma del trabajo, de los trabajadores, y de las formas de subsunción del trabajo.

El primero de los cambios drásticos que tenemos que registrar es la difusión del capital necesario. Como subraya Benkler Yokai, “El equipo material necesario para producir y comunicar información de manera eficiente se encuentra ahora en manos de un número de individuos mucho mayor que hace dos décadas”, y sigue, “En la economía de la información en red, el capital físico se distribuye ampliamente dentro de la sociedad. Los ordenadores personales y las conexiones a Internet son ubicuas hoy en día” (Benkler, 2007: 7-8). La revolución tecnológica es, en efecto, uno de los presupuestos que el mismo Benkler pone como fundamental para el surgimiento de una economía informacional:

“Ha sido este segundo giro el que ha permitido el crecimiento del papel de la producción no comercial en el ámbito de la información y de la cultura, organizado de una manera radicalmente más descentralizada de lo que lo hizo en el siglo XX”. (Ibid, p.3).

La descentralización de la que habla Benkler es un factor clave en el proceso que estamos delineando. La fábrica fordista constituyó en efecto un centro, al que todos los trabajadores se dirirgían y donde la producción estaba definida por tiempos precisos. Hablamos a este propósito de división científica del trabajo y división neta entre tiempo de trabajo y tiempo doméstico. ¿Qué sucede en cambio cuándo ocurre esta descentralización? Ante todo cambia la organización del trabajo, que pasa, como Vercellone sugiere, de una división taylorista a una división cognitiva “en este cuadro, la eficacia productiva no reside en la reducción de los tiempos operativos necesarios para cada puesto de trabajo. Se basa en los saberes y en la versatilidad de una fuerza de trabajo capaz de maximizar la capacidad de aprender, innovar y adaptarse a una dinámica de cambio continuo”. (Vercellone, 2007: 46).

Por otra parte, basta tomar a modo de ejemplo el experimento Clickworkers mencionado en la introducción. En aquella circunstancia, los usuarios han producido valor, ya que han logrado crear “más de 1,9 millones de anotaciones”, pero la organización del trabajo se llevó a cabo de una manera totalmente externa a la NASA. De alguna manera, la agencia espacial sólo ha proporcionado la plataforma y el trabajo se ha dividido de forma autónoma. Cada usuario ha trabajado durante un número no determinado de horas. Como Benkler señala, “Un estudio ha comprobado de hecho que algunos clickworker han trabajado en el proyecto durante semanas, pero que el 37 por ciento del trabajo ha sido hecho por personas que han contribuido una sola vez”. (Benkler, 2007: 87). Una situación así resulta inconcebible dentro de la división industrial del trabajo, más aún si pensamos en el hecho no despreciable de que todo el trabajo desarrollado por los usuarios ha sido hecho de forma gratuita. La de los clickworkers es sólo una muestra de casos de todo un modelo económico que se está formando. Incluso Wikipedia ha sido creada por el trabajo gratuito de los usuarios, de “gente a la que le gusta escribir”, pero también pensamos en entornos de juego como Second Life, y las mismas redes sociales, donde casi todo el contenido es creado por los usuarios.

El primer aspecto que convendría subrayar es una re-evaluación, como sugiere Lazzarato, de las teorías de Fourier, cuyo mérito sería el de “no haber opuesto el trabajo al disfrute” (Lazzarato, 1997: 28). De manera más general se empiezan a formar grietas en el modelo humano en el que el capitalismo ha creído hasta ahora: un hombre racional que pondera cada una de sus acciones en base a la rentabilidad económica. Este sistema podría funcionar dentro del capitalismo de fábrica en virtud de la fuerte dependencia monetaria que el proletariado tenía respecto a la burguesía, según lo explicado por el mismo Vercellone (2007). Como señala Benkler, lo que tiene siempre mayor importancia son las razones sociales y psicológicas. En algunos casos, estas motivaciones se pueden demostrar más propositivas del interés economico [4]. Además de estos factores, es justo la naturaleza del trabajo la que sale cambiada: además de no estar ya más opuesta al disfrute (como ha sugerido Fourier) y de ser conducida por motivos no económicos, el trabajador en el capitalismo contemporáneo no vende sus brazos (o al menos no de forma exclusiva). Más que cualquier otra cosa son sus neuronas las que están a la venta. Son las facultades cognitivas las que generan valor.

Es a este propósito que Michael Hardt habla de “posmodernización” (Véase Hardt., 1999: 90). Ya hemos mencionado en este trabajo la división que Hardt ha hecho de los estadios de desarrollo del capitalismo. Cada una de estas etapas se caracteriza por un enfoque sobre un sector productivo. Podríamos decir que las tres etapas corresponden al sector primario, secundario y terciario. Para decirlo con las palabras del autor, «Just as through the process of modernization all production became industrialized, so too through the process of postmodernization all production tends toward the production of services, toward becoming informationalized.» (Hardt, 1999:92). Para decirlo con Lazzarato, el trabajo se hace inmaterial, en el sentido que apunta a producir bienes inmateriales propios del ámbito de los servicios en los que Hardt incluye «[…] medical health care, education, and finance, transportation, entertainment, and advertising.» (ibidem:91). La inmaterialidad del trabajo lleva a la demolición de algunos rasgos fundamentales del capitalismo industrial. En primer lugar, la división entre el tiempo de trabajo y el tiempo libre se está difuminando. La fábrica parece abrir sus puertas y tragarse toda la realidad social. Esto es lo que parece decirnos Lazzarato cuando habla de la “fábrica difusa” (Lazzarato, 1997: 24). Andrea Fumagalli plantea esta última característica en la primera de sus tesis sobre lo que él llama “biocapitalismo cognitivo”. Escribe Fumagalli: «Cognitive biocapitalism is a single body, inside of which the “real” sphere cannot be separated from the “financial”, nor can the productive sphere be separated from the unproductive, or work-time from life-time, or production from reproduction and consumption.» (Fumagalli, 2011:8).

En segundo lugar se pone en tela de juicio una de las principales condiciones del contrato de trabajo, quiere decirse “la renuncia de parte de los trabajadores (a cambio de salarios) a cualquier reclamación sobre la propiedad del producto de su trabajo” (Negri & Vercellone, 2007: 5). Como han señalado Negri y Vercellone al hablar de ciertas actividades “[…] como, por ejemplo, la investigación o la producción de software, el trabajo no se cristaliza en un producto material separado del trabajador: permanece incrustado en el cerebro del trabajador y, por tanto, es inseparable de la persona” (ibidem).

Finalmente, lo que viene a desaparecer es la misma teoría del valor a través de la crisis de lo que hemos llamado “paradigma energético”. Si en el capitalismo industrial era posible convertir en tiempo una determinada cantidad de trabajo mecánico (no cognitivo), realizado en un espacio cerrado (la fábrica), esta operación ya no es posible. Como nos señala Vecellone “el tiempo de trabajo inmediato dedicado a la producción en el horario oficial de trabajo y certificado en la empresa, a menudo no es una fracción del tiempo social efectivo del trabajo. Se entra entonces en la esfera de lo fuera de toda medida”. (Vercellone, 2009: 38).

Si nos detuviéramos en este momento en el análisis del capitalismo contemporáneo, muchas cosas nos parecerían explicables, pero quedaría un punto fundamental, dejando nuestro análisis incompleto. Este punto coincide exactamente con lo que queda de viejo en el nuevo capitalismo, lo que quiere decir el propio capitalismo en su estructura fundamental. Como dice Fumagalli, el término capitalismo:

«[…] designates the permanence, though metamorphic, of the fundamental variables of the capitalistic system: the leading role of profit, and the wage system in particular, or more precisely, the different forms of employed labour from which surplus value is extracted.» (Fumagalli, 2011:8).

Estas características parecen entrar en conflicto con todo lo que hemos expuesto anteriormente en relación con la cognitividad del trabajo. Es indudable en efecto que es justo esta cognitividad, unida a la revolución digital, lo que ha permitido desprender un tremendo potencial emancipatorio. Pensemos solamente en la propiedad del capital fijo y la organización autónoma del trabajo. Por otra parte, el poder emancipador dado por la expansión del conocimiento también fue reconocido por el propio Marx, como nos recuerda Vercellone:

«In his regarding of the development of the capitalist division of labour, Marx recognized a central role for the struggle over socialization of education whose ends (the ‘abolition of the old division of labour’) are ‘diametrically opposed’ to the dynamic of real subsumption. In this sense, it is possible to affirm that, for Marx, the development of mass education was one of the essential conditions which would have permitted wage labourers to accumulate a ‘technological, theoretical and practical’ knowledge adequate to the level attained by the capitalist development of the social and technical division of labour and, at the same time, to undertake its supersession.» (Vercellone, 2007:27).

En verdad, el conocimiento, más que como una herramienta, se presenta como un campo en el que se tiene el enfrentamiento entre las fuerzas emancipatorias y propietarias. Es a este propósito que Benjamin Bratton habla de la emergencia de un nuevo nomos de la tierra, retomando la famosa categoría schmittiana, que él llama “nomos of the cloud”, donde «old geopolitical divisions linked to territorial sovereignty are intersecting a new nomos of the internet and new forms of sovereignty extending in electronic space.» (Cfr. Terranova, 2014:387). Los actores implicados en la división de esta soberanía son órganos nacionales, transnacionales y corporaciones. Y son justo las corporaciones las que han trasladado la batalla para someter el trabajo inmaterial gratuito de los usuarios. Koloğlugil, en la antes mencionada Digitalizing Marx, escribe cómo:

«IBM and Oracle are investing today in FOSS development projects so that they can sell proprietary software working on FOSS platforms. Other new firms such as Red Hat and Debian are increasing their revenues by selling customized free software packages and support services to the users of FOSS. In other cases capital owns the “platform” where much of the production and consumption of digital use values takes place: sites such as YouTube, Flickr, Facebook, and so on, owe their existence to the “free” labor of millions of individuals spent online (Terranova, 2000) and turn this labor into profits through advertisement revenues.» (Koloğlugil, 2015:126).

A través de la propiedad de las plataformas, el Capital se las arregla para tomar para sí el trabajo, reproduciendo de alguna manera un modelo de subsunción muy antiguo que se remonta a la primera fase del capitalismo. Creo que es a este modelo de subsunción al que parece aludir el análisis de Sergio Bologna cuando habla de “formas de explotación pre-fordistas” (Lazzarato, 1997: 8). Como ya mencionamos en el capítulo anterior, el modelo de subsunción en la fase pre-fordista se caracterizó por el sometimiento de los modos de producción preexistentes al capital. Incluso en el caso de los bienes digitales podemos distinguir una dinámica similar, en la que la riqueza de la red de la que habla Benkler emerge, y luego es capturada por agentes externos. Esta es también la opinión de Vercellone y Negri cuando escriben cómo

“La formación de una economía basada en el conocimiento precede y se opone, tanto desde un punto de vista lógico como histórico, a la génesis del capitalismo cognitivo. Este último hecho es el resultado de un proceso de reestructuración a través del cual el capital intenta absorber y someter de manera parasitaria las condiciones colectivas de la producción del conocimiento, sofocando el potencial emancipatorio inscrito en la sociedad del general intellect“. (Negri & Vercellone 2007: 2).

Conclusión

Una nueva reformulación teórica del capitalismo contemporáneo es necesaria debido a los profundos cambios que se han producido en las últimas décadas. Estas transformaciones han sido causadas por un diferente papel y distribución del conocimiento dentro de la sociedad, que ha materializado en forma de trabajo vivo el potencial de aquello que, marxianamente, hemos llamado general intellect. Al mismo tiempo, una reformulación teórica no puede, en nuestra opinión, romper completamente con el pasado. Es en este sentido que la definición de capitalismo cognitivo parece tener gran eficacia, en cuanto parece esconder en su interior una dinámica antagonista. Por un lado nos encontramos con el poder emancipador de la difusión del conocimiento, por el otro, los mecanismos de subsunción del sistema capitalista.

Bibliografia

Benkler, Yochai, La ricchezza della rete. La produzione sociale trasforma il mercato e aumenta la libertà, Egea, Milano 2007.

Fumagalli, Andrea, Twenty Theses on Contemporary Capitalism (Cognitive Biocapitalism), en “Angelaki. Journal of the Theoretical Humanities”, vol. 16 (2011), n. 3, pp. 7–17.

Hardt, Michael, Affective Labour, en “Boundary”, vol. 26 (1999), n. 2, pp. 89-100.

Koloğlugil, Serhat, Digitalizing Karl Marx: The New Political Economy of General Intellect and Immaterial Labour, en “Rethinking Marxism: A Journal of Culture and Society”, vol. 27 (2015), n. 1, pp. 123-137.

Lazzarato, Maurizio, Lavoro Immateriale, forme di vita e produzione di soggettività, Ombre Corte, Verona 1997.

Marx, Karl, Frammento sulle macchine, in Lineamenti fondamentali della critica dell’economia politica, 1857-1858, La Nuova Italia, Firenze 1968-70, vol. II, pp. 389-403.

Negri, Antonio – Vercellone, Carlo, Il rapporto capitale/lavoro nel capitalismo cognitivo, en “Posse”, ottobre 2007, pp. 46-56.

Scholz, Trebor, The Politics of the Sharing Economy, in http://www.publicseminar.org/ (30 giugno 2014).

Terranova, Tiziana, Red Stack Attack! Algorithms, Capital and the Automation of the Common, en http://effimera.org/ (12 febbraio 2014).

Vercellone, Carlo, Lavoro,distribuzione del reddito e valore nel capitalismo cognitivo. Una prospettiva storica e teorica, en “Sociologia del Lavoro”, n. 115 (2009), pp. 31-53.

Vercellone, Carlo, From Formal Subsumption to General Intellect: Elements for a Marxist Reading of the thesis of Cognitive Capitalism, in “Historical Materialism”, n. 15 (2007), pp. 13-36

Virno, Paolo, General Intellect, en Lessico Postfordista, a cargo de Adelino Zanini y Ubaldo Fadini. Feltrinelli, Milano 2001.

1 Por “subsunción formal” se entiende de hecho una fase bien precisa del capitalismo en la que «capital subordinates a social and technical division of labour that, in the beginning, “is distinguished only formally from the earlier modes of production”» (Vercellone de 2007 : 19). Con esto se entiende que los modos de producción propios de la subsunción formal preceden a su etapa de subsunción al capital. En este sentido, Michael Hardt propone un tipo diferente de división cronológica del capitalismo, pero que es perfectamente comparable al esquema que nosotros utilizamos, basado en formas de subsunción. Hardt divide, de hecho, el capitalismo en tres fases, cada una caracterizada por un sector económico dominante. La primera etapa es aquella en la que «agriculture and extraction of raw materials dominated economy» (Hardt, 1999: 90).

2 «The stage of real subsumption starts with the first industrial revolution. The division of labour is characterised by a process of polarisation of knowledge which is expressed in the parcelling out and disqualification of the labour of execution and in the overqualification of a minoritarian component of labourpower, destined to intellectual functions.7 The attempt to save time, founded on the law of value-labour, is accompanied by the reduction of complex labour into simple labour and by the incorporation of knowledge in fixed capital and in the organisation of the firm. The dynamic of capital accumulation is founded on the large factories (first of all, those of the Mancunian model, then those of Fordism), which are specialised in the production of mass, standardised goods.» (Vercellone, 2007: 16).

3 En la sección VI del primer volumen de El Capital, Marx habla en este sentido de “plusvalor relativo”. En la práctica, a través del aumento de la productividad del obrero, va siempre adelgazando cada vez más el tiempo empleado para el “trabajo necesario”, lo que quiere decir el tiempo que corresponde al valor de su fuerza de trabajo.

4 En este sentido, es interesantísima la investigación dirigida por Richard Titmus sobre el sistema de suministro de sangre en los EE.UU. y Gran Bretaña. “En aquel tiempo el primero era la mayor parte comercial, organizado por una mezcla de agentes comerciales y sin fines de lucro, mientras que el segundo dependía del National Health Service y era totalmente voluntario. Titmus encontró que el sistema británico disponía de mejor sangre (como lo confirma la menor probabilidad de contraer la hepatitis después de una transfusión de sangre), desperdiciaba menos y tenía que mantener menores existencias en los hospitales” (Benkler, 2007, p.119).

(Traducción Página Transversal).

Fuente: Communia.

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