El fin del mundo moderno: Entrevista con Alain de Benoist

20 de febrero de 2017 – Esperábamos el análisis de Alain de Benoist sobre la ola populista. Aquí está, con esta verdadera guía titulada Le Moment populiste – Droite-Gauche, c’est fini! (Ediciones Pierre Guillaume de Roux). Para leer con urgencia a la luz de las futuras elecciones en Francia y Europa.

El desafío extraordinario de capas cada vez más numerosas de la población hacia los “partidos del gobierno” y la clase política en general, en beneficio de nuevos tipos de movimientos, que nosotros llamamos “populistas”, es sin duda el hecho más llamativo de las transformaciones en el panorama político durante al menos dos décadas. El fenómeno tiende incluso a acelerarse, como lo demuestra la elección de Donald Trump, ocurrida unos meses después del “Brexit” británico. La amplitud de la brecha que separa a la gente de la Nueva Clase dominante se confirma en todas partes. En todas partes emergen nuevas divisiones que hacen obsoleta la antigua división izquierda-derecha.

Pero, ¿qué significa exactamente “populismo”? ¿Es un simple síntoma de la crisis de la representación? ¿Una ideología? ¿Un estilo? ¿O el populismo traduce una demanda fundamentalmente democrática frente a las élites acusadas de no hacer más política y querer gobernar sin el pueblo? A estas preguntas responde este libro, que parte de los acontecimientos actuales más inmediatos para situar los intereses políticos, sociológicos y filosóficos del debate.

Después de la publicación de este importante trabajo y después de leerlo, hicimos algunas preguntas a Alain de Benoist.

Breizh-info.com: “Derecha e izquierda, ¡se terminó!”: Tal es el subtítulo de su trabajo. ¿En qué basa su declaración, sabiendo sin embargo que los candidatos, especialmente en Francia – y lo vemos con motivo de este período preelectoral -, afirman siempre estar a la derecha o a la izquierda (incluidos los extremos) en su mayor parte ?

Alain de Benoist: Dediqué un capítulo entero de mi libro a la historia de la división derecha-izquierda. Además del hecho de que siempre ha existido una multitud de diferentes derechas e izquierdas, demuestro que a lo que esta división se refiere nunca deja de evolucionar con el tiempo. ¡Estar a la izquierda en 1880 era militar por el colonialismo; estar en la derecha era ser hostil a la separación de la Iglesia y el Estado! En el pasado la izquierda era el partido de la lucha de clases, hoy es el partido de los derechos individuales, mientras que gran parte de la derecha se ha unido a la defensa del mercado, al principio axiomático del interés y a la explicación económica del mundo.

Los politólogos, por su parte, nunca han logrado dar una definición autorizada de la derecha y de la izquierda. En medio de una significativa crisis de identidad, los partidos de la derecha y de la izquierda se han vuelto incapaces de dar un significado preciso a estos términos. A esto se suma la desaparición de las familias sociológicas, donde la gente solía votar por un partido dado toda su vida: la gente hoy “zapea” (como con un mando a distancia frente al televisor. N.d.T.) de derecha a izquierda o al contrario, sin ver nada más que política de derecha hecha por los partidos de izquierda o política de izquierda hecha por los partidos de derecha. En cuanto a los ensayos políticos que aparecen en las bibliotecas, es cada vez más difícil decir si sus autores (Marcel Gauchet, Jean-Claude Michéa, Michel Onfray, etc.) están a la izquierda o a la derecha.

La verdad es que la díada izquierda-derecha se ha vuelto obsoleta para el propósito de describir el panorama político actual. La división izquierda-derecha sólo funciona funcionalmente bajo el peso de los hábitos: hay una gravedad histórica de la lógica bipolar que es mantenida por el juego político, especialmente en el momento de las elecciones. Pero cuando nos referimos a las encuestas de opinión, vemos que a los ojos de la mayoría de los franceses, esta división está cada vez más desprovista de significado. En 1980, todavía sólo el 30% consideraba obsoletas las nociones de izquierda y derecha. En marzo de 1981 era el 33%; en febrero de 1988, el 48%; en noviembre de 1989, el 56%; en 2011, el 58%. ¡Hoy es el 73%! Una progresión extraordinariamente significativa.

El surgimiento de los movimientos populistas, que a menudo articulan elementos de la derecha y elementos de la izquierda en la misma demanda política y social que emana de la base, contra una oferta política desde “arriba” considerada decepcionante, incluso insoportable, es una de las consecuencias de esta evolución. Por un lado, el populismo sustituye el eje horizontal derecha-izquierda por uno vertical “los que están arriba contra los que están abajo”, pero esto suscita, acompaña y acentúa nuevas divisiones que reemplazan cada vez más la división derecha-izquierda: la división entre aquellos que se benefician de la globalización y aquellos que son sus víctimas, la división entre los que piensan en términos de pueblos y los que sólo conocen una humanidad concebida como una suma de individuos, la división entre la Francia periférica y la Francia urbanizada, el pueblo y las élites globalizadas, la gente común y la Nueva clase, las clases populares así como las clases medias en proceso de declive y la gran burguesía globalista, los defensores de las fronteras y los partidarios de la “apertura”, los “invisibles” y los “sobre-representados” , “los conservadores y los liberales”, etc.

La formidable ola de desconfianza hacia las élites (política, financiera, mediática y otras) no cesa de aumentar el populismo que tiene el efecto directo de eliminar – Mélenchón habló de “limpiar” – la vieja casta de los llamados partidos de gobierno. La democracia cristiana y el Partido Comunista han sido barridos en Italia, Syriza en Grecia casi provocó la desaparición del Pasok, la última elección presidencial en Austria fue disputada entre un ecologista y un populista. Podríamos dar muchos otros ejemplos.

¿Será diferente en Francia? No tengo la impresión. Entre todos los escenarios que siguen siendo posibles con respecto a la próxima elección presidencial, un duelo Macron-Le Pen en la segunda ronda no es el más improbable. Nadie parece darse cuenta de que en este escenario, y por primera vez en la historia de la elección presidencial, ninguno de los dos grandes partidos que han gobernado alternativamente Francia durante más de treinta años estaría presente en la segunda ronda, lo que representaría un giro histórico de la más alta importancia.

Breizh-info.com: Los estratos populares parecen efectivamente exasperados, cansados, por la forma en que la ciudad es administrada. Pero, sin embargo, ¿son una fuerza que puede generar propuestas? ¿La tasa de abstención en las elecciones, la falta de movilizaciones en grandes manifestaciones sociales o societarias, no son signos de un abandono de la participación de la vida de la ciudad por parte del pueblo?

Alain de Benoist: Son más bien la prueba de la amplitud de un malestar que echa raíces en la crisis de la representación: la gente tiene el sentimiento de que ya no es representada por sus representantes, muchos piensan que es inútil hacer uso en el día de las elecciones de una soberanía que saben que perderán el día después. Por eso los populismos aspiran a formas de democracia más directas, basadas en el referéndum o participativas, conscientes de las disfunciones y límites de una democracia liberal que ha sustituido la soberanía popular por la soberanía parlamentaria y que hoy está dirigida por una casta oligárquica que sólo busca defender sus solos intereses.

Las clases populares no sólo están exasperadas por el “modo en que se maneja la ciudad”. Quieren poner fin a la gestión administrativa, es decir, poner fin al poder de una expertocracia que pretende que los problemas políticos sólo son problemas técnicos en último término (para los cuales sólo existe evidentemente una única solución racional) y que buscan rebajar el gobierno de los hombres a la administración de las cosas. Se dan cuenta de que la “gobernanza” es sólo un medio de gobernar sin el pueblo. Lo que Vincent Coussedière llamó el “populismo del pueblo” que no es otra cosa que una demanda dirigida a los políticos de practicar realmente la política en lugar de atenerse a la gestión.

Me pregunta usted si los “estratos populares” son una “fuerza capaz de generar propuestas”. En primer lugar, llamar a las cosas por su nombre: los “estratos” populares son en realidad las clases populares y su oposición a las élites surge de la relación de clases, del mismo modo que la crítica del populismo traduce un desprecio de clase, la ideología dominante no es otra cosa más que la ideología de la clase dominante. Entonces, ¿qué se entiende por esta expresión estereotipada “fuerza que puede generar propuestas?”.

El pueblo representa el poder constituyente, y está tanto más presente ante sí mismo cuando tiene los medios para decidir por sí mismo lo que le concierne. Ya se trate de la inmigración, la globalización, o el poder de la Comisión Europea, la gente ve que los otros nunca han dejado de decidir en su lugar, y que estas decisiones han alterado su vida cotidiana. Es perfectamente apto para juzgar lo que es bueno y malo para sí mismo. Para que haga “propuestas”, hace falta solamente que se le consulte o que se le den los medios para decidir.

Breizh-info.com: ¿Por qué la palabra “populismo” recibe una tan mala prensa – calificando a cada uno de sus opositores – dentro de la élite?

Alain de Benoist: “Populismo”, como “comunitarismo” [comunitarismo se refiere a la actitud de las minorías, raciales o sexuales por ejemplo, a separarse de la sociedad en general. N.d.T.], también se convirtió en una palabra chicle que la Nueva Clase utiliza como un revulsivo para deslegitimar todo lo que detesta. El “populismo” tiene mala prensa entre las élites porque cubre todo lo que execran y temen más: el regreso de las “clases peligrosas”. Más claramente: el despertar de los pueblos decididos a perpetuar sus valores, su modo de vida y su propia sociabilidad.

No es una coincidencia si la crítica del populismo se transforma muy rápidamente en crítica del pueblo, representado actualmente como una masa de paletos ignorantes. El proletario cuya dignidad (“pobre pero digno”), decencia y honestidad se alababa hace poco, se ha convertido en los en los medios de comunicación en una mezcla de Bitru y Dupont-Lajoie [ Nota del traductor: Bitru es un personaje que representa al “francés común” en una novela, y Dupont-Lajoie fue una película realizada en 1975 con una descripción muy crítica del francés común ], inculto, malvado, xenófobo y retrógrado, que se empeña obstinadamente en no confiar en “los que saben” y que jamás vota como queremos que lo haga. Se entiende así que la gente no sabe lo que quiere, o que cuando hace saber que quiere algo, no debe tenerse en cuenta. “¡Estamos hartos del pueblo!”, eructó Daniel Cohn-Bendit al día siguiente del Brexit. Diciendo así en voz alta lo que otros pensaban en silencio.

Breizh-info.com: El fin de la ideología estuvo marcado por olas “populistas” en Europa, pero también y sobre todo por el advenimiento de una forma de desencantamiento del mundo, dominado en gran parte hoy por las potencias económicas a través de la publicidad y la globalización. A partir del momento en que el hijo de un militante comunista estalinista arraigado en su suburbio rojo se convirtió en un trotamundos que trabajaba para diferentes firmas internacionales y se sentía como en casa en todas partes, ¿cómo recrear mañana – y alrededor de qué – una esperanza colectiva para los pueblos? Y esto de otra forma que halagando ciertos bajos instintos…

Alain de Benoist: una observación en primer lugar: el desencantamiento del mundo, cuyas raíces están lejos de ser contemporáneas, no señala el “fin de las ideologías”, una expresión de moda pero que estrictamente no significa nada, precisamente porque ninguna sociedad puede existir sin someterse a la influencia de una ideología dominante.

Hoy vivimos en la ideología de la mercancía, es decir, en una era donde el imaginario simbólico ha sido colonizado ampliamente por los valores mercantiles (calculabilidad, rentabilidad, ganancia, etc.). La desconexión social, el tecnomorfismo, el surgimiento del individualismo narcisista, en conjunción con este “fetichismo de la mercancía” (Karl Marx) para transformar al individuo en un “sujeto autómata” que tiene cada vez más una relación con sus semejantes calcada a la relación con las cosas.

La respuesta a la pregunta que ustedes plantean depende precisamente de la posibilidad de abandonar esta ideología de la mercancía, consecuencia lógica de la antropología liberal, que hace del hombre un ser egoísta que busca permanentemente maximizar su mejor interés material y privado. Eso implica rehabilitar la esfera pública en relación con la esfera privada y recrear las condiciones para el surgimiento de un proyecto colectivo.

Suelo decir que en la expresión “bien común”, la palabra que más cuenta es la segunda. El papel de la política es en efecto el de producir lo común. Este común, que es la condición del verdadero “vivir juntos” – expresión hoy sacrificada para darle un sentido totalmente opuesto al suyo-, necesariamente echa raíces en los valores compartidos, formados por la historia y por la cultura, y en los cuales podría reconocerse vuestro “hijo de militante comunista estalinista” tanto como un joven francés tentado por el exotismo yihadista.

Pero está claro que estamos lejos de eso, en una sociedad que no quiere conocer mas que a individuos, que ha olvidado que las razones para vivir y las razones para morir son las mismas, y que se imagina que el vínculo social se reduce al contrato jurídico y al intercambio mercantil .

Breizh-info.com: ¿De qué forma podría surgir este “momento populista” que evoca?

Alain de Benoist: Bajo muchas formas diferentes, por supuesto, porque el populismo no es una ideología (lo que explica su carácter polimórfico).

Durante el año 2016 solo, un representante del Movimiento Cinco Estrellas fue elegido al frente de la alcaldía de Roma, Inglaterra abandonó la Unión Europea, el FPÖ austriaco estuvo a punto de la elección de uno de sus representantes a la presidencia de la república, el Frente Nacional superó el 40% en algunas elecciones locales, Podemos se apoderó de loa ayuntamientos de Madrid y Barcelona, ​​Alternativa por Alemania (AfD) confirmó su ascenso en Alemania, Viktor Orban se impuso en el seno del grupo de Visegrado, Donald Trump fue elegido en los Estados Unidos, Matteo Renzi debió abandonar la presidencia del Consejo en Italia, Hollande y Valls, Juppé y Sarkozy han sido (o están en proceso de ser) devueltos a sus hogares.

Así que el “momento populista” no es pues una eventualidad: ya está aquí. Pero todavía es demasiado pronto para elaborar el balance que, cuando llegue el momento, será necesariamente contrastado.

Breizh-info.com: ¿Hay comparaciones históricas o geográficas que pudiera usted hacer con el escenario que se está desarrollando en Europa hoy?

Alain de Benoist: verdaderamente no. Podemos hacer comparaciones con los populismos de finales del siglo XIX (el movimiento naródnik en Rusia, el de los granjeros grangers en los Estados Unidos) o en Francia, con el movimiento boulangiste.

También podríamos evocar el final de la República de Weimar. Pero creo que eso no nos llevaría muy lejos. La historia no sirve de nuevo los mismos platos, como dijo Céline, y las comparaciones históricas, por interesantes que puedan ser, encuentran rápidamente sus límites. Es mejor considerar que la historia está siempre abierta, especialmente cuando vemos el gran ciclo de la modernidad cerrándose en estos momentos.

Los contornos de un mundo que hemos conocido, incluso a veces amado, se disipan ante nuestros ojos, mientras que el mundo por venir sigue siendo nebuloso. El populismo participa en esta transición en su camino. Queda por saber lo que esto puede anunciar.

Breizh-info.com: Alain de Benoist, ¿cuál es su receta para lograr producir tantas obras, artículos, resúmenes, fuentes y argumentos, con esta frecuencia?

Alain de Benoist: No hay receta. Para mí, como para todo el mundo, los días son sólo de veinticuatro horas! Trato sólo de organizarme bien y no perder mi tiempo en actividades mundanas y discusiones inútiles.

Trabajo 70 horas a la semana, lo que me ha permitido publicar hasta ahora un poco más de 100 libros, 2000 artículos y 600 entrevistas (¡esta será la 638!). No obtengo ninguna gloria en particular: la cantidad no es garantía la calidad, ¡y no concedo ningún valor moral al trabajo!

Breizh-info.com: ¿ cuáles son las últimas obras que ha leído, apreciado, y que recomendaría a nuestros lectores?

Alain de Benoist: Primero el libro de Jean Vioulac, Science et révolution (PUF), que constituye una aproximación innovadora ala cuestión de la técnica a la luz del pensamiento fenomenológico de Husserl, luego la pequeña obra de Ludwig Klages, L’homme et la Terre, que data de 1913 y acaba de ser traducida en francés (por RN Editions).

En otro campo: la reedición, a las ediciones bretonas Yoran Embanner, de tres estudios importantes de Françoise Le Roux y Christian-J. Guyonvarc’h: La civilisation celtique, Les fêtes celtiques y La souveraineté guerrière de l’Irlande.

(Entrevista realizada por Yann Vallerie).

Fuente: breizh-info.com

Extraído de: Katehon.

 

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