Archive for ‘Medrano, Antonio’

24/12/2014

¿Quién soy yo?

QUIEN SOY

por Antonio Medrano“¿Quién soy yo?” He aquí la pregunta que nos asalta acuciante, a veces de modo incluso angustioso, en los momentos críticos de la vida, planteándonos el interrogante de nuestra verdadera naturaleza, del sentido de nuestra vida, del origen y destino del ser que constituimos. Pregunta ésta, tan sencilla como profunda, que, empleada de forma intencionada y metódica, figura como elemento clave en toda vía de realización espiritual.

Un maestro japonés contemporáneo, en un libro que lleva precisamente por título “Watashi ga dare ka?” (¿quién soy yo?), ha podido afirmar que todo el secreto de la doctrina Zen se halla contenido en esa escueta fórmula interrogativa. Son muchas en la historia del Zen las anécdotas que nos hablan del empleo por los maestros de esta fórmula, bajo una u otra variante, como poderosa palanca para provocar en el discípulo el despertar interior.

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21/02/2014

El combate entre el Espíritu y el Alma

ANTONIO MEDRANO

por Antonio Medrano – Incluimos aquí un capítulo del libro La lucha con el Dragón, concretamente el capítulo 9, en el que se explica el significado simbólico de dicho combate con la bestia infernal. Lo reproducimos en tres partes: 1) el combate  sagrado,  2) el simbolismo del caballo o la cabalgadura del Héroe, 3) el simbolismo de las armas que emplea el Héroe para vencer al dragón.

La vida es combate, guerra incesante, lucha y esfuerzo para alcanzar la meta. Y esto, lo queramos o no; nos guste o nos disguste; nos demos o no cuenta cabal de ello. El hombre es por naturaleza un ser combatiente: nace con una misión luchadora y realiza su destino combatiendo, venciendo obstáculos, resistencias y fuerzas hostiles. Vivir es combatir, pelear a brazo partido para superar las dificultades que surgen en nuestro camino, bregar contra los impedimentos que se oponen a nuestros propósitos y proyectos.

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04/12/2013

Entrevista con Antonio Medrano. La vida: el vivir humano ante la crisis actual [Reflexiones sobre la vida]

ANTONIO MEDRANO

Antonio Medrano es licenciado en ciencias empresariales (ICADE), filósofo, escritor y pensador de reconocido prestigio internacional, lingüista (conoce más de 10 idiomas) y experto en liderazgo, coaching y problemas humanos Ha escrito numerosos libros en los que ha tratado los temas más trascendentes de la vida humana, aquellos que la persona, en un momento u otro de su vida, debe enfrentar y responder. Desde “Magia y misterio del liderazgo” y “La vía de la acción” hasta “La lucha con el dragón” o “La senda del honor”, Antonio Medrano ha estudiado el hecho humano en todas sus facetas y ha intentado responder a las preguntas que se formula el hombre moderno a la luz, siempre presente en sus obras, de la sabiduría espiritual, tan necesaria hoy para nosotros como lo fuera a nuestros antepasados hace mil años. En la siguiente entrevista Medrano responde a algunas de esas preguntas. El lector comprobará la altura de sus respuestas pero también un tono eminentemente práctico, cálido y cercano que está presente asimismo en toda la obra del autor, a modo de luz orientadora en medio de la confusión de la hora presente.

Sr. Medrano, ante la grave crisis que actualmente atravesamos, ¿qué importancia tiene la vida, cuál es el puesto y el papel que a la vida humana le corresponde en esta difícil coyuntura?

La vida es algo sumamente valioso: no sólo la vida humana, sino la vida en cuanto tal, la vida de todo ser viviente. Y, al hablar de la vida y de su valor, no hay que pensar que nos estamos refiriendo tan sólo a la vida en abstracto, con carácter general, sino que hay que pensar, ante todo y de manera muy especial, en la vida real y concreta de cada uno: la vida de los míos (mis seres queridos o más próximos), la vida de todos y cada uno de los que me rodean, y en particular, claro está, mi vida, propia vida personal.

La vida es nuestro más preciado tesoro, lo más importante que tenemos cada uno de nosotros.

Mi vida, mi vida íntima y personal, es lo que más me debería importar. Que mi vida esté bien articulada y orientada es lo primero que tendría que preocuparme, y más en tiempos de crisis, de total confusión y desorientación como los que actualmente vivimos. Desgraciadamente, no solemos dar a nuestra vida la importancia que tiene, dejamos que vaya pasando un día tras otro sin pena ni gloria, la desperdiciamos de manera lamentable, sin preocuparnos de darle forma, de organizarla y construirla como es debido. No deberíamos olvidar nunca que nuestra vida será feliz o desgraciada según esté bien o mal enfocada, según pongamos o no interés en vertebrarla, en proyectarla y construirla con inteligencia. Por eso, la vida es lo que ante todo hemos de defender, afirmar, afianzar y forjar.

¿Qué me importa que todo vaya bien –el país o su economía, la situación política internacional, el progreso del mundo, mi casa y mi familia, mi cuenta corriente y mis inversiones, la empresa donde trabajo o mi equipo de fútbol–, si mi vida va muy mal y está por completo destrozada? ¿De qué me sirve tener un buen sueldo o una brillante carrera, contar con magníficas relaciones sociales, ser alabado y admirado por todo el mundo, si mi vivir es un auténtico desastre, un pésimo desconcierto, un deplorable sinvivir en el que no acierto a poner orden, y no sé qué hacer con mi vida ni conmigo mismo? Difícilmente podré decir que tengo una existencia satisfactoria, o que estoy contento con mi vida, si no soy capaz de darle sentido, si me encuentro completamente desorientado y me veo sumido en una negra incertidumbre, si me siento permanentemente triste y angustiado.

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09/11/2013

La construcción de la persona y la crisis social

ANTONIO MEDRANO

Vivimos actualmente la crisis más grave que haya conocido la Humanidad. Son los tiempos oscuros del Kali-Yuga, la era tenebrosa que cierra todo un ciclo histórico y cósmico. Estamos ante una sociedad enferma, afectada por una incurable dolencia que se encuentra ya en su fase terminal.

El mundo, y en especial el mundo occidental, se halla hoy sumido en un proceso de hundimiento y decadencia que viene caracterizado por los siguientes rasgos: caos y desorden, anarquía (sobre todo en las mentes y las conciencias), desmadre y desbarajuste total, confusión y desorientación, inmoralidad y corrupción, desintegración y disgregación, descomposición, inestabilidad y desequilibrio (en todos los órdenes: tanto a nivel social como en la vida psicológica individual), ignorancia, ceguera espiritual, materialización y degradación de la vida, descenso del nivel intelectual y eclipse de la inteligencia, estupidez e idiotización generalizadas, demencia colectiva, ascenso de la vulgaridad y la banalidad. Por doquier se observa un fenómeno sísmico de ruina, destrucción, socavación y subversión, en el cual queda arrumbado y corroído todo aquello que da nobleza y dignidad al ser humano, todo cuanto hace la vida digna de ser vivida, mientras irrumpen fuerzas abisales que se recrean y complacen en esa oleada destructiva, amenazándonos con las peores catástrofes que haya podido imaginar la mente humana.

La crisis no es sólo económica, política o social, aunque esto sea lo más evidente a primera vista, lo que más llama la atención y de lo que se habla a todas horas en la prensa, en los telediarios y en las tertulias. La grave crisis que padecemos tiene raíces mucho más profundas de lo que solemos pensar. Es ante todo una crisis espiritual, una crisis humana, con hondas consecuencias intelectuales y morales. Es una crisis del hombre, que se halla desintegrado, angustiado, aplastado, hastiado, cansado de vivir, sin saber adónde ir ni qué hacer.

Es, por otra parte, una crisis que afecta a la existencia en su totalidad, incluso a la existencia natural y cósmica (como lo demuestra la crisis ecológica y la destrucción de la Naturaleza y el medio ambiente). No hay ningún aspecto o dimensión de la vida que escape a esta terrible crisis, a esta ola destructiva y demoledora de todo lo valioso. Todo se ve afectado por el desorden y el caos: la cultura, el arte, la filosofía, la medicina, la enseñanza, la religión, la familia, la misma vida íntima de los seres humanos.

Se pueden distinguir tres aspectos en este proceso de crisis total y ruina generalizada:

1. Ruina y destrucción de la Cultura
2. Ruina y destrucción de la Comunidad
3. Ruina y destrucción de la Persona

Podríamos decir, pues, que nos hallamos ante tres dimensiones de la crisis: una crisis cultural, una crisis social y una crisis personal. Tres formas o dimensiones de la crisis que repercuten de lleno en todos y cada uno de nosotros.

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13/02/2013

El modo de vida tradicional

ANTONIO MEDRANO

por Antonio Medrano – ¿Cuál es la forma de vida propia del hombre de la Tradición? ¿Cuáles son la actitud y el estilo existencial más conforme a la vía tradicional? ¿Cómo hemos de conducirnos en nuestra vida diaria si queremos recorrer el camino el camino que la Sabiduría perenne nos enseña? ¿Qué pauta o norma de vida podemos seguir para aproximarnos cada vez más a su verdad en medio de un ambiente hostil como el de la actual civilización? He aquí algunos de los interrogantes que se plantean de forma inmediata quienes entran por primera vez en contacto con la doctrina tradicional, todos aquellos que comienzan a despertar al resplandor de su luminoso e imperecedero mensaje.

Puesto que la Tradición o la Sabiduría es ante todo vida, una forma integral de vivir, una realidad para ser vivida en todos y cada uno de los momentos de la existencia, no podría formularse pregunta más certera y oportuna como ésta acerca de la forma de vivir tradicional. Es esta la primera pregunta que todos deberíamos hacernos, no por pura curiosidad intelectual, sino para darle respuesta y proceder después en consecuencia tratando de aplicar dicha respuesta a nuestra propia vida única y uniforme, válida indiscriminadamente y por igual para todos los seres humanos. Más que de modo de vida tradicional habría que hablar, en rigor, de modos de vida tradicionales; pues múltiples y diversas son las vías existenciales que presenta el mundo de la Tradición, ofreciendo en este campo una rica gama de posibilidades adaptadas a las diferencias de época y lugar, así como a la diversidad de tipos humanos y de formulaciones doctrinales. En primer lugar, la forma de vida varía, en numerosas cuestiones de detalle, según las tradiciones. No es el mismo el modo de vida de un musulmán que el de un hindú, o el de un cristiano y un taoísta, como tampoco serían evidentemente idénticas las normas que regirían la vida de un antiguo germano y aquellas a las que ajustaba su existencia un egipcio o un azteca.

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30/09/2012

Universidad de otoño 2012: “España: guía para sobrevivir en tiempos de crisis”

Introducción

El objeto que tiene esta Universidad de Otoño es iniciar un debate acerca de los nuevos retos que se abren en España ante la crisis moral, económica, social y nacional que atraviesa Europa.  No se trata de volver a rescatar los viejos y manidos conflictos que han   caracterizado la España surgida con la Constitución de 1978: centralismo frente a nacionalismo periférico, liberalismo frente a socialismo, reducción del Estado frente a una economía subsidiada, etcétera, tomando postura a favor de unos o de otros. De lo que se trata es de alejarse de la lógica imperante en política, en economía, en cultura, para proponer una nueva forma de entender España y permitir construir un futuro en común. Para ello hay que plantear nuevos conceptos, nuevas formas de entender la persona y la comunidad, un nuevo espíritu y una nueva concepción del mundo y de la vida. Debemos movilizar a los que están hartos de ver cómo nuestro país se desangra en odios entre comunidades autónomas y el Estado Central, entre poderes ejecutivos y judiciales, entre clases sociales, entre creencias milenarias e ideas antirreligiosas, para rejuvenecer y revitalizar a nuestros conciudadanos con nuevas fuerzas basadas en la espiritualidad, en la comunidad, en la solidaridad y en la libertad.

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07/08/2012

Un plan para España

por Antonio Medrano

ESPAÑA

 1)  Punto de partida para cualquier iniciativa que pretenda restablecer condiciones de normalidad en nuestro país, e incluso actuar en el mismo sentido más allá de nuestras fronteras, es afirmar la realidad de España como nación, como comunidad nacional, como unidad política, cultural y espiritual, con un importante papel dentro de Europa y del Occidente. En la hora presente, cuando el ser de España es puesto en duda y se ve amenazado por tantas fuerzas hostiles, se  impone como imperativo de primer orden tomar conciencia de la alta significación de nuestra Patria, reconstruir la vida de la Nación, restaurar la convivencia nacional y afianzar la  identidad española y los valores de toda índole que a ella van conexos.

2)   España es una poderosa realidad, por más que hoy se intente atacarla o negarla. Es una realidad nacional que se alza con fuerza y esplendor en el orden mundial, aunque hoy día esté en horas bajas. Una realidad histórica, cultural, política, espiritual, racial (en la acepción  más amplia de la palabra) y vital (unida por fuertes lazos emotivos y con un estilo y una manera de ser bien definidos). Ha sido y es una de las seis naciones más importantes de Europa, por su protagonismo histórico y por su aportación al acervo común europeo y occidental [junto a Francia, Inglaterra, Alemania, Italia y Rusia ].

3)  España es una realidad viva, no una entelequia, ni una abstracción o una idea vaga, ni un invento de mentes alucinadas. Es una realidad viva que abarca un territorio (un país, geográficamente delimitado y con sus peculiaridades orográficas y climáticas), una tierra (con sus características naturales y su honda significación como escenario histórico), un pueblo (integrado por las generaciones pasadas, presentes y venideras), una estirpe (cuyos orígenes se remontan a la Prehistoria), una historia y una cultura (que van entrelazadas). Está constituida por un pueblo con una herencia y una tradición milenarias (que vienen del pasado), así como con un gran destino y una alta misión (que nos lanzan hacia el futuro).

4)   España no es un producto político ni un invento reciente. No es una creación de Franco, ni de la Constitución actual ni de la Guerra de la Independencia de 1808. Nuestras raíces se hunden en la antigua Iberia, en la Hispania romana y en la España hispano-goda, con la Reconquista (llamada de modo significativo “la recuperación de España”) como grandiosa gesta fundadora de la Nación, en su rechazo del dominio islámico. España es portadora de valores intemporales, de principios trascendentes y eternos cuya vigencia va más allá del tiempo y del espacio.

5)  Hay que reivindicar la realidad de España, su grandeza y su prestigio, frente a aquellas corrientes que pretenden desprestigiarla, aminorarla, socavarla, negarla o destruirla: el internacionalismo progresista y el separatismo nacionalista. Si España desapareciera dejarían de realizarse valores fundamentales para la existencia de la Humanidad (al igual que ocurriría si desaparecieran, por ejemplo, Inglaterra, Francia, Alemania, Rumanía, el Japón, el Tibet, la India o el pueblo judío).

6)  España es una realidad plural, un organismo vivo con una rica diferenciación interna, lo que no constituye en modo alguno un obstáculo para su unidad. Es una nación con una gran diversidad entre sus regiones, en la que se integran y conviven, desde tiempo inmemorial, varias lenguas y culturas. Se impone el reconocimiento de su diversidad, que sabe valorar en todo su alcance, como un elemento enriquecedor. El reconocimiento de esta pluralidad es la base para que pueda conseguirse una unidad auténtica y sólida (unidad no significa uniformidad). El ideal a alcanzar: la pluralidad en la unidad. Sin unidad integradora, sin principios claros que unan a las diversas partes que forman el Todo, la pluralidad es nociva y culmina en la fragmentación, la disgregación y la desintegración, que es el proceso ahora sufrimos.

7)  Se debe evitar una interpretación nacionalista o politicista de España, que generalmente trata de imponer una uniformidad forzada que es ajena a su ser. Hay que partir del respeto a esa pluralidad, como ha sido norma de nuestra Historia, viendo en ello una fuerza que, en vez de separar y dividir, de crear enfrentamiento, puede actuar como elemento de unión. Factor de unidad es la lengua española, la tercera más importante del mundo, que lamentablemente se ha convertido en blanco de los ataques de los diversos movimientos separatistas que desgarran a la Nación con sus manías particularistas y sus manipulaciones demagógicas de la Historia (fenómenos de invención muy reciente). Se odia a la lengua española porque se sabe y se reconoce su fuerza unitiva en cuanto lengua de todos los españoles.

8)    España, al igual que una familia, tiene un patrimonio común, que comprende un patrimonio material (telúrico, ecológico, biológico, económico) y un patrimonio inmaterial (cultural, intelectual, moral, afectivo o sentimental, espiritual). Se trata de un patrimonio recibido como herencia y que contiene una gran riqueza, que va desde la riqueza del suelo patrio (riqueza natural, paisajística y ambiental)  a la riqueza de la cultura (riqueza monumental, edificada sobre ese suelo o terruño, y riqueza de ideas, ideales, símbolos, valores y principios), a lo que se une las vivencias históricas sobre esta tierra regada con la sangre de los antepasados (especialmente héroes y mártires, pero también artistas, sabios y místicos, heraldos del pensamiento y de la cultura, que han dado la sangre del alma y del espíritu).

9)   Deber del pueblo español es permanecer fiel a esta herencia, conservar y acrecentar dicho patrimonio. Como todo patrimonio, ese patrimonio vital de la Nación ha de ser mantenido cuidosamente y aumentado de forma amorosa e inteligente, desarrollando con fidelidad y creatividad sus inmensas posibilidades para bien de la Humanidad. Misión de la Asociación será trabajar para que ese patrimonio se conozca, condición previa para que pueda ser amado, asimilado, vivido y defendido, venciendo el desconocimiento abismal que sobre todas estas cuestiones impera en la sociedad española.

10)  España ha de ser vivida como empresa, como proyecto incitante, como programa de acción para la vida y para la renovación del mundo. Hay que despertar la ilusión colectiva de los españoles para que juntos nos lancemos a la conquista de metas ambiciosas, de nuevos objetivos con un afán de superación. La defensa y afirmación de la identidad española ha de desembocar  en un gran proyecto misional que vaya más allá del horizonte nacional. Es algo que hay que preservar y construir, formar y reformar sin cesar, preservándolo y protegiéndolo de todo aquello que lo amenaza o lo pone en peligro.

España no es algo que esté definitivamente hecho. Es una realidad que ha de ser construida de manera permanente, con amor y sabiduría. Hay aquí una lógica semejante a la que impera en una vida personal (que es asimismo empresa y proyecto, también con su destino y su misión vital). Al igual que ocurre con una persona, una nación no termina nunca de hacerse; está continuamente haciéndose (is always in the making).

11)    Hay que despertar y avivar la conciencia nacional española, hoy aletargada, sumida en un sueño suicida. Hay que superar tanto el lamentable complejo de inferioridad del pueblo español como su incuria y su falta de interés por las cosas que atañen al destino de la Nación y al progreso y bienestar colectivo de la comunidad nacional. Hay que crear las condiciones para el desarrollo de un patriotismo integral, de fuerte raíz ética, que considere a la patria como misión, tarea y servicio (con una proyección universal). Todo lo cual supone la radical y definitiva superación del nacionalismo, sea cual sea el  ámbito en el que se dé. Hacer ver la importancia de la preservación y consolidación de la realidad de España, de su unidad e identidad, como condición básica e indispensable para la libertad, el bienestar y la prosperidad de todos los españoles.

12)  Para  garantizar la supervivencia de nuestra Patria y no naufragar en este caos babélico en el que vivimos, el cual se agrava cada vez más, es fundamental preservar las señas de identidad del pueblo español. Como hace o debería hacer cualquier otro pueblo,hemos de ser conscientes de la responsabilidad que entraña la perpetuación de nuestra estirpe, lo que es tanto como decir de la herencia viva de nuestros padres (patria significa justamente “tierra de los padres”), teniendo muy en cuenta los rasgos de todo tipo que la definen, con la carga moral y el significado simbólico que en ellos va  implícito (1). Un pueblo que ha perdido sus señas de identidad va camino de su ocaso y su definitiva desaparición. El problema demográfico, con el alarmante descenso de la natalidad, cobra aquí una especial relevancia.

(1) El pueblo judío y el pueblo tibetano son dos prototipos ejemplares de la preservación de la propia identidad, con fidelidad al propio ser y a la propia tradición, a costa de enormes esfuerzos y sacrificios.

13)   La defensa de la identidad nacional española ha de ir acompañada por la defensa, conservación y potenciación de todas las identidades   –basadas en peculiaridades regionales, étnicas,  culturales o lingüísticas–, existentes dentro de la rica y compleja realidad de España, como parte que son un todo mayor, que es la identidad hispánica, de la cual todas esas identidades participan y a la cual todas ellas han aportado muchísimo a lo largo de la Historia para la formación definitiva de nuestra Patria y que la han hecho ser tal y como hoy la conocemos. España, como toda comunidad bien ordenada, ha de ser una unidad en la pluralidad o una pluralidad fuertemente unida y cohesionada.

14)    La asociación debe fomentar y cultivar por todos los medios esa excelsa virtud que es el patriotismo, hoy tan olvidada y desacreditada. Pero el patriotismo, para ser auténtico y eficaz, ha de estar guiado por una visión crítica de la propia realidad nacional, de la propia Historia y de sus avatares. Hay que huir de la patriotería folclórica, del patrioterismo superficial, de la veneración acrítica del propio país, de su legado y de sus vicisitudes históricas. El amor a la patria no puede ser un amor ciego, pasional o visceral, que deforme la realidad o sea incapaz de ver objetivamente las cosas como son (o como fueron). Un patriotismo inteligente y bien entendido no dudará en reconocer los errores que se hayan cometido en el pasado y se esforzará por detectar los principales defectos del temperamento nacional, para tratar de corregirlos o rectificarlos en la medida de lo posible mediante la adecuada labor docente y educativa. Siempre con la vista puesta en el futuro, con espíritu emprendedor, con ánimo creativo y esperanzado.

15)    Hacer que los españoles sean conscientes de sus orígenes, de sus raíces y de su linaje, del valioso legado heredado de las generaciones pretéritas y, con ello, también de la responsabilidad que tienen ante las generaciones venideras en lo que se refiere a la transmisión de dicho legado. Concienciarles de la fuerza que da   –tanto para una persona como para una comunidad o un pueblo–  el conectar con las propias raíces, de las cuales dimana un potencial vigorizador y renovador gracias al cual podremos conseguir que sobre las sombras del presente, con su angustia y su incertidumbre, se abra un horizonte prometedor y esperanzado para nuestro pueblo.

16)    Para desarrollarse con plenitud y jugar en el mundo el papel que le corresponde, España debe permanecer siempre fiel a sí misma, a su legado y su destino, que aparecen definidos por las dos notas más relevantes de su ser, su historia y su cultura: la espiritualidad y la vocación de universalidad; la lucha por los valores espirituales (por la concepción espiritual y trascendente de la vida) y por la proyección universal (superando cualquier estrecho particularismo o egoísmo nacional). España no puede traicionarse ni traicionar los ideales que la han guiado a lo largo de la Historia dando la espalda a su honrosa andadura de siglos.

Para la visión española de la vida es fundamental la vocación de servicio a la Humanidad, la cual debería tener como contrapartida en nuestros días, para desarrollarse plenamente y con coherencia, la apertura a la Sabiduría universal: un abrirse hacia fuera tanto para dar como para recibir, tanto para ofrecer y construir como para aprender y asimilar. Todo ello sin perder nuestra propia identidad, sino al contrario como medio de afirmarla y potenciarla.

Lo que ha dado sentido a la Historia de España y de su cultura ha sido la conquista y defensa de la grandeza humana. La Nación española se ha constituido como proyecto histórico de salvación y redención, de liberación y hermanamiento, guiado por el ideal de una honda y sabia humanidad, encarnación de los más altos y nobles valores espirituales. En la actualidad esto se traduciría, para empezar, en una ambiciosa obra de renovación y reconstrucción de la sociedad y de la cultura, no sólo en el ámbito nacional, sino con una proyección europea y occidental, incluso planetaria.

17)    Transformar a la sociedad y al pueblo españoles. Renovar y regenerar la vida de la Nación, empezando por sus raíces en la vida cotidiana. Se impone llevar a cabo la profunda labor de regeneración, renovación y reconstrucción (social, nacional, vital, humana) que los actuales tiempos de crisis exigen. Sacar a la luz sus mejores posibilidades, virtudes y capacidades. Dar un fuerte impulso a la indispensable regeneración y reconstrucción de la nación española, de su cultura y de su estilo de vida. Devolverle su temple vital para que se encuentre en plena forma y pueda así afrontar los retos que se le plantean en estos tiempos convulsos y difíciles. Contribuir con todos los medios disponibles a realzar el ser de nuestra patria y de nuestro pueblo, corrigiendo todo aquello que en ellos haya de ser corregido y rectificado, colmando los vacíos y deficiencias de que adolezcan. Esforzarse por eliminar todos los factores negativos y los contravalores que están desagarrando la vida nacional: el sectarismo, el partidismo, el fanatismo, la demagogia, la  ignorancia, la incultura, la desmesura, la primariedad y la visceralidad.

18)    Conquistar la sociedad española para la vida buena, noble, alta, sana y pujante. Sacarla de la vida decadente, débil, insana, vil y renqueante en que actualmente vegeta y se debate. Sanar esta sociedad enferma en la que vivimos, aquejada de un terrible cáncer espiritual, intelectual y moral: una sociedad enferma, sobre todo, de desidia, de apatía, de debilidad, de irresponsabilidad y de inconsciencia. Luchar para que la nación y la sociedad españolas salgan de la situación anómala en que se encuentra, superen su actual fase de anormalidad, malestar, desorden y desconcierto, cuyos síntomas preocupantes se observan por doquier, en todos los planos y niveles de la vida colectiva, y recuperen el estado de normalidad vital, social e institucional.

19)    Devolver la ilusión al país, y con ella la fe, el coraje, el ímpetu creador y combativo, que fueron siempre algunos de los mejores y más típicos rasgos del pueblo español, las características que hicieron su grandeza histórica. Pero no se recuperará la ilusión si no recupera la moral, en todos los sentidos de la palabra: una moral o ética firme, buena y auténtica, y una alta moral, una moral de victoria. Hay que devolver al pueblo español, hoy día profundamente desilusionado y desmoralizado, la fe en sí mismo, el espíritu emprendedor, el ánimo de conquista y aventura, la conciencia de sus inmensas posibilidades, de su importante misión y de su alto destino histórico.

Hay que superar la decadencia en la que nos vamos hundiendo cada vez más y poner fin a toda costa a la actual fractura social, la discordia introducida en el cuerpo nacional por demagogos ineptos, irresponsables y sectarios. Hay que conseguir que los españoles se sientan orgullosos de serlo, que sean plenamente conscientes de los importantes valores y los valiosos contenidos que van ligados al ser hispánico.

En el caso concreto del pueblo vaco o del pueblo catalán, es evidente que, para que catalanes y vascos puedan sentirse orgullosos de ser españoles, tienen que estar previamente orgullosos de ser vascos y catalanes, tomando conciencia de su propia identidad, conociendo y asumiendo el rico patrimonio que encierran su lengua y cultura autóctonas, con todas sus peculiaridades y rasgos característicos. Sólo así podrán integrarse en una identidad más amplia de la que forman parte.

II

En el ámbito “España” habrá que actuar en seis áreas claramente diferenciadas y cada una de ellas con una enorme importancia.

1.-   Área histórica: Estudio de la Historia de España, en todos sus aspectos. Sus líneas maestras, su inserción en la Historia universal. Hechos históricos relevantes o significativos. Grandes gestas. Figuras ejemplares de nuestra Historia. La significación de España para Occidente y para la Humanidad.

2.-   Área cultural: Su legado cultural y espiritual. Nuestra cultura: arte, literatura, poesía, música, pensamiento, ciencia, espiritualidad (religión, mística, teología), folklore, estilo de vida, cultura vital. Nuestros templos, monasterios y catedrales. Elemento importantísimo: la lengua (junto con nuestras lenguas: incluidos catalán y euskera). Nuestros símbolos, mitos y leyendas (especial importancia de los símbolos nacionales). Enseñanzas que contienen y nos transmiten: virtudes, valores, ideas, principios, perspectivas (maneras de ver  las cosas).

Hacer ver que la cultura española es una de las más importantes del mundo (dato objetivo). Figuras universales de la cultura española: redescubrirlas y valorarlas como es debido (Séneca, Manrique, Cervantes, Calderón de la Barca, Gracián, Fray Luis de León, San Juan de la Cruz, Zurbarán, Murillo, Balmes, Ortega y Gasset, etc.).

3.-  Área popular/étnica: Realidad biológico-vital del pueblo español: su unidad y diversidad, su formación a lo largo de los siglos, su idiosincrasia. Antropología y psicología. Las diversas regiones y sus peculiaridades. Defensa de las señas de identidad del ser hispánico. Virtudes y vicios de la “raza” española. Pedagogía patriótica: rectificación del temperamento nacional (corregir los defectos y elementos negativos de los que adolece nuestra manera de ser).

4.-   Área político-social: Cuestiones de actualidad que afectan a España, a la sociedad y al pueblo españoles. Analizar problemas y proponer soluciones. Combatir lacras y corrupciones. Apoyo y defensa de las instituciones (con una actitud de fuerte exigencia crítica, obligándolas a que se respeten a sí mismas). Trabajar por la convivencia y la concordia nacional. Afirmar e impulsar el verdadero patriotismo. Aquí cobra especial importancia el campo de las ideas (sobre todas las cuestiones: políticas, económicas, sociales, morales, filosóficas, artísticas, religiosas, etc.).

5.-   Área crítica: Análisis del “problema español”. La decadencia de España: sus causas históricas y humanas. España = ¿nación anómala? La  incidencia de la crisis en la vida española, en la evolución de nuestro país (durante los 4 últimos siglos). España = víctima de la crisis; otras naciones europeas = causantes de la crisis. Diagnósticos sobre la crisis y dolencia nacionales. Importante papel de la Historia de las ideas y las corrientes ideológicas (Revoluciones diversas, Absolutismo, Ilustra-ción, Liberalismo, Carlismo, Nacionalismo, Anarquismo, Fascismo, Comunismo, etc.). Pérdida del protagonismo español a partir de determinada época.

6.-   Área constructiva: Acción regeneradora. Reconquista de España: construcción y recons-trucción de nuestra propia identidad. Mirada creativa hacia el futuro: la Patria (que es “tierra de los padres”) vivida como “tierra de y para los hijos”. Visión puesta en las generaciones venideras. Hacer que España despierte, tome conciencia de su alto destino y se ponga en marcha para que pueda ocupar el lugar que le corresponde en el concierto de las naciones (y no se quede en el furgón de cola, en el pelotón de los torpes, como nación fracasada o estado fallido). Lanzarla hacia metas de superación y trascendencia. Expandir y elevar el ánimo colectivo abriendo horizontes que saquen a la Nación del marasmo y la mediocridad actuales. Dar los pasos para construir un mundo mejor. Proponer grandes tareas, proyectos sugestivos y empresas ambiciosas para el futuro. Ej.: detener la amenazadora marea islámica, superar el caos capitalista y la civilización inhumana del presente (individualista, materialista, nihilista). Alzar la bandera de una nueva era más humana, íntegra, radiante, respetuosa de la Creación y del Orden universal. Ofrecer a la Humanidad los principios, las ideas y los altos valores que necesita para salir de la terrible crisis actual.

 Estas áreas se interfieren y entrecruzan. No se puede establecer una línea divisoria radical entre ellas. La Historia de la cultura y de las ideas tiene un impacto capital en la Historia de las naciones, en sus vicisitudes, en sus éxitos y fracasos. Las grandes figuras de la cultura (sobre todo en el campo intelectual) son al mismo tiempo grandes figuras históricas (Véase, por ejemplo: Platón, Marx, Bakunin, los Enciclopedistas franceses, Nietzsche, Burke, Hegel, Jovellanos, Vázquez de Mella, Primo de Rivera).

En el área 1) predominarán los aspectos positivos (ilusionantes). En el área 5), por el contrario, predominarán más bien los aspectos negativos (quizá deprimentes).

Como compendio, o trasfondo, de todo ello, una cuestión clave: ¿Qué es España?   Respuesta a las preguntas fundamentales: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Cuál es nuestro papel y misión en el conjunto de la Humanidad, en la Historia y en el Universo?

¿Por qué existe o ha existido España? ¿Seguirá existiendo? ¿Debe seguir existiendo? ¿Tiene todavía futuro o está ya finiquitada? ¿Ha sido un error histórico o fruto de una alucinación?

III

La regeneración de España y la regeneración de su sociedad civil

Para regenerar España, hay que partir de la importancia capital de la sociedad civil. Para que una nación funcione como es debido y viva en forma tiene que contar con una sociedad civil fuerte y sana, bien articulada y desarrollada, que se desenvuelva con autonomía y libertad. Es, por tanto, tarea fundamental afianzar la sociedad civil y, en el caso de que ésta sea débil o esté desorganizada, resulta indispensable potenciarla, vigorizarla y revitalizarla.

1)  ¿Qué es la sociedad civil? Dicho en breves palabras: el complejo y rico entramado social que no forma parte de la maquinaria del Estado, de las instituciones públicas o de las estructuras del poder político y su ámbito correspondiente (burocracia, ejército, policía y aparato represivo, diplomacia, parlamentos, partidos, etc.; se halla, por tanto, al margen de los distintos poderes, ejecutivo, legislativo y judicial). Entramado social que, muchas veces, sufre el peso insoportable y la acción invasora de los poderes públicos y del aparato burocrático de administraciones y partidos (u organizaciones políticas que pretenden organizarla, someterla y manipularla a su antojo, pues viven a su costa).

2)    La sociedad civil comprende: familias, empresas, sindicatos, gremios, oficios y profesiones (con sus respectivas organizaciones), estamentos (campesinado, burguesía, nobleza, milicia, sacerdocio, etc.), asociaciones, foros, órganos de opinión, fundaciones, universidades y centros docentes, mundo del arte y de la cultura, intelectuales, federaciones y clubes deportivos, organizaciones benéficas y asistenciales, iglesias y entidades religiosas, etc. Todas aquellas formas sociales a través de las cuales la sociedad expresa y encauza su actividad cotidiana. Lo que suele designarse con el nombre de “cuerpos intermedios”, precisamente por ser cuerpos sociales que se sitúan entre el individuo y el Estado.

3)   Diagnóstico: España es uno de los países europeos con una sociedad civil más débil, tanto que resulta prácticamente inexistente, o al menos inoperante. De ahí que su influencia sobre el poder y su impacto en los asuntos públicos sean mínimos. Nos encontramos con una sociedad civil anémica, extremadamente débil, desorganizada, descoordinada, desorientada, enteca y timorata, falta de cohesión y de iniciativa. Es una sociedad cobarde, minada por el individualismo, en la cual cada cual vaya a lo suyo, con total indiferencia respecto a los demás y sus iniciativas. Es, además, una sociedad miope, corta de miras, que no ve la necesidad de articularse y actuar de forma conjunta (cooperar y trabajar en equipo). Dominada por una lamentable pasividad y frivolidad, se contenta con criticar, quejarse y lamentarse. Burdamente politizada, pone toda su fe en el mundo político, esperando que “papá Estado” la proteja y le saque las castañas del fuego, teniendo la mirada fija en los cotilleos de la política menuda, los debates del día a día, las rencillas politiqueras y las pugnas electorales.

En ello incide el temperamento español, fuertemente individualista. Nuestro pueblo adolece de una escasa o casi nula vocación de participación en actividades que rebasen la esfera individual. Hay muy poca inclinación a intervenir en proyectos asociativos, a cooperar con otras personas en tareas que tengan continuidad, a unirse a iniciativas con proyección comunitaria. El vector “separante” (que aísla y divide) domina sobre el “participante” (que busca la unión, la integración). No se percibe la interrelación entre los distintos cuerpos sociales ni se hacen esfuerzos para coordinarlos.

No hay actualmente apoyo por parte del Estado, que tiene lógicamente poco interés en su desarrollo, pues iría en detrimento de su poder y su influencia coercitiva. Ej: el nulo estímulo y el tratamiento legal deplorable, mezquino, que se da a las fundaciones (con deducciones fiscales mínimas sobre las donaciones que reciben).

4)   El abrir cauces de renovación, consolidación y fortalecimiento de la sociedad civil debe ser uno de los objetivos primordiales de la asociación o entidad preocupada por el bien de la Nación. Hay que trabajar para vertebrarla o ayudar a que se vertebre con fuerza, solidez y coherencia. Nuestra misión: contribuir a darle articulación, cohesión, energía, ánimo, moral, voz y conciencia. Hacer que despierte de su letargo, que tome conciencia de sí misma y se  ponga en movimiento. Ofrecer vías o posibilidades para que pueda expresarse, constituirse y desarrollarse de forma saludable, de tal forma que no viva pendiente del favor de los poderes públicos (subsidios, subvenciones, clientelismo, corruptelas de toda índole) ni tema las amenazas o chantajes que puedan venir de los núcleos del poder.

5)   En esta tarea, hay que partir de una verdad simple y elemental, aunque generalmente olvidada: el Estado está al servicio de la sociedad, y no a la inversa, como suele ocurrir actualmente y como tienden a pensar los políticos por deformación profesional. La sociedad civil no puede quedar fagocitada por las estructuras y sistemas que manejan el poder (gobierno, administración, partidos, etc.), convirtiéndose en la bestia de carga que sostiene su existencia parasitaria y financia sus lujos, corrupciones y aventuras de dudoso  interés. No es de recibo que la sociedad se empobrezca mientras los políticos, que deberían servirla, se enriquecen a manos llenas, mientras dejan sin resolver los problemas que aquejan a la sociedad o, lo que es peor aún, creando sin cesar nuevos problemas, antes inexistentes, que no saben cómo resolver.

6)  Hay que trabajar para que España cuente con una sociedad madura, que pueda desenvolverse en libertad, comprometida con los más altos valores, dotada de con una gran capacidad de iniciativa y un alto sentido de la responsabilidad. Una sociedad civil que, con sus altas virtudes cívicas, sea capaz de influir decisivamente sobre las instancias e instituciones de la política, en vez de limitarse a sufrir pasivamente las influencias, por lo general alienantes y funestas, que ésta suele ejercer sobre ella. Crear las bases para la constitución de un entramado social tan fuerte y sólido que haga innecesarias e imposibles no sólo las intromisiones y las injerencias no deseadas ni deseables de la administración o el aparato de los gobiernos de turno, sino también las intervenciones abusivas, inmorales, ilegitimas, corruptoras o subversivas del poder político y de las ideologías (las cuales buscan someter la vida a sus esquemas simplistas, manipuladores y deformadores de la realidad). Poner fin a la impotencia o acrasia de la sociedad y de los individuos.

7)   La sociedad civil debe organizarse por sí misma. No puede organizarse ni reanimarse desde fuera, por poderes o instancias extraños a ella. El impulso renovador y vertebrador debe partir de sus propias energías, por propia iniciativa. Cualquier intento de ingeniería social no tendrá efecto; sólo servirá para empeorar su situación, para asfixiarla aún más o impedir su despertar. Por eso, únicamente podemos aspirar a contribuir, aportar ideas, sugerencias e iniciativas; nunca debemos pretender dirigir ese proceso de regeneración o revitalización.

8)   Lo más importante para el buen desarrollo de una sociedad civil es el espíritu que la anime. Mientras la vida de la sociedad esté regida por la mentalidad individualista y por ideologías o sistemas de inspiración individualista, no habrá nada que hacer. Lo fundamental en cualquier sociedad son los principios y valores que guían su vida. Si no tiene principios ni valores estará condenada a la pérdida de la libertad y la autonomía, quedando finalmente sin identidad y sin dignidad. Por muy sociedad y por muy civil que sea, no irá muy lejos.

Una sociedad civil que desprecie y pisotee los valores, no merece ser apoyada ni ayudada. Con respecto a una sociedad integrada, pongo por caso, por artistas que se dedican a producir bodrios horrendos y por intelectuales a los que importa un bledo la verdad y se erigen en heraldos del nihilismo   –o peor aún, que rinde culto a tales especímenes con un papanatismo ignorante–, lo único que se podría y debería hacer es mantenerse a la mayor distancia posible. El mayor peligro que acecha a la sociedad civil es la politización y la ideologización. Cuando una sociedad se ve aquejada de un mal semejante no hace sino prepararse ella misma el camino de su propia esclavitud.

9)   ¿Cómo contribuir a su regeneración? Ante todo, dándole la orientación y las armas necesarias para ello. También el estímulo y la motivación para que se ponga en marcha. Aunque parezca que es predicar en el desierto, hay que hacer todo lo posible para que despierte, para que tome las riendas de su vida y su destino. Hay que sacarla de su modorra y apatía, azuzándola y zarandeándola si es necesario. Sanar la dolencia que sufre y que le impide estar en forma, vivir con alegría y afrontar con decisión los retos del presente y del futuro.

Para ello será conveniente asimismo promover una rebeldía cívica que ponga fin al deterioro y descrédito de las instituciones, a la corrupción y la cleptocracia que invaden la vida política, a la incompetencia y la inmoralidad de nuestra clase dirigente. Alzar la voz y decir “basta” ante los atropellos, arbitrariedades, demagogias, sectarismos, insensateces, obscenidades y absurdas ocurrencias de los poderes públicos.

Dado que la sociedad se compone de personas, siendo éstas en última instancia las verdaderas protagonistas, hay que empezar por despertar y sensibilizar a las personas. Hay que conseguir que espabilen. Hay que sanar sus vidas, convenciéndolas de la importancia que tiene el emprender la lucha por los valores. En realidad, el fortalecimiento de la sociedad civil viene a ser un subproducto de la lucha por la restauración y realización de los valores, lucha que ha de llevarse a cabo tanto en el plano personal como en el social.

10)    Restauración del ideal comunitario, superando el nivel puramente societario en que hoy nos encontramos. Reconstruir la comunidad. Ir creando las bases para la constitución de una auténtica comunidad, superando las tendencias societarias de desintegración, masificación y despersonalización, así como los rasgos propios de un simple conglomerado societario, en el que priman los intereses materiales sobre los vínculos afectivos, los principios espirituales y las normas éticas, y en el que se da un predominio absoluto del dinero sobre el amor y el honor. El ideal comunitario debería plasmarse ante todo en la propia asociación, pues difícilmente podremos dar a nuestra patria o a nuestra sociedad lo que no poseemos nosotros mismos. Todo aquello que queramos hacer realidad en España ha de empezar por hacerse realidad en nuestro ser personal y en nuestro grupo: nadie puede dar lo que no tiene.

Se impone afirmar la visión orgánica, jerárquica, vertical y espiritual frente a la visión inorgánica, horizontal, materialista e individualista. El personalismo o humanismo comunitario debe triunfar sobre el individualismo y el colectivismo societarios (ambos de base individualista, pues el colectivismo no es más que un individualismo de grupo, de la masa como macro-individuo). Es necesario aquí tener en cuenta la distinción fundamental entre individuo y persona: el individuo va conexo a la sociedad (sociedad anónima, con base contractual y unida por intereses, por criterios utilitarios, por la búsqueda del beneficio material o egoísta); la persona y la vida personal van inseparablemente ligados a la comunidad (unida por el amor, por sólidos vínculos afectivos y emotivos, basada en el servicio y el sacrificio). La sociedad individualista significa desunión y división; la comunidad es comunión, unión íntima y profunda.

11)    Hay que infundir en la sociedad civil, en todos sus niveles y formas de expresión, el espíritu comunitario. Es ésta una de las más importantes conquistas que se puedan llevar a cabo, una tarea auténticamente revolucionaria (en el sentido más positivo de la palabra). Hay que despertar el sentido comunitario en el ejercicio del vivir diario. Que se vea el engarce entre la actividad que se desarrolla y el bien común. Que se realicen todas las acciones o tareas, por pequeñas que sean, con un hondo sentido de responsabilidad. Que se vivan como aportación personal o del grupo a un destino colectivo, a la construcción y elevación de la Patria, y, en última instancia, al enriquecimiento de la Humanidad y a la edificación de un mundo mejor.

Es necesario, ante todo, cultivar y estimular los valores que hacen posible la vida comunitaria: el compromiso y la vinculación, la lealtad, la confianza, el respeto, la responsabilidad, el sentido del deber y del honor, el amor al esfuerzo, la solidaridad y el compañerismo. Y como base de todos ellos, el amor, la fuerza creadora de comunidad por excelencia. El amor en todas sus formas: amor al prójimo, amor a la Patria, amor al propio oficio (o a la función social que se nos haya asignado), amor a la obra bien hecha, amor a la excelencia, amor al mundo en el que vivimos, amor a la vida, amor a la Naturaleza, amor a todo lo digno y noble amor a la Humanidad. Amor a la Verdad, el Bien, la Justicia y la Belleza.

12)      Para que todo esto sea posible es indispensable formar dirigentes y líderes que sean capaces de dinamizar la vida nacional, de infundir ilusión a la sociedad, de darle fe y confianza, de despertar sus energías dormidas y poner en acción sus mejores resortes emocionales y volitivos. Personas con cualidades de liderazgo que puedan influir en los diversos campos y facetas de la vida colectiva, influyendo sobre todo con su ejemplo, con su presencia, con su buen ánimo y su buen hacer. La Asociación debería ser una escuela de virtudes cívicas, de buen liderazgo y de pensamiento creador. No se podrá reconstruir la comunidad ni contar con una sociedad civil fuerte y sana si no se ha cultivado previamente el ideal del buen liderazgo.

Contribuir a la formación del elemento dirigente que España necesita para salir del marasmo en que se encuentra atascada y pueda hacer frente a los desafíos que tiene planteados. Hacer todo cuanto sea posible para ir forjando la elite o minoría rectora (creativa, orientadora y guiadora) que toda nación necesita para estar bien estructurada y gozar de una buena vitalidad; una minoría cuya presencia ha de sentirse en todos los estratos y sectores sociales, pues en una sociedad sana el afán de excelencia no es exclusivo de una parte y cada segmento del cuerpo social cuenta, o ha de contar, con su propia elite creadora, portadora de virtudes cívicas, de cualidades excelsas y de nobles valores. La totalidad del tejido social ha de estar impregnada de cualidades dirigentes, aquellas que forman la fibra y el tuétano de toda minoría o elite rectora.

13)    Urge superar el horizonte de mediocridad, irresponsabilidad, demagogia, corrupción, inmoralidad y despilfarro al que parecen querer condenarnos nuestros políticos y dirigentes, en colaboración con otros poderes fácticos (banca, judicatura, prensa y medios de comunicación, etc.). Propiciar la aparición de una nueva clase política o núcleo dirigente que se aleje por completo de este clima pestilente y nauseabundo, y sea capaz de poner fin a tanto desmadre y a sus efectos desmoralizadores. Cosas todas ellas que sólo puede llevar a cabo una sociedad civil fuerte, bien constituida y articulada, con sólidos principios y valores bien asumidos, con conciencia de sí misma y con una clara orientación vital.

14)       Contribuir al saneamiento, depuración, normalización y fortalecimiento del Estado, esto es, a la vigorización del poder político y de todas las instituciones públicas, para que puedan ejercer con eficacia y solvencia sus importantes funciones al servicio de la Nación y del cuerpo social: asegurar su unidad y mantener en ellos la paz, el orden y la justicia. El Estado y los poderes públicos necesitan contar con una sociedad civil fuerte y sana que los sostenga, les brinde su apoyo, les indique su norte y los enriquezca con su aporte de ideas y principios, de sólidos vínculos y altos valores morales. Sólo así se podrá evitar que el Estado se debilite y caiga bajo el nefasto influjo de ideologías que falsifican la realidad y atentan contra nuestra tradición y nuestra herencia milenaria.

En un orden normal la sociedad civil ha de ejercer una acción renovadora, orientadora y sustentadora del poder político (habrá de ejercer también de freno y oposición cuando haga falta). Por su parte, el poder político ha de ejercer una acción protectora, ordenadora, liberadora, alentadora, dinamizadora, educadora, formadora y forjadora de la sociedad, siendo siempre respetuoso con ella y dejándole el máximo margen de autonomía y de protagonismo (principio de subsidiariedad). El poder político está al servicio de la sociedad, y no a la inversa. Al Estado compete, como deber indeclinable, la forja y defensa de la nación, de su identidad y su destino, así como el proteger a la sociedad de las fuerzas oscuras que conspiran contra lo humano, que tratan de destruir el orden, la paz y la libertad.

Hay que evitar la situación actual, en la cual el Estado o poder político es poco “poder” o poder invasor y nefasto: sufre al mismo tiempo anemia y sobredosis de poder; es a la vez impotente y prepotente. Cuanto más  impotente, más prepotente. Es impotente para realizar las funciones que le son propias, pero eso mismo le hace prepotente, llevándole a intervenir en cosas que no le conciernen, hacer incursiones absurdas en campos marginales o de escasa importancia, y asumir posturas subversivas o destructivas del orden (igualitarismo nivelador, ateísmo militante o laicismo agresivo, apoyo a los separatismos y las tendencias disgregadoras, imposición de aberraciones como la ideología de “género”, adulteración de la lengua, fomento del resentimiento y de la discordia, provocar fractura social, manipulación demagógica de la Historia, etc.).

Extraído de Asociación Cultural Caetra

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