Posts tagged ‘Simone Weil’

30/03/2016

El mundo tiene necesidad de un nuevo patriotismo

MAILER MATTIÉpor Mailer Mattié – Instituto Simone Weil/CEPRID – “El Estado es una cosa fría que no puede ser amada, pero mata y destruye todo lo que podría serlo; así obliga a amarlo, a falta de otra cosa. Tal es el suplicio moral de nuestros contemporáneos”. Simone Weil (Echar raíces, 1943)

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07/01/2014

Armonía de los contrarios: la solución que anhela la humanidad

MAILER MATTIÉ

por Mailer Mattié – Instituto Simone Weil/CEPRID – “Puedo decir que en toda mi vida, jamás, en ningún momento, he buscado a Dios” , Simone Weil (1942)  

En el Ñapa Pacha –el tiempo antiguo en los Andes-, Wiracocha, después de varios fracasos, creó finalmente el universo y le dio un orden. Al terminar el Unu Pachakuti –el gran diluvio, el agua que transformóel mundo-, el Creador emergió del lago Titikaka donde solo brillaba el resplandor dorado de los ojos de un puma, a los que reemplazó enseguida por el sol (inti) y por la luna (quilla). De su unión nacieron luego dos hijos, la pareja sagrada formada por Manco Capac y Mama Oclla, el primer inca y la primera colla. A continuación, Wiracocha se dirigió a Tiwanaco y allí diseñó a la nueva humanidad. Dio nombre a las mujeres y a los hombres, les enseñó las lenguas, los oficios y las artes y les transmitió costumbres justas. Pidió entonces a Manco Capac encontrar un lugar que simbolizara la sabiduría de los humanos. Cumplida la tarea, en aquel sitio se fundó Cuzco, el ombligo del mundo, la ciudad más hermosa del Tahuantinsuyo.

Wiracocha determinó, pues, que en el Alax Pacha –el espacio/tiempo de arriba- habitaran el sol, la luna y las estrellas; que en el Mankha Pacha residiera el pasado y que en el Aka Pacha –el mundo intermedio- viviera la humanidad. Un orden armónico, resultado de la complementariedad de los opuestos: lo que está arriba y lo que está abajo; lo femenino y lo masculino; el día y la noche, el verano y el invierno que se turnan.

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15/09/2013

A 70 años de la muerte de Simone Weil: La obligación de limitar el mal

MAILER MATTIÉ

Mailer Mattié* – Instituto Simone Weil/CEPRID – El 18 de julio de 1943, un mes antes de morir, Simone Weil escribió desde Londres a sus padres que se encontraban en Nueva York:

Tengo una especie de certeza interior creciente de que hay en mí un depósito de oro puro que es para transmitirlo. Pero la experiencia y la observación de mis contemporáneos me persuade cada vez más de que no hay nadie para recibirlo. Es un bloque macizo. Lo que se añade se hace bloque con el resto. A medida que crece el bloque, deviene más compacto. No puedo distribuirlo en trocitos pequeños. Para recibirlo haría falta un esfuerzo. Y un esfuerzo ¡es tan cansado!

Aquí Weil señala tres requisitos a su parecer imprescindibles para acercarse a la comprensión de su pensamiento: ese bloque compacto de oro puro. Ciertamente, es necesario un importante esfuerzo intelectual el cual, sin embargo, resultaría del todo insuficiente si no podemos acceder a la verdad sobre el mundo social en el que vivimos y si no contamos con determinadas experiencias; es decir, con determinadas referencias de aprendizaje.

¿A qué se refería en realidad Simone Weil? ¿Qué era aquello que impedía a sus contemporáneos comprender sus propuestas?

Con gran probabilidad, es posible que aludiera a dos de los rasgos que caracterizan la existencia humana en la sociedad moderna: ignorar la experiencia histórica que constituye el pasado y aceptar la distorsión del conocimiento que creemos tener sobre la realidad. El pasado, en efecto, ha sido borrado por el progreso, arrasado por el desarrollo del Estado y de la economía, destruido por la industrialización. Las ideologías y el pensamiento académico, por otra parte, han secuestrado la verdad al adscribirla a los dogmas heredados del siglo XIX.

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04/03/2013

La bondad del dinero: El tránsito hacia las nuevas formas de convivencia social

MAILER MATTIÉ

por Mailer Mattié* – Instituto Simone Weil/CEPRID – Vivir en el mundo sin conocer las leyes ocultas de la naturaleza, es como ignorar la lengua del país en que uno ha nacido.

Hazrat Inayat Khan

Es bueno que la gente de una nación no entienda el sistema bancario y monetario, porque si así fuera habría una revolución antes de mañana por la mañana.

Henry Ford, 1922

Creo que el porvenir aprenderá más de Gesell que de Marx.

J.M. Keynes

Los principios del usurero

Somos mayoría y alcanzaremos la unidad para poner en práctica acuerdos globales: la Madre Tierra es sagrada; ha llegado el momento de emancipar la vida social de la codicia del dinero; necesitamos fuentes de inspiración, porque no confiamos en las ideologías que falsean la realidad y ocultan la verdad a través de la propaganda,cercenando la paz mundial y el bienestar humano: la inspiración de la experiencia y de la inteligencia colectivas para cambiar todo aquello que envilece nuestra relación con el planeta, la convivencia comunitaria, el trabajo y los medios para satisfacer nuestras necesidades.

Una visión artificial de la naturaleza, del trabajo y del dinero nos ha conducido hasta la precaria situación social que enfrentamos hoy; origen, a su vez, de todos los privilegios de la minoría que nos gobierna. Los pilares de la sociedad económica que surgió en Europa en el siglo XVIII de la mano de los mercados autorregulados, a partir de un complejo y dramático proceso histórico que Karl Polanyi describió y analizó magistralmente en su obra La gran transformación. Crítica del liberalismo económico, publicada en Nueva York en 1944. Proceso que configuró, de hecho, la imagen y el funcionamiento de la sociedad moderna, estableciendo por primera vez en la historia de la humanidad el dominio de una esfera económica autónoma y diferenciada en el contexto social.

Para conseguir semejante metamorfosis, resultó imprescindible desarticular la unidad que constituían la tierra y el trabajo –la sustancia de la sociedad- y reducirlos a la categoría de mercancías ficticias; es decir, a objetos destinados al intercambio mercantil. La sociedad económica se construyó, pues, sobre la base de lo que Polanyi llamó la ficción de la mercancía, cuya consolidación se produjo en el siglo XIX a causa precisamente del desarrollo del mercado de trabajo, a su juicio “la más poderosa de todas las instituciones modernas”. Una proyección de la realidad edificada y avalada por el pensamiento económico: elaboración ideológica que adquirió forma definitiva durante los últimos doscientos años mediante leyes, instituciones e identidades colectivas a medida que se expandía el sistema industrial.

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