Posts tagged ‘Decrecimiento’

02/11/2015

¿Puede la bioética ser pluralista?

JOSE ALSINA CALVESpor José Alsina Calvés Antes de entrar a responder a la pregunta que plantea el título, debemos definir qué es lo que entendemos por bioética. Para Gilbert Hottois [1] la bioética es una ética para la tecnociencia, es decir, el conjunto de reglas y de buenos comportamientos que deben regular la actividad técnica y científica.

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04/05/2015

Los tres mitos del TTIP y nuestras alternativas

NO AL TTIP TISA CETA EEUU

por Florent Marcellesi – A pesar de no haberse implementado todavía, el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea (TTIP) es ya una reliquia de la teoría económica dominante. Nos sigue vendiendo que la globalización es el fin de la historia, que la competencia es el modo más eficiente de organizar una economía y que para generar bienestar y empleo, hay que crecer. Estos tres dogmas son simplemente erróneos. Por tanto, el problema del TTIP no es de matiz, es de raíz: va en dirección opuesta a la sociedad próspera y sostenible que la gran mayoría quiere construir. Repasemos pues los tres mitos del TTIP y presentemos nuestras alternativas.

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17/07/2013

El fin del Crecimiento

DECRECIMIENTO

por Richard Heinberg

Introducción: La nueva normalidad

La afirmación central de este artículo es tan simple como sorprendente: El crecimiento económico tal como lo hemos conocido ha terminado. El “crecimiento” así como se ha venido llamando, consiste en la expansión permanente de la economía global, con cada vez más personas atendidas, más dinero cambiando de manos, y mayores cantidades de energía y bienes materiales fluyendo a través de ellas.

La crisis económica que comenzó en 2007-2008 fue tan previsible como inevitable, y marca una ruptura permanente con respecto a las décadas anteriores, período durante el cual la mayoría de los economistas adoptó la visión irreal de que el crecimiento económico perpetuo es necesario, deseable, y además perfectamente posible de mantenerse en el tiempo. Pero en la actualidad ya han aparecido barreras infranqueables a dicha expansión económica, y estamos colisionando con dichas barreras.

Esto no quiere decir que los EE.UU. o el mundo entero nunca más verán otro trimestre o año de crecimiento respecto al trimestre o año anterior. Sin embargo, los golpes se hacen secuenciales y encadenados unos con otros, y la tendencia general de la economía (medida en términos de producción y consumo de bienes reales) estará al mismo nivel o en descenso, pero no en ascenso a partir de ahora.

Tampoco será imposible para cualquier región, nación o empresa continuar creciendo por un tiempo. En un análisis final, sin embargo, este crecimiento será conseguido a expensas de otras regiones, naciones o empresas. A partir de ahora, sólo un crecimiento relativo es posible: La economía mundial está jugando un juego de suma cero, con un premio cada vez más chico a repartirse entre los ganadores.

04/03/2013

La bondad del dinero: El tránsito hacia las nuevas formas de convivencia social

MAILER MATTIÉ

por Mailer Mattié* – Instituto Simone Weil/CEPRID – Vivir en el mundo sin conocer las leyes ocultas de la naturaleza, es como ignorar la lengua del país en que uno ha nacido.

Hazrat Inayat Khan

Es bueno que la gente de una nación no entienda el sistema bancario y monetario, porque si así fuera habría una revolución antes de mañana por la mañana.

Henry Ford, 1922

Creo que el porvenir aprenderá más de Gesell que de Marx.

J.M. Keynes

Los principios del usurero

Somos mayoría y alcanzaremos la unidad para poner en práctica acuerdos globales: la Madre Tierra es sagrada; ha llegado el momento de emancipar la vida social de la codicia del dinero; necesitamos fuentes de inspiración, porque no confiamos en las ideologías que falsean la realidad y ocultan la verdad a través de la propaganda,cercenando la paz mundial y el bienestar humano: la inspiración de la experiencia y de la inteligencia colectivas para cambiar todo aquello que envilece nuestra relación con el planeta, la convivencia comunitaria, el trabajo y los medios para satisfacer nuestras necesidades.

Una visión artificial de la naturaleza, del trabajo y del dinero nos ha conducido hasta la precaria situación social que enfrentamos hoy; origen, a su vez, de todos los privilegios de la minoría que nos gobierna. Los pilares de la sociedad económica que surgió en Europa en el siglo XVIII de la mano de los mercados autorregulados, a partir de un complejo y dramático proceso histórico que Karl Polanyi describió y analizó magistralmente en su obra La gran transformación. Crítica del liberalismo económico, publicada en Nueva York en 1944. Proceso que configuró, de hecho, la imagen y el funcionamiento de la sociedad moderna, estableciendo por primera vez en la historia de la humanidad el dominio de una esfera económica autónoma y diferenciada en el contexto social.

Para conseguir semejante metamorfosis, resultó imprescindible desarticular la unidad que constituían la tierra y el trabajo –la sustancia de la sociedad- y reducirlos a la categoría de mercancías ficticias; es decir, a objetos destinados al intercambio mercantil. La sociedad económica se construyó, pues, sobre la base de lo que Polanyi llamó la ficción de la mercancía, cuya consolidación se produjo en el siglo XIX a causa precisamente del desarrollo del mercado de trabajo, a su juicio “la más poderosa de todas las instituciones modernas”. Una proyección de la realidad edificada y avalada por el pensamiento económico: elaboración ideológica que adquirió forma definitiva durante los últimos doscientos años mediante leyes, instituciones e identidades colectivas a medida que se expandía el sistema industrial.

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02/12/2009

Conferencia de Serge Latouche. “Decrecimiento: ¿cómo y por qué?”

“Ciclo de conferencias. Los retos del s.XXI: otro mundo es necesario. III Edición

Decrecimiento: ¿cómo y por qué?

Ponente: Serge Latouche (nacido en Vannes, 1940) es Economista y filósofo francés.
Profesor emérito de la Facultad de Derecho, Economía y Gestión de Jean Monnet (Sceaux) de la Universidad París-XI,.
Se define opositor al crecimiento y Presidente de la Asocuación de los Amigos de Entropia (Revista de Estudio teórico y político del decrecimiento). También ha hecho “colaboraciones históricas” en La Revista de MAUSS (Movimiento Antiutilitarista en las Ciencias Sociales).
Breve resumen de la Conferencia

El decrecimiento es un término que se utiliza para resumir la necesidad de poner en tela de juicio el crecimiento. La finalidad es, sobre todo, resaltar el abandono del descabellado objetivo del crecimiento por el crecimiento, objetivo cuyo motor no es otro que el de la búsqueda desenfrenada del beneficio de aquellos que poseen el capital. El decrecimiento no significa un crecimiento negativo. La simple ralentización del crecimiento sume a nuestras sociedades en el desarraigo causado por el desempleo y el abandono de los programas sociales, culturales y medioambientales que garantizan un mínimo de calidad de vida.
No se trata ni de volver al desarrollo (sostenible o no), ni de entrar en subdesarrollo, sino simplemente de salir del desarrollo; es decir, del imperialismo de la economía. Es necesaria esta propuesta para reabrir el espacio de la invención y de la creatividad de la imaginación bloqueada por el totalitarismo economicista, desarrollista o adepto al progreso. Todos los elementos cuyo objetivo sea relocalizar la vida, la adaptación y la autonomía contribuyen a la construcción de un futuro sostenible.

* Moderador: Carlos Taibo, profesor Titular de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Autónoma de Madrid.
* 09.12.09 / 19.30 h.
* Lugar: Auditorio.
* Coordina: IC iniciativas.”

Fuente: La Casa Encendida

03/06/2009

Decrecimiento.

por Clément Homs (*)

El “decrecimiento” es percibido como una consigna más que como un programa consistente o como un proyecto de sociedad. Los debates en el seno de estructuras asociativas que van apareciendo poco a poco se preguntan sobre el sentido mismo de este término un tanto ambivalente: por una parte constatamos a la vez la carga radical de emotividad y de reacción reveladora en nuestro imaginario que suscita su utilización; por otra parte constatamos igualmente, la incomprensión y el malentendido sobre el verdadero objetivo que suscita este término. En resumen, diremos que “decrecimiento” es un movimiento naciente pero que a la vez está calando en la sociedad aunque también sufre mucha incomprensión e incluso un rechazo radical [1] . El debate sobre la utilización de este término, iniciado en el seno del movimiento, continua, lo que pudiera desembocar en una reformulación del término (quizás bajo el nombre de “política de civilización” como lo defiende E. Morin por ejemplo, utilizándolo para oponerlo a lo que Besson-Girard llama la “descivilización material” [2]. Sea como sea, el término “decrecimiento” tiene el mérito de hacer reaccionar y atacar en su núcleo duro, en el ojo del huracán, a la “mega-máquina” capitalista, es decir, a la ideología irreal del crecimiento infinito del PIB, del petróleo y de la propaganda publicitaria. Hay que recordar desde el principio, para evitar todo malentendido, que al hablar de decrecimiento lo referimos al crecimiento del PIB y no al sentido metafísico que comúnmente lo damos al término de “crecimiento”. Los objetores del crecimiento no combaten el sentido metafísico del término crecimiento (crecimiento espiritual, crecimiento de los vínculos sociales, crecimiento del individuo que da lugar al arte, la música, la gran cultura, la ética, la religión). Proponemos, inversamente al crecimiento del PIB, la rabiosa intensificación de la auto-realización de la vida en cada uno de nosotros, de “ser uno mismo”, de este “crecimiento interior y estar contento consigo mismo” que conforma nuestras ansias vitales. Porque esta vida frugal, convivial, intensa, que desborda de vitalidad misma no se puede confundir con el objetivo del saber científico. Porque a esta vida no le da sentido la biología, sino que le da sentido una vida verdadera, es decir una vida que transcurra sin distancia ni diferencia con nuestra infinita ansia interior [3]. Este punto es fundamental para evitar que a los objetores del crecimiento se nos etiquete de “reaccionarios”, “vichystas”, “prehistóricos”, o incluso como partidarios de un “retorno a la edad de piedra”…Insistamos: lo que criticamos es el Becerro de Oro de la ubicuidad planetaria pero también de la izquierda tradicional, que es la creencia en la virtud benefactora (en el sentido material, existencial e incluso moral) del aumento del PIB. El crecimiento del PIB no implica ni “felicidad perpetua”, ni progreso moral, ni embriaguez vital en sí misma. ¡Y sin embargo esto es lo que nos han venido prometiendo todos los Adam Smith de la Tierra desde el siglo XVIII…y aun hoy prometen todos los discursos patronales, publicitarios y políticos tanto de la derecha como de la izquierda!.

Las leyes que guían nuestra acción no son las leyes del mercado, de la matemática, de la biología o de los cuerpos celestes, sino que son las leyes estéticas de la sensibilidad, las leyes del don, de la imitación, de la simpatía y de la empatía, las leyes de la ética y de la responsabilidad que tienen su fundamento en “el-mundo-sensible-de-la-vida” (vida no en un sentido biológico sino en el sentido fenomenológico). Nosotros no somos por tanto ni “tecnófobos” ni “anti-científicos”, sino que criticamos la ciencia que se considera sola en el mundo y que se comporta como tal al convertirse en técnica. Defendemos la vuelta al momento histórico que precedió a la conmoción ontológica que supuso que la acción dejara de obedecer a las prescripciones de la vida para someterse a los principios de la eficacia [4]. Lo que combatimos, no es la ciencia o la técnica (lo que sería un tanto absurdo), sino esta creencia según la cual la ciencia es el único forma de acceder al conocimiento [5]. Para nosotros, junto al saber científico, también hay un lugar para el saber de la vida en sí misma.

Si observamos la genealogía intelectual de las ideas sobre el decrecimiento, vemos que el primero en utilizar este término fue un alumno de Schumpeter, el economista de origen húngaro Georgescu-Roegen. El término “decrecimiento” del PIB, proviene directamente de la bio-economía, del que fue fundador; no se trata entonces de un slogan vacío ni se cae por su propio peso como un pájaro ya muerto al salir de su cascarón…Georgescu-Roegen funda la bio-economía al transferir los principios de la termo-dinámica a la ciencia económica [6]. Su tesis principal es que la reflexión sobre los objetivos de la economía (ya sea esta de orientación clásica, keynesiana, marxista…), es decir la ciencia económica en su sentido más amplio, descansa desde sus raíces sobre lo impensado de su propio fundamento: la materialidad de lo existente. La economía, denominada según la propia etimología griega del término como “ciencia de las leyes del lugar”, abstrae totalmente de la realidad la finitud de la naturaleza. La ciencia económica desde sus inicios se coloca en la vía inmaterial apartando por completo la materialidad ecológica. La realidad tal y como es pensada por los economistas (marxistas, liberales, neo-keynesianos…) es fundamentalmente una realidad social y económica. Este “monismo ontológico” [7] conforma hoy en día todo el espacio intelectual del que se nutren todas las ciencias humanas, económicas, sociales, independientemente de sus tendencias y divergencias internas.

El hecho de abstraer la finitud de la naturaleza, entraña pronto un nuevo imaginario del crecimiento sin límite, la idea según la cual siempre podremos tirar sobre el “capital natural” (¡y sin embargo finito!): es la ideología productivista, que no se limita al propio capitalismo occidental, sino que se extendió también al “capitalismo burocrático” (en expresión de G. Debord), es decir al comunismo real.
Hoy en día esta tensión entre la ciencia económica y la naturaleza, desembocará o ya ha desembocado, en el expolio/estrago del Planeta. La tesis en boga y ya predominante cuando se citan los grandes del capitalismo está ya consensuada, y es que no hay necesidad de salir del sistema económico, de cambiar las estructuras de nuestra vida cotidiana, sino que habrá que utilizar la técnica y la ciencia (y sin embargo fuente misma de nuestro desequilibrio actual cuando son consideradas como el único medio de acceder al saber) para permitir que este sistema muerto que es la organización actual de nuestras sociedades, sobreviva. Es la tesis del desarrollo sostenible [8]
El mensaje fundamental que aporta la tesis del decrecimiento en la actual escena política, y sin el cual no estaría del todo claro la razón de ser de tal movimiento, es el de rebelar la aporía de las “falsas buenas soluciones” del desarrollo sostenible. Por tanto avanza la tesis del “efecto rebote” al criticar la trampa que supone el ahorro realizado con las energías alternativas (bio-carburantes…): el efecto del crecimiento del volumen es más importante que la reducción de la fuente del factor de contaminación. La utilización de energías alternativas en una sociedad de crecimiento es contra-productivo, y no hará más que aumentar el volumen global de contaminación emitida. El problema del desarrollo sostenible es que es un verdadero y trágico engañabobos, porque no es capaz de vislumbrar que el crecimiento anula por completo, por efecto del volumen, los efectos positivos de sus directivas. Las soluciones científicas y técnicas son por tanto un engaño porque no son nunca suficientes. Lo peor es que las reducciones en origen de los factores de polución que se realizan, son perdidas debido al incremento del volumen de los factores de producción reducidos: es el efecto contra-productivo que anula los efectos beneficiosos conseguidos. Con el desarrollo sostenible se consigue dar rienda a los excesos tecno-científicos que nos llevan a la catástrofe ecológica mayor y/o al “accidente integral” [9]. El decrecimiento lanza la idea de que no es solamente necesario cambiar el nivel de los factores de polución en origen (tesis del desarrollo sostenible y hoy en día del capitalismo internacional), sino que sobre todo es necesario cambiar nuestros modos de vida en lo concreto de cada acto, de cada saber-hacer cotidiano (praxis), ligando por tanto su proyecto al situacionismo, que no tenía otro fin como tal, que el de transformar los elementos de la vida cotidiana en un sentido revolucionario [10]. Por tanto no solo necesitamos derrocar al capitalismo, necesitamos también una “inversión civilizacional” (E. Morin). ¡No nos hace falta solamente una política, sino también una meta-política!. Una gran transformación de nuestros imaginarios.

Georgescu-Roegen no es ni de lejos, el único intelectual precursor del decrecimiento. Otras figuras de proa del movimiento han sido por ejemplo Karl Polanyi (la Gran Transformación), Marcel Mauss (el paradigma del don), Pierre Clastre (la sociedad contra el Estado), Ivan Illich (sobre la educación, el desarrollo, la técnica…), Jacques Ellul (sobre la técnica, sobre las estrechas relaciones entre el anarquismo y el cristianismo), Edgar Morin (sobre la ambivalencia del progreso), François Partant (sobre el desarrollo), Bernard Charbonneau (sobre la adaptación/desadaptación a un territorio), André Gorz (sobre Illich, la ecología política y la economía de lo inmaterial), Serge Latouche (sobre el antiutilitarismo), Alain Gras, Mario Buonatti, Gilbert Rist, Pierre Rabhi, Marie-Dominique Perrot, Jacques Grinewald…El decrecimiento nace de la crítica al desarrollo que es la crítica a las políticas de desarrollo entre los años 1950-1970 en los países “sub-desarrollados”. Después de 1992 cuando el concepto de “desarrollo sostenible” se ratifica en la cumbre de Río, las críticas al desarrollo han reconocido en este nuevo concepto, una mutación ecológica del concepto de desarrollo: de ahí la consigna proferida: “¡Abajo la impostura insostenible del desarrollo sostenible!”

Este movimiento [11] nacido en muchos casos de una corriente “tercermundista” crítica sobre sí misma, se ha propuesto sobrepasar la propia crítica al capitalismo para hacer una crítica de las políticas de desarrollo [12], o como afirma E. Morin, de la civilización misma.
Hoy en día, una parte del movimiento ecologista radical nacido de la crisis suscitado por el balance de participación de los Verdes en la Izquierda plural, ha sabido hacer fructificar este nuevo movimiento radical y sin concesiones a los poderosos. Un poco por toda Francia, grupos de “objetores del crecimiento” se constituyen en “talleres” de reflexión, que comparten e intercambian para subvertir en lo concreto los deseos comunes evitando radicalmente las redes de producción y de distribución capitalista. Es el caso del movimiento A.M.A.P. en Francia o la constitución de huertos ecológicos colectivos en las afueras de las ciudades. Allí se están produciendo experiencias de auto-producción realizadas por mediación de empresas cooperativas de auto-gestión o de comunidades agrícolas. Un poco por todos los lados, los objetores del crecimiento practican la simplicidad voluntaria, una forma de sobriedad expresada en su forma de consumo. Esta estrategia seguida por el movimiento, es la del “aquí y ahora” del saber hacer de cada uno, y no el de un hipotético retorno a cualquier forma de sentido de la historia [13], lo que por lo demás acerca a los objetores del crecimiento con la corriente del “socialismo primitivo” de comienzos del siglo XIX [14]
El decrecimiento se ajusta al proyecto de eco-democracia de Takis Fotopoulos [15], de Raimon Panikkar [16] y de Alberto Magnaghi [17], tratando de desarrollar la utopía local mediante una revitalización del espacio concreto de nuestras vidas a través de una democracia de proximidad constituida en términos de “demos” y de “bioregiones”. Aunque por el momento, como afirma Takis Fotopoulos, “presentarse a las elecciones locales nos da la oportunidad de cambiar a la sociedad desde abajo, que es la única estrategia verdaderamente democrática, frente a los métodos estatistas (que se proponen cambiar la sociedad desde lo alto amparándose en el poder del Estado) y los contactos con la denominada “sociedad civil” (que no pretenden nunca cambiar el sistema).

[1] En relación al término “decrecimiento”, ver el artículo de Paul Ariès “La décroissance, un mot obus” en La Décroissance, n°26, avril 2005.
[2] Jean-Luc Besson-Girard, “Decrescendo cantabile. Pour une décroissance harmonique”. 2005 Parangon.
[3] Una vida fenomenológica de principio a fin que dirían los filósofos.
[4] Profundizar al respecto con los análisis de Ellul.
[5] Aquí nos remitimos a los trabajos del filósofo francés Michel Henry y especialmente su obra “La Barbarie”, Puf 2005, y más en profundidad podemos estudiar sobre la ciencia la obra de Edmund Husserl, La Crise des sciences européennes et la phénoménologie transcendantale,Gallimard 1989.
[6] Una presentación original del punto de vista de la obra de Georgescu-Roegen, la tenemos en «Nicholas Georgescu-Roegen ou l’invention de la bioéconomie» de Philippe Dulbecco y Pierre Garroustedans Problèmes économiques de enero 2005, p.41-48.
[7] Es decir, este esencialismo unilateral de lo que es “en sí mismo”.
[8] Pero aun peor que la tesis del desarrollo sostenible es la que afirma la necesidad de adaptarse al calentamiento global sin ninguna voluntad de cambiar el rumbo de las cosas. Nuestro amigo Yves Copoens, como parte de la comunidad científica tras el informe de la ONERC (Observatorio Nacional sobre los Efectos del Recalentamiento Climático) del 24 de junio del 2005 (Un climat à la dérive: comment s’adapter), se ha convertido a esta nueva corriente sin ningún atisbo de voluntarismo político. Si hace más calor y si los paisajes mediterráneos se desertizan, ¡tendremos que pensar en ponernos mas crema solar!
[9] Hacemos aquí referencia a la obra de Paul Virilo “La velocidad de la liberacion” Manantial, Buenos Aires, 1995.
[10] ver G. Debord, «Perspectives de modifications conscientes de la vie quotidienne » en la revista Prétentaine n°4 de mayo de 1995.
[11] Para ver los sitios web en internet que gravitan en torno al decrecimiento, consultar la siguiente página de vínculos.
[12] Existe una presentación muy pedagógica e inteligente sobre las críticas existentes a la ideología del desarrollo, que se puede descargar desde aquí.
[13] Una aproximación revolucionaria al decrecimiento en “Ecofascismo o ecodemocracia” en Le Monde Diplomatique noviembre 2005.
[14] Sobre este asunto recomendamos el libro de Jean-Claude Michéa, “El callejón de Adam Smith. Sobre la imposibilidad de superar al capitalismo por la izquierda”, Editions Climats.
[15] Takis Fotopoulos, “Vers une démocratie générale, Une démocratie directe, économique, écologique et sociale”, Seuil, Paris, 2001. También cuenta con su propio sitio web Réseau International pour la Démocratie Inclusive.
[16] Raimon Panikkar, “Politica e interculturalita”, L’Altrapagina, Citta di Castello, 1995.
[17] Alberto Magnaghi, “Le Projet local”, Mardaga, Bruxelles, 2003.

(*) Clément Homs es activista e intelectual del decrecimiento en Francia.

Texto extraído de: El Grano de Arena

 

 

 

02/06/2009

Decrecimiento y progreso.

por Alberto Buela

Hemos sostenido en un artículo reciente que: “La idea de progreso, según nuestra opinión, tiene que estar vinculada a la idea de equilibrio de los efectos. Progreso en la medida en que las consecuencias o efectos del mismo se equilibran de tal forma que puedo realizar nuevos progresos sin anular los efectos del primero”.[1]

Queremos ahora profundizar en la relación entre decrecimiento y progreso, pues nos encontramos con dos hechos indubitables y evidentes, pero que al mismo tiempo se presentan como contradictorios. Por un lado tenemos la acumulación masiva de datos que muestran el desquiciamiento de los ecosistemas planetarios y el deshilachado del tejido social de la naciones tanto pobres como opulentas. Y por otro, el ansia y la tendencia natural del hombre al progreso. ¿Cómo compaginar estos dos hechos irrecusables por evidentes?

Si bien la idea de decrecimiento fue manejada por el anarquismo clásico, como los luddistas que destruían las máquinas al comienzo de la revolución industrial y reclamaban menos horas de trabajo para el estudio y la formación personal, esta idea fue enunciada por primera vez por el mejicano Ivan Illich por los años 60 cuyo apotegma fue: Vivir de otro modo para vivir mejor. A él le siguieron pensadores como Nicholas Georgescu y su propuesta de límites al crecimiento económico, Jacques Ellul que en 1981 proponía no más de dos horas de trabajo diario, para concluir en nuestros días con los trabajos del reconocido sociólogo Serge Latuche: Por una sociedad del decrecimiento (2004) y del ingeniero mejicano Miguel Valencia Mulkay: La apuesta por el decrecimiento (2007). Acaba en estos días de publicar el pensador Alain de Benoist Demain la décroissance. Penser l’écologie jusqu’a bout (Edite, 2007).

Se parte de la base que el crecimiento económico por el crecimiento mismo lleva en sí el germen de su propia destrucción. El límite del crecimiento económico lo está dando el inminente colapso ecológico. Hoy desaparecen 200 especies vegetales y animales diariamente. De modo tal que el crecimiento económico comienza a encontrar límites ecológicos (el calentamiento de la tierra, el agujero de Ozono, el descongelamiento de los Polos, la desertificación del planeta, etc.)

Es que la sociedad capitalista con su idea de crecimiento económico logró convencer a los agentes políticos, económicos y culturales que el crecimiento económico es la solución para todos los problemas. Así hoy el progresismo político ha rebautizado con los amables nombres de “ecodesarrollo”, “desarrollo sustentable”, “otro crecimiento”, “ecoeficiencia”, “crecimiento con rostro humano” y otros términos, que demuestran que este falso dios está moribundo.(2)

A contrario sensu de esta tesis el inimputable de George Bush sostuvo el 14/2/2002 en Silver Spring ante las autoridades estadounidenses de meteorología que: “el crecimiento económico es la clave del progreso ecológico”. En realidad el pensamiento ecológico se va transformando sin quererlo en subversivo al rechazar la tesis de que el motivo central de nuestro destino es aumentar la producción y el consumo. Esto es, aumentar el producto bruto interno-PBI de los Estados-nación.

La idea de decrecimiento nos invita a huir del totalitarismo economicista, desarrollista y progresista, pues muestra que el crecimiento económico no es una necesidad natural del hombre y la sociedad, salvo la sociedad de consumo que ha hecho una elección por el crecimiento económico y que lo ha adoptado como mito fundador.

El asunto es ¿cómo dejar de lado el objetivo insensato del crecimiento por el crecimiento cuando éste se topa con los límites de la biosfera que ponen en riesgo la vida misma del hombre sobre la tierra? Y ahí, Serge Latuche tiene una respuesta casi genial: avanzar retrocediendo. (3). Es decir, seguir progresando desactivando paulatinamente esta bomba de tiempo que es la búsqueda del crecimiento económico si límites. Y para ello hay que comenzar por un cambio en la mentalidad del homo consumans como designó nuestro amigo Charles Champetier en el libro homónimo, al hombre de hoy.

Sabemos de antemano que esto es muy difícil pues la sociedad mundial en su conjunto a adoptado la economía del crecimiento y vencer a los muchos se hace cuesta arriba, pues como afirmaba el viejo verso del romancero español:
Vinieron los sarracenos
Y nos molieron a palos,
Que Dios protege a los malos
Cuando son más que los buenos
.

El establecimiento de una sociedad del decrecimiento no quiere decir que se anule la idea de progreso (4) sino que se la entienda de otra manera, tal como propusimos al comienzo de este artículo. Hay que dejar de lado de una vez y para siempre la idea de progreso indefinido tan cara al pensamiento ilustrado de los últimos tres siglos. Porque sus consecuencias nos sumieron en este estado de riesgo vital que estamos viviendo hoy todos los hombres sin excepción. Debemos superar los aspectos nocivos de la modernidad en este campo, y sólo podemos hacerlo con una respuesta postmoderna que lleve un anclaje premoderno. Por ejemplo, rompiendo el círculo del trabajo para volver a trabajar intentando recuperar, no la pereza como afirma Lafargue, ni la diversión como afirma Tinelli, sino el ocio= la scholé= la scholae= la escuela, esa capacidad tan profundamente humana y tan creativa que nos hace a los hombres personas.

No es tan difícil restablecer en economía el principio de reciprocidad de los cambios tanto entre los hombres en el intercambio de mercaderías como entre el hombre y la naturaleza, volviendo a pensar a la naturaleza como amiga. Ese principio de reciprocidad que morigere la salvaje ley de la oferta y al demanda. Si no lo hacemos se encargará con su fuerza interna de mostrárnoslo la propia realidad de las cosas, con la fuerza cruel que impone la pedagogía de las catástrofes.

[1] Dos ideas distintas de progreso, octubre de 2007.
[2] Miguel Valencia Mulkay: La apuesta por el decrecimiento (2007).
[3] Serge Latuche: Por una sociedad del decrecimiento (2004).
[4] Tampoco decrecer significa que se niegue el derecho a la vida, sobre todo de los pobres, como sostienen algunos eugenetistas y controladores de la natalidad.

Texto extraído de: Bitácora PI