Posts tagged ‘Decadencia’

22/07/2015

Cuando las naciones mueren

DENES MARTOS

por Denes MartosLa descomposición de todo gobierno comienza por la decadencia de los principios sobre los cuales fue fundado, Montesquieu. Los EE.UU. son la única nación que milagrosamente ha conseguido ir directamente de la barbarie a la decadencia sin pasar por la etapa de la civilización, Georges Clemenceau. El dinero piensa;  el dinero dirige: tal es el estado de las culturas decadentes, Oswald Spengler.

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24/11/2014

La histeria nacional

TODOS LOS POLITICOS SON CORRUPTOS

por Josele Sánchez – España, otrora poderosa y segura de su destino, se ha convertido por culpa de dirigentes y de dirigidos en veleta, en títere, en vulgar fotocopia de lo que llegara a ser antaño y de la que pueden reírse a carcajadas tanto en Europa como allende el atlántico. Culpo por igual a dirigentes y dirigidos pues toda la colección de golfos y mangantes que asoman por el doquier de la política nacional no sería posible sin el sometimiento cómplice de sus sufridas víctimas.

Aquí nadie está libre de pecado. Los corruptos y sus corruptores andan ufanos por las calles, aún más, hasta hace cuatro días se han presentado con descaro como prohombres de la nación, han impartido conferencias sobre economía y nos han dejado sus perlas en forma de declaraciones sobre moralidad exigiendo recortes y contenciones a la ciudadanía porque esta, una pandilla de cuarenta y siete millones de comemierdas, hemos aceptado esa realidad como inevitable.

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08/11/2014

Occidente debe ser olvidado

ALAIN DE BENOIST

por Alain de Benoist – ¿Occidente? Raymond Abellio afirmaba que “Europa” está fija en el espacio, es decir, geográficamente, en contraposición a Occidente, que es algo “variable”. De hecho, “Occidente” ha estado viajando y cambiando de dirección. Inicialmente, el término venía a significar el lugar donde el sol se pone (Abendland), oponiéndose a la tierra donde nace el sol (Morgenland). Con el reinado de Diocleciano en el S. III DC, la oposición entre Oriente y Occidente representó la distinción entre el Imperio Romano de Occidente (cuya capital fue Milán y posteriormente Ravena) y Imperio Romano de Oriente, con capital en Constantinopla. El primero desapareció en el año 476 DC, con la abdicación de Rómulo Augusto. Posteriormente, Occidente y Europa se fusionaron para bien. Sin embargo, a principios del S. XVIII, el adjetivo “Occidental” se utilizó en cartas náuticas para hacer referencia al Nuevo Mundo, también llamado “Sistema Americano”, en contraposición al “Sistema Europeo”, o “Hemisferio Oriental” (el cual incluía Europa, África y Asia).

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08/06/2014

Dos preguntas decisivas

JAVIER RUIZ PORTELLA

por Javier Ruíz PortellaEl 17 de mayo se celebró en París, ante más de 500 personas, un coloquio destinado a conmemorar el primer aniversario del sacrificio de Dominique Venner. Aparte de los oradores franceses, encabezados por Alain de Benoist, intervinieron, procedente de Italia, Carlomagno Adinolfi, de CasaPound, así como el director de “El Manifiesto”, Javier Ruiz Portella. Éste es el texto de su alocución.

Permitidme empezar de forma un tanto abrupta. ¿No os pasa que hay momentos en que la pesadumbre os aprieta fuerte el corazón? A mí sí. A base de tanto nadar contracorriente, a base de tanto ir contra el aire dominante, el desaliento a veces le invade a uno. Es entonces cuando viene en nuestra ayuda la principal lección que nos ofrece Dominique Venner. Es entonces cuando aparece esa luz de esperanza que se despliega, paradójicamente, en medio de la crítica más despiadada contra la degeneración de nuestro tiempo.

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09/11/2013

La construcción de la persona y la crisis social

ANTONIO MEDRANO

Vivimos actualmente la crisis más grave que haya conocido la Humanidad. Son los tiempos oscuros del Kali-Yuga, la era tenebrosa que cierra todo un ciclo histórico y cósmico. Estamos ante una sociedad enferma, afectada por una incurable dolencia que se encuentra ya en su fase terminal.

El mundo, y en especial el mundo occidental, se halla hoy sumido en un proceso de hundimiento y decadencia que viene caracterizado por los siguientes rasgos: caos y desorden, anarquía (sobre todo en las mentes y las conciencias), desmadre y desbarajuste total, confusión y desorientación, inmoralidad y corrupción, desintegración y disgregación, descomposición, inestabilidad y desequilibrio (en todos los órdenes: tanto a nivel social como en la vida psicológica individual), ignorancia, ceguera espiritual, materialización y degradación de la vida, descenso del nivel intelectual y eclipse de la inteligencia, estupidez e idiotización generalizadas, demencia colectiva, ascenso de la vulgaridad y la banalidad. Por doquier se observa un fenómeno sísmico de ruina, destrucción, socavación y subversión, en el cual queda arrumbado y corroído todo aquello que da nobleza y dignidad al ser humano, todo cuanto hace la vida digna de ser vivida, mientras irrumpen fuerzas abisales que se recrean y complacen en esa oleada destructiva, amenazándonos con las peores catástrofes que haya podido imaginar la mente humana.

La crisis no es sólo económica, política o social, aunque esto sea lo más evidente a primera vista, lo que más llama la atención y de lo que se habla a todas horas en la prensa, en los telediarios y en las tertulias. La grave crisis que padecemos tiene raíces mucho más profundas de lo que solemos pensar. Es ante todo una crisis espiritual, una crisis humana, con hondas consecuencias intelectuales y morales. Es una crisis del hombre, que se halla desintegrado, angustiado, aplastado, hastiado, cansado de vivir, sin saber adónde ir ni qué hacer.

Es, por otra parte, una crisis que afecta a la existencia en su totalidad, incluso a la existencia natural y cósmica (como lo demuestra la crisis ecológica y la destrucción de la Naturaleza y el medio ambiente). No hay ningún aspecto o dimensión de la vida que escape a esta terrible crisis, a esta ola destructiva y demoledora de todo lo valioso. Todo se ve afectado por el desorden y el caos: la cultura, el arte, la filosofía, la medicina, la enseñanza, la religión, la familia, la misma vida íntima de los seres humanos.

Se pueden distinguir tres aspectos en este proceso de crisis total y ruina generalizada:

1. Ruina y destrucción de la Cultura
2. Ruina y destrucción de la Comunidad
3. Ruina y destrucción de la Persona

Podríamos decir, pues, que nos hallamos ante tres dimensiones de la crisis: una crisis cultural, una crisis social y una crisis personal. Tres formas o dimensiones de la crisis que repercuten de lleno en todos y cada uno de nosotros.

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