Archive for ‘Verstrynge, Jorge’

16/07/2015

Programa “Orientando” – Ucrania: Rusia ante Occidente

La guerra civil ha dividido a Ucrania, destruido sus ciudades e infraestructura, enfrentado a su vecina Rusia, ha causado miles de pérdidas humanas y el exilio de centenares de miles de personas.

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15/02/2013

Entrevista a Jorge Verstrynge: “Me veo muy rojo y muy enfadado. Sin nada que perder”

JORGE VERSTRYNGE

Jorge Verstrynge recibe al personal de DK en su casa, que recuerda más al Barrio Latino que a una vivienda madrileña. El salón, lleno de libros de bolsillo desencuadernados de tanto leídos, huele a tabaco negro. Verstrynge (Tánger, 1948), es profesor titular de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid. Considerado, en su día, delfín de Manuel Fraga, alcanzó la Secretaría General de AP (antecendente del PP), antes de iniciar un largo camino, en sentido opuesto, en una evidente soledad. Ahora es un rojo inteligente. Muy rojo. Y combativo.

Diario Kafka: Hablemos de tu trayectoria. ¿Has dado más o menos vueltas que Jon Juaristi, por ejemplo?

Jorge Verstrynge: Yo soy hijo de la Segunda Guerra Mundial. Nací cuando la pistola con la que se mató Hitler todavía humeaba. Los europeos que crecimos en las colonias tuvimos un problema cuando llegamos a los diez o doce años: nos enteramos de que el sitio en el que habíamos nacido era de otros, y eso no nos lo habían explicado. Tánger y Rabat eran mi casa, hasta que llegó un momento en que los árabes, con toda la razón, dijeron: usted ha venido aquí y nos ha echado a punta de bayoneta, así que ahora, como decía la famosa frase: o maleta o ataúd. O te largas o aquí te quedas, pero bajo tierra. Así fue en Argelia, aunque no tanto en Marruecos. Mi padrastro, que está ahí en la foto ( JV señala un cuadro en su salón), junto al retrato de Robespierre, era comunista, mientras que mi padre biológico había sido proalemán durante la Segunda Guerra Mundial. Eso te crea una situación un poco esquizofrénica. Aún hay gente que me para por la calle y me dice: si te hubieras esperado, habrías sido líder de la derecha en lugar de Aznar. Y un día, Mercedes, mi mujer, le respondió a uno: “No tiene usted ni idea, porque si mi marido hubiera sido presidente del Gobierno con la derecha, habría nacionalizado la banca, los seguros, la industria, las autopistas, las grandes superficies… y por tanto, al cabo de tres meses, estaría muerto, porque le habrían puesto una bomba”. Y es cierto.

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29/11/2012

La farsa electoral

por Jorge Verstrynge

(1) Elecciones: alegría, alegría…

Todo es relativo. En las elecciones también. Las elecciones dan varios motivos de alegría:

1.- No las hay elecciones, ni en las monarquías absolutas, ni en las dictaduras (sean ambas” por la Gracia de Dios” o no). En eso las elecciones son buen síntoma…

2.- En donde hay campañas electorales, hay mejoras. Nos prometen pluses de todo tipo y rebajas de impuestos, menos abusos (pero otros impuestos y abusos nuevos vendrán…), menos dirigentes inútiles (pero, habitualmente, serán sustituidos por otros equivalentes).

Esa competición, rivalidad, esfuerzo por ganarse al pueblo que son las elecciones, puede incluso provocar también hilaridad: “Yo con Don Mariano, detrás de Don Mariano”, el cual “ossch… promete a todoshss beshoss y queshoss”; “Mi talante os traerá ahora lo que debió traer hace ya tiempo”; Tal o cual Autonomía “avanzara hacia el autogobierno, la independencia… dentro de cien años”, etc.

Pero ¡que contentos se ponen los ciudadanos! Cuando (como en algunos países) el día de votación es declarado festivo; y también se alegran los candidatos, diputados, el día de la votación: ya no tienen que esforzarse, agotados que están ellos de haberse tenido que dedicar a trabajar su electorado/circunscripción durante 90 días tras 45 meses de tocamiento de bolongos). Alegría esta que comparten también las agencias de publicidad: van a poder cobrar de los partidos o al menos, eso creen, y también las imprentas, las emisoras de radio y las televisiones (preparando las facturas por carteles, folletos, trípticos, panfletos varios, anuncios radiados y televisados, etc.), los periódicos y periodistas que han aceptado sobres para “orientar” la información de campaña… Y también se alegran los que dominan el Sistema, maravillados de vernos agitarnos inútilmente, como hormigas en un frasco de cristal cerrado a cal y canto…

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15/10/2009

Inmigración, capitalismo, proteccionismo e identidad.

por Jorge Verstrynge

I. El Motín

Decíamos hace ya unos años en éstas mismas páginas, dando cuenta de los grandes movimientos huelguísticos de 1995 que cuando a la gente se la trata como a perros responde con “votos que muerden”. Dicha fórmula fue también aplicable a la hora de explicar, al menos parcialmente, el pase a la segunda vuelta de Lepen en las últimas elecciones presidenciales galas; e incluso el 55% de “Noes” en el referéndum europeo Hoy, como el motín, el crujido, han sido más fuertes, la fórmula acuñada es “Puesto de chusma somos, como tal actuamos”.

Partamos de unos primeros hechos evidentes: los amotinados no eran, en todo el país, más de 3000. Nada pues de movimiento masivo. Con la excepción de los menores de edad de los cuales 89% nunca habían tenido problemas con la justicia, los demás, hasta una proporción del 80% eran viejos “conocidos” de la policía. Su origen étnico no es árabe[1] sino muy mayoritariamente negro: las estadísticas policiales “y todos los testimonios coinciden: son los jóvenes negros de los suburbios, al menos los de origen africano, los que han sido la punta de flecha de los motines…. mayoritariamente: representan ya la mayoría de los habitantes de muchos barrios[2],…. padecen cumulativamente los problemas sociales….: pobreza extrema, segregación, discriminación, racismo más afirmado hacia ellos, des-socialización familiar,…. dificultades escolares, desestabilización cultural, consumo acusado de alcohol y drogas…. Tampoco tienen que ver ni el Islam ni el fundamentalismo islámico, sino más bien al revés”, como veremos[3]. Por cierto que los amotinados son franceses, no de primera generación. Sino de segunda, y tercera. Los amotinados detectados en las acciones de calle son muy minoritariamente inmigrantes ilegales…. Se trata por lo tanto de un motín escenificado por franceses, como las rebeliones que, en frío (con ocasión de huelgas o/y de votaciones cada vez más intensas en pro de anti-sistemas), se están produciendo en Francia ya con cierta regularidad[4]. Y que los bisabuelos, abuelos y padres procedan de la inmigración africana no cambia esta evidencia.

¿Problema de integración? Si y no; o ¿un fracaso del modelo francés de integración? No y si. Porque estos jóvenes (la inmensa mayoría de los amotinados son jóvenes, la mitad menores de edad) están parcialmente integrados. Han pasado por la escuela y una minoría cada vez más numerosa, sobre todo por el lado de las jóvenes, lo han hecho con bastante éxito por cierto[5]; hablan perfectamente la lengua de su país, y ha interiorizado los valores republicanos: libertad, igualdad, fraternidad, sin duda. Pero también exigencia de justicia, aspiración al progreso, y meritocracia[6]. Todo lo cual nos lleva a dos consideraciones: la primera es que son tan franceses que no les pasa por la cabeza volver al país de origen de sus antepasados, en donde nadie les espera ya; ni hallan en dichos países ningún modelo ni modo de vida que les atraiga. Más bien lo contrario…. Ciertamente menos fracaso escolar, el mantenimiento del servicio militar obligatorio u algo similar[7], y mayor estabilidad familiar (lo cual plantea la cuestión de la poligamia) hubieran permitido aún más integración. Pero integrados, culturalmente hablando, la inmensa mayoría de estos amotinados, en acción, a la espera o/y en potencia lo está. Regis Debray, según reza en un artículo publicado en el “Diario el País”[8] añade a las causas del motín un alto grado de desconocimiento y/o de desidentificación con la France “grande” del Imperio y sus victorias militares. Pero esto viene compensado por el rango de gran potencia (además nuclear) del país, y por una política exterior a la vez independiente frente a Washington, y constructiva, casi de hermanamiento, con Berlín.

Sin embargo, a la vez, se trata de una integración fracasada. Porque está el tema del racismo, que es fruto, primero, de una larga tradición intelectual de dicho país (recuérdese que, de los grandes teóricos del racismo, Arthur de Gobineau, Vacher de Lapouge, Edouard Drumont y G. Montandon fueron franceses; y tan sólo H. S. Chamberlain británico, y A Rosenberg, alemán y del Báltico), de precedentes históricos (por ejemplo cuando Napoleón Bonaparte restableció la esclavitud; o cuando el régimen de Vichy aprovechó la Alianza con Alemania para una depuración étnico-religiosa severa; o con ocasión de las masacres coloniales en África), y también hay que decirlo, de cifras elevadas de inmigración africana (hay actualmente en los países europeos 24.190.980 extranjeros –tirando bastante por lo bajo- pues sólo se computan los legalmente residentes, y en Francia concretamente 3.263.186 –tirando muy muy por lo bajo-) sensación aumentada por su concentración en determinadas zonas y, dentro de éstas, en determinados suburbios de las grandes ciudades. Ciertamente Alemania tiene el doble de extranjeros– aunque su población es sólo un tercio mayor que la de Francia, pero, como señalaba Michels, “no importa que un hecho sea falso; si es considerado cierto, es cierto en sus efectos”. Máxime cuando existe un silencio espeso sobre las cifras étnicas ya que “la ley prohibe a cualquier organismo, público o privado, utilizar datos étnicos, excepto la nacionalidad”[9]. Pero eso permite que se disparen al alza las especulaciones sobre la cifra de franceses no de origen…[10].

Dos factores además pueden explicar la diferencia entre Francia y Alemania: el primero, la existencia en Francia de un fuerte partido etno-populista, el Frente Nacional, a la vez producto de esa sensación de un excesivo número de extranjeros, y causa de que se llame mucho la atención sobre dicho excesivo número; y segundo el que una parte considerable de la inmigración hacia Francia sea de origen sub-sahariano (término por cierto muy “cool” políticamente, destinado a sustituir la palabra “negros” pero, por cierto, inexacto, pues al sur del Sahara hay fuertes núcleos de población caucásica –por ejemplo, en África del sur-), lo que no ocurre en Alemania. De hecho, en Francia, en la famosa ecuación Blancs-Blacks-Beurs[11], la identificación por la fisonomía de los Beurs se limita generalmente a la parte de los mismos (no mayoritaria) con rasgos negroides –recuérdese que los árabes y los hebreos son muy mayoritariamente caucásicos y no fácilmente distinguibles de grandes partes de las poblaciones como la española, italiana, griega, portuguesa, rumana, etc-. Hay en todo caso, un cierto fracaso del modelo de integración a causa de esta cuestión racial y no hay más que ver cuantos puestos de trabajo, y cuantos alquileres de viviendas son denegados en virtud de los apellidos o/y de la fisonomía….

Ahora bien, tampoco aquí reside el meollo del asunto: la realidad es que los antepasados de éstos “nuevos franceses” fueron llamados a Francia en épocas del pleno empleo (por ejemplo para las reconstrucciones en 1918 y 1945, y durante el Keynesianismo de los “30 gloriosos años”) y, actualmente, la situación ya no es tal, ni tiene aspecto de volver a ser tal, dado que nos hallamos, excepto cortos periodos de tiempo, en fase de recesiones económicas en serie y que no existe voluntad económica de instaurar un neokeynesianismo. Por otra parte, llegaban a Francia dichos antepasados con unas expectativas dadas, habitualmente mayores que las que el Sistema estaba dispuesto a satisfacerles; pero sus países de origen las satisfacían aún menos. “Privación Relativa” (o sea la distancia entre las expectativas y las satisfacciones; o si se desea la frustración social) existente pues, pero poco exteriorizada por el hecho de que eran extranjeros en el país y que menos daba una piedra. El problema, lógicamente, se complica cuando nacen en Francia sus hijos y nietos y bisnietos que, en virtud de un derecho de nacionalidad que combina, alterna y simultáneamente, “ius soli” y “ius sanguinii”, y que es demasiado laxo, son ya de nacionalidad francesa y que, a través de la socialización escolar, mediática y ambiental en general, interiorizan los valores y exigencias de la sociedad francesa. Por ello, suben de manera importante sus expectativas individuales y grupales. Sin embargo, no hallan posibilidades equivalentes de ascenso social (o sea que el Sistema no satisface a la misma velocidad que crecen las expectativas) entre otras cosas porque se ha pasado ya del “Estado de Bienestar” al “Estado de malestar”. Resultado: una privación relativa que se ha disparado. Traducido: los hijos, nietos y bisnietos de inmigrantes viven en los mismos barrios mugrientos en los que se hospedaban los padres, abuelos y bisabuelos. Muchos de ellos, o son pobres, o ven el “ascensor social” bloqueado. Es decir, ya no son argelinos o marroquíes o senegaleses, son franceses; pero no son franceses como los son los franceses, es decir, con una posición socio-económica más sólida. El resultado es la aparición de una situación prerevolucionaria.

Y este último escenario, explican Bouthoul y Carrere, “describe una situación típicamente revolucionaria”. Añadía yo que “este fue el caso de la Revolución Francesa, cuando varias malas cosechas y un colapso económico y del subsistema distributivo siguieron a un periodo de crecimiento ininterrumpido del bienestar durante 30 años; o el de la Rusia zarista, en 1917, donde el inicio del <> (como diría W. W. Rostow) acompañado por un incremento de las expectativas, no pudo finalmente satisfacerlas….; o el caso mismo de la antigua URSS cuando… un sistema productivo que después de décadas de crecimiento dio muestras de agotamiento y de no poder satisfacer…. las expectativas cada vez más crecientes de la población[12]. Y es el caso de Francia hoy y la causa de estos motines o de estas rebeliones, “frías” o “calientes”.

No se trata de hacer tremendismo. Primero porque no es cierta totalmente la afirmación según la cual en el mundo hay cada vez más pobres. Así la Europa del Este contaba 102 millones de pobres en 1998, 20% de la población, y la cibra bajo a 61 millones en el 2003, 12%; eso si se trata de pobreza absoluta (y no relativa) y el criterio utilizado es el de contabilizar cuantas personas viven con menos de 2 dolates diarios[13]. Pero alguién dirá, con razón, que se trata de Europa, y que no puede darse lo mismo en otras partes del mundo (incluido los USA); y que, además, se trata de “pobreza absoluta” y no “relativa”, lo cual no es mera cuestión semántica. Porque el problema en cuestión reside en el aumento de la última, habida cuenta que se han disparado las desigualdades comparativas tanto de Renta como de Patrimonio. Asunto tanto más grave cuando que como ha explicado recientemente Lionel Jospin, exPrimer Ministro francés “una nueva casta dominante…. que emerge a partir de una alianza implícita entre grandes dirigentes empresariales financieros, cuadros altos de la industria y de los servicios, determinados altos funcionarios del Estado y de privelegiados de los medios de comunicación, [constituye un grupo] que le pide a las demás categorías sociales hacer sacrificios en el nombre de la competitividad o del equilibrio económico, pero que no consiente para sí mismo ningún esfuerzo de renuncia y ni concibe siquiera que ello pueda ser planteado… Comportamientos y privilegios escandalosos que comienza a provocar la colera” en los demás. Añade E. Le Boucher que se trata de una “élite mundializada que se ha divorciado de su tierra natal” [14].

Peor áun: dicha élite ha aplicado, oidos sordos, políticas ultraliberales desde hace décadas con los con sabidos resultados sociales. Volvamos a J. F. Kahn: “¿Es que no hay relación entre la explosión de los alquileres y la de los suburbios; o entre el abandono del mantenimiento de las viviendas sociales por una parte y el surguimiento masivo de residencias nuevas y de lujo por otra; o entre aquí 50% de paro y de la de los récords bursátiles de las grandes empresas; o entre la Renta Mínima de Inserción como única perspectiva en la periferia y las remuneraciones de oro macizo en el centro; o entre el culto o la maximización del beneficio especulativo arriba y la búsqueda frenética del enriquecimiento vía el tráfico de droga abajo; o entre el alud de emisiones de televisión deliberadamente debilitantes mentalmente y la desculturalización total de una generación pegada a los reality-shows de televisión? Y mientras la explosión amenazaba, los ultraliberales se movilizaban a favor de la supresión del impuesto sobre las grandes fortunas, ¿ninguna relación? Se ha liquidado cualquier política de planificación; se ha dado campo libre a una dinámica ultra capitalista que… ha exacerbado un proceso de marginalización de los más débiles, de pauperizacción absoluta de las poblaciones periféricas rechazadas hacia espacios condenados a una arquitectura y un urbanismo de acompañamiento de la miseria, de exclusión y de precarización de todos aquellos que no procedían de buenas escuelas, y de Getöización social y étnica engendradora de un ultracomunitarismo autoprotector y a veces alentado por los poderes locales; y una desinversión en las zonas calificables de desfavorecidas…” [15].

II. El Crujido.

No es pues de extrañar que el Sistema se este colapsado lentamente, y que sus costuras revienten, con crujidos cada vez más sonoros. Por eso pierden sus más fieles defensores elección tras elección. En Polonia, los liberales han perdido, una tras otra las últimas elecciones legislativas y presidenciales. ¡Vaya victoria pírrica la de Angela Merkel, con, además, los liberales excluidos de la coalición que va a gobernar!. En el Partido Conservador británico, el candidato a su jefatura de ideología más liberal David Davis lo tiene muy dificil frente a David Cameron, coservador partidario de la potenciación de la empresa… ¡pública! Charles Kennedy, líder del Partido Liberal Demócrata reclama un programa “socialmente progresista” para su formación política. Hasta Blair “en su contribución al debate sobre el modelo social europeo cita como uno de los valores principales comunes a los 25 la importancia del sector público y la calidad de los servicios de interes general”[16]. Incluso Nicolas Sarkozy, en Francia, ha puesto sordina a su ultra-liberalismo mientras Villepin sólo jura por el “patriotismo económico” (traducción: proteccionismo), el “voluntarismo económico” (Traducción: intervencionismo) y la prioridad al empleo y a la política de reactivación vía la demanda (Traducción: Keynesianismo). En Bélgica y en Dinamarca, donde gobiernan, los partidos liberales han dejado de defender la “minimalización del Estado”.

Jaque pues, electoral y en las calles, al liberalismo mundializador, que es derrotado por doquier (añadamos por ejemplo lo que está pasando en Latinoamérica) y que cuando es aplicado lleva al impasse (hasta en ¡Burkina Faso! alumno modelo del FMI) [17]. Pero hay quien incluso añade “Mate”, como lo hace, en el Harper´s Magazine, John Ralston Saul [18]. Para éste analista norteamericano “las grandes teorías económicas raramente duran más de unos decenios […] La teoría del liberalismo salvaje apenas tenía más de 30 años cuando se hundió, en 1929. El comunismo […] consiguió durar 70 años en Rusia y 45 en Europa Central pero no sin un recurso intensivo a la fuerza militar y policial. El Keynesianismo, si se considera no sólo su variante de post-guerra […] sino la forma […] que revistió durante la Gran Depresión vivió 45 años[19]. La actual mundialización, caracterizada por el determinismo tecnocrático y tecnológico, y por el culto a los mercados, a su vez tiene 30 años. Hoy, a su vez, ha muerto… [y] los síntomas de declive eran claros y se manifestaron desde 1995”. Dicha mundialización era una mezcla “religiosa atrincherada tras certidumbres [tales como que] el Estado Nación iba a declinar en provecho de los mercados mundiales, [que] la economía y no ya la política y las armas forjarían el destino de la humanidad, [que] la liberalización iba rápidamente a conducir a equilibrios internacionales insensibles a las contingencias de los antiguos ciclos [económicos, que] el crecimiento de los intercambios [comerciales] mundiales inflarían las velas de todos los barcos fueran occidentales o de los países en vías de desarrollo, [que] la prosperidad de los mercados transformaría las dictaduras en democracias, [que] todo en esta evolución iba a frenar al nacionalismo irresponsable, y al racismo y a la violencia política, [que] la economía mundialización crearía la estabilidad merced a empresas cada mayores y por ende inmunizadas frente a las quiebras, [que] de dichas multinacionales emanaría un nuevo liderazgo internacional liberado de todos los apriorismos políticos localistas, [que] el surgimiento del poder de los mercados y el declive de la política nacional acabaría con el endeudamiento público, [que] con Estados ya nunca deficitarios nuestras sociedades conseguirían una definitiva estabilidad, [que] en definitiva las fuerzas económicas mundiales, libres para actuar, nos iban a proteger de los errores engendrados por los orgullos locales y aportar a todos prosperidad y felicidad”. Como añade este investigador: “En un mundo durante tanto tiempo dominado por los dogmas cristianos ¿Cómo no quedar seducido ante tales promesas?”.

Dos consecuencias particularmente funestas derivaron de esa nueva “teología de la explotación”, que por cierto, y paradójicamente, han contribuido a la crisis de la misma: Como, dado lo preconizado, todo tenía, forzosamente, que funcionar perfectamente, no se quiso reparar en que, cuando la máquina “jadeaba”, era algo más que una sencilla y corta recesión; resultado: una sucesión sin fin de recesiones que, en lugar de ser globalmente consideradas como la depresión de que se trataba, fueron consideradas (obviando pues respuestas enérgicas para contrarrestarlas) como algo “minimizable, siempre a punto de solución”. Dos: los gobernantes, gobierno y oposición, fueron alcanzados por un síndrome de parálisis; y es que “la nueva ideología integraba una estrategia exhaustiva, llamada, mundialización, con una respuesta para cada problema. ¿Puede haber algo más seductor? Aportaba soluciones simples y radicales y, al igual que todas las religiones […], situaba la responsabilidad última en una entidad invisible e intangible. La mundialización no le pedía pues a nadie ser responsable de algo…. [Por ello] luego vinieron las declaraciones públicas de impotencia de los dirigentes democráticamente elegidos. [Se supuso que] los Estados-Nación ya eran impotentes. [Es decir que] la mundialización se torno para los dirigentes una excusa para no encarar las cuestiones difíciles y no movilizar su poder y sus presupuestos en forma eficaz” [20].

Tres: También cayeron en esta trampa, los oponentes “lights” al Sistema. Así, “los que podrían haber reformado [dicha situación y el Sistema] no se autorizaron tampoco a si mismos a tomar la perspectiva necesaria para estudiar el contexto en su conjunto. Habían perdido la amplitud de miras y la ponderación necesarias. Y poco a poco, también perdieron el derecho a gobernar”. Y es que, más aún: hubo una rendición mental e ideológica de la izquierda: “los reformadores procedieron a un replanteamiento total de su argumentario, retomando las hipótesis de base de sus adversarios. Socialdemócratas y demás progresistas se tornaron ellos también mundializadores, pero de un género más educado, más gentil. [Aceptaron ellos también], como en un acceso de moralismo, que los gobiernos sucesivos renunciaran legalmente a su derecho a endeudarse o crear nuevos impuestos, dos prerrogativas sin embargo esenciales e indispensables para la construcción del Estado y preservar la democracia, y [que] la deuda pública se volviera pecado […] y que los servicios públicos, funcionasen bien o no, fueran privatizados y desregulados” [21].

Y así, el poder económico, sin que nadie, ni gobierno ni oposición lo impidiera, se desnacionalizó (entonces ¿qué más daba sustituir a trabajadores de su propio país por extranjeros más maleables y menos exigentes?), y se dejó que las multinacionales pretendieran sustituir a los Estados como “naciones virtuales”, liberadas de las limitaciones geográficas y nacionales. Apogeo de esta fase: el año 1995, con la sustitución del ATT por la OMG y la comercialización de todo, intercambio cultural incluido.

Pero ahí, paradójicamente se inició el reflujo. Por la sensación de indefensión de los consumidores (vaca loca, recalentamiento climático, déficit medicamentoso en los países en desarrollo, desmejora de los servicios públicos), por el paro crónico agravado por una riada inmigratoria, por la inestabilidad laboral, etc, las gentes volvieron a pensar en el Estado-Nación, máxime cuanto que se vio que el debilitamiento de éste equivalía automáticamente a debilitar la democracia y la expresión de la voluntad general de los nacionales, y que, por lo demás “los recursos naturales se ubican, geográficamente, en Estado-Nación –los consumidores viven en un territorio real, en lugares reales llamados países. Los hombres de negocio y los universitarios, tan disertos sobre las nuevas sociedades–nación virtuales, son a su vez nacionales y consumidores de buenos viejos los Estados-Nación. Un día u otro, los dirigentes electos iban a darse cuenta de que sus gobiernos eran mucho más poderosos que todas las grandes empresas” [22].

III. La Reacción

Cuando se vio que la mundialización tenía mucho de virtual y poco de real, que tan sólo los países que no se plegaban al FMI, como Malasia la primera, escapaban a la crisis (y los otros, seguidores del FMI, no), que de la URSS nacían muchísimos Estados-Nación nuevos, que se hacían guerras para al final parir micro-Estados-Nación muy celosos de su nueva soberanía, que a su vez, el nacionalismo volvía pujante a Nueva Zelanda, y que llegaban Lula, Chávez, Kirtchner, que los propios norteamericanos caían en el unilateralismo, entonces la ruleta volvió a girar con, como consecuencia, una reivindicación mayor del nacionalismo y de la protección de la identidad. La cuestión es hoy si se trata de un mero movimiento de autodefensa frente el caos de la mundialización, con su retahíla de paro y desigualdades crecientes y de flujos inmigratorios descontrolados, y frente al fracaso de la ideología de esta última, o, al contrario, que estamos viendo aparecer un nuevo ciclo político, esta vez bajo el retorno en fuerza del Estado-Nación y del valor identidad, como lo demostraría la letanía de renacionalizaciones: quiebra de la CEI post-soviética e independencia creciente de muchos de sus Estados miembros frente a Moscú, negativa del eje Franco-Alemán a apoyar, en detrimento de sus intereses nacionales, a los USA en Irak, la propia reacción iraki ante la ocupación, el no franco-neerlandés a la Constitución Europea, las últimas elecciones de Irán…., protestas crecientes de los nacionales frente al alud considerado insoportable de trabajadores foráneos.

Y lo cierto es que hasta los propios acontecimientos últimos en Francia apuntan en la misma dirección: los que queman coches quieren ser franceses, íntegramente, tener una identidad clara…. Y quien prospera es frente a la inmigración el Frente Nacional de Le Pen y frente a la desnacionalización del capital el “Patriotismo económico” de Villepin…. Hasta en la izquierda, explica Dominique Reynie [23] (con preocupación excesiva a nuestra opinión) se percibe, en “la izquierda del No […] una mezcla de antiliberalismo muy firme, de exaltación del Estado y de un discurso nacionalista”. Reprocha este analista al PS francés “el haber resbalado hacia la derecha en el plano económico y social al tiempo que se le acusa de una excesiva tolerancia hacia la delincuencia”. ¿Una izquierda “socialista nacional” (según la terminología utilizada en la primera mitad del siglo XX por León Blum)? Puede tratarse, efectivamente de una maniobra táctica. Sumar al voto “no” a la constitución “una mística del Estado permite abrazar la crítica procedente de la extrema izquierda, esperando así hacerse con los asalariados de la función pública, de los que una amplía fracción vota por la extrema izquierda, así como los asalariados del sector privado, de lo que una amplia parte ha apoyado a Le Pen”. Pero lo cierto es que Reynié tiene más razón cuando afirma que para dicha izquierda “las conquistas sociales se han tornado conquistas nacionales, no tanto amenazadas por el envejecimiento demográfico o los déficit financieros como por las directrices europeas”. Lo cierto es que a dicha evolución corresponde un equivalente en lo defendido por O. Lafontaine en las últimas elecciones alemanas… [24]. Sólo que este último, ahora situado a la izquierda de los socialistas, añadió la cuestión del descontrol inmigratorio.

Ciertamente, se intenta reaccionar ante el vacío creado por la defunción de la ideología mundializadora, y para poner remedios a sus desaguisados. A corto plazo, casi de inmediato están las medidas destinadas a relanzar el crecimiento económico, tanto más urgentes cuanto que si no se aplican pronto, estallidos como el francés se van a producir en cascada. Sin duda, poner en vereda el Banco Central Europeo, obligándole a tomar como objetivo el crecimiento económico a través de la creación de empleo. Segundo: lanzar de una vez un “Tratado Social para la CE”. Nos habían impuesto déficit inferior al 3% y deuda inferior al 60%: hay que exigir, a cambio unas tasas de paro y de pobreza inferiores al 5%, unas tasas de malas viviendas y de analfabetismo del 3% [25].

¿Cómo mantener esos objetivos sin disparar la inflación y sin rebasar los famosos ya mencionados déficits y endeudamiento, y, al tiempo alcanzar el índice de paro de un máximo de 5%? Pues atacándonos a la cuestión de la inmigración, reduciendo el gasto al respecto. Primero, cerrado las compuertas y suprimiendo la reagrupación familiar para aquellos cabezas de familia que hayan incurrido en delitos o que practiquen la poligamia [26] y endureciendo las condiciones para la concesión de nacionalidad por matrimonio (por ejemplo, exigiendo cuatro años al menos de vida en común y el conocimiento tanto de la lengua española como de las características de la sociedad española). Así se disminuirán los gastos sociales en materia de educación y sanidad (sobre todo en materia de inter-consultas), así como en materia de trasferencias de divisas (por envío de remesas de inmigrantes, sean de su ahorro sea de sus jubilaciones). Aquellos preocupados por nuestra natalidad, veían como, pronto, la endógena aumentaría en función de las pertinentes ayudas, y de la creación y estabilidad de empleos. Segundo: regular la inmigración limitándola, según las necesidades aunque también en base a nuestra capacidad comunitaria de absorción correcta (integración exitosa incluida), y también en base a dos objetivos estratégicos: África del Norte y la Europa del Este y Central que son nuestros patios traseros, y, como tal, deben ser privilegiados [27]. En la misma óptica, devolución a sus países de origen de todos los ilegales, así como de los legalizados implicados en hechos delictivos. Y si los ahorros en gastos sociales no se comprimen suficientemente, se establecería que las empresas que contraten a trabajadores inmigrantes no comunitarios participen de sus gastos de viaje y asuman la totalidad o parte de sus gastos sanitarios y de vivienda. Para tirar del consumo (forma esencial de reactivación económica), acercase al pleno empleo, y poder financiar el Tratado Social antes citado, la CE emitirá una moneda especial de consumo en función del grado de utilización del aparato productivo, sin rebasar su capacidad máxima de manera a no disparar la inflación [28].

En cuanto al consabido argumento según el cual los inmigrantes vienen a desempeñar los oficios que ya los europeos no aceptan desempeñar, se trata parcialmente de una falacia: en unas sociedades en la que el status social ya no viene determinado por la función que uno desempeña sino por la remuneración percibida por la misma (“el tanto tienes tanto vales”), una cantidad considerable de empleo volvería a ser desempeñada por los europeos, siempre y cuando fueran correctamente remunerados. Es lo cierto que a quien beneficia la inmigración es al capital, mediano y grande. Y que inmigración más deslocalizaciones equivale hacer competir al trabajador europeo no ya con un cinturón nacional o continental de parados, sino con uno mundial, para gran satisfacción del patronato y desgracia de las clases trabajadores. Es por ello por lo que nunca se ha visto a una patronal quejarse de las deslocalizaciones pero tampoco de la inmigración masiva, y menos aún de la ilegal…

IV. Del “patriotismo económico” al “desarrollo regional autocentrado”.

La alternativa de un neoproteccionismo, incluso frente a la inmigración, se está haciendo cada vez más evidente. Hemos visto como J. R. Saul rehabilita la realidad del Estado-Nación y su importancia económica e identitaria. Lo mismo afirman Frederic Lemaître: “Una ilusión está caducando: la mundialización de la economía ni significa que las empresas se han tornado apatridas, ni que los Estados ya no tiene papel alguno para defenderlas [….]. Las empresas tienen en efecto una nacionalidad, y cada país tiene interés en defender las suyas, inclusive aplicando una política industrial”[29]. Y lo mismo afirma Elie Cohen: “las empresas están enraizadas en su territorio nacional; están insertas en las mallas de los sistemas de regulación locales; tienen una relación históricamente construida con su asalariado [….] la multinacional no es [….] apatrida”[30].

La cuestión esencial reside sin embargo en si se va hacia un mero patriotismo económico, o no; tachar éste último, en definitiva una forma de proteccionismo nacional, de potencial impulsor de la guerra económica constituye una estupidez. Primero porque lo que actualmente vivimos, como mundialización, si que constituye una guerra económica encarnizada. Segundo porque per sé, el proteccionismo es pacifista: de lo que se trata, llevado su extremo, que es la economía autárquica, es precisamente de no depender de los demás, ni para las materias primas y demás importaciones, ni de mercados exteriores y demás exportaciones, ni de la mano de la obra de otros. Proteccionismo es pues paz. Entonces ¿cómo es posible que países ultraproteccionistas como Alemania, Japón e Italia en los años 30 fuesen particularmente belicosos, y no lo fuera la URSS igualmente proteccionista? Pues la respuesta es clara: cuestión de tamaño. En sí, por separado ninguno de los tres primeros países poseía las materias primas en cantidad y en variedad suficientes ni un mercado interior propio lo suficientemente amplio. Una “solución” ya se vislumbró durante la IGM con la idea de la “mitteleuropa” que incluía, además del II Reich y del Osterreich, a Francia, Italia, Polonia, y al Benelux, y, de hecho, en eso residían entonces los objetivos de guerra de Alemania. Hitler, en un clima de nacionalismo exacerbado, va a optar por la misma opción, pero también con los mismos métodos empleados en 1914-18: la conquista. Más aún: extender la idea de Nuevo Orden Europeo hasta la Península Ibérica, los Balcanes, y la Europa oriental hacia los Urales. ¿Hubiera podido optar por una propuesta asociativa? Ni la mentalidad de la época, ni la del dictador lo permitían. Se necesitó pues otra Guerra Mundial para que la opción asociativa se impusiera. Y así nació el Mercado Común. En cambio, la URSS per sé, constituía todo un planeta, (máxime cuando extendía su influencia hasta el Elba), lo cual fue uno de los motivos de que tras la II GM no llevará acabo expansiones territoriales.

No otra cosa afirma, por cierto, J. Greau cuando arranca de unas evidencias: la mundialización ha irracionalizado al capitalismo, y, además esta provocando, vía el librecambio, “un riesgo mortal de declive industrial” y vía las desigualdades y la inmigración descontrolada, un cáncer social. Solución: “grandes zonas de libre cambio [pero] económicamente integradas y comercialmente protegidas [porque ahí es donde] puede desarrollarse el potencial que constituye la mundialización para las empresas; es en el seno de aquellas zonas donde las condiciones de una concurrencia equitativa podrían establecerse en lugar de estas razzias hacia los lugares de producción más baratos a los que nos incitan los partidarios del librecambio integral. Pero es también a partir de dichas zonas como podremos sentar, por etapas, las bases y los primeros elementos de un sistema monetario internacional que permita a los inversores configurar proyectos a largo plazo sin miedo a padecer los efectos, siempre perturbadores y a veces devastadores, de las grandes fluctuaciones de divisas”[31].

Amén de que, como hemos demostrado en otros escritos, en la historia económica, el proteccionismo ha sido consustancial al, y causa del, crecimiento económico, y que “el librecambismo internacional o mundial ni es una condición previa, ni un horizonte natural del proceso capitalista”. Es verdad también que, constatando lo esencial de una “protección comercial del espacio nacional […], la nación, si hay que evitar en todo caso renegar políticamente de ella, ya no puede definir un espacio pertinente de mercado” dada la estrechez del mismo. Ahora bien “las grandes naciones o las grandes regiones económicas del mundo pueden [y deben] protegerse sin que la concurrencia quede sensiblemente alterada”. Por ello, es correcto “defender la tesis de un neoproteccionismo que no busque ni dificultar la concurrencia, ni a cerrar territorios a las empresas originarias de otros territorios: Las grandes naciones o las grandes regiones económicas del mundo pueden protegerse sin que la concurrencia quede sensiblemente alterada. Al contrario, es infinitamente más probable que la concurrencia muestre entonces su mejor aspecto cuando las empresas que intenten vender en los grandes mercados nacionales o regionales se verán obligadas a producir en ellos respetando a la vez las condiciones del mercado laboral y ambientales en vigor”[32].

Solución: formar múltiples mercados comunes continentales o regionales, sobre la base de la proximidad geográfica (lo cual por cierto abarata los gastos de transporte) que “estimularía duraderamente las relaciones comerciales, estrechando los lazos de intercambios sobre una base territorial. Alentaría decisivamente las empresas de otras regiones del planeta a venir implantarse en el seno de la zona comercial protegida para llevar a cabo sus producciones”.

Modelo: el Mercado Común de inicios de los años 60, en el que “apertura interior y protección exterior era indisociables, […] Lo que la Europa consciente y responsable de la post-guerra supo realizar constituye el modelo de lo que cada gran región económica del mundo puede a su vez iniciar [….]”. Ahí esta otra solución al problema de la estampida emigratoria, empobrecedora para los países emisores, y peligrosa para el receptor rebasadas determinadas proporciones demográficas y económicas….

En todo caso, a raíz de los acontecimientos franceses, de moda se está volviendo reclamar a Europa, para África, un plan Marshall. Por dos razones: la primera porque África es responsabilidad de Europa (pero también lo es Eurasia y Oriente Medio); la segunda: porque nuestro problema inmigratorio (España en parte excluida) procede de dicho continente. Nadie discute dicha propuesta. Pero a medio plazo, no existe otra alternativa duradera que no sea la que acabamos de describir. En su día, Samir Amin expuso su “teoría de la desconexión” en la que preconizaba grandes conjuntos regionales que comercial y monetariamente se desconectarán de la “Triada” (CE, USA, Japón). André Grjebine planteó algo más pragmático: no desconexión monetaria pero si proteccionismo basado en que cada conjunto basaría su crecimiento en el sector exterior tan sólo en una proporción variable entre el 12 y el 15% del PN. Greau concreta más, y refiriéndose a África enuncia: que en esta, “por una parte la producción local de productos manufacturados o de servicios es aún poco eficaz según los criterios de las grandes economías ricas. Por otra parte, prácticamente ninguna nación de dicho continente dispone de mercados suficientes para edificar esos tejidos de relaciones económicas a partir de las cuales se efectúa el despegue económico. Se impone pues la apertura hacia las naciones vecinas; pero también, en sentido inverso, la necesidad de proteger a los productores locales que fabrican productos que se importan desde países muchos más avanzados, pues dichas importaciones podrían impedir el surgimiento de producciones autóctonas análogas. Lo que equivale a aceptar como bueno que determinados bienes y servicios sean realizados in situ aunque en forma menos eficaz que lo que son los productos importados. Pero se trata del precio a pagar por la constitución de economías locales coherentes. Poco importa que los productores locales no ofrezcan de entrada el grado de eficiencia y de calidad de los productos de las grandes empresas de occidente o del Asia emergente”. En definitiva: África no saldrá de su retraso y de la sangría emigratoria “lanzándose a la competición mundial o mendigando mercados para sus productos para malvenderlos en los mercados internacionales, sino construyendo, pacientemente, con los medios de a bordo, economías aptas para proveer a las necesidades elementales de sus poblaciones, antes de operar los progresos ulteriores de la marcha hacia la madurez “industrial”. Pero eso excluye “dejar entrar una riada, incondicional, de productos del resto del mundo”[33]. Proteccionismo inteligente, que nadie defendía hace 10 años, pero que se esta imponiendo, arriba y abajo del Ecuador, por obvio; y que, desde esta revista, algunos vienen defendiendo desde hace años.

En cuanto a la izquierda, o renuncia al romanticismo beatifico y angelical en materia de flujos migratorios (que la convierte en aliada objetiva del gran, mediano y pequeño capital siempre al acecho de la carne de trabajo maleable y servil), y se dedica de verdad a la función tribunica de defender a los que lo necesitan, (sobre todo frente al capital y a sus exigencias de carne de cañón laboral barata y sumisa) pero, prioritariamente lo hace para con sus compatriotas y demás comunitarios; o pasará, como ha explicado con tristeza, Domique Andolfatto, “de la mutación a la liquidación”[34]. Y la fraternidad será sustituida por la obsesión de la identidad y el nacionalismo estrecho a ultranza.

Epilogo.

Hace unos meses, Nicolas Sarkozi estaba políticamente muerto. Tras la rebelión lleva el viento en popa; ello porque es verdad que ya había zonas en Francia en las que la ley ya no era la de la República. Hubo, en los acontecimientos, quienes protestaban legítimamente contra el Sistema, quienes quemaban sus propios coches para cobrar el seguro o la indemnización (pero quien roba a un ladrón tiene 100 años de perdón)[35], y para que negarlo, también otros, chusma, que se creyeron más fuertes que la República. Hoy, los últimos han perdido la batalla: el Estado es más fuerte. La pregunta siguiente es que será de los primeros, los antisistemas, cuando la represión se acentúe, algo que va ocurrir sin duda.

[1] Dossier de “Marianne” del 25-11-05: “Posons les questions, osons les reponses”.

[2] De donde, por cierto, hace tiempo que los magrebíes, mayoritariamente, han huido…. Igualmente como en Marsella y en la mayoría de los lugares afectados “los barrios de muy fuerte implantación magrebí, globalmente se han movido menos que los que contienen una población, llegada más recientemente, del África negra” (Marianne, op. cit).

[3] “Donde hay fundamentalistas y mezquitas no hay problemas…. El Islam y los islamistas con su peso de tradiciones y prohibiciones han contribuido al mantenimiento del orden social” (Marianne, op. cit.)

[4] Para Emmanuel Todd (en “Rien ne separe les enfants d´inmigres du reste de la societe”, Le Monde, 14-11-05) “la vida política francesa, en los últimos años, no ha sido sino una serie de catástrofes que dejan a los observadores extranjeros irónicamente estupefactos. La primera catástrofe fueron las presidenciales del 2002, con una primera vuelta que conduce a la extrema derecha en el duo de cabecera y, con una segunda vuelta en la que Chirac es elegido con más del 80% de los votos. La segunda catástrofe, visto desde la perspectiva de las clases dirigentes es el referéndum sobre Europa [y] cuando las clases dirigentes se están empezando a volver a dormir, intentando persuadirse de que la sociedad ha retornado a la estabilidad, sobreviene la tercera catástrofe [que es] el incendio de los suburbios. [Y] cada una de dichas catástrofes tienen su protagonista: [la primera la provocó] el viejo mundo francés que constituye el núcleo del FN. El “no” en el referéndum constituye la entrada en escena de una parte de las clases medias, ligadas a la función pública… [La tercera] pone en escena… los jóvenes nacidos de la inmigración… Los tres grupos […] tienen en común un antagonismo frente al sistema y las clases dirigentes”.

[5] Indica M. B. Baudet (en “Portrait deseunes français”, Le Monde, 15-11-05) que “haber heredado un origen no europeo constituye un handicap en el mercado laboral que la obtención de la nacionalidad francesa no borra…. No obstante, entre las personas de más edad, la educación parece desempeñar mejor su papel protector: en la clase de edad comprendida entre los 36 y los 50 años, cuando 15,4% de los franceses de origen magrebi y sin calificación están en el paro, la proporción baja al 2,3% para los que han realizado estudios superiores”.

[6] Volvamos a E. Todd (op. cit): “No veo nada en los acontecimientos mismos que separe radicalmente a los hijos de los inmigrantes del resto de la sociedad francesa. Incluso veo exactamente lo contrario. Interpreto los acontecimientos como un rechazo a la marginalización. Todo esto no hubiera podido producirse si esos hijos de inmigrantes no hubiesen interiorizado algunos de los valores fundamentales de la sociedad francesa, entre los cuales por ejemplo, el tándem libertad-igualdad… Los jóvenes se rebelan porque han integrado el modelo republicano y sienten que no funciona… Veo su rebelión como una aspiración a la igualdad… [Incluso] los jóvenes étnicamente mezclados de Seine-Saint-Denis se inscriben en una tradición de sublevación social omnipresente en la historia de Francia…. Las segunda y las terceras generaciones de hijos de inmigrantes se integran relativamente bien en las clases populares francesas, y algunos alcanzan las clases medias o superiores”.

[7] Servicio militar o cívico que, en contra de lo que afirma Chirac no puede ser voluntario. Como afirma J. F. Kahn (en “Les vrais incediaires, Marianne 25-11-05), la propuesta de Chirac “es absurda. Como fue absurda la pura y simple supresión del antiguo servicio militar sin sustituirlo por una movilización alternativa. De hecho lo que si forma parte del modelo republicano…. es un servicio civil obligatorio que un plazo corto de tiempo pero significativamente permitiría mezclar poblaciones de medios y orígenes radicalmente diferentes, llevarles a realizar acciones de interés colectivo y darles algunos a la vez, una enseñanza técnica…. y una recuperación de cultura general”.

[8] Javier Cuartas: “Los valores republicanos en crisis”, el 11-11-2005.

[9] Ver, de A. Reverchon “Un trou enorme dans la statistique nationale”, en Le Monde del 15-11-05.

[10] Escribe J. F. Kahn (en “L´embrasement des cites: les vrais responbles”, Marianne del 18-11-05): “no querer ver, no decir: los diarios bien pensantes nos explicaban que, en porcentaje, las personas procedentes de la inmigración no eran más numerosas que antes de la II GM – y por lo tanto ¡no hay problema! – y que las poblaciones de cultura musulmana, viniesen de Turquía, de África negra, o de países árabes o asiáticos, no rebasaban los tres millones. De hecho, la ceguera y la imprevisión fueron totales”.

[11] Es decir “Blancos-Negros-Magrebis”.

[12] Op. cit. págs. 31, 32, 43 y 44.

[13] P. A. Delhommais “Dossiers et Documents”, en Le Monde, Noviembre de 2005.

[14] En “La question de l´emergence d´une <> mondialisee”, Le Monde del 31-10-05.

[15] Op. cit.

[16] Ver, de Thomas Ferenczi “Echec au liberalisme”, Le Monde del 28-10-05.

[17] Ver de Alain Faujas: “Malgré une politique économique modèle, Burkina Faso ne sort pas de la misère”, en Le Monde, 28-10-05.

[18] En “La mondialisation: vie et mort d´une idéologie”. Courrier International del 12-10-05.

[19] De hecho “formas” variadas tan Keynesianos fueron el “New Deal” norteamericano como el nacional-socialismo alemán y el fascismo italiano….

[20] Op. cit.

[21] Op. cit.

[22] Op. cit.

[23] En “Le vertige social-nationaliste”, Paris 2005.

[24] Afirma Raphaëlle Bacqué (en “Voyage dans la gauche du non”, Le Monde, 12-11-05) que condenar el que la “izquierda del No” recoja argumentos de este tipo debería llevarnos a “preguntarnos ¿porque dichos argumentos han hallado tanto eco en los franceses? ¿Y porque, frente a éste desafío nacido en su propio seno, se halla <> tan sin replicas?”.

[25] Ver, de Vincent Peillon y P. Larrouturou: “ Europe: vite un traité social ”, en Marianne 11-11-05.

[26] Atención a la cuestión de la poligamia practicada generalmente por los inmigrantes que vienen de más abajo del Sahara y cuyas familias, en ¡un 90%! son polígamas. Esta claro que dicha práctica, por cuanto multiplica, amén de los gastos derivados de reagrupaciones digamos “múltiples”, la cifra de menores sin atención paterna. Como ha explicado Pierre Cardo, diputado UPM-Gaullista, “los jóvenes delincuentes más duros con frecuencia proceden de familias polígamas [que] en Francia son 30.000, que a diez hijos por familia representan 300.000 jóvenes”. En 1995, el Institut National d´Etudes Demographiques francés precisaba que “dicha práctica [de la poligamia] sólo existía en Francia en las mujeres de étnica africana negra”. Ver “La polygamie et le regroupement familial au centre de la polemique, Le Monde del 18-11-05. A su vez para el Presidente del Grupo UMP de la Asamblea Nacional francesa: “si se desea integrar, hay que ralentizar significativamente los flujos migratorios [siendo] dos las causas de la llegada masiva de nuevos inmigrantes: la reagrupación familiar y la poligamia” (Op. cit). Para Sarkozy, Ministro francés del Interior “el reagrupamiento familiar constituye una nueva vía de inmigración”. La poligamia para Marianne (25-11-05): “plantea un problema enorme para los hijos las familias polígamas generan una violencia en sus hijos dado que ellos mismos son víctimas de violencia: pagan el precio del celo entre las esposas que con frecuencia ajustan cuentas a través de ellos. Esos chicos todo el mundo lo constata tienen más problemas escolares y caen más fácilmente en la delincuencia”.

[27] Como señala el analista Philippe Bernard (en “Banlieues: la provocation coloniale”, Le Monde, 19-11-05) “el incendio generalizado de los suburbios corresponde…. a los inicios de una especie de relevo migratorio: los hijos de la inmigración subsahariana de los años 80 y 90 entran masivamente en la escena incandescente de los barrios populares, justo además en el momento en el que los hijos de los maghrebíes, en parte integrados en la clase media, se ven a sí mismos como las víctimas de dichas violencias y suscriben el discurso sobre el restablecimiento del orden”. Recalcar también las declaraciones apaciguadoras de autoridades religiosas musulmanas magrebíes y que a “diferencia de los jóvenes de origen magrebi, muchos jóvenes negros de origen africano se hallan mucho menos integrados cultural y políticamente” (Marianne, 25-11-05).

[28] Ver J. Verstrynge, en “Elogios” (Barcelona, 1998), el capítulo “Elogio de la inflación I”, y en “Sobre el poder del pueblo” (Barcelona, 2000), el capítulo titulado “Elogio de la inflación II”.

[29] En “La mondialisation du patriotisme économique”, Le Monde, 13-08-05.

[30] En “La tentation hexagonale”, Paris 1996. Nos hallamos pues ya muy lejos de lo que, en 1991, escribía Robert Reich (en “L´économie modialisée”): pronto “no había ya tecnologías ni productos nacionales. Tan solo un elemento permanecerá enraizado en el interior de las fronteras del país: los individuos que constituyen la nación”. Con la inmigración, ni eso.

[31] En “L´avenir du capitalisme”, París 2005.

[32] Ver, de E. Todd “La ilusion économie”, Paris 1998; y de Verstrynge “E. Todd y la ilusión económica”, en “Sobre el poder del pueblo”, ya citada.

[33] Op. cit. pág. 213 y ss.

[34] “PCF: de la mutation a la liquidation”, París 2005.

[35] Según Marianne (25-11-05): “las compañías de seguros han decidido ser generosas. Los propietarios de coches incendiados serán rápidamente indemnizados sin franquicia, y cuales quieras sean las cláusulas de los contratos suscritos… condiciones tanto más interesantes cuanto que la mayoría de dichos coches ya están fueran de valoración y, por ello, carecen de valor mercantil. Tan sólo tienen valor de uso. Según nuestras informaciones algunos… intentan presentar sus viejísimos y deteriorados autos como coches incendiados. Incluso…. Han pagado a amotinados… para que el coche ardiera”.

Jorge Verstrynge – Ciudadano.eu.

Extraído de: Red Tercera Vía.