Archive for ‘Santiago, Emilio’

21/09/2013

No queremos terapias de grupo

NO QUEREMOS TERAPIAS DE GRUPO

por Emilio Santiago Muiño – ¿Por qué la mayoría social no puede expresarse como mayoría social?

Sin Dios cantaba, allá a principios de los 90, una canción que alimentó la rabia juvenil de toda una generación y cuyo estribillo repetía con fuerza  “no queremos paz sino la victoria”.

Tomo prestada la fórmula para reflexionar sobre uno de los mayores problemas internos que arrastran los proyectos anticapitalistas: la militancia actual se parece más a una terapia de grupo, o un club para sentirse parte de algo, que a un complot para ganar.

Por las horas echadas, los riesgos asumidos, las multas, la violencia de la represión o el esfuerzo infinito pareciera fuera de lugar sugerir que hacemos todo eso sin aspirar a ganar.

Seríamos francamente idiotas. Pero esto es exactamente lo que ocurre en muchos casos. Por cierto,  nadie está libre de pecado y todos giramos en este círculo vicioso. Y no se trata tanto de una responsabilidad personal, sino colectiva: sencillamente la cultura política revolucionaria de los últimos 30 años es una cultura obligada a sobrevivir bajo el peso de una grave derrota histórica. En este contexto, replegarse sobre uno mismo, y centrarse en el cuidado de los ritos de la propia tribu, ha sido un mecanismo de supervivencia necesario.

Esta derrota se ha enquistado retroalimentándose con dos fenómenos propios del capitalismo tardío.  El primero es que el consumismo ha dado su última vuelta de tuerca  creando nichos de identidades subjetivas. Así, y en medio de lo mediocremente igual, la obsesión que hace que la publicidad funcione es la promesa de ser distinto, de convertirse en alguien especial. Hoy el modo más perfecto de sentirse único es iniciarse dentro de grupos que tiene sus propios criterios de adscripción: hipsters, rapers, indies, moteros, surfistas… pero también hinchas del Barça o del Atleti, fans de la Hora Chanante o del cine coreano, lectores de ensayistas de prestigio o  seguidores de no sé qué vedette en una red social. La lista es infinita.

¿Sería muy chocante  incluir entre estos nichos de identidades a la actividad  revolucionaria?

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06/09/2013

Otro mundo es inevitable (II)

PICO PETROLEO

por Emilio Santiago III. El pico del petróleo.

Resulta obvio constatar que en un planeta finito ninguna sociedad puede crecer hasta el infinito como está inscrito, como un destino, en el código genético capitalista. Y que por tanto, más tarde o más temprano, el capitalismo está llamado a chocar con unos límites externos (agotamiento de recursos) que frenarán y harán imposible su funcionamiento normal.

La idea que pretendo defender aquí es que esta colisión no es una posibilidad teórica, sino que es un hecho que ya ha comenzado y que se desplegará, de forma paulatina, a lo largo del primer tercio del siglo XXI. Que nadie imagine un colapso apocalíptico y cinematográfico: salvo momentos puntuales de shocks, el desplome será lento, como una enfermedad degenerativa.

Pero que tampoco nadie dude que el mundo del futuro será completamente distinto al que habíamos imaginado: un mundo de gran escasez material y pobreza energética, donde la vida cotidiana se volverá, a la fuerza, mucho más sencilla. Y el sistema se parecerá poco al capitalismo que hemos conocido. La razón es que desde mediados de la década del 2000, que sobrepasamos el pico mundial de petróleo, hemos entrado en la era del fin del crecimiento económico.

La sociedad industrial moderna es un gigante con pies de barro, pero ese barro es petróleo. De un modo que cuesta imaginar nuestra forma de vida, al menos desde la II Guerra Mundial, es absolutamente dependiente de un flujo constante y barato de petróleo. Los combustibles fósiles son el 80% de la energía primaria que empleamos y el petróleo el 96% del transporte del mundo. Este dato revela su verdadero peso si comprendemos que habitamos un planeta productivamente deslocalizado: las materias primas y las personas no paran de moverse de un lado a otro del mundo en un frenesí desquiciado. Así, por ejemplo, y en algo tan cotidiano y tonto como desayunar, puedo comer dos manzanas chilenas masticándolas con una funda dental fabricada en China en base a una aleación de cobalto extraído del Congo.

Al mismo tiempo, nuestra sociedad ha asumido patrones de asentamiento gigantescos, las megalópolis, que se vuelven inmanejables sin un coche privado (no digo invivibles, porque su vileza es evidente con o sin automóvil). Esto se ha vuelto más grave a partir de la explosión de esos engendros urbanísticos que combinan lo peor de un pueblo y lo peor de una ciudad que son las urbanizaciones, que se extienden como un cáncer por EEUU pero también en Europa y los países emergentes. Sobra decir que el petróleo es la materia prima de la petroquímica y por tanto de más de 3000 productos cotidianos fundamentales, desde medicinas a piezas informáticas.

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05/09/2013

Otro mundo es inevitable (I)

CAPITALISTAS TERRORISTAS

por Emilio Santiago

I. No es una estafa: es una crisis (de civilización)

Un conocido eslogan del movimiento antiglobalización nos dice que otro mundo es posible.

Sin ponerlo en duda, quizá sea más interesante, y mucho más urgente, comprender y aceptar que otro mundo es inevitable. Si introducimos este pequeño giro, la mayoría de las ideas que sirven de base a nuestros proyectos políticos se tambalean. Lo hacen también nuestros proyectos de vida.

Esto exige replantearse seriamente algunas cosas. Este es el primero de una serie de cuatro artículos que buscan afinar la percepción de la época que nos ha tocado vivir. Para así poder ajustar a la realidad las estrategias con las que algunas y algunos intentamos impugnar este mundo.

Siguiendo con los lemas, que son un buen indicador de los mitos que agitan las pasiones de la ira popular, el 15M hizo del grito “no es una crisis, es una estafa” un estribillo recurrente. Hay que reconocer que la frase tiene su encanto. Resucita y fortalece el siempre saludable rechazo a la explotación. Aviva, de alguna forma, las brasas apagadas de la guerra de clases. Y lo hace en un momento en el que el incendio social parecía extinguido. Si la crisis es una estafa, hay un enemigo al que pudo poner cara y señalar con mi dedo acusador como culpable, como hacemos en las manifestaciones al pasar delante de oficinas bancarias (lástima que, de momento, sólo seamos capaces de hacer justicia con un pintada, o con una denuncia destinada a ser papel mojado, y no con piedras, con fuego, con estructuras organizativas funcionales, con alternativas de vida).

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