Archive for ‘Milá, Ernesto’

31/05/2015

Pero ¿son necesarios los partidos políticos?

ERNESTO MILÁ

por Ernesto MiláInfo|krisis – Tras la muerte de Franco parecía como si no hubiera forma de asentar una democracia sin partidos políticos. Se aceptaba entonces de manera casi unánime que la estructura de un partido político era la forma más directa y auténtica que tenía el ciudadano para participar directamente en la política. Desde entonces han pasado casi cuarenta años, tiempo suficiente como para haber comprobado hasta la saciedad que la representatividad de los partidos políticos es casi nula: sus dirigentes se representan a sí mismos, a nadie más. Los partidos ya no son opciones ideológicas o programáticas, sino grupos de intereses particulares; nada más. En estas circunstancias hace falta plantearse si los partidos son el canal más adecuado de participación democracia. Y, sobre todo, plantearse alternativas. El anti-partido es una de ellas.

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16/03/2015

El debate ya no está en el parlamento

ERNESTO MILÁ

por Ernesto Milá – El pasado debate sobre el Estado de la Nación fue, sin duda, el último en el que el “líder de la oposición” es un socialista. Tan cierto como que éste ha sido el último debate de la legislatura. Una vez más, la discusión no interesó mucho al ciudadano de a pie. Los medios que quisieron convertirlo en un espectáculo bajaron en las audiencias y el resultado mismo de la encuesta sobre quién resultó vencedor no dejó lugar a dudas: para los medios próximos al PP ganó Rajoy, para los medios próximos al PSOE, ganó Sánchez. Ambos por la mínima… Pero en este debate se ha producido algo mucho más importante que todo eso: por primera vez el debate no estaba en el Parlamento, sino fuera.

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18/01/2015

El problema del Islam y Alexandr Duguin

ERNESTO MILÁ

[Publicamos este texto enviado por el autor con objeto de animar el debate acerca de los temas tratados, pese a que la Página Transversal no comparte las opiniones que se expresan en el mismo].

por Ernesto Milá – Leo en la web titulada 4ª Teoría política un artículo de Alexadr Duguin sobre el Islam que me sugiere algunos comentarios. Lamentablemente, no disponemos de todo el tiempo del mundo, especialmente en este momento en el que nos encontramos lejos de la Patria y de nuestros apuntes sobre la materia, pero sí creemos que vale la pena realizar unos cuantos apuntes a la vista de la rapidez con la que se suceden los acontecimientos en Europa y la necesidad de análisis precisos sobre el problema. Así pues, esto no es una contestación, sino más bien una enumeración de sugerencias que lanzamos como observaciones críticas al planteamiento de Duguin.

1. Islam, aquí y ahora. Personalmente me considero “tradicionalista” en el sentido dado a esta palabra por Julius Evola y René Guénon en el siglo XX.

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18/11/2014

9–N: fin de la farsa, ahora toca el segundo acto

ERNESTO MILÁ

por Ernesto Milá – Benavente en Los intereses creados comenzada así: “He aquí el tinglado de la antigua farsa, la que alivió en posadas aldeanas el cansancio de los trajinantes, la que embobó en las plazas de humildes lugares a los simples villanos…”. La “antigua farsa” es la política. En la farsa representada por Artur Mas y Mariano Rajoy, en el primer acto se ha escenificado una disputa, procurando que ninguno de los dos protagonistas saliera malherido. Ahora toca escenificar la negociación sin que haya vencedores ni vencidos… es decir, sin que ni PP ni CiU pierdan cuota electoral. Difícil, sino imposible. Indeseable, en cualquier caso.

Hoy 10–N toca sonreír. Han votado 2,5 millones a la búlgara, sobre 7,5 millones. Han votado, todos los soberanistas. Así que ese es el techo del soberanismo.

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24/10/2014

¿Estamos en la segunda transición o ante otra cosa?

ERNESTO MILÁ

por Ernesto MiláEl que esto escribe conoció en su juventud un cambio de régimen. Tal cambio estaba en el ambiente desde 1971 con Franco vivo y con Carrero Blanco como vicepresidente del gobierno. Los medios de comunicación insistían en que todo estaba “atado y bien atado”, aunque evitaban decir hacia dónde. En los últimos años del franquismo, el régimen había iniciado una descomposición interior que se negaba pertinazmente desde los medios. Bastó que faltara una persona, el anciano moribundo de El Pardo, para que el régimen se desmoronara en pocos meses. Los que vivimos aquellos últimos años del franquismo y la transición reconocemos hoy muchos elementos que nos sitúan ante un nuevo fin de ciclo. Al parecer es difícil que en España un régimen dure más de cuarenta años.

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29/06/2014

Lo que ha sido el juancarlismo y la dicotomía “Monarquía-República”

ERNESTO MILÁ
por Ernesto MiláJuan Carlos y la transición

Era frecuente, hace unos 20 años e incluso hasta 2010, que muchos nombres de relumbrón de la izquierda y la derecha dijeran aquello de “no soy monárquico, soy juancarlista”. Con eso indicaban su falta de convicciones monárquicas, unido a la gratitud hacia el “monarca que hizo el cambio”. En realidad, el papel de Juan Carlos I en la transición fue, como el de Adolfo Suárez, de meros “rostros” de una transición que otros habían diseñado. El papel del segundo no consistió más que en aportar aplomo, rostro (en el peor sentido de la palabra) e imagen a la transición. En cuanto al papel de Juan Carlos no fue nada más que en tranquilizar a la derecha sociológica española, franquista por lo demás, de que lo que sucedería a partir del 20-N de 1975 no sería nada más que lo de antes pero levemente modificado, en ningún caso, una “ruptura”. Incluso la Ley para la Reforma Política fue considerada como la “culminación” y la “última” Ley Fundamental de la arquitectura constitucional franquista.

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03/01/2014

Carta a un independentista

ERNESTO MILÁ

por Ernesto Milá – Vaya por delante que considera el independentismo catalán desde muy joven acaso como la expresión más extrema de la estupidez. Pero vaya también por delante que, más que orgulloso, estoy abochornado de ser español. Pocos países del mundo han estado tan mal gobernados en los últimos años, reflejo de un mal que se viene arrastrando desde hace siglos. Venga al caso decir que ese desgobierno no ha sido solo cosa de “Madrid” (como afirma el independentismo) sino el desastre generado por gentes procedentes de todo el Estado, incluida Cataluña.

La diferencia que hay entre el actual momento histórico y cualquier otro anterior es que, en otro tiempo había espacio para la esperanza de que un movimiento de regeneración nacional pusiera en pie a este país. Hoy esa esperanza ya se ha disipado. No veo “fuerzas sanas” en todo el Estado Español capaces de abordar una tarea de reconstrucción. Y en lo que se refiere a Cataluña, tampoco veo una clase política dirigente, digna de tal nombre, con inteligencia, decisión, lucidez, envergadura y capacidad para liderar un proceso independentista.

Entre un Artur Mas que no pasa de ser una especie de reverendo Jim Jones capaz de envenenar con sus ambigüedades, su aventurerismo y su irresponsabilidad a toda una comunidad, hasta esas malas copias de Herri Batasuna (CUP), pasando por los sandías integrales (“rositas por dentro, verdes por fuera”) de ICV y, por supuesto, por una ERC digna heredera de Luís Companys en su primitivismo y en su rústica simplicidad, el independentismo catalán da miedo, no da miedo por lo que es (una mala broma de la historia, un chiste, la caricatura de un movimiento nacional de liberación), ni siquiera por lo que puede llegar a ser (una nulidad histórica cuyos representantes son de una lacerante mediocridad, exponente de la mediocridad general que hoy domina entre la clase política española).

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14/12/2013

El sistema se defiende…

ERNESTO MILÁ

por Ernesto Milá – Nuestra época es hija directa del nuevo equilibrio mundial de fuerzas generado en 1945 y en 1989 al concluir la Guerra Fría. Sin embargo, las fuerzas que en esos momentos eran hegemónicas e indiscutibles han perdido cohesión y hoy se encuentran en crisis. A partir de 1973, cuando concluyeron “los 30 años gloriosos”, las crisis cíclicas del capitalismo, la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, los procesos inflacionarios, la primera crisis del petróleo, supusieron una primera etapa en la crisis. Era el período marcado por el capitalismo multinacional. Cuando cayó el Muro de Berlín y el capitalismo entró en su fase globalizadora se inició un viaje sin retorno a nivel mundial. Todo esto repercutió en la “calidad” de las democracias: la dominante de todo este largo proceso fue la preeminencia de la economía sobre la política, es decir, de los intereses de las oligarquías económicas sobre la soberanía y el poder político. Los partidos que en 1945 eran solamente la expresión de intereses de las distintas fuerzas económicas que actuaban en cada país, se orientaron en dos direcciones: partidos de centro-derecha, herederos de los antiguos partidos conservadores, y partidos de centro-izquierda, derivado de partidos socialdemócratas y socialistas. A medida que el capitalismo mundial se fue transformando, estos partidos fueron corrigiendo sus posiciones y acentuando cada vez más su carácter de dos caras de la misma moneda. Sin embargo, a partir de los años 80, el sistema de partidos políticos empezó a sufrir una rápida erosión y el agotamiento de las fórmulas que se venían utilizando desde 1945 impuso correcciones al sistema de fuerzas económico-político: el Sistema, en definitiva, se defiende. Y cuanto más agónica es su situación, esta defensa se convierte en más agresiva.

La erosión del sistema tiene varias vertientes. Algunas son inocuas en relación a la supervivencia del sistema y no implican riesgo: las bajas cotas de afiliación política y sindical, el desinterés de las masas por la política (generada por el propio sistema a partir de mediados de los años 70 mediante el aumento auspiciado por Brzezinsky del “entertaintment”), el aumento del abstencionismo electoral. Pero otras pueden ser consideradas como peligrosas: el voto de protesta, especialmente el voto a partidos y a gentes que presentan un modelo político-económico diferente e irreductible a los programas de los partidos “homologados” por el capital internacional.

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06/12/2013

Día de la constitución: nada que celebrar

ERNESTO MILÁ

por Ernesto Milá – Toda norma jurídica nace con la ambición de prolongar su vigencia eternamente. Le pasó a la Ley Orgánica del Estado, la última “ley fundamental” emitida por el franquismo en 1967 y que apenas estuvo en vigor diez años y le vuelve a ocurrir a la Constitución Española que desde 1978 rige los destinos de nuestro país y acaba de cumplir los 35 años. El problema es que, desde poco después de su promulgación, ya a mediados de los años 80, la Constitución Española, como decía la canción de Dylan, “está vieja y enferma cuando apenas acaba de nacer”. Desde entonces el deterioro de la norma constitución ha proseguido de forma acelerada y sin pausa. Lo que hoy queda de la Constitución de 1978 es un despojo fétido, un esperpento responsable del marasmo político, económico y social que vive nuestro país.

Vale la pena recordar lo que nos ha traído la constitución:

1. Debilidad del Estado.- El gran drama de España –algo que se percibe perfectamente desde el extranjero- es que nuestro país tiene una identidad extremadamente fuerte (y que cabalga con la lengua española en todo el mundo, lo que hace completamente inútiles los esfuerzos de ciertas autonomías por convertir sus “casas regionales” en embajadas en el exterior), pero un Estado extremadamente débil. El sistema diseñado en 1978 por los malhadados “padres de la constitución” se basaba en un bipartidismo imperfecto que en situaciones en los que uno de los dos grandes partidos (de centro-derecha y de centro-izquierda) que se repartirían el poder permanentemente beneficiados por un sistema electoral a todas luces injusto, en caso de no tener mayoría absoluta, podrían recurrir a la alianza con un tercer y un cuarto partidos de carácter regionalista: la famosa “banda de los cuatro” (PP + PSOE + CiU + PNV), verdadero “partido único” que desde hace 35 años se reparte el poder. Esto implicaba el que la arquitectura constitucional, desde un principio, otorgaría un excepcional peso a las autonomías llamadas “históricas” (especialmente a Cataluña y al País Vasco y en menor medida a Galicia), lo que no estaba previsto es que luego, el hecho de que UCD no tuviera mayoría en ninguna de estas comunidades hizo que generara otras en el famoso café para todos que terminó por desintegrar la unidad del Estado en 17 taifas autonómicas.

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28/11/2013

El gran fraude de Estrasburgo

ERNESTO MILÁ

por Ernesto Milá – Strasburgo hace dos semanas dio a Mariano Rajoy la que probablemente ha sido su única satisfacción en 2013. Vale la pena hacer la génesis de todo este problema y recordar algunos de los puntos esenciales del acontecimiento en los que Rajoy no queda, desde luego muy bien parado. Digamos, en principio, que desde que se inició este reiterativo tema del “proceso de paz” las cosas son incomprensibles para la opinión pública. Veamos algunos de los misterios acumulados hasta ahora:

1) ¿Cómo era posible que desde 2002 las detenciones de miembros de ETA se hicieran habituales en células que incluso no habían entrado en acción y estaban todavía en proceso de formación?

2) ¿Cómo era posible que las detenciones solamente afectaban a un sector de ETA, el de los oponentes a “Josu Ternera” y, de paso, cómo era posible que, desde 2002 (cuando abandonó su puesto de diputado autonómico y volvió a entrar en la clandestinidad), el único miembro de la dirección de ETA que no había sido detenido era, precisamente, “Josu Ternera?

3) ¿Qué elemento dio al malhadado presidente José Luis Rodríguez Zapatero la seguridad casi teológica de que el “proceso de paz” llegaría a buen puerto? ¿En qué se basaba para arrojarse a tumba abierta a un proceso con el que quería pasar a la historia como “el pacificador”? ¿Simplemente en su “optimismo antropológico, o es que disponía de datos que no se hicieron públicos?

4) ¿Por qué el proceso de paz de interrumpió tras el atentado a la T-4 en el aeropuerto de Madrid y no se interrumpió cuando se detectaron movimientos de militantes de ETA, robos de armas, etc.? ¿Fue solamente por los dos muertos accidentales?

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