Archive for ‘Guénon, René’

30/08/2013

El contra-imperio: mundialización y cibernética

MUNDIALIZACIÓN Y CIBERNETICA

por Patrick Geay* – “Porque tus mercaderes eran los príncipes de la tierra, y tus sortilegios han engañado a todas las naciones”. Apocalipsis de Juan 18: 23

Por sorprendente que pudiera parecer, el hecho de que R. Guénon haya evocado al final del Reino de la Cantidad (Cap. XXXIX) el advenimiento próximo de una parodia “contra-iniciática” del Santo Imperio, no ha suscitado casi comentarios, al menos que sepamos. Hay que decir que, después de este punto, la noción de “contra-iniciación” fue deshonrada por los “guenonianos” mismos, tanto que es difícil de utilizar. No hay duda, sin embargo que, en el espíritu de Guénon, aquella coincidía, en una perspectiva escatológica perfectamente tradicional, con las “potencias de las tinieblas” que, bajo la égida del Anticristo, deben instalar en nuestro mundo su reino provisional. En este mismo capítulo, Guénon citaba entonces un tratado de San Hipólito sobre el asunto (1); evocaba también “al jefe de los awliyâ esh-Shaytân” (2) o “santos de Satán”, expresión coránica (3) que designa una contra-jerarquía espiritual presidida por el Dajjâl (el Impostor), reflejo invertido (4) de la jerarquía iniciática suprema (5). Esto no impidió que la visión de Guénon fuera claramente asimilada a un “conspiracionismo” (6), lo que hoy en día tiene directamente por efecto situar ese capítulo de su obra en el campo bastante mal frecuentado de los teóricos del complot, de los que a menudo se mofan, no sin razón, los historiadores profesionales. Pero eso es olvidar que detrás de los pseudo-complots de los que era consciente Guénon, como el de los Protocolos de los sabios de Sión de los que ha hablado ocasionalmente (7), existen realmente auténticos complots. Puede pensarse, en este sentido, que prácticamente toda la literatura conspiracionista que, desde Barruel, se ha diversificado mucho, no sirve más que para enmascarar la verdadera realidad asociando, más o menos conscientemente, observaciones válidas sobre la existencia de tal organización a falsas o delirantes interpretaciones haciendo casi imposible el enfoque de estas cuestiones.

Estando el terreno minado, es indispensable para nosotros precisar que abordamos este dominio, inhabitual a LRA, desde un óptica que sobrepasa completamente las divisiones políticas, a la cual el mismo Guénon era extraño. (8). Conocemos la vieja propensión de la derecha tradicionalista (pagana o religiosa) en denunciar una pretendida cábala judeo-masónica contra la nación, derecha contra-revolucionaria de la que el anti-capitalismo (9) se reencuentra en los socialistas hostiles al liberalismo (por otras razones) como en los anarquistas y algunos ecologistas. Ahora bien, pasa que el cuestionamiento legítimo a las grandes organizaciones favorables a la economía liberal no se ha emprendido desgraciadamente hasta ahora más que por medios extremistas muy poco recomendables. A título de ejemplo, las obras tratando sobre la Trilateral emanan casi todos de estos últimos (10). Encontramos la misma traza inesperada sobre Internet, donde el conspiracionismo está muy implantado, ¡en los sitios consagrados a la ufología! El grupo Centinela, por ejemplo, fundado en 1996, menciona con frecuencia a J. Bordiot, H. Coston y Lectures Françaises a propósito del Bilderberg, ¡todo sosteniendo paralelamente el origen extraterrestre de Jesús (http://ovnis.free.fr/occulte.htm)! No buscamos aquí explicar las causas de este género de asociación como mínimo extraña, este preámbulo intenta mostrar simplemente a qué punto la idea de complot está actualmente parasitada quizá expresamente.

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20/06/2013

Tradicionalismo y profanismo

GEIDAR DZHEMAL

por Geidar Dzhemal – Transcripción del seminario filosófico celebrado en 1998. Del libro La revolución de los profetas, recopilación de trabajos filosóficos y conferencias de Geidar Dzhemal (en lengua rusa, Moscú, 2004)

1. René Guénon – el apologeta de la teocracia abierta

René Guénon ve en la sociedad cierta dicotomía. Un polo está representado por la sociedad tradicional, que ha existido siempre, en todos los tiempos, en diferentes formas, en diversas manifestaciones. La Europa medieval, el Extremo Oriente, la sociedad hindú etc. Son sociedades “normales”, encabezadas por la autoridad sagrada que legitima todos los estamentos jerárquicos. En el otro polo se sitúa la sociedad profana, la sociedad actual, una especie del negativo de la tradicional (lo que en la sociedad tradicional es “blanco”, en la profana es “negro” y viceversa). Según Guénon, esta sociedad se ha formado a lo largo de los últimos siglos. Guénon incluso señala la fecha de la formación de esta sociedad antitradicional – el final de la Guerra de los Cien Años. Sus sucesivas etapas son la Reforma, el Renacimiento, que para él representa la penetración del espíritu de la pseudo-Antigüedad (la Antigüedad greco-latina es la cobertura del antitradicionalismo), el jacobinismo, la Revolución Francesa, el liberalismo. Y, por último, el siglo XX – la última fase destructiva, satánica del profanismo.

Desde el punto de vista de Guénon, el profanismo representa el triunfo de la dimensión puramente humana, que es la analogía inversa con respecto a la auténtica plenitud del potencial humano.

La concepción de René Guénon es tan convincente, lógica y evidente que es difícil replicar algo de entrada. Describe cosas bastante evidentes que para cualquiera de nosotros saltan a la vista. Pero si nos adentramos en ella surge toda una serie de preguntas.

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15/05/2013

La costumbre contra la tradición

RENE GUENON

por René Guénon – Hemos denunciado en diversas ocasiones la extraña confusión que casi constantemente cometen los modernos entre tradición y costumbre; nuestros contemporáneos, en efecto, ofrecen de buen grado el nombre de “tradición” a todo tipo de cosas que en realidad no son sino simples costumbres, a menudo totalmente insignificantes, y a veces de invención muy reciente: así, es suficiente que no importa quién haya instituido una fiesta profana cualquiera para que ésta, después de algunos años, sea calificada de “tradicional”. Este abuso del lenguaje es debido evidentemente a la ignorancia de los modernos con respecto a todo lo que es tradición en el verdadero sentido de la palabra; pero puede también discernirse aquí una manifestación de ese espíritu de “falsificación” al cual ya hemos aludido en tantos otros casos:allí donde no hay tradición, se pretende, consciente o inconscientemente, sustituirla por una especie de parodia, a fin de llenar, por así decir, desde el punto de vista de las apariencias exteriores, el vacío dejado por esta ausencia de la tradición; no es suficiente con decir que la costumbre es completamente diferente de la tradición, pues la verdad es que le es incluso claramente contraria, y sirve en más de una forma a la difusión y al mantenimiento del espíritu anti tradicional.

Lo que ante todo es preciso comprender es esto: todo lo que es de orden tradicional implica esencialmente un elemento “supra-humano”; la costumbre, por el contrario, es algo puramente humano, sea por degeneración, sea desde su origen mismo. En efecto, es necesario distinguir aquí dos casos: en el primero, se trata de cosas que han podido tener en otro tiempo un sentido profundo, a veces incluso un carácter propiamente ritual, pero que lo han perdido completamente debido a que han dejado de estar integradas en un conjunto tradicional, de manera que no son más que “letra muerta” y “superstición” en el sentido etimológico; no comprendiendo ya nadie su razón, son por lo demás, debido a ello,particularmente aptas para deformarse y mezclarse con elementos extraños, que no provienen sino de la fantasía individual o colectiva. Este caso es, muy generalmente, el de las costumbres a las cuales es imposible asignar un origen definido; lo menos que se puede decir es que dan prueba de la pérdida del espíritu tradicional, y en esto pueden parecer más graves como síntoma que por los inconvenientes que presentan en sí mismas. Sin embargo, no deja de haber aquí un doble peligro: por un lado, los hombres llegan a realizar acciones por simple hábito, es decir, de una manera totalmente irreflexiva y sin razón válida, resultado tanto más lamentable cuanto que esta actitud “pasiva” les predispone a recibir toda clase de”sugestiones” sin reaccionar ante ellas; por otro, los adversarios de la tradición, asimilando ésta a esas acciones mecánicas, no dejan de aprovecharse para ponerla en ridículo, de modo que esta confusión, que en algunos no siempre es involuntaria, es utilizada para obstaculizar toda posibilidad de restauración del espíritu tradicional.

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24/01/2013

¿Qué hay que entender por Tradición?

RENE GUENON

por René Guénon – En lo que precede, hemos hablado a cada instante de tradición, de doctrinas o de concepciones tradicionales, y hasta de lenguas tradicionales, y no se puede hacer de otro modo cuando se quiere designar lo que constituye verdaderamente todo lo esencial del pensamiento oriental bajo sus diversos modos; pero ¿qué es, más precisamente, la tradición? Decimos desde luego, para evitar una confusión que podría producirse, que no tomamos esta palabra en el sentido restringido en que el pensamiento religioso del Occidente opone a veces “tradición” y “escritura”, entendiendo por el primero de estos dos términos, de una manera exclusiva, lo que ha sido objeto de una transmisión oral. Por el contrario, para nosotros, la tradición, en una acepción mucho más general, puede ser escrita lo mismo que oral, aunque habitualmente, si no siempre, haya debido ser antes que nada oral en su origen, como lo hemos explicado; pero, en el estado actual de las cosas, la parte escrita y la parte oral forman por doquiera dos ramas complementarias de una misma tradición, ya sea religiosa o de otra especie, y no vacilamos en hablar de “escrituras tradicionales”, lo que sería evidentemente contradictorio si diésemos a la palabra “tradición” sólo su significado más especial; por lo demás, etimológicamente, la tradición es simplemente “lo que se transmite” de una manera o de otra.

Además, es necesario comprender en la tradición a titulo de elementos secundarios y derivados, pero sin embargo importantes para tener de ella una noción completa, todo el conjunto de las instituciones de diferentes órdenes que tienen su principio en la misma doctrina tradicional.

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