Archive for ‘Graziani, Tiberio’

08/11/2014

Reduccionismo de la identidad y análisis geopolítico

TIBERIO GRAZIANI

por Tiberio Graziani* – El estudio acerca de la relación que existe entre religión y análisis geopolítica suscitó un renovado interés entre los estudiosos y los analistas a partir de la revolución capitaneada por Khomeini y también por el envolvimiento del movimiento de los mujāhidīn en la coeva guerra sovietico-afgana. En efecto estos dos episodios, además de constituir un acontecimiento geopolítico importante y que en cierto sentido adelantó la incipiente desestructuración del sistema bipolar, reintrodujeron en las dinámicas internacionales el elemento religioso, como factor útil e imprescindible para la comprensión de la escena global. Según el autor el fundamentalismo religioso constituye una reinterpretación reduccionista de la misma religión, la cual tiende a constituir un elemento decisivo para la elaboración de las neoideologías de la identidad y para la definición de su proyección geopolítica.

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13/05/2014

La transición uni-multipolar y los nuevos pivotes geopolíticos

TIBERIO GRAZIANI

por Tiberio Graziani – Instituto Geopolítica – La transición uni-multipolar representa el acontecimiento más importante de la dinámica geopolítica mundial actual. En el ámbito de este contexto tan movilizado, el análisis geopolítico, aun adoptando nuevos modelos de investigación más apropiados a las exigencias de las transformaciones internacionales, redescubre, valorizándolos, los criterios clásicos de la geopolítica en tanto que ciencia multidisciplinar. La tradicional dicotomía que existía durante el siglo pasado entre la tierra y el mar, cuyos opositores emblemáticos fueron las superpotencias norteamericana y soviética, se muestra nuevamente como un esquema útil para la comprensión de las fluctuantes relaciones entre Pequín y Washington, en particular por lo que respecta la cuestión del control del Pacífico.

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05/12/2013

La presidencia rusa del G20: Crecimiento y desarrollo en el contexto multipolar

TIBERIO GRAZIANI

por Tiberio Graziani – La presidencia rusa del Grupo de los Veinte, iniciada el 1 de diciembre de 2012 y que se concluyó con el Summit de San Petersburgo del 5 y 6 de septiembre de 2013, se desarrolló en un contexto internacional cargado de incertidumbres políticas y económicas que atañen a los principales países que la componen. A estas incertidumbres se añadieron también las incomprensiones que han habido entre Moscú y Washington por lo que respecta el dossier siriano y el caso Snowden. Sin embargo la forma pragmática del problem solving que se desplegó en la agenda de trabajo del G20 por el presidente Putin contuvo las eventuales repercusiones negativas que las incertidumbres y las incomprensiones habrían podido ejercer en le curso de los encuentros.

Coherente con la evolución del nuevo escenario global que se ha caracterizado por la transición uni-multipolar y por la correlata presencia de las nuevas agregaciones geoeconómicas y geopolíticas, así como la de los países del denominado BRICS y la de la Unión Euroasiática, la presidencia rusa ha favorecido las discusiones y los encuentros que conciernen las soluciones alternativas al sistema liberista, responsabile de las crisis monetarias y especuladoras del bienio 2007-2008.

Palabras clave: crisis económica • infraestructura transeurasiática • relaciones euro-rusas • Rusia • Italia • Unión Europea • Unión Euroasiática • BRICS • Organización Mundial de Comercio • cluster geoeconómicos

Rusia y el contexto multipolar

A partir de inicios del corriente siglo la Federación rusa, luego de haber superado de modo egregio las consecuencias que derivaron del colapso de la Unión Soviética y a pesar de las considerables dificultades encontradas, ha gradualmente asumido en el curso de los últimos años un claro y relevante papel a nivel global. Hoy día se puede afirmar, sin ser desmentidos, que Rusia representa un cimiento en el nuevo escenario mundial con el que las mayores naciones tienen necesariamente que dialogar para definir de la mejor manera los instrumentos útiles para una gestión balanceada sobre los asuntos internacionales, en particular aquellos concernientes los sectores de la economía y de la seguridad global.

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25/11/2013

Muere el filósofo italiano Costanzo preve

COSTANZO PREVE

El pasado día 23 de noviembre murió en la ciudad de Turín el filósofo italiano Costanzo Preve (nacido en Valenza en 1943). Filósofo marxista y profesor de historia y de filosofía de 1967 a 2002. Miembro del PCI de 1973 a 1975. En 1978 participó en la creación del Centro Studi di Materialismo Storico (CSMS).

Escribió unos sesenta libros sobre diversos temas y colaboró en numerosas publicaciones. Tras la caída del muro de Berlín participó en actividades del campo anti-imperialista contra la política norteamericana y sionista. En los últimos años apostó por la crítica transversal, colaborando por ejemplo con Alain de Benoist.

Como ha expresado Alexander Dugin en una conocida red social: “He was excellent Italian Marxist intellectual with positive attitude to the eurasianism and 4PT. Great loss. Constanzo Preve?Presente!” (“Nuestro amigo Costanzo Preve ha muerto. Era un excelente intelectual marxista italiano con una actitud positiva hacia el eurasianismo y la 4TP. Gran pérdida. Costanzo Preve – ¡Presente!).

El último número de la revista Nihil Obstat publica un trabajo de Costanzo Preve, dentro del dossier: “La izquierda. Crisis e identidad”.

Enlazamos dos vídeos, en italiano, del acto de presentación del número 2/2005 de la revista italiana “Eurasia”, que contó con la intervención, entre otros, de Alexander Dugin y del recientemente desaparecido Costanzo Preve.

Fuente: La Cuarta Teoría Política en español

09/08/2013

La globalización de la crisis y el cambio geopolítico

TIBERIO GRAZIANI

por Tiberio Graziani* – A distancia de aproximadamente un lustro a partir la explosión de la crisis económico-financiera y a pesar de los innumerables análisis que se han producido para su comprensión, los estudios y las sugerencias indicadas, los liderazgos de los países implicados no han podido aún hallar y aplicar soluciones satisfactorias, ni para una contención, ni para una superación de la misma. Esto se debe al hecho de que la singularidad de esta crisis epocal – que pone al descubierto las contradicciones del sistema neoliberal – hay que buscarla también en la relaciones que ésta tiene con el cambio geopolítico global en acto, el punto muerto en el que se debaten los vértices políicos, económicos y financieros son una particular expresión de la tensión que existe entre los partidarios del viejo orden unipolar y los estímulos hacia la evolución multipolarista del escenario internacional.

 Palabras clave: globalización de la crisis • cluster geoeconómicos • neomultilateralismo multipolar.

Desde la globalización de los mercados a la globalización de la crisis

 Acto seguido al terremoto geopolíico originado con el colapso de la URSS, el proceso de financiamiento [1] de la economía mundial ha registrado una considerable aceleración, transformádose en el lapso de pocos años en un elemento estructural de la globalización de los mercados. Desde una perspectiva geoeconómica, este nuevo fenómeno acompañó el intento de consolidación mundial del sistema occidental bajo el liderazgo norteamericano [2]. De modo particular, este fenómeno definió marcadamente el llamado “momento unipolar” [3].

Luego de un éxito inicial, del cual fueron beneficiadas las economías y los círculos financieros (bancos, institutos de crédito y de seguros) de los países con industrialización avanzada, caracterizados significativamente por un elevado y difundido desarrollo del sector de los servicios, la globalización de los mercados y la interrelacionada financiación de la economía, sufrieron entre 2007 y 2008, una grave crisis con efectos devastadores para algunas áreas del planeta. Esta crisis ha evidenciado las profundas contradicciones del neoliberalismo, ya denunciadas por muchos autores, entre ellos cabe citar el geoeconomista y geoestratega Luttwak [4] y también al controvertido hombre de negocios y financiero americano George Soros [5].

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23/04/2013

América Latina y la oportunidad del multipolarismo

TIBERIO GRAZIANI

por Tiberio Graziani – Para los países emergentes el multipolarismo constituye una oportunidad para incrementar sus propios espacios de libertad en la arena internacional. Las clases dirigentes de importantes países como Brasil, Rusia, India y China han entendido que el proceso de integración en varios niveles, desde el económico al específicamente político, es preferible para la consecución de los específicos intereses nacionales. la nueva política internacional de estos países que se agrupan en el cluster geoeconómico que lleva el nombre de BRICS, incide cada vez más en la estructuración del nuevo panorama multipolar que se va delineando bajo forma de grandes agregados continentales. Por lo que se refiere a la masa eurasiática las tentativas de integracióm continental proceden con un cierto suceso; un ejemplo lo representa seguramente la recién Unión euroasiática entre Bielorusia, Rusia y Kazakhistan. Asimismo la posibilidad que también las naciones de la América centro meridional se transfomen en protagonistas del nuevo orden mundial parece haber suscitado el interés de los más importantes liderazgos latinoamericanos para la implementación del proceso de unificación del proprio subcontinente.

El fenómeno de aceleración de los procesos de agregación a nivel regional o continental, sean de carácter político o económico, en varios ámbitos del tablero mundial, es la “respuesta” geopolítica (y geoeconómica) al proceso de fragmentación del llamado sistema unipolar que se ha puesto en acto. Este fenómeno, probablemente incrementará en el próximo futuro el nivel de tensión que existe entre los partidarios del viejo sistema unipolar occidental-céntrico y aquellos países cuyas tendencias multipolares influencian cada vez más sus decisiones por lo que concierne los aspectos políticos y económicos internacionales. Bajo este aspecto hay que considerar una especie de contramedida unipolar que tiene por objetivo el de retardar y condicionar el proceso de multipolaridad en acto, la propuesta planteada recientemente, el 11 de febrero de 2013, por el United States–European High Level Working Group on Jobs and Growth1, y oficialmente reiterada por el presidente Obama el día siguiente, de querer realizar una especial sociedad transatlántica, el Transatlantic Trade and Investment Partnership.2

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12/01/2013

Geopolítica: una ciencia en evolución

TIBERIO GRAZIANI

por Tiberio Graziani – El renacimiento de la geopolítica en las últimas décadas parece haber sustituido los típicos análisis de las Relaciones Internacionales en lo referente a la identificación de los futuros escenarios globales. A pesar de ello y a raíz del suceso mediático de esta disciplina, resultan ser insuficientes las reflexiones teóricas en su apoyo. De hecho, todavía falta una valedera teoría de la geopolítica. Parece que esta carencia sea debida a su carácter de disciplina límte entre el planteamiento operativo y la orientación especulativa.

Palabra llave: teoría geopolítica • continentalismo • agregado geopolítico • análisis de la previsión • transición uni-multipolar

La geopolítica: ¿ciencia global?

Durante las últimas dos o tres décadas hemos presenciado a un renacimiento de la “ciencia” geopolítica. Parece que son dos las causas princiaples de la vuelta de esta materia multidisciplinar en el ámbito de la crónica y del debate político e intelectual; la primera es de orden, por así decir, práctico, que se puede relacionar con el colapso del viejo equilibro bipolar y, por consiguiente, en búsqueda de estrategias más apropiadas para la reposición de los viejos y nuevos actores internacionales; la otra, sin embargo, se coloca como respuesta eurística hacia las dificultades halladas por los usuarios de los aparatos analíticos de las Relaciones Internacionales (RI) a fin de comprender los nuevos escenarios globales.

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04/07/2012

La importancia de las relaciones bilaterales en el marco de la geopolítica mundial

Por Tiberio Graziani *

 Lo que les presentamos a continuación es el documento expuesto por Tiberio Graziani, presidente del IsAG (www.istituto-geopolitica.eu )y director de la revista “Geopolítica” (www.geopolitica-rivista.org), con ocasión de la conferencia: “Italia y Brasil: presente y futuro de las relaciones bilaterales”, efectuada en Roma el 12 de junio en el edificio de la Embajada de Brasil.

La conferencia de hoy día, organizada por la Asociación de Amistad Italia-Brasil y por el IsAG y con el patrocinio de la Embajada de Brasil, que aquí agradezco por medio de su representante Su Exa el embajador Viegas, forma parte de un amplio programa del Instituto cuya tendencia es la de delinear los elementos estructurales del nuevo escenario global.

Como ya sabéis, nos hallamos ante la presencia de un cambio geopolítico. Nos encontramos en medio de una fase de transición. Estamos pasando de un sistema unipolar al de un nuevo orden: el escenario que se anuncia ante nuestros ojos es el de un orden multipolar. Los signos son evidentes.

Mientras presenciamos el colapso del así llamado sistema occidental, en Eurasia observamos la aparición de nuevos agregados geoeconómicos y geopolíticos (me refiero a los acuerdos estratégicos entre Moscú, Pequín y Nueva Delhi ; al de la Organización para la Cooperación de Shangai ; al del EurasEC ; el de la Unión Aduanera eurasiática entre Bielorusia, Rusia y Kazakistan ; al de los nuevos modelos de integración militar como lo es el de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva), esto está sucediendo también en América Latina, donde las tentativas de integración continental (Unasur, ALBA), sin duda constituyen una de las prioridades de las mayores naciones latinoamericanas.

Los casos que aquí se han citado tan sólo constituyen algunos de los ejemplos del fermento “geopolítico” que hay en acto. Algunos analistas – hay que recordarlo – tal vez porque aún están muy ligados a los viejos paradigmas de las relaciones internacionales no valoran mucho estos nuevos elementos significativos de potencial integración grancontinental.

El nuevo escenario multipolar implica toda una serie de decisiones importantes para el mediano y largo período de parte de Europa en su conjunto, pero, sobre todo de parte de las naciones que la constituyen. Por lo que se refiere a Italia, hay que tomar en cuenta todos los asideros diplomáticos, económicos, incluso militares, que el cambio geopolítico en acto puede ofrecernos con el objetivo de permitirle a nuestra nación formar parte del grupo de protagonistas del nuevo orden mundial.

Según mi parecer, esto es posible si se emprenden y se consolidan  rápidamente itinerarios tendentes a la implementación de las relaciones bilaterales con aquellos países que todavía, con un escaso sentido crítico, una buena parte de los medios de comunicación califica de emergentes.

Estos países son China, India, Rusia, Suráfrica y Brasil. Es decir, son aquellos países que forman el grupo BRICS. En su conjunto, estos países, pero también por separado, consituyen una gran oportunidad para Europa e Italia – que no se limita al solo nivel de la cooperación económica.

Para naciones como Italia, en un cierto sentido perféricas – ya que no están dotadas de una autónoma posición geopolítica y con limitados niveles de decisión en las opciones globales – el privilegiar las relaciones bilaterales puede poner en tela de juicio viejas, obsoletas alianzas (incluso de tipo militar) y, por consiguiente, aquellos sistemas geopolíticos que ya han alcanzado su fase de senescencia; la elección “bilateral”, si llevada convenientemente a cabo, concurrirá además a la aceleración de la estructuración del nuevo sistema multipolar. La adopción de una sistemática y coherente práxis marcadamente bilateral puede ofrecerle a Italia mayores oportunidades de acción en la competición internacional.

Mayores oportunidades de movimento que se pueden (y se deben) traducir en mayores beneficios para las naciones implicadas en el proceso de construcción del nuevo escenario internacional. Italia, mientras más logre establecer relaciones bilaterales con los países BRICS, se fortificará aún más en el plano internacional. Mientras más logre readquirir su proprio prestigio internacional (lamentablemente ofuscado desde hace algunas décadas) en esta particular fase de transición uni-multipolar, aún más podrá hacer valer como atout geopolítico su importancia en el Mediterráneo en vistas de la constitución del nuevo orden mundial.

Seguramente Italia tiene mayor necesidad de Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica de lo que estas naciones pueden tener hacia ella. Las relaciones históricas, culturales, económicas ya existentes entre Italia y Brasil deben ser interpretadas como la premisa de una relación que hay que consolidar e implementar en el ámbito del nuevo escenario geoeconómico.

* Tiberio Graziani es presidente del IsAG y director de “Geopolítica”.

 
(Tradución V. Paglione)

13/06/2012

Conferencia: diálogo euro-ruso en el contexto de la transición geopolítica unimultipolar

Por Tiberio Graziani*

Se difunde el discurso de nuestro socio estratégico europeo Tiberio Graziani, presidente del “Istituto di Alti Studi in Geopolitica e Scienze Ausialiarie (IsAG)” y director de la revista “Geopolitica”, que realizo  ante la Delegación de la Comisión Europea en su sede Romana, en el Ciclo de conferencias:  “Rusia y Europa: perspectivas para un diálogo”, el pasado jueves, 24 de mayo de 2012.

Señoras y señores, estimados participantes, ¡buenos días!

Personalmente para mí, pero sobre todo para el IsAG, el instituto que aquí represento, es un honor participar en la mesa redonda sobre del diálogo euro-ruso con destacadas personalidades académicas rusas e italianas. Ante todo quisiera agradecer a los organizadores. Esta mesa redonda se realizó gracias a la colaboración de la Universidad “La Sapienza” de Roma (agradeciendo especialmente al profesor Antonello F. Biagini), la Fundación Russkij Mir, representada por la profesora Natalia Fefelova, el centro de estudios políticos, económicos y sociales EURISPES, dirigido por el profesor Marco Ricceri, el Instituto para la Democracia y la Cooperación, dirigido por el doctor John Laughkand, la Fundación para la Perspectiva Histórica, dirigida por Natalija Naročnickaja, el Departamento para Europa y América del Instituto para la Información de Ciencias Sociales de la Academia Rusa de Ciencias, dirigido por Ekaterina Naročnickaja, el IsAG y la Delegación en Italia de la Comisión Europea dirigida por el doctor Lucio Battistotti, quien agradezco por la hospitalidad en esta espléndida sala de conferencias.

Se puede afirmar que esta mesa redonda es el resultado del diálogo que diversas entidades italianas, como nuestras organizaciones, están individualmente llevando adelante junto con los interlocutores rusos. Después de haber escuchado con mucha atención y curiosidad los relatores que me han precedido, quisiera introducir en la conversación algunos elementos geopolíticos acerca del significado del actual diálogo euro-ruso.

Según mi parecer cuando hablamos de cooperación, diálogo o, en un sentido más amplio,  de relaciones entre Estados, es importante (y apropiado) tomar en cuenta el punto de vista geopolítico, es decir, la perspectiva que emerge del análisis geopolítico del período histórico en el que el diálogo  acontece. Necesitamos este tipo de interpretación geopolítica del diálogo, en particular, para implementar los resultados del mismo diálogo con recíproco beneficio de los actores implicados y, sobre todo, para comprender más acertadamente el cómo y en qué medida el desarrollo y los resultados del diálogo puedan tener un efecto – en el medio y en el largo plazo – en la evolución de las relaciones internacionales entre los Estados y las organizaciones comprometidas.

El diálogo entre las naciones, las organizaciones y los pueblos es siempre deseable: se hace hasta inútil tener que remarcarlo. Sin embargo, podemos afirmar que el diálogo entre actores políticos – que manifiestan diferentes visiones y por lo general son portadores de intereses divergentes – tiene sentido sólo si se basa en los comunes intereses estratégicos y de largo plazo. Y esto es aún más cierto si los actores comprometidos son tan importantes para el mundo entero como lo son, sin duda, Rusia y las naciones agrupadas en la Unión Europea. Al contrario, si no existen intereses estratégicos convergentes, el diálogo se reduce a pura y simple retórica política (retórica que por añadidura esconde la conflictividad de los proyectos geopolíticos), o a lo sumo se concentra en intereses que convergen según la contingencia y se reducen a los de breve plazo, y que por consiguiente sería mejor analizarlos en el contexto del estudio de las Relaciones Internacionales.

Por lo que se refiere al diálogo entre Europa y Rusia, tenemos que definir antes que todo, aun sea de modo sintético, el escenario geopolítico actual. Por una serie de razones estamos atravesando un cambio geopolítico. El análisis del momento histórico actual nos muestra que nos hallamos en una fase de transición geopolítica. Podemos definir esta fase como la de la transición uni-multipolar. Durante esta etapa el Sistema occidental, dirigido por los EE.UU. (y en el cual Europa y Japón permanecen innaturalmente contenidos, no por una objetiva comunidad de intereses, sino que por acontecimientos acaecidos hace algunas décadas), aparece en constate decadencia.

Resumiré brevemente algunos elementos que indican la decadencia del Sistema occidental:

1.         La elefantiasis (un tipo por así decir de gigantismo geopolítico) del Sistema, que encierra a todo el hemisferio occidental (las “dos” Américas) y, por razones geoestratégicas, Europa y Japón;

2.         Las cíclicas crisis económico-financieras (cada 30-40 años el Sistema occidental enfrenta una grande crisis: en los años ’30, en los ’70 y actualmente a partir del 200Smilie: 8);

3.         Las dificultades en la administración de las crisis militares y hasta aquellas de carácter politico y diplomáticas;

4.         La adopción de una creciente militarización de la práxis geopolítica de parte de las naciones-líder del Sistema occidental (que evita las normales vías diplomáticas).

El Control de Eurasia por EE.UU. es clave para su supervivencia

Entretanto asistimos, día tras día, al surgimiento de nuevos actores geoeconómicos y geopolíticos. Los nuevos actores empiezan a organizarse a partir de sus puntos fuertes geopolíticos, basándose en las necesidades comunes en una perspectiva de largo plazo. Además, observamos, que los nuevos actores muestran un mayor interés en asumirse responsabilidades a nivel global. La acción conjunta de los nuevos actores prefigura un nuevo orden mundial que, razonablemente, podríamos definir multipolar. Por consiguiente, estamos atravesando, a nivel geopolítico, un proceso de transición del viejo sistema unipolar (bajo dominio Occidental) al nuevo orden multipolar. Diversas naciones, como Rusia, India y China que se hallan en el interior de la masa continental euroasiática y Brasil en el hemisferio meridional, cada vez más se hallan interconectadas entre ellas; y siempre con mayor frecuencia en sus agendas introducen temas típicamente geopolíticos.

Después de esta breve introducción, necesario para ofrecer algunas coordenadas geopolíticas dentro de las cuales poder moverse, podemos pasar al diálogo entre Rusia y Europa. La Federación Rusa es un extenso Estado soberano, es decir, un Estado libre de elegir sus propias alianzas con el objetivo de reforzar su rol de actor global. Además, Rusia es un Estado que por razones propias a su posición y extensión geográfica y a la considerable cuenca de recursos naturales, constituye el área pivot de toda la masa continental eurasiática.

La existencia de una Europa fragmentada en diversos Estados nacionales ya desde finales de la Segunda Guerra Mundial ha intentado, sin suceso, llevar a cabo una unión política. Esto no fue posible – como demuestra el análisis geopolítico – por una razón fundamental: Europa no es un verdadero actor geopolítico. A nivel geoestratégico, Europa constituye en realidad la cabeza de puente de los EE.UU. en la masa continental eurasiática. Esta condición limita los niveles de libertad decisorias de Europa: de hecho la UE no posee una clara y autónoma política exterior común, ni un autónomo sistema de autodefensa colectiva. Las decisiones estratégicas de la UE son abiertamente subordinadas a los intereses estadounidenses, contenidos en la rígida estructura transatlántica. Todo esto está en abierta contradicción con los intereses geopolíticos de Europa, que personalmente quisiera remarcar, forma parte de Eurasia, mientras que los EE.UU. se encuentran en otro continente. La agenda geopolítica de los EE.UU. en Eurasia tiene como objetivo el de mantener dividida nuestra masa continental y neutralizar su potencia.

Debido a ello surge la dificultad de construir un diálogo equilibrado entre la UE y Rusia (en estos días precisamente lo observamos en el congreso de la OTAN con respecto al escudo ABM).

Hasta que Europa no defina con nitidez su propia postura geopolítica, tomando en cuenta factores tales como:

1.         La aproximación y la continuidad geográfica con el Estado-eje de la masa continental eurasiática, es decir, Rusia;

2.         La autonomía del aliado estadounidense;

3.         La conveniencia estratégica de un acuerdo con Moscú;

4.         La identificación de sus propios intereses estratégicos en el contexto de un nuevo orden mundial multipolar; el diálogo será pura retórica que esconde un falso diálogo sobre los intereses estratégicos americanos a largo plazo con relación a la supremacía mundial.

En el contexto de las relaciones internacionales la principal tarea de los europeos es la de salir de este impasse. Las naciones europeas deberían aprovechar la oportunidad histórica que le ofrece la transición geopolítica en curso, emprendiendo al mismo tiempo (con el fin de incrementar sus niveles de acción geopolítica) dos recorridos principales:

1.         La senda de la implementación y consolidación de las relaciones cooperativas con Moscú;

2.         La senda de la emancipación con respecto a la protección de Washington.

Europa y Rusia

Una postura internacional de la UE más equilibrada será de mayor beneficio a las relaciones euro-rusas y a la construcción de una Europa como unidad geopolítica autónoma.

*Tiberio Graziani es presidente del IsAG y director de “Geopolítica”.

Fuente: Dossier geopolítico

14/03/2012

La Federación Rusa en la prueba del multipolarismo

 por Tiberio Graziani*

La estructuración del nuevo sistema multipolar está principalmente condicionada por la capacidad que dispone Rusia de ejercer un papel directivo en dos cuadrantes importantes a nivel mundial. Estos son el de Asia Central y el del Mediterráneo. Moscú, para cumplir eficazmente con esta función debe reforzarse en su frente interno. Putin, hace poco reelegido a la presidencia de la Federación, se verá obligado a enfrentar contemporaneamente desafíos muy importantes, en particular, aquellos que tienen que ver con la paz social, los procesos de modernización del sistema económico-productivo nacional y el ajuste del aparato de defensa.

Veinte años de Federación rusa

Han transcurrido tan sólo dos décadas desde la implosión de la Unión Soviética y del contextual desenlace del sistema bipolar que surgió después de haber finalizado el segundo conflicto mundial. Por lo general, veinte años son un lapso de tiempo muy exiguo para efectuar un análisis de carácter geopolítico; sin embargo, la confirmación de Rusia como actor global en tan sólo doce años merece una reflexión apropiada, necesaria para la evaluación de las direcciones que emprenderá la futura política exterior de Moscú y, sobre todo, su práxis geopolítica en particulares áreas del planeta.

La federación rusa nació de las cenizas de la Unión Soviética, después de una primera década de inestabilidad ha recobrado eficazmente su propio rol de gigante internacional. En el delicado y fugaz contexto unipolar – caracterizado por la progresiva expansión norteamericana en la masa eurasiática (por otra parte impulsada por la práxis de las guerras “humanitarias” en los Balcanes, en Irak y en Afganistán) – Moscú, una vez superadas sus dificultades iniciales, ha recuperado de lleno su prestigio ya sea en las naciones de los ex países soviéticos, ya sea ante los actores globales emergentes, en particular con China, India, África del sur y Brasil.

El prestigio recobrado ante las nuevas naciones independientes ha permitido la actuación de un equilibrio sustancial – apenas ofuscado por la crisis georgiana del 2008 – del inmenso espacio ex soviético. En este nuevo orden que podemos definir “grande regional” y pro euroasiático, la Federación rusa, lejos de asumir una posición hegemónica, ha privilegiado los aspectos cooperativos tendientes al desarrollo socioeconómico y a la seguridad colectiva de todo el área. La práxis cooperativa adoptada por Moscú ha también caracterizado las sucesivas relaciones entrelazadas con los nuevos países emergentes – Brasil, India, China y África del sur. Como es notorio, en la actualidad Rusia representa junto con estos países una formidable agrupación geoeconómica denominada BRICS, cuyo destino es el de repercutir de forma cada vez más profunda en las futuras escenas globales.

Por consiguiente, la confirmación de Moscú en el marco internacional mundial ha sido posible gracias a dos factores principales: en primer lugar, gracias a la conciencia de la clase dirigente rusa liderada por Putin por lo que concierne al papel fundamental de la relación que pasa entre la cohesión interna y los assett estratégicos del país y, en segundo lugar, gracias al restablecimiento de nuevas y adecuadas relaciones internacionales con el “vecino exterior”.

La transición uni-multipolar y la hipoteca militar

El resurgir de Rusia como actor principal en las dinámicas internacionales, por otra parte muy sólido debido a una serie de acuerdos que agrupan a las mayores naciones asiáticas (OTSC, EURASEC, OCS, la recién Unión Aduanera eurasiática entre Rusia, Bielorrusia y Kazakistan) y Brasil (BRICS), constituye uno de los elementos esenciales que caracterizan la actual fase de transición del sistema unipolar al multipolar. Hoy en día, en el contexto de la estructuración del nuevo orden multipolar, la Federación tiene, sin embargo, que enfrentar importantes desafíos en el plano interior y, como es evidente, en el internacional. Los desafíos del “frente interno”, bajo ciertos aspectos análogos a los que posee Rusia, debido a las difíciles condiciones de su entorno, espléndidamente superados durante los dos primeros mandatos presidenciales de Putin, tienen que ver principalmente con la paz social, la renovación de la estructura pública, la modernización de los procesos industriales y el ajuste del aparato de defensa. Las de tipo internacional tienen que ver, sin embargo, con la consolidación del status de Rusia como nación-continente y, en particular, la función que ésta desempeña en la aceleración del proceso multipolar.

Las pruebas que la nueva presidencia rusa se apresta a enfrentar están estrictamente relacionadas. La superación de los desafíos internos, en particular, los que se refieren a la modernización del sistema de defensa, constituyen, de hecho, la precondición para la estructuración de un nuevo sistema multipolar. Como ya se sabe el sistema geopolítico occidental, liderado por los norteamericanos, se está expandiendo por evidentes razones geoestratégicas en dos áreas de “interés” del planeta: el Mediterráneo y Asia Central. Por lo que se refiere al Mediterráneo, los EE.UU y sus principales aliados (Gran Bretaña, Francia e Israel) practican este tipo de expansión por medio de acciones militares directas o encubiertas, así como se ha observado en los recientes y aún actuales casos de Libia y Siria. El objetivo inmediato que persiguen los estrategas del Pentágono es la debilitación, a través de su fragmentación, de “la cremallera mediterránea”, para asegurarse un canal de acceso hacia el espacio centroasiático, definido por los euroatlánticos como los “Balcanes eurasiáticos”. El hecho de que los norteamericanos insistan en sus intentos de resolver las tensiones internacionales mediante el empleo de la presión militar, directa e indirecta, atestigua por un lado la dificultad en la que se halla la actual administración dirigida por Obama y por la Clinton en querer gestionar por vía diplomática las dinámicas geopolíticas en curso, es decir la transición uni-multipolar, por el otro, la ineficacia de las soluciones hasta ahora adoptadas por Washington para superar la persistente crisis económico-financiera que ha arremetido a todo el sistema occidental. La tenacidad con la que Washington utiliza el alistamiento militar revela también, sin embargo, la presencia de otro elemento: la inadecuación de los sistemas de defensa de Rusia, China e India. Esta inadecuación se demuestra, en particular, en la sede del Consejo de Seguridad de la ONU, en donde después de las primeras y motivadas denegaciones, Moscú y Pequín se hallan prácticamente obligados a tener que sufrir la iniciativa occidental. En concreto, parece que los EE.UU., bajo algunos aspectos, intente jugar bien sus cartas a través de la disuasión militar, así como ya lo habían experimentado en el contexto del bipolarismo.

Estas cartas, sin embargo, no comportarán en el medio plazo una jugada ganadora, ya que el nuevo panorama geopolítico, sumamente dinámico, a través de las agrupaciones arriba mencionadas, adquiere una fisionomía cada vez más de signo multipolar que tiende a limitar las presunciones norteamericanas incluso en el plano militar.

*Tiberio Graziani, presidente del IsAG – Instituto de Altos Estudios Geopolíticos y Ciencias Auxiliarias, director de Geopolitica, revista del IsAG.

www.istituto-geopolitica.eu

www.geopolitica-rivista.org

tiberio.graziani@istituto-geopolitica.eu

(traducción de V. Paglione)

15/11/2011

BRICS: los ladrillos del edificio multipolar

Por Tiberio Graziani*

Hace diez años el acrónimo Bric entraba a formar parte del léxico de la economía y de las finanzas internacionales. Desde aquel momento la cooperación de los países emergentes que agrupa esta sigla ha adquirido cada vez más un valor de carácter geoeconómico y geopolítico. El afianzamiento de las relaciones entre Brasil, Rusia, India, China y, desde el 2010, Suráfrica fue posible no sólo debido a las evidentes necesidades económicas comunes en asuntos de modernización y desarrollo – típicas de los países emergentes – sino también gracias a una compartida visión de la política internacional. La coordinación política desarrollada en el ámbito del BRICS en el transcurso de pocos semestres constituye un elemento de aceleración de la transición multipolar.

Los BRICS entre geoeconomía y geopolítica

En otoño de 2011, el analista Jim O’Neill del Banco de Inversiones Goldman & Sachs, sobre la base de datos macroeconómicos de algunos países emergentes, en particular concernientes a la demografía, la tasa de crecimiento y los recursos naturales estratégicos, certificaba un nuevo potencial agregado geoeconómico con el acrónimo BRIC. Los países que fueron tomados en cuenta eran, como ya se sabe, Brasil, Rusia, India, y China. Según O’Neill estas naciones verosímilmente habrían dominado la economía mundial del siglo que está iniciando. Por consiguiente se hacía necesario englobarlas en la economía mundial hegemonizada, después del colapso soviético, en el sistema occidental bajo conducción americana. Los paises BRIC, como sucesivamente fueron denominados, buscaban desde aquel momento, pero unilateralmente, un lugar geopolítico propio en el tablero global. Algunos de ellos, en particular Brasil, India y China, intentaban aumentar sus propios niveles de libertad en el campo mundial haciendo hincapié en una articulada serie de alianzas económicas y comerciales en el ámbito regional e internacional. Las tasas de crecimiento elevadas de estas naciones-continentes, indudablemente, constituía el combustible necesario para un nuevo rol en el escenario post bipolar. También Rusia, bajo la dirección de Putin, intentaba reafirmar, cuando menos en el espacio ex-soviético, una propia primacía, después de la desastrosa presidencia de Yeltsin.

En el transcurso de pocos años, la nueva agregación geoeconómica se ha convertido, de simple hipótesis analítica útil para la descripción de los escenarios económicos-financieros del siglo XXI, un actor global de hecho.

La agenda de los valores del forum de los países BRIC contiene a estas alturas todos los puntos cruciales de la economía  mundial: desde la cuestón climática a la de la cesta de las divisas, desde aquella concerniente a los procesos de modernización y desarrollo innovador a aquella que atañe a la seguridad de particulares sectores industriales; además de estos temas, los BRIC se pronuncian con inmediatez y determinación, también por lo que concierne a los dossier “calientes”, como aquellos que tienen que ver con los conflictos internacionales. Durante el 2011, tan sólo para ofrecer algunos ejemplos, los BRIC han tomado partido sobre los casos de agresión a Libia y sobre el aislamiento de Siria,  principalmente efectuado por los euroatlánticos, han expresado su voto a favor del reconocimiento de Palestina en el ámbito de la UNESCO y han solicitado la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU.

La coordinación entre los países del club BRIC, fortalecida en 2010 con la inclusión de Suráfrica[1], ha asumido por consiguiente un carácter cada vez más “político”, al punto de incidir profundamente sobre los actuales equilibrios mundiales. Desde una perspectiva general podemos observar que la sola constitución del nuevo club de hecho ha acelerado la transición hacia el sistema multipolar e introducido las premisas para su consolidación a nivel continental. La agrupación BRICS parece confirmar, además, la hipótesis geopolítica, adelantada en estas mismas páginas[2], según la cual los pilares del nuevo ordenamiento in fieri estarían constituidos por América indiolatina y por Eurasia.

De hecho, los BRICS no sólo influencian, como ya se sabe, a los sectores económicos, financieros e industriales[3], sino  también a aquellos geoestratégicos y, por último, a los que conciernen al orden jurídico internacional.

El club BRICS y el ámbito geoestratégico

Por lo que se refiere el ámbito geoestratégico, vale la pena considerar que la coordinación entre los países BRICS representa (y predilige) de hecho un eje casi diagonal – proveniente del lado oriental del hemisferio septentrional (Eurasia) al occidental del hemisferio meridional (América indiolatina) – que podríamos definir “asimétrico”, respecto a aquellos definidos respectivamente por las trayectorias horizontal (Este – Oeste) y vertical (Norte – Sur), a las que nos había acostumbrado la propaganda de la prensa de los períodos bipolar y unipolar. Este eje asimétrico NE – SO, articulado en tres núcleos constituidos respectivamente por el polo eurasiático, por el vértice surafricano y por el polo brasileño, previsiblemente desmembrará, en el medio y largo plazo, las líneas de intervención del sistema occidental bajo conducción americana, aún hegemónica desde un punto de vista militar.

El orden BRICS, por ahora solamente diplomático y económico, sin embargo, debido a su potencial militar[4] y por su posición geoestratégica, podría constituir una primera respuesta organizada hacia la “marcha” de los EE.UU que, avanzando a lo largo de la directriz “horizontal” atlántico mediterránea, intenta dirigirse hacia los países de Asia Central. La presión estadounidense hacia la masa euroafroasiática, vale la pena recordarlo, ha adquirido en los últimos doce años un carácter marcadamente militar. La militarización de la política exterior del sistema Usacéntrico, llevada a cabo por la varias administraciones de allende el océano, desde Bush padre a Obama, constituye el principal elemento de la práxis geopolítica de todo el sistema occidental, tendente a la fragmentación de particulares áreas estratégicas como las del Cercano Oriente y el Norte de África[5].

Desde el punto de vista diplomático, económico y militar el club BRICS se presenta evidentemente desequilibrado a favor de su componente eurasiática. Esta situación por lo menos abre dos posibles escenarios. Por un lado el desajuste podría representar, ya desde el medio plazo, un factor de tensión en el interior de la coordinación política de la nueva agregación, con una vuelta hacia el amparo estadunidense por parte de Brasil y tal vez de Suráfrica. Una segunda perspectiva, tal vez la más realista, evalúa el actual desequilibrio como motivo de aceleración de la integración pro continental de América meridional, fundada en el polo Brasil-Argentina-Venezuela. En este último caso, por otra parte deseable, puesto que reforzaría el escenario multipolar en fase de consolidación, el elemento más débil de la actual composición del conjunto BRICS, es decir, la República Surafricana, asumiría, en virtud de su particular posición geográfica, una evidente función de equilibrio geoestratégico en el interior del nuevo sistema mundial.

Un nuevo modelo de cooperación multipolar

Por lo que concierne a la incidencia en el orden jurídico internacional de parte de los países del BRIC, concordamos con lo que asegura Paulo Borba Casella, profesor de derecho internacional en la Universidad de São Pulo (Brasil), según el cual nos hallamos ante un modelo de cooperación innovador, independiente y original.

Para el docente brasileño, “el carácter innovador de la perspectiva BRIC reside precisamente en el hecho de que estos países se pueden ocupar de sí mismos y al mismo tiempo formular un nuevo modelo de inserción internacional y de cooperación. La perspectiva es ésta. Lo que se precisa es ponerla en práctica[6]. El club de los países BRICS de hecho introduce una práxis de cooperación que, respetando las identidades culturales de sus propios miembros, no se conjuga a la perfección con los planteamientos universalistas de las estructuras internacionales como, por citar algunas de ellas, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Banco Mundial (BM) y el fondo Monetario Internacional (FMI), basados, como es sabido, en criterios individualistas y mercantiles propios de las concepciones de carácter occidental.

El nuevo club, aun cuando haya surgido por evidentes razones económicas, sin embargo parece evolucionar hacia una concepción más concreta de las relaciones entre los Estados, fundada en un sustrato cultural afín que podríamos definir de tipo solidario[7], atento hacia la “cosa pública” y a los intereses concretos de las variadas comunidades etnoculturales que pueblan las respectivas naciones.

 La nueva perspectiva que el modelo BRICS introduce, forzosamente chocará con la otra “reglamentación mundial” (la global governance de la escuela angloamericana) la cual se “radica en la concepción individualista de la sociedad y en el pensamiento único “democrático”, rehúsa las diversidades culturales de las distintas poblaciones (aunque no en términos instrumentales como el de la doctrina del “choque de civilizaciones”)[8]. De hecho, el nuevo modelo de cooperación promovido por los países BRICS atestigua el fin o la reorientación de la ONU y la decadencia o la reestructuración de las organizaciones mundiales como el FMI, el BM y la Organización Mundial de Comercio.

*Tiberio Graziani es director de “Eurasia” y presidente del IsAG – Instituto de Altos Estudios Geopolíticos y de Ciencias Auxiliarias.

(Traducción de V. Paglione)

[1] La inclusion de Suráfrica en el Nuevo club multipolar, preanuncia la posibilidad de agregación de otras naciones, entre ellas, Turquía; véase al respecto: Aldo Braccio, E se il BRICS diventasse BRICST? Dati e prospettive dei cinque emergenti più la Turchia, Eurasia. Rivista di Studi Geopolitici, a. VIII, vol. XXIV, n. 3/2011.

[2] Tiberio Graziani, America indiolatina ed Eurasia: i pilastri del nuovo sistema multipolare, Eurasia. Rivista di Studi Geopolitici, a. V, n. 3/2008.

[3] Los países BRICS en su conjunto constituyen alrededor del 27% del territorio, el 43% de la población y el 15% del PIB mundial.

[4] Alessandro Lattanzio, Le forze strategiche del BRICS, Eurasia. Rivista di Studi Geopolitici, a. VIII, n XXIV, n. 3/2011.

[5] Pietro Longo, Daniele Scalea, Capire le rivolte arabe, Avatar – IsAG, Dublino 2011.

[6] Paulo Borba Casella, BRIC: a l’heure d’un nouvel ordre juridique, Edition A. Pedone, Paris 2011.

[7] Ignazio Castellucci, Il diritto nel mondo dei molti “imperi”, Eurasia. Rivista di Studi Geopolitici, a. VIII, n XXIV, n. 3/2011.

[8] Tiberio Graziani, Prefazione a Claudio Mutti, Esploratori del Continente. L’unità eurasiatica nello specchio della filosofia e dell’orientalistica, Edizioni Effepi, Genova 2011.

06/08/2011

Los constructores de “cartas otorgadas”

por Tiberio Graziani*

El estudio de las relaciones entre la ley fundamental de un Estado y la geopolítica volvió a cobrar vigencia hacia finales de los años Ochenta e inicios de los Noventa. Aquel período (1989 – 1991), coincidió con el colapso del sistema bipolar, los EE.UU. intensificaron su rol de “constructores de naciones libres”. Proclamándose Nation and State Builders, los Estados Unidos interfirieron en la elaboración de las actas fundamentales de los nuevos Estados nacionales, que surgieron gracias a la deflagración del ex bloque soviético. Este tipo de intromisión no se presentó como si fuera una novedad en la historia política exterior norteamericcana, sino que una constante suya. Una lectura “geopolítica” de las ordenanzas constitucionales nos demuestra que las actas fundamentales de los Estados no hegemónicos son fundamentalmente asimilables a las cartas otorgadas. En el proceso de transición desde la fase unipolar hacia la fase multipolar se hace necesaria la formulación de nuevos paradigmas constitucionales articulados continentalmente.


Constitucciones y escenarios geopolíticos en la era de la occidentalización del mundo

Durante el último siglo, han sido tres los principales momentos históricos en los que las leyes fundamentales y fundacionales de los Estados nacionales han sido dirigidas en nombre de los actores hegemónicos con el fin de articular sus relativas esferas de influencia.

Una primera etapa se puede localizar entre fines del primer conflicto mundial e inicios de los años Veinte. En aquel período, la ideología “constitucionalista” y la de los Estados-Nación representó un eje maestro de lo que podríamos definir, usando un término de nuestros tiempos, el soft power de Gran Bretaña, de Francia y de los Estados Unidos. Los Estados nacionales de Europa moldeados por el Tratado de Trianon y de Versailles se habían dotado de constituciones que, siguiendo las disposiciones de las mayores potencias de la época[1], de hecho subordinaron la propia soberanía a las alianzas hegemónicas de la época.

Un segundo período es aquel que se puede circunscribir entre fines del segundo conflicto mundial y los años Sesenta. Los EE.UU., luego de la invasión militar de Europa occidental y el sometimiento de Japón, dispusieron un complejo proceso de democratización para la consolidación de su esfera de influencia, el proceso preveía el alineamiento militar, económico, financiero y normativo hacia los cánones norteamericanos. Por lo que se refiere el alineamiento normativo, los EE.UU. intervinieron profundamente en la elaboración de las Actas fundamentales de los países vencidos.

Las constituciones de Italia, de Alemania y de Japón, de hecho, contienen elementos fundamentales que sufren las limitaciones impuestas por los Liberators norteamericanos. Por lo que concierne a la Constitución republicana de la Italia postfascista, por ejemplo, los artículos 11 y 35, relativos a la soberanía y a la reglamentación del trabajo, son, como afirma Aldo Braccio, “evidentemente …normas constitucionales destinadas a favorecer el inminente (hacia fines de los años Cuarenta) proceso de internacionalización liderado por los norteamericanos y a regular, es decir, a limitar, los derechos del trabajo”[2]. Aun más significativo es el caso de Alemania, cuya ley fundamental no sin razón se ha definido como una “forma organizadora de una modalidad del dominio extranjero[3]”. Por lo que atañe a Japón, además de los límites a las funciones que caracterizan la soberanía de un Estado, como la constitución de sus fuerzas armadas, la nueva Acta fundamental, impuesta por Washington, también se inmiscuye en lo relativo a la identidad espiritual de la nación nipona: al Estado – que no es ya más sintoísta- se le impide ejercer la más mínima influencia religiosa en el sistema educativo y formativo de su población[4]. El proceso de democratización (neocolonización) norteamericana, actuado por medio de las reformas constitucionales de las nuevas naciones englobadas en el sistema occidental, afectó también algunos países del sureste asiático, como Corea y Vietnam del Sur.

También la URSS influenció en el proceso de elaboración de las leyes fundamentales de las recién nacidas democracias populares, las cuales constituirán el llamado bloque soviético hasta su disolución. Sin embargo, desde el punto de vista geopolítico, esta “ingerencia” asumió un significado muy diverso al de la neocolonización puesto en práctica por la potencia talasocrática ultra atlántica. De hecho, en aquellos años Moscú intentaba, conforme a la continuidad territorial, constituir un espacio geopolítico unitario[5] del que habría asumido la función de Estado pivot.

El tercer momento es al que se le denomina instante unipolar. El papel de los EE.UU como Nation Builder[6] en este período se hace más incisivo y determinado.

Conforme a las experiencias maduradas durante la Guerra Fría, Washington concibe y moldea las constituciones (con frecuencia definidas con el sintagma “neutro” de “governance framework”) de varios países, desde aquellos del ex espacio soviético europeo y centro asiático, a la Bosnia-Herzegovina, Afganistán, Irak, Kosovo, vehiculándoles, en particular, su “propia experiencia nacional”[7].

Sucesivamente, cuando empieza a trazarse la actual fase de transición uni-multipolar, el apoyo a los procesos de elaboración de las nuevas constituciones en los países “frágiles” se llevará adelante con la ayuda de algunas de las más importantes instituciones mundiales, entre ellas, por ejemplo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCSE)[8].

La “constitucionalización” de los países incluidos en la esfera de influencia yankee legitima, por decirlo así, la fragmentación de los espacios geopolíticos unitarios en Estados con cero soberanía.

Las ordenanzas constitucionales en la época multipolar

En el marco de las relaciones geopolíticas mundiales, las constituciones nacionales de los Estados no hegemónicos (como se ha considerado y demostrado más arriba en el caso particular de sus relaciones con los EE.UU.) de hecho son ordenanzas jurídicas parecidas a las cartas ortogadas del Ochocientos, es decir, simples concesiones.

Todo ello pone en evidencia, una vez más, que la dimensión del Estado nacional es insuficiente para asegurar la independencia y aun la identidad cultural de la población de la que es expresión política.

Puesto que en la actualidad la dimensión geopolítica posee la capacidad suficiente de satisfacer las exigencias de los pueblos desde una perspectiva continental (o gran regional), resulta importante proponer modelos constitucionales que tengan en consideración este hecho extraordinario. Y ello no sólo por razones heurísticas. De hecho, estos nuevos paradigmas –ya que están basados en la dimensión continental del Estado-, constituirían las guías para hacer más incisivas y coherentes las alianzas (geoestratégicas y geoeconómicas) hasta ahora desempeñadas por los mayores países de Eurasia y de América indiolatina con el objetivo de la integración de los respectivos espacios continentales.

* Tiberio Graziani es director de Eurasia – Rivista di studi geopolitici (www.eurasia-rivista.org) y presidente del IsAG

 (trad. di V. Paglione)


[1] En la mayor parte inspirados por los 14 puntos del presidente norteamericano Wilson.

[2] Aldo Braccio, Carte costituzionali nel mondo: qualche caso di “sovranità limitata” Eurasia, 2/2011, véase también Alberto B. Mariantoni,Chi ci libererà dai “Liberatori” Eurasia, 2/2011. Además de los dos artículos mencionados, vale la pena recordar también la XII disposición transitoria y final, en donde se prohibe la “reorganización bajo cualquier forma, del disolvido partido fascista”, una disposición retomada, casi textualmente, en la nueva Acta del Estado iraquí, en donde se declara ilegal la reconstitución del Partido del Renacimiento Árabe Socialista (Baa’th).

[3] Carlo Schmid, Che cosa propriamente significa legge fondamentale?, Eurasia, 2/2011.

[4] James Dobbins et al., America’s Role In Nation-Building. From Germany to Iraq, Rand Corporation, Santa Monica, CA 2003, p.44; Aldo Braccio, cit..

[5] Claudio Mutti, L’unità dell’Eurasia, Effepi, Genova 2008, pp. 58-61.

[6] Nathan Hodge, Armed Humanitarians: The rise on the Nation Builders, Bloomsbury USA 2011; James Dobbins et al, The Beginner’s Guide to Nation-Building, Rand Corporation, Santa Monica, CA 2007; Mahdi Darius Nazemroaya, Costituzioni del dopoguerra: Privatizzazione e costruzione dell’impero, Eurasia, 2/2011.

[7]In his influential work on state-building, for example, Francis Fukuyama points out that nation-building in the American understanding reflects their own “national experience” in which the United States’ constitution is seen as the starting point and frame of reference of a national history and common identity”, A. von Bogdandy and R. Wolfrum, (eds.), State-Building, Nation-Building, and Constitutional Politics in Post-Conflict Situations: Conceptual Clarifications and an Appraisal of Different Approaches, Max Planck Yearbook of United Nations Law, Volume 9, 2005, p. 593.

[8]The mechanisms through which international intervention supports political processes appear to focus around four key areas: i) support to élite pacts; ii) support to constitution-making processes; iii) support to building conflict-resolution skills and processes at the local levels; and iv) direct mediation in times of mounting crisis or transition.” OECD-DAC Discussion Paper, Concepts and Dilemmas of State Building in Fragile Situations, p.34, Parigi 2008; OECD-DAC Guidelines and Reference Series, Supporting Statebuilding in Situations of Conflict and Fragility. Policy Guidance, Parigi 2011.

27/05/2011

Europa: Un vacío geopolítico

Disenso. Revista hispanoamericana de metapolítica, filososfía, geopolítica e ideas disidentes:
“Siguiendo con el ciclo de entrevistas ya inaugurado, en esta ocasión contamos con Tiberio Graziani, director de “Eurasia – Revista di studi geopolitici” – www.eurasia-rivista.org – y presidente del Instituto de Estudios Avanzados de Geopolítica y Ciencias Auxiliares (ISAG). También fue cofundador del Instituto de Estudios Avanzados para el Cercano y Medio Oriente (IEMASVO), del que fue vicepresidente para los años 2007-2008. Enseñó durante años en las universidades de Perugia y l’Aquila. Ha sido profesor de cursos para el ICE (Instituto para el Comercio Exterior) en varios países, entre ellos Uzbekistán, China, India, Libia y Argentina. Desde ya agradecemos al Prof. Graziani su amabilidad y atención.

ENTREVISTA

DISENSO: Por momentos parece que la Unión Europea vive inmersa en una fractura política, como si no se hubiese concretado en términos geopolíticos, un rol alternativo de “poder europeo” en la arena política internacional; nos interesa saber si Ud. comparte nuestra impresión, y de ser así ¿A qué factores Ud. atribuye esa incapacidad?

TIBERIO GRAZIANI: Sin temor a equivocarnos, podemos decir que una política exterior de la Unión Europea en la práctica no existe. Ni siquiera hay una clara visión geopolítica de la Unión. Intereses nacionales de carácter particularista y la diversidad política, económica y cultural tiene prioridad sobre la Unión Europea. Es típico el caso de la energía y el ejército europeo. Cada país miembro sigue su propio camino. Sólo se puede hablar de potencia europea en términos estadísticos y económicos. En términos financieros las últimas decisiones han aumentado la brecha entre los países miembros “más fuerte” y los más “débiles”. La Unión es, en términos políticos, un cuerpo fragmentado e incoherente. Los factores del fracaso se deben principalmente a la dependencia de las naciones europeas a los intereses estadounidenses. La inclusión de la mayoría de los países europeos en la OTAN, que es una alianza de carácter hegemónico, es decir, un dispositivo geopolítico funcional a las directivas militares de la Casa Blanca y el Pentágono, no permite la construcción de una verdadera unidad geopolítica europea. La historia de la unidad europea, desde su concreción como comunidad económica, está marcada fuertemente por la subordinación política y militar a los EE.UU. Por otra parte, el fracaso se debe también a la baja sensibilidad geopolítica en los países miembros de las clases dirigentes, todos enfocados en mezquinos intereses nacionales y renuentes a llevar a cabo la unidad de Europa.

DISENSO: ¿Es la Europa Mediterránea un contrapeso para una política exterior auténticamente europea?

TIBERIO GRAZIANI: Una verdadera política exterior de la U.E. no puede separarse del sur de Europa. Hay una relación complementaria entre el norte y centro de Europa y el Mediterráneo, que también debe incluir a Turquía, la cuarta península mediterránea. Separar la Unión Europea en dos o tres partes sería fatal para las naciones europeas, en un momento en que los principales actores mundiales tienen una dimensión geopolítica continental.

DISENSO: Existe un informe elaborado por Hans M. Kristensen – director del “Proyecto de Información Nuclear” de la Federación de Científicos Americanos (FAS) – que alerta sobre la existencia de 200 bombas nucleares estadounidenses en Europa. ¿Qué puede decirnos al respecto y que rol cumple la U.E. en esta “política nuclear” estadounidense?

TIBERIO GRAZIANI: La presencia militar de EE.UU. en suelo europeo (en Italia hay más de un centenar de bases militares) deja claro en términos inequívocos la relación entre el poder estadounidense y los países europeos. Para Washington el espacio europeo es la cabeza de puente sobre la masa continental euroasiática y africana. Los países europeos y la U.E. constituyen una parte de la esfera de influencia de EE.UU. Bruselas y las cancillerías de cada uno de los países europeos no tienen la fuerza y, sobre todo, la voluntad de luchar contra la política globalista de Washington y Londres. La “nuclearización” de Europa es parte del proceso de militarización de las relaciones internacionales que los EE.UU. se ven obligados a concretar en esta etapa de transición del sistema unipolar al multipolar.

DISENSO: ¿Cuál cree Ud. que debe ser la relación bilateral entre el bloque europeo (Europa Continental) y el bloque euroasiático?

TIBERIO GRAZIANI: Actualmente hay un bloque europeo, pero sólo como agregado económico y social inestable, incapaz de salvaguardar los intereses generales, tanto como los específicos de Europa (véase el caso de Grecia y Portugal entre otros). El desarrollo y la consolidación de las relaciones políticas, culturales y económicas entre este “agregado” (y/o los componentes de este agregado europeo) y las principales naciones euroasiáticas (Rusia, China e India) podría desencadenar un proceso que favorezca la integración de Eurasia con Europa, como península occidental de la masa de euroasiática, asumiendo una función geopolítica esencial para la articulación de un nuevo sistema multipolar.

DISENSO: ¿Qué opina sobre la política exterior iraní, la relación entre Irán y Europa y el impacto que las “revueltas” en el mundo arábigo pueden ocasionarle a Irán?

TIBERIO GRAZIANI: La política exterior de Irán es la de una nación que defiende su propia autonomía en el ámbito internacional. Bajo esta estrategia el contraste de Teherán en el plano regional es Israel. Principal aliado de EE.UU. en el Medio Oriente, Israel también teje una red de relaciones internacionales con todos los países que, aunque incluidos en la esfera de influencia de EE.UU., aspiran a desmarcarse de los EE.UU., como es el caso de América del Sur.

Teherán prestó especial atención a las relaciones con Moscú, Pekín y Nueva Delhi, con la mirada puesta en la creación de un nuevo orden mundial multipolar, en el que se propone adoptar una función regional. Las relaciones políticas entre Irán y los países europeos son en gran medida influenciadas por las relaciones transatlánticas entre las oligarquías que rigen actualmente los destinos de los pueblos de Europa y el gobierno de Estados Unidos. Las llamadas revueltas árabes se sitúan en el contexto de la desestabilización del norte de África para fortalecer la presencia “occidental” en toda la zona. Su “impacto”, si se quiere, será funcional a los objetivos del Pentágono, que durante mucho tiempo, al menos desde la primera Guerra del Golfo, tiene como objetivo desarticular militarmente a Irán y a Siria.

DISENSO: Para finalizar nuestra entrevista ¿Existe una camino europeo de integración que trascienda lo económico y llegue a lo geopolítico? De existir ¿se desarrolla dentro de los límites que demarca la institucionalidad de la U.E. o son caminos alternativos y auxiliares? Y por último ¿qué es lo más sensato o realista para Europa Hoy?

TIBERIO GRAZIANI: Si Europa quiere ser un actor global con capacidad de expresar el beneficio cultural, político y económico de sus pueblos al resto de la humanidad, tendrá que tomar las responsabilidades geopolíticas necesarias para la construcción de un nuevo sistema multipolar. En este caso, debe comenzar a repensarse a si misma, luego de la separación que sufrió a lo largo del siglo pasado, como parte integrante de la masa continental euroafroasiatica (Viejo Mundo), y trabajar en su interior para encontrar el equilibrio y la bisagra entre los dos continentes. Y esto no sólo por razones utilitarias, dada su dependencia de los países de Asia casi en lo que respecta a las materias primas y recursos energéticos, sino también para compartir una “espiritualidad euroasiática”, fuente de la diversidad cultural de los pueblos del Viejo Mundo, que la deriva “occidentalista” tiende a subvertir y aplanar dramáticamente. Para expresar su soberanía y su papel geopolítico Europa debe recuperar plenamente su espacio, presidiéndolo por fuera de la alianza atlántica (OTAN) y reconsiderando sus relaciones con Rusia y el resto de Asia en pie de igualdad, pero funcionalmente a la integración geopolítica, económica y militar de la masa continental mediante la construcción de un “diálogo de euroasiático”. Además debe poner en marcha iniciativas para la creación de una Pax Mediterránea por fuera de la intrusión y acción perturbadora estadounidense. Por otra parte, en consulta con los países interesados, tendrán que participar en la creación de una alternativa realista y viable a los designios hegemónicos estadounidenses en el espacio del Medio Oriente.

Un nuevo sistema multipolar será posible sólo si el poder actualmente hegemónico, debido a sus características bioceánicas y a la naturaleza expansionista de su sistema socio-económico, entra en oposición con uno o más espacios geopolíticamente articulados de la misma importancia que puedan gobernar sobre sus propias costas, tales como pueden ser el espacio euroafroasiático y América del Sur.

Europa, recuperando su soberanía y volviéndola funcional en el espacio euroasiático, puedan participar plenamente en la construcción de un sistema internacional más equilibrado.

Subordinación geoestratégica a la influencia estadounidense o nueva función soberana en un mundo multipolar: esa es la cuestión que los europeos tendrán que resolver. Diálogo euroasiático y Pax Mediterránea son los dos vectores que definen el escenario geopolítico de Europa en el siglo XXI.”

Extraído de: Disenso. Revista hispanoamericana de metapolítica, filososfía, geopolítica e ideas disidentes

20/04/2011

Mediterráneo y Asia Central: las bisagras de Eurasia

por Tiberio Graziani *

La transición desde el sistema unipolar al multipolar es causa de tensiones en dos áreas particulares de la masa eurasiática: el Mediterráneo y Asia Central. El proceso de consolidación del policentrismo parece estar sufriendo una impasse determinado por la conducta “regionalista” adoptada por las potencias eurasiáticas. La localización de un único inmenso espacio mediterráneo-centroasiático como bisagra funcional de la masa euroafroasiática, aportaría elementos operativos para la integración eurasiática.

En el proceso de transición existente entre el momento unipolar y el nuevo sistema policéntrico se observa que las tensiones geopolíticas se descargan principalmente sobre las áreas de fuerte valencia estratégica. Entre éstas, la cuenca del Mediterráneo y Asia Central, verdaderas bisagras de la articulación euroafroasiática, las caules han adquirido desde el uno de marzo de 2003 un particular interés en el ámbito del análisis geopolítico referente a las relaciones con los EE.UU., las mayores naciones eurasiáticas y los países del Norte de África. Ese día, como se puede recordar, el parlamento de Turquía, es decir, el parlamento de la nación-puente por excelencia entre las repúblicas centroasiáticas y el Mediterráneo, decidió negar el apoyo solicitado por los EE.UU. por la guerra en Irak (1). Este econtecimiento, lejos de constituir sólo un elemento de negociación entre Washington y Ankara, como podía parecer en un primer momento (y seguro que lo fue también a causa de dos elementos contrastantes: la fidelidad turca hacia el aliado norteamericano y la preocupación de Ankara por las consecuencias que la hipotética creación de un Kurdistán, en el ámbito del entonces probable proyecto de tripartición de Irak, habría tenido en la no resuelta “cuestión curda”), estableció, sin embargo, el inicio de una inversión de tendencia de la vieja política exterior turca (2). Desde ese momento, con un continuo crescendo hasta nuestros días, Turquía, sobre todo mediante la aproximación hacia Rusia (facilitada por la escasa propensión de la Unión Europea en querer incluir Ankara en su propio ámbito) y su nueva política de buena vecindad, ha intentado practicar una especie de desmarque con relación a la tutela estadunidense, haciéndose, de hecho, escasamente fiable como pieza fundamental para la penetración norteamericana en la masa eurasiática. Además de los obstáculos representados por Irán y Siria, los estrategas de Washington y del Pentágono, actualmente también tienen que tomar en consideración la nueva y poco maleable Turquía.

El cambio de conducta de Turquía ha ocurrido en el contexto de una más general y compleja transformación del escenario eurasiático, en la que caben señalarse como elementos distintivos la reafirmación de Rusia a escala continental y global, el potente auge de China y de India en el ámbito geoeconómico y financiero y, por lo que se refiere a la potencia estadounidense, su desgaste militar en Afganistán y en Irak.

Lo que, a partir de la caída del muro de Berlín y el colapso soviético, parecía manifestarse como el progreso imparable de la “Nación indispensable” hacia el centro de la masa continental eurasiática, siguiendo las dos siguientes predeterminadas directrices de marcha:

–         una, procedente de Europa continental, y cuyo propósito es, a golpe de “revoluciones coloradas”, la inclusión en la propia esfera de influencia del ex “vecino exterior” soviético, rápidamente rebautizado como “La Nueva Europa”, según la definición de Rumsfeld, y estratégicamente destinada, en el tiempo, a “presionar” Rusia ya en el límite;

–         La otra, constituida por el largo corredor que desde el Mediterráneo se prolonga hacia las nuevas repúblicas centroasiáticas, y cuyo propósito es el de cortar en dos la masa euroafroasiática y crear un vulnus geopolítico permanente en el seno de Eurasia, fue detenida en el lapso de pocos años en la ciénaga afgana.

Fallidos los últimos intentos de revoluciones coloradas y de agitaciones teledirigidas desde Washington en el Cáucaso y en las Repúblicas centroasiáticas, respectivamente a causa de la firmeza de Moscú y de la conjunción política eurasiática de China y Rusia, puesta en marcha, entre otras cosas, a través de la organización de la Conferencia de Shangai (OCS), la Comunidad económica eurasiática y la consolidación de las relaciones de amistad y cooperación militar, los EE.UU., finalizada la primera década del nuevo siglo, han tenido que reformular sus propias estrategias eurasiáticas.

La práxis hegemónica atlántica

La asunción del paradigma geopolítico propio del sistema occidental bajo el mando americano, articulado en la dicotomía Estados Unidos versus Eurasia y en el concepto de “peligro estratégico”(3), induce a los analistas que lo practican a privilegiar los aspectos críticos de las distintas áreas objetivo de los intereses atlánticos. Tales aspectos están constituidos comúnmente por las tensiones endógenas debidas en particular a problemáticas interétnicas, desequilibrios sociales, falta de homogeneidad religiosa y cultural (4), roces geopolíticos. Las soluciones preparadas abarcan un abanico de intervenciones que van desde el papel de los EE.UU. y de sus aliados en la “reconstrucción” de los “estados fallidos” (Failed States) según modalidades diversas (todas en cualquier caso destinadas a difundir los “valores occidentales” de la democracia y de la libre iniciativa, sin tener en cuenta la peculiaridad y las tradiciones culturales locales), hasta la intervención militar directa. Ésta última se justifica, según la coyuntura, como una respuesta necesaria para la defensa de los intereses americanos y del así llamado orden internacional o bien, en el caso específico de los estados o gobiernos que Occidente ha evaluado, previa y significativamente, de acuerdo con las reglas del soft power, “rebelde”, como remedio extremo para la defensa de las poblaciones y la salvaguardia de los derechos humanos (5).

Considerando que la perspectiva geopolítica norteamericana es típicamente la de una potencia talásica que interpreta las relaciones con las otras nacionaes o entidades geopolíticas a partir de su propia condición de “isla” (6), ésta identifica la cuenca mediterránea y el área centroasiática como dos zonas caracterizadas por una marcada inestabilidad. Las dos áreas formarían parte del ámbito de los así llamados arcos de inestabilidad, definidos por Zbigniew Brzezinski. El arco de inestabilidad o de crisis constituye, como ya se sabe, una evolución y una ampliación del concepto geoestratégico del rimland (margen marítimo y costeño) modelado por Nicholas J. Spykman(7). El control del rimland habría permitido, en el contexto del sistema bipolar, el control de la masa eurasiática y, por consiguiente, la contención de su nación más grande, la Unión Soviética, en beneficio excluido de la “isla americana”.

En el nuevo contexto unipolar, la geopolítica norteamericana ha definido como Gran Medio Oriente la extensa y ancha faja que desde Marruecos llega hasta Asia Central, una extensión que, según Washington, había que “pacificar” puesto que constituía un amplio arco de crisis, debido a la conflictividad generada por la falta de homogeneidad más arriba descrita. Este planteamiento, vehiculado por los estudios de Samuel Huntington y por los análisis de Zigbniew Brzezinski, explica con creces la práxis seguida por los EE.UU. con el propósito de abrirse una brecha en la masa continental eurasiática y desde allí presionar el espacio ruso para asumir la hegemonía mundial. Sin embargo, algunos factores “imprevistos”, como por ejemplo la “reactivación” de Rusia, la política eurasiática seguida por Putín en Asia Central, los nuevos acuerdos entre Moscú y Pequín, además del auge de la nueva Turquía (factores éstos que, si se relacionan con las relativas y contemporáneas “emancipaciones” de algunos países de Suramérica, trazan un escenario multipolar o policéntrico) han influido sobre la redefinición del área como un Nuevo Medio Oriente. Ésta evolución, simbólicamente, se hizo oficial durante la guerra israelí-libanesa del 2006. En aquella oportunidad, la entonces secretario de Estado, Condoleeza Rice, afirmó: “No veo el interés de la diplomacia si es para volver a la situación anterior entre Israel y Libano. Creo que sería un error. Lo que aquí vemos, en cierto sentido, es el inicio, son los dolores de parto de un nuevo Medio Oriente y cualquier cosa que nosotros hagamos, tenemos que estar seguros que va en dirección hacia el nuevo Medio Oriente para no regresar al viejo”(8). La nueva definición era, como es obvio, programática; de hecho, apuntaba hacia la reafirmación del partenaire estratégico con Tel Aviv y a la destrucción – debilitación del área cercano y medio oriental en el marco de lo que algunos días después de la declaración de Condorleeza Rice, el primer ministro israelí, Olmert, fue precisado como el “New Order” en “Medio Oriente”. Igualmente programático era el término “Balcanes eurasiáticos” acuñado por Brzezinski con relación al área centroasiática, útil a la formulación de una práxis geoestratégica que, a través de la desestabilización de Asia Central sobre la base de las tensiones endógenas, tenía (y tiene) el objetivo de hacer problemática la potencial soldadura geopolítica entre China y Rusia.

En los años que van desde el 2006 hasta la operación “Odyssey Dawn” contra Libia (2011), los EE.UU., a pesar la retórica inaugurada desde el 2009 por el nuevo inquilino de la Casa Blanca, han seguido de hecho una estrategia que apuntaba hacia la militarización de toda esa franja comprendida entre el Mediterráneo y el Asia Central. En particular, los EE.UU. han puesto sobre el terreno, en 2008, el dispositivo militar para África, el Africom, actualmente (marzo 2011) comprometido en la “crisis” libia, destinado al arraigo de la presencia americana en África en términos de control e intervención inmediata en el continente africano, pero también apuntando en la dirección del “nuevo” Medio Oriente y Asia Central. En síntesis, la estrategia americana consiste en la militarización de la faja mediterránea-centroasiática. Las principales metas son:

a)      La creación de una cuña entre Europa meridional y África septentrional;

b)     Asegurarle a Washington el control militar de África septentrional y del Cercano Oriente (utilizando para ello también la base de Camp Bondsteel ubicada en Kosovo y Metohija), con particular atención al área constituída por Turquía, Siria e Irán;

c)      “cortar” en dos la masa eurasiática;

d)     Ampliar el así llamado arco de la crisis en Asia Central.

En el ámbito del primer y del segundo objetivo, el interés de Washington se ha dirigido principalmente hacia Italia y Turquía. Los dos países mediterráneos, por motivos diversos (principalmente por razones de política industrial y energética por lo que concierne Italia, específicamente por razones de carácter geopolítico para Ankara, deseosa de desempeñar un papel regional de primer plano, por otra parte en directa competencia con Israel) en los últimos años han tejido relaciones internacionales que, en perspectiva, ya que las relaciones con Moscú se mantienen estables, podían (y pueden) ofrecer útiles estímulos para una potencial exit strategy turco-italiana de la esfera de influencia norteamericana. El intento objetivo de aumentar el propio grado de libertad en la arena internacional por parte de Roma y Ankara, chocaba no sólo con los intereses generales de carácter geopolítico de Washington y Londres, sino también con aquellos más “provinciales” de la Union méditerranéenne de Sarkozy.

El multipolarismo entre una perspectica regionalista y una eurasiática

La práxis ejercida por el sistema occidental guiado por los EEUU., ya descrito anteriormente, para ampliar la crisis en Eurasia y en el Mediterráneo con el fin, no de alcanzar su estabilización, sino de mantener la propia hegemonía mediante la militarización de las relaciones internacionales e implicando a actores locales, además de localizar a otros futuros y probables blancos (Irán, Siria, Turquía) útiles para el arraigo norteamericano en Eurasia, plantea algunas reflexiones por lo que respecta el estado de salud de los EE.UU. y la estructuración del sistema multipolar.

A través de un análisis menos superficial, la agresión de los EE.UU, el Reino Unido y Francia contra Libia, no constituye un simple caso esporádico, sino un síntoma de la dificultad que tiene Washington para obrar de forma diplomática y con sentido de responsabilidad que es lo que se espera que posea un actor global. Esto evidencia el carácter de rapacidad característico de las potencias en declive. El politólogo y economista estadunidense David P. Calleo, crítico de la “locura unipolar” y analista del declino de los EE.UU, observaba en el lejano 1987 que “… las potencias en vías de declive,, en lugar de regularse y adaptarse, buscan afianzar su propio tambaleante predominio transformándolo en hegemonía rapaz” (10). Luca Lauriola en su libro Jaque mate a América y a Israel. Fin del último Imperio (11), afirma, y con razón, que las potencias eurasiáticas, Rusia, China e India se relacionan con la potencia que se halla al otro lado del atlántico, ahora “extraviada y enloquecida”, de un modo que no pueda suscitar reacciones que podrían dar origen a catástrofes planetarias.

Por lo que concierne a la estructuración del sistema multipolar, cabe señalar que avanza lentamente, no por causa de las recientes acciones americanas en África Septentrional, sino más bien por la actitud “regionalista” asumida por los actores eurasiáticos (Turquía, Rusia y China), quienes considerando el Mediterráneo y Asia Central sólo en función de sus propios intereses nacionales, no alcanzan a comprender el significado geoestratégico que éstas áreas ejercen en el más amplio escenario conflictual entre intereses geopolíticos extracontinentales (estadunidenses) y eurasiáticos. El redescubrimiento de un único gran espacio mediterráneo-centroasiático, evidenciando el papel de “bisagra” que éste asume en la articulación euroafroasiática, aportaría elementos operativos para superar el impasse “regionalista” que sufre el proceso de transición unipolar-multipolar.

Notas:

(1)    Elena Mazzeo, “La Turchia tra Europa e Asia”, Eurasia. Rivista di Studi Geopolitici, a. VIII, n.1 2011.

(2)    Turquía adhiere al Pacto Otan el 18 de febrero de 1952.

(3)    “Geopolíticamente, Norteamérica es una isla de la costa  del inmenso continente eurasiático. El predominio por parte de una sola potencia en una de las dos principales esferas de Eurasia –constituye una buena definición del peligro estratégico para los Estados Unidos, una guerra fría o menos. Ese peligro debería ser impedido, aún cuando esa potencia no mostrara intenciones agresivas, ya que, si éstas se tuviesen que manifestar acto seguido, Norteamérica se hallaría con una capacidad de resistencia eficaz muy disminuida y una creciente incapacidad de condicionar los acontecimientos”.

Henry Kissinger, L’arte della diplomazia, Sperling & Kupfer Editori, Milano 2006, pp.634–635.

«Eurasia is the world’s axial supercontinent. A power that dominated Eurasia would exercise decisive influence over two of the world’s three most economically productive regions, Western Europe and East Asia. A glance at the map also suggests that a country dominant in Eurasia would almost automatically control the Middle East and Africa. With Eurasia now serving as the decisive geopolitical chessboard, it no longer suffices to fashion one policy for Europe and another for Asia. What happens with the distribution of power on the Eurasian landmass will be of decisive importance to America’s global primacy and historical legacy.»Zbigniew Brzezinski, “A Geostrategy for Eurasia,” Foreign Affairs, 76:5, September/October 1997.

(4)    Enrico Galoppini, Islamofobia, Edizioni all’insegna del Veltro, Parma 2008.

(5)    Jean Bricmont, Impérialisme humanitaire. Droits de l’homme, droit d’ingérence, droit du plus fort?, Éditions Aden,  Bruxelles 2005; Danilo Zolo, Chi dice umanità. Guerra, diritto e ordine globale, Einaudi, Torino 2000; Danilo Zolo, Terrorismo umanitario. Dalla guerra del Golfo alla strage di Gaza, Diabasis, Reggio Emilia 2009.

(6)    «Un típico descriptor geopolítico es la visión de los EE.UU. como una “isla” geopoliticamente no muy diferente de Inglaterra y Japón. Tal definición exalta su tradición maritima comercial y las intervenciones militares de allende el mar y, como es obvio, la seguridad basada en la distancia y en el aislamiento.»Phil Kelly, “Geopolitica degli Stati Uniti d’America”, Eurasia. Rivista di Studi Geopolitici, a. VII, n.3 2010.

(7)    Nicholas Spykman, America’s Strategy in World Politics: The United States and the Balance of Power, Harcourt Brace, New York 1942.

(8)    «But I have no interest in diplomacy for the sake of returning Lebanon and Israel to the status quo ante. I think it would be a mistake. What we’re seeing here, in a sense, is the growing — the birth pangs of a new Middle East and whatever we do we have to be certain that we’re pushing forward to the new Middle East not going back to the old one», Special Briefing on Travel to the Middle East and Europe, US, Department of State, 21 luglio 2006

(9)    Tiberio Graziani, “U.S. strategy in Eurasia and drug production in Afghanistan”, Mosca , 9-10 giugno 2010 (http://www.eurasia-rivista.org/4670/u-s-strategy-in-eurasia-and-drug-production-in-afghanistan )

(10)  David P. Calleo, Beyond American Hegemony: The future of the Western Alliance, New York 1987, p. 142.

(11)  Luca Lauriola, Scacco matto all’America e a Israele. Fine dell’ultimo Impero, Palomar, Bari 2007.

*

*Director de Eurasia – Rivista di studi geopolitici (www.eurasia-rivista.org) y de la colección Quaderni di geopolitica (Edizioni all’insegna del Veltro), Parma, Italia. Cofundador del Istituto Enrico Mattei di Alti Studi per il Vicino e Medio Oriente. Ha dictado cursos y seminarios de geopolítica en universidades y centros de investigación y análisis. Docente del Istituto per il Commercio Estero (Ministerio de Asuntos Exteriores italiano), dictando cursos en distintos países, como Uzbekistán, Argentina, India, China, Libia.

E-mail: direzione@eurasia-rivista.org

(trad. di V. Paglione)

17/03/2011

Multipolarismo y nuevos escenarios geopolíticos: el encuentro con Tiberio Graziani

por Alessandro Leopardi

En este comienzo del siglo veintiuno asistimos a la ruptura de las relaciones de fuerza entre las naciones según como fueron concebidas a fines del Novecientos. En particular, asistimos al surgimiento de nuevas potencias como actores de primer orden en el escenario global: países como China, Rusia, India, Brasil, que han sabido proponerse e imponerse como verdaderos escollos y alternativas a la supremacía occidental. Sobre este tema se discutió en la cena social del 14 de febrero en Villa Nazareth con el profesor Tiberio Graziani, uno de los más grandes expertos italianos en geopolítica y director de la revista «Eurasia».

Partiendo de un análisis detallado de la situación actual, que contempla a los EE.UU. en el papel de mayor potencia mundial, el prof. Graziani ha recorrido las que fueron, durante el siglo pasado, las líneas políticas principales llevadas a cabo por las grandes potencias mundiales con respecto al continente eurasiático. Una aproximación que, sobre todo por lo que concierne a los Estados Unidos, se ha revelado de un modo totalmente contrario a algo pacífico y constructivo: en el curso del siglo pasado los dirigentes de Washington emprendieron una serie de movimientos destinados a rodear la masa continental euroasiática con una presencia política y militar directa, que después ha pasado a la historia como la “política de la anaconda”. Ya antes de la Segunda Guerra Mundial los estrategas norteamericanos habían lanzado una campaña de penetración en el Asia suroriental, utilizando las islas Filipinas como baluarte estratégico para esta política agresiva que en poco tiempo produjo roces con Japón, y cuyo epílogo fue la guerra más sanguinaria en la historia de la humanidad. Un conflicto que, sin embargo, en cierto sentido, hizo precisamente la suerte de los americanos: los grandes imperios coloniales europeos, en particular los de Francia e Inglaterra, se desmoronaron en poco tiempo, con la complicidad de las inmensas destrucciones de la guerra en Europa, y en el mundo empezaban a manifestarse los primeros síntomas de un nuevo, peligrosísimo juego que sucesivamente adoptará el nombre de Guerra Fría. Y en aquellos años, los EE.UU., reconstruyendo Europa y diseminando en ella sus propias bases militares, aprovecharon la ola de la “amenaza roja” para proponer e imponer a los nuevos Estados satélites la propia égida y el propio rol de gendarmes del mundo. El profesor Graziani se detuvo también a analizar el aspecto ideológico del predominio americano: una visión del mundo extremadamente dialéctica, que olvida las relaciones y las influencias recíprocas que han aunado durante los siglos a los pueblos y a las civilizaciones de Eurasia, para mostrar un aspecto de los hechos muy diverso de la realidad. Fue entonces que se creó y se llevó adelante el concepto de “choque de civilizaciones”, el cual justifica e invoca la llegada de un “gendarme del mundo” representado por los Estados Unidos, versión “agigantada” de la doctrina Monroe. Y los reflejos que luego ha tenido la hegemonía americana en los diversos aspectos de la vida y de la cultura, como en la política, la economía e incluso en el lenguaje, han sido un vehemente intento de querer imponer la propia visión del mundo. No obstante, a principios del nuevo siglo, ese enfoque unipolar del mundo que se impuso después de la caída del bloque soviético, aparece como nunca antes en crisis. Y no sólo por el rápido surgir del cuarteto Brasil, Rusia, India y China, como nuevas potencias regionales y mundiales, sino también por las nuevas dificultades que la potencia hegemónica afronta diariamente. Nuevas potencias regionales emergen en América Latina, Árica y Asia, abriendo sus mercados y sus competitivas reservas energéticas al mundo, ofreciendo a menudo, mientras tanto, nuevos modelos económicos y sociales. E incluso en los países que desde hace años desempeñan el papel de aliados de los EE.UU., como Europa Occidental, Japón, Medio Oriente y América Latina, se preguntan cada vez con mayor frecuencia cuán beneficioso es mantener el status quo de hecho, y si han de tratar de liberarse, y cómo, de la égida del gigante americano. Un papel, este último, que Washington no estaría dispuesto a abandonar con facilidad. Por esta razón, si bien cada uno puede albergar en el porvenir más cercano o más remoto sus mejores esperanzas, permanece de todas formas un evidente factor de incertidumbre en lo que respecta a la actitud que las potencias del mañana asumirán en las relaciones internacionales del nuevo contexto bipolar. La esperanza del profesor Graziani, manifestada por el mismo título de su revista es que, bajo este aspecto, las poblaciones de Eurasia no olviden el patrimonio común que milenios de historia han dejado tras de sí, y que pongan sobre el legado del pasado común las bases de una convivencia pacífica y cohesionada en interés mutuo.

(trad.  V. Paglione)

Revista Eurasia

03/02/2011

Acerca de los recientes acontecimientos en Egipto

Entrevistado por la agencia IRNA (agencia de la Republica Islamica de Iran) acerca de los recientes acontecimientos que se están verificando en Egipto, Tiberio Graziani, director de Eurasia. Revista de Estudios Geopolíticos, y presidente del IsAG – Instituto de Altos Estudios de Geopolítica y Ciencias Auxiliares, ha realizado la siguiente declaración:

“La situación en Egipto y en el resto del Norte de África, en particular, la de Túnez y Argelia, es muy compleja y confusa.

Desde un punto de vista geopolítico, la desestabilización en curso abre dos hipotéticas y opuestas perspectivas.

La primera es la perspectiva propagada por los mass media y por los analistas occidentales que predicen una solución democrática coherente con los dictámenes de la ideología occidental EEU-céntrica, por lo tanto una evolución de la protesta popular de tipo “laico” y no islámica.

Si este escenario – que, como es obvio, es aquel apoyado y promovido por Washington y Tel Aviv – se hiciese realidad, las consecuencias directas serían desastrosas para todo el Cercano y Medio Oriente, ya que se asistiría a una militarización de la región en beneficio de los EE.UU (radicada con Camp Bondsteel, Africom, Centcom), y una sucesiva expansión de su “special partner” regional, Israel, a partir de la división del Sudán, como inicio de un proceso de fraccionamiento de la región.

El debilitamiento económico, político e institucional que se originaría, obligaría  a los sucesores de Mubarak a seguir de modo servil las indicaciones provenientes desde Washington, transformando a Egipto en un verdadero vasallo de los EE.UU.

La otra pespectiva, más conforme a los intereses de las poblaciones de los países del Cercano y Medio Oriente, es aquella que se podría realizar en caso de que las potencias regionales emergentes, la Turquía de Erdoğan – Gül – Davutoğlu y la República islámica de Irán, asumiesen un rol internacional de referencia por las protestas en curso. Si así fuese, las influencias externas a la unidad geopolítica constituida por la cuenca mediterránea y por el Cercano y Medio Oriente estarían equilibradas y frenadas”.

(Trad. di V. Paglione)

13/12/2010

Estados Unidos, Turquía y la crisis del sistema occidental

por Tiberio Graziani *

Una vez archivada por la historia la coyuntura unipolar, el sistema occidental liderado por los estadounidenses parece haber entrado en una crisis irreversible. El crac económico-financiero y la pérdida de un seguro pilar del edificio geopolítico occidental, el ofrecido por Turquía, corroboran el fin del impulso propulsor estadounidense. Los EE.UU se hallan actualmente ante una decisión histórica: arrinconar el proyecto de supremacía mundial y, por consiguiente, compartir con los demás actores globales las opciones existentes en la política y en la economía internacional, o bien insistir en el proyecto hegemónico y arriesgar su propia supervivencia como nación.

La elección entre una y otra opción vendrá impuesta por las relaciones que se instaurarán, en el corto y medio plazo, entre los grupos de presión que condicionan la política exterior americana y la evolución del proceso multipolar.

La grieta turca

La consolidación del actual contexto multipolar y la constante ampliación de las esferas de influencia económica y geopolítica de algunos países eurasiáticos y suramericanos, imponen opciones decisivas para la actual administración norteamericana. Esto ocurre en un momento en el cual Washington parece no estar en condiciones de orientar la crisis económica y financiera que ha embestido al sistema occidental, del que constituye el centro geopolítico, ni las relaciones con los mayores países eurasiáticos (Rusia, India, y China). Estos últimos – con un creciente sentido de la responsabilidad- dictan la agenda de los principales asuntos internacionales. Además, a este cuadro hay que añadir las dificultades que el Pentágono encuentra diariamente para coordinar con eficacia el mastodóntico y costoso despliegue militar puesto sobre el terreno a partir de la primera guerra del Golfo. La debilidad norteamericana se refleja, en particular, en el torpe intento de Obama y de la Clinton en paliar algunas situaciones críticas, como las del Cercano y Medio Oriente. En este ámbito de importancia fundamental para la estrategia expansionista de los EE.UU en la masa eurasiática, el precioso aliado turco, baluarte al mismo tiempo tanto de los intereses occidentales como de aquellos específicos de Tel Aviv, ha adoptado ahora posiciones heterodoxas con respecto a las indicaciones provenientes de Washington. Esto ha introducido un elemento de desestabilización dentro de la arquitectura geopolítica proyectada por los EE.UU.

La grieta turca recuerda a los estrategas estadounidenses otro duro golpe, el sufrido a finales de los años 70 con la pérdida de Irán como peón en el “gran juego” que en esos momentos sus predecesores dirigían contra la Unión Soviética. Ahora, en un contexto global distinto, marcadamente multipolar, la grieta turca podría revelarse desastrosa para el sistema americano-céntrico por lo menos en cinco ámbitos.

El primer ámbito es el relativo al dispositivo militar occidental por excelencia, es decir, la estructura de la OTAN. ¿Por cuánto tiempo aún el actual aparato dirigido por Rasmussen podrá tolerar la excentricidad de uno de sus miembros, abiertamente alineado en posiciones anti-israelíes y, por consiguiente, antiamericanas? ¿Se halla la OTAN en condiciones de equilibrar las expectativas turcas de desempeñar un papel regional de primer orden, sin irritar al aliado israelí? Estas son sólo dos de las preguntas que podrá responder una nueva y adecuada reformulación de la finalidad de la ya tambaleante institución transatlántica, más allá del «punto de inflexión histórico» de la reciente cumbre de Lisboa (noviembre de 2010).

El segundo ámbito se refiere a las relaciones entre Ankara y Bruselas. La nueva Turquía de Erdogan está lista para entrar en la Unión Europea, pero Downing Street (el aliado estratégico de los EE.UU) y el Elíseo obstaculizan el proceso de inclusión con el insignificante pretexto de los derechos humanos, arsenal ideológico puesto a punto por los think tank americanos y adoptado por el Viejo Continente, en particular por Sarkozy. Si Turquía es rechazada nuevamente, ésta fortalecerá ulteriormente las relaciones con los otros mercados (Rusia, Irán, China), consolidando directamente el área económico-productiva de la masa eurasiática.

El tercer ámbito, que en parte guarda relación con el segundo, tiene que ver con el Mediterráneo. Turquía, considerada como la cuarta península europea, parece atraer cada vez más los intereses económicos de los países ribereños, sean los de Europa meridional, sean los norteafricanos. A favor del reforzamiento de los intereses económicos existentes entre Turquía y los países del Mediterráneo está jugando un papel particular el proyecto South Stream, ideado por Moscú.

El cuarto ámbito concierne a las relaciones que existen entre Turquía y las repúblicas de Asia central. Turquía constituye una vía de circulación hacia Asia central, es decir, hacia ese espacio cuya hegemonía ambiciona Washington desde el desmoronamiento de la URSS. Mientras que Turquía seguía con diligencia las indicaciones de los EE.UU., Washington facilitaba sus presiones pan-turcas (por otra parte oportunamente activadas en el contexto de la desestructuración de la confederación yugoslava) hacia las repúblicas de Asia central (los «Balcanes eurasiáticos», según la definición programática de Brzezinski), con el fin de aumentar las tensiones endógenas, principalmente en función antirusa y, en perspectiva, con una manifiesta función antieurasiática. Ahora que Ankara parece dispuesta a aumentar sus propios niveles de autonomía, las relaciones que ha establecido con las repúblicas de Asia central, por otro lado convenientemente equilibradas con las establecidas con Moscú, no son bien vistas por Washington. De ahí la reciente demonización de Turquía realizada por los medios de comunicación occidentales.

Por último, por lo que respecta al quinto ámbito, vale la pena señalar que las buenas relaciones que Ankara mantiene con Moscú, Pequín, Teherán y los mayores países de Suramérica preludian un cambio de ruta geopolítica por parte de Turquía. Este cambio va inequívocamente en la dirección de un fortalecimiento del nuevo escenario policéntrico.

Érase una vez Occidente

En el cuadro de lo anteriormente esbozado, el sistema occidental conducido por los EE.UU corre el riesgo de implosionar. Su expansión hacia Oriente está prácticamente deteniéndose, en virtud del recobrado protagonismo de Moscú en la escena internacional y, sobre todo, debido a las desastrosas campañas afganas e iraquíes que el Pentágono y Washington no logran controlar. En África, la competencia con China plantea problemas cruciales para todo el Occidente. Puesto que ni Washington, ni Wall Street, ni el Pentágono/OTAN – a pesar de la puesta en escena del Africacom- logran asegurar una contraposición eficaz a la marcha de los chinos por el continente negro, es razonablemente previsible (y deseable para toda Europa) que algunos países europeos, conscientes de sus propios intereses, intenten buscar en el futuro próximo una adaptación al transformado escenario internacional, activando nuevas relaciones con China y con los países africanos, caracterizadas por la cooperación bilateral.

En Japón, a pesar del fracaso del gobierno Hatoyama, veladamente antiestadounidense, la reflexión crítica relativa a las ventajas que Tokyo obtendría aún en el contexto de las relaciones nipo-americanas instauradas después de 1945, continúa alimentando el clima de recelo hacia Washington, desgastando día a día la hegemonía americana en lo que respecta a las elecciones de fondo de los japoneses.

La América indiolatina ya no representa el «territorio de caza» de los EE.UU. útil para sus incursiones imperialistas, como en el siglo pasado. Brasilia, Caracas, La Paz y, en parte, Buenos Aires, aumentan sensiblemente sus niveles de autonomía política. Los acuerdos establecidos entre estos países, en sinergia con los que empiezan a poner en marcha con Irán y Turquía, prefiguran un nuevo e inédito frente «antiimperialista» que, todavía en fase de articulación, podría catalizar las exigencias antiliberales presentes en muchos países del globo. La atención al estado social de los gobiernos de Caracas, Brasilia y Buenos Aires, el recuperado control por parte del estado ruso del sector de las empresas estratégicas, la aplicación de políticas sociales atentas a las libertades colectivas que llevan a cabo Teherán y Ankara, respetando la peculiar concepción islámica de la sociedad y de las relaciones económicas, además de indicar el fracaso del modelo liberal, introducen límites objetivos al proceso de globalización, geopolíticamente entendido como expansionismo de la potencia norteamericana a nivel planetario.

Las naciones europeas, habiendo sufrido en estos últimos años el desmantelamiento de sus respectivos estados sociales, debido al deseo manifestado por las oligarquías relacionadas con los intereses americanos y por los diktat del FMI, han perdido irreversiblemente aquel tipo de estabilidad que les había permitido crecer económicamente. Los efectos de esta pérdida de peso específico en la economía global debilitan, en la actual fase coyuntural, la periferia del sistema occidental favoreciendo el centro, radicado en los EE.UU. De ahí la disgregación de la construcción geopolítica americana surgida después de 1945. En un futuro próximo, si no hay medidas correctoras dirigidas a «mantener» a Europa en el sistema occidental, algunas naciones europeas podrían optar por la elección multipolar.

El tiempo de las decisiones

El impulso propulsor de los EE.UU. parece, por consiguiente, haber terminado. Desde una perspectiva geopolítica, Washington se haya ante una encrucijada: arrinconar, al menos por un cierto período de tiempo, el bicentenario proyecto de dominación global, o bien insistir sobre el mismo, adoptando nuevos criterios y metodologías.

En el primer caso, los EE.UU. se verían obligados a reexaminar su propio sistema social y militar y, sobre todo, a negociar su propia posición a nivel mundial con los ex aliados y con los nuevos actores globales. La aceptación del sistema policéntrico pondría, sin embargo, en crisis todo el complejo industrial y militar que constituye la base del poder político y económico de los EE.UU. El equilibrio dinámico entre los grupos de presión que determinan las opciones estratégicas del aparato político y militar estadounidense sufriría, en efecto, una perturbación fatal. La consecuencia directa de un desequilibrio en los vértices del establishment causaría, inmediatamente, la disgregación de la gigantesca esfera de influencia que los EE.UU. han conquistado con mucho esfuerzo en los últimos sesenta y cinco años. La reorganización de los EE.UU. inauguraría un nuevo ciclo geopolítico, cuya estabilidad no se basará en el modelo del libre mercado, sino sobre las exigencias geopolíticas reales de los nuevos polos de agregación.

En el segundo caso, los EE.UU., optando por la opción de perseguir su supremacía mundial, se verán obligados a tener que sustentar una enorme economía de «guerra permanente». En el marco de aquella funesta invocación que Edward N. Luttwack lanzó en 1999, en el curso de la desmembración de la Federación yugoslava : «Give a chance», deberán aplicar las lógicas del constructive caos de los neocons, con el riesgo de desatar reacciones geopolíticas asimétricas en Asia, África y en la América indiolatina.

Cualquiera que sea la opción elegida, la relación entre la «nación necesaria» y el resto del mundo no será ya nunca la misma.

*Director de Eurasia – Rivista di studi geopolitici (www.eurasia-rivista.org) y de la colección Quaderni di geopolitica (Edizioni all’insegna del Veltro), Parma, Italia. Cofundador del Istituto Enrico Mattei di Alti Studi per il Vicino e Medio Oriente. Ha dictado cursos y seminarios de geopolítica en universidades y centros de investigación y análisis. Docente del Istituto per il Commercio Estero (Ministerio de Asuntos Exteriores italiano), dictando cursos en distintos países, como Uzbekistán, Argentina, India, China, Libia.

E-mail: direzione@eurasia-rivista.org

(Traducido por V. Paglione y Página Transversal)

24/11/2010

Graziani para IRNA: “La tarea histórica de los pueblos es reconstruir el sistema internacional”

Tiberio Graziani, director de la revista “Eurasia”, ha sido entrevistado por la agencia de prensa IRNA (Islamic Republic News Agency). La entrevista, realizada este 12 de noviembre pasado, ha sido publicada en el sitio de la IRNA el 18 de noviembre.

Luego de la respuesta positiva de parte de Irán por lo que respecta a las negociaciones con el grupo 5+1, Hilary Clinton, secretaria de estado norteamericana, ha excluido a Turquía y a Brasil de formar parte en las negociaciones con Irán.

El secretario de estado norteamericano, excluyendo a Turquía y a Brasil intenta desaliñadamente aislar Irán.

La respuesta negativa de la señora Clinton es debida, no sólo a las presiones ejercidas por los lobbies anti iraníes, sino también a la reducida confianza que en este momento está atravesando la administración Obama.

Según usted ¿los Estados Unidos tienen el derecho de poder determinar el grupo de negociadores con otros países, y con Irán?

Seguro que no. Los Estados Unidos no pueden y no deben aducir ningún derecho en materia de relaciones internacionales. El tiempo del llamado “momento unipolar” se ha terminado. Washington debe tomar nota. Cuanto antes lo haga, mejor será para la distensión global.

Los pronunciamientos estadounidenses son lesivos no sólo para la legitimidad de los gobiernos de Teherán, Ankara y Brasilia, sino, sobre todo, para la dignidad de los iraníes, turcos y brasileños.

Los Estados Unidos son el principal actor por lo que concierne a la violación de los derechos humanos y del tratado de no proliferación. Este país es el principal productor de armas nucleares y el responsable de la masacre de millones de personas. Según usted, ¿los países y los pueblos del mundo tienen que aceptar que esta nación obstaculice su derecho a producir energía nuclear para uso civil?

Los países y los pueblos del mundo tienen una tarea histórica: la reestructuración de un nuevo sistema global sobre la base de la igual dignidad y la autosuficiencia. Esto hoy es posible gracias a la aparición del sistema multipolar o policéntrico.

Las naciones eurasiáticas, principalmente Rusia, China, India, han comprendido todo esto. Los pilares del nuevo sistema policéntrico se tendrán que fundar por medio de las relaciones existentes entre los nuevos agregados eurasiáticos y los suramericanos.

Eurasia y América del Sur podrán obligar a los EE.UU a ser más razonables, en beneficio de la seguridad global.

El presidente iraní Ahmadinejad, ha afirmado el miércoles pasado: si una mano sincera es extendida hacia nosotros, la estrecharemos, pero si la mano se extiende para engañarnos, la cortamos desde el brazo. ¿Está de acuerdo?

El presidente Ahmadinejad trabaja por los intereses de su propio pueblo.

Sus tonos son claros y determinados. Su principal tarea parece ser la consolidación de las relaciones internacionales estratégicas en el marco de la constitución del nuevo sistema multipolar. Es en este marco, según mi parecer, donde hay que entender sus palabras.

Ahmadinejad también ha dicho: las negociaciones con el 5+1 se concentrarán en torno a los problemas mundiales. El pueblo iraní no negociará sus derechos fundamentales con nadie, las negociaciones se fundamentarán en la colaboración para resolver los problemas mundiales y apoyar la paz y la seguridad en el mundo en “igualdad de condiciones”.

Los derechos nacionales, colectivos, no pueden y no deben ser negociados. La dignidad no se puede considerar mercancía de intercambio. Se puede estar de acuerdo sobre el precio de una determinada materia prima, sobre un producto, artesanal, industrial, sobre los servicios ofrecidos – pero ciertamente no se puede negociar sobre el destino de un pueblo; la N.Y. Stock Exchange de los Pueblos existe sólo en las mentes de los estrategas de Washington.

Según usted ¿la iniciativa de la Clinton no representa, tal vez, una clara violación de la “igualdad de condiciones” en el mundo? Los EE.UU., con su doble estándar, ¿desean realmente resolver los problemas mundiales?

Puesto que la iniciativa de la Clinton es coherente con el expansionismo americano, se deduce que ésta representa una violación del principio de igual dignidad. Los EE.UU. desean dominar todo el planeta; se consideran la “Nación indispensable”. Tienden a resolver los problemas globales en su propio exclusivo beneficio y en detrimento de los demás.

Turquía y Venezuela son miembros de la comunidad internacional e Irán ha firmado el tratado de Teherán con estos países, mientras que el grupo 5+1 representa sólo una parte de la comunidad internacional. ¿Por qué los EE.UU. excluyen a estos dos países de la negociación con Irán?

El motivo es debido sobre todo al hecho de que estos dos países buscan su propia autonomía política de los EE.UU.

La Turquía de Erdogan es un país de la OTAN que está saliendo de la órbita estadounidense. La Venezuela de Chávez es un país que está consolidando su propia autonomía en el “ex patio trasero” de los EE.UU.

(trad. de V. Paglione y Página Transversal)

30/09/2010

“El fracaso de la ONU es una victoria para los EE.UU”

“El fracaso de la ONU es una victoria para los EE.UU – Graziani habla para IRNA”

El día 23 de septiembre el director de “Eurasia”, Tiberio Graziani, ha sido entrevistado por IRNA (Agencia de Prensa Nacional de Irán) para comentar la participación del presidente Ahmdinejad en la Asamblea General de la ONU. La noticia (en fase de elaboración) puede leerse en la siguiente dirección: http://www.irna.ir/NewsShow.aspx?NID=287341

La que sigue a continuación es la traducción integral de la versión italiana de la entrevista.

¿Qué piensa Ud. de la propuesta del presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, de querer bautizar el actual período histórico como “la década de la gobernanza global”? Es considerada por los expertos como una propuesta innovadora que gozará del consenso de la población mundial.

La propuesta del presidente iraní Ahmadinejad es correcta y apropiada para estos tiempos. Toma en cuenta con extrema lucidez las mutaciones que están teniendo lugar a nivel global. Los análisis geopolíticos y geoeconómicos, de hecho, nos indican que nos hallamos en la fase de estructuración de un Nuevo sistema multipolar.

En primer lugar, esto es debido, por lo que atañe el continente eurasiático, al resurgimiento de Rusia como gran actor global, a la siempre mayor importancia que están adquiriendo a escala mundial China e India, a la autonomía de Irán y, en estos últimos tiempos, a los nuevos rumbos que ha tomado el gobierno de Erdogan en materia de política exterior y en el posicionamiento geopolítico de Turquía. Además, tenemos que considerar que en América Indolatina (Suramérica), países importantes como Brasil, Venezuela y Argentina están integrando cada vez más sus respectivas economías y – a nivel internacional- incrementan las relaciones estratégicas con los países eurasiáticos.

Los analistas y expertos políticos consideran que la propuesta de Ahmadinejad será aceptada por todos positivamente, excepto por los 5 países miembros del Consejo de Seguridad de la ONU. ¿Qué piensa Ud. de ello?

La propuesta será aceptada por todos aquellos países que mal soportan la ingerencia de los EE.UU en sus propias políticas nacionales.

La verdadera naturaleza de la ONU y de las organizaciones que hablan de derechos humanos, es la de evitar conflictos entre los países y los pueblos del mundo, pero la situación mundial ha empeorado con respecto al pasado. ¿Puede ser ésta la prueba de su derrota?

La ONU es una criatura de los vencedores del segundo conflicto mundial. En particular, es un instrumento de los EE.UU, a pesar de que su Consejo de Seguridad lo conforman países como Rusia y China.

Desde que se instituyó la ONU, según las investigaciones científicas, el mundo no ha visto guerras sólo durante tres semanas, lo que demuestra que la ONU no ha alcanzado sus objetivos.

La ONU no ha logrado sus propios objetivos declarados. Esto es estrechamente funcional a la estrategia estadounidense para el control planetario. La estrategia de los EE.UU se aplica mediante la así llamada “geopolítica del caos”. Los EE.UU son la única potencia de dimensiones continentales que controla sus propios litorales (océanos Pacífico y Atlántico). Es, por consiguiente, una potencia bioceánica. Fundamentalmente se podría decir que es una isla grande. La estrategia de dominación global obliga a los EE.UU a perturbar –mediante guerras, conflictos sociales- sea el espacio eurasiático, sea el espacio suramericano. Bajo este aspecto imita la estrategia que la Gran Bretaña aplicó durante los siglos pasados cuando se oponía a toda hipótesis de unificación de Europa continental.

(trad. di V. Paglione)

11/08/2010

La estrategia de los EE.UU en Eurasia y la producción de droga en Afganistán

Tiberio Graziani

Forum Internacional “La producción de droga en Afganistán: un desafío para la comunidad internacional"

La que sigue es una relación presentada por Tiberio Graziani, director de “Eurasia”, en el Forum Internacional “La producción de droga en Afganistán: un desafío para la comunidad internacional” (Moscú, 9-10 de junio de 2010), en el cual ha participado como invitado de los organizadores.

 

El siguiente análisis ofrece un punto de vista geopolítico como llave de comprensión de las relaciones entre la estrategia global de los Estados Unidos y la presencia de las fuerzas norteamericanas en Afganistán. La penetración USA en la masa terrestre eurasiática es examinada haciendo particular énfasis en la región centro asiática, considerada como el punto débil de Eurasia en el contexto de los intereses geopolíticos de los Estados Unidos. Para identificar quiénes son los verdaderos jugadores en el teatro afgano se han aplicado también algunos puntos de referencia utilizados generalmente en los estudios relacionados con la geopolítica y con las relaciones internacionales. Se hallan descritas las principales características de los potenciales candidatos capacitados para afrontar la cuestión de la droga en Afganistán. Entre ellos, un papel particular le corresponde a Irán, Rusia y China. En todo caso, gracias a la interrelación existente entre la estrategia americana en Eurasia y la estabilización de Afganistán, esta última se puede realizar con plenitud sólo en el marco de un proceso de integración eurasiática.

Mapa

Para enfrentar correctamente y sin ningún prejuicio ideológico, pero con honestidad intelectual, la cuestión de la producción de drogas en Afganistán y los problemas internacionales a ella relacionados, es útil y necesario definir (aunque muy vagamente) el cuadro geopolítico y sucesivamente esclarecer algunos conceptos que por lo general se consideran ampliamente comprendidos y condivididos.

El cuadro geopolítico

 

Tomando en cuenta los actores principales de la escena global, es decir, los EE.UU, Rusia, China e India, las posiciones geográficas en las dos diversas áreas de América y de Eurasia y, sobre todo, sus respectivas relaciones desde una perspectiva de poder y estrategia global, Afganistán constituye, junto con el Cáucaso y las repúblicas de Asia Central, una vasta área cuya desestabilización ofrece ventajas a los Estados Unidos, único jugador en el campo geopolítico ajeno al contexto eurasiático. En particular, la desestabilización de esta gran región permite a los EE.UU por lo menos tres oportunidades geopolíticas y geoestratégicas: a) su progresiva penetración en la masa continental eurasiática; b) la contención de Rusia; c) la creación de una herida en Eurasia.

Penetración y cerco de los EE.UU en Eurasia

Como ha declarado Henry Kissinger, la nación bioceánica americana es una isla que se encuentra mar adentro del continente eurasiático. Desde el punto de vista geopolítico, esta posición particular ha determinado los principales vectores de la expansión USA en el planeta. El primero ha llevado al control de todo el hemisferio occidental (Norte y Suramérica), el segundo ha sido orientado a lograr la hegemonía sobre todo de la masa continental eurasiática, es decir, el hemisferio Oriental.

Por lo que concierne el proceso de penetración de los EE.UU en la masa eurasiática, a partir de la península europea, vale la pena recordar que ésta se inició durante la Primera Guerra Mundial con la interferencia de Washington en los asuntos internos de las naciones e imperios europeos. La penetración siguió con la Segunda Guerra Mundial. En abril de 1945, los así llamados “Libertadores” ocuparon Europa occidental hasta Berlín Este. A partir de esta fecha Washington y el Pentágono han considerado Europa, es decir, la parte occidental de Eurasia, como una cabeza de puente que los conectaba con el continente eurasiático. Así mismo, los Estados Unidos se han comportado de la misma forma con otra nación ocupada, Japón, que representaba el arco insular oriental de Eurasia. Desde el punto de vista eurasiático, la “tenaza” norteamericana fue el auténtico resultado de la Segunda guerra mundial.

Con la creación de algunos “instrumentos” militares como la OTAN (North Atlantic Treaty Organization, 1949), el Tratado de Seguridad entre Australia, Nueva Zelanda y los Estados Unidos (ANZUS, 1951), el Pacto de Bagdad, que sucesivamente se transformó en el Pacto CENTO (Central Treaty Organization, 1959), el Pacto de Manila – SEATO (South East Asia Treaty Organization, 1954), se cumplió el cerco militar de toda la masa continental de Eurasia en menos de una década.

El tercer paso de la larga marcha de los EE.UU hacia el corazón de Eurasia, a partir de su parte occidental, se cumplió en 1956, durante la crisis de Suez, con la progresiva destitución de Francia y, bajo algunos aspectos, también de Gran Bretaña, como actores geopolíticos en el Mar Mediterráneo. Por medio de la “relación especial” que se estableció entre tel-Aviv y Washington, los Estados Unidos se transformaron en un importante jugador del Cercano Oriente en un lapso de tiempo inferior a los diez días. Siguiendo su nuevo rol en el Cercano y Medio Oriente, los Estados Unidos podían por una parte consolidar su hegemonía en el interior del sistema Occidental, o bien considerar el Mediterráneo como el punto de partida de un largo camino que habría posiblemente permitido a las tropas americanas alcanzar la región centro asiática. La infiltración de los Estados Unidos en la zona eurasiática también ocurrió en otros sectores geopolíticos, en particular, en el del sureste (Corea, 1950-1953; Vietnam, 1960-1975).

En el cuadro de su estrategia que apunta al dominio del hemisferio oriental, Washington ha trabajado también en el plano diplomático, concentrando su interés en Pequín. Con la creación del eje Washington-Pequín, concebido en tándem por Kissinger y Nixon (1971-1972), los EE.UU contribuyeron a exacerbar la fractura en el interior del así llamado campo socialista, constituido por China y por la URSS y, por consiguiente, interrumpir cualquier potencial “enlace” entre los dos “pulmones” de Eurasia, el de China y el de Rusia.

Durante los años setenta, los dos ejes geopolíticos principales se enfrentaron en la masa continental eurasiática: el eje Washington-Islamabad-Pequín y el eje Moscú-Nueva Delhi.

1979, el año de la desestabilización y su herencia en el Afganistán actual

Entre los muchos acontecimientos que protagonizaron las relaciones internacionales en 1979, dos son de importancia cardinal por el rol que desempeñaron en alterar la ecuación geopolítica en aquel entonces fundamentada por el equilibrio existente entre EE.UU y URSS.

Estamos hablando de la revolución islámica en Irán y de la invasión militar rusa de Afganistán.

Con la conquista del poder en Irán de parte del Ayatollah Khomeini se destruyó uno de los  principales pilares de la arquitectura geopolítica occidental que tenía Estados Unidos como guía.

La monarquía Pahlavi podía ser fácilmente usada como prenda con relación a USA y URSS, y cuando ésta desapareció sea Washington, sea el Pentágono, se vieron obligados a inventarle a los Estados Unidos un nuevo rol en el escenario global. El nuevo Irán, ya autónomo y fuera de control, introdujo una variante en el tablero geopolítico de la región, potencialmente capaz de inducir una profunda crisis en el interior del “estable” sistema bipolar. Además, el nuevo Irán, instalado como una potencia territorial en contra de los EE.UU e Israel, poseía algunas características (especialmente su extensión, su centralidad geográfica y su homogeneidad político-religiosa) que podían competir por la hegemonía de por lo menos una parte de Medio Oriente, en abierto contraste con los equivalentes intereses de Ankara y Tel-Aviv -fieles aliados de Washington- Islamabad, Bagdad y Riyad. Por estas razones, los estrategas de Washington, de acuerdo con su bisecular “geopolítica del caos”, persuadieron a Saddam Hussein para que iniciara una guerra en contra de Irán. La desestabilización de toda la zona le concedió a Washington y a las naciones occidentales mucho tiempo para planificar una estrategia a largo plazo y deteriorar, mientras tanto, al oso soviético.

En una entrevista concedida al semanario francés Le Nouvel Observateur, Zbigniew Brzezinski, el consejero para la seguridad nacional de Jimmy Carter, reveló que la CIA había obrado en secreto en Afganistán para debilitar el régimen de Kabul a partir de 1979, es decir, cinco meses antes de la invasión soviética. De seguro fue el 3 de julio de 1979 la fecha en que el presidente Carter firmó la primera disposición para ofrecer ayuda secreta a los opositores del régimen filosoviético de Kabul. Ese mismo día, el consejero-estratega de la Casa Blanca (de origen polaco) escribió una nota al presidente Carter en la que le explicaba que estas ayudas habrían tenido que provocar la intervención militar soviética. Y eso fue precisamente lo que ocurrió en el sucesivo mes de diciembre. En la misma entrevista, Brzezinski recordaba que cuando los soviéticos invadieron Afganistán, él escribió otra nota al presidente Carter en la que opinaba que los EE.UU  tenían la ocasión de darle a la URSS su Vietnam.

Según Brzezinski, la intervención no habría sido sostenible para Moscú y con el tiempo habría llevado al colapso al imperio soviético. De hecho, la prolongada guerra para mantener el régimen comunista de Kabul contribuyó ulteriormente al debilitamiento de la Unión Soviética, ya enfrentada con una seria crisis interna que implicaba al mismo tiempo aspectos político-burocráticos y socioeconómicos. Como ya sabemos, la retirada soviética del teatro afgano dejó tras de sí un país extenuado cuya situación política y económica, así como el equilibrio geoestratégico estaban extenuados en extremo. Efectivamente, en menos de diez años desde la revolución de Teherán toda la región estaba completamente desestabilizada con exclusiva ventaja para el sistema occidental. La irrefrenable decadencia de la Unión Soviética, acelerada por la aventura afgana, y luego, en los años noventa, por la desmembración de la federación yugoslava (una especie de zona colchón entre el bloque occidental y el soviético) cambió los equilibrios de poder a favor del expansionismo americano en la región eurasiática.

Después del sistema bipolar, empezaba una nueva era geopolítica, la del “momento unipolar”, en el que los EE.UU eran “la hiperpotencia” (“hyperpuissance”, según la definición del ministro francés Hubert Védrine).

En todo caso, el nuevo sistema unipolar habría tenido una vida breve y seguramente culminó a principios del siglo XXI, cuando Rusia reaparece como desafiadora estratégica en los asuntos globales y al mismo tiempo China e India, los dos gigantes asiáticos, se asomaban como potencias económicas y estratégicas. A nivel global, tenemos también que considerar el creciente peso de algunas naciones de América Latina, como Brasil y Venezuela. Las importantes relaciones entre estos países con China, Rusia e Irán, parecen adquirir valor estratégico y prefiguran un nuevo sistema multipolar, cuyos principales pilares pueden considerarse constituidos por Eurasia y por América Latina indígena.

Afganistán –por causa de sus características geográficas, por su posición con respecto  al Estado soviético (y sus naciones lindantes Turkmenistán, Uzbekistán y Tayikistán, que en aquel entonces eran repúblicas soviéticas), y por su vasta gama de grupos étnicos que constituyen su población, diversificados o por cultura o por religión –ha representado para Washington una importante porción del así llamado “arco de crisis”, es decir, de aquella zona geográfica que comunicaba las fronteras meridionales de la URSS con el Mar Arábigo. La trampa afgana para la URSS fue, por consiguiente, escogida por medio de evidentes razones geopolíticas y geoestratégicas.

Desde el punto de vista geopolítico, Afganistán es la manifiesta representación de una zona de crisis, ya que desde tiempos inmemorables ha sido escenario de conflictos entre las grandes potencias.

En la actualidad, la zona está gobernada por una entidad gubernamental instalada por las fuerzas de los EE.UU, denominada República Islámica de Afganistán, pero tradicionalmente las tribus de Pashtun han dominado sobre los otros grupos étnicos (Tayikas, Hazaras, Uzbecos, Turcomanos y Baluchis). Su historia se ha visto entrelazada con eventos de mayor magnitud que implicaron la interacción y el combate prolongado entre las tres grandes entidades geopolíticas limítrofes: el imperio de los Mogul, el Kanato uzbeco el imperio Persa. En los siglos XVIII y XIX, el país estaba representado por el Reino Afgano, la región se transformó en estratégica por la rivalidad y el conflicto que se estableció entre el Reino Unido y el imperio ruso para la conquista de la supremacía en Asia central, recibiendo el nombre de “Gran Juego”. El imperio territorial ruso, en pugna para asegurarse el acceso hacia el Océano Índico, India y China, se enfrentó con los intereses del imperio marítimo británico, que por su parte apuntaba expandirse por toda la masa eurasiática usando la India como emplazamiento de salida hacia el Este –Birmania, China, Tíbet y la cuenca del río Yangtze – y hacia el Oeste en el actual Pakistán, hacia Afganistán e Irán, hasta llegar al Cáucaso, el Mar Negro, Mesopotamia y el Golfo Pérsico. Hacia finales del siglo XX, en el cuadro del sistema bipolar, Afganistán se transformó en el campo de batalla en el cual, una vez más, una potencia marítima, los EE.UU, se enfrentaba con una potencia terrestre, la URSS.

Los actores que se enfrentaron en el teatro de guerra fueron fundamentalmente las tropas soviéticas, las tribus afganas y los así llamados “mujaidin” (respaldados por loss EE.UU), Pakistán y Arabia Saudita.

Con la retirada de las tropas soviéticas del tablero afgano, el movimiento Talibán adquirió una importancia creciente en la región debido a por lo menos tres factores principales: a) las ambiguas relaciones con algunos componentes de los servicios secretos pakistaníes; b) las ambiguas relaciones con los EE.UU (una especie de “herencia”, procedente de anteriores contactos entre los EE.UU y algunos grupos de “mujaidin” durante la guerra afgano-soviética); c) el wahabismo como plataforma ideológico-religiosa directamente instrumental a los intereses de Arabia Saudita en su proyección hacia ciertas zonas como Bosnia, Medio Oriente y Cáucaso (en otras palabras, Chechenia y Daguestán).

Los tres factores arriba mencionados, por una parte permitieron al movimiento Talibán introducirse y radicalizarse en el territorio afgano, alcanzando una importancia creciente a nivel militar (con la creación y la consolidación de los así llamados “santuarios”) y económico ( es decir, el control del tráfico de droga), por otra parte le impidieron convertirse en una organización autónoma. De hecho, debido a las infiltraciones por parte de los EE.UU, Pakistán y Arabia Saudita, al movimiento Talibán se le puede considerar como una organización local maniobrada por jugadores externos. Este tipo de consideraciones nos permiten comprender y explicar mejor la elección obrada por Obama y por Karzai de querer abrir un diálogo con los talibanes y también la de incluir algunos miembros suyos en los gobiernos locales. Además, el aparente comportamiento contradictorio de los EE.UU  (y de Karzai) en Afganistán, se podría explicar por medio de la teoría de la praxis según la cual, confiando al enemigo responsabilidades institucionales se apunta a su debilitamiento, a lo que seguiría la regla clásica de la praxis geopolítica americana: mantener en un estado de crisis una región considerada estratégica.

Si examinamos las medidas que los EE.UU han adoptado hasta ahora, cuyo fin es el de dominar y eliminar el tráfico de droga en el más amplio contexto de las decisiones geopolíticas de Washington, podemos observar que las fuerzas de los EE.UU y de la OTAN están en apariencia “malgastando” el tiempo: la producción y la distribución de droga en la parte Sur del país siguen adelante. Es sabido que una producción de droga en gran proporción es imposible en esta región, debido a los incesantes combates que hay en ella. Así que, las fuerzas  americanas y de la OTAN están concentrando sus intereses estratégicos en el Norte del país. Aquí han construido calles y puentes que unen Afganistán con Tayikistán (la calle para Rusia a través de Uzbekistán), Kirguistán y Azerbaiyán (véase A. Barentsev, Afghan Heroine flow channelled to Russia, FONSK). Este modus operandi revela las reales intenciones del Pentágono y de Washington: abrir una brecha hacia Rusia, partiendo desde Afganistán y de las repúblicas centro asiáticas. De hecho, la OTAN y otras fuerzas occidentales no están emprendiendo una auténtica lucha contra la producción del tráfico de droga.

En este contexto, la lucha declarada por los EE.UU y la NATO a la producción y al tráfico de droga en Afganistán parece pertenecer más bien al reino de la retórica occidental que representar un hecho concreto (fig.2).

Tráfico de drogas global

Igualmente, la lucha contra el movimiento Talibán parece estar claramente subordinada (y, por consiguiente, dependiente) a la estrategia general de los EE.UU en la masa continental eurasiática. En la actualidad, esta estrategia consiste en el emplazamiento de guarniciones militares americanas y de sus aliados occidentales a lo largo de la franja que, partiendo desde Marruecos, atraviesa el Mar Mediterráneo y llega hasta las repúblicas de Asia Central. Los principales objetivos de estas guarniciones son: a) la separación de Europa del norte de África; b) el control del Norte de África y del cercano Oriente (en particular la zona constituida por Turquía, Siria e Irán – utilizando la base de Camp Bondsteel, ubicada en Kossovo);  c) la contención de Rusia y, bajo algunos aspectos, también de China; d) el intento de dividir la masa del continente eurasiático en dos partes; e) la dilatación del “arco de crisis” en el área del Asia Central [Brzezinski define este área “Los Balcanes de Eurasia” (la definición del consejero oficial del presidente Carter suena más como un plan estratégico que una descripción objetiva de la zona].

La creación de una vorágine geopolítica en Asia Central, es decir una herida en la masa continental de Eurasia podría producir hostilidades y enemistades entre los principales jugadores en Asia, Rusia, India y China. El único beneficiario en este juego serían los EE.UU.

Mapa de la zona

El enorme arco de la crisis.

Por añadidura, al intento de “cortar” Eurasia a través del recorrido ilustrado (desde el Mar Mediterráneo hasta Asia Central), observamos que los EE.UU pueden confiarse al AFRICOM (desde el 2008) y, como es obvio, a los relativos emplazamientos de seguridad cooperativa en África: una útil “unidad” militar que está también orientada hacia Medio Oriente y parte de Asia Central (fig.4).

Área de responsabilidad

Para poder comprender mejor la importancia de la zona de Asia Central para la estrategia de los EE.UU en términos de dilatación de su hegemonía en el área eurasiática, es suficiente echar un vistazo en la siguiente ilustración (fig.5) que muestra las áreas de responsabilidad de los comandancias norteamericanas. El diseño es representativo de lo que llamamos – parafraseando la expresión “la carga del hombre blanco” formulada por el vate del imperialismo británico, Rudyard Kipling en 1899 – “la carga de los EE.UU”.

Áreas responsabilidad comandancias norteamericanas

Observaciones generales de conceptos “aceptados y condivididos”

 

En vista de alcanzar una comprensión más amplia de las complejas dinámicas que actualmente están en acto a escala global, es útil criticar un cierto número de conceptos generales que consideramos que son ampliamente aceptados y condivididos. Como es sabido, en el cuadro de un análisis geopolítico, el correcto uso de términos y conceptos es importante cuando menos para su utilización ligada a la descripción de la realidad a través de mapas y diagramas. Por ejemplo, la así llamada “globalización” es tan solo una expresión eufemística del expansionismo económico americano y de sus aliados capitalistas occidentales (véase Jacques Sapir, Le nouveau XXI siècle, Paris, 2008, pp. 63-64). También la referencia retórica en defensa de los supuestos “derechos humanos”, o valores democráticos de ese tipo, expuestos por algunos thik-tanks, gobiernos o simples activistas civiles, pone en evidencia la polarización colonialista de los EE.UU en el campo de los mass media y de la cultura, que no toman en consideración alguna otros estilos de vida, como aquellos expresados por las civilizaciones no occidentales, es decir, por más de tres cuartos de la población mundial. Entre estos conceptos, tenemos que tomar en consideración el más importante desde un punto de vista geopolítico (y de relaciones internacionales), que es el de la así llamada Comunidad Internacional. La expresión “Comunidad Interncional” no significa nada en términos geopolíticos. De hecho, la Comunidad Internacional no es una entidad real; su concepto relativo expresa, simultáneamente, la aspiración de algún activista utópico y una falsificación histórica.

En el mundo real, así como lo conocemos, compuesto de estados, naciones, personas, organizaciones internacionales [generalmente fundadas por “alianzas” (hegemónicas)] y, obviamente, por las relaciones entre estas entidades – hablar en términos genéricos de Comunidad Internacional, efectivamente se basa en una falsa descripción de los reales poderes que actualmente actúan a escala global y local.

Tomando en consideración el objetivo del Forum Internacional sobre la producción de droga en Afganistán (Moscú, 9-10 de junio de 2010), encaminado a encontrar “soluciones internacionales” (I.C.), como analistas, tenemos que suscribir con honestidad que en vez de I.C. sería más pragmático hablar de los reales jugadores implicados (que podrían estar involucrados) en la zona afgana.

Los verdaderos jugadores en el teatro afgano

 

Por razones de carácter analítico se hace útil asociar los jugadores implicados en el teatro afgano en las siguientes tres categorías: jugadores externos; jugadores locales; jugadores que potencialmente podrían estar implicados en el contexto afgano. Sucesivamente, podemos fácilmente definir algunas condiciones con el fin de delinear los caracteres de aquellos socios que se pondrían en la posición de estabilizar –efectivamente- toda el área geopolítica.

  • Jugadores externos: Las fuerzas USA-OTAN-ISAF (excepto Turquía) hay que considerarlas jugadores externos porque son totalmente ajenos a la específica área geopolítica, aun concebida en un sentido más amplio.
  • Jugadores locales: entre los jugadores locales podemos enumerar los países limítrofes (Irán, Turkmenistán, Tayikistán, China, Pakistán), las tribus, las fuerzas rebeldes, los talibanes y la entidad gubernamental “gobernada” por Karzai.
  • Por lo que respecta a los jugadores pertenecientes a la tercera categoría como los de las anteriormente mencionadas, podemos incluir la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva (CSTO), la Shangai Corporation Organization (SCO), es decir, las mayores organizaciones de Eurasia con amplia experiencia en la administración de las cuestiones concernientes al control de las fronteras y el tráfico de droga en el área centro asiática, y la Comunidad Económica Eurasiática (EURASEC). Además, debemos también mencionar a la ONU, en particular, a la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (UNODOC).
  • Los potenciales socios capaces de someter el problema de la droga en Afganistán tienen que presentar por lo menos las siguientes características: a) conocimiento de las dinámicas locales con relación a los aspectos étnicos, culturales, religiosos y económicos; b) el reconocimiento por parte de la población local como parte del mismo contexto cultural (obviamente, en su sentido amplio); c) la voluntad de coordinar las acciones colectivamente sin algún prejuicio o reserva mental en el interior de un programa Eurasiático.

Los socios que presentarán las características más arriba descritas de forma sintética son aquellos que se incluirán en la segunda y en la tercera categoría. Como hecho evidente, las fuerzas USA-OTAN-ISAF son percibidas por la población local por lo que realmente son: fuerzas de ocupación. Además, considerando el papel de la OTAN como el de una alianza hegemónica dirigida por Washington y actuando en el interior del cuadro estratégico global definido por los EE.UU, su presencia en Afganistán debería ser considerada como un serio obstáculo para la estabilización de toda la zona. Los talibanes y también la entidad gubernamental no parecen ser, por causa de las relaciones ambiguas que se cree que tienen con las fuerzas ocupadoras americanas, socios prometedores para un esfuerzo colaborador con el fin de vencer el problema de la droga en Afganistán.

Los reales jugadores con capacidades de estabilizar el área son –sin duda alguna – las naciones limítrofes con Afganistán y las organizaciones eurasiáticas. Entre los países limítrofes, un papel especial podría jugarlo Irán. Teherán es el único país que ha demostrado ser capaz de consolidar la seguridad de la frontera afgano-iraní, especialmente con el tráfico de droga. También Moscú y Pequín asumen una función importante para la estabilización del área y en la lucha en contra del tráfico de droga, porque Rusia y China, vale la pena reiterarlo, son las principales potencias de las susodichas organizaciones eurasiáticas. Un eje estratégico entre los dos “pulmones” de Eurasia, equilibrados por las repúblicas de Asia Central y por India, podrían representar la solución duradera para la estabilización del área y, por consiguiente, sobre la cuestión de la droga. Sólo en el cuadro de un plan eurasiático condividido que apunta a estabilizar el área –concebido e implementado por los jugadores eurasiáticos- sería posible mantener un diálogo con las tribus locales y con aquellos movimientos rebeldes que no están suficientemente controlados por los jugadores externos.

Conclusiones

 

La estabilización del área afgana es un requisito esencial para cualquier plan que apunte a enfrentar el problema de la producción y el tráfico de droga.

Sea como sea, con motivo del papel fundamental que juega Afganistán en Medio Oriente y en las regiones de Asia Central, la estrategia para estabilizar el área debe ser concebida en el contexto de la integración de la masa continental eurasiática. Los candidatos particularmente interesados en bloquear la producción y el tráfico de droga son los países fronterizos con Afganistán.

Las fuerzas americanas y de la OTAN, debido a su evidente praxis geopolítica tendente a la hegemonización del continente eurasiático, no son aspirantes creíbles.

(trad. de V. Paglione)

06/08/2010

La autonomía de la India y el contexto multipolar

por Tiberio Graziani *

India, a raíz de la considerable heterogeneidad climática y geomorfológica, de la abigarrada variedad étnica, de la amplia variedad de culturas y religiones y de la falta de homogeneidad socioeconómica que la caracterizan, parece haber alcanzado con suceso una regla que hizo que los grandes imperios lograran ser grandes: es decir, aquella del mantenimento de la unidad en la diversidad. El “milagro” de la unidad nacional de la India no se debe solamente a la ordenación constitucional y a la forma de gobierno federal que la populosa península eurasiática se ha dado después de la independencia de 1947, y tampoco porque la Unión pueda ser considerada la “más grande democracia del mundo”, según recitaba un trillado eslogan de hace algún tiempo.

La conservación de la unidad en un sistema nacional así compuesto y denso de tensiones se podría explicar, sin embargo, con mayor eficacia, además de por medio de una específica cultura de gobierno, bien sedimentada entre las élites intelectuales y políticas del país, también por el equilibrio que se ha instaurado en las líneas de fuerza que determinan el cuadro geopolítico asiático y aquellas relativas a la expansión occidental en la masa eurasiática.

Por lo que concierne la peculiar cultura de gobierno, con frecuencia definida como “laica” y “secular” en virtud del carácter tolerante por ella manifestada “ y a pesar de la “corrección” aportada en la Constitución de 1976 (que define la India como república democrática y soberana), es necesario referirse a las grandes, diversas y duraderas tradiciones –desde la hinduista a la budista y a la islámica- que han caracterizado a toda la historia de India, más bien que a la concepción democrática importada por Occidente.

Este tipo de orientación, fundamentalmente basada en un original principio del equilibrio de potencia eurasiático, ha permitido a India salvaguardar, aún entre muchas dificultades económicas y sociales y empujes centrífugos, la unidad del país, además de expresar un cierto nivel de independencia en las elecciones estratégicas de fondo, como, por ejemplo, aquellas que conciernen a la energía nuclear, los armamentos, la industria aerospacial y la potenciación de la marina civil y militar. Durante su joven existencia, la Unión ha atravesado con mucha capacidad de adaptación los diversos contextos geopolíticos, logrando siemppre captar los márgenes de maniobra útiles para confirmar su propia autonomía. Durante la fase bipolar, considerada por la clase dirigente de la India como la larga era de la descolonización, Nueva Delhi, no obstante constituía junto con Moscú un sólido eje motivado por la percepción terrestre de la amenaza, particularmente representada por Pequín e Islamabad, destacando su propia independencia de la lógica de los dos bloques, simbólica y prácticamente, sea adhiriendo al movimento de los países no alineados, sea renunciando al Tratado de no proliferación nuclear. Durante el transcurso del “momento unipolar”, la India adoptó la doctrina de los círculos concéntricos propuesta por el ministro Gujral. Esta propuesta, basada en la cooperación regional sobre la valoración de la propia autonomía y sobre el vigoroso crecimiento económico e industrial de aquellos años, le permite a la India sobresalir como actor hegemónico en Asia meridional. Actualmente, en un contexto decididamente multipolar o, según la definición de algunos analistas, policéntrico, la percepción terrestre de la amenaza y la dimensión oceánica todavía parecen constituir las coordenadas dentro de las cuales Nueva Delhi actúa una propia geopolítica. Esta última, que aproximadamente incluye la doctrina Gujral, aspira dotar a la India de un status de potencia no sólo regional, sino sobre todo global. Esta doctrina se expresa en, por lo menos, cuatro ámbitos principales que respectivamente conciernen al tablero regional, el sureste y Oriente, el área del Golfo y las directrices sur-sur que interesan, además de India, también África y América del Sur. Además de estos cuatro ámbitos que se han bosquejado, sinérgicamente encaminados a ratificar la autonomía de la India en el escenario mundial, hay que añadir también las alianzas estratégicas que Nueva Delhi está estrechando con Moscú y, últimamente, también con Pequín, para el conseguimento de la estabilidad en Asia central.

Por lo que respecta el tablero regional, y a pesar de la guerra en Afghanistán y las difíciles relaciones con Pakistán y Bangladesh, India, mediante una visión política de negociación bilateral con los países del área, reunidos en la Asociación de Asia meridional para la Cooperación Regional (Bangladesh, Bhutan, Maldivas, Nepal, Pakistán, Sri Lanka, Afganistán), en pocos años ha cobrado un rol importante que la muestra como candidato para desempeñar la función de eje en toda la zona. Para la consolidación del propio potencial geopolítico, India tiende a asegurarse amistades en Oriente y en el sureste asiático que sean estables y estratégicas, fundadas en la recíproca conveniencia. Los países hacia los cuales Nueva Delhi dirige su atención son, en particular, Indonesia y Japón. Su amistad con Jakarta y con Tokyo que, como todos saben, respectivamente respaldan los programas espaciales y el desarrollo industrial de la Unión, para Nueva Delhi constituye una especie de dispositivo geopolítico con respecto a las fluctuantes relaciones que mantiene con Pequín.

Hacia el oeste, sin embargo, India parece querer jugar la carta de la cooperación. India, necesitada de suministros energéticos útiles para el desarrollo y la potenciación de su industria, mantiene relaciones importantes con el Consejo de Cooperación del Golfo, el cual reúne a Arabia Saudita, Oman, Kuwait, Bahrain, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, y con la República islámica de Irán. Presentándose como un candidato interlocutor indispensable y un buen cliente para los países del Golfo, se ha garantizado una vía de expansión hacia occidente. Vale la pena hacer notar que si la relación entre Nueva Delhi y Teherán asume un significado geopolítico de importancia fundamental en el marco de la estrategia de contención de Pakistán, lo mismo se podría revelar, en el medio plazo, problemático para las relaciones con Tel Aviv y, además, podría ser instrumentalizada por Washington, en el caso de que India asumiera posiciones proeurasiáticas con respecto a la cuestión nuclear iraní.

En el ámbito de la Cooperación sur-sur, Nueva Delhi en los últimos diez años ha construido sólidas relaciones con Brasilia y Pretoria, entrando en competición, bajo algunos aspectos, también con China. Considerando las estrechas relaciones indoaustralianas y la importancia de la península de la India en el homónimo océano, los acuerdos con Brasil y Suráfrica, en la que India es también socio del Forum IBSA (India, Brasil, Suráfrica), parecen asumir una específica geopolítica, útil para la consolidación del sistema multipolar, el surgimiento de Australia como nuevo actor regional y, finalmente, la consolidación de Nueva Delhi en el escenario mundial.

Los esfuerzos que en la actualidad India lleva adelante para el mantenimiento de su propia autonomía y su propia unidad, además del desarrollo económico industrial, serán en el medio y largo plazo recompensados sólo si Nueva Delhi basa sus propios intereses geopolíticos en el ámbito de una perspectiva eurasiática y multipolar; esta perspectiva, de hecho, resolvería su elección entre ser una simple potencia regional con aspiraciones internacionales, o bien una potencia mundial con intereses regionales.

* Director de Eurasia – Rivista di studi geopolitici (www.eurasia-rivista.org) y de la colección Quaderni di geopolitica (Edizioni all’insegna del Veltro), Parma, Italia. Cofundador del Istituto Enrico Mattei di Alti Studi per il Vicino e Medio Oriente, Ha dictado cursos y seminarios de geopolítica en universidades y centros de investigación y análisis. Docente del Istituto per il Commercio Estero (Ministerio de Asuntos Exteriores italiano), dictando cursos en distintos países, como Uzbekistán, Argentina, India, China, Libia. – e-mail: direzione@eurasia-rivista.org
(Traducido por V. Paglione)

02/08/2010

“Irán es un país que jamás nadie podrá aislar”

ENTREVISTA A SEYYED MOHAMMAD HOSSEINI

EMBAJADOR DE LA REPUBLICA ISLAMICA DE IRÁN

ANTE EL ESTADO ITALIANO

Viernes 25 de junio, Matteo Pistilli y el director Tiberio Graziani han entrevistado para la revista de estudios geopolíticos Eurasia (www.eurasia-rivista.org – direzione@eurasia-rivista.org) , a Su Excelencia el Embajador de la República Islámica de Irán ante el Estado italiano, Seyyed Mohammad Alí Hosseini.

Durante el encuentro, el Embajador ha expresado las razones de Teherán por lo que respecta las recientes sanciones de parte de la ONU y ha expuesto el papel de la República Islámica en el ámbito regional y mundial, haciendo particular referencia a las relaciones que mantiene con Turquía, China, Rusia y Brasil.

Con una propuesta de los EE.UU, la República islámica de Irán recientemente ha sido sometida a nuevas sanciones de parte de la ONU. A esta decisión han adherido también China y Rusia, dos países que por lo general no son hostiles con Irán. ¿Cómo evalúa Teherán la nueva posición internacional de Moscú y de Pequín? ¿Cuáles son los efectos a medio y a largo plazo acerca de las relaciones entre estos dos países y la República de Irán?

En el nombre de Dios Clemente y Misericordioso.

Antes que nada quisiera hacer algunas aclaraciones por lo que concierne la última resolución 1929 del Consejo de Seguridad. La interferencia del Consejo de Seguridad sobre la cuestión nuclear iraní ha sido desde su primer momento una acción ilegítima y en contraste con el estatuto de las Naciones Unidas. La tarea principal del Consejo de Seguridad es la de ocuparse de la paz y de la seguridad en el caso de que sufrieran alguna amenaza. Sin embargo, el programa nuclear iraní es un programa pacífico, civil, bajo constante monitoreo de parte de la Agencia Internacional para la Energía Atómica o mediante las inspecciones realizadas por sus inspectores, o bien y contemporáneamente, mediante la instalación de telecámaras con circuito cerrado en todos los lugares donde se hallan ubicadas las estructuras iraníes. A su vez la Agencia y sus inspectores desde el inicio y en más de 20 ocasiones han publicado informes en los que se aclara que el programa nuclear iraní no sufre ningún cambio de trayectoria que lo pueda llevar hacia un empleo de tipo militar. Esto significa que el programa nuclear iraní – destaco pacífico, bajo control de la Agencia, con certificación de la misma de que no existen violaciones de las reglas y de los reglamentos internacionales – no puede ser considerado una amenaza para la paz y la seguridad internacional. Por lo tanto, cualquier interferencia de parte del Consejo de Seguridad por lo que respecta a nuestro programa nuclear civil y pacífico se debe considerar ilegal, facciosa, sin ningún valor. Por consiguiente, las resoluciones aprobadas por el Consejo de Seguridad para imponer sanciones a la República Islámica de Irán hay que considerarlas contrapuestas con el mismo estatuto de las Naciones Unidas, porque estas resoluciones tienen como objetivo el de despojar a los iraníes de sus derechos naturales. Todos sabemos que el estatuto de la ONU no permite al Consejo actuar en modo tal de denegar a las naciones y a los pueblos sus derechos naturales. En cambio, el mismo Consejo de Seguridad no actúa donde efectivamente existen amenazas reales y concretas, sea a nivel regional, sea a nivel internacional, con respecto a la paz y la seguridad. El último ejemplo fue el de la falta de una adecuada reacción respecto a la bárbara masacre cometida por el régimen sionista en aguas internacionales, en perjuicio de los pacifistas de la Flotilla pacifista que llevaba ayuda humanitaria hacia la Franja de Gaza. O bien, la falta de una seria y adecuada reacción de parte del Consejo de Seguridad para levantar el cerco en la Franja de Gaza que desde hace más de tres años está despojando a la población de la misma de los más elementales derechos naturales, es decir, alimentos, agua, asistencia sanitaria entre otras cosas. Lamentablemente el silencio, la indiferencia y la fragilidad del Consejo de Seguridad frente a estos crímenes permiten la perpetuación de la situación actualmente existente. Acerca de esto, tomamos nota de la que se puede considerar una acción apresurada y desconsiderada de parte de los EE.UU para imponer tales sanciones. Ya que los americanos han obrado en esta dirección justamente en relación con el acuerdo de Teherán, es decir, el acuerdo trilateral entre Irán, Brasil y Turquía sobre la cuestión nuclear. La declaración del acuerdo de Teherán se hizo pública el 17 de mayo de 2010, después de siete meses de negociaciones; hemos visto a Brasil y Turquía consagrarse auténticamente con mucha sinceridad y, por consiguiente, también Irán ha demostrado la necesaria flexibilidad. Este ha sido un paso de parte iraní para dar confianza, también para dar muestras de la posibilidad de una interacción constructiva entre las partes. La cosa ineresante es que también el mismo presidente norteamericano había pedido a los presidentes de Brasil y Turquía que alcanzasen un resultado provechoso. Pero, inmediatamente después que el acuerdo se hiciera público hemos observado a los americanos querer acelerar la aprobación de la resolución 1929 que no hace otra cosa que reforzar las sanciones en contra del pueblo iraní. Aquí nos hallamos ante una política hipócrita con relación a la cuestión nuclear iraní. Por lo que concierne a China y Rusia, tengo que manifestar que la República Islámica de Irán posee amplias relaciones con ambos países, conforme a los recíprocos intereses; naturalmente, la amplitud de estas relaciones entre Irán y China y entre Irán y Rusia conlleva también espectativas de parte iraní; la mayor parte de aquellas que conciernen al programa nuclear iraní han permanecido desatendidas. Un ejemplo es que los dos países, China y Rusia, han aprobado la última resolución con respecto a Irán. Esta decisión ha sacudido de alguna forma la opinión pública iraní y ha puesto bajo presión a algunas autoridades de nuestro país. A pesar de ello nosotros pensamos que para estos dos países existe aún una posibilidad; es obvio que el auspicio que nosotros manifestamos es que trabajen para corregir el error apenas cometido.

Entonces, Teherán deja abierto un resquicio para Moscú y Pequín. Hace algunos días (21 de junio), la página del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso ha concedido una declaración oficial para criticar la decisión de los EE.UU y de algunos países europeos por haber agudizado unilateralmente las sanciones contra Irán. Estas sanciones están focalizadas en los así llamados “bienes de doble uso”; Moscú ha manifestado su desilusión por las sucesivas sanciones contra Irán y aprobadas por Washington, que van más allá del ya existente régimen de sanciones de la ONU contra Teherán. Esta declaración oficial de parte del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso en mi opinión se introduce justamente en el marco de aquella estrategia de rectificación y de corrección de la que ud. hablaba con anterioridad ¿o me equivoco?

Lo que he entendido escuchando sus palabras es que los rusos están de acuerdo con las sanciones aprobadas en el ámbito del Consejo de Seguridad, pero están en contra de una ampliación de las mismas por parte de los EE.UU y de los países europeos. Pero nosotros consideramos que la resolución del Consejo con respecto al programa nuclear pacífico iraní es una decisión injustificada. Sin embargo, al mismo tiempo, por lo que ud. me leía, se demuestra la adversidad de Moscú a una agravación unilateral de las decisiones del Consejo propuestas sea por los EE.UU, sea por algunos países europeos. Por consiguiente, desde este punto de vista, puedo responder afirmativamente, que se trata de una toma de partido positiva.

Las relaciones económicas entre Irán e Italia han sido siempre muy buenas. La Farnesina, sin embargo, en estos últimos tiempos, alineándose a las directivas de Washington que tienen como fin aislar Teherán, ha expresado con regularidad posiciones anti iraníes: ¿Cómo evalúa el gobierno iraní el comportamiento de Roma?

Ciertas posiciones expresadas por algunas autoridades italianas son actitudes poco amigables y que no corresponden a la realidad y al espíritu de amistad que desde siempre ha caracterizado las relaciones entre Irán e Italia. Soy del parecer que un mayor conocimiento de la realidad iraní, es decir, un mayor realismo, ayudarían a corregir incomprensiones de este tipo. Las relaciones económicas entre Irán e Italia han sido siempre buenas y están infundidas por algunos factores, por ejemplo, los intereses recíprocos, las colaboraciones que existen en muchos sectores, la complementariedad de las dos economías. También se fundan bajo el aspecto de que Irán representa un Mercado de 70 millones de consumidores y junto con sus países lindantes alcanza la cota de 300 millones: es interés de los empresarios italianos encontrar siempre nuevos mercados y es un interés de Irán acoger la tecnología italiana. Estos y otros factores, desde siempre constituyen el marco y el sostén sobre el que se fundan nuestras relaciones comerciales. De todas maneras, quisiera remarcar que Irán, debido a su ubicación exclusiva y dimensiones, es un país que jamás nadie podrá aislar. Hablamos de un país y de una nación con siete mil años de historia; un país que además de tener la fortuna de poseer un rico y enorme acervo cultural y de civilización, tiene también la suerte de poseer un futuro formado por jóvenes; igualmente un país afortunado porque es rico en muchas riquezas naturales; un país con salida hacia el mar abierto que a esta altura ha alcanzado y superado la autosuficiencia en muchos sectores industriales; un país que puede ser considerado líder en la propia región. Así que pueden observar que los esfuerzos tricenales de Washington para aislar Irán y para imponerle sanciones hasta ahora han producido efectos absolutamente opuestos. Es suficiente leer de forma más profundizada los sondeos de opinión (no me refiero mucho a aquellos de carácter internacional, sino a aquellos que tienen que ver con las poblaciones mediorientales) para entender cuáles son los países más amados y cuáles son los más odiados de parte de la opinión pública de nuestra región; tal vez, finalmente se entenderá cuáles son los Estados que realmente están aislados en este momento.

Recientemente algunos diarios muy cercanos al gobierno italiano han explícitamente evidenciado la implicación de Israel, en particular a través del Mossad, en la instrucción y financiación de la guerrilla curda en el norte de Iraq con el fin de desestabilizar las regiones curdas lindantes que se hallan en Turquía e Irán. El ataque curdo a la base de Iskenderun, acontecido contemporaneamente con el asalto de los barcos de la Flotilla que se dirigía hacia Gaza, parece ser una advertencia y una acción de despiste para impedir la reacción turca a la acción de guerra llevada a cabo por Israel en perjuicio de los ciudadanos y de los barcos turcos. La voluntad de querer combatir el terrorismo turco y los independentismos de la región, ¿pueden representar un punto de encuentro entre Turquía e Irán?

La República Islámica de Irán y Turquía tienen preocupaciones e intereses comunes en la región. Esto ha llevado a una colaboración muy eficaz entre ambos países para contrarrestar el terrorismo. Algunos grupos terroristas están constituídos y respaldados por algunas potencias que se encuentran fuera de nuestra región. Estos mismos grupos están activos en las zonas fronterizas que se encuentran entre Irán, Turquía e Iraq y están intentando llevar a cabo actividades de espionaje y desestabilizadoras. El régimen sionista ha desempeñado siempre una parte activa en la promoción de grupos terroristas para producir inestabilidad en la región. Pero, al mismo tiempo, como decía con anterioridad, las buenas colaboraciones entre los países de la región hasta ahora han impedido a estos grupos terroristas y a sus partidarios el alcanzar algún suceso.

Las nuevas relaciones entre Irán y Turquía parecen prefigurar una nueva orientación geopolítica del cuadrante cercano y medioriental. Considerando que Turquía es un país miembro de la OTAN, ¿juzga ud. que la “ruptura” de Ankara tendrá repercusiones en el marco de la alianza atlántica y, si es así, cuáles?

Por lo que concierne a la segunda parte de su pregunta, deberían ser los amigos turcos los que den una respuesta, porque son ellos los que conocen las lógicas internas de la alianza atlántica. Sin embargo, tengo que decir que los últimos acotecimientos a nivel regional e internacional hacen pensar que tal vez este siglo verá el nacimiento de nuevas potencias. Se verificarán grandes cambios a nivel internacional y, finalmente, el mundo saldrá del unipolarismo. Entre las potencias emergentes podemos nombrar precisamente Irán, Turquía, Brasil, India; esto significa que habrá un nuevo Medio Oriente en donde el papel y la influencia de las potencias hegemónicas externas se reducirá al mínimo y el papel de los países islámicos de la región se reforzará aún más.

Una de las cuestiones más controvertidas al orden del día es aquella de la entrega a Irán de parte de Rusia de los sistemas de defensa aérea S-300. En los últimos meses se han sucedido una serie de voces que alternativamente confirman o desmienten la paralización del acuerdo, si bien después de la última vuelta de sanciones, parece que Rusia se incline hacia la decisión de no entregar a Irán esta importante tecnología militar que puede conjurar el ataque de parte de Israel. ¿Cómo puede considerar esta marcha atrás de parte de Rusia conjugada con el voto favorable a las nuevas sanciones contra Irán? ¿Habrá repercusiones en las futuras relaciones entre Irán y Rusia?

Efectivamente, ha habido declaraciones contrastantes de parte de las autoridades rusas: las demoras apuntadas han tenido cada vez motivaciones políticas o técnicas. A pesar de ello, por lo general la colaboración entre los dos países se realiza en el marco de normales relaciones. Si fuese cierto que los rusos hubiesen decidido no entregar a Irán este sistema S-300, tal decisión se interpretaría como una violación con relación a los acuerdos tomados con anterioridad entre los dos países. Recordemos que el prestigio, el crédito entre los Estados es el resultado de su fidelidad a los compromisos contraídos con los demás. Por ello, seguramente un eventual incumplimiento de parte rusa con respecto a un acuerdo tan viejo suscitaría una gran desconfianza con respecto a Moscú, y nosotros no lo deseamos. Sin embargo, quisiera remarcar que si Irán no obtuviese este sistema de defensa no sufrirá, pueden estar seguros, grandes daños, porque poseemos una industria de defensa muy desarrollada y técnicos jóvenes y expertos; estamos en condiciones de producir lo que necesistamos para asegurar nuestra defensa. A pesar de las sanciones injustas impuestas a nuestro país en estos años, Irán no ha cesado nunca de seguir adelante, también por medio de la senda del desarrollo científico y tecnológico. Y como afirmaba anteriormente, con certeza somos autosuficientes, podemos pensar en nuestras diversas necesidades en los diversos sectores sin tener que depender de nadie. De una manera o de otra, esperamos que los rusos sean cumplidores con relación al acuerdo ya firmado y no permitan que las relaciones entre los dos países se perjudiquen por episodios como éste.

Irán es un país observador de la Organización para la Cooperación de Shangai (OCS). En el reciente vértice de la Organización que se ha tenido en Tashkent el 10 y el 11 de junio, Teherán ha enviado una delegación suya. ¿Cuál es el actual papel de Irán en la Organización eurasiática?

En todas las consultas puestas en marcha hasta ahora, los miembros de la conferencia de Shanghai están de acuerdo sobre la importancia que representa el papel de la presencia iraní. Uds. saben que la conferencia de Shanghai tiene como prioridades la de la lucha contra el narcotráfico, el crimen organizado, además del desarrollo económico. Y es justamente aquí que observamos cómo es que existen múltiples intereses y preocupaciones comunes entre los países de la región. Con seguridad estos intereses y estas preocupaciones llevarán a una siempre mayor convergencia entre los miembros de la Organización para la Cooperación de Shanghai. De cualquier modo, Irán es un país en primera línea por lo que respecta a aquellos objetivos primarios de la Organización, por consiguiente la presencia iraní en la conferencia ayudará seguramente a los otros miembros y a una más acelerada consecución de los objetivos previstos.

Mohammad Alí Hosseini es embajador de la República islámica de Irán en Italia.

La entrevista – al cuidado de Tiberio Graziani, Antonio Grego y Matteo Pistilli – ha sido concedida el día viernes 25 de junio de 2010, en la Embajada de la República Islámica de Irán en Italia.

(trad. de V. Paglione)

http://www.eurasia-rivista.orgdirezione@eurasia-rivista.org

Fuente: http://www.eurasia-rivista.org/4988/l%E2%80%99iran-data-la-sua-posizione-unica-le-sue-dimensioni-non-e-un-paese-che-qualcuno-riuscira-mai-ad-isolare-intervista-all%E2%80%99ambasciatore-della-repubblica-islamica-delliran-seyed

28/07/2010

LA GEOPOLÍTICA EN LA ITALIA REPUBLICANA

por Tiberio Graziani *

Un país con soberanía limitada

A pesar de su enviadiable posición geográfica y de los carácteres que constituyen su estructura morfológica, en la actualidad, Italia no posee una doctrina geopolítica.

Esto se debe principalmente a los tres siguientes aspectos: a) la afiliación de Italia en la esfera de influencia americana (el así llamado sistema occidental); b) la profunda crisis de la identidad nacional; c) la escasa cultura geopolítica de su clase dirigente.

El primer aspecto, además de limitar la soberanía del Estado italiano en múltiples ámbitos, desde el militar al de la política exterior, tanto para citar algunos de aquellos más relevantes bajo el apecto geopolítico, condiciona la política y la economía interna, la elección estratégica por lo que concierne el tema de la energía, investigación tecnológica y realización de grandes infraestructuras y, no por último, incluso llega a vincular las políticas nacionales de contraste a la criminalidad organizada. La Italia republicana, por causa de las notorias consecuencias del tratado de paz de 1947 y también en virtud de la ambigüedad ideológica de su dictamen constitucional, según el cual la soberanía pertenecería a una entidad socioeconómica y cultural, por otra parte variable y vagamente homogénea, el pueblo, y no a un sujeto político bien definido como es el Estado (1), ha seguido la regla áurea del “realismo colaboracionista o claudicador”, es decir, el de renunciar a la responsabilidad de dirigir el proprio destino (2). Semejante abdicación ubica a Italia en la condición de “subordinación pasiva” y ata sus elecciones estratégicas a “la buena voluntad del Estado subordinador” (3).

El segundo aspecto invalida uno de los factores necesarios para la definición de una doctrina política coherente. La crisis de la identidad italiana se debe a causas complejas que remontan a la fracasada combinación de las varias ideologías nacionales (la de inspiración católica, monárquica, liberal, socialista o laico-masónica) que han apoyado el proceso de unificación de Italia, la edificación del Estado unitario y, luego del paréntesis fascista, la realizaciٖón del actual orden republicano. Además, la crisis de la identidad nacional se debe también a la mal digerida experiencia fascista y al trauma de la derrota sufrida durante la guerra. La retórica romántica del Estado-Nación, el mito de la Nación y, sucesivamente, los de la Resistencia y de la “liberación”, seguramente no han ofrecido un buen servicio a los intereses de Italia, quien, después de ciento cincuenta años de su unificación, aún está en busca de su propia identidad nacional.

Finalmente, el tercer aspecto que por motivos históricos en parte se puede relacionar a los anteriores, no permite situar la cuestión de las directrices geopolíticas de Italia entre las prioridades de la agenda nacional.

No obstante, una especie de geopolítica – o bien una política exterior esencialmente basada en la colocación geográfica – correspondiente a los intereses nacionales y por lo tanto excéntrica con respecto a las indicaciones estadounidenses, exclusivamente dirigida para asegurarle a Washington la hegemonía en el Mediterráneo, se ha hallado siempre presente en las alternas vicisitudes de la República italiana. En particular, el interés de hombres del gobierno como Moro, Andreotti, Craxi, así como de importantes commis d’État como Mattei, orientado a los países de África del Norte y a los del Cercano y Medio Oriente, si bien limitado a las relaciones “de amistosa vecindad” y de “coprosperidad”, estaba decididamente acorde no sólo con la posición geográfica de Italia en el Mediterráneo, sino que también era funcional sea a una potencial, futura y deseable emancipación de la Italia democrática del amparo norteamericano, sea del papel regional que Roma habría podido ejercer también en el ámbito del rígido sistema bipolar. Tales iniciativas habrían podido constituir la base para definir las líneas estratégicas de lo que el argentino, Marcelo Gullo, ha denominado, en el ámbito del estudio de la construcción del poder de las naciones, “realismo liberacionista” para permitir a Italia transitar desde la “subordinación pasiva” a la “subordinación activa”, un estadio decisivo para conseguir algunos espacios de autonomía en la competición internacional.

El fracaso de la modesta política mediterránea de la Italia repubblicana hay que atribuirlo, además de las interferencias norteamericanas, también a la naturaleza ocasional con la cual ha sido ejercida y a la actitud contraria y obstativa de los grupos de presión internos más filoamericanos y prosionistas. Con la conclusión del bipolarismo y de la así llamada Primera república, las iniciativas arriba expuestas, orientadas a conseguir una aun limitada autonomía de la política exterior italiana, literalmente se han desvanecido.

Actualmente Italia, en calidad de país euromediterráneo subordinado a los intereses americanos, se halla en una situación muy delicada, puesto que además de sufrir, en cuanto miembro de la Unión Europea y de la OTAN, las tensiones entre Usa y Rusia presentes en Europa continental, particularmente en aquella centroriental (véase la cuestión polaca por lo que respecta la “seguridad”, o bien aquella energética), sufre sobre todo las repercusiones de las políticas cercano y mediorientales de Washington. Además, el sometimiento de Italia a los Estados Unidos que – vale la pena corroborarlo- se expresa a través de un evidente límite de la soberanía del Estado italiano, exalta los carácteres de fragilidad típicos de las áreas peninsulares (tensión entre la parte continental, aun limitada por lo que concierne Italia y aquella más específicamente peninsular e insular), aumenta los empujes centrífugos, hasta hacer dificultosa la gestión de la normal administración del Estado.

Ocupada militarmente por los Estados Unidos, – en el ámbito de la “alianza” atlántica- con más de cien bases (4), desprovista de recursos energéticos adecuados, económicamente frágil y socialmente instable por la continua erosión del ya agonizante “estado social”, Italia no posee niveles de libertad tales que le permitan valorizar su potencial geopolítico y geoestratégico en sus naturales directrices representadas por el Mediterráneo y por el área adriática-balcánica-danubiana, sino en el contexto de las estrategias de allende el atlántico con exclusivo beneficio para los intereses extranacionales y extracontinentales.

Las oportunidades que posee Italia para alcanzar un propio rol geopolítico resultan ser, por lo tanto, externas a la voluntad de Roma; éstas radican en la recaída que la actual evolución del escenario mundial – a esta altura multipolar- produce en la cuenca mediterránea y en el área continental europea. De hecho, los grandes trastornos geoplíticos en acto, principalmente determinados por Rusia podrían exaltar la función estratégica de Italia en el Mediterráneo precisamente en el ámbito del orden y de la consolidación del nuevo sistema multipolar  y de la potencial integración eurasiática.

De hecho, hay que tener presente que la estructuración de este nuevo sistema geopolítico multipolar pasa, por obvias razones, a través del proceso de desarticulación o de reorganización de aquel de tipo “occidental” bajo control norteamericano, a partir de sus periferias. Estas últimas están compuestas, considerando la masa euroafroasiática, por la península europea, por la cuenca mediterránea y por el arco insular japonés.

Rusia y Turquía: los dos polos geopolíticos

Las recientes transformaciones del cuadro geopolítico global han producido algunos factores que podrían facilitar la “desvinculación” de gran parte de los países que constituyen el llamado sistema occidental bajo tutela del “amigo americano”. Esto, potencialmente pondría a Roma en la posición de activar una propia doctrina geopolítica en coherencia con el nuevo contexto mundial.

Es notorio que la reafirmación de Rusia a nivel mundial y el protagonismo de China y de India han provocado un reajuste de las relaciones entre las mayores potencias y ha sentado las premisas para la constitución de un nuevo orden que excluye las relaciones de fuerza de carácter militar, y que se basa en unidades geopolíticas continentales de interés estratégico. Tales cambios también se registran en la parte meridional del hemisferio oriental, el que fue el patio trasero de los EE.UU, donde las relaciones de Brasil, Argentina y Venezuela con las potencias eurasiáticas arriba mencionadas han aportado nuevo impulso a las hipótesis de la unidad continental suramericana. Por lo que concierne el área mediterránea, el principal de estos nuevos factores geopolíticos está representado por la inversión de tendencia fijada por Ankara en sus últimas políticas cercano y mediorientales. La ruptura con Washington y Tel Aviv de parte de Ankara podría asumir, a corto plazo, un alcance geopolítico de largo alcance con el fin de constituir un espacio geopolítico eurasiático integrado, puesto que representa un primer acto concreto a través del cual se hace posible desencadenar el proceso de desarticulación (o de limitación) del sistema occidental a partir de la cuenca mediterranea.

Dadas las condiciones actuales, los polos geopolíticos – acerca de los cuales una Italia relamente intencionada a emanciparse de la tutela norteamericana debería hacer hincapié- están representados precisamente por Turquía y Rusia. Un alineamiento de Roma a las indicaciones turcas sobre el tema de política cercano oriental dotaría a Italia del necesario prestigio, pesadamente obcecado por sus avasalladoras relaciones con Washington, para imprimir un sentido geopolítico a la fatigada política de cooperación que desde hace años la Farnesina mantiene con el margen sur del Mediterráneo y el Cercano Oriente. Además, la pondría junto (y gracias a ello) al aliado turco, en la situación, si bien no de denuncia del pacto atlántico, por lo menos en aquella necesaria de renegociar el oneroso y humillante empeño en el seno de la Alianza, y, simultáneamente, para plantear la reconversión de las bases militares controladas por la OTAN en bases útiles para la seguridad del Mediterráneo. Italia y Turquía, junto a los demás países costeños del Mediterráneo, podrían en ese caso realizar un sistema de defensa integrado siguiendo el ejemplo de la Organización del Tratatdo de la Seguridad Colectiva (OTSC).

Para ejercer esta “exit strategy” del vínculo americano, sintéticamente esbozada en los párrafos anteriores, Roma encontraría un apoyo valedero, además de parte de Ankara, también de Tripoli, Damasco y Teheran y, lógicamente, de Moscú. Por otra parte esta última apoyaría con certeza a Roma en su salida de la órbita norteamericana, favoreciendo su natural proyección geopolítica en la directriz adriática-balcanica-danubiana en el marco, obviamente, de una alianza italo-turco-rusa edificada bajo intereses comunes en el así llamado Mediterráneo alargado (es decir, constituido por los mares Mediterráneo, Negro y Caspio).

* Eurasia. Rivista di Studi Geopolitici

direzione@eurasia-rivista.org

www.eurasia-rivista.org

(Trad. di V. Paglione)

Notas

  1. Por lo que concierne el estudio de la génesis del primer artículo de la Constitución y, en particular, el segundo apartado (La soberanía pertenece al pueblo, quien la ejerce en las formas y en los límites de la Constitución), y además por la falta de un artículo específico de la Constitución dedicado al Estado y a la soberanía, como lo deseaba Dossetti, véase Maurizio Fioravanti, Constitución y pueblo soberano, Il Mulino, Bologna, 2004, p.11 y pp. 91-98.
  2. Marcelo Gullo, La insubordinación fundante, Editorial Biblos, Buenos aires, 2008, pp. 26-27.
  3. Marcelo Gullo, ibid.
  4. Fabrizio Di Ernesto, Portaerei Italia. Sessant’anni di Nato nel nostro Paese, Fuoco Edizioni, Roma, 2009.

(Trad. di V. Paglione)

 

 

 

21/05/2010

Entrevista a D. Rogozin, embajador de Rusia en la OTAN: “No al centralismo de la OTAN y al cerco a Rusia”

D. Rogozin: “No al centralismo de la OTAN y al cerco a Rusia”

Una entrevista exclusiva a Dmitrj O.Rogozin, embajador de la Federación Rusa en la OTAN, aparece en el último número (1/2010) de la revista “Eurasia”, dedicada a “Rusia y el sistema multipolar”.

Rogozin debatió con Tiberio Graziani y Daniele Scalea sobre el futuro de la OTAN (“lacerada por problemas nacionales, financieros e ideológicos”) y de la cooperación con Rusia.

El embajador criticó el centralismo de la OTAN y relanzó la propuesta del presidente Medvedev para un acuerdo de seguridad europeo que “dirija hacia el exterior todos los cañones del continente”, impidiendo el surgimiento de un nuevo conflicto en Europa.

Supuestamente se tocó el tema de Afganistán, donde más fuerte se encuentra la convergencia entre los intereses de Moscú y de la Alianza Atlántica, aunque Rogozin no haya ahorrado dardos a la OTAN.

De facto el embajador afirmó que no se puede “evaluar positivamente el balance de las actividades del ISAF”, y que si en el día de hoy las tropas dejaran el país el régimen de Karzai duraría menos que el comunista Najibullah después del retiro de los soldados soviéticos. Una repentina salida de la OTAN de Afganistán desestabilizaría el Asia Central y pondría nuevos retos a Rusia, pero Rogozin quiso precisar que el apoyo de Moscú a la Alianza Atlántica no es incondicional: el embajador se define “extremadamente indignado” por el constante rechazo de la OTAN a destruir los cultivos de amapolas de opio, de donde deriva la heroína que invade Rusia; rechazo éste que desentona con los regulares bombardeos a las bases de los narcotraficantes en Colombia. “¿No será porque la cocaína esta dirigida a Estados Unidos y la heroína a Rusia?” se pregunta retóricamente Rogozin precisando que la paciencia de los rusos “ha llegado al límite”. Finalmente Rogozin ha demostrado inquietud por “la política de cerco a Rusia con bases militares en el sur y en el oeste del país” por parte de Estados Unidos, ha auspiciado el reforzamiento del Tratado de seguridad colectiva que une a Rusia con muchos otros países ex soviéticos y ha criticado la injerencia de la OTAN en los asuntos relacionados con el Ártico.

La entrevista de 4 páginas al embajador Rogozin, que ha tocado los susodichos temas y otros, puede ser leída íntegramente en el número 1/2010 de la revista de geopolítica “Eurasia” ( http://www.eurasia-rivista.org; direzione@eurasia-rivista.org )

 

 

 

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10/05/2010

Libros: Claudio Mutti, Imperium. Epifanie dell’idea di impero

Claudio Mutti
Imperium. Epifanie dell’idea di impero
Prefacio de Tiberio Graziani
Effepi, Génova 2005

Prefacio

El imperio es, según la generalidad de los estudiosos de ciencias políticas, y, en particular, de los estudiosos de geopolítica, una construcción política de difícil y compleja definición. Los rasgos del “mayor cuerpo político conocido por el hombre” [1] que en mayor medida impactan al observador son, sin duda, los referentes a las características físicas; en primer lugar, la gran extensión territorial (el gigantismo imperial), la variedad de los climas y la heterogeneidad del paisaje geográfico. Ulteriores signos distintivos que contribuyen a definir la fisonomía del imperio, como unidad geopolítica, son la plurietnicidad, la autosuficiencia económica y un poder político y militar cohesionado.

Los caracteres anteriormente citados, sin embargo, no logran describir plenamente el imperio. De hecho, existen naciones, estados federados o confederaciones de estados que pese a presentar estos mismos elementos, no son un imperio. A tal respecto, Philippe Richardot, en su Les grands Empires. Histoire et géopolitique [2], indica el caso de Brasil, Canadá y de la Unión India, a los que podríamos añadir el de los Estados Unidos de América, de Rusia y, en cierta medida, también el de la Confederación de Estados Independientes. Estos modernos sistemas políticos se extienden sobre amplias superficies, son pluriétnicos, poseen las condiciones para ser económicamente autosuficientes, pero ciertamente no son clasificables en la actualidad como imperios. Sin embargo, comparten con el imperio semejantes problemas estratégicos, en particular, los conectados con la defensa de las fronteras y la disolución de la potencia militar.

Si del plano meramente descriptivo pasamos al más especulativo, analítico, tratando de identificar la dinámica que anima y sostiene esta particular unidad geopolítica, también el modelo hoy académicamente más acreditado, el expresado por las parejas “centro-periferia” y “dominadores-dominados” [3], que Richardot juzga determinista, pero seductor por su fuerza simplificadora, no parece ser apropiado para dar una definición o explicación del imperio. Los casos indicados del ya citado Richardot que hacen ineficaz la aplicación de este modelo, con referencia a la comprensión del imperio, son los clásicos del Imperio de Alejandro Magno, del Imperio romano y del ruso. El Imperio de Alejandro sobrevive a la muerte de su fundador, desplazando su centro al Egipto de los Tolomeos, por tanto, a una región periférica del edificio realizado por el Macedonio; Roma, a partir del siglo III, ya no tiene una sede cierta, sino itinerante. De hecho, como observa Richardot, del año 284 al 305 ya no hay ni centro ni periferia, al ser el imperio descentralizado en cuatro regiones militares. Después, Bizancio, rebautizada en el año 330 Constantinopla, se convierte en la segunda capital del Imperio, hasta transmutarse en 1453, de ciudad periférica del antiguo imperio romano a centro de irradiación del sistema imperial otomano. Otro caso en el que el modelo “centro-periferia” no nos ayuda en la comprensión de la construcción y en el mantenimiento de la ecúmene imperial lo proporciona el imperio ruso, ya se haga remontar su origen a la Rus de Kiev, la capital de la actual Ucrania, que propiamente significa Marca, es decir…periferia, o ya se presente como un resto del antiguo imperio “nómada” de Gengis Khan [4].

El imperio no es, por tanto, definible por su gigantismo territorial, ni por su heterogeneidad étnica y cultural, ni por un centro geográfico definido y su correlativa periferia. La definición de tal entidad geopolítica ha de encontrarse, por tanto, en otro lugar. El término latino imperium expresa el ejercicio de la autoridad de un jefe militar, pero el imperio, como entidad geopolítica concreta, aunque funde, en la generalidad de los casos, su propio poder en la clase militar, no siempre sigue lógicas militares o exclusivamente de fuerza, como sostenía en la primera mitad del siglo XIX Leopold von Ranke (Die Grossen Machte).

Lo que distingue y cualifica al imperio respecto a las otras construcciones políticas, o más precisamente geopolíticas, parece ser, en cambio, la función equilibradora que este tiende a ejercer en el espacio que lo delimita. Toda construcción imperial, de hecho, persigue el objetivo de regular las relaciones entre las naciones, los pueblos y las etnias que la constituyen concretamente, de modo tal que las particularidades y especificidades concretas no se vean comprometidas unas en perjuicio de otras, sino que al contrario sean salvaguardadas y “protegidas”, en particular allí donde las modestas dimensiones o la escasa fuerza militar o económica de una especificidad dada sitúen a la misma en condiciones tales que pueda ser fagocitada y destruida por sus enemigos. El imperio asume tal función en un espacio circunscrito y continuo, y la continuidad espacial es ciertamente uno de sus rasgos distintivos.

La función reguladora asumida por el imperio encuentra su propia razón de ser, además de en la conciencia del común espacio habitado, sobre todo, en la común visión espiritual, aunque distintamente entendida y expresada en las culturas de las diferentes poblaciones del imperio. Todo edificio imperial, de hecho, expresa una unidad espiritual que, aunque transmitida según formas particulares, siempre hace referencia a un único sistema de valores. Por ejemplo, el macedonio Alejandro que se proclama Rey de Reyes y heredero del imperio persa de los Aqueménidas o el Sultán Mehmet II que, recién conquistada Constantinopla, se hace con el título de Qaysar-i-Rum, César romano, dan testimonio de este único sistema de valores del que ahora ellos son los protectores, los garantes y, sobre todo, los continuadores.

Precisamente a tal unidad espiritual, expresada históricamente en la realización de unidades geopolíticas imperiales o en la tendencia a constituirlas, dirigen la atención los ensayos de Claudio Mutti recogidos en Imperium, epifanie dell’idea di impero. Una unidad que las distintas escuelas historiográficas racionalistas han contribuido a ocultar y fragmentar según el reduccionismo, generalmente de raíz iluminista, que las han distinguido. En particular, tal y como es evidenciado en los diferentes ensayos de Mutti, es afirmada la continuidad del mito (o idea) del Imperio en las vicisitudes del espacio eurasiático, continuidad asegurada en la realidad histórica por protagonistas de diversa cultura o etnia y por su explícita voluntad de unificar Oriente y Occidente, es decir, Asia y Europa, casi como si quisieran, con tal afirmación heroica, reivindicar una unidad que el devenir histórico (la entropía o el desorden de la manifestación histórica) había lacerado. Paralelamente a la función reguladora y en conformidad con esta, el Imperio desempeña también otra, que podríamos definir “religiosa” en su significado etimológico y más profundo: la que precisamente consiste en “reunir” dentro del limes de un mismo espacio los componentes, materiales y espirituales, que contribuyen a calificarlo como una unidad geopolítica coherente, armónica y orgánica. Desde esta perspectiva la fase “expansiva” del Imperio, lejos de reducirse a un mero expansionismo territorial, motivado sólo por las preocupaciones materiales ligadas a todo política de poder, reproduce en el plano histórico una necesidad de orden metafísico, doctrinal, es decir, la reabsorción en un orden superior, en este caso generalmente supranacional, de realidades geopolíticas incompletas, separadas y antagonistas. La realización histórica del edificio imperial es, por tanto, la reproducción, en el dominio político-social, del kosmos por oposición al caos del devenir histórico.

El imperio, por tanto, además de ser “el mayor cuerpo político conocido por el hombre” es, esencialmente, la más alta síntesis geopolítica conocida por toda la humanidad.

La continuidad de la idea del Imperio y la subyacente unidad espiritual, que Mutti subraya con escrupulosidad científica, bien sea tratando la función histórica y metahistórica de figuras imperiales como las del Emperador Juliano, Federico “el Sultán Bautizado” o Atila “el Siervo de Dios”, o bien evidenciando el significado político y cultural del Imperio “romano-turco-musulmán”, o bien poniendo de relieve en el lenguaje de Antelami temas y argumentos que, en ámbitos culturales lejanos, reproponen el mismo sistema de valores, refuerzan –en el plano de la historia interpretada como tentativa de realizar unidades imperiales –la hipótesis ya enunciada en el siglo pasado por el tibetólogo Giuseppe Tucci con respecto al descubrimiento de la “unidad espiritual eurasiática”: sintagma que expresa, en parte, lo que en términos tradicionales se puede traducir mejor como “unidad esencial de las tradiciones”.

También un etnólogo y antropólogo de escuela sociológica como Marcel Mauss reconocía, por otra parte, y es significativo que quien nos lo recuerde sea un estudioso de geopolítica, el francés François Thual, que “de Corea a Bretaña existe una única historia, la del continente eurasiático” [5]. Esta única historia que se despliega en el paisaje eurasiático es la historia antigua y actual de los esfuerzos imperiales por unificar el continente. Como cierre de un texto [6] que no aparece en esta compilación, que sería su precioso y útil corolario, nuestro autor, a propósito de Alejandro el Bicorne, unificador de Europa y Asia, campeón de la idea imperial y, por tanto, podríamos decir, eurasiatista ante litteram, escribe: “su figura se coloca en el trasfondo del espacio eurasiático, que constituye no sólo el escenario histórico, sino la proyección espacial misma correspondiente a la idea de Imperio”.

Unidad espiritual eurasiática e idea del Imperio están por tanto indisolublemente ligadas, un vínculo que Imperium de Mutti tiene el loable mérito de volver a proponer a nuestra atención, en un momento histórico particular que ve a nuestra patria mayor, Eurasia, agredida por las potencias talasocráticas del otro lado del Océano. Ciertamente este libro no pasará inadvertido.

Tiberio Graziani
Director de la revista “Eurasia”.
direzione@eurasia-rivista.org
www.eurasia-rivista.org

(Traducido del italiano al español por Javier Estrada)

Notas

1. Philippe Richardot, Les grandes empires. Histoire et géopolitique, Ellipses. Edition marketing, París 2003, p.5.

2. Philippe Richardot, op.cit., p. 5 y siguientes.

3. Samir Amin, Lo sviluppo ineguale. Saggio sulle formazioni sociali del capitalismo periferico, Einaudi, Turín 1973.

4. N. S. Trubeckoj, L’eredità di Gengis Khan, SEB 2005, Milano. Véase también del mismo autor, Il problema ucraino, in “Eurasia. Rivista di Studi Geopolitica”, a. II, n. 2, abril-junio de 2005.

5. François Thual, Une entreprise de résistance, prefacio a Pierre Biarnés, Pour l’Empire du monde, Ellipses. Edition marketing, París 2003, p. 7.

6. Claudio Mutti, Ulisse, Alessandro e l’Eurasia, http://www.eurasia-rivista.org

10/05/2010

Libros: Claudio Mutti, L’unità dell’Eurasia

Claudio Mutti
L’unità dell’Eurasia
con un prefacio de Tiberio Graziani
Effepi, Génova 2008
pp. 192, € 20,00

Prefacio

En los últimos años, al menos desde el tiempo del colapso de la Unión Soviética, se ha asistido a un renovado interés hacia el análisis geopolítico como clave interpretativa para la comprensión de las cambiadas relaciones entre los actores globales y, sobre todo, como auxilio para descifrar nuevos escenarios posibles.

En tal ámbito, Eurasia parece constituir, considerando los numerosos estudios que se ocupan de ella, un campo de investigación privilegiado.

Analistas influyentes como, por ejemplo, el atlantista Brzezinski o los neoeurasiatistas Dugin y Ziuganov están de acuerdo, aunque desde puntos de vista distintos y decididamente antagonistas entre sí, sobre el hecho de que el futuro del planeta se juega en el tablero eurasiático.

A la imparable y larga ofensiva lanzada por los EE.UU. contra la masa continental eurasiática entre 1990 y 2003 (1) parece contraponerse, al menos a partir del ultimo quinquenio, una especie de reacción que se expresa, por ahora, a través de la intensificación de nuevas y profundas colaboraciones estratégicas entre Pekín, Nueva Delhi y Moscú y el continuo refuerzo de la Organización para la Cooperación de Shangai (OCS).

Estos acuerdos parecería que sirven de preludio a una inédita y articulada integración del continente eurasiático que, por evidentes motivos de oportunidad, pasando por encima tanto de las diferencias culturales, religiosas, étnicas, como por encima de las particulares aspiraciones nacionales de las poblaciones que lo habitan, hacen vanas las expectativas de los propagandistas del “choque de civilizaciones”.

La teoría del choque de civilizaciones, como se sabe, fue puesta a punto por Samuel Huntington, el ex consejero de Johnson en la época del conflicto vietnamita. El estudioso americano, en diversos artículos y principalmente en su The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order, (New York, Simon & Schuster, 1996), lanzó la hipótesis de que los conflictos entre las varias poblaciones del planeta, y, en particular, entre las que habitan Eurasia, no tendrían su origen principalmente en causas ideológicas o económicas, sino en motivaciones culturales, básicamente religiosas. Para Huntington la política global del siglo XXI estará, por tanto, dominada por el choque de civilizaciones. Esta particular lectura de la historia, es decir, la del carácter irreconciliable de las civilizaciones, ha influido a vastos sectores de la opinión pública occidental y constituye, todavía, una de las referencias constantes de los numerosos think tanks del otro lado del océano especializados en la identificación de las áreas calientes o de inestabilidad de Eurasia.

En realidad, en la historia no se han verificado nunca choques de civilizaciones, sino, más bien, encuentros y contaminaciones entre las distintas culturas. En particular, en Eurasia, en cuyo espacio están presentes la práctica totalidad de las civilizaciones del planeta.

Eurasia, de hecho, todavía antes de ser un concepto útil para el análisis geopolítico y geoestratégico, es, se podría decir, una idea cultural, cuyo carácter unitario es demostrado por su misma historia.

La oposición entre Europa y Asia siempre ha sido una oposición artificial, a menudo fruto de interpretaciones históricas instrumentalizadas, principalmente por los europeos, con fines hegemónicos, por tanto, estrechamente ligada a praxis geopolíticas. Sólo hay que pensar en la época del colonialismo de expoliación y en la superestructura ideológica que lo sustentaba, en el “white man’s burden” (2) del cantor del imperialismo británico, Rudyard Kipling y, sobre todo, en su conocida composición literaria The Ballad of East and West, en la que el escritor y poeta inglés teoriza explícitamente, en el famoso verso East is East, and West is West, and never the twain shall meet, el carácter irreconciliable entre las culturas orientales y occidentales (3).

Pero, si observamos bien, la contraposición “ideológica” entre Europa y Asia, entre Occidente y Oriente, se remonta todavía más atrás, a ciertas tendencias que maduraron en el seno del cristianismo, que exaltando la especificidad de la visión cristiana del mundo consideran las culturas de las poblaciones no europeas no sólo como inciviles, sino también como inferiores.

La presunta separación e incompatibilidad entre las culturas asiáticas y las presentes en la parte occidental de Eurasia, es decir, en la península europea, si examinamos con mayor atención, se ha resuelto siempre en el principio de la polaridad. Ya Polibio, en su Historias, resolvía la oposición entre Oriente y Occidente en el carácter unitario del mundo mediterráneo (4), un concepto que fue retomado y desarrollado brillantemente, algunos siglos más tarde, por el historiador francés Fernand Braudel. Por otra parte, para los antiguos la tierra habitada y conocida era considerada del mismo modo que una casa común (oikouméne ghê). Según el historiador holandés Huizinga “en la historia antigua, en la medida en que nos es conocida, no encontramos nunca a Oriente contrapuesto explícitamente a Occidente [5]. Para el autor de El Otoño de la Edad Media y Homo Ludens, también la civilización islámica ha ignorado la escisión entre Oriente y Occidente, por tanto, entre Asia y Europa [6].

El profundo carácter unitario de las múltiples y policromas civilizaciones eurasiáticas no ha sido nunca puesto en duda, sino que más bien ha sido ratificado y reconfirmado por los descubrimientos arqueológicos, por las investigaciones etnográficas y, en particular, por el estudio comparado de las religiones y de los mitos.

Por tanto, aunque existan análisis e investigaciones específicas sobre la unidad cultural de Eurasia, sin embargo, se debe todavía constatar a tal respecto la ausencia de estudios sistemáticos y orgánicos.

Los trabajos de un Gumilev, como también de un Altheim, sobre la influencia de la cultura mongola o la de los Hunos en el mundo eslavo-ruso y en el nacimiento de los actuales pueblos asiáticos y europeos, o los de un Giuseppe Tucci sobre le mundo tibetano o sobre las culturas de Extremo Oriente y su parentela con el pensamiento antiguo, o los de un Eliade dedicados a la comparación de las religiones y de los mitos, o, todavía, los de un Dumézil o un Benveniste en lo referente a los estudios llamados indoeuropeos, o, finalmente, los de la escuela de los eurasiatistas rusos de los años veinte y treinta del siglo XX, entre los cuales se encuentra ciertamente el lingüista Trubeckoj, constituyen indudablemente las bases metodológicas para emprender tal empresa. A esto se podrían añadir también los resultados y las metodologías adquiridas por los estudiosos de las ciencias llamadas tradicionales, como, por citar sólo algún nombre, Guénon, Coomaraswamy, Schuon, Evola, Burckhardt, Nasr.

Precisamente es en el ámbito del descubrimiento, o mejor, del redescubrimiento del carácter unitario de las culturas eurasiáticas donde encuentran su correcta colocación los ensayos de Claudio Mutti recogidos en L’Unitá dell’Eurasia; sobre todo, además de ofrecer una válida introducción a esta temática –en Italia todavía en vías de definición –estos aportan nuevos elementos de reflexión, útiles no sólo para el desarrollo de tales investigaciones, sino también para la comprensión de importantes nudos históricos de la ecúmene que, para decirlo con Eliade, por otra parte, con razón citado por Mutti, se extiende de Portugal a China y de Escandinavia a Ceilán. La peculiaridad de los estudios aquí presentes reside, a nuestro juicio, en la constante referencia que Mutti presta a las dinámicas geopolíticas del espacio eurasiático; una referencia destinada ciertamente a suscitar una común conciencia geopolítica entre las poblaciones que actualmente habitan la masa eurasiática.

Tiberio Graziani
Director de la revista “Eurasia”.
direzione@eurasia-rivista.org
www.eurasia-rivista.org

(Traducido del italiano al español por Javier Estrada)

Notas:

1. Primera Guerra del Golfo (1990-1991); agresión a Serbia (1999), en el ámbito de la planificada desintegración de la Confederación yugoslava; ocupación de Afganistán (2002); devastación de Irak (2003). A esto hay que añadir también la ampliación de la OTAN en los países de Europa oriental y las llamadas “revoluciones coloradas” como significativos elementos de intromisión por parte de la potencia del otro lado del Atlántico en la que fue la esfera de influencia de la mayor potencia eurasiática del siglo XX, la Unión Soviética.

2. La popular composición de Rudyard Kipling fue publicada con el subtítulo The United States and the Philippine Islands en 1899; este se refería a las guerras de conquista emprendidas por los Estados Unidos con respecto a las Filipinas y otras ex colonias españolas.

3. Para una rápida reflexión sobre la cuestión del concepto de Occidente en relación con la identidad europea, véase en el propio volumen de Mutti el capítulo sobre “La invención de Occidente”.

4. Pero bastante antes de Polibio también Heródoto. Escribe al respecto Luciano Canfora “…precisamente a los griegos les corresponde la responsabilidad de haber separado a los ‘Bárbaros’ de los ‘Griegos’. En la primera línea de las Historias de Heródoto, griegos y bárbaros constituyen ya una consolidada polaridad, aunque precisamente Heródoto sea más consciente que otros de hasta qué punto los conceptos fundamentales de los griegos, empezando por las denominaciones de las divinidades (II, 50), venían de lejos”, en Il sarto cinese, nota a Arnold Toynbee, Il mondo e l’Occidente, Sellerio editore, Palermo, 1992, p. 107.

5. Johan Huizinga, Lo scempio del mondo, Bruno Mondadori, Milano, 2004, p.26.

6. Johan Huizinga, op.cit., p. 35 y siguientes.

17/04/2010

Entrevista a su Excelencia el Embajador en la Santa Sede Ayatolislam Ali Akbar Nasseri

A cargo de Antonio Grego y Tiberio Graziani *

(Roma, 12 de abril de 2010)

Hace algunos días Teherán anunció que organizará el 17 y el 18 de abril una conferencia sobre el desarme nuclear en la que participarán delegados de muchos países. La conferencia tendrá como tema «la energía nuclear para todos, el arma nuclear para nadie». ¿Puede explicarnos los motivos que han llevado a Irán a organizar esta conferencia?

En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso, os doy las gracias por vuestra presencia y os doy las gracias igualmente por vuestro punto de vista basado en el derecho y en la razón. Con respecto a esta pregunta: la acumulación de armas nucleares va contra la paz en el mundo y crea preocupación en la comunidad internacional. Pese a toda la propaganda y los eslóganes realizados, hasta ahora no se ha llevado a cabo nada concreto para eliminar estas armas nucleares. La República Islámica de Irán con la finalidad de vencer los actuales desafíos en el mundo sobre este tema y presentar soluciones para tener un mundo sin armas nucleares y de destrucción masiva organiza esta conferencia en la que participarán autoridades de más de 60 naciones. Con la conferencia de Teherán sobre el desarme, tenemos la intención de afirmar el principio por el cual «la energía nuclear pacífica esté a disposición de todos los pueblos y el arma nuclear no sea para nadie».

China ya ha anunciado que participará en la conferencia sobre la cuestión nuclear de Teherán y sigue afirmando que es contraria a nuevas sanciones contra Irán. Los Estados Unidos e Israel, sin embargo, están haciendo todo lo posible para que China desista de su decisión de apoyar la causa nuclear iraní. Sólo la importancia estratégica que tiene Irán para China, sobre todo desde el punto de vista del aprovisionamiento de recursos energéticos, ha servido hasta ahora de protección ante estas peticiones. Pero, ¿hasta qué punto son sólidos los vínculos entres China e Irán en este momento? ¿Logrará occidente arrastrar a China de su lado o tendrá que renunciar a esta estrategia?

La actividad nuclear de Irán es una actividad totalmente pacífica. Irán es miembro de la OIEA y firmante del Tratado de no proliferación nuclear. Toda actividad referente a la cuestión nuclear está, por tanto, bajo la supervisión de los inspectores de la agencia. Aplicar sanciones contra Irán no tiene ningún fundamento jurídico ni legal y es, sobre todo, contrario a los protocolos del Tratado. Los Estados Unidos e Israel, que poseen cabezas nucleares y amenazan con ataques militares, persiguen una política sin salida. Respecto a China, recuerdo que Teherán y Pekín tienen consolidadas relaciones de amistad que se remontan al pasado. La posición independiente de China en defensa de la actividad nuclear pacífica de Irán es digna de admiración. Esperamos que China y Rusia no se dejen influir por las presiones políticas de los Estados Unidos y conserven, por tanto, su posición independiente sobre esta cuestión.

Además de China, también otros países han expresado su proximidad y su amistad con Irán, entre estos, Rusia, Turquía, Brasil y Venezuela. Embajador, ¿usted piensa que es posible, junto a estos y otros países, crear un frente compacto de oposición y reacción al modelo de fragmentación y agresión del continente eurasiático y de la América indiolatina por parte de los Estados Unidos e Israel?

Por suerte hoy la época del dominio del poder colonialista de las potencias coloniales ha terminado. Los países libres colaboran por sus intereses bilaterales. Con unidad y una mayor colaboración el orden colonialista de los Estados Unidos no alcanzará sus objetivos. Nosotros vemos de buen grado este frente de oposición que obtendrá resultados concretos para la paz en el mundo, ya sea en América Latina, en África, en Asia, y también en ciertos países europeos. Los países nombrados están tratando de construir una política justa por ese camino. Los Estados Unidos de América, con un arsenal lleno de armas nucleares y de armas de destrucción masiva y con un pasado negro con respecto al uso de las armas nucleares, últimamente han amenazado incluso con un ataque nuclear. Los Estados Unidos, que sostienen al régimen ilegítimo de Israel –que está dotado de bombas atómicas –no tienen ninguna autoridad para emitir juicios sobre la actividad nuclear civil de Irán. Nosotros deseamos que la misma agencia para la energía nuclear atómica no padezca las presiones de las Potencias, y que, en el marco de sus reglamentos y del orden jurídico, controle las actividades pacíficas nucleares de todos los países y, por tanto, ponga fin a la producción de armas nucleares y de destrucción masiva. Deseamos que la OIEA desempeñe su función en este sentido.

Precisamente estos días, Obama, en vistas de la cumbre de Washington sobre la seguridad nuclear, ha anunciado un cambio radical de la estrategia sobre el uso de las armas nucleares. Los Estados Unidos anuncian que quieren utilizar las armas nucleares sólo en casos extremos y nunca contra los Estados que respeten el Tratado sobre la no proliferación nuclear. Obama, sin embargo, ha añadido que estas nuevas reglas no se aplican a Corea del Norte y a Irán, que, consecuentemente, siguen bajo la amenaza de un ataque, también con bombas nucleares. Como sabemos, no obstante, Irán es uno de los firmantes del tratado y hasta este momento ha respetado todos los vínculos y aceptado las inspecciones de la OIEA, al contrario de Israel que no ha firmado el tratado y posee centenares de cabezas atómicas que amenaza con utilizar contra sus vecinos. ¿Cuál es la respuesta que Irán pretende dar a este enésimo movimiento propagandístico de Obama?

Cabe maravillarse de que Irán esté bajo la amenaza del ataque nuclear de los Estados Unidos por su actividad referente a la nuclearización exclusivamente civil, como, por otra parte, ha sido confirmado en varias ocasiones por las inspecciones de la OIEA. Los EE.UU. tienen una actitud ambigua, de hecho, amenazan a Irán por la nuclearización pacífica, mientras sostienen al régimen sionista de Israel – que no ha firmado el Tratado sobre la proliferación nuclear y posee cabezas nucleares –económica, política y militarmente. En este ámbito, Irán no necesita hacer propaganda a su favor sobre esta cuestión. La Comunidad internacional, que es consciente de todo esto, y los operadores de los medios de comunicación independientes y libres juzgarán esta cuestión y sacarán sus conclusiones sobre la posición de los Estados Unidos. En cualquier caso, Irán seguirá por su camino hasta que alcance su derecho a la energía nuclear pacífica. Irán considera que la energía nuclear pacífica y la tecnología nuclear son un derecho de todos los países y de todos los pueblos del mundo. Las sanciones y las amenazas no incidirán en absoluto sobre nuestra voluntad basada en los derechos de Irán. No incidirán en absoluto sobre el autorizado pueblo de Irán.

Usted ha hablado de Comunidad internacional, ¿qué podría hacer la Unión Europea para facilitar las relaciones entre Irán y los Estados Unidos, considerando el hecho de que la Unión Europea es sustancialmente una parte constitutiva del frente occidental?

Sobre la mejora de las relaciones entre los Estados Unidos e Irán, considero que no hay necesidad de mediadores. Si los Estados Unidos reducen su posición colonialista y ponen a un lado sus posiciones hostiles con respecto a los pueblos y también con respecto a Irán, si caminan por la vía del respeto recíproco entre los países, automáticamente las relaciones entre los distintos países acabarán por ser buenas. Si Estados Unidos tiende la mano y es sincera sobre esto, los problemas se resolverán; pero como dice el Guía Supremo: “Obama nos tiende la mano con un guante de terciopelo que podría esconder un puño de hierro”. A causa de las acciones hostiles y de las amenazas continuas de los Estados Unidos, en particular el último discurso de Obama sobre la amenaza del ataque nuclear, estamos seguros de que los Estados Unidos no están buscando buenas relaciones. Sin embargo, esperamos que la Unión Europea –como potente polo económico –tome una posición independiente en los distintos temas de interés internacional y no siga las políticas de los Estados Unidos.

¿La Santa Sede puede facilitar, como autoridad moral y religiosa, las relaciones entre Irán y la Unión Europea e Irán y los Estados Unidos?

De la Santa Sede, por su misión religiosa y en cuanto portadora del mensaje de Jesucristo, nosotros esperamos mucho más que sugerencias morales y religiosas. Deseamos que esta asuma una posición firme, determinada, emblemática ante las amenazas de las potencias agresivas que promueven la guerra. Con tales posiciones contra las vejaciones que padecen los pueblos por parte de las potencias colonialistas, la Santa Sede podría facilitar estas relaciones. La Santa Sede podría impulsar a las Potencias occidentales a que revisasen su posición en la política internacional.

(Traducido por Javier Estrada)

– Eurasia. Rivista di Studi Geopolitici – http://www.eurasia-rivista.org/
mailto:direzione@eurasia-rivista.org

Fuente original:
http://www.eurasia-rivista.org/3758/la-politica-di-usa-e-israele-e-senza-sbocchi-lepoca-del-colonialismo-e-finita-intervista-allambasciatore-iraniano-presso-il-vaticano

25/03/2010

RUSIA, CLAVE DE BÓVEDA DEL SISTEMA MULTIPOLAR

de Tiberio Graziani *

El nuevo sistema multipolar está en fase de consolidación. Los principales actores son los EE.UU., China, India y Rusia. Mientras la Unión Europea está completamente ausente y nivelada en el marco de las indicaciones-diktat procedentes de Washington y Londres, algunos países de la América meridional, en particular Venezuela, Brasil, Bolivia, Argentina y Uruguay manifiestan su firme voluntad de participación activa en la construcción del nuevo orden mundial. Rusia, por su posición central en la masa eurasiática, por su vasta extensión y por la actual orientación imprimida a la política exterior por el tándem Putin-Medvedev, será, muy probablemente, la clave de bóveda de la nueva estructura planetaria. Pero, para cumplir con tal función epocal, tendrá que superar algunos problemas internos: entre los primeros, los referentes a la cuestión demográfica y la modernización del país, mientras, en el plano internacional, tendrá que consolidar las relaciones con China e India, instaurar lo más pronto posible un acuerdo estratégico con Turquía y Japón y, sobre todo, tendrá que aclarar su posición en Oriente Medio y en Oriente Próximo.

Consideraciones sobre el escenario actual

Con el fin de presentar un rápido examen del actual escenario mundial y para comprender mejor las dinámicas en marcha que lo configuran, proponemos una clasificación de los actores en juego, considerándolos ya sea por la función que desempeñan en su propio espacio geopolítico o esfera de influencia, ya sea como entidades susceptibles de profundas evoluciones  en base a variables específicas.

El presente marco internacional nos muestra al menos tres clases principales de actores. Los actores hegemónicos, los actores emergentes y, finalmente, el grupo de los seguidores y de los subordinados. Por razones analíticas, hay que añadir a estas tres categorías una cuarta, constituida por las naciones que, excluidas, por diversos motivos, del juego de la política mundial, están buscando su función

Los actores hegemónicos

Al primer grupo pertenecen los países que, por su particular postura geopolítica, que los identifica como áreas pivote, o por la proyección de su fuerza militar o económica, determinan las elecciones y las relaciones internacionales de las restantes naciones. Además, los actores hegemónicos influyen directamente también sobre algunas organizaciones globales, entre las cuales se encuentran el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), y la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Entre las naciones que presentan tales características, aunque con matices diversos, podemos contar a los Estados Unidos, China, India y Rusia.

La función geopolítica que actualmente ejercen los EE.UU. es la de constituir el centro físico y el mando del sistema occidental nacido al final de la Segunda Guerra Mundial. La característica principal de la nación norteamericana, con respecto al resto del planeta, está representada por su expansionismo, llevado a cabo con una particular agresividad y mediante la extensión de dispositivos militares a escala global. El carácter imperialista debido a su específica condición de potencia marítima le impone comportamientos colonialistas hacia amplias porciones de lo que considera impropiamente su espacio geopolítico (1). Las variables que podrían determinar un cambio de función de los EE.UU. son esencialmente tres: a) la crisis estructural de la economía neoliberal; b) la elefantiasis imperialista; c) las potenciales tensiones con Japón, Europa y algunos países de la América centro-meridional.

China, India y Rusia, en cuanto naciones-continente de vocación terrestre, ambicionan desempeñar sus respectivas funciones macro-regionales en el ámbito eurasiático sobre la base de una común orientación, por otra parte, en fase de avanzada estructuración. Tales funciones, sin embargo, están condicionadas por algunas variables entre las cuales destacamos:

a) las políticas de modernización;
b) las tensiones debidas a las deshomogeneidades sociales, culturales y étnicas dentro de sus propios espacios;
c) la cuestión demográfica que impone adecuadas y diversificadas soluciones para los tres países.

Por cuanto respecta a la variable referente a las políticas de modernización, observamos que, al estar estas demasiado interrelacionadas en los aspectos económico-financieros con el sistema occidental, de modo particular con los Estados Unidos, a menudo quitan a las naciones eurasiáticas la iniciativa en la arena internacional, las exponen a las presiones del sistema internacional, constituido principalmente por la triada ONU, FMI y BM (2) y, sobre todo, les imponen el principio de la interdependencia económica, histórico eje de la expansión económica de los EE.UU. En relación a la segunda variable, observamos que la escasa atención que Moscú, Pekín y Nueva Delhi prestan a la contención o solución de las respectivas tensiones endógenas ofrece a su antagonista principal, los Estados Unidos, la ocasión de debilitar el prestigio de los gobiernos y obstaculizar la estructuración del espacio eurasiático. Finalmente, considerando la tercera variable, apreciamos que políticas demográficas no coordinadas entre las tres potencias eurasiáticas, en particular entre Rusia y China, podrían a la larga crear choques para la realización de un sistema continental equilibrado.

Las relaciones entre los miembros de esta clase deciden las reglas principales de la política mundial.

En consideración de la presencia de hasta 4 naciones-continente (tres naciones eurasiáticas y una norteamericana) es posible definir el actual sistema geopolítico como multipolar.

Los actores emergentes

La categoría de los actores emergentes reagrupa, en cambio, a las naciones que, valorando particulares bazas geopolíticas o geoestratégicas, tratan de desmarcarse de las decisiones que les imponen uno o más miembros del restringido club del primer tipo. Mientras la finalidad inmediata de los emergentes consiste en la búsqueda de una autonomía regional y, por tanto, en la salida de la esfera de influencia de la potencia hegemónica, que ha de llevarse a cabo mediante articulados acuerdos y alianzas regionales, transregionales y extracontinentales, la finalidad estratégica está constituida por la participación activa en el juego de las decisiones regionales e incluso mundiales. Entre los países que asumen cada vez más la connotación de actores emergentes, podemos enumerar a Venezuela, Brasil, Bolivia, Argentina y Uruguay, la Turquía de Recep Tayyip Erdoğan, el Japón de Yukio Hatoyama y, aunque con alguna limitación, Pakistán. Todos estos países pertenecen, de hecho, al sistema geopolítico llamado “occidental”, guiado por Washington. El hecho de que muchas naciones de lo que, en el periodo bipolar, se consideraba un sistema cohesionado puedan ser hoy señaladas como emergentes y, por tanto, entidades susceptibles de contribuir a la constitución de nuevos polos de agregación geopolítica induce a pensar que el edificio puesto a punto por los EE.UU. y por Gran Bretaña, tal y como lo conocemos, está, de hecho, en vías de extinción o en una fase de profunda evolución. La creciente “militarización” que la nación guía impone a las relaciones bilaterales con estos países parece sustanciar la segunda hipótesis. La común visión continental de los emergentes sudamericanos y la realización de importantes acuerdos económicos, comerciales y militares constituyen los elementos base para configurar el espacio sudamericano como futuro polo del nuevo orden mundial (3).

Los actores emergentes aumentan sus grados de libertad en virtud de las alianzas y de las fricciones entre los miembros del club de los hegemónicos así como de la conciencia geopolítica de sus clases dirigentes.

El número de los actores emergentes y su colocación en los dos hemisferios septentrionales (Turquía y Japón) y meridional (países latinoamericanos) además de acelerar la consolidación del nuevo sistema multipolar, trazan sus dos ejes principales: Eurasia y América indiolatina.

Los seguidores-subordinados y los subordinados

La designación de actores seguidores y subordinados, aquí propuesta, pretende subrayar las potencialidades geopolíticas de los pertenecientes a esta clase con respecto a su transición a las otras. Hay que calificar como seguidores-subordinados a los actores que consideran útil, por afinidad, intereses varios o por condiciones históricas particulares, formar parte de la esfera de influencia de una de las naciones hegemónicas. Los seguidores-subordinados reconocen al país hegemónico la función de nación-guía. Entre estos podemos mencionar, por ejemplo, la República Sudafricana, Arabia Saudí, Jordania, Egipto, Corea del Sur. Los subordinados de este tipo, dado que siguen a los EE.UU. como nación guía, a menos que surjan convulsiones provocadas o gestionadas por otros, compartirán su destino geopolítico. La relación que mantienen estos actores y el país hegemónico es de tipo, mutatis mutandis, vasallático.

En cambio, se pueden considerar completamente subordinados los actores que, exteriores al espacio geopolítico natural del país hegemónico, padecen su dominio. La clase de los países subordinados está marcada por la ausencia de una conciencia geopolítica autónoma o, mejor todavía, por la incapacidad de sus clases dirigentes de valorar los elementos mínimos y suficientes para proponer y, por tanto, elaborar una doctrina geopolítica propia. Las razones de esta ausencia son múltiples y variadas, entre estas podemos mencionar la fragmentación del espacio geopolítico en demasiadas entidades estatales, la colonización cultural, política y militar ejercida por la nación hegemónica, la dependencia económica hacia el país dominante, las estrechas y particulares relaciones que mantienen el actor hegemónico y las clases dirigentes nacionales, que, configurándose como auténticas oligarquías, están preocupadas más de su supervivencia que de los intereses populares nacionales que deberían representar y sostener. Las naciones que constituyen la Unión Europea entran en esta categoría, con excepción de Gran Bretaña por la conocida special relationship que mantiene con los EE.UU. (4).

La pertenencia de la Unión Europea a esta clase de actores se debe a su situación geopolítica y geoestratégica. En el ámbito de las doctrinas geopolíticas estadounidenses, Europa siempre ha sido considerada, desde el estallido de la Segunda Guerra Mundial, una cabeza de puente tendida hacia el centro de la masa eurasiática (5). Tal papel condiciona las relaciones entre la Unión Europea y los países exteriores al sistema occidental, en primer lugar, Rusia y los países de Oriente Próximo y de Oriente Medio. Además de determinar el sistema de defensa de la UE y sus alianzas militares, este particular papel influye, a menudo incluso profundamente, en la política interior y las estrategias económicas de sus miembros, en concreto, las referentes al aprovisionamiento de recursos energéticos (6) y de materiales estratégicos, así como las elecciones en materia de investigación y desarrollo tecnológico. La situación geopolítica de la Unión Europea parece haberse agravado ulteriormente con el nuevo curso que Sarkozy y Merkel han imprimido a las respectivas políticas exteriores, dirigidas más a la constitución de un mercado trasatlántico que al reforzamiento del europeo.

Las variables que, en el momento actual, podrían permitir a los países miembros de la Unión Europea pasar a la categoría de los emergentes tienen que ver con la calidad y el grado de intensificación de sus relaciones con Moscú en referencia a la cuestión del aprovisionamiento energético (North y South Stream), a la cuestión de la seguridad (OTAN) y a la política próximo y medio-oriental (Irán e Israel). Que lo que acabamos de escribir es algo posible lo demuestra el caso de Turquía. A pesar de la hipoteca de la OTAN que la vincula al sistema occidental, Ankara, apelando precisamente a las relaciones con Moscú en lo referente a la cuestión energética, y asumiendo, respecto a las directivas de Washington, una posición excéntrica sobre la cuestión israelo-palestina, está en el camino hacia la emancipación de la tutela americana (7).

Los seguidores y subordinados, debido a su debilidad, representan el posible terreno de choque sobre el que podrían confrontarse los polos del nuevo orden mundial.

Los excluidos

En la categoría de los excluidos entran lógicamente todos los otros estados. Desde un punto de vista geoestratégico, los excluidos constituyen un obstáculo a las miras de uno o más actores de los actores hegemónicos. Entre los pertenecientes a este grupo, asumen un particular relieve, con respecto a los EE.UU. y el nuevo sistema multipolar, Siria, Irán, Myanmar y Corea del Norte. En el marco de la estrategia estadounidense para cercar la masa eurasiática, de hecho, el control de las áreas que actualmente se encuentran bajo la soberanía de esas naciones representa un objetivo prioritario que ha de ser alcanzado a corto-medio plazo. Siria e Irán se interponen a la realización del proyecto norteamericano del Nuevo Gran Oriente Medio, es decir, al control total sobre la larga y amplia franja que desde Marruecos llega a las repúblicas centroasiáticas, auténtico soft underbelly de Eurasia; Myanmar constituye una potencial vía de acceso en el espacio chino-indio a partir del Océano Índico y un emplazamiento estratégico para el control del Golfo de Bengala y del Mar de Andamán; Corea del Norte, además de ser una vía de acceso hacia China y Rusia, junto al resto de la península coreana (Corea del Sur) constituye una base estratégica para el control del Mar Amarillo y del Mar del Japón.

Los excluidos más arriba citados, en base a las relaciones que cultivan con los nuevos actores hegemónicos (China, India, Rusia) y con algunos emergentes podrían entrar nuevamente en el juego de la política mundial y asumir, por tanto, un importante papel funcional en el ámbito del nuevo sistema multipolar. Este es el caso de Irán. Irán goza del status de país observador en el ámbito de la OTSC, la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, considerada por muchos analistas la respuesta rusa a la OTAN, y es candidato al ingreso en la Organización para la Cooperación de Shangai, entre cuyos miembros figuran Rusia, China y las repúblicas centroasiáticas. Además, tiene sólidas relaciones económico-comerciales con los mayores países de la América indiolatina.

La reescritura de las nuevas reglas

Los países que pertenecen a la clase de los actores hegemónicos anteriormente descrita tratan de proyectar, por primera vez después de la larga fase bipolar y la breve unipolar, su influencia sobre todo el planeta con la finalidad de contribuir, con recorridos y metas específicas, a la realización de la nueva configuración geopolítica global. A finales de la primera década del siglo XXI se asiste, por tanto, al retorno de la política mundial, articulada esta vez en términos continentales (8). La puesta en juego está constituida, no sólo por el acaparamiento de los recursos energéticos y de las materias primas, por el dominio de importantes nudos estratégicos, sino, sobre todo, considerando el número de actores y la complejidad del escenario mundial, por la reescritura de nuevas reglas. Estas reglas, resultantes de la delimitación de nuevas esferas de influencia, definirán, con toda probabilidad durante un largo periodo, las relaciones entre los actores continentales y, por tanto, también un nuevo derecho. No ya un derecho internacional exclusivamente construido sobre las ideologías occidentales, sustancialmente basado en el derecho de ciudadanía como se ha desarrollado a partir de la Revolución Francesa y en el concepto de estado-nación, sino un derecho que tenga en cuenta las soberanías políticas tal y como se manifiestan y se estructuran concretamente en los diversos ámbitos culturales de todo el planeta.

Los Estados Unidos, aunque actualmente se encuentren en un estado de profunda postración causado por una compleja crisis económico-financiera (que ha evidenciado, por otra parte, las carencias y debilidades estructurales de la potencia bioceánica y de todo el sistema occidental), por el duradero impasse militar en el teatro afgano y por la pérdida del control de vastas porciones de la América meridional, prosiguen, sin embargo, en continuidad con las doctrinas geopolíticas de los últimos años, con la acción de presión hacia Rusia, área geopolítica que constituye su verdadero objetivo estratégico con vistas a la hegemonía planetaria. En el momento actual, la desestructuración de Rusia, o, por lo menos, su debilitamiento, representaría para los Estados Unidos, no sólo un objetivo que persigue al menos desde 1945, sino también una ocasión para ganar tiempo y poner remedios eficaces para la solución de su propia crisis interna y para reformular el sistema occidental.

Precisamente, teniendo bien presente tal objetivo, resulta más fácil interpretar la política exterior adoptada recientemente por la administración Obama con respecto a Pekín y Nueva Delhi. Una política que, aunque tendente a recrear un clima de confianza entre las dos potencias euroasiáticas y los Estados Unidos, no parece dar en absoluto los resultados esperados, a causa del excesivo pragmatismo y de la exagerada ausencia de escrúpulos que parecen caracterizar tanto al presidente Barack Obama como a su Secretaria de Estado, Hillary Rodham Clinton. Un ejemplo de esa ausencia de escrúpulos y del pragmatismo, así como de la escasa diplomacia, entre otros muchos, es el referente a las relaciones contrastantes que Washington ha mantenido recientemente con el Dalai Lama y con Pekín.

Tales comportamientos, dadas las condiciones de debilidad en que se encuentra la ex hyperpuissance, son un rasgo del cansancio y del nerviosismo con que el actual liderazgo estadounidense trata de enfrentarse y taponar el progresivo ascenso de las mayores naciones eurasiáticas y la reafirmación de Rusia como potencia mundial. Las relaciones que Washington cultiva con Pekín y Nueva Delhi trascurren por dos vías. Por un lado, sobre la base del principio de interdependencia económica y mediante la ejecución de específicas políticas financieras y monetarias, los EE.UU. tratan de insertar a China e India en el ámbito del que denominan como sistema global. Este sistema, en realidad, es la proyección del occidental a escala planetaria, ya que las reglas en las que se basaría son precisamente las de este último. Por otro lado, a través de una continua y apremiante campaña denigratoria, la potencia estadounidense trata de desacreditar a los gobiernos de las dos naciones eurasiáticas y de desestabilizarlas, sirviéndose de sus contradicciones y de sus tensiones internas. La estrategia actual es sustancialmente la versión actualizada de la política llamada de congagement (containment, engagement), aplicada, esta vez, no sólo a China sino también, parcialmente, a India.

Sin embargo, hay que subrayar que el dato cierto de esta administración demócrata, que tomó posesión en Washington en enero de 2009, es la creciente militarización con la que tiende a condicionar las relaciones con Moscú. Más allá de la retórica pacifista, el premio Nobel Obama, de hecho, sigue, con la finalidad de alcanzar la hegemonía global, las líneas-guía trazadas por las precedentes administraciones, que se reducen, de forma sumamente sintética, a dos: a) potenciación y extensión de las guarniciones militares; b) balcanización de todo el planeta según parámetros étnicos, religiosos y culturales.

Ante la clara y manifiesta tendencia de los EE.UU. hacia el dominio global –en los últimos tiempos marcadamente sustentada por el corpus ideológico-religioso veterotestamentario (9) más que por un cuidadoso análisis del momento actual que llevase la impronta de la Realpolitik –China, India y Rusia, al contrario, parecen ser bien conscientes de las condiciones actuales que les llaman a una asunción de responsabilidades tanto a nivel continental como global. Tal asunción parece desarrollarse mediante acciones tendentes a la realización de una mayor y mejor articulada integración eurasiática así como mediante el apoyo de las políticas pro-continentales de los países sudamericanos.

La centralidad de Rusia

La reencontrada estatura mundial de Rusia como protagonista del escenario global impone algunas reflexiones de orden analítico para comprender su posicionamiento tanto en el ámbito continental como global, así como también las variables que podrían modificarlo a corto y medio plazo.

Mientras en relación a la masa euroafroasiática, la función central de Rusia como su heartland, tal y como fue sustancialmente formulada por Mackinder, es nuevamente confirmada por el actual marco internacional, más problemática y más compleja resulta, en cambio, su función en el proceso de consolidación del nuevo sistema multipolar.

Espina dorsal de Eurasia y puente eurasiático entre Japón y Europa

Los elementos que han permitido a Rusia reafirmar su importancia en el contexto eurasiático, muy esquemáticamente, son:
a) reapropiación por parte del Estado de algunas industrias estratégicas;
b) contención de los impulsos secesionistas;
c) uso “geopolítico” de los recursos energéticos;
d) política dirigida a la recuperación del “exterior próximo”;
e) constitución del partenariado Rusia-OTAN, como mesa de discusión destinada a contener el proceso de ampliación del dispositivo militar atlántico;
f) tejido de relaciones a escala continental, orientadas a una integración con las repúblicas centroasiáticas, China e India;
g) constitución y cualificación de aparatos de seguridad colectiva (OTCS y OCS).

Si la gestión, antes de Putin y ahora de Medvedev, del agregado de elementos más arriba considerados ha mostrado, en las presentes condiciones históricas, la función de Rusia como espina dorsal de Eurasia, y, por tanto, como área gravitacional de cualquier proceso orientado a la integración continental, sin embargo, no ha puesto en evidencia su carácter estructural, importante para las relaciones ruso-europeas y ruso-japonesas, es decir, el de ser el puente eurasiático entre la península europea y el arco insular constituido por Japón.

Rusia, considerada como puente eurasiático entre Europa y Japón, obliga al Kremlin a una elección estratégica decisiva para los desarrollos del futuro escenario mundial: la desestructuración del sistema occidental. Moscú puede conseguir tal objetivo con éxito, a medio y largo plazo, intensificando las relaciones que cultiva con Ankara por cuanto respecta a las grandes infraestructuras (South Stream) y poniendo en marcha otras nuevas con respecto a la seguridad colectiva. Acuerdos de este tipo provocarían ciertamente un terremoto en toda la Unión Europea, obligando a los gobiernos europeos a tomar una posición neta entre la aceptación de una mayor subordinación a los intereses estadounidenses o la perspectiva de un partenariado euro-ruso (en la práctica, eurasiático, considerando las relaciones entre Moscú, Pekín y Nueva Delhi), que respondiera en mayor medida a los intereses de las naciones y de los pueblos europeos (10). Una iniciativa análoga debería ser tomada por Moscú con respecto a Japón, incluyéndose como socio estratégico en el contexto de las nuevas relaciones entre Pekín y Tokio y, sobre todo, poniendo en marcha, siempre junto a China, un proceso apropiado de integración de Japón en el sistema de seguridad eurasiático en el ámbito de la Organización para la Cooperación de Shangai (11).

Clave de bóveda del nuevo orden mundial

Con respecto al nuevo orden mundial, Rusia parece poseer los elementos base para cumplir una función epocal, la de clave de bóveda de todo el sistema. Uno de los elementos está constituido precisamente por su centralidad en el ámbito eurasiático como hemos expuesto anteriormente, otros dependen de sus relaciones con los países de la América meridional, de su política en Oriente Próximo y en Oriente Medio y de su renovado interés por la zona ártica. Estos cuatro factores resultan problemáticos ya que están estrechamente ligados a la evolución de las relaciones existentes entre Moscú y Pekín. China, como se sabe, ha estrechado, al igual que Rusia, sólidas alianzas económico-comerciales con los países emergentes de la América indiolatina, lleva en Oriente Medio y en Oriente Próximo una política de pleno apoyo a Irán y, además, manifiesta una gran atención por los territorios siberianos y árticos (12). Considerando lo que acabamos de recordar, si las relaciones entre Pekín y Moscú se desarrollan en sentido todavía más acentuadamente eurasiático, prefigurando una especie de alianza estratégica entre los dos colosos, la consolidación del nuevo sistema multipolar se beneficiará de una aceleración, en caso contrario, sufrirá una ralentización o entrará en una situación de estancamiento. La ralentización o el estancamiento proporcionarían el tiempo necesario para que el sistema occidental pudiera reconfigurarse y volviera a entrar, por tanto, en el juego en las mismas condiciones que los otros actores.

El nudo gordiano de Oriente Próximo y de Oriente Medio – la obligación de una elección de campo

Entre los elementos más arriba considerados, referentes a la función global que Rusia podría desempeñar, la política próximo y medio-oriental del Kremlin parece ser la más problemática. Esto es así a causa de la importancia que este tablero representa en el marco general del gran juego mundial y por el significado particular que ha asumido, a partir de la crisis de Suez de 1956, en el interior de las doctrinas geopolíticas estadounidenses. Como se recordará, la política rusa, o mejor, soviética, en Oriente Próximo, después de una primera orientación pro-sionista de los años 1947-48, que, por otra parte, se extendió hasta febrero de 1953, cuando se consumó la ruptura formal entre Moscú y Tel Aviv, se dirigió decididamente hacia el mundo árabe. En el sistema de alianzas de la época, el Egipto de Nasser se convirtió en el país central de esta nueva dirección del Kremlin, mientras el neo-estado sionista representó el special partner de Washington. Entre altibajos, Rusia, tras la licuefacción de la URSS, mantuvo esta orientación filo-árabe, aunque con algunas dificultades. En el cambiado marco regional, determinado por tres acontecimientos principales: a) inserción de Egipto en la esfera de influencia estadounidense; b) eliminación de Irak; c) perturbación del área afgana que atestiguan el retroceso de la influencia rusa en la región y el contextual avance, también militar, de los Estados Unidos, el país central de la política próximo y medio-oriental rusa está lógicamente representado por la República Islámica de Irán.

Mientras esto ha sido ampliamente comprendido por Pekín, en el marco de la estrategia orientada a su reforzamiento en la masa continental euroafroasiática, no se puede decir lo mismo de Moscú. Si el Kremlin no se da prisa y declara abiertamente su elección de campo a favor de Teherán, disponiéndose de esa manera a cortar el nudo gordiano que constituye la relación entre Washington y Tel Aviv, correrá el riesgo de anular su potencial función en el nuevo orden mundial.

* Director de Eurasia –Rivista di studi geopolitici e-mail: direzione@eurasia-rivista.org

(Traducido por Javier Estrada)

1. El sistema occidental, tal y como se ha afirmado desde 1945 hasta nuestros días, está estructuralmente compuesto por dos principales espacios geopolíticos distintos, el angloamericano y el de la América indiolatina, a los que se añaden porciones del espacio eurasiático. Estas últimas están constituidas por Europa (península eurasiática y cremallera euroafroasiática) y por Japón (arco insular eurasiático). La América indiolatina, Europa y Japón han de ser considerados, por tanto, en relación al sistema « occidental », más propiamente, como esferas de influencia de la potencia del otro lado del Océano.

2. La ONU, el FMI y el BM, en el ámbito de la confrontación entre el sistema occidental guiado por los EE.UU. y las potencias eurasiáticas, de hecho, desempeñan la función de dispositivos geopolíticos por cuenta de Washington.

3. Por cuanto respecta al redescubrimiento de la vocación continental de la América centromeridional en el ámbito del debate geopolítico, madurado en relación a la oleada globalizadora de los últimos veinte años, nos remitimos, entre otros, a los trabajos de Luiz A. Moniz Bandeira, Alberto Buela, Marcelo Gullo, Helio Jaguaribe, Carlos Pereyra Mele, Samuel Pinheiro Guimares, Bernardo Quagliotti De Bellis; señalamos, además, la reciente publicación de Diccionario latinoamericano de seguridad y geopolitíca (dirección editorial a cargo de Miguel Ángel Barrios), Buenos Aires 2009.

4. Luca Bellocchio, L’eterna alleanza? La special relationship angloamericana tra continuità e mutamento, Milán 2006.

5. Por motivaciones geoestratégicas análogas, siempre referentes al cerco de la masa eurasiática, los EE.UU. consideran Japón una de sus cabezas de puente, muy semejante a la europea.

6. En el específico sector del gas y del petróleo, la influencia estadounidense y, en parte, británica determinan la elección de los miembros de la UE respecto a sus socios extra-europeos, a las rutas para el transporte de los recursos energéticos y la proyección de las consiguientes infraestructuras.

7. Un enfoque teórico referente a los procesos de transición de un Estado de una posición de subordinación a una de autonomía respecto a la esfera de influencia en que se inscribe, ha sido recientemente tratado por el argentino Marcelo Gullo en el ensayo La insubordinación fundante. Breve historia de la construcción del poder de las naciones, Buenos Aires 2008.

8. A tal respecto, son significativos los llamamientos constantes de Caracas, Buenos Aires y Brasilia a la unidad continental. En el apasionado discurso de toma de posesión de la presidencia de Uruguay, que tuvo lugar en la Asamblea general del parlamento nacional el 1 de marzo de 2010, el recién elegido José Mujica Cordano, ex tupamaro, subrayó con vigor que “Somos una familia balcanizada, que quiere juntarse, pero no puede. Hicimos, tal vez, muchos hermosos países, pero seguimos fracasando en hacer la Patria Grande. Por lo menos hasta ahora. No perdemos la esperanza, porque aún están vivos los sentimientos: desde el Río Bravo a las Malvinas vive una sola nación, la nación latino-americana”.

9. Eso también en consideración de la política “prosionista” que Washington lleva en Oriente Próximo y en Oriente Medio. Véase a tal propósito el largo ensayo de J. Mearsheimer e Stephen M. Walt, La Israel lobby e la politica estera americana, Milán, 2007 (Hay versión española, El lobby israelí, Taurus, 2007).

10. Una hipótesis de partenariado euro-ruso, basado en el eje París-Berlín-Moscú, fue propuesto en un contexto diverso del actual en el brillante ensayo de Henri De Grossouvre, Paris, Berlin, Moscou. La voie de la paix et de l’independénce, Lausana 2002.

11. La ampliación de las estructuras continentales (globales en el caso de la OTAN) de seguridad y defensa parece ser el índice del grado de consolidación del sistema multipolar. Además de la OTAN, la OTSC y las iniciativas en el ámbito de la OCS, hay que recordar también el Consejo de Defensa Suramericano (CDS) de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR).

12. Linda Jakobson, China prepares for an ice-free Arctic, Sipri Insights on Peace and Securiry, no. 2010/2 Marzo 2010.

15/02/2010

Breve nota sobre el Ártico.

por Tiberio Graziani*

Los ciclos geopolíticos de la región Ártica

La historia geopolítica de la región Ártica –si se prescinde de las referencias de los Antiguos respecto a tal región y a las exploraciones de los Vikingos, que con cierta dificultad podemos valorar en términos típicamente geopolíticos –puede ser subdividida, en una primera aproximación, al menos en tres ciclos.

Un primer gran ciclo, que podríamos denominar el ciclo de las grandes exploraciones y de la primera maritimización ártica, puede situarse entre 1553, es decir, cuando el navegador Hugh Willoughby partió en busca del paso del Nordeste, y la segunda mitad de los años veinte del siglo XIX. Este primer ciclo –durante el cual se lleva a cabo el proceso de “maritimización” de la Orilla ártica, ejecutado mediante la construcción de puertos y la proyectación de rutas comerciales –encaja en el ámbito de la búsqueda de nuevas vías hacia Oriente, una empresa sostenida principalmente por las naciones europeas. Entre finales del Setecientos e inicios del Ochocientos los actores regionales son Dinamarca y los Imperios inglés y ruso. La rivalidad entre Rusia y Gran Bretaña, es decir, entre una potencia de tierra y una de mar, constituye la clave de lectura de las principales tensiones geopolíticas que tienen lugar en esta región en el curso de los primeros años del Ochocientos.

El acuerdo, firmado en 1826 entre San Petersburgo y Londres sobre la delimitación de las fronteras entre la Rusia llamada “americana” y las posesiones inglesas en América septentrional, inaugura una nueva fase histórica de la región polar. Tal acuerdo, destinado a reducir las fricciones entre las dos entidades geopolíticas, sin embargo, no triunfó en su intento. La tensión geopolítica entre los dos Imperios se atenuará, al menos en esta parte del planeta, sólo en 1867, cuando Rusia, con la finalidad de enfrentarse al asentamiento británico en la zona ártica, cederá Alaska por 7,5 millones de dólares a los emergentes Estados Unidos de América.

Lejos de ser la locura de Seward, como fue definida por el nombre del entonces secretario de Estado norteamericano, la adquisición de Alaska representaba, al menos para aquella época, el punto de llegada de la política “nórdica” de Washington. De hecho, los Estados Unidos, que tenían la intención de proyectar su poder hacia el polo ártico, habían entablado, en los mismos años, algunas negociaciones con Dinamarca con respecto a la adquisición de Groenlandia. Como se sabe, los EE.UU. alcanzaron el objetivo estratégico de controlar gran parte del círculo polar ártico sólo después de la Segunda Guerra Mundial, instalando, precisamente en Groenlandia, la base militar de Thule.

Con el ingreso del recién llegado en el club de las naciones circumpolares comienzan a germinar las fricciones que marcarán la posterior historia geopolítica de la región Ártica. Es este el ciclo de la soberanía o de las reivindicaciones territoriales, que empiezan precisamente en 1826 con una delimitación de las fronteras que termina en 1991, con la disolución de la URSS. Este se caracteriza por la enunciación de las teorías sobre la división de la región y de su creciente militarización, que, puesta en marcha en el curso de las dos guerras mundiales, fue, sin solución de continuidad, proseguida e intensificada en el contexto de la “guerra fría”. La importante función geoestratégica del área ártica que hace de ella, todavía hoy, una de las principales plataformas de disuasión nuclear, fue plenamente reconocida por los principales actores regionales, en primer lugar por los EE.UU. y por la URSS y, secundariamente, por Canadá, e incluida en las respectivas doctrinas geopolíticas del momento.

El tercer ciclo, que podríamos definir de la identidad regional ártica o del multilateralismo y que podemos situar entre 1990 y los primeros años del siglo actual, está marcado por el escaso compromiso de Moscú –geopolíticamente replegado sobre sí mismo tras el colapso del edificio soviético –en el sostenimiento de sus intereses regionales, por las renovadas tensiones entre Canadá y los Estados Unidos, por una tímida presencia de la Unión Europea, que enuncia la llamada política de la Dimensión Nórdica, y, en particular, por algunas iniciativas internacionales o multilaterales. Estas últimas, que se basan principalmente en la común identidad ártica, en la idea del “mediterráneo ártico”, en el respeto de las minorías y del medioambiente y en el llamado desarrollo sostenible tienden tanto al refuerzo de la internacionalización del área como a la atenuación de las tiranteces surgidas dentro del restringido club de las naciones circumpolares con respecto a la soberanía. Sin embargo, hay que observar que en el plano de las relaciones de fuerza reales, en particular las referentes a los ámbitos militares y geoestratégico, los EE.UU. ostentan, en el curso de este breve ciclo, la primacía de nación hegemónica de toda la zona, ya sea directamente, o a través de la alianza atlántica; los otros actores recitan el papel marginal de simples comparsas.

El Ártico en el escenario multipolar

El Ártico es actualmente, en el marco de la estructuración del nuevo sistema multipolar, una de las áreas más diputadas del planeta, no sólo por los recursos energéticos y minerales presentes bajo su banco de hielo, por su particular posición geoestratégica y por los efectos que el calentamiento global podría producir respecto a su mayor practicabilidad, sino, sobre todo, debido al retorno de Rusia como actor global.

Considerado durante mucho tiempo de limitado interés geopolítico, a causa de su inaccesibilidad, el círculo polar ártico, de hecho, ha llegado a ser –desde el 2 de agosto de 2007, cuando la tripulación de dos submarinos colocaron la bandera tricolor rusa en los fondos del Océano Glacial Ártico, a 4200 metros de profundidad –una zona de crecientes choques entre los países circumpolares y de gran interés para China y Japón. Esta fecha, que muy probablemente celebra el inicio de una nueva era geopolítica para la historia de la región ártica, evidencia, ante todo, el renovado interés de los Rusos en la defensa de su espacio continental y costero, así como la determinación perseguida por el Kremlin de competir en la constitución de un nuevo orden planetario, después de la larga fase del bipolarismo y el breve, y geopolíticamente catastrófico, “momento unipolar”.

La “reivindicación” rusa del espacio ártico se inserta, por tanto, plenamente en la Doctrina Putin destinada a reestablecer, en una perspectiva multipolar, el justo peso de Rusia en todo el complejo tablero mundial. Una “reivindicación”, o más bien, una asunción de responsabilidad en referencia al nuevo escenario mundial, que también el presidente Medvedev, actual inquilino del Kremlin, parece sostener con convicción.

Moscú, después de haber adquirido nuevamente prestigio en el Cáucaso y en Asia central, reanudado las relaciones con China y, sobre todo, limitado, en la medida de lo posible, la descomposición de su “exterior próximo”, se dirige ahora hacia el Norte.

Esto no debe sorprender en absoluto, siendo el territorio ruso, como nos recuerda Pascal Marchand, el resultado de un proceso histórico distinguido por dos caracteres geográficos: la continentalidad, es decir, la expansión en la masa continental eurasiática y la nordicidad, es decir, la expansión hacia el Ártico.

Estas dos directrices, además del impulso hacia el Océano Índico, marcarán una vez más el destino de Rusia en el nuevo Gran Juego del siglo XXI.

En este marco de referencia el Ártico, la mítica morada de los pueblos védicos según los estudios efectuados por el político e intelectual indio Bal Gangadhar Tilak, se convertirá en una de las principales puestas en juego de los próximos veinte años.

* Director de Eurasia –Rivista di studi geopolitici– y de la colección Quaderni di geopolitica (Edizioni all’insegna del Veltro), Parma, Italia. Cofundador del Istituto Enrico Mattei di Alti Studi per il Vicino e Medio Oriente, Ha dictado cursos y seminarios de geopolítica en universidades y centros de investigación y análisis. Docente del Istituto per il Commercio Estero (Ministerio de Asuntos Exteriores italiano), dictando cursos en distintos países, como Uzbekistán, Argentina, India, China, Libia. – e-mail: direzione@eurasia-rivista.org

(Traducido por Javier Estrada)

 

 

 

07/12/2009

AFGANISTÁN 1979- DESESTABILIZACIÓN DE ORIENTE PRÓXIMO Y DE ORIENTE MEDIO Y ORIGEN DEL COLAPSO SOVIÉTICO EN LA PRAXIS GEOPOLÍTICA ESTADOUNIDENSE

por Tiberio Graziani *

1979, el año de la desestabilización

Entre los distintos acontecimientos de política internacional de 1979, hay dos particularmente importantes por haber contribuido a la alteración del marco geopolítico global, por entonces basado en la contraposición entre los EE.UU. y la URSS. Nos referimos a la revolución islámica de Irán y a la aventura soviética en Afganistán.
La toma del poder por parte del ayatolá Jomeini, como se sabe, eliminó uno de los pilares fundamentales sobre el que se sustentaba la arquitectura geopolítica occidental guiada por los EE.UU.

El Irán de Reza Pahlavi constituía en las relaciones de fuerza entre los EE.UU. y la URSS una pieza importante, cuya desaparición indujo al Pentágono y a Washington a una profunda reconsideración del papel geoestratégico americano. Un Irán autónomo y fuera de control introducía en el tablero geopolítico regional una variable que potencialmente ponía en crisis todo el sistema bipolar.
Además, el nuevo Irán, como potencia regional antiestadounidense y antiisraelí, poseía las características (en particular, la extensión y la centralidad geopolítica y la homogeneidad político-religiosa) para competir por la hegemonía de al menos una parte del área meridional, en contraste abierto con los intereses semejantes de Ankara y Tel Aviv, los dos fieles aliados de Washington y de Islamabad.

Por tales consideraciones, los estrategas de Washington, en coherencia con su bicentenaria «geopolítica del caos», indujeron, en poco tiempo, al Irak de Saddam Hussein a desencadenar una guerra contra Irán. La desestabilización de toda la zona permitía a Washington y a Occidente ganar tiempo para proyectar una estrategia de larga duración y, con toda tranquilidad, desgastar al oso soviético.
Como puso de relieve hace once años Zbigniew Brzezinski, consejero de seguridad nacional del presidente Jimmy Carter, en el curso de una entrevista concedida al semanario francés Le Nouvel Observateur (15-21 de enero de 1998, p. 76), la CIA había penetrado en Afganistán con el fin de desestabilizar al gobierno de Kabul, ya en julio de 1979, cinco meses antes de la intervención soviética.

La primera directiva con la que Carter autorizaba la acción encubierta para ayudar secretamente a los opositores del gobierno filosoviético se remonta, de hecho, al 3 de julio. Ese mismo día el estratega estadounidense de origen polaco escribió una nota al presidente Carter en la que explicaba que su directiva llevaría a Moscú a intervenir militarmente. Lo que puntualmente se verificó a finales de diciembre del mismo año. Siempre Brzezinski, en la misma entrevista, recuerda que, cuando los soviéticos entraron en Afganistán, él escribió a Carter otra nota en la que expresó su opinión de que los EE.UU. por fin tenían la oportunidad de dar a la Unión Soviética su propia guerra de Vietnam. El conflicto, insostenible para Moscú, conduciría, según Brzezinski, al colapso del imperio soviético.
El largo compromiso militar soviético a favor del gobierno comunista de Kabul, de hecho, contribuyó ulteriormente a debilitar a la URSS, ya en avanzado estado de crisis interna, tanto en la vertiente político-burocrática como en la socio-económica.
Como bien sabemos hoy, el retiro de las tropas de Moscú del teatro afgano dejó toda la zona en una situación de extrema fragilidad política, económica y, sobre todo, geoestratégica. En la práctica, ni siquiera diez años después de la revolución de Teherán, toda la región había sido completamente desestabilizada en beneficio exclusivo del sistema occidental. El contemporáneo declive imparable de la Unión Soviética, acelerado por la aventura afgana y, sucesivamente, el desmembramiento de la Federación Yugoslava (una especie de estado tapón entre los bloques occidental y soviético) de los años noventa abrían las puertas a la expansión de los EE.UU., de la hyperpuissance, según la definición del ministro francés Hubert Védrin, en el espacio eurasiático.
Después del sistema bipolar, se abría una nueva fase geopolítica: la del “momento unipolar”.
El nuevo sistema unipolar, sin embargo, tendrá una vida breve, que terminará –al alba del siglo XXI –con la reafirmación de Rusia como actor global y el surgimiento concomitante de las potencias asiáticas, China e India.

Los ciclos geopolíticos de Afganistán

Afganistán por sus propias especificidades, referentes en primer lugar a su posición en relación con el espacio soviético (confines con las repúblicas, por aquella época soviéticas, del Turkmenistán, Uzbekistán y Tayikistán), a las características físicas, y, además, a la falta de homogeneidad étnica, cultural y confesional, representaba, a ojos de Washington, una porción fundamental del llamado « arco de crisis », es decir, de la franja de territorio que se extiende desde los confines meridionales de la URSS hasta el Océano Índico. La elección como trampa para la URSS cayó sobre Afganistán, por tanto, por evidentes razones geopolíticas y geoestratégicas.
Desde el punto de vista del análisis geopolítico, de hecho, Afganistán constituye un claro ejemplo de un área crítica, donde las tensiones entre las grandes potencias se descargan desde tiempos inmemoriales.
El área en que se encuentra actualmente la República Islámica de Afganistán, donde el poder político siempre se ha estructurado sobre la dominación de las tribus pastunes sobre las otras etnias (tayikos, hazaras, uzbecos, turcomanos, baluchis) se forma precisamente en la frontera de tres grandes dispositivos geopolíticos: el imperio mongol, el janato uzbeco y el imperio persa. Las disputas entre las tres entidades geopolíticas limítrofes determinarán su historia posterior.
En los siglos XVIII y XIX, cuando el aparato estatal se consolidará como reino afgano, el área será objeto de las contiendas entre otras dos grandes entidades geopolíticas: el Imperio ruso y Gran Bretaña. En el ámbito del llamado “Gran Juego”, Rusia, potencia de tierra, en su impulso hacia los mares cálidos (Océano Índico), India y China choca con la potencia marítima británica que, a su vez, trata de cercar y penetrar la masa eurasiática en Oriente hacia Birmania, China, Tíbet y la cuenca del Yangtsé, pivotando sobre la India, y en Occidente en dirección a los actuales Pakistán, Afganistán e Irán, hasta el Cáucaso, el mar Negro, Mesopotamia y el Golfo Pérsico.
En el sistema bipolar, a finales del siglo XX, tal y como hemos descrito antes, Afganistán se convierte en un terreno en el que se miden una vez más una potencia de mar, los EE.UU., y una de tierra, la URSS.
Hoy, después de la invasión estadounidense de 2001, la que presuntuosamente Brzezinski definía como la trampa afgana de los soviéticos se ha convertido en la ciénaga y en la pesadilla de los Estados Unidos.

*Periodista, editor, investigador y ensayista (direzione@eurasia-rivista.org)
Director de la revista italiana de estudios geopolíticos Eurasia (www.eurasia-rivista.org).

 

 

 

17/11/2009

África en el sistema multipolar.

por Tiberio Graziani *

En el nuevo orden multipolar, en plena fase de consolidación, África corre el riesgo de convertirse, por razones económicas y geoestratégicas, en la apuesta entre el sistema occidental guiado por los Estados Unidos y las potencias eurasiáticas, Rusia, China e India. Con el fin de evitar y obstaculizar tal eventualidad, y sobre todo para adquirir una determinante función global a medio y largo plazo, la integración continental de África parece una necesidad y un desafío, a los cuales han de dar respuesta urgentemente las clases dirigentes africanas. De forma verosímil, tal integración se debería configurar sobre una base regional, siguiendo tres directrices principales, constituidas respectivamente por el Mar Mediterráneo, el Océano Índico y el Océano Atlántico.

El multipolarismo: un escenario en vía de consolidación

Múltiples factores, entre los cuales se encuentran principalmente: a) la incapacidad estadounidense de gestionar la fase post-bipolar surgida después del colapso soviético; b) la reafirmación de Rusia llevada a cabo por Putin y consolidada por Medvedev; c) el crecimiento económico y el peso político que han alcanzado dos naciones-continente como China e India; d) la desvinculación de algunos países importantes de la América meridional respecto a la tutela de Washington, han planteado las precondiciones para la constitución de un sistema multipolar.

El nuevo escenario geopolítico, después de una primera fase de gestación, por otra parte continuamente minada por Washington, Londres y por las oligarquías europeas a cuya cabeza se encuentran Sarkozy y Merkel, está en estos momentos en vía de consolidación, gracias a las continuas actividades de colaboración que tienen lugar entre Moscú, Pekín y Nueva Delhi en referencia a grandes temas cruciales, como los siguientes: el aprovisionamiento y la distribución de recursos energéticos, la seguridad continental, la soluciones que se van adoptando con respecto a la crisis económico-financiera, el refuerzo de algunas instituciones de valor multi-regional, o incluso continental, como, por ejemplo, la organización para la cooperación de Shangai, las posturas realistas sobre varias cuestiones impuestas por los EE.UU. en el debate internacional, desde la referente al tema nuclear iraní hasta la temática de los derechos humanos en China, Rusia, Irán y últimamente también en India (1). Más allá del proceso de integración eurasiático, es preciso indicar que el nuevo marco internacional se va consolidando ulteriormente también por efecto de los acuerdos estratégicos que algunos países eurasiáticos (Rusia, Irán y China) han alcanzado con importantes naciones sudamericanas como Brasil, Venezuela y Argentina, en el ámbito económico y en algunos casos también en el militar.

A la luz de las consideraciones que acabamos de exponer, los rasgos que distinguen el nuevo marco geopolítico parecen ser esencialmente dos:

a) uno –relativo a la constitución y a la existencia misma del nuevo orden internacional –parece surgir de la sinergia de intenciones que animan a los mayores países eurasiáticos y a los países de la América indiolatina. Los desiderata de las élites dirigentes de Moscú, Pekín, Nueva Delhi, Teherán y últimamente también Ankara (2) convergen con los de Brasilia, Caracas y Buenos Aires y tienden a materializarse en prácticas geopolíticas que prevén, a través de relaciones estratégicas, el desclasamiento de los EEUU que de potencia mundial pasaría a potencia regional. A finales de la primera década del siglo actual, Eurasia y la América indiolatina (3) parecen constituir los pilares sobre los que se apoya el actual sistema internacional. Sobre la integración interna, o mejor, sobre el grado de cohesión interno de las dos grandes masas continentales, muy probablemente, se disputará a medio y largo plazo toda la apuesta multipolar.

b) el otro rasgo, que, a nuestro juicio, se referiría a la naturaleza del nuevo contexto geopolítico, parece consistir en la articulación continentalista con la que este tiende a manifestarse (4).

Ante la consolidación de tal escenario nuevo, sin embargo, hay que tener presente que el sistema occidental guiado por los EEUU, aunque esté en fase declinante, o quizás precisamente por eso, parece acentuar, pese a la retórica de la nueva administración su carácter expansionista y agresivo. Esto no solo alimentará los actuales enfrentamientos, sino que generará otros adicionales, que, con verosimilitud, se descargarán en las áreas geopolítica y geoestratégicamente más frágiles. Y África es una de estas.

La fragilidad de África y la penetración estadounidense en el hemisferio sur

En tal marco de referencia, altamente cargado de tensiones ya que, como hemos puesto de relieve anteriormente, está determinado por la contraposición entre el nuevo sistema multipolar en fase de acelerada definición y el sistema centrado en los EE.UU, a África le resulta difícil encontrar una posición propia clara, por tanto, le cuesta concebirse como una entidad geopolítica unitaria, si bien muy compleja, si atendemos a las profundas y variadas deshomogeneidades culturales, étnicas, confesionales, climáticas, económicas y sociales que todo el continente presenta (5).

Sin embargo, desde el lejano 1919 (por tanto, en un contexto completamente distinto, pero también entonces en fase de transición, vale la pena subrayarlo) con la conferencia de París, los africanos expresan la necesidad de unificar su continente (6). Anteriormente, el movimiento panafricanista, surgido en los EE.UU y en las Antillas a finales del siglo XIX sobre la base de las ideas del mestizo americano William Edward Burghardt Du Bois, cantor de movimiento ‘pan-negro’, y del jamaicano Marcus Garvey, ideador del lema ‘retorno a África’ y del llamado ‘sionismo negro’, trataba principalmente de la unidad cultural de los pueblos africanos. En el plano netamente político, el movimiento panafricanista contribuyó, durante el proceso de descolonización, a la creación de la ‘Organización de la unidad africana’, hoy conocida como ‘Unión Africana’.

En nuestros días, después de casi un siglo de cumbres y conferencias inconcluyentes dedicadas a la unidad (o a la integración) continental (entendida y teorizada de formas distintas) los obstáculos que se interponen para su realización parecen residir en las habituales cuestiones histórico-políticas nunca resueltas que comprenden, entre otras cosas, los clásicos problemas referentes a la ausencia de infraestructuras, a la fragmentación política en estados modulados según el paradigma occidental (7), a la incapacidad de las clases dirigentes locales para gestionar los diversos tribalismos en una lógica unitaria y pro-continental, a la herencia colonial y, sobre todo, a los apetitos occidentales, adicionalmente aumentados en estos últimos años, en virtud de la sinérgica política africana llevada a cabo por los EE.UU. y su aliado regional, Israel (8).

Una lectura veloz y superficial de los acontecimientos africanos llevaría al analista a añadir a los apetitos occidentales también los apetitos chinos, rusos e indios. A tal respecto, sin embargo, hay que observar que los intereses asiáticos, o mejor, eurasiáticos en África tienen un valor particular del que, a la larga, se beneficiaría precisamente África en su conjunto, ya que facilitaría su inserción en el nuevo sistema multipolar y, por tanto, lo situaría geopolíticamente en la masa continental eurasiática. África, en tal escenario futuro, constituiría el tercer polo del espacio euro-afro-asiático.

Washington, en el último año de la administración Bush, empantanado en los conflictos mediorientales (Irak y Afganistán), obstaculizado por Rusia y China en su marcha de aproximación hacia las repúblicas centroasiáticas, habiendo perdido, junto a Londres y a la Unión Europea, la partida en la disputa ruso-ucraniana sobre el gas, habiendo salido con cabeza gacha de la aventura georgiana (agosto de 2008), habiendo digerido mal la autonomía turca sobre la proyectación del South Stream (9), ha intensificado su política exterior en el sur del planeta, respectivamente en la América meridional y en África.

En el curso del bienio 2007-2008, los EE.UU. han tratado de desarticular el BRIC (Brasil, Rusia, India y China), el nuevo eje geoeconómico que se ha establecido entre Eurasia y la América Indiolatina, y ha tratado de minar los acuerdos orientados a la integración sudamericana, presionando principalmente a Brasil y a Venezuela. En tal estrategia, que podemos definir como ‘estrategia para la recuperación del control del patio trasero’, se sitúan, por ejemplo, tanto la reexhumación de la Cuarta Flota, como episodios como el de los movimientos secesionistas en la región de la media luna boliviana, orquestados, según diversos analistas sudamericanos, entre ellos el brasileño Moniz Bandeira, precisamente por Washington. Tal renovado interés estadounidense por el control de la América meridional, iniciado por la precedente administración republicana, es igualmente continuado por la actual administración, guiada por el demócrata Obama, como han demostrado dos casos emblemáticos: el de la intromisión estadounidense en el golpe de estado de Honduras y, sobre todo, el referente a la instalación de bases militares en Colombia.

Respecto a la corriente penetración estadounidense en África, esta es para los EE.UU. un pasaje obligado debido a tres razones principales.

Una se refiere a la cuestión energética. Según un estudio encargado en el año 2000 por el National Intelligence Council a algunos expertos, los EE.UU. esperan poder disfrutar para el 2015 de al menos el 25% de petróleo procedente de África (10). La búsqueda y el control de fuentes energéticas en África responden a dos exigencias consideradas prioritarias por Washington y por los grupos petroleros que dirigen y sustentan su política energética (11). La primera exigencia deriva obviamente de las estrategias destinadas a buscar fuentes de aprovisionamiento energético, diversificadas y alternativas a las mediorientales; la segunda, en cambio, afecta a la protección de la función hegemónica, que los EE.UU. adquirieron durante el siglo pasado, en referencia al control y a la distribución de los recursos energéticos mundiales. Tal función atraviesa actualmente una fase muy crítica, a causa de las recientes y sinérgicas políticas llevadas a cabo por Rusia, China y por algunos países sudamericanos en el sector energético. El antagonista en África de los EE.UU. es, como se sabe, China. La República Popular China, en la última década, ha reforzado e implementado las relaciones y el lanzamiento de inversiones, en particular, en infraestructuras en el continente africano, prosiguiendo, por otra parte, una política puesta en marcha ya en el curso de la Guerra Fría. China no sólo está interesada en el petróleo africano, sino también en el gas (12) y en los materiales considerados estratégicos para su desarrollo como el carbón, el cobalto y el cobre. En el frente energético, un ejemplo, importante para las consecuencias sobre las relaciones entre las potencias de China y los EE.UU., lo proporciona la fundamental contribución china a Sudán para la exportación del petróleo. Sudán, como se sabe, gracias a la ayuda china exporta petróleo desde 1999; esto ha llevado a que Jartum reciba las ‘particulares’ atenciones y cuidados de Washington. Recientemente (27 de octubre de 2009), la Casa Blanca ha renovado formalmente las sanciones económicas a Sudán por la cuestión de los derechos de las poblaciones de Darfur.

La otra razón por la cual la política africana constituye una de las prioridades estadounidenses de la próxima década es de orden geopolítico y estratégico. En medio de la actual crisis económico-financiera, Washington debería, en cuanto gran actor global, dirigir sus esfuerzos hacia el mantenimiento de sus posiciones en el tablero global, a riesgo de que, en el mejor de los casos, tenga lugar una rápida reducción de su papel a potencia regional media, o, en el peor, un desastroso colapso, difícil de superar a corto plazo. Sin embargo, en línea con la tradicional geopolítica expansionista que desde siempre caracteriza sus relaciones con las otras partes del planeta, Washington ha elegido a África como amplio espacio de maniobra, desde el cual relanzar su peso militar en el plano global con el fin de disputar a las potencias asiáticas la primacía mundial. En tal aventurada iniciativa, Washington obviamente implicará a toda Europa. La nueva política estadounidense en África se debe al hecho de que los EE.UU. encuentran cerradas dos de las principales vías anteriormente elegidas para acceder al espacio eurasiático: la Europa centroriental y Oriente Próximo y Medio. La primera vía, tras la ráfaga de victoriosas revoluciones coloradas que habían atraído al espacio geopolítico hegemonizado por los EE.UU. a los países del exterior próximo ruso (la llamada Nueva Europa), parece por ahora un camino difícil de seguir, ya que Moscú ha elevado el nivel de guardia. A tal respecto, son indicativas las dificultades encontradas por los EE.UU. en la cuestión del escudo espacial. La segunda vía es la trazada, ya desde hace años, por la doctrina llamada del Gran Oriente Medio: control total del mar Mediterráneo, eliminación de Irak, ocupación militar de Afganistán, penetración en las repúblicas centroasiáticas. La aplicación de esta doctrina geopolítica, sin embargo, no ha producido los resultados que Washington y el Vaticano esperaban en tiempos razonablemente breves, sino que, al contrario, se ha revelado negativa a causa del duradero y desgastador conflicto afgano y de la no resuelta cuestión iraquí y, sobre todo, de la política eurasiática de Moscú, orientada a recuperar prestigio e importancia en el espacio centroasiático.

La tercera razón, finalmente, es de orden preventivo. Está conectada a la política que actualmente los Estados Unidos conducen en el hemisferio meridional del planeta, con el fin de invalidar el eje sur-sur, fatigosamente en vías de definición entre muchas naciones africanas y sudamericanas. Los principales jefes de Estado de la América indiolatina y de África han vuelto a confirmar recientemente, en septiembre de 2009, durante la cumbre de Isla Margarita (Venezuela) la voluntad de continuar en el proyecto estratégico de ‘‘cooperación sur-sur’’ entre África y América meridional puesto en marcha en diciembre de 2006 en Nigeria, en Abuja.

Los instrumentos de penetración que Washington ha adoptado para controlar el espacio africano son de tres órdenes : de orden militar, a través del AFRICOM (13), es decir, el Mando militar de los Estados Unidos para África, creado en 2007 y activado al año siguiente ; de orden económico-financiero (véase el caso de las sanciones a Sudán y la intromisión del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial en las relaciones entre la República Democrática del Congo y China) (14) ; y, finalmente, otro referente a la estrategia de comunicación ejemplificada gráficamente por los ya considerados ‘históricos’ discursos de Obama pronunciados respectivamente en Cairo y Accra. Sobre el plano militar, es importante observar que la penetración estadounidense parece privilegiar, como cabeza de puente para neutralizar a Sudán y a la República democrática del Congo, el área constituida por Tanzania, Burundi, Kenia, Uganda y Ruanda. Hay que subrayar que el control militar total constituye una importante pieza en la estrategia estadounidense para la hegemonía del océano Índico.

Las directrices geopolíticas de África para el siglo XXI

Pese a las dificultades que obstaculizan hoy su unificación geopolítica, África, con el fin de salvaguardar sus propios recursos y mantenerse fuera de las disputas entre EE.UU., China y, muy probablemente, Rusia e India –disputas que se resolverán precisamente sobre su territorio –necesita organizarse, al menos regionalmente, según tres directrices principales que pivotan respectivamente sobre la orilla mediterránea, sobre el Océano Índico y sobre el Atlántico.

La activación de políticas de cooperación económica y estratégica, al menos en lo referente a seguridad, entre los países norteafricanos y Europa, por un lado, y, por otro, lo mismo con India (a tal respecto, hay que hacer referencia a la Declaración de Delhi, firmada durante la Cumbre 2008 India-África) (15) , además de cohesionar las regiones africanas implicadas, predispondría las bases para una futura y potencial unificación continental articulada sobre polos regionales e insertada en un más amplio contexto euro-afro-asiático.

Igualmente, la directriz atlántica, es decir, la continuación de una cooperación estratégica sur-sur entre África y la América indiolatina, favorecería, en este caso, la cohesión de las regiones del África occidental, y contribuiría a la unificación del continente. En particular, el desarrollo de la directriz atlántica reforzaría el peso africano con respecto a Asia, y con respecto a China en primer lugar

La deseable integración de África –realistamente posible sólo si se estructura sobre polos regionales –evoca el desarrollo histórico, anterior al periodo colonial, de las formaciones políticas auténticamente africanas, que, conviene recordarlo, han tenido lugar precisamente sobre bases regionales (16).

* Director de Eurasia. Rivista di studi geopolitici – direzione@eurasia-rivista.org

(traducido por Javier Estrada)

1. Con respecto a India y a la violación de los derechos humanos, en particular los referentes a la religión, véase el India Chapter del Annual Report of the United States Commission on International Religious Freedom, ( http://www.uscirf.gov/ ) y el interesante artículo crítico de M. V. Kamath, US must stop meddling in India’s internal problems, “The Free Press Journal”, 3 de septiembre de 2009 (http://www.freepressjournal.in/ ), que denuncia la instrumentalización llevada a cabo por Washington en referencia a los derechos humanos y a las libertades civiles por evidentes finalidades geopolíticas.

2. En relación con la erosión de las relaciones entre la Turquía guiada por Erdogan y Occidente, véase Soner Cagaptay, Is Turkey Leaving the West?, http://www.foreignaffairs.com, 26/10/2009 y el ensayo de Morton Abramowitz y Henri J. Barkey, Turkey’s Transformers, Foreign Affairs, noviembre/diciembre 2009.

3. Recientemente (17-18 octubre de 2009) los trece países sudamericanos adheridos al ALBA han firmado el tratado constitutivo del sistema unificado de compensación nacional (sucre), cuyo objetivo es la sustitución del dólar en los intercambios comerciales a partir del 2010.

4. Tiberio Graziani, Il tempo dei continenti e la destabilizzazione del pianeta, Eurasia. Rivista di studi geopolitici, n. 2, 2008.

5. Para una reseña de las cuestiones que impiden la integración africana y sobre los factores de deshomogeneidad remitimos a Géopolitique de l’Afrique et du Moyen-Orient, obra coordinada por Vincent Thébault, Nathan, Paris 2006, pp.69-220.

6. Diecinueve años antes, en julio de 1900, había tenido lugar en Londres el primer congreso dedicado a la unidad de los africanos y a sus descendientes en las Américas.

7. África está subdividida en 53 estados y en dos enclaves españoles (Ceuta y Melilla), a los que hay que añadir los autoproclamados estados de El Ayún (Sahara occidental) y de Hargeisa (Somaliland).

8. Para la reciente política israelí en África léase: Nicolas Michel, Le grand retour de Israël en Afrique, Jeune Afrique (http://www.jeuneafrique.com ), 3/9/2009; Philippe Perdrix, F. Pompey, P.F. Naudé, Israël et l’Afrique : le business avant tout, Jeune Afrique (http://www.jeuneafrique.com ), 3/9/2009; René Naba, Israël en Afrique, à la quête d’un paradis perdu, http://www.renenaba.com/ , 10/10/2009.

9. El 6 de agosto de 2009, Putin y Erdogan han firmado un acuerdo que preve el paso por las aguas territoriales turcas del gaseoducto ruso, antagonista del proyecto Nabucco, sostenido por los EE.UU. y por la Unión Europea.

10. El estudio citado, Global Trends 2015. A dialogue about the Future with Nongovernment Experts, diciembre de 2000, se encuentra en el sitio gubernamental del Office of the Director of National Intelligence, http://www.dni.gov/

11. African Oil: A Priority for U. S. National Security And African Development, Proceedings of an Institute Symposium, The Institute for Advanced Strategic and Political Studies, Research Papers in Strategy, maggio 2002, 14. El documento se encuentra en: http://www.israeleconomy.org/.

12. “El continente africano posee enormes reservas de gas natural que se estiman en 14,56 trillones de metros cúbicos, es decir, el 7,9% del total mundial. Las reservas verificadas en Nigeria y Argelia (5,22 e 4,5 trillones de metros cúbicos respectivamente) son inferiores a las de Rusia (43,3 trillones de metros cúbicos) Irán (29,61), Qatar (25,46), Turkmenistán (7,94), Arabia Saudita (7,57) Y Emiratos Árabes Unidos (6.43) pero superiores a las de Noruega (2,91), que es uno de los países clave en la exportación del gas. Sin embargo, los niveles de producción y consumo de gas natural en África son bastante bajos. La producción de gas en 2008 ha sido de 214,8 billones de metros cúbicos, es decir, el 7% del total mundial (un incremento de 4,85 respecto al 2007). Sudamérica ha sido el único continente que ha producido menos gas natural en el mismo año. El consumo de gas natural en 2008 en África ha sido de 94,9 billones de metros cúbicos, es decir, el 3,1% del total mundial (un 6,1% de crecimiento respecto al 2007) que es el nivel más bajo a escala mundial. Más del 50% del gas natural producido en África – 115,6 billones de metros cúbicos –es exportado, por lo demás, como gas natural licuado (62,18 billones de metros cúbicos). La cuota de los países africanos (Argelia, Nigeria, Egipto, Libia, Guinea Ecuatorial y Mozambique) en el suministro global de gas es del 14,2 % pero el mismo nivel de gas natural licuado es mucho más alto – 27,5%.”, Roman Tomberg, Le prospettive di Gazprom in Africa, http://www.eurasia-rivista.org, 16 octubre de 2009.

13. El proceso de militarización de África se ha intensificado últimamente por parte de Washington. A tal respecto, véase Kevin J. Kelley, Uganda: grande esercitazione militare degli USA nella regione settentrionale, http://www.eurasia-rivista.org, 14 de octubre de 2009.

14. Renaud Viviene et alii, L’ipocrita ingerenza del FMI e della Banca mondiale nella Repubblica democratica del Congo, http://www.eurasia-rivista.org , 19 de octubre de 2009.

15. El texto de la Delhi Declaration se encuentra en: http://www.africa-union.org.

16. A propósito del carácter “regionalista” de África, observa el africanista francés Bernard Lugan en la introducción a su ponderosa Histoire de l’Afrique, Ellipses, Parigi 2009, p.3.: «El largo despliegue de la historia del continente africano está ritmado por varias mutaciones o rupturas que se produjeron según una periodización diferente a la de la historia europea. Además, cuando en Europa los grandes fenómenos históricos o civilizacionales fueron continentales, en los africanos tuvieron consecuencias regionales, excepto en el caso de la colonización».

 

 

 

03/10/2009

Carta abierta a Tiberio Graziani desde Rusia (y respuesta del mismo)

El choque de civilizaciones y el Premio Mondello.
Erofeiev y la ideología rusófoba.

Sr. Tiberio Graziani,
Director de Eurasia. Rivista di Studi geopolitici
http://www.eurasia-rivista.org
direzione@eurasia-rivista.org

Estimado Sr. Graziani:

Con gran pesar descubrimos que el 5 de mayo de 2009 el ciudadano de Rusia, Victor V. Erofeev, que se presenta a sí mismo como “un escritor ruso” recibió el Premio Literario Mondello por El buen Stalin (2004), un texto que es prácticamente desconocido en Rusia y que –evidentemente como resultado de alguna negligencia –fue reconocido como la mejor “novela” del año en Italia. Es triste que individuos culturalmente incapacitados de Rusia y algunos europeos desinformados hayan caído víctimas de una provocación absoluta ya que el antedicho autor no puede ser de ningún modo considerado un escritor, y menos aún un escritor RUSO.

La inevitable conclusión a la que llegamos familiarizándonos con la Enciclopedia del alma rusa (1999, segunda y tercera edición de 2002 y 2005 respectivamente) de V. Erofeev es que el libro sólo puede ser considerado un inmoral y antisocial pastiche rusófobo que incita al odio nacional en Rusia. Claramente, el escrito fue generado por alguna desviación mental, una imaginación hiperactiva y por una visión desesperadamente distorsionada. Resulta sorprendente que tal vergonzosa mezcla de odio bestial hacia todo lo ruso, Rusia y hacia la humanidad en general pueda salir a la luz en nuestra época. El mismo lenguaje en que está escrita la “Encyclopaedia” tiene el mismo olor pestilente que los graffitis ofensivos e iletrados que los gamberros dejan en las paredes. Algunas citas a continuación pueden contribuir a ilustrar suficientemente lo que decimos.

Por ejemplo, el fragmento del texto titulado Domingo Sangriento dice:
“Los rusos deberían ser aporreados.
Los rusos deberían ser abatidos a tiros.
Los rusos deberían ser emparedados.
De lo contrario ya no serían rusos.
El Domingo Sangriento es una fiesta nacional”1.

El fragmento del texto titulado Plaza Roja –el lugar honrado por los rusos así como por los turistas extranjeros que visitan el país –dice:
“La Plaza Roja funciona como una prueba para los estúpidos. Si te gusta, tienes que ser un completo chiflado. Si no –también significa que eres un chiflado al cien por cien. El espacio está encantado. Hay muchísimos chiflados disfrazados caminando por la Plaza Roja (149). ¡Ten en cuenta que en mayo de 1945, la Plaza Roja era el lugar en el que la Rusia disfrazada se regocijaba por el gran triunfo sobre el fascismo de Hitler!”

Aquí tenemos algunas ideas adicionales del señor Erofeev acerca de Rusia:

“Habiendo recorrido el mundo para conocer mejor Rusia me di cuenta de que presenta una seria amenaza para el mundo” (197).

“Rusia no se encuentra entre las culturas capaces de auto-determinación. Es un país históricamente deshonesto. Está basado en mentiras.” (122).

“La cultura rusa es un depósito de cadáveres de cinco estrellas” (255).

Los comentarios resultan innecesarios. Sólo habría que indicar que –escandalosamente como Cam en la Biblia –el señor Erofeev de esa manera insultaba no sólo a los rusos, sino también a todos aquellos que en cualquier parte del mundo aprecian a Rusia y se consideran sus amigos.

He aquí otro pasaje de los escritos del bárbaro literario:
“El ruso es un caso de responsabilidad disminuida. Nunca sabrás lo que comprendió y lo que no logró captar. Deberías hablar al ruso medio en términos enormemente simplistas. Esto no es una enfermedad, es una condición histórica” (72).

“El modo de actuar con los rusos es ponerse la máscara de gas y atacar. Odian que se les trate bien. Si eres amable con ellos, se deterioran como una salchicha al sol” (77).

“Todo el mundo…pensaba que los rusos por lo menos tenían el caparazón exterior de la gente normal…Esto es sólo una ilusión –son bestias de cuatro narices” (194).

“La condición normal de un ruso es estar borracho…Cuando está borracho, el ruso se parece a sí mismo” (195, 197).

“Los rusos son una nación vergonzosa. Un cuaderno de estereotipos. No pueden ni trabajar ni pensar sistemáticamente” (46).

Sin embargo, se sabe que la nación que el señor Erofeev llama “vergonzosa” es respetada en Italia. Este respeto se debe no sólo a la gran cultura rusa y a los vínculos, resistentes al paso del tiempo, que existen entre Rusia e Italia, sino también al hecho de que históricamente los italianos han coincidido con los rusos y han sido testigos del carácter ruso.

La catástrofe del 28 de diciembre de 1908, cuando Messina se vino abajo a causa de un terremoto y los marineros rusos se apresuraron a rescatar al pueblo de las ruinas de la ciudad y salvaron por lo menos tres mil vidas, no ha sido olvidada en Italia. En 1910, el gobierno de Italia concedió la medalla de caballero de la gran cruz de la Orden de la Corona de Italia al contralmirante V.I. Litvinov, y medallas de comandante de la orden de la Corona de Italia a todos los capitanes y doctores rusos así como medallas conmemorativas a los marineros rusos por la misión. Asimismo, hay calles en ciudades italianas que llevan los nombres de los marineros rusos que actuaron heroicamente en 1908. Señor Graziani, como usted sabe, el cien aniversario de la tragedia fue conmemorado en Italia en diciembre de 2008.

Es deplorable que –en el contexto de los acontecimientos –un premio literario haya sido concedido en Palermo, Sicilia, a un Erofeev que había sido demandado dos meses antes por un grupo de activistas en Moscú por incitación al odio nacional. El Premio parece ser una expresión de apoyo al escritorzuelo otorgado por la nueva Internacional que, del mismo modo, necesita a los Erofeevs para que susciten hostilidad entre los pueblos empujando así al mundo hacia la catástrofe.

Se sabe que los italianos son píos cristianos. Deberían ser conscientes de cómo el Neandertal con ínfulas literarias se atrevió a difamar a todo el mundo cristiano:
“La Cristiandad está evolucionando hacia una orquesta folclórica conducida por Pedro y Pablo…”

“Estoy cansado de los dioses en atuendo teatral. No debería ser demasiado difícil encontrar trabajos lo bastante fáciles para esos veteranos del Cielo. Junto con los Olímpicos Griegos y Santa Claus, servirán como tutores para niños y como personajes de mitos, leyendas y cuentos de hadas instructivos…”

“Por supuesto, convocar una reunión de la UNESCO y encargar un nuevo dios es una opción. Sin embargo, es más probable que surja naturalmente de la negra suciedad de África y de Internet, entre los sin techo rusos, las moscas de Calcuta y los drogadictos de Nueva York…”

“En esencia, el acuerdo cristiano fue concebido de forma brillante: la predestinación de la muerte a cambio de que observes normas morales” (210-212).

Tal es el pensamiento global del reciente vencedor del premio Mondello. Abiertamente insulta a todo el mundo, incluyendo a millones de cristianos –los constructores de la gran cultura espiritual de la humanidad, que viven en este mundo y en el otro.

Señor Graziani, sabiendo que usted es un patriota italiano, un auténtico amigo de Rusia y un conocedor de su cultura, le pedimos que describa en su publicación el estado real del ambiente intelectual ruso, que presente a sus lectores a destacados autores rusos y que explique cómo los rusos se sienten acerca de algunos fenómenos pseudo-culturales, a menudo vendidos como “rusos” fuera de Rusia pero que representan de modo lamentable a su pueblo, extendiendo el odio hacia todo lo ruso, inculcando el desprecio hacia los hombres, el odio hacia Dios y la falta de respeto por los valores morales.

Con los mejores saludos,

V.N. Krupin, escritor, miembro del Presidium de la Academia Rusa de las artes, copresidente de la Unión de Escritores Rusos
E.Z. Tsybenko, Profesor Emérito de la Universidad Estatal de Moscú, Dr. en Filología, premiado con la cruz de comandante de la Orden del Mérito de la República de Polonia.
L.S. Krasnova, Profesora, Universidad Estatal de Moscú, Facultad de Lenguas Extranjeras, Dra. en Filología.
V.V. Voropaev, Profesor, Universidad Estatal de Moscú, Facultad de Filología, Dr. en Filología
N.V. Maslennikova, Profesora, Universidad Estatal de Moscú, Facultad de Filología, Dra. en Filología
O.V. Tsybenko, Investigador asociado, Instituto de Estudios Eslavos de la Academia Rusa de la Ciencia, Dr. en Filología
A.N. Strizhev, escritor, miembro de la Unión de Escritores Rusos
V.A. Nedzevetski, Profesor Emérito de la Universidad Estatal de Moscú, Dr. en Filología, ganador del Premio Literario I.A. Goncharov.
G.A. Bogatova, académica de la Academia Eslava, profesora de la Universidad Ortodoxa de San Tijón, Dra. en Filología
Arcipreste Valentin Asmus, Decano de la Iglesia “Velo Protector de la Santa Virgen” en Krasnoye Selo, Profesor, Universidad Ortodoxa de San Tijón, Máster en Teología.
E.V. Putintseva, referente del Arcipreste Artemiy Vladimirov (Iglesia de Todos los Santos en Krasnoye Selo), Dra. en Filología.
T.L. Mironova, Investigadora Asociada principal de la Biblioteca Estatal Rusa, Dra. en Filología, miembro de la Unión de Escritores Rusos.
V.V. Schmidt, Subdirector de la Facultad Estatal y de Relaciones Nacionales, Primer Consejero Estatal de la Federación Rusa, Dr. en Filosofía, Academia Rusa de Servicio Estatal del Presidente de la Federación Rusa.
E.A. Bondareva, Directora de Programas Públicos, Fundación Perspectivas Históricas, Dra. en Historia.
E.A. Popov, Director de Estudios Ucranianos, Universidad Federal del Sur (Rostov-on-Don), Profesor, Dr. en Filosofía.
A.S. Novikova, Profesora, Universidad Estatal de Moscú, Facultad de Filología, Doctora en Filología.
V.I. Maksimenko, Director de la Fundación para la Promoción de la Cooperación Humanitaria Russkoe Edinstvo Dr. en Historia
S.G. Zamlelova, escritora, miembro de la Unión de Escritores Rusos.

Moscú
14 de septiembre de 2009
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Respuesta de Tiberio Graziani

Queridos Amigos Rusos,
He leído con mucha atención el texto de vuestra carta abierta.

Lo considero un acto simbólico de denuncia contra la campaña de desinformación y demonización que se está llevando a cabo actualmente en perjuicio de vuestra nación y de vuestro pueblo.

Tal campaña, destinada a crear desconfianza hacia el pueblo ruso, vale la pena recordarlo, comenzó a partir de la década del 2000, cuando Rusia empezó a alzar nuevamente la cabeza con dignidad y firmeza, después del colapso soviético de los primeros años noventa y de la sucesiva gestión yeltsiniana de la cosa pública.

La razón principal de esta campaña tiene su origen en una praxis geopolítica perseguida constantemente por las potencias atlánticas, Gran Bretaña y Estados Unidos a la cabeza, y por los lobbies que determinan su política exterior. La meta de esta praxis es la disgregación total del espacio ruso o, por lo menos, su cerco.

El espacio ruso, de hecho, representa el área de pivote de toda la masa eurasiática. Su disgregación (o su cerco) produciría un efecto desastroso para el constituyente escenario multipolar y, sobre todo, para el desarrollo de las relaciones culturales, económicas y políticas entre las Naciones europeas y la Federación rusa.

La campaña rusófoba, en la que se inserta la obra de Erofeev, es paralela y sinérgica a otra campaña, la islamófoba, orquestada por Washington y Londres a partir de los años noventa.

También en este caso las potencias atlánticas, con el fin de limitar todo posible entendimiento, en particular, entre la Europa meridional, el Norte de África y Oriente próximo han puesto en marcha una campaña mediática destinada a producir desconfianza entre los Europeos y los pertenecientes a la cultura islámica. También algunos “intelectuales” italianos se han prestado a esta indigna campaña.

Publicaré y difundiré vuestra carta para que sepáis que aquí en Italia y en Europa tenéis amigos sinceros y desinteresados que junto a vosotros denuncian el choque de civilizaciones alimentado por los think tanks atlánticos.

Con los mejores deseos,

Tiberio Graziani

 

 

 

08/09/2009

Breve nota sobre los Pactos de agosto de 1939 (El Pacto de Asistencia Mutua entre el Reino Unido y Polonia y el Pacto Molotov-Ribbentrop)

de Tiberio Graziani *

Considerando las alianzas firmadas por la Gran Bretaña insular en el marco de su secular política de poder antieuropea, orientadas a contener y neutralizar los propósitos de amistad y/o integración entre las naciones del Continente Europeo, vale la pena recordar –como ejemplo ilustrativo –el pacto de Asistencia Mutua entre el Reino Unido y Polonia, firmado en Londres el 25 de agosto de 1939.

Como se sabe, el tratado de amistad anglo-polaco suscrito por Lord Halifax y por el Conde Rczynski, constituyó una deliberada violación (1) del similar tratado que Alemania y Polonia firmaron el 26 de junio de 1934, y, sobre todo, una explícita interferencia en las delicadas relaciones entre el Reich nacionalsocialista y la URSS; Berlín y Moscú, de hecho, apenas dos días antes, el 23 de agosto, habían estipulado un tratado de no agresión, que ha pasado a la historia como pacto Molotov-Ribbentrop, por el nombre de los respectivos ministros de asuntos exteriores.

En este caso, el Reino Unido pretendía utilizar –como pieza de un dispositivo diplomático-militar, teóricamente paritario –la posición estratégica de Polonia como “cuña” interpuesta entre las dos potencias continentales, con el fin de incidir, al mismo tiempo, tanto sobre la creación de un potencial eje Moscú-Berlín como sobre los acuerdos germano-polacos, y eliminar de tal manera cualquier futura perspectiva potencial de soldadura/integración entre la Península Europea y la masa continental asiática.

La acción de perturbación ideada por Londres, a través de una sutil trama de actividades diplomáticas, en la cual estaban implicados los Estados Unidos (2), era perfectamente coherente con la doctrina geopolítica británica, para la cual la explotación de las tensiones entre las naciones continentales constituía un pilar fundamental de su política de equilibrio.

NOTAS:
1. Algunos meses antes, el 19 de mayo de 1939, un acuerdo de ayuda recíproca entre Francia y Polonia (probablemente a petición de los Estados Unidos y del Reino Unido) fue firmado en París por el embajador polaco Juliusz Lukasiewicz y por el ministro de Asuntos Exteriores, Georges Bonnet. Para Berlín, y en ciertos aspectos también para Moscú, los dos Pactos de Asistencia Mutua constituían una especie de amenaza para la paz continental.

2. Nos referimos a las reuniones entre el embajador americano William Christian Bullitt Jr. y los embajadores polacos Potocki e Lukasiewicz que tuvieron lugar en Francia en noviembre de 1938 y febrero de 1939; véase Giselher Wirsing, Roosevelt et l’Europe (Der Kontinent Masslose), Grasset, Paris, 1942, p. 266.

*direzione@eurasia-rivista.org

(traducido por Javier Estrada)

 

 

 

27/08/2009

Geopolítica: Rusia en el siglo XXI

Tiberio Graziani.*

En el curso de los últimos dos decenios en Rusia se han manifestado dos hechos geopolíticos tan importantes que condicionan muy profundamente tanto la política internacional planetaria, como –teniendo en cuenta un planteo teórico especulativo– los habituales paradigmas interpretativos utilizados por los analistas de cuestiones geopolíticas y geoestratégicas.

Nos referimos, claro está, a la caída de la Unión Soviética y a la reconfiguración geopolítica del área rusa como elemento que constituye el nuevo asentamiento mundial luego de una condición unipolar.

Es necesario señalar de inmediato que la reconfiguración-reconstrucción del espacio geopolítico ruso, iniciado por Putin y ahora continuado por Medvedev, tiene la peculiaridad de iniciarse en un lapso breve –no habían trascurrido diez años de la disolución oficial de la potencia soviética–, si se tienen en cuenta los largos arcos temporales típicos de los ciclos geopolíticos y del contexto económico, político y social, además del psicológico, dentro de cuyo periodo la reconstrucción se ha manifestado.

Todos podemos recordar el profundo estado de postración que sumergió a Moscú a los inicios de los noventa y su consecuencia a nivel mundial por el temor extremo que provocó en los observadores, en los políticos y en los exponentes del mundo de las finanzas, del comercio y las industrias el vacío producido por la caída vertical del sistema soviético.

El desplome de la URSS, como es notorio, permitió la expansión de la potencia americana en el espacio centro europeo, y centroasiático a lo largo de los años noventa.

Entre las etapas más significativas de la marcha de EEUU hacia oriente podemos recordar: la primera guerra de Golfo (1990-1991), la agresión a Serbia (1999) en el cuadro de la programada desintegración de la confederación yugoslava, la ocupación de Afganistán (2002) la devastación de Iraq (2003).

En paralelo a las acciones bélicas, Wáshington ha intensificado su esfera de influencias sobre el Viejo Continente por medio de la inclusión en la OTAN de los Países de Europa central, miembros del ex Pacto de Varsovia. La ampliación de la OTAN da inicio, como es sabido, a la inclusión de la Alemania del Este el dia 3 de octubre de 1990; luego de la reunificación de las dos entidades alemanas sigue, el 12 de marzo de 1999, con Polonia, Hungría, la Republica Checa y, el 29 de marzo de 2004, con la inclusión de Eslovaquia, de Rumania, Bulgaria y Eslovenia.

Al ex enemigo soviético no se le ahorra tampoco, aunque fuera simbólico, un geoestratégico y relevante golpe: el 29 de marzo de 2004 ingresan en la OTAN tres ex Republicas Soviéticas, Estonia, Letonia y Lituania. Recién, el 1º de abril de 2009, entraron Croacia y Albania.

Por primera vez en su historia Europa es rehén por completo de una alianza hegemónica extracontinental. La vuelta al Comando integrado de la OTAN (abril de 2009) de la Francia de Sarkozy constituye, en el orden temporal, el último acto de subordinación europeo a los intereses de Wáshington.

La erosión continúa en lo que se comprende como el “exterior cercano” ex soviético por parte de los EEUU, que a continuación, a partir del 2000, inicia la conquista de lo que se entiende como “sociedades civiles” de los países que lo componen.

A tal fin, asistimos a la puesta en escena de la estrategia de las “revoluciones coloradas”, cuya finalidad es ubicar un gobierno filo-occidental en Serbia (5 de octubre 2000), en Georgia (“Revolución de las Rosas”, 2003-2004), en Ucrania (“Revolución Color Naranja”, 2004), en Kirguizistán (“Revolución de los Tulipanes”, 2005).

La conquista de las sociedades civiles de algunos países, como Georgia y Ucrania, teorizadas por “think tanks” como el Albert Einstein Institute, sobre la base de las indicaciones propuestas por su fundador, el estadounidense Gene Sharp –al parecer financiado por el conocido filántropo y especulador Georges Soros, consejero del actual presidente Obama.

Por un largo decenio parece que el dictado de las reglas de la política y la economía mundial ha sido guiado por los EEUU. En el trascurso de los años noventa, de hecho, los Estados Unidos (la “hyperpuissance”, como los definió con motivada preocupación un canciller francés, Hubert Vèdrine; o la “nación necesaria” según una renombraba expresión, mesiánica y arrogante de la secretaria de Estado Madeleine Albright y de su presidente Clinton), impusieron su criterio unilateral en casi todas las iniciativas políticas, económicas y militares del planeta.

Pero tras la llegada de Putin a la presidencia de la Federación Rusa el cuadro internacional comienza a cambiar.

El primer episodio que se puede evaluar como el inicio de la reafirmación de la nueva Rusia en el certamen internacional es tal vez el conectado a las tensiones que emergen en el seno del sistema occidental, por distanciarse de la agresiva intervención militar en el Iraq de Saddam Hussein.

En el 2003 París y Berlín se oponen a la voluntad de Wáshington: Moscú se opone y, por momentos, el eje París-Berlín-Moscú parece una alternativa realista al juego unipolar estadounidense. Rusia obtiene un primer gran éxito a causa de la tensión provocada en el campo occidental por la política exterior implementada por el ex agente del KGB.

Rusia, luego del embate soportado en Serbia, comienza a reaccionar. Y en menos de un decenio, reconfirma su rol de Estado “pivot” del espacio euroasiático. Eso fue posible, por cierto, gracias a dos relevantes factores geo- económicos: los concomitantes crecimientos económicos de China y de India.

Los peculiares desarrollos socio-económicos de estos países asiáticos se han integrado coherentemente en las estrategias de sus respetivos gobiernos, deseosos de expandir la esfera de influencia sino-india en Eurasia. Beijing y Nueva Dehli, conscientes de poder contribuir a la concreción de un futuro sistema multipolar y de contar en lo sucesivo con una Rusia fuerte como pilar fundamental de todo entendimiento euroasiático, prudentes, jamás la humillaron, ni siquiera en el periodo más oscuro de su historia.

La plena y veloz reafirmación de Rusia en el tablero mundial, se debe, sin embargo, a las muchas iniciativas puestas en juego por Vladimir Putin. El ex primer ministro del Kremlin consigue en el curso de dos mandatos presidenciales, en el frente interno, reconducir bajo el control del Estado las industrias estratégicas del país, erradicar la criminalidad organizada, contener con firmeza el secesionismo chechenio y daguestano e infundir confianza a la población.

Mientras, en el frente externo, inicia el tejido de una red de relaciones con las repúblicas centroasiáticas, decididas a seguir la sirena estadounidense, y, como prioridad, se ocupa de reanudar sus lazos con China popular. Moscú no descuida tampoco las muchas identidades culturales y religiosas de las poblaciones de las naciones euroasiáticas.

De hecho, en el ámbito de una lógica euroasiática, sensible al encuentro entre las varias civilizaciones del continente en franca oposición a la estrategia Islam-fóbica de los anglos estadounidenses, Putin presenta en la conferencia islámica de Kuala Lumpur en 2003 a Rusia como “defensor histórico del Islam”.

Tal significativa declaración, por cierto, tiene en cuenta que el Islam es la segunda religión de la Federación Rusa (también es la única en expansión en el área rusa) y es el primer paso oficial que llevará a Rusia a ser miembro observador de la Organización de la Conferencia Islámica (OIC). La tentativa estadounidense de provocar tensiones a partir de identidades locales como “arcos de crisis” a lo largo de las fronteras étnico-religiosas, se controla con esta mirada a la vez longeva y preventiva de Moscú.

Sobre el plano geoestratégico el Kremlin, consciente de la mirada estadounidense sobre el Asia Central, refuerza la Organización de la Cooperación de Shangai (SCO) de la cual es parte también China popular. La finalidad es volver estable un área considerada insegura por los estrategas de Wáshington, que la definen como la “barriga floja” de Eurasia.

La dirigencia rusa además contribuye, en 2002, a la creación de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva de los países de la Confederación de los Estados independientes (CSTO).

Las dos organizaciones demuestran al mundo – y principalmente a Estados Unidos– que los problemas en materia de seguridad y de defensa de todo el área están bien controlados y que, por eso, no se precisan supervisores o ayudas provenientes de occidente, y, mucho menos, provenientes de la OTAN.

Gracias al despertar del “Oso” ruso, la marcha de los EEUU en Asia Central parece, por ahora, acabada.

Un nuevo ciclo geopolítico se perfila en el horizonte.

*Periodista, editor, investigador y ensayista ( direzione@eurasia-rivista.org )
Director de la revista italiana de estudios geopolíticos Eurasia (www.eurasia-rivista.org).
Traducción del italiano para Surysur (http://www.surysur.net/?q=node/11181 ) del periodista Luigi Lovecchio.

 

 

 

05/06/2009

Una aproximación geopolítica a la crisis económica del sistema occidental . Tiberio Graziani

No son pocos los análisis que se han hecho en relación con el curso de la crisis en marcha, generalmente desde una óptica económica; en este contexto los estudios han tenido por objeto analizar el impacto de la crisis sobre la economía global y los aparatos industriales planetarios.
Los resultados de estos estudios contribuyen a encontrar soluciones a cómo atravesar la crisis sin pérdida de poder por parte del sistema que encabeza Estados Unidos. Pero, como parece emerger una nueva realidad multipolar tras el momento de la unipolaridad estadounidense, es necesario pensar acerca de las relaciones entre los diferentes intereses geopolíticos de los jugadores y la crisis mundial.
Tomar en cuenta las diferentes estrategias geopolíticas de los actores principales (EEUU, UE, Rusia, China, India), sus peculiares identidades culturales y ambiciones serán una ayuda para mejor definir las aproximaciones necesarias para reconstituir –o construir– la estabilidad social y encontrar nuevas formas de cooperación internacional en el marco de esta crisis.

¿Crisis global o crisis del sistema occidental?

Generalmente nos referimos al presente terremoto financiero –pero también económico e industrial– como a una “crisis global”; esta expresión es verdadera sólo parcialmente y en un determinado contexto. Pero, si la analizamos desde un punto de vista geopolítico, vemos que el desastre financiero es, en primer lugar, una crisis interna del sistema occidental que genera consecuencias en otras áreas geopolíticas.
Para mejor exponer este concepto debemos describir brevemente qué entendemos por sistema occidental y sistema global, y analizar el rol del llamado proceso de globalización en el marco geopolítico.

Definiciones

1. Sistema occidental (SO).
Desde la geopolítica es posible afirmar que el SO está confomado básicamente por EEUU, la UE y Japón –además de Canadá, Australia, Nueva Zelanda–. El rol central de esa extensa área corre a cargo de EEUU y su histórica socia especial: Gran Bretaña. La Unión Europea y Japón (respectivamente los límites oeste y este del continente euroasiático) son la periferia de la zona con una importante función geoestratégica respecto de la masa continental eurasiática.
De hecho, desde el final de la Segunda Guerra Munfial y en el marco de la doctrina geopolítica estadounidense, los países que hoy conforman la UE y Japón constituyen dos cabezas de puente simétricas con la función de controla Rusia y China, los pulmones de Eurasia. En rigor, por razones históricas, geográficas y culturales, naturalmente las posiciones geopolíticas de Europa y Japón debieran ser euroasiáticas, no atlánticas.
El control de la masa continental euroasiática –que significa la hegemonía en el Hemisferio Norte de EEUU– ha condicionado tanto la política exterior de Wáshington como el desarrollo de su complejo militar-industrial, en particular en los últimos años.
De acuerdo con Henry Kissinger, EEUU es una isla fuera de Eurasia. El ex consejero de Seguridad nacional y secretario de Estado del presidente Nixon estima que un poder que unifique las dos esferas euroasiáticas –Europa y Asia– constituiría un peligro estratégico para Estados Unidos. Un peligro, señala Kissinger, que debe ser combatido incluso en el caso de que no tenga intenciones agresivas porque, de adquirirlas en el futuro, Wáshington no podría determinar ni influir en su desarrollo porque el poderío de EEUU ha decrecido (Henry Kissinger, El arte de la diplomacia (L’arte della diplomazia, Sperling & Kupfer Editori, Milán 2006, pp. 634-635).

2. Sitema Global (SG).
Dentro del marco geopolítico actual, esta expresión –originada en el léxico de las tecnologías de la información y comunicación) describe la voluntad programática del sistema occidental de dominar el planeta, principalmente sobre bases financieras, económicas y tecnológicas. El SG ha de considerarse un proyecto, una meta que alcanzar por medio de las herramientas y procesos de competitividad económica y financiera.
La clave de la estrategia que apunta a la creación del sistema global es la interdependencia económica entre los Estados a escala mundial. El intento –a nivel financiero– refleja la intencionalidad política de los grandes grupos de las finanzas.

3. Globalización.
Suscribimos la definición del economista francés Jacques Sapir: “la así llamada Globalización es en realidad la combinación de sus procesos; el primero, la expansión mundial del capitalismo en su forma industrial en áreas todavía no alcanzadas. El segundo, que en su más amplio sentido es la implementación de la política estadounidense, corresponde a obtener la apertura voluntaria de las fronteras comerciales y financieras” (Jacques Sapir, Le nouveau XXI siécle, Paris, 2008, p. 63-64).
En otras palabras: el rol del proceso de globalización fue la estrategia estadounidense para la dominación mundial durante su “momento unipolar”.

La crisis occidental y el nuevo sistema multipolar

No es un misterio que la denominada crisis global financiera es, en verdad, un racimo de diferentes crisis que, iniciadas en EEUU se han expandido sobre todo el planeta, afectando a las economías nacionales y, por tanto, como impacto en la estabilidad social de cada una de ellas.
Desde una perspectiva geopolítica se observa que la crisis –iniciada en el centro geopolítico del SO– se propagó primero en su periferia, paìses de la UE y Japón, y en una segunda fase irradió al hemisferio oriental. La velocidad y la intensidad de esta propagación está condicionada en las diferencias estructurales de los países amenazados.
Además se aprecia que esta cisis global (occidental) tiene lugar:
– mientras se produce el cambio geopolítico de un sistema unipolar a otro multipolar, que parece sentar sus bases en Eurasia y América del Sur (respectivamente en los hemisferios nor-oriental y sur-occidental del globo);
– en un marco económico espacífico, en el que nuevos protagonistas económicos, financieros e industriales asoman en Asia (China e India);
– durante la reafirmación de Rusia como actor principal en el planeta y, sobre todo, como pivote de una Eurasia potencial.
Ante un cuadro semejante, la cisis la crisis podría no sólo acelerar la transición de un mundo unipolar a un sistema multipolar, sino incluso consolidarla. En realidad los países europeos deberían entender que sus intereses fundamentales y específicos –combustibles, seguridad, desarrollo cultural– poseen dimensión continental y están indisolublemente conectados con los de Rusia y Asia.
En el contexto de un continente euroasiático integrado, Europa encontraría su ubicación geopolítca natural cooperando con el resto de los países del área sobre los principìos de paridad; la península europea podría constituir una suerte de enlace entre Asia y África y jugar el rol de puerto eurásico sobre el Atlántico.
La consolidación de la multipolaridad requiere un cambio en los países europeos: del rol de periferia pasiva del SO a uno activo en la potencial emergencia de la integración euroasiática. El cambio de postura geopolítica europea es una condición esencial para superar la crisis en curso y, coherentemente con su cultura de principios no individualistas, construir la estabilidad social.
Señales análogas parecen asomar en Japón; Tokio se interesa cada vez más en incrementar relaciones políticas y económicas con Beijing y Nueva Delhi y, sobre todo, por jugar un rol activo asociado a estas dos países asiáticos en la frontera oriental de la masa terrestre euroasiática.

Tensiones al interior del SO respecto del “cómo superar la crisis”

En referencia a las soluciones que apuntan a la superación de la crisis, observamos que se levantan algunas fuertes tensiones en Occidente. La crisis, en otras palabras, parece develar hondas diferencias entre Europa y EEUU en relación a sus actitudes sobre materias económicas y de protección social.
Paris y Berlín –aun cuando Sarkozy y Merkel son de hecho expresión de la neo atlanticista-europea oligarquía– tienen que considerar que, estructuralmente, la denominada dinámica neo-liberal de la economías europeas (con excepción de Gran Bretaña) se levantan sobre la contradicción de políticas neo-liberales y prácticas inspiradas en los principios de solidaridad.
Comportamiento y prácticas solidarias que todavía en la hora presente tienen vigencia en la Europa continental y mediterránea, a despecho de las periódicas y masivas oleadas de ultraliberalismo ocurridas a lo largo de las últimas dos décadas y las advertencias –más frecuentemente órdenes– emanadas de algunas organizaciones económicas internacionales, entre las que se cuentan el Banco mundial, el FMI, la Organización mundial del comercio y agencias privadas calificadoras de créditos.
La actitud solidaria de los países europeos se articula en el seno de diferentes instituciones sociales; entre ellas pueden mencionarse –incluso si alguna ha sido privatizada en los últimos años– aquellas cuya tarea se vincula con la seguridad social: vr.gr.: desempleo y salud; el financiamiento de empresas estratégicas y particularmente la SME, de apoyo a la pequeña y mediana empresa –que constituye el tejido económico de la UE.
Si tomamos en cuenta lo que se ha descrito precedentemente se entenderá con mayor amplitud la discrepancia entre EEUU y la UE en los encuentros multilaterales convocados para resolver la “crisis global”. De cualquier modo, incluso si las diferencias marcadas en esas reuniones (más regulaciones pedidas por la UE, más libre mercado pedido por EEUU) no significan un rompimiento entre ambas partes, sí marcan un problema serio en el “hogar occidental”.
La administración del sistema occidental, la oligarquía atlanticista, debe enfrentar el hecho de que sus periferias –la UE y Japón– no son tan confiables como en el pasado, pese a los muchos tratados militares y económicos, la profunda interdependencia económica y la presencia de tropas estadounidenses (OTAN) acantonadas en el Mediterráneo y suelo europeo. Europa podría sacudirse el control de EEUU si la estrategia económica de aquel intenta descargar su deuda sobre los hombros de los ciudadanos europeos.
Regresar a una economía bajo control estatal y las denominadas medidas proteccionistas implementadas por EEUU y algunos países europeos, lejos de ser soluciones políticas reales, parecen más escapes egoístas y oportunistas de las oligarquías al mando. En otros términos: esta suerte de escamoteos que significan involucrar al Estado en los campos financiero y económico apuntan claramente a la voluntad de usar al Estado para pagar las deudas causadas por la irresponsable especulación de algunos “lobbies” de financistas.
No hay visión de la economía ni una política basada en la solidaridad, más bien la explotación neo-liberal del esfuerzo y el ahorro social. Las finanzas de EEUU necesitan esta intervención estatal para recuperar el aliento en este momento particular.
Y como blanco para pagar la crisis han sido marcados los países periféricos del SO: es decir: Europa y Japón. Dos áreas geo-económicas caracterizadas todavía, por razones históricas, por una aunque difusa cultura familiar del ahorro –que falta por completo en EEUU–. Más: sus sistemas económicos, incluso si orientados al libre comercio y por comportamientos neo-liberales, mantienen algunos caracteres solidario-corporativos. Por razones diferentes, pero análogas, las dos periferias del SO deberían remontar la crisis mejor que EEUU.

Los actores emergentes

Los nuevos actores globales –Rusia, China e India– podrían enfrentar la crisis global sufriendo menos daños que la UE y EEUU.
Rusia y China deberían reaccionar con solidez ante el temor desatado por la especulación financiera en lo fundamental por la estabilidad de sus respectivos centros de poder político. Hasta cierto punto se puede esperar que la onda de choque de la crisis financiera se estrelle contra el muro euroasiátco conformado principalente por esos países. Lo que sería posible su Moscú y Beijing establecen en el futuro próximo en conjunto sus políticas económicas y monetarias.
En lo que se refiere a India, pensamos que para evitar daños mayores, Nueva Delhi debería equilibrar la debilidad de su sistema político fortaleciendo sus relaciones económicas con Moscú y Beijing en el marco de una visión euroasiática común. La integración geopolitica de Eurasia bien podría ser la mejor manera de reducir el “día después” de la crisis y, obviamente, contribuiría a consolidar el surgimiento de la multipolaridad.
Entre los nuevos actores que emergen, debería necesariamente incluirse a Brasil, Argentina y Venezuela. Como es sabido, en los últimos años estos países –alguna vez parte del “patio traseo” estadounidense– vienen afirmando sus relaciones estratégicas con los más importantes Estados euroasiáticos: China y Rusia, y algunos países de Oriente Medio, entre ellos Irán, con el objetivo de participar en forma activa en el cambio geopolítico global de la unipolaridad a la multipolaridad. En este nuevo contexto de relaciones estrechas entre países con abundantes recursos energéticos y materias primas, Brasil, Venezuela y, bajo ciertos aspectos, la Argentina debieran resistir las consecuencias de la crisis “global”.

Europa

En lo relativo a la construcción de una economía segura y estabilidad social en Europa, pensamos que, ante de nada, los gobiernos europeos deben reconsiderar su geopolítica, lo que significa total soberanía en todos los campos: político, económico, militar y cultural. En términos generales Europa debe dejar en claro que sus intereses particulares son intereses euroasiáticos, no intereses occidentales ni de EEUU.
Para los europeos –no para las actuales oligarquías a cargo– no hay libertad económica sin soberanía continental.
Entre otros aspectos práctivos, apuntaremos sólo dos claves, en los que el gobierno europeo debería enfocar su atención:
– reforma del sistema bancario, y
– – construcción de una nueva economía.
El sistema bancario, como todos sabemos, es por estos días una institución privada, su objetivo es tener ganancias; no considera el marco social en el que actúa ni las consecuencias de su acción. El sistema bancario “no es responsable”: algo que no puede en lo sucesivo ser tolerado. Para reconstituir el equilibrio social y económico el sistema bancario debería convertirse en una institución social para servir a la sociedad en su conjunto.
La creación de una economía europea integrada y amplia es muy importante y profundamente conectada con la reformulación del sistema bancario. Esto es posible si se comienza por el financiamiento público de estructuras estratégicas vinculadas a la energía y las comunicaciones a escala continental, en un contexto de cooperación con Rusia y países de África del Norte y Oriente próximo.

Otros ejes a considerar:

– el desarrollo integrado de la industria militar europea;
– el desarrollo integrado de la investigación europea dedicada a alta tecnología;
– la implementación de heramientas útiles para incrementar justicia social y solidaridad a escala continental, respetando las tradiciones locales;
– la creación de una organización de seguridad colectiva a escala continental (Europa-Rusia) y mediterránea (Europa-África del Norte);
– el fortalecimiento de relaciones culturales con el continente de la Antigüedad (Europa-Asia-África) sobre la base de la unidad espiritual euroasiática.

Conclusiones

La perspectiva geopolítica, para la que la así llamada “crisis global” es principalmente una crisis interna del sistema occidental, nos lleva a estimar como no natural la posición europea en el área geopolítica de Estados Unidos.
Po tanto, la solución de la crisis debe encontrarse fuera de las prácticas “liberales” impuestas por EEUU en cuanto ganador de la II Guerra Mundial adoptadas por Europa a lo largo de los últimos 60 años –en contradicción con su tradición solidaria.
La reinstalación europea en el contexto eurasiático se considera un prerequisito para la construcción de un estado de seguridad social y estabilidad económica bajo el principio de que no hay desarrollo social y económico sin soberanía.
Los esquemas de trabajo para Europa que requieren ser considerados y reformulados son el sistema bancario y el orden económico. El cambio del sistema bancario del área privada a la pública cobra fuerza. La reorientación del sistema económico, una nueva economía para toda Europa es lo que se propone.

Tiberio Graziani es cofundador del IEMASVO [Istituto Enrico Mattei di Alti Studi per il Vicino e Medio Oriente, ha sido su vicepresidente (2007-2008)].
Docente de geopolítica en el IEMASVO, da seminarios y cursos de geopolítica en algunas universidades y centros de investigación y análisis.
Docente del Istituto per il Commercio Estero (ICE – Ministerio de Asuntos Exteriores italiano), hasta ahora ha dado cursos en varias partes del mundo como Uzbekistán, Argentina, India, China, Libia.
Dirige “Eurasia. Rivista di studi geopolitici” y la colección “Quaderni di geopolitica” (Edizioni all’insegna del Veltro), Parma, Italia.
direzione@eurasia-rivista.org
www.eurasia-rivista.org
(Intervención en el World Public Forum – Dialogue of Civilizations, Reconstruyendo el modelo europeo de desarrollo social, Praga, República Checa, 13 al 15 de mayo de 2009).
Versión en castellano de Rivera Westerberg para SurySur.