Archive for ‘Atzmon, Gilad’

28/10/2015

El conflicto palestino israelí es ahora una guerra religiosa

GILAD ATZMONpor Gilad Atzmon – Hace dos días escribí que el conflicto palestino-israelí se ha convertido en una guerra religiosa y que nuestra comprensión de esta batalla debe evolucionar para adaptarse a la nueva realidad. Mi observación parecío razonable a muchos. En cuanto publiqué mi escrito, llamó Press TV y me pidió que comentara sobre el tema en directo. Muchos palestinos se pusieron en contacto conmigo para darme las gracias por decir lo que ellos también creen que es una descripción exacta de su situación sobre el terreno.

27/07/2015

Entrevista con Gilad Atzmon: JVP, BDS y terror liberal judío

ATZMON BDS NO KOSHER

Después de mi revelación de la campaña de Jewish Voice for Peace (JVP) [1] contra el gran patriota estadounidense Alison Weir, se me acercó Berta Schwartz, activista norteamericana de JVP. Berta es desde luego un seudónimo. Al igual que Ned Rozenberg, nuestros judíos disidentes liberales tienen miedo de sus sinagogas “progresistas”. Expresar sus ideas abiertamente puede conducir a la exclusión social, e incluso a la excomunión.

26/03/2015

Censuran en Francia y R.Unido a antisionistas Dieudonné y Atzmon

GILAD ATZMON JACOB COHEN DIEUDONNÉ

Los intentos de censurar, reducir al ostracismo y asfixiar económicamente a las figuras populares del creciente movimiento antisionista europeo han llevado, entre el martes y el miércoles, a la prohibición de un DVD del cómico francés antirracista Dieudonné y a anular un concierto del saxofonista británico Gilad Atzmon.

El DVD, cuya venta se ha prohibido, es el del espectáculo Le Mur (aquí, en francés), por un supuesto contenido “antisemita” denunciado por el lobby sionista Liga Internacional Contra el Racismo y el Antisemitismo (LICRA), al que el cómico francocamerunés deberá pagar 5 mil euros de multa.

22/02/2015

La religión del “holocausto”

GILAD ATZMON
por Gilad Atzmon – Gilad Atzmon es un saxofonista de jazz, activista político, escritor y novelista nacido en Israel, de nacionalidad británica. En 1994 emigró al Reino Unido para realizar en la Universidad de Essex, una maestría en Filosofia y adquirió la nacionalidad britanica en 2002. Es un gran crítico del gobierno de Israel, lo cual manifiesta en sus escritos contra el sionismo, el judaísmo y la ocupación del territorio palestino. Ofrecemos hoy nuestra traducción de parte del capítulo 18 (pp. 203 y ss.) de su libro The Wandering Who? A Study of Jewish Identity Politics (Ed. Zero Books. Winchester, UK; Washington, USA, 2011) sobre la “religión del holocausto”. Un texto muy interesante.

Yeshayahu Leibowitz, el filósofo que fue un judío ortodoxo y observante, me dijo una vez: “La religión judía murió hace dos cientos años. Ahora no hay nada que unifique a los judíos del mundo que no sea el holocausto”. Remember What? Remember How? Uri Avnery 19.3.05 (90)

12/01/2015

¿Estamos en medio de una guerra de religión en Europa o es sólo otra operación de bandera falsa?

GILAD ATZMON
por Gilad Atzmon – La matanza de París fue un crimen devastador contra la libertad y el derecho a la risa. ¿Pero fue realmente ejecutado por un grupo de lunáticos irracionales musulmanes, decididos a matar sin piedad por unas burlas a su profeta?

Los franceses deberían preguntarse qué llevó a unos miembros de su propia sociedad a cometer esos asesinatos a sangre fría contra sus conciudadanos. Deberían preguntarse por qué Francia ha estado echando bombas sobre los musulmanes. ¿Quién abogó con entusiasmo a favor de estas guerras “intervencionistas”? ¿Cuál fue el papel de Bernard-Henri Lévy, el abogado principal de la guerra contra Libia, por ejemplo?

¿Que fue todo aquel alboroto francés sobre el burka? ¿Quién dirigió esta guerra contra los musulmanes en el corazón de Europa? ¿Era realmente en nombre de la tolerancia?

14/04/2014

La Banalidad de The Guardian [of Judea]

GILAD ATZMON

por Gilad Atzmon – El alguna vez respetado Guardian ha sido reducido en años recientes a un aburrido vocero sionista ―una Crónica Judía light para consumo de los gentiles. La semana pasada, el periódico lanzó un ataque sobre Martin Heidegger, el más influyente filósofo del siglo 20. “Los ‘cuadernos negros’ de Heidegger revelan antisemitismo en el corazón de su filosofía” se lee en el titular del periódico.

Pero ¿eso qué significa? ¿Heidegger fue realmente un odia-judíos? ¿Se opuso a la gente por ser étnica o racialmente judía o fue, en cambio, crítico de la política, la cultura, la ideología y el espíritu judíos? De acuerdo al ‘progresista’ y británico Guardian, los recién publicados Cuadernos Negros revelan que Heidegger veía el ‘judaísmo mundial’ como el conductor de la “modernidad deshumanizante”.

22/02/2014

Medios sionistas distorsionan la realidad

GILAD ATZMON

por Gilad Atzmon – Si usted desea entender en realidad el mundo en que vivimos, lo mejor que puede hacer es seguir los medios de comunicación sionistas.

El Jerusalem Post le proveerá los nombres de los judíos que son dueños del planeta. El British Jewish Chronicle le mostrará los lazos entre el archipedófilo Jimmy Seville y el régimen de Israel. Haaretz, incluso, me dejará hablar de esos temas. The Guardian (de Sion) está ahí para sorprender descaradamente.

La semana pasada, me encontré con un texto de Dave Rich, un portavoz Hasbará que opera dentro de la ultra-sionista Comunidad Security Trust del Reino Unido. Rich sugería que hacer causa común “entre quienes niegan el Holocausto, los neofascistas, la izquierda pro Palestina y los revolucionarios islamistas de Irán es precisamente lo que Dieudonné ha estado tratando de lograr durante la última década.”

19/01/2014

Muestrario de “canelonazos”: el músico de jazz, compositor y escritor anti-sionista de origen judío Gilad Atzmon, apoya a Dieudonné

Textos de Gilad Atzmon en la Página Transversal.

La “revolución de la quenelle” en la Página Transversal.

Fuente: Gilad Atzmon

07/03/2013

No hay negocio como el negocio de la “Shoá”

HOLOCAUST MAZIAR BIJANI BORZU BITARAF

por Gilad Atzmon – Ayer, The Independent informó: “Asombrosa nueva investigación muestra que la red de campamentos nazis dirigida a los judíos era dos veces más grande de lo que se pensaba.” (Noticia similar aparecida en el diario El País – Nota Pág. Transversal) Pero The Independent fue rápido y amable para darnos una idea de las implicaciones de esta nuevo affaire Shoá. “El equipo responsable de la investigación, del Holocaust Memorial Museum de Estados Unidos en Washington DC, dijo a The Independent que ellos creen que la evidencia podría ser también crucial para los supervivientes que tratan de llevar los casos de indemnización contra Alemania y en otros países, por el tiempo pasado en los campos cuya existencia era hasta ahora desconocida o no documentada”.

El legendario (y muy perspicaz) diplomático israelí Abba Eban ya se había percatado en la década de 1950 cuando nos dijo que: “No hay negocio como el negocio de la Shoá”

Durante años, me he estado oponiendo a las leyes europeas sobre negación del Holocausto. Entre otras cosas, creo que esas leyes están diseñadas principalmente para mantener la primacía del sufrimiento judío y desviar la atención de los pecados de Israel y el sionismo. Pero ahora me doy cuenta de que podría haber sido un error. A medida que la industria del Holocausto se queda sin vapor, algunas instituciones judías se dedican a mantener el Holocausto como la madre y el padre de todos los genocidios y, como hemos leído más arriba, sin duda saben cómo convertir el sufrimiento en shekels. Así que ahora comprendo que las Leyes de negación del Holocausto, en realidad pueden haber pasado para salvar a los gentiles de la inflación inevitable de futuras demandas por indemnización adicional, tal como se informó anteriormente.

03/03/2013

El BDS se posiciona contra George Galloway para complacer a los amos sionistas

GILAD ATZMON

por Gilad Atzmon – Con BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones), uno nunca se aburre. Aunque inicialmente fue formado para ejercer presión sobre Israel, ahora las crecientes campañas del BDS, poco a poco, se centran en silenciar cualquier voz pro-palestina con un CI superior a 90.

Para los líderes del BDS, el intelecto es una amenaza – y puede que tengan razón.

Desde hace un año, hemos observado repetidos ataques del BDS contra importantes activistas e intelectuales como Ken O’Keefe, el profesor Norman Finkelstein, Alison Weir, Greta Berlin, Daniel Barenboim, un servidor y muchos otros. Pero este fin de semana, el BLS ha encontrado un nuevo saco de boxeo en potencia: el parlamentario británico George Galloway.

El miércoles (20-02-2013 Nota Página Transversal), el diputado Galloway abandonó un debate en el Christ Church de Oxford. Galloway se molestó al ver que estaba a punto de participar en un debate con un israelí. “Fui mal informado”, dijo. “Yo no discuto con israelíes. Yo no reconozco a Israel.” Más tarde, Galloway escribió en Twitter: “No reconocimiento, no normalización. Sólo boicot, desinversión, sanciones”.

Ahora, sin duda, la reacción de Galloway, aunque impulsiva, debe ser aceptada o al menos entendida por los palestinos y sus defensores. Según parece, no es así. Los “judíos en el movimiento” estaban realmente angustiados, al punto que la seguidora israelí del BDS, Rachel Shabi, confirmó en The Guardian ayer que el comité nacional del BDS se apresuró a “emitir un comunicado” para desvincularse de la actitud de Galloway. Parece que el comité del BDS en Ramala, una vez más, tuvo que ceder ante sus pagadores.

02/02/2013

Elecciones israelíes: Es hora de desechar la terminología “derechas” e “izquierdas”

GILAD ATZMON

por Gilad Atzmon – La mayoría de comentaristas de la política israelí no consigue ver que las nociones de izquierda y derecha resultan bastante irrelevantes para entender la política israelí. Israel se define a sí mismo como el Estado judío y, efectivamente, según pasan los años, Israel se vuelve cada vez más judío.

Naftali Bennett, que por un momento pareció ser la estrella ascendente en estas elecciones, se ha dado cuenta de esto muy bien. Ha reinventado lo del hogar judío en un partido político que ensalza la aspiración de Israel de cumplir su verdadero destino judío. Prometió a sus seguidores que pueden vivir como elegidos en su Estado solo para judíos independientemente de consideraciones éticas o morales. Pero es la mayoría de los judíos que participan en el juego político israelí, si no todos, los que están comprometidos con el sueño del “Estado judío”. Por supuesto, difieren en algunas cuestiones prácticas y pragmáticas menores, pero en lo esencial están nítidamente de acuerdo. Aquí va un viejo chiste israelí: un colono israelí propone a su amigo de izquierdas: “El próximo verano tenemos que poner a todos los árabes en autobuses y sacarlos de nuestra tierra”. El izquierdista: “Vale, pero asegúrate de que los autobuses tengan aire acondicionado”.

En Israel no hay halcones ni palomas. En su lugar, todo lo que tenemos es un leve debate entre unas escasas interpretaciones sobre tribalismo judío, nacionalismo y supremacía. Algunos judíos quieren estar rodeados de imponentes muros de gueto —les gusta, les resulta acogedor, se sienten seguros—; otros prefieren confiar en el poder de disuasión de las FDI. Algunos apoyan el uso excesivo de fósforo blanco, a otros les gustaría ver a Irán deshecho.

05/01/2013

Naciones Unidas Artículo 19: Derechos Humanos y revisionismo histórico

GILAZ ATZMON

por Gabi Weber  y Gilad Atzmon – 02/01/2013 – Comité de Derechos Humanos, julio de 2011: Observación General sobre el artículo 19 – Libertad de Opinión y de Expresión

Apenas hace unos días nos encontramos con lo siguiente desde el Comité de Derechos Humanos – un organismo independiente encargado de supervisar el cumplimiento del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP).

El documento, de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (OCHR), data de julio de 2011 y se refiere a la libertad de opinión y de expresión. Afirma que “las leyes contra la blasfemia y las restricciones a la crítica de los gobiernos son incompatibles con las normas vigentes y que la libertad de expresión es esencial para la protección de los derechos humanos”.

Este informe, titulado Comentario General, es una interpretación del Pacto Internacional de 1966 sobre Derechos Civiles y Políticos (PIDCP) – un pacto con 167 Estados signatarios, firmado y ratificado por Alemania, Francia, Suiza y otros países europeos.

08/11/2012

Elie Wiesel en “Haaretz”

GILAZ ATZMON

por Gilad Atzmon – Elie Wiesel, el superviviente del Holocausto más famoso del mundo, el hombre que convirtió el Holocausto en un negocio, ha concedido esta semana una entrevista a[l diario israelí] Haaretz.

Este “humanista” kosher cuyo interés en el dolor se limita a “un solo pueblo” declaró que confía en que “el Mossad, que atrapó a un hombre como Eichmann, será capaz de atrapar a Ahmadinejad y conducirlo ante un tribunal internacional“.

Este Anciano Sionista debe de haber olvidado que Eichmann no fue juzgado por un tribunal internacional; en realidad, fue condenado a muerte por un tribunal israelí. Y mientras que Ahmadinejad viaja libremente por todo el mundo, son los asesinos de masas y los criminales de guerra israelíes los que tienen que pensárselo dos veces antes de embarcarse en un vuelo internacional.

A lo largo de toda la entrevista ni Haaretz ni Wiesel aludieron al holocausto palestino. Al parecer, tanto al medio de comunicación judío como al mercachifle de la Shoa solo le preocupan los sufrimientos de un pueblo.

Elie Wiesel es probablemente uno de los más acabados ejemplos de la banalidad de la mente sionista. Solo le interesa la primacía del sufrimiento judío y ha fracasado totalmente en transformar el Holocausto en un mensaje universal.

05/02/2012

La Conferencia de Wannsee, verdad y mito

por Gilad Atzmon – La semana pasada, mientras los grupos de presión judíos continúan invirtiendo ingentes esfuerzos en dictar e imponer un discurso rígido e incuestionable respecto al Holocausto, el periódico israelí Haaretz publicó un informe breve, conciso y valiente que impugna la validez de la Conferencia de Wannsee como prueba de la “solución final” de los nazis.

Justo antes del Día de Recuerdo del Holocausto, el diario israelí informó de que el doctor Norbert Kampe, director del Memorial Centre de Berlín “Wannsee Conference”, desafió algunos de los más ampliamente aceptados “hechos” históricos asociados con la conferencia y su significado.

Los eruditos judíos del Holocausto siempre han insistido en que el plan maestro del judeicidio nazi se concibió en la Conferencia de Wannsee, pero se cita al doctor Kampe diciendo que la conferencia se refiere únicamente a “cuestiones operativas” y no una plataforma de cualquier forma de “toma de decisiones”. Para probar su información, Kampe señala el hecho de que Hitler y sus ministros no estaban presentes en la conferencia. También dice, “En ese momento, enero de 1942, no había un plan organizado de campos de exterminio”.

Entonces, Haaretz admite, “No se equivoquen. Kampe no es antisemita. Ciertamente tampoco niega el Holocausto. Al contrario. Como era de esperar de un historiador profesional, estudió innumerables textos, documentos y testimonios sobre el caso particular… Su conclusión es el resultado directo de un análisis cuidadoso de material escrito en su poder”. Con tanto valor, un periódico israelí alaba a Kampe y su “fascinante lección de historia” y reconoce también que el Ministerio de Educación israelí carece de la capacidad de participar en cualquier tipo de debate bien informado sobre el Holocausto. Haaretz admite claramente que: “hasta hoy nadie sabe con absoluta certeza y seguridad lo que sucedió exactamente el 20 de enero de 1942, en esta bonita villa en el lujoso barrio de Berlín”.

Solo existe una copia del protocolo de la Conferencia de Wansee, hallada en 1947, que sobrevivió a la guerra. Otras fueron destruidas deliberadamente por los nazis en un intento de ocultar las pruebas. Este protocolo es la única documentación auténtica de lo que sucedió en Wannsee y uno de los pocos que hizo uso explícito del término “solución final”. Sin embargo, Haaretz reconoce que, como cualquier documento histórico, el documento de Wannsee debe leerse cuidadosamente. Las palabras “muerte” o “asesinato” no aparecen en el protocolo de la conferencia. En su lugar, se refiere a “la disminución natural”, “tratamiento adecuado”, “otras para la solución” y “diferentes formas de soluciones”. De hecho, las únicas referencias explícitas en el documento hablan más de deportaciones que de exterminio. Incluso la famosa tabla adjunta al protocolo que hace un escrutinio de la población judía en cada país ocupado, no hace referencia a que esos judíos estén destinados al exterminio.

Solo unos días antes del Día del Recuerdo del Holocausto un periódico israelí encontró el coraje para admitir que “décadas de investigación sobre el Holocausto no pudieron encontrar una orden clara y explícita realizada por funcionarios nazis de alto nivel para involucrarse en el exterminio masivo y sistemático de los judíos”.

Según el periódico israelí, los nazis ocultaron sus verdaderas intenciones bajo algunas “órdenes ambiguas y códigos secretos”, que se supone que llevarían a los agentes a interpretar y reaccionar a lo que se cree que era la voluntad de Hitler.

La moraleja aquí es simple. Una vez más nos enteramos de que algunos israelíes están muy por delante de la prensa occidental y el mundo académico en su crítica de la ideología judía en general y la narrativa del Holocausto sionista en particular.

(Traducido para Rebelión por J. M. y revisado por Caty R.)

Fuente: http://www.gilad.co.uk/writings/gilad-atzmon-the-wannsee-conference-truth-and-myth.html#entry14803459

Extraído de: Rebelión.

10/07/2011

Eric Walberg sobre el imperialismo post-moderno. Los grandes juegos

por Gilad Atzmon – Aunque el número de voces críticas con Israel, el sionismo y el poder judío está creciendo de manera constante, se puede hacer una clara distinción entre los que operan como parte de un discurso y una orientación política clara por un lado, y por el otro los que trascienden y van más allá de cualquier paradigma político dado.La primera categoría se refiere a los escritores y académicos que actúan “dentro de lo conocido”, que aceptan las medidas restrictivas de un discurso político e intelectual. Un pensador que se mueve dentro de este encuadre, identificará en principio los límites del discurso y luego moldeará sus ideas para que se adapten en consecuencia. La categoría más actual se refiere a un intento intelectual mucho más desafiante e incluye a unos pocos que se encuentran dentro de un área que va más allá de la política, aquellos que desafían a la dictadura de lo “políticamente correcto” o de la ya conocida “línea partidista”. Se refiere a aquellas mentes que piensan “por fuera de lo conocido”. Y realmente son los que, como artistas plásticos, siembran las semillas de un marco conceptual que posibilite un cambio de conciencia.

Lamentablemente, los antisionistas de Occidente, los antiisraelíes, y los que manifiestan un discurso solidario con Palestina están lejos de estar suficientemente empapados intelectual y espiritualmente de los textos esclarecedores. Por muchos años el discurso fracasó en abordar las cuestiones más importantes en relación con el éxito local y global del sionismo y de Israel. Desde hace muchos años hasta ahora muy pocos se han atrevido a cuestionar el papel del lobby judío y la obvia continuidad entre el Estado judío, la cultura judía, la religión judía, y la ideología. Los muchos años de hegemonía de la izquierda en el corazón del discurso de solidaridad con Palestina son parte del problema, pero este hecho se puede explicar fácilmente e, incluso, justificar.

El sionismo nació en el siglo XIX, e igual que otros movimientos políticos emergentes del momento, es evidente que presentaba algunos de los síntomas ideológicos del modernismo. Estaba impulsado por el espíritu de la iluminación. Presentaba un argumento “secular”, coherente y estructural de la autodeterminación judía y su relocalización (2). Era una ideología conducida desde el eurocentrismo modernista, pseudocientífica, de una poética biológica-determinista (3). El sionismo político negoció ampliamente con los imperios más fuertes de ese momento, muchos de ellos, por definición, modernistas. Es razonable asumir que al sionismo, que se manifestó como una ideología modernista, le surgirían otras ideologías oponentes, anticolonialistas y modernistas del mismo siglo XIX, tales como el marxismo, “políticas de la clase obrera”, el materialismo dialéctico, el cosmopolitismo o el pensamiento de izquierda en general.

Sin embargo, a diferencia del pensamiento de la izquierda que está en constante peligro de estancamiento estructural e intelectual, el sionismo demostró ser un movimiento político intrínsecamente dinámico: nunca ha dejado de evolucionar y reinventarse a sí mismo. La historia del sionismo se revela como una historia de claro éxito. En sólo seis décadas, el sionismo cumplió su promesa inicial y fundó el Estado “sólo para judíos”, a expensas de los palestinos. Alcanzó su objetivo inicial, con el apoyo de la mayoría de los países más ricos del mundo y del liderazgo de las superpotencias. En 1967 logró movilizar a toda la judería mundial y transformar a las elites judías en un puño feroz del poder judío. Por entonces el sionismo también había cambiado su curso, en lugar de arrastrar judíos a Palestina, entendieron que Israel realmente se beneficiaría si los judíos de la diáspora se quedaban exactamente donde estaban y ejercían presión sobre sus respectivos gobiernos. Hacia finales del siglo XX, Israel logró transformar el imperio de habla inglesa en una fuerza de choque israelí. En el año 2003 Gran Bretaña y los EE.UU. enviaron a sus hijos e hijas a destruir Irak, el último enemigo feroz de Israel en la región.

Y, sin embargo, en ese momento no había prácticamente ninguna teoría crítica que pudiera arrojar luz sobre el inmenso poder de Israel y de sus grupos de presión dentro del mundo de la política anglo-estadounidense. No había una teoría política que explicara la decisión suicida anglo-estadounidense de ir a librar las guerras ilegales de Israel. También había una notable y sustancial falta de trabajo académico que pudiera arrojar alguna luz sobre el giro repentino dentro de las élites de Occidente contra el Islam y los musulmanes. Ser moderno, eurocéntrico y secular, para la izquierda era difícil, o imposible lidiar con la complejidad del Islam y la ideología judía.

Sin embargo, a diferencia del marxismo, o cualquier otra forma de pensamiento progresista, el sionismo nunca estuvo verdaderamente comprometido con ninguna forma de pensamiento con estructura modernista. El sionismo es sobre todo leal a los judíos y lo que ellos perciben como sus necesidades. La simple verdad es que el sionismo se alejó rápidamente de la modernidad. La verdad más profunda es que el sionismo nunca ha sido realmente un precepto modernista. El sionismo es básicamente una visión al estilo Zelig: pragmática y populista, que se desliza rápidamente por formas metamórficas, encarnaciones y afiliaciones, sólo para encajar en cualquier discurso de que se adapte a sus propósitos. De hecho, el sionismo se enmascaró como una ideología política modernista cuando fue necesario, y de secular y racional cuando estas tendencias eran ampliamente atractivas. Así como también supo desarrollar fácilmente los condimentos religiosos evangelistas ante las perspectivas de que estas transiciones se podrían traducir en el poder.

El sionismo también fue muy rápido para captar las condiciones posmodernas, e incluso se puede argüir que fue el primero en definir estas condiciones. El sionismo se permite ser contradictorio (4), irracional por momentos, emocional y tribal en otras ocasiones. Estos hechos por sí solos pueden explicar por qué la izquierda no logró ofrecer una crítica adecuada del sionismo y de Israel, ya que si el sionismo e Israel pertenecen al tiempo de la posmodernidad, difícilmente se podría esperar alguna visión modernista que proporcione una lectura comprensiva sobre la complejidad de la situación.

Se han visto en los últimos años algunos intentos exitosos para escabullirse de la izquierda tradicional, análisis políticos, materialistas y modernistas del sionismo y de la política israelí. James Petras, John Mearsheimer y Stephen Walt, fueron los primeros en publicar trabajos académicos sobre el inmenso y desastroso impacto del “lobby israelí” (un término políticamente correcto para el poder judío). Hace dos años, Shahid Alam publicó “Israeli Exceptionalism – The Destabilising Logic of Zionism”, (La excepcionalidad de Israel- La lógica desestabilizadora del sionismo, N. de T.), un ensayo académico increíblemente valiente para comprender el papel destructivo del poder judío en los Estados Unidos y demás lugares del mundo. Petras, Mearsheimer, Walt y Alam se movieron por fuera de los conceptos consabidos, sus críticas a Israel, el sionismo y el poder judío no se restringieron a los límites de un partido político o por algún consenso o paradigma político determinado. Al contrario, su trabajo se desprendió de los paradigmas contemporáneos conocidos y reveló un nuevo discurso que ahora toma forma en un extenso estilo de pensamiento, y también proporciona nuevas aplicaciones pragmáticas en la política (5). Como es de esperar, Petras, Mearsheimer y Walt han sido criticados por sectores de la izquierda, y especialmente por destacadas voces judías dentro de la izquierda. Pero ellos se impusieron. La sabiduría y la verdadera comprensión intelectual no pueden reprimirse. A lo sumo, estas voces pueden silenciarse o suprimirse por un corto tiempo, pero siempre regresarán y con mayor rigor.

Esta semana hemos visto la publicación de Eric Walberg “Postmodern Imperialism Geopolitics- And The Great Games” (Clarity Press), una adición sustancial a lo mencionado anteriormente, dentro de la categoría de las nuevas concepciones reveladas.

Walber ofrece en el libro un fascinante viaje histórico con los medios necesarios para dar a conocer la particularidad única de las condiciones posmodernas a las que estamos sujetos. Walberg brinda una amplia exposición de la profundidad de la penetración sionista en el pensamiento occidental y del poder destructivo de las guerras imperiales de Israel.

Con el fin de lograr su objetivo, Walberg establece un modelo histórico. Identifica tres fases cruciales en los asuntos imperiales pasados y recientes: el Gran Juego I (GGI en inglés) se refiere al “imperialismo clásico” con los imperios competiendo por territorios y recursos.

El Gran Juego II (GGII) se refiere mayormente a la Guerra Fría y la alianza de los antiguos imperios occidentales bajo la hegemonía de EE.UU. en un intento de frenar el comunismo y contener su influencia.

El Gran juego III (GGIII) es donde estamos ahora, la fase posmoderna. Se inicia bruscamente con el derrumbe del bloque soviético. Puede describirse en términos generales como el neoconservadurismo con el dominio estadounidense unilateral del mundo a través de la superioridad militar absoluta. Pero esta definición sería engañosa. En realidad nos topamos con la total “israelificación” de Estados Unidos y su dirigencia. En la práctica lo que vemos es la voluntad estadounidense cediendo su poder a un minúsculo Estado judío.

El GGIII es el avance victorioso de Israel, el sionismo y el poder judío. El análisis de Walberg está allí para explicar la reacción descarada de los senadores y congresistas estadounidenses al reciente discurso de Netanyahu. Esto explica por qué Estados Unidos, alguna vez considerado como un líder del mundo libre, está ahora cediendo su poder destructivo al minúsculo Estado. La verdad alarmante es que Israel es ahora un “Imperio y –un- medio”, como lo llama Walberg. Tiene, a su disposición a la única superpotencia librando sus guerras por poder y supliendo sus necesidades. Por si no fuera suficiente, EE.UU. no encuentra en sí mismo el poder para liberarse. La dirigencia del único “superpoder” del mundo se encuentra prácticamente secuestrada por un Estado minúsculo y sus grupos de presión que lo apoyan.

Como ocurre con otros textos significativos y esclarecedores, Walberg provee al lector los significados fundamentales necesarios para interceptar la realidad sionizada en la cual vivimos. Quienes leen el libro están capacitados para captar el actual caso Murdoch y el rol de su imperio mediático en el globalizado contexto del sionismo. Hace menos de un año, el magnate de los medios aceptó el Premio de la Liga Judía contra la Difamación. En el año 2003 la red mediática de Murdoch se aglutinó en apoyo de “la guerra contra el terror”. Murdoch debió ser detenido por el gobierno británico o el mismo Parlamento inglés, pero, por lo que parece, todos los últimos gobiernos y los partidos de ese país están siendo fuertemente apoyados por el lobby israelí de Gran Bretaña. Cuando este país se vio arrastrado a la guerra ilegal contra Irak, Tony Blair ofició de tesorero de Lord Levy en la recaudación de fondos.

Walber elabora una esmerada lectura de los distintos elementos que hicieron de Israel “un imperio y –un- medio”. Atrevidamente echa una mirada al interior del judaísmo, examina los trabajos académicos que tratan la compleja relación entre “judíos y el Estado”, hace elaboraciones sobre el judaísmo y el sionismo como ideologías, desvela el papel de los oligarcas judíos. Walberg también examina las tácticas y estrategias que Israel y sus partidarios ponen en acción: las guerras globales, el armamento nuclear, el poder silencioso, los líderes de las comunidades (sayanim), los espías y los porteros. Analiza el lobby de Israel y su manipulación de los medios; también da a conocer el papel de algunos elementos judíos dentro de la izquierda cuando socavan el libre discurso y desvían la atención de los verdaderos problemas.

Hacia el final del libro Walberg revela la amarga verdad: Israel es en realidad mucho más independiente que los Estados Unidos, el imperio que le sirve de apoyo: “Despreciando la continuidad de su especial relación con los EE.UU., Israel está jugando un papel cada vez más independiente en todo el mundo –GGIII-, con sus gobiernos, corporaciones y el kosher nostra –a la usanza de la mafia sería: el estilo judío (N. de T.)- trabajando con no importa qué Estados y gestores no estatales dispuestos a tolerar sus mortíferos juegos, venta de armas, contrabando de drogas, la compra de diamantes ensangrentados de África, realizando operaciones encubiertas para derribar gobiernos, asesinar a los opositores, falsificando pasaportes … Las comunidades de la diáspora y la red de Jabad, que se encuentra en casi todos los rincones del mundo, facilitan su planificado juego, siguiendo por delante de los planes y la tecnología de los EE.UU. a través de su activistas estadounidenses, agentes, espías y el poderoso lobby” (6).

Parece que Israel está muy por delante de Estados Unidos en todos los ámbitos posibles. Si Israel alguna vez fue el “Golem” creado por los “poderes coloniales”, como algunos pensadores izquierda insisten en sugerir, es bastante obvio que el “Golem” se ha vuelto contra su creador. “De acuerdo con la estrategia de supervivencia del pueblo judío a lo largo de la historia”, continúa Walberg , “los planes de Israel son más sutiles que las del actual gobernante del imperio estadounidense, ya que si bien no puede aspirar a dominar el mundo directamente, sí puede hacerlo moldeando o subvirtiendo los objetivos y estrategias de sus anfitriones imperiales para lograr su geopolítico “lugar al sol”, tanto a través de su diáspora como a través de su propio uso del arte de la política y la subversión, libres de la reacción mundial” (7).

El imperialismo posmoderno” de Walberg es un texto histórico, escrito en un tiempo crucial, en el momento oportuno. Para Occidente, para Estados Unidos y los estadounidenses ésta puede ser la llamada de atención final. Para Israel, para los israelíes y sus partidarios en todo el mundo, este texto es una alerta roja. Israel necesita con urgencia encontrar la manera de frenar su “entusiasmo expansionista global” antes de que sea demasiado tarde. De hecho, puede que ya sea demasiado tarde.

El último libro de Gilad Atzmon es The Wandering Who

Notas:

(1) La noción de modernidad en este texto se refiere a la cultura intelectual entrelazada con “grandes narrativas”, la racionalidad, la iluminación, la coherencia, la ciencia, la secularización, la oposición binaria y factores relacionados.

(2) Los judíos, como todas las demás personas deben tener una tierra propia.

(3) Vamos a examinar la canción de Betar de Zeev Jabotinsky

“Un judío, incluso en situación de pobreza es un príncipe

A pesar de ser un esclavo o un vagabundo.

Usted fue creado por el hijo de un rey,

Coronado con la corona de David,

La corona de la soberbia y la lucha”.

(4) víctima y opresor.

(5) Observar el AIPAC es sin duda un buen ejemplo de lo anterior.

(6) Eric Walberg; “Postmodern Imperialism Geopolitics And The Great Games“, Clarity Press, 2011 Pg’ 235

(7) Ibid. Pg-235

Fuente: Counter Puntch

24/04/2011

Ajustando cuentas con Deborah Lipstadt

por Gilad AtzmonEl sionismo como mutilación del pensamiento.

En un artículo publicado recientemente , la “shoáloga” Deborah Lipstadt intenta restablecer su argumento en contra del revisionismo histórico.

Lipstadt se pronuncia claramente en contra de los negadores del Holocausto, a los que califica además como antisemitas, pero se abstiene de definirnos lo que significa exactamente el negacionismo. También se queda corta cuando se trata de explicarnos qué significa el antisemitismo. Supongo que para Lipstadt son ‘negacionistas’ aquellos que insisten en que nuestro pasado debe ser revisado, analizado y contado desde diferentes puntos de vista. A las personas que creen tal cosa normalmente se los llama revisionistas históricos o simplemente historiadores. Sin embargo, a los revisionistas históricos Lipstadt los percibe claramente como antisemitas. Supongo que para Lipstadt aquellos que se atreven a tocar o jugar con el pasado judío son enemigos.

Según Lipstdat, los ‘negacionistas’ constituyen un movimiento activo que trabaja denodadamente para “distorsionar la historia e inculcar el antisemitismo”. Sin embargo, dista lejos de estar claro cómo alguien puede “distorsionar la historia”, habida cuenta de que la historia no es un conjunto singular de hechos establecidos y dictados exclusivamente por un grupo determinado de personas. La historia es más bien un intento de transformar el pasado en una historia que aspira a constituir una narración lo más completa posible, elaborada a partir de tantos puntos de vista como sea posible y en base a un cuerpo de investigación tan amplio como esté disponible. En ese sentido, la historia es un intento de construir una narrativa. Todo el mundo debería tener derecho a mantener diferentes perspectivas sobre su pasado.

Al parecer, a Lipstdat todo eso no le hace la más mínima gracia. Ella quiere que el capítulo conocido como Holocausto se convierta en un relato meta-histórico impenetrable. No está claro ni para mí ni para un número creciente de académicos, artistas y gente corriente por qué los académicos y las instituciones judías tienen tanto miedo a que se examine y discuta libremente este capítulo concreto de la historia.

Por alguna razón peculiar Lipstadt se considera a sí misma como “académica”, pero la forma como aborda el asunto dista mucho de tener una orientación académica. Su lectura de la era nazi es absolutamente sonrojante. Por ejemplo, dice que “si el mundo se hubiera tomado más en serio el antisemitismo nazi desde el principio del ascenso del Tercer Reich, la tragedia posterior podría haber sido muy diferente”.

Sin embargo, da la impresión de que el mundo sí reaccionó muy seriamente al antisemitismo nazi, pues, básicamente, se atuvo al programa nazi. EEUU y Gran Bretaña cerraron sus puertas a los judíos y abandonaron a su suerte a los refugiados judíos europeos. Ni siquiera los sionistas hicieron gran cosa para salvar a sus hermanos y hermanas europeos. Está claro también que los nazis no habrían tenido éxito en su proyecto de limpieza étnica si no hubieran contado con la ayuda de comunidades y gobiernos europeos e incluso de las instituciones judías. No parece que los nazis fueran “los únicos antisemitas”; simplemente, eran antisemitas sin tapujos.

La ignorancia de Lipstadt no conoce límites. Prosigue: “en los años 1930 y 1940, por supuesto, los observadores ––y las víctimas potenciales–– no podían comprender hasta dónde podía conducir el antisemitismo de Hitler y sus cohortes”. Supongo que la “historiadora” judía [Lipstadt] en realidad ignora que en los años 1930 y principios de 1940 “Hitler y sus cohortes” tampoco sabían hacia dónde se dirigían’. Sabemos que querían una Alemania libre de judíos, algo que es de por sí, en efecto, altamente escandaloso. Sin embargo, [ese objetivo] no es tan diferente del de la gran mayoría de los israelíes, que quieren una Palestina libre de palestinos.

Lipstadt está convencida de que los ‘negacionistas’ están motivados por “odio a los judíos y por deseos de hacerles daño”. Pero la verdad del asunto resulta más bien embarazosa: el revisionismo histórico es un creciente cuerpo de conocimiento. No pretende abordar “la cuestión judía” ni defiende ninguna agenda política, y tampoco postula que se haga daño a los judíos. Sin embargo, el caso es que con demasiada frecuencia nos encontramos con llamamientos institucionales judíos reclamando dañar e incluso destruir a los árabes y musulmanes. En esas circunstancias uno esperaría que Lipstadt fuera coherente y se enfrentara a las inclinaciones genocidas de sus propios hermanos y hermanas. Pero está claro que la integridad no es algo que deba esperarse de una profesora de Estudios Modernos Judíos y Holocáusticos.

Cuando se hace evidente que Lipstadt no tiene nada inteligente que decir sobre este asunto (o quizá sobre ningún asunto), entonces se saca un conejo de la chistera o, mejor dicho, se saca a Ahmadinejad de la peluca. “Durante los últimos cinco años hemos visto cómo una corriente de negación del Holocausto, de antisemitismo abierto y de amenazas contra Israel emanaba de la boca del presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad (…) la negación del Holocausto que hace Ahmadinejad está directamente relacionada con su hostilidad hacia Israel”.

Y aquí es donde pasado, presente y futuro judíos se entrelazan en un sentido colectivo que parece totalmente impermeable a la razón, la ética y la humanidad. Es evidente que quienes se oponen a la barbarie israelí pueden en cierto momento someter a escrutinio la raison d’être del sionismo, es decir, el holocausto. Evidentemente, es natural que aquellos que detestan las mentiras de Israel se paren a examinar todos y cada uno de los relatos israelíes o judíos. La pregunta es: ¿Y qué hay de malo en ello? ¿Por qué los judíos, o al menos algunos judíos, se horrorizan ante la idea de que otros pudieran recelar de algunos aspectos de sus relatos históricos? ¿Por qué es tan difícil para Lipstadt aceptar que Ahmadinejad está en contra de Israel y ponga en cuestión además algunos aspectos del pasado judío?

“En el año 2009”, dice Lipstadt, “después de cuestionar la existencia del Holocausto, [Ahmadinejad] declaró que [el Holocausto] fue una artimaña que emplearon los judíos para conseguir que Occidente apoyara la creación del Estado de Israel”. Una vez más, ¿acaso el argumento expuesto por Ahmadinejad no es una cuestión académica legítima? ¿Acaso el holocausto y la fundación del Estado judío no están ligados inextricablemente?

Pero no se preocupen, no es Ahmadinejad la única persona a la que odia nuestra académica de yeshiva. “El egipcio Gamal Abdel Nasser habló de `la mentira de los seis millones de judíos’ (…) Los portavoces de Hamás también han practicado la negación del Holocausto. Negaciones del Holocausto se pueden encontrar en los periódicos de muchas partes del mundo árabe, incluidos los de Jordania, Egipto y Líbano”.

Incluso Mahmud Abbas era un “negacionista” de acuerdo con esta lumbrera de la Shoá: “cuando era un joven estudiante, [Abbas] escribió una tesis que era puro negacionismo”. Pero, ¿a que no lo adivinan? Abbas no tiene por qué preocuparse: Lipsdat ya lo ha perdonado. Él [Abbas] “posteriormente repudió su punto de vista” y Lipstadt “cree firmemente en su retractación”. Por lo menos Lipstadt es lo suficientemente flexible como para modificar sus puntos de vista “académicos” de modo que se adapten a la actual agenda política israelí.

Supongo que es razonable sostener que Lipstadt continúa luchando por lo que ya es una batalla perdida. Nuestro pasado no es propiedad judía. Cuando leo la diatriba pseudoacadémica de Lipstadt me convenzo aún más de que hay aspectos de la visión sionista de la historia que deben seguir siendo analizados y debatidos, porque la historia no puede ser manipulada o censurada por ninguna variedad de intelectual de yeshiva, pues la ideología de la yeshiva es todo lo contrario al espíritu occidental, al debate intelectual y a la apertura.

Lipstadt afirma: “Hace setenta años la gente tenía motivos fundados para decir: ‘Nunca pudimos imaginar que Hitler hablara en serio’. Hoy ya no podemos permitirnos ese lujo. Como mínimo estamos obligados a tomarnos en serio a Ahmadinejad y a los líderes musulmanes y creadores de opinión que le secundan”.

Aquí parece que Lipstadt está instando a los líderes occidentales a desmantelar Irán y otros países musulmanes en el nombre de la misma historia que ella no les permite revisar o examinar. Creo que en aras de la paz mundial es necesario desenmascarar a gente como Lipstadt y su cohorte.

En su párrafo final Lipstadt parece descubrir qué hay de malo en los revisionistas: “su negación del Holocausto forma parte de su agenda política contemporánea”.

En términos psicológicos a lo anterior se lo suele definir como proyección: Lipstadt proyecta sus propios síntomas sobre los revisionistas históricos. Es evidente que el “evangelismo holocáustico’ de Lipstadt tiene la finalidad de servir a su propia agenda política siocéntrica.

Llegados a este punto, la pregunta que tal vez le interese a usted formular es la siguiente: ¿Durante cuánto tiempo vamos a permitir que la ideología supremacista de la yeshiva determine la visión que tenemos de nuestro pasado? Yo mismo creo que ha llegado la hora de decir NO a la ideología y política judías. La gota ya ha colmado el vaso.

(Traducido para Rebelión por LB)

Fuente: Gillad Atzmon 

22/07/2009

Pensar fuera de la caja laica. La izquierda y el Islam

Gilad Atzmon
Palestine Think Thank

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón del mundo sin corazón y el alma de la condición desalmada. Es el opio del pueblo”, Karl Marx, 1843

Antes de emprender el análisis del tratamiento engañoso de las religiones por parte de liberales e izquierdistas, me gustaría compartir con ustedes un chiste malo. Cuidado, porque puede que ustedes no quieran compartir esta pequeña historia con sus amigas feministas.

Una activista estadounidense que visitó Afganistán a finales de los noventa estaba asolada al comprobar que mujeres caminaban a quince pies detrás de sus maridos. Pronto supo gracias a su traductor afgano que se debía a cierta pauta religiosa que ordenaba [así es como lo mostramos] respeto al “cabeza de familia”. Cuando volvió a Estados Unidos la asolada activista lanzó campaña tras campaña por los derechos de las mujeres en Afganistán. Resulta que la misma ferviente activista visitó Kabul el mes pasado. Esta vez le sorprendió encontrar una realidad completamente diferente. Ahora las mujeres caminaban 30 pies por delante de sus maridos. La activista informó rápidamente a su cuartel general en Estados Unidos: “La revolución por los derechos de la mujer es un gran éxito aquí en Afganistán. Mientras que en el pasado los hombres caminaban delante, ahora son las mujeres las que van en cabeza”. Su traductor afgano, que oyó hablar del informe, llamó a la mujer aparte y le informó de que la interpretación era completamente errónea: “Las mujeres”, dijo, camina delante debido a las minas.…”.

Por trágico que pueda parecerles a algunos, no somos tan libres como creemos ser. No somos exactamente los autores de la mayoría de nuestros pensamientos y de lo que comprendemos. Se nos imponen nuestras condiciones humanas; somos producto de nuestra cultura, de nuestra lengua, de nuestro adoctrinamiento ideológico y, en muchos casos, víctimas de nuestra pereza intelectual. Igual que la activista estadounidense de semi-ficción de antes, en la mayoría de los casos estamos atrapados dentro de nuestras ideas preconcebidas y esto nos impide ver las cosas como son realmente. En consecuencia, tendemos a interpretar y, en la mayoría de los casos, a malinterpretar culturas remotas que emplean nuestro mismo sistema de valores y código moral.

Esta tendencia tiene unas consecuencias graves. Por alguna razón “nosotros” (los occidentales) tendemos a creer que “nuestra” superioridad tecnológica junto con nuestra querida “ilustración” nos proveen de un “sistema antropocéntrico laico racional absolutamente ético ” de la más alta calidad moral.

La izquierda liberal

Podemos detectar en Occidente dos componentes ideológicos que compiten por nuestras mentes y nuestras almas; ambos afirman saber lo que está “bien” y lo que está “mal”. Los liberales insistirían en alabar la libertad individual y la igualdad civil; los izquierdistas tenderían a creer que poseen una herramienta “científica social” que les ayuda a identificar quién es “progresista” y quién es “reaccionario”.

Así las cosas, son estos dos preceptos laicos modernistas los que actúan como guardianes de nuestra ética occidental. Pero, de hecho, han logrado lo contrario. A su propia manera, cada ideología nos ha llevado a un estado de ceguera moral. Son estos dos llamamientos denominados “humanistas” los que o bien preparan conscientemente el terreno para las criminales guerras coloniales intervencionistas (los liberales), o bien no logran oponerse a ellas al tiempo que emplean ideologías erróneas y argumentos falsos (la izquierda).

Tanto los liberales como la izquierda, en sus aparentemente banales formas occidentales sugieren que el laicismo es la respuesta a los males del mundo. Sin lugar a dudas, el laicismo occidental puede ser un remedio para algún malestar social occidental. Sin embargo, en la mayoría de los casos las ideologías liberales y de izquierda no logran comprender que el laicismo es en sí mismo un resultado natural de la cultura cristiana, esto es, un producto directo de la tradición y de la apertura cristianas hacia una existencia cívica independiente. En Occidente la esfera espiritual y la civil están profundamente separadas [1]. Es precisamente esta división lo que permite el surgimiento del laicismo y el discurso de la racionalidad. Es precisamente esta división lo que ha llevado también al nacimiento de un sistema laico de valores éticos en el espíritu de la ilustración y de la modernidad.

Pero precisamente esta división es lo que ha llevado también al surgimiento de algunas formas rotundas de laicismo-fundamentalista que maduraron en crudas visiones del mundo antirreligiosas que no son diferentes del fanatismo. En realidad, es precisamente este muy engañoso laicismo fundamentalista lo que llevó a Occidente a un rechazo total de mil millones de seres humanos que están fuera de él simplemente porque llevan el velo equivocado o da la casualidad de que creen en algo que no logramos comprender.

Progresista frente a retrógrado

A diferencia del Cristianismo, el Islam y el Judaísmo son sistemas de creencia con una orientación tribal. De hecho, el interés principal de ambos sistemas de creencia es la supervivencia de la familia extensa en vez del “individualismo ilustrado”. Los talibán, a los que la mayoría de los occidentales consideran el más oscuro marco político posible, simplemente no se ocupan en absoluto de cuestiones que tienen que ver con las libertades personal o los derechos personales. Es la seguridad de la tribu junto con el mantenimiento de los valores de la familia a la luz de El Corán lo que constituye su núcleo fundamental. El Judaísmo rabínico no es en absoluto diferente. Básicamente está ahí para preservar la tribu judía manteniendo el Judaísmo como una “forma de vida”.

Tanto en el Islam como en el Judaísmo apenas existe separación entre lo espiritual y lo civil. Ambas religiones son sistemas que aportan respuestas exhaustivas en términos de cuestiones espirituales, civiles, culturales y cotidianas. La ilustración judía (Haskalah) fue en gran medida un proceso de asimilación judía a través del laicismo y la emancipación, y la generación de diferentes formas modernas de identidades judías, incluyendo el sionismo. Sin embargo, los valores ilustrados del universalismo nunca han sido incorporados al corpus de la ortodoxia judía. Como en el caso del Judaísmo rabínico, que es totalmente ajeno al espíritu de la ilustración, el Islam está en gran parte alejado de los valores de la modernidad y racionalidad eurocéntrica. En todo caso, debido a la interpretación de las Escrituras (hermenéutica) tanto el Islam como el Judaísmo están, en realidad, más cerca de la post-modernidad [2].

Ni la ideología de izquierda ni el liberalismo se relacionan intelectual o políticamente con estas dos religiones. El hecho es desastroso porque la mayor amenaza para la paz mundial la plantea el conflicto árabe-israelí; un conflicto que se está convirtiendo rápidamente en una guerra entre el Estado expansionista judío y la resistencia islámica. Y, sin embargo, tanto la ideología liberal como la de izquierda carecen de los medios teóricos necesarios para comprender las complejidades del Islam y del Judaísmo.

El liberal rechazaría el Islam por siniestro debido a su postura ante los derechos humanos y de las mujeres en particular. La izquierda caería en la trampa de denunciar la religión en general como “reaccionaria”. Quizá sin darse cuenta, tanto uno como otro caen aquí en un claro argumento supremacista. Dado que tanto el Islam como el Judaísmo son más que meras religiones, transmiten una “forma de vida” y suponen un todo por medio de respuestas a preguntas que tienen que ver con el estar en el mundo, los liberales e izquierdistas occidentales corren peligro de rechazar completamente a una gran parte de la humanidad [3].

Hace poco acusé a un verdadero izquierdista y buen activista de ser islamófobo por culpar a Hamás de ser “reaccionario”. El activista, que evidentemente apoya verdaderamente a la resistencia palestina, se defendió rápidamente afirmando que lo que a él no le gustaba no era sólo el “Islamismo”, que en realidad él odiaba por igual tanto al Cristianismo como al Judaísmo. Por alguna razón, él estaba seguro de que odiar por igual a cada religión era una cualificación humanista adecuada. En consecuencia, el hecho de que un islamófobo sea también judeófobo y cristianófobo no es necesariamente un signo de compromiso humanista. Seguí cuestionando a este hombre bueno; entonces él argumentó que lo que en realidad a él no le parecía bien era el Islamismo (esto es, el Islam político). Volví a cuestionarlo y llamé su atención sobre el hecho de que en el Islam no existe una separación real entre lo espiritual y lo político. La noción de Islam político (Islamismo) bien podría ser una lectura errónea del Islam. Señalé que el Islam político, e incluso la rara implementación de la “jihad armada”, no son sino Islam en la práctica. Tristemente éste fue más o menos el final de la discusión. Al activista de la solidaridad con Palestina le resultó demasiado difícil hacer frente a la unidad islámica de cuerpo y alma. La izquierda en general está condenada a fracasar aquí a menos que profundice más escuchando el vínculo orgánico islámico entre lo “material” y el llamado “opio del pueblo”. A una persona de izquierda hacer esto le supone nada menos que fundamental cambio intelectual.

Este cambio lo sugirió hace poco Hisham Bustani [4], un marxista independiente jordano, al afirmar: “La izquierda europea debe hacer una seria autocrítica de esta actitud de “nosotros sabemos más” y de su tendencia a considerar ideológica y políticamente inferiores a las fuerzas populares del sur”.

Palestina

La solidaridad con Palestina es una buena oportunidad para revisar la gravedad de la situación. Da la casualidad de que, a pesar del trato asesino que Israel inflige a los palestinos, la solidaridad con Palestina no se ha convertido todavía en un movimiento de masas. Puede que nunca llegue a ser tal movimiento. Dado el fracaso de Occidente de mantener los derechos de los oprimidos, los palestinos parecen haber aprendido la lección: eligieron democráticamente a un partido que les prometía resistencia. Curiosamente, muy pocas personas de izquierda estuvieron ahí para apoyar a los palestinos y su elección democrática.

Con la plantilla actual de solidaridad política condicionada, vamos perdiendo compañeros a cada recodo de este camino plagado de baches. Las razones son las siguientes:

  1. El movimiento de liberación palestino es básicamente un movimiento de liberación nacional. En este reconocimiento es donde perdemos a todos los cosmopolitas de izquierda, aquellos que se oponen al nacionalismo.
  2. Debido al ascenso político de Hamás ahora la resistencia palestina es considerada resistencia islámica. Ahí es donde estamosperdiendo a los laicos y los ateos furibundos que se oponen a la religión, lo que los catapulta a ser PEP (progresistas excepto acerca de Palestina) [5].

De hecho, los PEP se dividen en dos grupos:

PEP1: aquellos que se oponen a Hamás por ser “reaccionario”, sin embargo, aprueban a Hamás por su éxito operativo como movimiento de resistencia. Estos activistas están esperando básicamente a que los palestinos cambien de idea y vuelvan a ser un sociedad laica. Pero están dispuestos a apoyar con condiciones a los palestinos como pueblo oprimido.

PEP2: aquellos que se oponen a Hamás por ser una fuerza reaccionaria y rechazan su éxito operativo. Estos están esperando a la revolución mundial. Prefieren dejar a los palestinos en espera por el momento, como si Gaza fuera un centro de vacaciones al lado del mar.

Con estas fuerzas de solidaridad que se evaporan rápidamente, nos quedamos con un movimiento de solidaridad con Palestina en miniatura con un poder intelectual (occidental) lamentablemente limitado y una capacidad aún menor incluso de cualquier eficacia a nivel de base. Hace poco Nadine Rosa-Rosso [6], una marxista independiente que trabaja en Bruselas, reveló esta trágica situación al afirmar: “La vasta mayoría de la izquierda, incluyendo a los comunistas, está de acuerdo en apoyar al pueblo de Gaza contra la agresión israelí, pero se niega a apoyar su expresión política, como son Hamás en Palestina e Hizbola en Líbano”. Esto lleva a Rossa-Rosso a preguntarse “¿por qué la izquierda y extrema izquierda moviliza a tan poca gente? Es más, para ser claros, ¿son todavía capaces la izquierda y la extrema izquierda de movilizar en relación a estas cuestiones?”.

¿A dónde ahora?

“Si el apoyo de la izquierda a los derechos humanos en Palestina está condicionado y depende de que los palestinos denuncien su religión y sus creencias religiosas, su herencia cultural y sus tradiciones sociales, y adopten un nuevo conjunto de creencias, valores y comportamientos sociales ajenos que encaje con lo que la cultura de la izquierda considera aceptable, esto significa que el mundo está negando a los palestinos el derecho humano más básico, el derecho a pensar y a vivir dentro de un código ético”, Nahida Izzat [7].

El actual discurso de solidaridad de la izquierda es inútil. Él mismo se aleja de su sujeto, logra muy poco y no parece ir a ninguna parte. Si queremos ayudar a los palestinos, a los iraquíes y a los demás millones de víctimas del imperialismo occidental, realmente debemos pararnos un segundo, respirar profundamente y volver a empezar desde cero.

Debemos aprender a escuchar. En vez de imponer nuestras creencias a los demás, haríamos mejor en aprender a escuchar aquello en lo que creen los demás.

¿Podemos seguir las sugerencias de Bustani y Rossa-Rosso, y revisar toda nuestra noción del Islam, de sus raíces espirituales, de su estructura, de su equilibro unificado entre lo civil y el espíritu, de su visión de sí mismo como un “modo de vida”. Si podemos hacerlo o no es una buena pregunta.

Otra opción es reexaminar nuestra ceguera y abordar las cuestiones humanistas desde una perspectiva humanista (por oposición a política). En vez de amarnos a nosotros mismo a través del sufrimiento de los demás, que es la forma última de egoísmo, haríamos mejor en ejercer por primera vez la noción de verdadera empatía. Nos ponemos a nosotros mismos en el lugar del otro aceptando que puede que nunca comprendamos completamente a este mismo otro.

En vez de amarnos a nosotros mismos a través de los palestinos y a sus expensas, tenemos que aceptar a los palestinos por lo que son y apoyarlos por quienes son con independencia de nuestro punto de vista sobre las cosas. Ésta es la única forma verdadera de solidaridad. Su objetivo es una conformidad ética más que ideológica. Sitúa la humanidad en el centro mismo. Refleja la profunda comprensión que tenía Marx de la religión como el “suspiro de los oprimidos”. Si pretendemos tener compasión por la gente, haríamos mejor en aprender a amarlos por lo que son en vez de por lo que esperamos que sean.

Notas:

[1] Tiene algo que ver con una herencia del Bajo Imperio Romano y del desarrollo temprano del Cristianismo como un concepto expansionista que tenía el objetivo de difundirse a culturas y civilizaciones remotas.

[2] Se puede argumentar que la agenda principal tras los intentos post-modernos es desestabilizar las bases del conocimiento y la ética modernos desafiando la posibilidad de una aplicabilidad universal moderna. Como lo expresó elocuentemente Muqtedar Khan (http://www.ijtihad.org/discourse.htm) , el post-modernista trata de privilegiar el “aquí y ahora” por encima de lo global. Tanto la filosofía post-modernista como la teología religiosa, afirma Khan, “rechazan la afirmación modernista de la infalibilidad de la razón”. Como el post-modernista, el Islam y el Judaísmo son escépticos respecto a la soberanía de la razón y de los discursos de racionalidad.

[3] La extraña y muy común sugerencia marxista de que “muchas personas, aparte de nosotros” son, de hecho, “reaccionarios” por ser religiosos implica la asunción necesaria de que el propio marxismo está cómodamente instalado en una superioridad moral absoluta. Esta asunción es bastante errónea por dos razones obvias:

  • Afirmar saber más que los demás basándose en la afiliación ideológica o política es nada menos que supremacía llevada a la práctica;
  • La afirmación de poseer la superioridad moral X no se puede verificar científicamente a menos que esté validada por otra superioridad moral más elevada X’. Para poder sostener su “superioridad moral” un marxista debería ir más adelante y afirmar que detenta la superioridad moral aún más alta X’. Para verificar esta postura X’ tendrá que avanzar a otra X’ superior, y así sucesivamente. Nos enfrentamos aquí a una búsqueda sin fin de la validación del significado ético. Este modelo de pensamiento puede ayudarnos a entender por qué el marxismo occidental ha logrado separarse de la realidad ética y del pensamiento ético, y no abordar apenas cuestiones relacionadas con una verdadera igualdad.

El problema obvio con la implementación marxista de la dicotomía “progresista frente a reaccionario” es que el marxismo afirma, como corresponde, estar entre los progresistas y afirma convenientemente que el “adversario” se encuentra entre los reaccionarios. Obviamente, esto es ligeramente sospechoso o, cuando menos, discutible.

[4] http://palestinethinktank.com/2009/06/26/hisham-bustani-thoughts-out-of-season-critiquing-the-european-left/ (Traducción al castellano, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=83413).

[5] Phil Weiss en su blog de valor inestimable MondoWeiss blog acuñó hace poco el útil término político de PEP: progresistas excepto acerca de Palestina.

[6] http://www.countercurrents.org/rosso110209.htm

[7] http://www.tlaxcala.es/pp.asp?lg=en&reference=604

Una versión de este artículo, sin notas, se publicó en: http://palestinechronicle.com/view_article_details.php?id=15280

Gilad Atzmon es músico de jazz, compositor, productor y escritor.

Enlace con el original: http://palestinethinktank.com/2009/07/14/gilad-atzmon-thinking-out-of-the-secular-box-the-left-and-islam/