Archive for ‘Alsina Calvés, José’

19/04/2017

La dimensión colectiva del “Dasein”

por José Alsina Calvés – Lo que para el liberalismo es el individuo, para el marxismo es la clase social y para el neoliberalismo el “postindividuo”, es decir, el sujeto sobre el que pivota una teoría política, para la Cuarta Teoría Política (en adelante CTP) lo es el Dasein. El Dasein es, según Heidegger, el ser humano entendido como “ser-ahí”, como único ente capaz de “preguntar por el ser” y que es a la vez ser-en-el-mundo, ser-en-el-tiempo y ser-con-los otros.

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13/03/2017

Vídeo: “Hispanismo y Cuarta Teoría Política”, por José Alsina Calvés

Durante los pasados días 24 y 25 de febrero se celebró en San Lorenzo de El Escorial el Seminario de metapolítica: “Claves y visiones para una resistencia metapolítica en España”.

Abrió las sesiones José Alsina Calvés, con la conferencia “Hispanismo y Cuarta Teoría Política”

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22/02/2017

Seminario de metapolítica: claves y visiones para una resistencia metapolítica en España

raizEl seminario que nos proponemos realizar nace de la constatación de la disolución de Occidente, de la pérdida de los elementos cualitativos, metafísicos y de imaginación política que nos permitían ser en nuestro entorno portadores de sentido. Estamos inmersos en una profunda decadencia, y para nuestra perplejidad España está en la punta de lanza de esta demolición.

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13/11/2015

La filosofía de Martin Heidegger y la metapolítica de Alexander Dugin como fundamentos de una propuesta bioética

JOSE ALSINA CALVES

por José Alsina Calvés Una propuesta bioética a partir de la cual podamos realizar una crítica a las nuevas biotecnologías precisa, a nuestro entender, una fundamentación filosófica y metapolítica. La fundamentación filosófica nos dará las bases de una concepción del ser humano, del tiempo y de la historia.

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02/11/2015

¿Puede la bioética ser pluralista?

JOSE ALSINA CALVESpor José Alsina Calvés Antes de entrar a responder a la pregunta que plantea el título, debemos definir qué es lo que entendemos por bioética. Para Gilbert Hottois [1] la bioética es una ética para la tecnociencia, es decir, el conjunto de reglas y de buenos comportamientos que deben regular la actividad técnica y científica.

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19/07/2015

Civilizaciones y geopolítica de los “grandes espacios” en la Cuarta Teoría Política

JOSE ALSINA CALVES

por José Alsina Calvés Alexander Dugin propone como alternativa a la globalización y al mundialismo la construcción de grandes espacios autocentrados que coincidan con las grandes civilizaciones. Nosotros pensamos que esta propuesta contiene dos aspectos que es necesario aclarar: en primer lugar el concepto de “civilización” desde un punto de vista de teoría de la Historia; en segundo lugar el aspecto geopolítico del concepto de “gran espacio”. En este artículo intentaremos analizar estos temas.

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14/07/2015

Grecia, ¿rendición o traición?

JOSE ALSINA CALVES
por José Alsina Calvés – Las negociaciones del gobierno griego con la UE siguen generando noticias. La victoria del NO en el referéndum, auténtica bofetada democrática a la UE, parecía que iba a reforzar la posición de Tsipras, pero no ha sido así. De hecho la última propuesta del gobierno griego es mucho peor que la propuesta de la UE que los griegos rechazaron en referéndum.

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10/07/2015

Grecia: bofetada a la troica

JOSE ALSINA CALVES
por José Alsina Calvés – Marine Lepen calificó a la victoria electoral de Syritza en Grecia como “una bofetada democrática a la UE”. Que una supuesta dirigente “ultraderechista” aplauda la victoria de un supuesto partido de “izquierda radical” es un hecho más a favor de la idea de que el intento de entender la realidad política a partir de la dicotomía izquierda-derecha es algo absolutamente superado.

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06/07/2015

El “Estado islámico”: un subproducto de Occidente

JOSE ALSINA CALVES

por José Alsina – Los últimos atentados islamistas en Francia y en Túnez están provocando la histeria en nuestra biempensante sociedad occidental. Emergen discursos de todo tipo, desde el “políticamente correcto”, obsesionado en que no se estigmatice a los musulmanes, hasta el fundamentalista democrático, que habla de una agresión totalitaria contra “nuestros” valores y presenta al Estado de Israel como “cabeza de puente” de la civilización (¿) en medio de un mar de barbarie, oscurantismo y atraso. Tampoco falta el xenófobo indocumentado, que no distingue a un palestino de un marroquí y que clama contra los “moros” que, al parecer, tienen la culpa de todo.

Un análisis detallado nos muestra que la realidad es otra. Esta criatura mostrenca que se llama Estado Islámico o Califato Universal es una criatura nuestra (entiendo por nuestra la sociedad occidental y sus valores) y, antes que nada, hay que hacer autocrítica.

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21/05/2015

El “Dasein” y la Cuarta Teoría Política

JOSE ALSINA CALVES

por José Alsina Calvés – Para Alexandr Dugin [1] toda teoría política se fundamenta en un sujeto: el individuo en el liberalismo, la clase social en el marxismo, y el Estado o la raza en el fascismo. En su propuesta de una Cuarta Teoría Política (en adelante CTP) nos habla del Dasein como sujeto de esta teoría. El Dasein o ser-ahí es un concepto fundamental de la filosofía de Martin Heidegger. En este artículo intentaremos aclarar qué significa exactamente el concepto de Dasein y de qué manera se relaciona con las tesis de Dugin.

La “pregunta por el ser”

Toda la obra filosófica de Heidegger, y especialmente su libro El Ser y el Tiempo [2] gira en torno a la “pregunta por el ser”.

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20/12/2014

Una teoría de la modernidad

JOSE ALSINA CALVES
por José Alsina Calvés – Este artículo nace de un estudio y reflexión en torno a la Cuarta Teoría Política (en adelante CTP) desarrollada por el filósofo y sociólogo ruso Alexander Dugin. La CTP se plantea como una alternativa global a la modernidad, siendo el liberalismo su representante más significativo, así como la actual implosión posmoderna, representada por el neoliberalismo. Pretendemos profundizar en el concepto de modernidad, sus características, sus raíces culturales e ideológicas y sus tensiones internas. La cuestión de la posmodernidad la dejaremos para otros trabajos.

Comenzaremos por un intento de definición de la modernidad, después buscaremos sus raíces lejanas en la historia de las ideas y de las instituciones, y finalmente estudiaremos su génesis y constitución.

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18/11/2014

Después del 9N

JOSE ALSINA CALVES

por José Alsina Calvés – Pasada ya la gran fiesta del despropósito, del climax separatista, de la histeria desatada y del butifarrendum de Juan Palomo (yo me lo guiso, yo me lo como), es hora de la reflexión y de sacar conclusiones.

La primera conclusión, obvia, que muchos han destacado, es que la afirmación, repetida machaconamente por los separatistas, de que el 80% de la población catalana estaba por esta consulta, es una gran mentira. Aun aceptando como ciertos los datos hechos públicos por los organizadores, que son juez y parte, y teniendo en cuenta que han votado inmigrantes sin papeles y menores de 18 años, resulta que la participación no a superado un 33%. De estos votantes, un 80% han votado el Si_Si (independencia). Total que los independentistas en Cataluña no llegan a los dos millones, sobre una población que ronda los siete.

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02/10/2014

Cataluña después de la V

JOSE ALSINA CALVES

por José Alsina – Nadie puede dudar que la movilización separatista fue un éxito. Aunque las cifras están hinchadas es indudable que cientos de miles de personas salieron a la calle, y no lo hicieron para pedir una consulta, sino para pedir la independencia. Años de trabajo lento y constante desde las escuelas, los medios de comunicación y otras instituciones. Grandes sumas de dinero invertidas en medios de comunicación afines, la constante utilización de TV3, y, últimamente, la acción de dos entidades creadas y amamantadas desde el poder, la ANC y el Omnium Cultural, han producido este efecto, sin que por parte del Estado Español ni de los gobiernos de turno se haya hecho absolutamente nada para contrarrestar toda esta acción separatista.

Mucho más humilde y modesta fue la manifestación de Tarragona, convocada por Sociedad Civil Catalana a favor de la unidad de España: unos miles de personas. Pero hay que hacer una lectura positiva: el españolismo en Cataluña empieza a organizarse y, por primera vez, sale a la calle un 11 de septiembre.

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20/09/2014

Rusia, la gran esperanza

JOSE ALSINA CALVES

por José Alsina Calvés – La crisis ucraniana, provocada por el golpe de Estado contra el gobierno legítimo y patrocinado por EEUU y la UE, ha puesto en manifiesto algo que muchos ya sospechábamos: Rusia es el único poder capaz de enfrentarse al mundo unipolar controlado por los estadounidenses y a la globalización neoliberal.

En primer lugar Rusia tiene el potencial económico, militar y demográfico suficiente. Las sanciones económicas no van a detenerla. La capacidad diplomática de Putin se ha puesto en manifiesto al forjar una serie de alianzas económicas con China y otros países emergentes que neutralizan las miserables sanciones económicas con que la amenazan los mercachifles de la UE (gobierno de España incluido), y que pueden volverse en contra suya.

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05/09/2014

La Cuarta Teoría Política

JOSE ALSINA CALVES

por José Alsina Calvés – Al hablar o escribir sobre la Cuarta Teoría Política (en adelante CTP) todos pensamos, con razón, en el filósofo y politólogo ruso Alexander Dugin. Pero a pesar de ser este el principal impulsor de la CTP, no debemos verla como la elucubración personal de un solo autor. Muchos de los temas impulsados por Dugin tienen sus antecedentes lejanos en las obras de autores tradicionalistas, como Julius Evola, y, sobretodo, en la Nueva Derecha francesa. La expresión “Cuarta Teoría Política” apareció por primera vez en el libro de Alain de Benoist Contra el liberalismo: la Cuarta Teoría Política.

En el libro de Dugin La Cuarta Teoría Política, traducido recientemente al español y publicado en Ediciones Nueva República, el filósofo ruso insiste en el carácter colectivo de su creación, en que no es un sistema cerrado, sino abierto a las aportaciones posteriores.

En el presente artículo intentaremos describir y explicar, así como valorar, el mencionado libro de Dugin, al que tomaremos como base de nuestro trabajo. A nuestro entender la CTP que Dugin expone se fundamenta en un armazón teórico que consta de cinco elementos fundamentales:

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30/08/2014

El paganismo de Alain de Benoist y la filosofía de Martin Heidegger

JOSE ALSINA CALVES
por José Alsina Calvés – La reivindicación del paganismo es quizás uno de los elementos más originales y sorprendentes del pensamiento de la Nueva Derecha (en adelante ND) en general y de Alain de Benoist en particular. En este artículo intentaremos estudiar este aspecto del gran pensador francés y relacionarlo con la filosofía de Martin Heidegger.

En su libro Comment peut-on être païen? y en una entrevista publicada en la revista Hesperides, de Benoist explica el trasfondo filosófico de su reivindicación del paganismo, diferenciándola de otros reivindicaciones folclóricas o sincretistas, tipo New Age, y relacionándola con su crítica al cristianismo (al menos al cristianismo original) como fundamento teológico del igualitarismo, del progresismo y de la metafísica de la subjetividad.

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10/07/2014

Necesidad de un catalanismo hispánico

JOSE ALSINA CALVES

por José Alsina Calvés – Muchos catalanes no compartimos la deriva independentista. En este sentido no podíamos dejar sin respuesta al desafío soberanista, protagonizado por el Sr. Artur Más y sus cómplices, y poner sobre la mesa una serie de elementos que no están presentes en el debate actual desde una perspectiva nueva: el catalanismo hispánico.

Sorprende y asusta en primer lugar el bajísimo nivel teórico del debate, en el cual los tópicos, las mentiras, los lugares comunes y la falta absoluta de rigor son habituales en ambos lados. Unos afirman, con todo atrevimiento, que Cataluña perdió su independencia en 1714 (como si antes hubiera sido independiente). Los otros contestan, con gran profundidad ideológica que lo moderno ahora es la unión.

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18/06/2014

La izquierda: crisis e identidad

JOSE ALSINA CALVES

por José Alsina Calvés – La palabra izquierda nos sugiere, de entrada, dos cosas distintas: una actitud y una ideología o familia de ideologías. Como actitud es inconformismo, no aceptar lo dado al menos sin pasarlo por un tamiz crítico; pensar que los principios están por encima de los intereses, que las cosas y las situaciones pueden cambiarse, y que la voluntad heroica del ser humano es lo que realmente ha construido la historia. Como ideología o conjunto de ideologías remite a una serie de ítems: igualitarismo, una antropología que supone que la plena realización de lo humano pasa por la liberación anárquica de toda pulsión, que TODA idea de limite, jerarquía, disciplina o sacrificio es MALA per se, y una concepción lineal y progresista de la historia, que tiende a un final de plena realización de la humano.

En alguna ocasión me he referido a estas dos visiones de la izquierda como situacionista la primera y esencialista la segunda (1).

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30/07/2013

La corrupción estructural de la “democracia” española

JOSE ALSINA CALVES

por José Alsina Calvés – La palabra “corrupción” alude a algo desvirtuado, que no es lo que debería ser. Alude también a un fenómeno accidental o, al menos, no necesario. Sin embargo, en estos últimos tiempos, estamos siendo testigos de acontecimientos reveladores: las principales instituciones de la “democracia” española (llámese también “monarquía constitucional” o “estado de las autonomías”) no solamente están aquejadas de una corrupción generalizada que salpica a todos los grandes partidos (caso Bárcenas y Gürtel al PP, caso EREs al PSOE y IU, caso Millet a CiU) y a la propia monarquía (caso Undargarin), sino que parece que estas instituciones no podrían funcionar sin corrupción, y que esta se ha vuelto algo estructural, esencial y necesario para la vida de las mismas.

Ortega y Gasset distinguía entre los problemas relacionados con el “abuso” y los relacionados con el “uso”. Cuando en una institución, o en el ejercicio de una función, se dan “abusos” estamos ante un problema menor, que puede solucionarse con más control de la institución, o cambiando a las personas. Pero cuando estamos ante un problema de “usos” la cuestión es más grave: hay que cambiar la institución o reformar completamente la función.

Esta es la cuestión que nos ocupa. No basta con que actúe la justicia y se castigue a los corruptos. No basta que devuelvan lo robado. El Sistema produce y crea la corrupción. Los partidos políticos, institución básica y fundamental de la “democracia” liberal española, no pueden funcionar, no pueden financiarse, no pueden reclutar clientela, si no es mediante la corrupción. La corrupción en y de los partidos políticos se muestra como algo estructural, esencial, y permanente y no coyuntural y accesorio. Estamos ante un problema de “usos”, no de “abusos”.

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25/05/2013

Nacionalismo catalán y neoliberalismo

JOSE ALSINA CALVES

José Alsina Calvés – El libro de Christian Laval y Pierre Dardot “La nueva razón del mundo: ensayo sobre la sociedad neoliberal” (Gedisa, Barcelona, 2013) expone de manera magistral y muy didáctica las características del neoliberalismo. Muestra como este comienza a construir su discurso sobre las ruinas de la Europa de la posguerra, especialmente en Alemania. Como impregna los fundamentos de la Unión Europea, como toma el poder político con Thatcher y Reagan, y como alcanza su paroxismo de la mano de Angela Merckel, antigua dirigente comunista de la RDA.

Laval y Dardot explican que el neoliberalismo es mucho más que una vuelta al viejo liberalismo manchesteriano del siglo XIX: es todo un programa de control en que el propio sujeto se acaba controlando a si mismo. La reducción de todo lo humano a lo económico hacen que el individuo se acabe concibiendo a si mismo como una “empresa capitalista” donde la competencia se convierta en auténtico motor del mundo. Todos compiten con todos, y ya no queda espacio para la sociabilidad, la cooperación ni para la solidaridad nacional, de grupo o de clase. Cualquier política redistributiva o de protección social es un obstáculo a la competencia, pues perjudica a los “emprendedores” a favor de los “vagos” y los “irresponsables”.

También señalan Laval y Dardot que junto al neoliberalismo “de derechas” (Thatcher, Reagan. Busch, Merckel) existe un neoliberalismo “de izquierdas”, representado por la socialdemocracia (González, Blair, Zapatero) que se alimenta de los mismos “ítems” ideológicos.

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10/05/2013

Progresismo contra socialismo

JOSE ALSINA CALVES

por José Alsina Calvés – TdE – La enorme contestación social que se está produciendo en Francia contra la ley que autoriza el matrimonio homosexual y la adopción por parte de parejas del mismo sexo es un tema que mueve a la reflexión.

La primera constatación es que la sociedad francesa es una sociedad más sana que la española, y que no ha perdido su capacidad de reacción. Ante cualquier agresión a la justicia social o a certezas antropológicas básicas, como el caso que nos ocupa, los franceses no se resignan, y son capaces de salir a la calle y a revolverse contra el poder. Seguramente el amplio consenso de los franceses en torno a valores patrióticos y republicanos tiene que ver con esta vertebración de la sociedad francesa, que contrasta con la atomización, la división y la desorientación de nuestra pobre España.

¿Por qué tantos franceses se oponen al matrimonio homosexual? No es por motivaciones religiosas: Francia es una sociedad laica (aunque el catolicismo francés es más potente que el español); tampoco es por mojigatería, los franceses siempre han sido tolerantes en cuestiones sexuales. No tiene nada que ver con la libertad sexual de las personas ni con la no discriminación de los homosexuales.

Seguramente muchos franceses se dan cuenta de una cuestión antropológica básica: bajo las muchas formas que la familia y el matrimonio toman en distintas sociedades, siempre están ligados a la reproducción y a la cría y cuidado de los hijos. Por más que se empeñen la pareja homosexual no puede reproducirse (¿será que la naturaleza es fascista?), y por tanto es una aberración llamarle a “eso” matrimonio. Lo cual no significa que no pueda legalizarse, pero no equipararse al matrimonio. Recordemos que discriminación es tratar diferente lo que es igual, pero también tratar igual lo que es diferente.

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27/02/2013

IBERIA no se vende; IBERIA se defiende

IBERIA SE DEFIENDE

por José Alsina Calvés –  TdE – Es todo un símbolo. La compañía aérea que fue en otro tiempo una empresa boyante y floreciente, privatizada primero, comparada por los ingleses después, va a ser desmantelada y reconvertida en una filial cutre de su dueña británica. Después de años de ir poco a poco empeorando las condiciones de trabajo, después de años de bajadas de sueldos y de empeoramiento de sus condiciones laborales, ahora miles de trabajadores españoles van a ir a calle, en un enésimo despido masivo, facilitado y abaratado por las Reforma Laboral realizada por los chorizos que nos gobiernan.

En las manifestaciones de los trabajadores de Iberia en el aeropuerto de Barajas se han visto ondear banderas españolas. Esto es también un símbolo. Quizás muchos trabajadores empiezan a entender que solamente se pueden tener derechos cuando se forma parte de una comunidad política libre y soberana, y que la libertad no deriva de un abstracto individualismo universalista, que la libertad no es la ausencia de vínculos, sino que solamente se puede ser libre cuando de forma parte de una Patria libre.

La situación agónica de los españoles, muchos de ellos sin trabajo y sin techo, deriva de que España prácticamente no existe. El Estado español se ha vaciado de competencias, y sin Estado no hay nación libre. Tenemos un gobierno de corruptos que no hace más que obedecer lo que le mandan sus amos de la CEE o del FMI. Nuestra economía (¿nuestra?) en manos extranjeras. Los mafiosos de Eurovegas campan por sus respetos en España, como si nuestra única opción económica fueran los casinos y los prostíbulos, tapaderas de blanqueo de dinero. Nuestra agricultura está paralizada mientras nos invaden los productos producidos en cualquier otra parte del mundo. Los pocos puestos de trabajo, cutres, poco cualificados, van a parar a manos de los inmigrantes, mano de obra importada para reventar aún más las condiciones de trabajo. Cada vez hay más españoles que tienen que ir al extranjero a buscar trabajo, y acostumbran a ser los más preparados.

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01/06/2009

Ciencia. El positivismo, ideología de la sociedad industrial.

José Alsina Calvés *

La filosofía positivista nace con la sociedad industrial de finales del Siglo XIX y constituye la ideología de la burguesía triunfante, donde se resumen sus mitos y sus temores. Aunque superada en la mayoría de sus postulados sigue alimentando la ideología moderna, por lo menos en lo que respecta a la fe en el progreso indefinido y al cientificismo ingenuo. Está profundamente arraigada en el cuerpo social y es uno de los pilares básicos de la pervivencia de la pirueta neoliberal.

La filosofía positivista viene siempre vinculada al nombre de Augusto Comte (1798-1857), su fundador. Es el movimiento intelectual dominante en la segunda mitad del Siglo XIX, cuyas raíces pueden perseguirse claramente hasta Kant, la Ilustración, Bacon y con menos nitidez hasta Descartes. Sus ramificaciones penetran en nuestra centuria y pueden extenderse por ciertos sectores del ámbito filosófico de nuestros días, como es el neopositivismo. Por otra parte la mayoría de sus postulados alimentan la ideología social moderna, por lo menos en lo que respecta a la fe en el progreso indefinido y al cientificismo ingenuo.

Pero sería un error identificar sin más a Augusto Comte con el positivismo, aunque le corresponda a él su indiscutible paternidad. Esta filosofía se propagó rápidamente por Europa, siendo sus representantes más señeros John Stuart Mill y Herbert Spencer en Inglaterra, Molescholt y Ernest Haeckel en Alemania y Roberto Ardigo en Italia. Todo ello hizo aparecer en el interior del positivismo una cierta diversidad.

A pesar de todo ello el termino positivismo no es un puro equívoco, sino que conserva un núcleo de significación aplicable por igual a todas las filosofías que designa, inclusive la de Comte. Este contenido común se puede resumir en dos grandes rasgos: la prescripción de toda metafísica, y la exigencia rigurosa de atenerse a los hechos, a la realidad en cualquier género de investigación. Ambos rasgos se implican en el postulado de que solo conocemos los que nos permiten conocer las ciencias, y el único método de conocimiento es el propio de las ciencias naturales.

Este cientificismo es hijo de la época. El positivismo es contemporáneo a una grandiosa expansiñon del saber matemático y físico- natural. Es la poca de Cauchy y Cantor en matemáticas; de Lobachevski en geometría; de Maxwell, Hertz, Helmholt y Clasius en física; de Berzelius y Mendeleiv en química; de Koch y Pasteur en microbiología; de Claude Bernard en fisiología y de Charles Darwin en biología. Es también la época de grandes realizaciones tecnológicas: se construye la Torre Eiffel en París y se abre el Canal de Suez.

Esta afirmación de la ciencia natural tiene como contrapartida la declaración de nulidad para lo que hasta entonces se había entendido por filosofía, y especialmente para la metafísica. Para el positivismo no hay razón alguna que justifique el establecer diferencia esencial entre ciencia y filosofía, siempre que esta última palabra se entienda en su nuevo sentido, que es precisamente el de ciencia.

Hay en todo ello un razonamiento circular, que es el gran vicio de origen de la concepción positivista de la filosofía: sólo a la “filosofía positiva” se le reconoce el derecho a existir, y solo es “filosofía positiva” aquella que se atiene a los cánones propios del conocimiento científico. La filosofía se convierte así en una ancilla scientiae (en una servidora de la ciencia).

Pero el positivismo cae además en dos flagrantes contradicciones. La primera de ellas es que sólo da carta de legitimidad al “conocimiento científico”, sin especificar nunca, de manera clara, inequívoca y por tanto positiva en qué consiste exactamente este conocimiento científico, y cual es el método científico que lo produce. La segunda, la más grave, es que importantes afirmaciones de la doctrina positivista, como la “ley de los tres estadios” (teológico., metafísico y positivo), pomposamente anunciada por Comte, no proceden de la actividad científica ni de la observación, sino de la especulación filosófica, y son por tanto….metafísica.

Otra característica importante de la filosofía positiva es la voluntad de aplicar el método propio de las ciencias naturales (por otra parte nunca bien definido) al estudio de la sociedad humana, naciendo así la sociología como uno de los resultados característicos de la aplicación del programa positivista, y probablemente uno de los más fecundos.

No sólo hay una exaltación de la ciencia natural y una afirmación de preeminencia de la misma con respecto a la filosofía, sino que se afirma también su unidad en cuanto a método. Este cientificismo es la contrapartida de la negación de la metafísica, y ambas tendencias, discurriendo en paralelismo y reciprocidad, constituyen una constante del pensamiento contemporáneo que, desde el Siglo XVIII, viene modulando, en distintos tonos y con diferentes supuestos su ya larga e insistente melodía. Variaciones de esta temática general son el enciclopedismo, la filosofía de Kant, el positivismo, el neokantismo, y, en nuestros días, el neopositivismo lógico del Círculo de Viena: Reichenbach, Carnap y otros.

Pero el positivismo, especialmente el de Comte, es antes que nada y por encima de todo una construcción de filosofía de la historia, de carácter comprensivo, que culmina en una visión mesiánica, y elaborada a partir de un método especulativo que poco tiene que ver con sus propios y confusos postulados epistemológicos. Hay ademas en los autores positivistas, quizá con la única excepción de J. Stuart Mill una confianza acrítica, y a menudo expeditiva y superficial en la estabilidad y el crecimiento sin obstáculos de la ciencia.

La iniciación de la vida intelectual de Comte coincide con el auge del idealismo alemán. El criticismo de Kant se había convertido fulminantemente, en manos de sus discípulos inmediatos, en un nuevo dogmatismo de gran estilo; su idealismo trascendental, que rechazaba la metafísica como ciencia, aunque reconociendo su licitud como “disposición natural”, mostró su fecundidad, precisamente metafísica, al resolverse en idealismo absoluto, en los grandes sistemas de Fichte, Schelling y Hegel. En el espacio de unos treinta años se da un fugaz pero intenso periodo de gran tensión metafísica, iniciándose después una rápida declinación. Como fecha simbólica de esta declinación se puede fijar la de la muerte de Hegel: 1831. Un año antes terminaba de exponer Comte, en su famoso Curso, la idea ya madura de la filosofía positiva.

Coincidiendo con esta declinación de la metafísica se da el ya mencionado proceso ascendente de las ciencias de la naturaleza y de su impacto social: la tecnología y la revolución industrial. Comte se hace brillante intérprete de esta doble y contraria basculación espiritual, abriendo con ello una nueva etapa del pensamiento filosófico europeo.

La epistemología positivista

Tal como hemos señalado el positivismo es, antes que nada, una filosofía de la historia, que arranca de especulaciones metafísicas. No hay, en sentido estricto, una epistemología positivista rigurosa. Las referencias al conocimiento positivo y al método de las ciencias naturales son constantes, pero nunca se fija de forma rigurosa en qué consiste este método.

En el capítulo III de la primera parte del Discurso Comte intenta fijar el sentido de la palabra positivo, analizando las diversas acepciones de la misma. Veámoslas:
1) Positivo como real por oposición a quimérico.
2) Útil en contraste con inútil.
3) Certeza frente a indecisión.
4) Preciso frente a vago.
5) Positivo como contrario a negativo.
6) Relativo en contra de absoluto.

Estas precisiones semánticas pueden servirnos para ir acotando cuál es realmente la teoría positivista del conocimiento. Siguiéndolas se nos hará visible el sentido de estos postulados, a pesar de lo poco positivo de su definición que, como vemos, requiere una hermenéutica para su comprensión adecuada.

La exigencia de realidad es el postulado fundamental. Comte nos aclara que con esta exigencia se pretende limitar el conocimiento filosfico “a las investigaciones verdaderamente asequibles a nuestra inteligencia, con exclusión permanente de los impenetrables misterios con que se ocupaba, sobretodo en su infancia”.(1)

Ahora bien, lo asequible a nuestra inteligencia es lo que el positivismo llama los hechos. Comte establece “como regla fundamental que toda proposición que no pueda reducirse estrictamente al mero enunciado de un hecho particular o general no puede ofrecer ningún sentido real e inteligible”.(2)

Pero, ¿qué son los hechos?. Pues son las cosas o acontecimientos accesibles a la observación, o dicho de otra manera, son fenómenos u objetos de experiencia. Esta exigencia va contra toda construcción especulativa, contra toda elaboración a priori o puramente racional del conocimiento, en definitiva, contra toda metafísica.

En este punto se percibe la herencia de las ideas de Bacon, que está presente en el positivismo, aunque el filósofo inglés definió de forma más nítida su teoría del conocimiento a través de la inducción. El positivismo quedaría así caracterizado en primer lugar, como un empirismo, y, en efecto, esto es lo que llegó a ser el positivismo posterior a Comte. Pero en Comte el arranque inicial hacia el empirismo quedará neutralizado con importantes concesiones a la razón. Advierte contra el peligro de un mero empirismo escribiendo: “..una viciosa interpretación ha conducido con frecuencia a abusar mucho de este gran principio lógico (la subordinación de la imaginación a la observación), para hacer degenerar la ciencia real en una especie de estéril acumulación de hechos incoherentes”.(3)

A pesar de estos correctivos está claro el papel fundamental que en la epistemología comtiana van a jugar las leyes, como regularidades observadas en los fenómenos, a las cuales se llega a través de la observación por procedimientos inductivos, aunque Comte nunca utilice esta expresión.

El segundo carácter del saber positivo es la utilidad, y aquí volvemos a encontrar reminiscencias de las ideas de Bacon. Comte precisa el sentido de esta palabra: quiere decir que el verdadero conocimiento no tiene un fin en sí mismo (no es una estéril curiosidad) sino en el ” mejoramiento continuo de nuestra identidad individual y colectiva”. Es decir, el conocimiento científico, aparte de su utilidad instrumental y tecnológica, contribuye a un mejoramiento del ser humano.

El gran destino práctico de la positividad, al hacer al hombre fin último de todo saber, postula también una ciencia de lo social, lo moral y lo político, unificada por Comte en la sociología, con sus técnicas correspondientes. Quizá su error consistió en creer que las ciencias de lo humano podían tomar como modelo a las naturales. En realidad se limitó a pensarlo, sin creerlo, puesto que él mismo no observó en la práctica este principio metódico.

Las precisiones de Comte no pueden, sin embargo, evitar que la idea de utilidad asociada al conocimiento se interprete en el sentido pragmático de conocimiento aplicado y tecnológico. Otra vez nos encontramos con reminiscencias de la filosofía de Bacon y del programa de la Ilustración, que constituirán, junto a la filosofía positivista, el principal puntal teórico de la ideología de la modernidad.

En relación estrecha con la utilidad aparece la cuarta acepción del termino positivo: precisión frente a vaguedad. El gran desarrollo de la tecnología, del que Comte fue observador privilegiado, y la revolución industrial no podían fundamentarse en conceptos vagos y confusos, y así nos habla Comte de ” el grado de precisiñon compatible con la naturaleza de los fenómenos”, y de “…el pensamiento de una acción final recuerda siempre la condición de una precisión conveniente”.(4)

El postulado tercero, certeza frente a indecisión, revela el utopismo y refleja el superávit de optimismo que anima a Comte, y, como tal, hay que relegarlo al cajón de las grandes ilusiones no confirmadas por el fallo inapelable de la historia, lo cual no es óbice para que no sigan formando parte del repertorio ideológico de la modernidad, con aggiornamentos continuados del utopismo, ahora no ya al servicio de la revolución, sino de la evolución hacia un fin de la historia con ribetes neoliberales.

Las acepciones cinco y seis del termino “positivo” nos dan la entrada en un nuevo tema: el sentido histórico, la historicidad del hombre, que es , junto al nacimiento de la sociología, la intuición más profunda del positivismo. Nos ocuparemos más adelante, y con más detalle, de la relación del positivismo con la sociología y la teoría de la historia. Por lo que respecta a la epistemología este descubrimiento de la historicidad del hombre incide de diversas maneras.

En primer lugar se plantea la relatividad del conocimiento: “el estudio de los fenómenos, en lugar de poder llegar a ser, en modo alguno, absoluto, debe permanecer siempre relativo a nuestra organización- oposición”(5). Es decir, la valoración de una teoría científica deber hacerse en función de las circunstancias históricas que la rodean. Al descubrir la historicidad del hombre Comte descubre también la historicidad de la ciencia.

Consecuencia directa de este relativismo e historicismo es que se plantea por primera vez la existencia de la Historia de la Ciencia como disciplina autónoma, y no es casualidad que la primera cátedra de esta disciplina, creada en el College de France en 1892, sea ocupada por Pierre Laffite , discípulo de Comte y muy vinculado al movimiento positivista. El propio Comte había solicitado en numerosas ocasiones a las autoridades educativas la creación de la mencionada cátedra para la institucionalización de esta disciplina.

Pero los propios dogmas del positivismo frustran en parte las expectativas de un descubrimiento tan importante como es la historicidad del conocimiento. La ciencia se contextualiza en función de su época, de su momento histórico, pero a su vez este momento histórico se ve siempre en relación con el gran final, con el advenimiento del espíritu positivo, y al llegar aquí el movimiento de la historia de detiene, y lo que era relativo deviene ahora absoluto. Además, la creencia (6) de que la historia tiene un motor propio se traslada también a la historia de la ciencia, deduciéndose de aquí que la ciencia tiene un movimiento propio y autónomo de su entorno social e histórico. Los dogmas progresistas del positivismo frustran las posibilidades iniciales de su descubrimiento. No es casualidad que la historia de la ciencia, que debe al positivismo su nacimiento institucional, haya tenido que luchar contra la mentalidad positiva para llegar a ser una disciplina madura.

Debemos referirnos finalmente a una temática fundamental en el discurso positivista: la unidad de la ciencia. A pesar de ser esta una cuestión epistemológica, en Comte aparece vinculada directamente a la dinámica social, reafirmando una vez más nuestra tesis de que el positivismo es, más que una filosofía o una filosofía de la ciencia, una teoría de la historia. Los compartimentos estancos del conocimiento humano, que llamamos las ciencias, deben articularse en una superior unidad, una unidad sistemática determinada por sus comunes origen y destino. En la mente humana esta unificación dar lugar a la “armonía mental”, de tipo universal, a la que aspira Comte, y ésto se producirá indefectiblemente cuando la totalidad de los conocimientos humanos hayan alcanzado el estado positivo.

Pero además de definir este ideal de la unificación de la ciencia, que sus herederos neopositivistas han intentado llevar a la práctica, Comte clasifica y jerarquiza las ciencias, añadiendo además una discriminación entre las auténticas ciencias, las positivas, y las que no lo son. La psicología, por ejemplo, no es admitida entre las ciencias.

Partiendo desde su base matemática las ciencias positivas son jerarquizadas según su grado de generalidad decreciente y de complejidad creciente: astronomía, física, química, biología y sociología. Esta ordenación es a la vez lógica, histórica y pedagógica. Nos indica el orden en que han ido apareciendo las distintas ciencias, nos indica a la vez la lógica interna del proceso según los dos parámetros arriba indicados, y nos indica también el orden en que deben ser enseñadas en una educación “positiva”. Respecto al orden histórico cabe añadir el comentario de que no responde a la realidad: las distintas ciencias no han aparecido en el orden que Comte quiere imponer. Otra vez la especulación, el “debe ser”, la deducción a partir de unos postulados se impone sobre la observación: de nuevo triunfa la metafísica.

En ocasiones se ha puesto a Claude Bernard como ejemplo vivo de científico positivo. Aunque es cierto que Comte sentía sincera admiración hacia el gran fisiólogo francés, Bernard nunca se considero un positivista. Para Comte y, en general, para los positivistas (quizá con la única excepción de S. Mill) la ciencia es un elemento que no requiere ningn análisis. Claude Bernard, en cambio, nos ofrece una reflexión profunda y elaborada sobre la lógica de la ciencia (7). Además la metodología seguida por Bernard en sus investigaciones está muy lejos de las recetas comtianas (8).

Sociología y teoría de la Historia

Tal como hemos afirmado anteriormente cabe señalar que el positivismo es ,antes que nada, una teoría de la historia y un intento de construir una teoría de la sociedad humana, es decir una sociología. El dogma del progreso y los tres estados de la sociedad son las dos columnas fundamentales que lo sostienen.

Nos hemos referido ya al descubrimiento de la historicidad y al hecho de que en el positivismo la ciencia sólo se comprende plenamente dentro de una concepción general de la historia, porque no es otra cosa que la manifestación intelectual del espíritu positivo, y éste a su vez, representa el estadio terminal del desarrollo evolutivo de la humanidad. Mas al llegar aquí advertimos que el famoso relativismo se nos truca, como por arte de magia, en un nuevo absolutismo, el absolutismo del progreso. Ortega ya señalo en su momento cómo Hegel y Comte substituyeron el absolutismo de la razón, propio de la Ilustración, por este nuevo absolutismo progresista (9).

La idea del progreso, en la que, como buenos hijos de su tiempo, vienen a coincidir Hegel y Comte (Idealismo y Positivismo), es la gran ilusión de la época, la fe del siglo. Las dos grandes cristalizaciones conceptuadas de esta fe son la Filosofía de la Historia Universal de Hegel, y el Sistema de la Filosofía Positiva de Comte, pero sus ancestros hay que buscarlos en Turgot y Condorcet, en Kant (10) y en la lejana precursión de Vico en su Nuova scienza (1725).

La concepción de la historia universal de Comte es en realidad la verdadera idea madre de toda su filosofía, el amplio marco dentro del cual se alojan y cobran sentido diversas conclusiones parciales. Su propia epistemología y teoría de la ciencia, así como la clasificación y demarcación de la misma, sólo pueden entenderse en el plano del desarrollo histórico, tal como hemos visto en el apartado anterior.

Es así como el saber positivo, que expresamente se declara tributario del conocimiento científico natural, o más aun, que formalmente pretende identificarse con él, en su efectiva realidad consiste en un saber del hombre y es por ello un saber histórico. Lo que este saber efectivamente hace, aparte de lo que formalmente pretende hacer, no es en ningún sentido ciencia natural, sino un intento de comprensión sistemática de la historia, incluida en ella la ciencia misma.

La forma concreta como este intento fraguó en el pensamiento de Comte fue la famosa ley de los tres estados: teológico, metafísico y positivo. Los tres estados se refieren tanto a periodos de la historia humana como al tipo de espíritu humano que estos periodos generan.

En el estado teológico los fenómenos son vistos como producto de la acción directa y continua de agentes sobrenaturales. Dentro de esta estado distingue un periodo politeísta, en que cada agente se identifica con una divinidad, y un periodo monoteísta, posterior, en que el conjunto de fuerzas sobrenaturales se identifican reunidas en un Dios único. La figura representativa es el sacerdote, y el estado monárquico, religioso y militar es la forma política que representa este estado.

En el estado metafísico las esencias, las ideas o las fuerzas abstractas son las causantes directas de los fenómenos. Es un estado de transición, negativo en el sentido de que se dedica a destruir los presupuestos teológicos mediante la crítica, pero que es incapaz en sí mismo de elaboración propia. El filósofo y el hombre de leyes son sus figuras más representativas.

Únicamente en el estado positivo el espíritu humano renuncia a la posibilidad de un conocimiento absoluto, y sólo busca descubrir, mediante el uso bien concertado de razonamiento y observación, las leyes efectivas que rigen los fenómenos, es decir, sus invariables relaciones de sucesos y semejanzas. El tipo más representativo es el científico positivo y el tecnólogo, y el estado moderno, originado por la combinación de liberalismo poltico y revolución industrial, la forma política que le corresponde.

Como complemento a la teoría de los tres estados se sugiere que en el propio desarrollo individual de cada hombre se repite una sucesión semejante: la niñez seria la etapa teológica, la juventud la metafísica y la madurez la positiva.

En este marco la sociología se concibe como una auténtica física social, y como tal se distingue una estática social, que se refiere a unas condiciones de existencia de la sociedad que son constantes y que no cambian en las distintas edades, es decir al orden; y una dinámica social que se ocupa de las leyes de desarrollo de la sociedad, es decir del progreso. El objetivo final de la sociología es descubrir las leyes de la sociedad a través de la observación, el experimento y el método comparativo. Una vez descubiertas estas leyes el arte de gobernar, la política, no será más que la correcta aplicación de estas leyes, que por positivas son incontestables.

El intento de Comte resultó fallido. El sentido humanista e histórico de su pensamiento, aunque agudamente despierto, no podía remover el pesado lastre naturalista. Se debate así entre dos instancias intelectuales inconciliables: por una parte, anticipándose con segura intuición al porvenir de la filosofía, siente la necesidad de substituir la razón pura, de la que aquella venía viviendo desde Descartes, por otro tipo de comprensión de la realidad; pero, por otra parte, se encuentra privado de instrumentos mentales adecuados para elevar aquella intuición a conceptos claros y expresos. Las condiciones de su coyuntura histórica tampoco le permiten forjar por sí mismo tales instrumentos.

Comte no vive una situación de crisis completa de las vigencias intelectuales, como fue el momento cartesiano. En su tiempo no sólo no han quebrado todas las vigencias, sino que hay algunas que alcanzan, precisamente entonces, grados máximos de arraigo y desarrollo: concretamente una, la ciencia natural. De ahí que Comte se dirigiera a este terreno al buscar el canon del nuevo saber. En eso consistió su gran error, si es que es lícito hablar de errores al hacer estas consideraciones retrospectivas del pensamiento.

Fue sin embargo un error necesario y, a la larga, fecundo. Era indispensable la experiencia positiva, que los seguidores de Comte se encargarían de llevar a sus últimas consecuencias negativas, para que el pensamiento actual pudiera dirigirse de nuevo a la conquista de nuevos territorios de lo real, volviendo a la despreciada metafísica, aunque aligerada de obra muerta.

El positivismo, filosofía de la sociedad industrial

Hasta aquí hemos considerado los aspectos internalistas del positivismo. Veamos ahora sus relaciones con el entorno social e histórico que le vio nacer y desarrollarse. La segunda parte del Siglo XIX viene marcada por el afianzamiento de los estados liberales y por la revolución industrial. El programa de la modernidad que Bacon, Kant y la Ilustración habían imaginado, y para el cual las revoluciones americana y francesa habían creado el marco político adecuado, empieza ya a ser una realidad. El positivismo no nos promete una nueva sociedad, sino que nace con ella.

Así pues el positivismo cala hondo en el tejido social, pues no anuncia lo que va a pasar, sino que describe, o parece describir, lo que ya está pasando. Así, el grupo humano protagonista de estos acontecimientos, la burguesía industrial, va a hacer suyo el positivismo, que va a convertirse en uno de los principales puntales de su arsenal ideológico. El respeto a los hechos , el “tocar de pies al suelo”, el progreso en orden, la mirada condescendiente hacia el pasado al que se considera semilla del porvenir, cierto y vago humanismo, y sobretodo, la conciencia de pertenecer a una clase que de alguna manera ha clausurado el proceso histórico (lo que Fukuyama ha bautizado con un nombre elocuente: el último hombre) son elementos fundamentales y característicos del pensamiento burgués y de su actitud ante la vida.

Curiosamente algunos de estos elementos ideológicos los encontramos también en el marxismo. No debe extrañarnos. El propio Marx era un burgués de formación positivista, al que Jünger reprochó haber intentado embutir en las mentes de los trabajadores conceptos burgueses, como el de “clase” (11).

Independientemente de su papel jugado en la historia de la filosofía, el positivismo es una doctrina que, en forma tosca y simplificada, ha calado muy hondo en la mentalidad de la burguesía. En estas últimas décadas, tras el hundimiento del comunismo y la bancarrota ideológica de la izquierda y de cualquier cultura de “clase obrera”, observamos cómo esta mentalidad burguesa se ha extendido al conjunto de la población. Así el positivismo se ha convertido en elemento fundamental de la ideología social moderna, y por lo tanto, es pieza clave para el mantenimiento de la pirueta neoliberal, tanto en su versión conservadora como socialdemócrata.

Otra cosa es la continuación filosófica del positivismo: el neopositivismo o filosofía del Círculo de Viena, que abandona todo interés por la sociología y la teoría de la historia y se interesa exclusivamente por la filosofía de la ciencia. Para entender las relaciones entre positivismo y neopositivismo debemos ocuparnos de un aspecto aún no comentado del tema en cuestión: las relaciones entre positivismo y psicología, y el nacimiento del conductismo (12).

Positivismo y conductismo

Resulta imprescindible, antes de entrar en materia, referirnos a la cuestión de la psicología en el positivismo, lo cual en palabras de José Luis Pinillos, no deja de ser paradójico, pues Comte dejó a la psicología sin lugar propio en el sistema de las ciencias (12). En la clasificación comtiana de las ciencias no aparece incluida la psicología; de la biología se pasa a la sociología, sin más. A juicio de Comte la introspección era imposible, y en consecuencia también lo era la psicología.

En tiempos de Comte la psicología estaba representada por filósofos como Victor Cousin, que practicaban una especie de psicología mentalista, que era para Comte un seudosaber, última transformación de la teología y de la metafísica del alma. Y sin embargo, vuelve a señalarnos Pinillos, la historia nos tiene acostumbrados a que las acciones de los hombres tengan con frecuencia consecuencias muy distintas de las previstas por sus autores. Y en el caso de Comte y la psicología esto fue precisamente lo que ocurrió, porque el positivismo contribuyó en gran manera al nacimiento de una importante escuela psicológica: el conductismo, cuyo creador indiscutible fue John Broadus Watson, a partir de su primera publicación, en 1913: Psychology as the behaviorist views it.

El rechazo de Comte a la psicología es sobretodo un rechazo a la introspección, al subjetivismo y a la psicología mentalista. Una psicología objetiva que se atuviera a los hechos y a sus relaciones públicamente observables era lo que en el fondo estaba exigiendo el positivismo comtiano. Y eso es lo que Watson estableció, o pretendió establecer.

Sin embargo, no es lineal el camino que conduce de Comte a Watson. Para seguir esta línea tendríamos que tener en cuenta a Haeckel, a William James, al biólogo Jacques Loeb, descubridor de los tropismos, al célebre Ivan Petrowitsch Pavlov, a las incursiones en psicología del físico Ernest Mach y a tantos otros. Lo que sí que es cierto es que cuando Watson, en la anteriormente mencionada publicación, hace pública su concepción de la psicología como ciencia experimental, puramente objetiva, de los procesos adaptativos del organismo, fundamentada en la fisiología del sistema nervioso, en la predicción y el control de la conducta y en el rechazo a la introspección, parece que el sueño de Agusto Comte está a punto de realizarse.

De alguna manera Watson será el nexo ideológico más nítido entre el positivismo comtiano y el neopositivismo. Desde un punto de vista estricto no podemos considerar al conductismo como la psicología del neopositivismo, entre otras razones por que cuando Watson escribió su manifiesto behaviorista faltaban aún unos quince años para que se constituyera el Círculo de Viena y para que Bridgman publicara su influyente lógica de la física moderna.

El conductismo fue la forma que adoptó la psicología objetiva en este siglo, al menos hasta que los etólogos, estudiosos de la conducta animal procedentes de la zoología, vinieron a discutir algunos de sus principales presupuestos, pero ésta ya es otra historia (13). Muy pronto el operacionismo y el neopositivismo acudieron a consolidar la endeble base filosófica de Watson y sus seguidores. Éste se había formado como psicólogo en los laboratorios de psicología animal de Chicago y Hopkins, donde, desde luego, la experiencia interior no servía de mucho. Es comprensible que su rechazo de la introspección fuera tan inequívoco como el de Comte, aun cuando las razones no fueran exactamente las mismas que las del filósofo francés.

El neopositivismo

Para terminar vamos a referirnos a esta escuela filosófica, continuadora en el mundo académico del positivismo comtiano, aunque profundamente revisado en algunos aspectos. Tal como hemos mencionado el conductismo de Watson puede considerarse el nexo de unión entre el positivismo y el neopositivismo.

El neopositivismo es una creación intelectual del llamado Círculo de Viena, grupo organizado en torno a la Cátedra de Filosofía de las Ciencias Inductivas, que ganó Moritz Schlick, en la Universidad de Viena en 1922, y rápidamente congregó a físicos, matemáticos ,economistas, psicólogos , lingüistas y filósofos. Su aparición respondió al proceso de profunda transformación que la ciencia había experimentado a principios del Siglo XX con la emergencia de la teoría de la Relatividad de Einstein, el desarrollo de la lógica matemática ligada a la teoría de conjuntos y a la aparición de la mecánica cuántica.

El Círculo de Viena proyectó elaborar una filosofía científica que rompiera con la metafísica, al menos con la imperante en los países germanos. Considerándose herederos de la revolución lógica de principios de siglo y de la revolución relativista de Einstein, sus miembros trataron de producir una autentica revolución filosófica, apelando para ello al proyecto de Comte de una ciencia unificada y a las epistemologías empiristas de Mach y de Wittgenstein. Obras como la de Nagel y de Hempel son las expresiones más sistemáticas de esta filosofía. Es un intento serio de realización del proyecto de Comte en lo relativo a la unificación de la ciencia y de rechazo a la metafísica, pero olvidando todo lo relativo a la filosofía de la historia. La filosofía de la ciencia tiene que ser el instrumento para la construcción de la filosofía positiva, en lugar de las vagas especulaciones sociológicas de Comte. El descubrimiento de la historicidad de la ciencia queda aquí absolutamente olvidado.

El empirismo lógico del Circulo de Viena mantuvo una influencia considerable hasta los años 60, a pesar de las críticas de Popper a algunas de sus tesis (inductivismo, confirmacionismo). La crisis de esta filosofía se inicia a partir de la obra de Kuhn, La estructura de las Revoluciones Científicas (14), que según acuerdo de la mayoría de los comentaristas ha supuesto un punto de inflexión en los estudios sobre la ciencia en el siglo XX (15).

1- Discurso sobre el espíritu positivo. Edición de la “Revista de Occidente”, Madrid 1934. Traducción de J. Marías.

2- Op. cit.

3- Op. cit.

4- Op. cit.

5- Op. cit.

6- Insistimos en el término creencia, que tiene poco de positivo.

7- En su fundamental Introducción al estudio de la medicina experimental.

8- K. E. Rothschin: “La Fisiología Positivista” en Historia Universal de la Medicina, dirigida por Pedro Laín Entralgo. Ed. Salvat, Barcelona 1974.

9- José Ortega y Gasset: Dos Prólogos. Madrid; Revista de Occidente 1944.

10- G. Morente: “el primero que verdaderamente puso las bases para el pensamiento de progreso y la creencia en el progreso,fue Kant”. Ensayo sobre el Progresismo, Revista de Occidente, núm. CIV, pg. 165.

11- Véase Ernst Junger: El Trabajador. Ed. Tusquets, Barcelona, 1990.

12- Para más información sobre el conductismo véase José Alsina: Etología, ciencia actual. Ed. Anthropos, Barcelona 1986.

12- José Luis Pinillos: “La Psicología en el positivismo” en Historia Universal de la Medicina dirigida por Pedro Laín Entralgo. Ed. Salvat, Barcelona, 1974.

13- Véase la obra ya citada de José Alsina: Etología, ciencia actual.

14- Thomas S. Kuhn: La Estructura de las Revoluciones Científicas. Fondo de Cultura Económica. Madrid, 1962.

15- Véase Javier Echeverra: Filosofía de la Ciencia. Ed. Akal, Madrid 1995.

* José Alsina es Catedrático de Biología y Geología y Diplomado y Máster en Historia de la Ciencia por la Universidad Autónoma de Barcelona, así como Secretario general de la Fundación José Alsina i Clota para la investigación educativa. Miembro de las Sociedades Española y Catalana de Historia de la Ciencia y de la Técnica, es autor de Etología: ciencia actual (Anthropos, 1986) y de numerosos artículos en revistas especializadas.
Este artículo fue publicado por la revista Hespérides, en su número 12.