El federalismo identitario: del “E Pluribus Unum” al “E Unum Pluribus” (y III)

ANDREW KORYBKOpor Andrew Korybko – (Por favor, lea la Parte I y la Parte II antes de leer este artículo).

Contrariamente a los beneficios geopolíticos que los Estados Unidos esperan obtener del avance del federalismo identitario en ciertos estados, también hay algunas áreas del mundo en las que su incidencia intencional o incidental podría representar una derrota desastrosa para su gran estrategia. Estos son los dos estados europeos clave de España y Ucrania, y el bastión unipolar de América del Norte.

Retroceso anti-unipolar

Una de las piedras angulares de la política estadounidense hacia Eurasia es el ejercicio del control hegemónico sobre una Europa ocupada por la OTAN, promoviendo su cada vez mayor integración institucional a través de la UE, mientras simultáneamente contempla a su patrón del otro lado del Atlántico vía los componentes complementarios de la tríada, como son la OTAN y el TTIP. Washington quiere mantener de forma permanente a Bruselas en una posición subordinadamente debilitada para que nunca pueda expresar de forma independiente sus instintos geopolíticos naturales, estrechando pragmáticamente su cooperación con los núcleos conectivos trans-eurasiáticos de Rusia y China. Al adaptarse con flexibilidad a diversas circunstancias (especialmente las actuales), Estados Unidos tiene un plan de respaldo para canonizar un proyecto “Intermarum” liderado por Polonia que actuaría como un “cordón sanitario” anti-ruso que se extienda desde la costa del Ártico de Escandinavia a las orillas del Mediterráneo oriental de Turquía. El objetivo de esta entidad sería impedir un posible acercamiento de Europa Occidental con Rusia, pero que sin embargo buscaría críticamente conservar la unidad institucional formal (UE / OTAN) del mayor poder subsidiario euroatlántico que los Estados Unidos han construido a lo largo de los últimos 60 años. Si se socava de manera sustancial el progreso neo-colonial de integración que se ha hecho a lo largo de este período de tiempo, entonces todo el arreglo hegemónico sería mucho más difícil de coordinar y correría el riesgo de implosionar.

Es a través de este contexto estratégico que se pueden comprender mejor los efectos globales debilitantes que el federalismo identitario en España y / o en Ucrania tendrían para todo el proyecto euroatlántico en su conjunto. Una estructura federal muy floja en estos estados periféricos debilitaría la influencia supra-nacional que la UE y la OTAN tienen sobre ambos (siendo Ucrania esencialmente un miembro menor no oficial de cada una). Además, también podría sentar un precedente institucional que podrían agitar otras poblaciones en situaciones similares, como los escoceses del Reino Unido, los corsos de Francia, los italianos del norte de Italia, los bávaros de Alemania, los silesios de Polonia y los húngaros de Rumanía. Esta es una de las razones por las que Bruselas y Washington se oponen sin concesiones a la independencia catalana, pero también se oponen igualmente a una solución de federalismo identitario por los mismos motivos en las obligaciones domésticas del Reino. Con Ucrania, la situación es muy similar, aunque tiene más connotaciones de Nueva Guerra Fría. Estados Unidos quiere maximizar su influencia sobre toda la Ucrania “unitaria”, y no está dispuesto a “ceder” ningún centímetro cuadrado de influencia a Rusia fuera del Donbass en cualquier Estado federalizado identitariamente. Sin embargo, dada la complejidad del federalismo identitario, sería imposible para los EE.UU. y sus aliados controlar totalmente todas las otras partes federalizadas constituyentes que naturalmente se crearían bajo un marco de este tipo, especialmente alrededor de Odessa, por lo que no tienen ningún afán por verlo puesto en práctica cuando ahora ya dominan la mayor parte del territorio del país.

Volviendo a la federalización identitaria de España, esta podría debilitar al país hasta el punto de ser institucionalmente impotente para defenderse a sí misma y al resto de Europa de cualquier próxima ola de inmigración que podría emanar de una Argelia post-Bouteflika, especialmente en el caso de que una crisis sucesoria allí desencadenara una guerra civil que eventualmente involucrara al Daesh. La mencionada afluencia de inmigrantes civilizacionalmente distintos podría llegar a ser el factor desencadenante para iniciar en primer lugar el proceso de federalización identitaria, lo que en ese caso implicaría una interconexión de destinos geopolíticos entre la Península Ibérica y sus vecinos del norte de África. Mientras que Estados Unidos está cínicamente interesado en mantener a Europa Occidental en un estado de perpetua tensión de Revolución de color para evitar su cooperación pragmática con Rusia y China (idea que se explica en su totalidad durante una de las primeras entrevistas del autor sobre el tema), es extremadamente improbable en este momento que pudiera desplegar deliberadamente otro “Arma de Migración Masiva” para hacerlo, ya que obviamente sería incontrolable (especialmente si se activa al mismo tiempo que el otro objetivo del Corredor Balcánico), y probablemente conduciría a un completo colapso institucional de la UE y a su total revisión existencial. Mientras la utilidad estratégica de toda la UE siga siendo algo salvable para los Estados Unidos (estando sólidamente bajo su control en este momento, que está lejos de ser precario), entonces no correrá el riesgo de llevar a cabo una táctica de “tierra quemada” para destruirla que también podría poner en peligro el proyecto Intermarum. Sin embargo, esto es exactamente lo que podría suceder si un conflicto orgánico estallara en Argelia o si los EE.UU. pierden el control allí de un plan de guerra híbrida.

Previsiones de América del Norte

Doble moral:

El mantra no oficial del “E Pluribus Unum”, o lo que de otro modo podría entenderse como unidad de la identidad, se aplica selectivamente sólo en áreas donde estratégicamente es más conveniente hacerlo (es decir, España y Ucrania), mientras que todos los demás lugares tienen el potencial de caer víctimas de la política del “E Unum Pluribus”, que esta investigación pronostica tomará más regularmente la forma de federalismo identitario en los próximos años. La promoción más popular de Washington del “E Unum Pluribus” se opone a la forma en que administra sus propios asuntos internos, demostrando hipócritamente una doble moral gracias a la cual la exportación militante de su modelo “democrático” omite habitualmente este componente clave. Este ardid calculado se basa en consideraciones estratégicas obvias, lo que ilustra que los Estados Unidos tienen una comprensión inherente de las consecuencias desestabilizadoras del federalismo identitario. Estando compuesto por una pluralidad de grupos identitarios, los Estados Unidos saben quizás mejor que cualquier otro país los peligros que el federalismo identitario “democráticamente conducido” puede plantear a la unidad cohesiva de estados con una diversidad de población, lo que explica por qué impone un estado (policial) de “seguridad nacional” sobre sus ciudadanos y ataca tan agresivamente a todos los defensores de base que buscan reformar los poderes del gobierno federal en cualquier capacidad sustancial.

El tema prohibido’:

Seguramente está garantizada una mayor investigación sobre las perspectivas aplicables del federalismo identitario dentro de los Estados Unidos y sus vecinos canadienses y mexicanos, aunque las conclusiones alcanzadas serán con toda seguridad representadas como “políticamente incorrectas” en estos países debido a su enfoque sobre las variables de distinción identitaria raciales, religiosas, regionales y otras. Si bien es cierto que se han llevado a cabo muchos estudios sobre las diferencias identitarias dentro de esos estados, no han cruzado (públicamente) el umbral de unir sus conclusiones a cómo repercute esto en el potencial de reforma de la administración política interna del país respectivo, que es por lo que cualquiera que lo haga corre el predecible riesgo de que su trabajo sea etiquetado como “sedicioso” y, en consecuencia, una “amenaza para la seguridad nacional”. Por estas razones, el estudio tendría que ser conducido por investigadores expertos del extranjero para evitarles las repercusiones políticas que resultarían de su trabajo si estuvieran localizados en Norteamérica, lo que sólo confirma la importancia estratégica sin precedentes que tal proyecto implicaría.

Efecto boomerang:

Al igual que las revoluciones de color, las guerras no convencionales y las guerras híbridas, el federalismo identitario es otro arma estratégica que podría eventualmente ser un boomerang que se volviera contra su creador estadounidense, ya sea directamente propugnado dentro de sus fronteras a través de cualquiera de estos medios mencionados o indirectamente promovido a través del impacto demostrativo y coyuntural al que daría lugar su puesta en práctica en Canadá y / o México. La amenaza que siente el establishment tradicional de los EE.UU. respecto al federalismo identitario y su búsqueda a través de las tecnologías políticas entrelazadas de las revoluciones del color, las guerras no convencionales y las guerras híbridas subrayan por qué ha buscado frenéticamente construir un estado (policial) de “seguridad nacional” desde el final de la antigua Guerra Fría. Las élites federales no tienen necesariamente miedo de que una potencia extranjera utilice estas técnicas para perseguir estos fines (prediciendo con exactitud que el pueblo estadounidense se resistiría a tal empuje puramente por principios patrióticos), pero temen que su propia ciudadanía, ebria de la ideología de la “democracia” patrocinada por el estado y sin darse cuenta de sus cínicos objetivos de control, podría sentirse un día lo suficientemente envalentonada como para hacerlo en su lugar.

El talón de Aquiles de la unipolaridad:

Objetivamente hablando, un movimiento de bases hacia el federalismo identitario y el “E Unum Pluribus” podría ser el talón de Aquiles en socavar la posición hegemónica de los Estados Unidos en todo el mundo. Un intento coordinado de perseguir esto, especialmente uno que irónicamente incorporara información disponible públicamente en Estados Unidos sobre las revoluciones de color, las guerras no convencionales y las guerras híbridas, podría tener el potencial de tumbar sustancialmente la estabilidad interna de los EE.UU. hasta ahora dada por sentado, ya sea por tener éxito o simplemente por intentarlo. Ya se ha explicado cómo el éxito del federalismo identitario podría lograr esto, pero su promoción activa en los EE.UU. también podría hacerlo simplemente incitando una represión del Estado sobre la población civil. Cuanto más grande, más público y físicamente concentrado sea el movimiento en el momento del asalto del gobierno, más probable es que resulte en algún tipo de daño físico colateral, ya sea a través de las heridas y / o la muerte de los activistas involucrados, y / o de las fuerzas del estado que responden (ya sea policía local, guardia nacional y / o agentes federales).

Occupy Wall Street, Black Lives Matter, y las milicias:

Siempre existe la posibilidad de que estos encuentros impredecibles puedan conducir rápidamente a una cadena de acontecimientos caóticos en cascada que escapen al control del gobierno, por lo que últimamente se trata muy cuidadosamente de responder a todo tipo de disturbios domésticos, ya sean los disturbios de “Occupy Wall Street”, “Black Lives Matter”, o los enfrentamientos de Nevada y Oregon, entre otros. El último recurso es siempre un brutal despliegue militar como el llevado a cabo en Waco en 1993, pero ese es exactamente el tipo de escenario que el gobierno está dispuesto a evitar durante el mayor tiempo posible, especialmente en el caso de que se transmita en vivo y se difunda en los medios de comunicación social. Las autoridades federales no quieren que el público en general conozca su represión violenta de la ciudadanía, y en el caso de que sea inevitable desde su perspectiva, entonces quieren ser capaces de controlar la narración y de pintar a sus oponentes como “radicales, violentos, extremistas” para “justificar” sus acciones.

El denominador común del federalismo identitario:

Una vez más, debe enfatizarse que el establishment estadounidense se esforzará por extinguir el federalismo identitario, incluso en lo que sospeche es su prototipo de manifestación de conciencia de clase (Occupy Wall Street), de intereses raciales (Black Lives Matter), y de derechos de los estados (Nevada y Oregon). La concordancia entre estos casos aparentemente dispares es que todos ellos demostraron la capacidad de transformar su tipo específico de distinción identitaria en una causa política que, desde el paranoico punto de vista de la élite estadounidense, podría un día combinarse entre sí a través de un gran frente buscando reformar la administración interna del país y otorgar más soberanía a sus respectivos grupos (es decir, un federalismo identitario, ya sea que se llame o no con este nombre). No hay mayor amenaza para los actuales peces gordos de Estados Unidos que esta mezcolanza de formaciones identitarias, mantenidas artificialmente divididas a través de una multitud de astutos diseños dirigidos por los medios de comunicación, y torpes errores tácticos, uniéndose unos a otros a través de una amplia coalición. Si se reunieran bajo una sola bandera, podían llevar a cabo manifestaciones a gran escala y coordinadas para promover pacíficamente un cambio sin precedentes y directamente democrático (como eludiendo al Congreso mediante un referéndum o una serie de ellos), para alterar fundamentalmente toda la forma como se dirige los Estados Unidos, y este escenario tiene la a élite estadounidense absolutamente asustada.

Conclusiones

El federalismo identitario es una innovación político-estratégica de vanguardia que está siendo puesta en práctica en todo el mundo. Sobre la superficie de las cosas, representa la “solución de compromiso” ideal para varias partes en conflicto, otorgando un alto grado de soberanía a cada unidad probable mientras conserva nominalmente la unidad del estado. También puede proporcionar una medida ideal para “salvar la cara” de los líderes asediados que se encuentran como víctimas de un dilema de guerra híbrida, dándoles la posibilidad de permanecer en el cargo siempre y cuando trasladen ciertas competencias dictadas a la nueva unidad federalizada identitariamente. Analizado desde este ángulo, el federalismo identitario también podría ser utilizado como un arma estratégica, y esto es en realidad cómo se prevé que sea utilizado en campos de batalla escogidos en África, los Balcanes, el Medio Oriente, y el sur y el sudeste de Asia. Irónicamente, el federalismo identitario podría ser la única solución pragmática para mantener la unidad nominal española y ucraniana, aunque en estos dos casos Estados Unidos se opone firmemente por temor a que pueda desencadenar una reacción en cadena que podría poner en peligro la hegemonía de Washington sobre Europa.

La hipócrita doble moral de Washington hacia el “E Pluribus Unum” dentro de la esfera unipolar y el “E Unum Pluribus” fuera de ella, se explican por su gran visión estratégica, mediante la cual busca unir las tierras que controla y dividir las que no. A través de una serie de eventuales serpenteos y connivencias, Estados Unidos pretende más tarde “unir” los estados federalizados identitariamente que ayudó a crear, reuniéndolos bajo su paraguas hegemónico a través de diversos mecanismos de representación, llevando así todo el concepto estratégico del “E Unum Pluribus” de vuelta al punto de partida hasta una deformada concepción del “E Pluribus Unum”. El problema con la conversión en un arma del federalismo identitario, sin embargo, es que podría un día volverse como un boomerang contra los propios Estados Unidos, especialmente en el caso de que grupos motivados políticamente por la identidad dentro del país, se unan para optimizar sus tácticas aplicando algunos de los preceptos aprendidos de la información disponible públicamente sobre las revoluciones del color, la guerra no convencional, y las guerras híbridas (ellas mismas, irónicamente, convertidas en armas capaces de volverse como un boomerang desplegadas actualmente por los EEUU en el extranjero). En definitiva, mientras que el federalismo identitario representa el último arma asimétrica del arsenal de guerra de quinta generación estadounidense, podría ser involuntariamente el que finalmente se volviera en contra y compensara todos sus anteriores beneficios unipolares, alcanzados desde el final de la vieja guerra fría.

niiglob.ru

Fuente: Katehon.

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