El beneficio de los límites

benoistEn esta entrevista reciente con la revista católica Le Nef, Alain de Benoist analiza los orígenes y la evolución de la “nueva derecha” francesa, así como su propio pensamiento, el liberalismo, el futuro de la política, y su idea del paganismo.

Hemos tenido el placer de entrevistar a los más grandes intelectuales franceses, desde Chantal Delsol a Pierre Manent, pasando por Marcel Gauchet, Alain Finkielkraut, Jacques Juillard, y algunos otros, en nuestras columnas. Alain de Benoist no es cristiano y por lo tanto divergimos en algunos puntos, pero es una gran mente abierta al debate y con la que abundan las convergencias. Mientras permanece en gran medida en el ostracismo en los  ‘principales medios de comunicación’, estamos felices y honrados de darle la palabra aquí.

Le Nef: Usted es uno de los fundadores de la “Nouvelle Droite”, del GRECE, y de muchas revistas de este movimiento. ¿Podría recordar las circunstancias de estas fundaciones y las principales ideas que usted defiende?

Alain de Benoist: Lo que fue designado mucho más tarde con la muy mediocre expresión de ‘Nouvelle Droite’ [Nueva Derecha] nació en 1967-1968, un poco antes de los acontecimientos en París durante el mes de mayo. Adolescente, había conocido en los cuatro o cinco años anteriores una experiencia de intensa militancia política, total, podría decirse, en el seno de la derecha radical (la Fédération des étudiants nationalistes de François d’Orcival, después el movimiento de la revista Europe Action, fundada por Dominique Venner). Una ruda escuela y una experiencia que marca, pero cuyos límites probé rápidamente. A los 25 años de edad, entendí que era un hombre de conocimiento, no un hombre de poder, por hablar como Raymond Abellio. Por otra parte, estaba cansado de las consignas y de las ideas ya hechas. Así que rompí definitivamente tanto con la acción política como con la extrema derecha, a fin de consagrarme por completo a la obra del pensamiento. Es entonces cuando creé la revista Nouvelle École, poco antes de la puesta en marcha del GRECE. La revista Éléments apareció en 1972. También lancé la revista Krisis en 1988, que pretendía ser una ‘revista de ideas y debates’. Estas tres revistas todavía se publican hoy. Mi intención era entonces volver a empezar desde cero, es decir, inventariar sistemáticamente todos los dominios del conocimiento con el fin de conducir al desarrollo de una nueva concepción del mundo, capaz de clarificar el momento histórico en que vivimos. ¡Tenía en mente el ejemplo de la Escuela de Frankfurt, de la Action Française, y del CNRS! Por supuesto tuvimos que rebajar nuestras miras. Al menos puedo decir que desde hace medio siglo, nunca me he fijado otros objetivos.

Le Nef: Usted colaboró con Figaro Magazine a finales de la década de 1970: ganó notoriedad allí, pero fue expulsado. ¿Fue ya por ‘delito de opinión’, y podemos ver en este episodio el comienzo del ostracismo mediático del que ha sido víctima?

AdB: Las cosas son más simples. Louis Pauwels, cuando creó Figaro Magazine, me pidió que lo hiciera con él, lo cual acepté. Muchos de mis amigos también participaron en esta aventura. Tres años más tarde, traumatizados por la llegada de la izquierda al poder, Pauwels decidió convertirse tanto al cristianismo como al liberalismo, a pesar de que anteriormente no era ni cristiano ni liberal. Monseñor Lustiger recibió su confesión. Siguiendo su ejemplo, habría sido fácil para mí mantener mis posiciones en Fig. Mag. No lo hice. La exclusión de la que usted habla era la consecuencia lógica. Pero no creo que fuera el origen del ostracismo que también ha mencionado. Eso es sólo un aspecto de la evolución más general del paisaje intelectual, que ha marginado progresivamente a una serie de pensadores libres y que ha afectado a muchos otros intelectuales, además de a mí. Es este muro de silencio que está empezando a desaparecer en la actualidad. El hielo ideológico está en trance de funfirse. ¡El calentamiento climático!

Le Nef: En el momento se le reprochó defender “teorías racistas”: ¿qué había en realidad, y qué ha cambiado en estos temas? ¿No es que estas viejas acusaciones se pegan a la piel?

AdB: ¡Los pequeños fiscales que quieren regentar hoy los medios de comunicación no reparan en medios! Los fantasmas ‘racialistas’ forman parte de un bagaje de juventud del que soltré lastre hace mucho tiempo. Publiqué tres libros contra el racismo, en los que he deconstruido metódicamente las teorías racistas con el fin de demostrar su falsedad intrínseca. He hecho lo mismo con todas las doctrinas que pretenden reconducir a la sola biología la especificidad histórico-social de las sociedades humanas. Y cuando hablo de la identidad, es a Martin Buber al que me refiero, ¡no a Gobineau! Es suficiente leerme para verlo (material no falta: 102 libros, 2.000 artículos, 600 entrevistas). Pero ya no soy tan ingenuo: por el contrario, sé muy bien que el verdadero objetivo es evitar que la gente me lea.

Le Nef: En relación con el inicio de la ‘Nouvelle Droite”, ¿cuáles son los puntos principales que usted cree que han cambiado y cuáles son los temas fundamentales, persistentes?

AdB: Más de cambios, hubo inflexiones. Por ejemplo, hoy yo ya no suscribiría el rechazo completo al pensamiento de Freud o de Marx al que me adherí en la década de 1970. Al lado de los grandes polos de influencia que me marcaron muy temprano, como el pensamiento socialista de los inicios del movimiento obrero (Sorel, Proudhon, Leroux, Malon), los “no conformistas” de la década de 1930 (Mounier, Robert Aron, Alexandre Marc), o la Revolución Conservadora alemana (Schmitt, Spengler, Jünger, Moeller van den Bruck), mi interés se ha vuelto cada vez más hacia las ciencias sociales, de Max Weber a Jean-Claude Michéa, pasando por Simmel, Sombart, Baudrillard, y Louis Dumont. Pero también proseguí mis obras sobre las tradiciones populares y la historia de las religiones.

Le Nef: ¿Cómo analiza la aparición de lo “políticamente correcto”, con su principal vector, que es el antirracismo, y la poca resistencia que ha encontrado?

AdB: Originalmente es una moda venida de los Estados Unidos. En Francia floreció en la izquierda, pero también marca el final de un izquierda fiel a sus inspiraciones iniciales. Al privilegiar el antirracismo y la “lucha contra todo tipo de discriminación”, la izquierda buscó un sujeto histórico de reemplazo porque rompió deliberadamente con el pueblo. Al recitar los mantras de los derechos humanos y llamar a respetar, incluso a nivel institucional, cualquier forma de “deseo”, quiere ocultar su vergonzosa adhesión al monoteísmo del mercado. Esta infflexión apenas encontró resistencia porque el terreno había sido preparado, durante al menos dos siglos, por lo que he llamado la ideología de “lo mismo”, esta ideología multiforme que nos dice que los hombres son fundamentalmente los mismos en todas partes y que las diferencias que se constatan entre ellos son secundarias, si no perjudiciales. La igualdad, en esta perspectiva, deviene sinónimo de mismidad.

Le Nef: Usted ha escrito mucho sobre el liberalismo. Mientras que nuestro país sufre un socialismo de estado sofocante, mientras que la violencia islamista se desata entre nosotros con una inmigración pletórica, mientras que se ‘deconstruye’ al hombre paso a paso desde la teoría de género al transhumanismo, en resumen, mientras tantas amenazas concretas nos abruman, ¿por qué el liberalismo es también un peligro en este contexto?

AdB: Las amenazas más ruidosas y más visibles no son necesariamente las más importantes. Algunas son tanto más temibles cuanto que son silenciosas, como la creciente importancia de la inteligencia artificial o la convergencia de las NBIC (nanotecnología, biotecnología, informática y ciencias cognitivas), en la fabricación y transformación de lo viviente. Si privilegio la crítica del liberalismo, es porque actualmente representa la ideología dominante en la mayoría de los países del planeta, pero también porque está en el origen de la mayoría de los peligros que menciona. El transhumanismo y la ideología de género reposan ambos en la idea de que el hombre puede crearse a sí mismo a partir de la nada, lo que es perfectamente conforme a la antropología liberal, que no ve al hombre como un heredero sino como un ser habilitado para perseguir siempre de manera egoísta su mejor interés, y cuyas elecciones se efectúan siempre aguas abajo del mismo. La inmigración representa originalmente el “ejército de reserva” de la patronal: los liberales siempre han sido partidarios de la libre circulación de personas, bienes y capitales. Frente a las patologías sociales resultantes, no tienen nada que ofrecer más que la creación de un “mercado de la inmigración” (¡como quieren crear también un mercado del derecho a contaminar!). En cuanto a la violencia islamista, no es más que el resultado convulsivo de las guerras “humanitarias” lanzadas en el Cercano Oriente por las potencias occidentales dominadas por la universalidad de los derechos humanos y obsesionadas con el mercado.

Le Nef: Según usted, ¿los problemas que acabo de mencionar delinean nuevas divisiones políticas?, y si es así, ¿cuáles?

AdB: Nacida de la modernidad, la división izquierda-derecha se desvanece con la modernidad. Sólo se aferran a ella aquellos que todavía no han comprendido que el mundo ha cambiado, y que los instrumentos conceptuales obsoletos no permiten el análisis. La única verdadera división actual es que la que opone la Francia periférica a la Francia urbanizada, el pueblo a las élites globalizadas, la gente común a la Casta, las clases populares a la gran burguesía globalista, los perdedores a los beneficiarios de la globalización, los defensores de las fronteras a los partidarios de la “apertura”, los “invisibles” a la “sobre-representados”, los de abajo a los de arriba, en suma. En este punto me remito a las obras de Christopher Lasch y Christophe Guilluy. Sólo desde esta perspectiva podemos entender un fenómeno como el aumento de los populismos, que constituye la única verdadera novedad política de los últimos treinta años.

Le Nef: ¿Cree que estos problemas pueden encontrar soluciones en el marco del debate electoral, y así estar en vías de resolución como consecuencia de una “buena” elección?

AdB: No creo mucho en las “buenas” elecciones, ni que la forma de partido tenga todavía mucho futuro. En las circunstancias actuales, las elecciones permiten la alternancia, pero no la alternativa: nos quedamos en el mismo paradigma social. Toda la cuestión es saber cómo podemos cambiarlo. Incluso si vivimos en la época de las implosiones más que en la de las explosiones, mi sensación es que solo cambiaremos la sociedad cuando llegue a ser imposible no cambiarla. Es otra manera de interrogarse sobre el fin del capitalismo, que deseo. Lo he escrito muchas veces: el sistema del dinero perecerá por el dinero.

Le Nef: ¿Qué significa el combate cultural para usted, y cómo lo sitúa en relación con la acción política?

AdB: La cultura general ha desaparecido en la escuela, la clase política actual consiste principalmente en incultos instruidos, como dice Alain Finkielkraut. Además, los partidos políticos han sido siempre desconfiados frente al vis-à-vis de las ideas, que a sus ojos dividen inútilmente. En cuanto a la derecha, no quiso mucho nunca a los intelectuales. El trabajo cultural, que tiene como objetivo cambiar el espíritu de la época, debe seguir por lo tanto otros canales.

Le Nef: Los Estados Unidos tendrán un nuevo presidente en otoño. ¿Cree que esto va a cambiar concretamente alguna cosa en el equilibrio del mundo?

AdB: Los Estados Unidos han entrado en una fase de declive relativo, pero siguen siendo una potencia que sería un error subestimar. Con Hillary Clinton, que es el representante de los ambientes de negocios y del establishment, el riesgo principal es el de un relanzamiento de la guerra fría, incluso de la guerra a secas. ¡El capital siempre ha acudido a la guerra cuando no hay otro medio de relanzar la carrera por el beneficio! Donald Trump representa lo desconocido. Al menos, sería conforme con el principio de precaución el recordar que, si Europa tiene siempre gobiernos pro-estadounidenses, nunca ha habido un gobierno pro-europeo en los Estados Unidos.

Le Nef: Usted se define a sí mismo como ‘pagano’: ¿qué es para usted ser pagano? ¿Y qué es lo que funda su antropología?

AdB: ¿Cómo resumir en unas pocas frases – ¡y por otra parte en una revista católica! – una posición sobre la que he escrito ya muchos miles de páginas? La oposición entre cristianos y paganos no se reduce evidentemente al número de dioses. El paganismo es en primer lugar una religión de la ciudad (los griegos rendían culto a los dioses griegos). Es luego una religión del cosmos y de la vida, donde la ética y la estética no entran nunca en oposición. El paganismo es la ética del honor, no la moral del pecado. Es la condena de la desmesura (hybris), el sentido de los límites, la negación del primado de todo lo que no es más que material. Históricamente, el cristianismo es un fenómeno híbrido que debió arreglarse en las formas con el paganismo sin dejar por eso de combatirlo en el fondo. Es esta complejidad la que he tratado de sacar a la luz en Comment peut-on être païen? [¿Cómo se puede ser pagano?] (1981), y tal vez aún más en mi diálogo con el filósofo cristiano Thomas Molnar en L’Eclipse du Sacré [El eclipse de lo Sagrado] (1986).

No me gustan los que no creen en nada. Creo que con el fin de dar lo mejor de uno mismo, con el de alcanzar su telos, el hombre tiene que apelar a algo que lo supere. Pero yo no creo en ningún ‘otro mundo’, en ningún mundo del más allá. Yo no creo en la distinción teológica del ser creado y del ser increado. Es por eso que me siento más en mi casa sumergiéndome en las epopeyas homéricas o en el Cantar de los Nibelungos, en practicar a Heráclito, Aristóteles, Séneca o Marco Aurelio, que en leer a San Pablo o a San Agustín. He estudiado los orígenes del cristianismo desde hace más de cuarenta años. No veo nada creíble o atractivo. Al cristianismo yo le reprocho su universalismo (el “pueblo de Dios” no se corresponde con ningún pueblo), que le impide, cuando es dejado a sí mismo, asumir una dimensión identitaria. Le reprocho haber introducido el individuo-universalismo en el espacio mental europeo, haber vaciado el mundo de toda sacralidad intrínseca, haber propagado una concepción vectorial y lineal de la historia de la que surgieron todos los historicismos modernos, haber diseminado estas “verdades cristianas vueltas locas” (Chesterton) que, una vez secularizadas, formaron el pedestal del mundo desencantado, vacío de sentido, donde vivimos hoy.

Al mismo tiempo, si leyó mis memorias (Mémoire vive), que fueron publicadas hace cuatro años, ya sabe lo que le debo a autores como Charles Péguy y Bernanos. También recuerdo con cariño a Gustave Thibon y Jean-Marie Paupert, con quien mantuve relaciones muy afectuosas, compartidas al parecer (¡es en La Nef, en octubre de 2003, que Paupert tuvo la bondad de definirme como su ‘alter ego’! ). Añado que no soy de los que hicieron muecas delante de la encíclica Laudato sí, y que el “ecosocialismo” de Francisco me viene muy bien. Sobre la condena de dinero, este “estiércol del diablo”, sobre el rechazo de la pleonexia y la crematística, sobre la protección de los ecosistemas, sobre la condena de la “mercantilización” de la vida (que los católicos olvidan con demasiada frecuencia, comienza con la venta de la fuerza de trabajo), sin duda puede haber convergencia.

Las discusiones religiosas son discusiones sin fin. ¡Incluso los creyentes son ateos en la religión de los otros! La simple experiencia humana me ha demostrado desde hace mucho tiempo que entre los cristianos, los paganos, los ateos o los agnósticos, hay la misma proporción de hombres de bien y de espíritus libres, de sectarios miserables y de francos sinvergüenzas. Las ideas son una cosa, los hombres son otra. Juzgo a los hombres sobre todo por lo que valen (o me parecen valer) y no por lo que dicen. Es lo que me distingue a la vez de víboras santas, defensoras de lo “políticamente correcto”, y de los inquisidores del momento.

Le Nef: ¿Sobre qué temas principales dirige hoy su reflexión política o filosófica, y cuáles son para usted los principales peligros que nos amenazan?

AdB: Los peligros son de todo tipo, ya que nunca hemos vivido desde hace mucho tiempo en un mundo tan incierto. Entre aquellos que encuentro más preocupantes: la ilimitación mundial de la ideología de la mercancía, la desaparición de las culturas populares y de los modos de vida arraigados, la posible sustitución del hombre por la máquina, el agotamiento de los grandes proyectos colectivos, el aumento del tecnomorfismo [Nota del traductor: el technomorfismo hace alusión a la creciente influencia de la tecnología en la vida de las personas, hasta el punto en que la tecnología llega a dominar], y muchos otros. Esos son algunos de los temas sobre los que estoy pensando. Pero también trabajo sobre temas tan diferentes como la supresión de la política o los logros de la exégesis contemporánea. ¡Es difícil hacer todo a la vez!

Esta entrevista con Alain de Benoist fue publicada en francés en septiembre de 2016, en el Sitio Web La Nef. Christophe Geffroy fue el entrevistador.

Fuente: Katehon.

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