Escenarios de la gran Eurasia: la ASEAN

asean_por Andrew Korybko

Myanmar

Panlong 2.0

La guerra civil de más larga duración del mundo finalmente está llegando a su fin, con las partes más afectadas decidiendo que ahora es momento de sentarse y hablar de una solución federal al conflicto. Llamado así por la conferencia de 1947 que abrió el camino al (entonces) Estado de Birmania, se espera que esta próxima reunión sea un asunto largo y agotador ya que muchos grupos de intereses en conflicto se enfrentan sobre su visión deseada para el futuro del país. Es probable que broten diferentes relaciones políticas a corto plazo entre el gobierno central y las muchas facciones rebeldes, pero todas ellas serán transitorias y siempre cambiantes.

Según Myanmar se descentralice en una federación de identidades, va a convertirse en un centro de competencia aún mayor entre las grandes potencias, con cada una de las partes interesadas tratando de utilizar a uno u otro pequeño Estado o coalición de los mismos para su ventaja estratégica. El factor clave para monitorear durante este proceso de devolución es el papel que tendrá el ejército nacional, y si cada entidad federal futura tendrá sus propias fuerzas armadas y una extensa soberanía económica-política acorde. No hace falta decir que podría explotar inesperadamente una nueva ronda de guerra civil en Myanmar, como resultado de estas contradicciones internas y competiciones internacionales.

Nagalim causa problemas en Nueva Delhi

La comunidad naga transfronteriza que se extiende en el espacio entre la India y Myanmar, ya ha hecho que Nueva Delhi ordene al menos una incursión semi-encubierta en su vecino, pero a medida que recae Myanmar y los grupos separatistas nagas centrados en India están más envalentonados con la autonomía de facto o de jure (ya sea entre ellos y el gobierno central de Naypyidó, o el Estado de Sagaing en el que residen), hay una probabilidad de que ellos también se vuelvan más militantemente asertivos y en consecuencia provoquen más intervenciones transfronterizas indias.

Myanmar será presionado para actuar contra los insurgentes, pero las autoridades centrales podrían no querer poner en peligro la frágil paz que se asentó sobre el país durante o inmediatamente después de las tensas negociaciones federales, lo que equivaldría a que los nagas tuvieran esencialmente manos libres para hacer lo que les plazca a lo largo de la región fronteriza. Ante la perspectiva de que el territorio de su vecino se convierta en un refugio seguro a gran escala para los naga, y eventualmente incluso para todos los otros tipos de insurgentes del noreste, la India podría llevar a cabo una intervención sostenida en Myanmar como la que Turquía está actualmente llevando a cabo en el norte de Siria, con las mismas consecuencias impredecibles y de largo alcance.

Una Federación dentro de una federación

El identitariamente diverso estado de Shan solía tener un arreglo interno federal en el pasado, y como todo el país vuelva a una forma de gobierno federal en algún momento en el futuro, probablemente volverá al primer plano de la política de la región. La razón por la que está siendo específicamente mencionado es porque va a provocar una situación política muy compleja y propensa a los conflictos, por lo que la ya contorneada “Federación de Myanmar”, contendría una “Federación Shan” igualmente divisiva dentro de sus filas como una entidad constitutiva. La razón por la que es probable que cree problemas es debido a que el tablero de ajedrez de la competencia dentro del pequeño estado de Myanmar, podría ser trasplantado a un nivel micro dentro del estado de Shan, un área que es un corredor de tránsito esencial, rico en recursos naturales y tuberías de petróleo y gas de China, y algún posible ferrocarril a la bahía de Bengala.

Kachin se asegura la independencia

El estado del norte de Kachin ha estado luchando por la independencia durante décadas, y sería un acontecimiento de cambio de juego geopolítico si alguna vez lo consigue, ya sea de jure o de facto (como en una federación de identidades con el resto de Myanmar). Los menos de dos millones de personas que habitan este rincón del país no son mucho en comparación con sus más de mil millones vecinos, pero tienen recursos estratégicos que tanto la India como China envidian claramente. El jade, otro mineral, y los recursos hidroeléctricos de esta entidad pivotante podrían venderse por un considerable beneficio para sus vecinos, siempre que las autoridades locales sean lo suficientemente prudentes como para tomar ventaja de esto en toda su extensión, y el ejército central de Myanmar afloje su dominio sobre el comercio (posiblemente como parte de las condiciones para un federalismo identitario y la autonomía económica posterior). Si afloja el control de Naypyidó en el estado de Kachin, entonces esta demográficamente pequeña unidad podría convertirse en la próxima pieza del tira y afloja en la mucho más grande Guerra Fría chino-india, no menos importante debido a su ubicación entre estos dos gigantes asiáticos.

Mandalay, en el medio

La centralmente posicionada ciudad de Mandalay está entre las más importantes de Myanmar, no sólo por su tamaño, su ubicación y su producción económica, sino porque se encuentra en la unión de los proyectos de integración perpendiculares de China e India a través del país. La carretera de alta velocidad trilateral de la India pasa por la ciudad en su camino a Tailandia, mientras que los oleoductos y gasoductos chinos (y la prevista ruta ferroviaria) están muy cercanos también. Esto puede ser interpretado en el sentido de que Mandalay podría convertirse, bien en un centro de la cooperación entre Pekín y Nueva Delhi o, bien en uno de la competencia, siendo esto último lo más probable en caso de un gobierno regional, en gran medida autónomo a través de cualquier futura reorganización federalizante en el país, con ambos lados luchando por atraer a sus líderes y proteger sus inversiones allí.

Rohinyaland como el Kosovo del sur de Asia

Los bengalíes étnicos que habitan la parte norte del estado de Rakáin han sido mencionados por los medios de comunicación occidentales como “rohinya”, un término identitario inventado para justificar su, según se dice, historia “autóctona” en el noroeste de Myanmar, igual que la palabra “kosovar” estaba destinada a hacerlo con los albaneses en el suroeste de Yugoslavia/Serbia. El autor amplió en un artículo separado cómo esto podría fácilmente ser objeto de abuso por parte de Occidente, para ganancias geoestratégicas de divide y vencerás, con el pretexto de vender una “intervención humanitaria”, pero la idea general es que la difícil situación de esta comunidad, impulsada por los medios, podría ser explotada para justificar una presencia militar unilateral de los EEUU, o una multilateral de la ONU liderada por Estados Unidos en la estratégica región de la Bahía de Bengala.

Si tiene éxito, entonces Washington ganaría un lugar privilegiado desde el que podría influir indirectamente en la India y China, por no hablar de que afectaría directamente a sus proyectos de infraestructura en el país en su conjunto. Este escenario secundario se vuelve aún más posible en el caso de que Myanmar se convirtiera en una federación, ya que el Estado de Rakhine sería una unidad constitutiva, aunque potencialmente con una composición interna compleja si se concede la autonomía o el estado federal de “Rohingyaland” dentro de esta unidad (en una escala más sencilla de lo que podría suceder en el estado de Shan). Cabe mencionar que las tuberías de petróleo y gas de China terminan en el puerto de Rakhine de Kyaukpyu, y Nueva Delhi también está invirtiendo en una zona económica especial en Sittwe, para complementar un futuro gasoducto entre Myanmar y Bangaldesh-India, lo que subraya aún más hasta qué punto es estratégica la ubicación de esta provincia para la geoeconomía regional.

La desintegración bamar

La etnia bamar es el grupo demográfico más grande en el país y habita la región de la costa sur y los valles del norte, y aunque tienen una identidad bastante unificada por el momento, existe la posibilidad de una fractura a lo largo de sus divisiones históricas norte-sur en las reconstrucciones políticas actuales sub-estatales de los Reinos de Ava y Hanthawaddy, respectivamente. El catalizador para este supuesto sería el federalismo identitario, y si bien podría tener más sentido para cada grupo étnico mantenerse lo más unificados posible en medio de esta reorganización nacional a gran escala, no puede garantizarse plenamente que los bamar vayan a prestar atención a este consejo obvio, no siendo víctimas de disputas internas y divisiones políticas.

Una de las causas de la discordia podría ser, obviamente, el regionalismo, con los norteños no queriendo que los sureños ejerzan influencia sobre la conexión comercial chino-india en Mandalay y en los campos petroleros cercanos, mientras que los sureños podrían no querer que sus contrapartes del norte controlen su actividad marítima y portuaria. La división de los bamar en dos unidades federales separadas daría más poder relativo a las provincias periféricas e “igualaría” la disposición política en el país, aunque con el resultado evidente de que la “Federación de Myanmar” podría fácilmente convertirse en ingobernable y sumirse en la división sin un núcleo integrador en una posición central determinante (un estado unificado Bamar), para mantener todo unido.

Choque de civilizaciones

Las tres principales religiones del cristianismo, el islam y el budismo están representadas en Myanmar en zonas étnico-territoriales definidas. Los cristianos viven algunos entre los kachin, los shan, y muchos entre los karen a lo largo de la periferia norte-noreste-este, los musulmanes se encuentran en su mayoría en la minoría bengalí (“rohingya”) en el estado de Rakáin, y los budistas comprenden aproximadamente el resto de la población. Por ahora no hay una verdadera razón para preocuparse de que cada uno de estos grupos se enfrenten de manera hobbesiana, pero la coincidencia inquietante de la militancia islámica con la lucha autonomista-separatista-irredentista bengalí (“rohinya”), y la creciente militancia relacionada con el cristianismo en el estado de Kachin, son presagios negativos para esta previsión, al igual que las visiblemente violentas protestas contra el gobierno de los monjes budistas de la “Revolución Azafrán”. La intersección de islam, cristianismo y budismo extremos podría conducir a un barril de pólvora de conflictos en algún momento en el futuro, cada región tiene su propia identidad particular étnico-religiosa y, por lo tanto, una posición privilegiada para ser manipulados por actores demagógicos internos y ONGs externas, o por fuerzas estatales.

La intervención militar chino-india en Myanmar

Con Pekín y Nueva Delhi teniendo intereses similares aunque separados en su mutuo vecino (por ejemplo, mantener el país estable y unificado, sin embargo, dando un codazo al otro para influenciar), existe la posibilidad de que pudieran intervenir en el país por separado si se desciende a la locura de una guerra civil sin cuartel (civilizacional), y sus respectivos grandes proyectos estratégicos quedan en peligro. Por otra parte, un factor de presión/tracción significativo sería si el conflicto se derramase en la provincia china de Yunnan y las del noreste de la India, así como si tiene algún efecto desestabilizador significativo sobre el socio de Pekín y Nueva Delhi en Bangkok (por medio de la militarizada Karen), e interrumpe sus proyectos allí (la ruta de la seda de la ASEAN y la carretera de alta velocidad trilateral).

En el caso de una intervención, sería más predecible para los dos grandes potencias hacer un guión para Mandalay, aunque esto en sí mismo no pueda asegurarse por completo debido a la naturaleza impredecible y totalmente sin precedentes de este escenario. China e India podrían implicarse también en partes separadas del país, todo dependiendo de los detalles de lo que la situación sobre el terreno sea, y de sus motivaciones individuales para implicarse directamente. El principal punto a considerar es sin embargo si tal operación sería coordinada entre ambas partes como una medida de fomento de la confianza, o si la intensa competencia entre los dos les conducirá a un intercambio de golpes en el interior de Myanmar como preludio a una guerra regional más grande.

Tailandia

Rodeado por el separatismo

El Reino de Tailandia podría ser como un pintoresco paraíso de estabilidad identitaria (pero de ninguna manera, política) para muchos observadores casuales, pero la realidad es que el país está en realidad rodeado por movimientos y tendencias separatistas. El autor exploró todo esto con detalle exhaustivo en un artículo anterior dedicado al tema, pero para resumir, la región noreste de Isan es la fortaleza de la oposición “camisa roja” pro-Shinawatra, que aparte de tener una disposición política totalmente diferente, también está mucho más estrechamente alineada con la cultura, el lenguaje y la historia de Laos que con la de Tailandia. En el sur, un puñado de provincias fronterizas han sido escenario de una campaña separatista musulmana que alcanzó su punto máximo en los años inmediatos después del 11S. Menos conocido y aún menos probable es un problema con los karen a lo largo de la frontera oeste con Myanmar, y con los jemeres a lo largo de la de Camboya, ambos no representan una amenaza constante pero siguen representando variables de identidad que podrían ser ‘jugadas’ por fuerzas hostiles para desestabilizar el gobierno dirigido por militares, y producir conflictos artificiales con sus vecinos.

Agitación civil en Tailandia

Las autoridades militares hacen frente a los partidarios “camisas rojas”, pero esto podría aumentar un día hasta el nivel de la pura y simple violencia de la revolución de color y el terrorismo urbano. Teniendo en cuenta que los “camisas rojas” son un grupo político-regional con influencias culturales e históricos de Laos separadas de las tradicionales del interior central de Tailandia, esto podría llegar a ser la chispa para un conflicto más amplio dentro del país. No sólo las identidades mekong y chao phraya de Tailandia chocarían en su lucha por la supremacía en el país, sino que esto crearía un espacio para que otras periféricas se manifestaran también a favor de sus propios intereses, lo que conduciría a una guerra civil con varios bandos que complicaría la carretera de alta velocidad trilateral de la India, el Corredor Este-Oeste de Japón, y la Ruta de la seda china de la ASEAN.

¿Estado fuerte o Federación flexible?

Tailandia tiene dos futuros diferentes por delante – ya sea retener su naturaleza como un estado fuerte, centralizado y protegido militarmente, simbólicamente a cargo de la familia real a la cabeza, o ser un país descentralizado o transferido sin familia real y con un ejército débil. La primera opción está más en sintonía con los intereses de China, que busca dar forma al estado conducido por los militares para que sea un aliado regional y de la ASEAN fiable, que salvaguarde la ruta de la seda de la ASEAN, mientras que los EE.UU., India y Japón quieren debilitarlo precisamente por estas razones, y tomar ventaja de la situación para sus propios fines comerciales estratégicos. El inicio de la guerra civil en Tailandia pondría el futuro del país en una encrucijada, con lo que una victoria militar llegaría a ser ventajosa para China, mientras que una “protesta popular” (Revolución de color), o un estancamiento o caída en rebeldías periféricas (como en Myanmar), trabajaría en favor de los intereses del mundo unipolar.

Si Tailandia sigue siendo fuerte, entonces, nada demasiado importante cambiaría dentro de sus fronteras, pero si comienza a desintegrarse en una federación de identidades, entonces, puede esperarse que cada uno de los principales grupos de identidad constituyentes se labren su propio feudo y se conviertan en objeto de intensa competencia entre las grandes potencias. Las federaciones identitarias, tanto en Myanmar como en Tailandia, darían lugar a una nueva “rebatiña” global similar en magnitud y sentido a lo que se vivió en la década de 1880 con los colonizadores europeos y África, excepto que esta vez habría un territorio mucho más pequeño para la disputa. La disolución de estos dos estados en una reunión de (con) federaciones celebrada vagamente produciría una inestabilidad de largo alcance e indefinida entre cada una de sus unidades, haciendo de esta amplia franja de territorio un polvorín geopolítico que podría explotar en cualquier momento. A diferencia del pasado, sin embargo, en cada uno de estos pequeños estados está el más profundo interés de los poderes que compiten, por lo que lo más probable es que los problemas de la región se internacionalicen en la competencia directa de las grandes potencias.

Laos: sin salida al mar y enlace por tierra, ¿para bien o para mal?

Vientián se vende a sí mismo como un estado terrestre que puede reunir a todos los demás países continentales de la ASEAN, proporcionando un corredor de comercio entre ellos y la alimentando sus economías, con su gran potencial hidroeléctrico. Esta es una visión positiva que sería multilateralmente beneficiosa si alguna vez se pusiera en práctica plenamente, pero el pequeño y poco conocido país es demasiado geoestratégicamente importante como para dejarlo a su suerte y que promueva sus políticas sin interferencias. La insurgencia hmong apoyada por los Estados Unidos en la Guerra Fría parece haber vuelto, con la muerte de trabajadores chinos y ataques contra efectivos militares ocurridos después de años de paz. Las otras decenas de etnias dentro del país también pueden ser animadas o provocadas a tomar las armas contra las autoridades, pero esta última posibilidad no muestra signos de haber sido favorecida por el momento (aunque es muy difícil obtener información fiable fuera del país y en especial de sus zonas rurales).

El problema es que la ubicación central de Laos es un don y una maldición – podría ser un factor positivo para toda la región si el país sigue siendo pacífico, estable, e integrado con cada uno de sus vecinos, pero sería un desastre si la guerra rompiera por ahí y los problemas de Laos se extendieran rápidamente más allá de sus fronteras. Siendo por lo tanto un factor beneficioso el ser un enlace por tierra si Laos tiene cosas positivas para proporcionar a la región, como un territorio de tránsito estable entre los países vecinos y un vasto potencial de energía hidroeléctrica, sus vecinos lo preferirían sin litoral y contenido si todo lo que se extiende es energía negativa y desestabilización. Por otra parte, por ambiciosa que sea para Laos la visión de convertirse en la “batería de la ASEAN”, sólo puede hacerlo si sus presas del sur se completan según lo previsto y los estados afectados aguas abajo de Camboya y Vietnam dejan responsablemente a un lado sus reservas y no se unen para detenerlo (ya sea por medios diplomáticos, encubiertos, o militares).

Camboya se derrumba bajo una Guerra híbrida… ¿y toma la región con ello?

El liderazgo de décadas del Premier Hun Sen, de una forma u otra ha creado una oportunidad fértil para los EE.UU. y sus ONGs para ayudar a que crezca una revolución de color en el país del sudeste asiático. Uno de los estados más pobres del mundo, aunque uno que se está modernizando rápidamente, Camboya no puede permitirse el lujo de tener otro conflicto civil como el que caracterizó la década de 1980 a raíz de la intervención militar contra el Khmer Rouge vietnamita. Incluso si el golpe de Estado contra el gobierno es rápido, eso no quiere decir que Camboya esté totalmente descolgado, ya que las consecuencias geopolíticas de un cambio de régimen en Phnom Penh sacudirían la estrategia china de la ASEAN hasta la médula, privándola de su único socio diplomático 100% fiable en el bloque, y abriendo las puertas para el consenso contra Pekín en el Mar del Sur de china.

La ironía es que por políticamente cercanas que estén China y Camboya, no tienen ninguna infraestructura física de movilidad que las conecte (tales como ferrocarriles), basándose principalmente en las interacciones marítimas, lazos comerciales vulnerables transitando por el Mar del Sur de China. Una caída del gobierno de Camboya permitiría a los EE.UU. y a Vietnam ejercer diferentes grados de hegemonía sobre el país, atándolo con mayor solidez a la emergente “Coalición de contención de China”, pero, por otro lado, la imposición de un gobierno nacionalista radical a lo largo de la líneas de lo que algunos miembros de la oposición están sugiriendo, podría provocar un potencial rayo de conflicto regional, ya sea una Camboya imponiéndose contra Tailandia en una nueva disputa fronteriza, Laos con sus controvertidos proyectos de represas, y Vietnam en lo que se refiere a la pequeña comunidad fronteriza khmer en el país.

Lo importante a tener en cuenta es que ninguno de estos conflictos previstos son orgánicos y ‘naturales’ (excepto quizás el tailandés, pero el anterior se resolvió oficialmente a favor de Camboya por parte de la CIJ), pero estarían fabricados a propósito para el efecto máximo geoestratégico, dependiendo de los contornos de la guerra regional asimétrica en curso liderada por Estados Unidos contra China. Laos y Camboya, debido a sus posiciones, son las mejores posiciones desde las que los EE.UU. pueden extender al mismo tiempo su influencia a través de todos los miembros de la parte continental de la ASEAN, ya sea con fines de integración unipolares, o destructivos de Guerra híbrida.

Vuelve el “Gran Vietnam”

Vietnam sostuvo una significativa influencia regional durante la Guerra Fría, y directamente afianzando su influencia en sus vecinos indochinos de Laos y Camboya, ayudando multidimensionalmente al primero a través de su invitación, y haciendo lo mismo con el último después de intervenir militarmente para derrocar a los jemeres rojos. El efecto combinado fue que se creó el espacio del “Gran Vietnam”, no en el sentido étnico-cultural, sino en el hegemónico subregional de Hanoi sacando músculo como poder supremo en Laos y Camboya. Han pasado un par de décadas desde el apogeo de ese momento, pero Vietnam está una vez más preparándose para hacer valer su influencia sobre sus vecinos, siendo Laos el país que con más probabilidad será escogido en primer lugar.

La reciente fase de cambio de liderazgo en Vientián ha dado lugar a lo que algunos observadores creen que es el ascenso de una facción pro-Hanoi, que es sospechosa para China, y aunque es muy dudoso que alguna vez dejaran la Ruta de la seda de la ASEAN, podría moverse mucho más cerca de Vietnam como una estrategia de cobertura para evitar la excesiva dependencia de China. Esto no sólo hace de Pekín y Hanoi rivales en la lealtad de Vientián y en los favores de tránsito por el estado enlace por tierra, sino que también podría dar a Vietnam la ventaja cuando se trata de su disputa hidroeléctrica con Laos y con Camboya. Vietnam podría, bien tratar de hacerse con el control directo o indirecto sobre el proyecto para detenerlo, o utilizarlo como moneda de cambio en la ampliación de su propia influencia sobre Camboya. En relación a esto, podría estallar una guerra de poder entre China y Vietnam si Hanoi gana más autoridad sobre Laos y explota sus planes hidroeléctricos para provocar un conflicto con la Camboya aliada con China.

Ya sea esto así o no, la perspectiva del “Gran Vietnam” expandiéndose en nueva esfera de influencia china en Laos-Camboya diversificaría la rivalidad entre Hanoi y Pekín desde su otrora foco marítimo en el Mar del Sur de China, y se extendería a la zona de influencia continental de Indochina. Esto podría aliviar la presión de Vietnam de tener a Hanoi engañando a Pekín, desviando la atención y los recursos estratégicos hacia la frontera selvática en su lugar, con China temiendo que pudiera desbordarse cualquier desestabilización en la provincia de Yunnan (que ya está bajo presión desde la guerra civil de Myanmar). Si China ‘pierde’ Camboya frente a Vietnam, entonces esto haría más fácil para los EE.UU. y sus aliados el aislar aún más al gobierno militar de Tailandia amigo de China, y adquirir concesiones estratégicas de ello vis-à-vis, la Coalición de contención de China y los proyectos de la Ruta de la seda china de la ASEAN.

Ya sea que Vietnam avance de forma asimétrica en Laos (tal vez mediante la organización de una misión conjunta anti-hmong con su aliado histórico en medio de un estallido respaldado por Estados Unidos en la región fronteriza) o en Camboya (a través de lo anteriormente mencionado), el resultado final sería intensificar la presión en la Ruta de la seda china de la ASEAN y complicar la situación estratégica de las autoridades militares en Tailandia por los escenarios descritos anteriormente.

La ruta de la seda de la ASEAN

Uno de los objetivos geopolíticos principales de China es encabezar nuevas rutas comerciales eludiendo el estrecho de Malaca y vincular la República Popular directamente al Océano Índico. Una de estas iniciativas es lo que el autor ha dado en llamar la Ruta de la seda de la ASEAN, que oficialmente es el proyecto de tren de alta velocidad desde la capital de Yunnan, Kunming, a Singapur, con el potencial para el puerto malasio de Kedah de funcionar como auxiliar de la isla de la ciudad-estado en el caso de que surja la necesidad (o incluso los puertos de Tailandia como Phuket, Kantang, y/o Krabi). China, por lo tanto, depende de la estabilidad en Laos, Tailandia y Malasia, aunque lamentablemente los tres países están bajo diferentes grados de presión de Guerra híbrida norteamericana. Esto templa las ambiciones de China y presenta un verdadero desafío para su viabilidad sostenible, pero a la inversa, también da a Pekín un gran interés en estos tres países haciendo, inevitablemente, lo que sea posible para ayudar a su estabilización y entrar en asociaciones mutuamente beneficiosas de amplio espectro con ellos. Tanta atención como dan los observadores al Mar del Sur de China, también deberían centrarse en el corredor central en la parte continental de la ASEAN (Laos-Tailandia-Malasia), ya que es aquí donde se pueden ver los aspectos más tangibles de la diplomacia regional de China.

El corredor central de la ASEAN es notable por otra razón, a saber, que representa la elección secundaria de China a Myanmar, por la cual tuvo originalmente la intención de tener un ferrocarril de 20.000 millones de dolares hasta puerto de Kyaukpyu, paralelo a sus oleoductos y gasoductos. Mientras que el proyecto podría ser restablecido un día si Pekín puede jugar bien sus cartas con Suu Kyi, y ella puede resistir correspondientemente las presiones de la Guerra Híbrida estadounidenses contra ella si eligiera esta opción fatídica, es importante en este punto evaluar el corredor central de la ASEAN como una alternativa a Myanmar, aunque pudiera convertirse algún día en una ruta complementaria. Debido a la importancia geoestratégica de esta región, ya que corresponde a la gran visión de China de lograr acceso a la parte continental del Océano Índico, puede predecirse fácilmente que la Guerra híbrida reinará en el futuro como la definitiva herramienta perjudicial.

También, debido a la interrelacionada utilidad estratégica de Myanmar, Laos y Tailandia (o para simplificar, los dos países más grandes de Myanmar y Tailandia), podría ser útil designar un nuevo neologismo para esta parte de la ASEAN, al igual que se le llama popularmente “Indochina” a la parte continental del este. Esto puede ayudar más en el futuro al estudio y la conceptualización de esta parte del mundo, y a ver conexiones que no son tan fácilmente visibles a simple vista (por ejemplo, la amenaza del federalismo identitario, tanto en Myanmar como en Tailandia y la rebatiña de grandes potencias resultante para este espacio).

El intermediario malasio se desequilibra

Malasia es particularmente idóneo, tanto como parte continental, como por miembro marítimo de la ASEAN, dándole la posibilidad de extender su influencia a lo largo de cualquiera de los dos vectores geográficos o conjunto de miembros de la organización, aunque su vulnerabilidad principal es que está plagado de vulnerabilidades de Guerra híbrida que podrían complicar ambos. Lo que se refiere al enfoque continental se manifiesta de manera más inmediata mediante los lazos con Tailandia, la insurgencia musulmana del sur de Tailandia (a veces marcada por el terrorismo) es sin duda un factor perturbador, y podría proceder de acuerdo con cualquiera de tres posibles formas:

* Las provincias musulmanas del sur de Tailandia permanecen bajo el control de Bangkok, ya sea en su estado original o con futuros derechos federales/autónomos;

* se independizan de Tailandia y funcionan como un país propio;

* o acaban uniéndose a Malasia.

Cada escenario tiene sus propias ventajas e inconvenientes, aunque parece que por ahora Kuala Lumpur ha decidido que es mejor para estas provincias permanecer bajo el control de Bangkok, aunque posiblemente con autonomía.

El otro escenario potencialmente perjudicial frente a la geopolítica de Malasia en el futuro es si los actores no estatales filipinos (ya sean terroristas o “irredentistas uulu”) invaden el estado del noroeste de Borneo de Sabah, y precipitan ya sea una guerra asimétrica o una convencional. Esta área ha sido históricamente reclamada por las Filipinas y podría descongelarse en un problema regional, si las circunstancias y provocaciones “correctas” lo permiten, y obstaculizaría gravemente la unidad de la ASEAN si retorna como un problema en el futuro. Por otra parte, debido a que una significativa población filipina de inmigrantes ilegales ya reside en el estado, podría crearse un pretexto por parte de uno u otro actor (ya sea Manila, una “coalición de dispuestos” dirigida por los EE.UU., o la ONU) para avanzar allí una “intervención humanitaria”.

Otros posibles escenarios en Malasia son que una revolución de color destrone su gobierno de tendencia occidental, pero pragmático hacia china, y lo reemplace con nacionalistas malayos que provoquen conflictos en cualquiera de estas dos trayectorias antes citadas, o que la población de origen chino se convierta en víctima de la desestabilización del estado o de un agente que ayude a causarla. En el caso de que fueran víctimas de cualquier nacionalismo malayo violento (ya sea provocado o en ‘castigo’ por algo), entonces esto invitaría a China a involucrarse diplomáticamente en los asuntos del país, creando de este modo un nuevo atolladero diplomático para Pekín en el Mar del Sur de China.

Posicionado en el medio de un canal de agua tan estratégico, y gobernado por un estricto pero eficaz liderazgo secular, Singapur es uno de los éxitos más conocidos del mundo, pero esto también ha creado un montón de envidia entre algunos actores no estatales a los que nada les gustaría más que echar a perder sus logros. Aunque muy seguro para los estándares regionales y globales, informaciones recientes de que fueron capturados terroristas islámicos examinando el país desde zonas e islas vecinas son muy alarmantes y muestran que Singapur está sin duda en la lista negra de algunos grupos militantes.

Estos están sobre todo regionalmente enfocados desde Indonesia, por lo tanto, de ahí por qué sus amenazas e intentos de ataques no suelen dar titulares mundiales y la mayoría de la gente fuera de la ASEAN no es consciente de ellos, pero si alguna vez tienen éxito en llevar a cabo un ataque de alto perfil, entonces podría sacudir Singapur en una crisis importante, tanto porque el nuevo temor por la seguridad podría aumentar la especulación de más ataques y, por consiguiente, impactar en la economía financiera, como porque esto también activaría el estado de seguridad nacional en acción y cambiaría drásticamente la forma de vida de sus ciudadanos.

Considerado como un país libre socialmente para los estándares occidentales, con atractivo para emigrantes de todas partes del mundo, si de repente fuera convertido en un estado de seguridad nacional al estilo israelí, que impusiera amplias restricciones sobre la población, entonces esto podría contribuir aún más a la predicha crisis económica en el país y a socavar su competitividad y liderazgo regional. Singapur no se convertirá en un remanso baldío, simplemente porque su posición geoestratégica es demasiado importante como para permitir que eso ocurra alguna vez, pero si tuviera lugar una serie de acontecimientos que resultara en cambios a gran escala en la forma de vida, entonces no podría ser visto ya como el paraíso que una vez fue y podría retroceder el valor de sus avances de décadas.

La división de Indonesia

El país del mundo con mayor población musulmana y uno de los más grandes geográficamente en el mundo por superficie total (incluyendo el territorio marítimo), Indonesia está crucialmente localizado en la unión de los océanos Índico y Pacífico y actúa esencialmente como guardián entre ellos. Está en el mayor mayores interés de todos el que siga siendo lo más estable posible, pero la realidad no siempre se ajusta a las expectativas, y hay una gran cantidad de problemas que burbujean apenas se sopla la superficie en este archipiélago diverso. Ya sea que finalmente se materialicen ahora, mientras la cadena de islas se encuentra todavía en la vanguardia de la mayoría de las rutas comerciales del mundo, o que aparezcan después de la Ruta del Mar del Norte en el Ártico, haciéndolos relativamente menos importantes que antes, algunos de los siguientes escenarios podrían tener un serio impacto en el país por el que atraviesa una cantidad considerable del comercio mundial:

Islas Molucas:

Esta parte remota del noreste del país ha experimentado antes choques cristianos-musulmanes y tribales a raíz de la destitución de Suharto, y podría volver a ser un punto de inflamación si se debilita el control del Estado o si los grupos terroristas de ambas religiones deciden renovar sus campañas de odio.

Aceh:

El extremo norte de Sumatra ya luchó y ganó parcialmente su propia campaña de insurgencia, con lo que se ganó el derecho de aplicar la estricta ley de la sharia en todo su territorio. La situación es tranquila, por el momento, pero si los extremistas se hacen aquí con el control de la influencia, podría convertirse en un caldo de cultivo del terrorismo interno que podría precipitar otra intervención del gobierno si las fuerzas locales no tienen éxito en ‘vigilar lo suyo’, aunque podrían sin querer reiniciar el conflicto.

Sulawesi:

La isla de extraña forma en el noreste de Indonesia tiene una mezcla de cristianos y musulmanes y anteriormente fue escenario de ataques terroristas por ambos lados. Más recientemente, grupos dispersos de combatientes islamistas han recorrido la isla y llevado a cabo ataques de baja escala, y a pesar de que la situación se encuentra actualmente bajo control, podría derivar en un ciclo de caos si los terroristas se reagrupan en sus reductos montañosos y deciden iniciar una insurgencia grave.

Papúa Occidental:

La mitad occidental, rica en recursos naturales, de la isla de Nueva Guinea, es considerada por algunos activistas occidentales y locales como “territorio ocupado”, debido a su situación administrativa colonial separada antes de la incorporación a Indonesia. El estado mantiene un control muy firme en las provincias que conforman la isla y los medios de comunicación internacionales tienen fuertes restricciones a su actividad, por lo que no parece probable que las fuerzas extranjeras pueden interferir y perturbar el equilibrio de poder entre el Estado y los indígenas para provocar una nueva insurgencia. Sin embargo, la amenaza permanece siempre, y fácilmente podría convertirse en la siguiente causa célebre que las superestrellas internacionales toman como su tan esperado reemplazo para Darfur.

Indonesia Oriental contra Indonesia Occidental:

Hubo un breve periodo de tiempo en el extremo final del período colonial holandés y al comienzo mismo de la condición de Estado de Indonesia, en el que fue creada una “súper provincia” llamada “Indonesia Oriental” en esa parte del país, como un medio de mantener el estado unitario perpetuamente dividido a lo largo de líneas regionales-religiosas. Aunque se reincorporó rápidamente a un estado centralista, el escenario de las divisiones regionales-religiosas nunca se va del todo, simplemente debido a la demografía de Indonesia, aunque las fronteras geográficas de estas posibles entidades cambian con las identidades de sus pueblos. Si los isleños cristianos en oriente decidieran unirse a sus homólogos musulmanes y formar su propio estado subnacional o separatista, entonces esto podría conducir a una rápida desintegración de la floja identidad nacional de Indonesia y provocar un conflicto más amplio.

Repitiendo la lección de Timor Oriental:

Todos estos escenarios anteriores dan lugar a la previsión de que las fuerzas extranjeras (occidentales) podrían tratar de manipular la situación particular en cuestión, con el fin de presionar a Yakarta y crear un pretexto para el despliegue de fuerzas internacionales bajo la bandera de la ONU, o de una “coalición de buena voluntad” liderada por los EE.UU, operando bajo presuntos pretextos de “intervención humanitaria”. Sean las supuestas acusaciones de violaciones humanitarias válidas o inventadas, y no importa si están bajo el dominio total de la responsabilidad del gobierno o no, este escenario podría ser utilizado como una herramienta para presionar a Indonesia a unirse a la “Coalición de contención de china” estadounidense-australiana-japonesa-india, o para castigarlo por su resistencia independiente al elegir no involucrarse.

Arrojando Java al peligro:

El último de los posibles escenarios de guerra híbrida que podrían desarrollarse en Indonesia es si la isla de Java, la más poblada del mundo, se convierte en el último objetivo terrorista. Ya es comparativamente pequeña para el medio geográfico y, en correspondencia, muy densamente poblada, por lo que está plagada de innumerables objetivos blandos. Este es el núcleo del estado de Indonesia, y el gobierno tendría que reaccionar inmediatamente si hubiera cualquier ataque a gran escala en esta área. Sin embargo, el problema es que Java podría ser utilizado como ‘cebo’ de distracción para mantener al gobierno atascado en respuesta a una serie de pequeños ataques, mientras que una guerra más grande hace estragos en otros lugares a lo largo de la periferia, probablemente de acuerdo con una de las posibilidades antes mencionadas. Esto también cabría, debido a la prominencia global de Java y a la facilidad con la que se pueden crear muchas víctimas, a través incluso del más elemental de los ataques en uno de las innumerables objetivos blandos en la isla, una ola de terrorismo aquí podría generar una significativa atención internacional y triturar el país en seco.

La Coalición de contención de China (CCC)

Se espera que el diálogo cuadrilateral de seguridad de EE.UU.-Japón-Australia-India forme el núcleo de la Coalición de contención de China (CCC), la incipiente “OTAN asiática” que está surgiendo para enfrentarse a Pekín. El autor escribió acerca de esto en profundidad en un artículo anterior, pero para explicar de forma concisa algunas de sus otras características, está proyectado que el Pentágono quiere a Filipinas y Vietnam para formar el ‘espacio de encuentro’ central regional entre los cuatro jugadores principales. Esto podría manifestarse por ambos estados del Mar del Sur de China entrando en un acuerdo de defensa mutua con el otro y con las fuerzas de la CCC posicionadas en las Filipinas como “disuasión” (con el tipo, número y calidad variando en función de lo que permitieran los públicos nacionales en cada estado miembro sin críticas significativas).

Entonces, si Vietnam provocara a China en un enfrentamiento naval, esto daría lugar a que las Filipinas entraran en acción, y por extensión, la CCC en diversos grados. La CCC podría no enfrentarse directamente a China con toda su potencia de fuego y probablemente lo haría mediante el apoyo a estos dos nuevos estados aliados (Filipinas y Vietnam), de la misma forma que lo hace la OTAN respaldando a Ucrania. El objetivo principal para las fuerzas de la CCC en las Filipinas sería “saltar el charco” a Indonchina y reubicar algunos de sus activos en Vietnam, especialmente si éstos pueden ser navales y/o aéreos. Idealmente, Indonesia sería de alguna manera llevada a bordo con el fin de dar a la parte de la ASEAN de la CCC, el “peso crítico” necesario para mantenerse y lograr “legitimidad regional” para evitar ser etiquetada como una organización subsidiaria de Occidente.

El Daesh infesta la ASEAN

Sin que sea conocido por la mayor parte del mundo, el Daesh ha amenazado públicamente a algunos de los países de la ASEAN y ha listado públicamente parte de su territorio en su mapa de conquistas globales. Hay unos pocos lugares probables donde el grupo puede surgir junto a sus aliados en la región para intentar labrarse un califato regional, y pueden ser referidos colectivamente como el arco Sulawesi-Mindanao- (Sulu).

Los expertos llamaron la atención acerca de la posibilidad de un nexo terrorista-pirata creándose a lo largo de la región fronteriza marítima desprotegida entre las Filipinas, Malasia e Indonesia durante el Diálogo de Shangri-La en 2015, y este escenario es el que parece actualmente más probable de todos ellos. El autor personalmente menciona directamente la inclusión del archipiélago de Sulu en este marco, debido a la actividad allí del Abu Sayyaf, afiliado al Daesh, y recordando lo que se dijo antes sobre el estado malasio de Sabah, podría ser que los terroristas-piratas traten de vincular la cadena de islas hasta el noreste de Borneo para desencadenar una crisis internacional entre Filipinas y Malasia, tal como lo hicieron entre Siria e Irak durante las invasiones de verano de 2014.

El mecanismo de prevención proactivo más lógico contra esta eventualidad es la cooperación naval multilateral entre cada uno de los tres estados relevantes, que ya es incipiente en este momento pero que podría emplear una mayor voluntad política de todas las partes con el fin de ser más eficaz. Uno de los frenos para una cooperación más profunda podría ser que las Filipinas y Malasia estén inseguros acerca de los futuros motivos de Indonesia, y no quieran que Jakarta se sienta demasiado cómoda operando dentro o muy cerca de sus aguas nacionales, independientemente de si esto se hace multilateralmente y para un compartida lucha final contra el terrorismo. Lo peor que podría suceder para la seguridad regional sería que la desconfianza entre estas tres partes alcanzara un vértice que culminara en enfrentamientos marítimos o en la amenaza de los mismos.

Por último, el Daesh podría percibir una apertura en la isla filipina de Mindanao, cuando se promulgue un área autónoma sobre parte de Bangsamoro, tal vez tratando de convertirla en la versión filipina de la Aceh indonesia gobernada por la sharia. Sus filiales regionales podrían aprovechar la descentralización recién descubierta para crear más campos de entrenamiento terroristas, y estos combatientes podrían ser perversamente etiquetados como “luchadores por la libertad democrática” por los EE.UU., mientras aumenta la presión de la guerra de la información sobre Duterte para conseguir que detenga la guerra contra las drogas y pivote lejos de China y más cerca de nuevo de los EE.UU., justo como la CCC imaginaba que Filipinas se comportara, antes de que el “caballo negro” político populista aparentemente salido de la nada echara a perder estos planes.

El TPP se hace cargo de la ASEAN

A los EE.UU. les gustaría cubrir finalmente todo el ASEAN con el TPP, pero esto no puede hacerse sin que Indonesia esté primero de acuerdo con sus términos. Yakarta probablemente no va a tomar ninguna decisión en esta dirección hasta después de la promulgación del tratado y de que éste sea puesto en práctica por lo menos durante un par de años. Se cierne sobre Indonesia una batalla subsidiaria de poder blando e influencia económica entre China y los EE.UU., con Pekín teniendo que luchar para mantener al gigante insular fuera de las garras institucionales de los Estados Unidos, mientras que Washington hará todo lo posible para echar el lazo a su objetivo para manipular luego las disposiciones del tratado para forzar a su miembro principal a restringir su comercio con China. El objetivo de los EE.UU. es atrapar tarde o temprano a la ASEAN en este acuerdo, a fin de poder empezar a “interpretar” (convertir en un arma) de forma selectiva y polémica algunas de sus miles de páginas, con el fin de llevar a cabo una “guerra jurídica” estratégica contra China, rompiendo sus lazos comerciales con el bloque y socavando la nueva Ruta de la seda.

El pivote de Filipinas

La antigua colonia estadounidense ha emergido sorprendentemente como un importante pivote en la región de Asia y el Pacífico, con el presidente Duterte, de mentalidad independiente, llevando al país por el camino del pragmatismo en la política exterior y lejos de sus anteriores décadas de subordinación a Norteamérica. Manila ha declarado que está abierta a tratar con Pekín uno-a-uno y podría estar dispuesta a llegar a un acuerdo sobre el Mar del Sur de China, a cambio de invitar a las empresas chinas al país para construir la infraestructura que tanto necesita. Filipinas se convertiría entonces en ese caso en un nodo importante en la nueva Ruta de la seda, algo a lo que los EE.UU. se oponen totalmente, por lo que podrían promover la Guerra híbrida en el arco Mindanao-Sulu con el fin de detener esto.

Si China lograra hacer de las Filipinas un socio estratégico cercano mediante algún tipo de acuerdo favorable en el Mar del Sur de China, entonces esto significaría que la alineación de la ASEAN hacia Pekín incluiría a Tailandia, Camboya, Laos y Filipinas, con la posibilidad de que Myanmar sea incluida si Suu Kyi resucita el ferrocarril a China (la Ruta de la seda de Myanmar). Por otro lado, si los EE.UU. se ganan a las Filipinas de nuevo para su propio campo, entonces su CCC incluiría a ese país y a Vietnam, con el potencial de traer a Indonesia a bordo con el tiempo. Sin embargo, con las Filipinas fuera de la ecuación, el pivote de los EE.UU. en Asia se ve seriamente obstaculizado, enfatizando así el vital papel que Filipinas juega en la geopolítica contemporánea y por qué son un objeto de una intensa competencia en este momento. Si los EE.UU. “pierden” las Filipinas, entonces, China gana una “puerta” al Pacífico Occidental, algo que el Pentágono podría detener incluso yendo a la guerra.

Fuente: Katehon ASEAN I, II y III.

Escenarios de la gran Eurasia: Europa y Oriente Medio.

Escenarios de la gran Eurasia: Asia Central, del Sur y Oriental.

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