Escenarios de la gran Eurasia: Asia Central, del Sur y Oriental

central_asia_1por Andrew KorybkoEl cambio de guardia

Asia Central está programada para una serie de inevitables transiciones de liderazgo con el futuro fallecimiento de los ancianos líderes de Kazajistán y Tayikistán después de la reciente muerte del de Uzbekistán, abriéndose muchas vías para el colapso del Estado y el sabotaje entre los dos últimos estados mutuamente antagonistas del Valle de Ferganá, e invitando a hacer realidad una gran cantidad de escenarios de guerra híbrida administrados externamente (la transición gradual de las Revoluciones de color a la guerra no convencional para el cambio de régimen o con propósitos de “federalismo identitario”).

El Gran Uzbekistán (islámico)

La diáspora étnica uzbeka en el sur de Kazajistán, al sudoeste (Ferganá) de Kirguistán, y al norte y oeste de Tayikistán son muy susceptibles a la retórica irredentista, y si esto logra fundirse de alguna manera con los principios islámicos radicales, entonces podría surgir un proyecto de Gran Califato uzbeko como uno de los shocks geopolíticos más perturbadores en la Gran Eurasia, sobre todo debido al hecho de que se localizaría en el “corazón del Heartland”.

El resurgimiento del Tayikistán Histórico

A la semana siguiente de la muerte de Karimov, fue publicado un interesante artículo en la influyente revista en línea The Diplomat, hablando de “The Tajik Tragedy of Uzbekistan” [La tragedia tayika de Uzbekistán]. Todo lo escrito en esta publicación pro-occidental es cierto, pero es muy sorprendente ver una salida de renombre a nivel mundial hablando ahora finalmente de las reivindicaciones históricas de los ciudades actualmente uzbekas de Samarcanda y Bujara, así como de la discriminación de la que siguen siendo objeto los residentes tayikos de Uzbekistán.

El curioso momento de este artículo hace que uno se pregunte si los EE.UU. podrían sutilmente estar a favor de que los tayikos reafirmen sus reivindicaciones históricas y derechos etnolingüísticos en Uzbekistán en este momento clave, ya sea para defender el separatismo o la irónica recreación de una República autónoma tayika dentro de Uzbekistán (aunque esta vez en el interior de las fronteras del Uzbekistán “oficial” y no en el territorio del actual Tayikistán. como lo fue antes de 1936). Los EE.UU. podrían ir en serio en sondear la viabilidad de este proyecto y vincularlo con las comunidades de mayoría tayika en el norte de Afganistán, que en este caso tienen la oportunidad de crear un nuevo centro de poder triestatal en Asia Central.

Teniendo en cuenta que los EE.UU. tienen poca influencia sustancial entre los tayikos a pesar del “silbato para perros” que soplaría a su comunidad de Uzbekistán a través del artículo de The Diplomat, es mucho más probable que Washington quisiera provocar violencia en Uzbekistán durante esta sensible transición de liderazgo, sabiendo que Taskent no toleraría ninguna protesta contra el gobierno en este momento, por no hablar de lo que fácilmente podría convertirse en una forma de separatismo potencialmente respaldado por su odiado vecino tayiko.

En otras palabras, tal y como suelen hacer normalmente, los órganos de información afiliados a los estadounidenses podrían enviar deliberadamente señales suicidas a los objetivos demográficos para que se sacrifiquen a sí mismos como un primer paso para crear el caos en el exterior del país, que en este caso podría ir dirigido a provocar la sangrienta disolución de Uzbekistán y a la creación de una abertura ‘plausible encubierta’ para que yihadistas “tayikos” con base en Afganistán ataquen el país.

El tablero Daesh-talibán para Turkmenistán

El estado constitucionalmente neutral de Turkmenistán está mal posicionado para hacer frente a un tablero transfronterizo al estilo Daesh de los talibanes, o cualquier otro grupo terrorista islámico o coalición temporal de los mismos, que pretenda cargar a través del territorio desértico llano y fácilmente transitable para atacar la cuarta mayor reserva de gas del mundo, tentadoramente situada a una o dos horas de viaje de la frontera. Las condiciones de oasis a lo largo del río Murghab de Turkmenistán, el canal de Karakum, y el río Amu Daria que comparte con Uzbekistán, podrían hacer de corredores ideales para la guerra relámpago para los terroristas, y les proporcionarían suficientes recursos agrícolas e hídricos para excavar en su entorno y empezar a establecer un califato.

La zona de seguridad del norte de Afganistán

Las comunidades turcomanas, uzbekas y tayikas en el norte de Afganistán podrían ser abastecidas por sus patrinos de los estados nacionales del mismo nombre, para crear zonas de amortiguación fortificadas en su territorio que servirían como un recurso provisional ante cualquier inesperado auge talibán-Daesh hacia el norte, aunque los tres estados de Asia Central (y especialmente Uzbekistán y Tayikistán), podrían terminar en una acalorada competición subsidiaria entre sí que con el tiempo acabaría en una guerra abierta entre ellos.

La “Crimea inversa” de Uzbekistán

Explotando totalmente el principio de reunificación nacional que los crimeos han practicado en su histórico referéndum para reunirse con Rusia, un gobierno pro-estadounidense en Uzbekistán podría tratar de diseñar condiciones similares para hacer esto con las diásporas uzbekas vecinas en Kazajistán, Kirguistán, y/o Tayikistán, con el segundo siendo el objetivo más probable debido a su debilidad estructural, política y geográfica en la defensa de este territorio. El objetivo de este esquema sería atraer a Rusia al pantano de la obligación legal que tiene de defender a sus aliados de la OTSC, poniendo a Moscú en la tesitura de ser “condenado si actúa” (y ser arrastrado a un lío más grande), y “condenado si no lo hace” (y mina la confianza que sus aliados tienen en él).

El plan de ONG para un “Crimea inversa” en Kazajistán

Los EE.UU. entienden que una de las piezas centrales del emergente orden mundial multipolar es la asociación estratégica ruso-kazaja y los proyectos de integración postmodernos, pero ve una oportunidad convincente para dividir a estos dos aliados haciendo que ONGs extranjeras provoquen sentimientos separatistas entre la población rusa del norte de Kazajistán, a fin de producir una gran crisis en las relaciones entre los dos aliados. Ambas partes hablarían con claridad en contra de este complot exponiéndolo como lo que es, pero los rusos engañados en la zona fronteriza podrían popularizar “la traición de Moscú” a sus intereses, y tomar las armas contra el Estado kazajo, poniendo así a Rusia en la muy incómoda posición de tener que ver lo que previsiblemente será vendido por los medios de comunicación occidentales como “tropas kazajas musulmanas” matando “rusos ortodoxos pro-democracia”, con este giro particular siendo utilizado con el fin de incitar el resentimiento anti-gubernamental dentro de la propia Rusia, y concentrado principalmente en la región de Siberia, ya propensa a la oposición.

Fiesta de la matanza fraticida de Kirguistán

Kirguistán es el más débil de todos los estados de Asia Central en términos de sus vulnerabilidades identitarias, con la parte del país del valle de Ferganá habitada por un gran número de uzbekos, y por lo tanto susceptible a Taskent o a alguna influencia nacionalista demagógica irredentista de ONG. El país casi explotó en la guerra civil la última vez que hubo una revolución de color en 2010, con la más temprana de 2005 presagiando la carnicería que afectó a Kirguistán sólo cinco años más tarde. Como muestra el patrón, podría costar sólo un cambio de régimen más para empujar al país a un caos sin cuartel, como dice el dicho, “a la tercera va la vencida”.

El Califato Kush

Las regiones fronterizas montañosas del sur de Kirguistán, la provincia autónoma del este de Tayiskistán del Alto Badajshán, el corredor de Wakhan en el noreste de Afganistán, y las áreas tribales administradas federalmente (FATA) de Pakistán, e incluso una extensa parte de su provincia de Gilgit-Baltistán, están poco vigiladas y sus respectivos centros nacionales ejercen un control mínimo sobre sus asuntos. Los traficantes de drogas se mueven ya hacia adelante y hacia atrás a lo largo de estos pasajes transnacionales, pero si los terroristas islámicos encuentran una abertura para hacer lo mismo y comienzan a reclamar alguno de los territorios aquí, sería extremadamente difícil desalojarlos (sobre todo en los meses invernales, que cubren alrededor de medio año) y por tanto, podrían tener éxito en la creación de un califato Kush. Tal vez sea por esta razón que el autor había advertido allá por 2015 en un artículo para el Instituto Ruso de Estudios Estratégicos, que China anunció recientemente la formación de un mecanismo de cooperación y coordinación a cuatro a principios de ese mes con Tayikistán, Afganistán y Pakistán.

Uzbekistán se vuelve hacia Estados Unidos

Si el gobierno de Taskent decide “contrarrestar” la restaurada influencia de Rusia en Asia Central, y busca conservar mediante un “tercero” la independencia estratégica de China girando hacia los EE.UU., entonces el estado posicionado en el centro del “hearttland del Heartland” podría dotar a Washington con una percha geoestratégica fundamental desde la que interrumpir indirectamente los procesos de integración regional a través de intermediarios. No se puede exagerar lo suficiente cómo cambia el escenario del juego si Uzbekistán toma una decisión firme y rápida para alinearse estratégicamente con los EE.UU., tal vez como consecuencia de una lucha interna de poder post-Karimov, o de una revolución de color exitosa.

La influencia de la India y de Irán invade la región

Irán está trabajando muy de cerca con la India como parte del Corredor Norte-Sur, una de cuyas ramas está previsto se ejecute en Asia Central, dando lugar a una fuerte corriente de influencia india comercial, política, y, algún día, militar. India e Irán están coordinando sus esfuerzos a través del Acuerdo de Ashgabat del que ellos, Turkmenistán, Uzbekistán y Kazajstán forman parte (incluyendo a Omán, que es insignificante en este contexto), por lo que hay unas bases multilaterales acordadas para que esto suceda. La afluencia de productos de la India a gran escala competirá con la influencia económica de Rusia y China en Asia Central, tal vez incluso empujando a ciertas industrias o incluso mercados enteros, lo que es casi seguro exarcerbaría la guerra fría chino-india y las sospechas de Moscú hacia la recién descubierta asociación de Nueva Delhi con Washington.

En cuanto a Teherán, tiene grandes sueños de restablecer su huella histórica en la región, con sus líderes y empresarios (y, posiblemente, incluso clérigos) planificando ‘aprovechar’ la penetración infraestructural de la India con el fin de avanzar en su propia agenda. Con el tiempo, y si resulta ser tan problemático como su socio indio, entonces Irán podría eventualmente convertirse en un serio rival en la región de Rusia y China en el Corazón de Eurasia. La sinergia coordinada del eje India-Irán podría ser suficiente para desafiar sustancialmente a su contraparte de Rusia y China, lo que entonces dividiría el mundo multipolar e incluso trabajaría en beneficio del divide y vencerás de los EE.UU..

La alianza del gas turkmeno-iraní

Irán y Turkmenistán tienen la más grande y la cuarta mayor reserva de gas del mundo, a pesar de que aún no han entrado en una alianza viable entre sí debido a las circunstancias internacionales de Irán (por ejemplo, la reputación de “Estado delincuente” por parte de Occidente y las sanciones de energía antinucleares) , pero esto podría cambiar ahora que Teherán está llegando desde el frío con la bendición de Occidente. La charla especulativa previa sobre un oleoducto trans-Caspio a Azerbaiyán, caro y geopolíticamente inviable, podría ser reemplazada por proyectos prácticos para el gas turkmeno para golpear los mercados globales a través de Irán, ya sea hacia el sur a través del gaseoducto hasta el terminal de exportación de GNL en Omán, y/o hacia el oeste a Turquía para enlazar con el TANAP TAP y el corredor meridional de gas de la UE. Ambos escenarios serían devastadores para Rusia, ya que mantendrían dramáticamente los precios internacionales del gas en un mínimo sin precedentes, inflingiendo por lo tanto retos presupuestarios a largo plazo para Moscú. Es previsible por lo tanto que Rusia viera cualquier movimiento iraní en esta dirección como un acto hostil pasivo-agresivo que dañaría las frágiles y complicadas relaciones entre estas dos grandes potencias.

vintage_map_indiaSur de Asia

El gran Bangladesh

Podría crearse un “Gran Bangladesh” si las fuerzas nacionalistas dentro o inmediatamente fuera del país buscan unir la diáspora étnica vecina, que en este caso incluiría a aquellos que están en el estado de Rakáin de Myanmar (comúnmente llamado “rohinyá” por los grandes medios de comunicación occidentales, tal y como como inventaron el término falso “kosovar” para justificar el escenario separatista en Yugoslavia/Serbia), el estado del noreste indio de Tripura (que ahora es de mayoría bengalí), otras partes de esta región que han sido afectadas por la inmigración ilegal bengalí, y el estado de la India de Bengala Occidental (lo que es más complicado, ya que sólo un tercio son musulmanes, mientras que los 2/3 restantes son hindúes y por lo tanto menos atraídos hacia Daca).

Insurgencias del noreste de la India

Las insurgencias que durante décadas se han estado librando en el noreste de la India podrían regresar con mayor intensidad y posiblemente unirse en una campaña separatista coordinada en toda la región contra Nueva Delhi, incomodado geopolíticamente, teniendo dificultades para acceder a este rincón del país. Aquí, los contornos más probables de conflicto son los siguientes:

Choque de civilizaciones:

Muchos de los habitantes del noreste de la India son cristianos, lo que podría poner a su población en desacuerdo con el Gobierno hindutva de la India (nacinalista hindú), y la población de musulmanes bengalís indígenas o inmigrada ilegalmente, especialmente si los elementos proselitistas cristianos agresivos, como los protestantes, los testigos de Jehová, y otros, adoctrinan a la gente del lugar en la violencia contra sus vecinos infieles. La religión también podría servir como un poderoso grito de guerra para algunos movimientos separatistas, dependiendo de a cuál de las tribus/grupos étnicos se apele (tales como los Naga).

Nagalim:

El estado indio de Nagalandia es sede de un movimiento muy activo de revisionistas que quieren forjarse lo que ellos llaman “Nagalim”, que es la “Gran Nagalandia” o la entidad administrativa territorial unificada de todos los nagas. Sus defensores están divididos sobre si esto debe ser pacífica o violentamente, y si debe limitarse a obtener legalmente las tierras de otros estados vecinos en la India, o si se debe incluir a la población transfronteriza de Myanmar, donde los grupos rebeldes/terroristas relacionados residen en numerosos refugios seguros. Este problema es quizás una de las amenazas más acuciantes del noreste de la India.

Bodoland:

El grupo minoritario Bodo en el estado de Assam quiere su propia entidad separada dentro de la India, pero como esto no le ha sido concedido por medios legales, algunos de sus seguidores han recurrido al terrorismo en su lugar, siendo la acción más conocida la de diciembre de 2014, cuando más de 75 personas murieron en una serie de ataques coordinados.

Assam:

Este solía ser el estado más grande del noreste de la India, a la vez que ocupa casi toda la región, pero con el tiempo ha sido cortado hasta su tamaño actual, ya que fueron forjados diferentes estados de la Unión fuera de su territorio. Hay una posibilidad de que el reactivado nacionalismo assamés pudiera adoptar una forma militante si este grupo se siente más amenazado en el futuro, posiblemente por el Bodo, y si parece posible que Nueva Delhi ceda a sus demandas y recorte aún más el territorio de este estado para dar cabida a la inquieta minoría.

Gorkhaland:

El último escenario más probable de un conflicto en el noreste de la India no es en realidad dentro de la propia región, sino en el ‘cuello de pollo’ del Corredor de Siliguri del estado del noroeste de Bengala, que conecta el resto del país a las “siete hermanas’. La población local gorkha ha ido agitándose gradualmente por más derechos políticos y una representación por separado dentro de su país de origen, con el argumento de que los bengalíes étnicos los sometían y administraban injustamente sus asuntos. Se ha trabajado un sistema de autonomía local en el distrito de Darjeeling Hills, pero esto algún día podría no ser suficiente para satisfacer las crecientes demandas políticas, sobre todo si los parientes gorkhas transfronterizos del Nepal terminan ayudándolos en su causa (ya sea oficialmente a través de Katmandú, o informalmente a través de actores no gubernamentales como las milicias y las ONGs occidentales).

“Federalismo identitario” en la India

La India tiene un complejo sistema de gobierno que pone en práctica algunos principios federativos dentro de su formato de República unitaria, pero una ola de rejuvenecidas insurrecciones en el noreste podría dar lugar a que el gobierno central haga concesiones políticas a gran escala a estos estados, algunos de los cuales incluso podrían convertirse en autónomos en gran medida. El “virus” del “federalismo identitario” y/o la “separación política basada en identidades” podría estallar fuera de la zona de “contención” del noreste de la India y más allá del ‘cuello de pollo’ en el corazón del país, lo que podría conducir a intentos imitadores en los estados con mucha más diversidad identitaria, sobre todo si los rebeldes maoístas naxalitas toman esta causa por razones populistas. Si la India se somete a una versión del siglo XXI del Acta de Reorganización de los Estados Indios de 1.956, entonces podría encontrarse fundamentalmente transformada más en una “federación de identidades” y menos en una República unitaria, aunque este escenario, naturalmente, sólo será posible si existe una considerable presión desde el corazón de la península para que esto suceda.

La deriva dravidiana

La mayoría de las personas que viven en la región del sur de la India son dravidianos, hablan un lenguaje diferente al de sus contrapartes del norte, y tienen una diferente historia y composición étnica. Esta parte del país podría algún día a través de cualquier serie de circunstancias darse cuenta de que le gustaría, por su obvia separación de identidad, asumir significados políticos, lo que en un principio podría ver a los estados locales y a las organizaciones de la sociedad civil, consolidarse alrededor de la identidad regional y formar bloques de votación dentro del parlamento. El siguiente paso podría ser la creación de un partido político apoyando los intereses dravidianos/del sur de India, lo que podría llegar a ser más urgente en el caso de que el gobierno central lleve a cabo una serie de medidas políticas de división que se perciban (o se hagan percibir por la población con el apoyo de medios de comunicación y ONGs extranjeras) como contrarias a sus intereses regionales, necesitando por lo tanto la formación de un partido regional/identitario al estilo del Pakistán anterior a la independencia, que algún día podría establecer el escenario para un federalismo identitario o un movimiento secesionista.

La zona prohibida naxalita

El gobierno de la India ha estado luchando durante décadas ya contra los rebeldes/insurgentes maoístas naxalitas en el este de India, pero todavía no ha logrado desalojarlos de sus bastiones de apoyo en la jungla y en las regiones del interior ricas en recursos. Partes del país son esencialmente zonas prohibidas para el gobierno, en las que los agentes del orden y los militares saben que están en grave riesgo de perder la vida si hacen un movimiento equivocado. Mientras que el problema no está totalmente fuera de control en la medida que pueda parecer, sin embargo, esta rebelión/insurgencia ha demostrado una capacidad de resistencia impresionante, lo que implica que tiene el apoyo legítimo de la población local. Bajo las circunstancias de una amplia desestabilización en otras partes del país (ya sea a través del terrorismo, el separatismo, escaramuzas fronterizas, etc.), los naxalitas podrían aprovechar su oportunidad de oro para expandir su territorio e influencia y convertirse en una seria amenaza para el gobierno. Al mismo tiempo que otras crisis que ocurren en la India, esto podría ser suficiente para abrumar a las autoridades. Incluso si esto no sucede, Nueva Delhi eventualmente tendrá que aplastar la rebelión/insurgencia si quiere tener el pleno control dentro de sus fronteras, ya que no puede arriesgarse a que los naxalitas sean utilizados por una parte extranjera hostil como un elemento subsidiario en la India Oriental.

Bután como el nuevo Sikkim

El pequeño reino ermitaño de Bután está muy cercano a la India y lleva a cabo la mayoría de sus interacciones internacionales por medio de este país. El problema, sin embargo, es que está justo al lado de China también, y los ultranacionalistas en el poder en la India podrían reaccionar de forma exagerada si Thimbú se acerca más a Pekín por cualquier razón que pudiera llegar a tener, especialmente si esto se hace en respuesta al acoso de Nueva Delhi. En ese caso, la India podría tratar de diseñar el mismo tipo de circunstancias de anexión que desplegó en Sikkim en la década de 1970, con el fin de preparar el terreno para su anexión en la lógica de ‘suma cero’, que es la única alternativa para evitar que ‘caiga a china’ (que fue también la mentalidad que llevó a Nueva Delhi a anexionar Sikkim). Sin embargo, las cosas podrían no ir tan bien como anticipa la India, por lo que podrían tener que utilizar el pretexto de los grupos separatistas/terroristas anti-indios escondidos en las tierras bajas de Bután (lo que anteriormente ha ocurrido, en la década de 1990), con el fin de intervenir militarmente en sus asuntos y como el primer paso para la anexión pura y simple poco después.

Una Segunda Guerra Civil nepalí

Nepal está cerca de caer en una segunda guerra civil, aunque esta vez no entre monárquicos y comunistas (maoístas), sino entre los de las tierras altas y las tierras bajas. El problema es que la constitución del país de septiembre del año 2015 decretó que el Estado unitario podría degenerar en una federación, y que el pueblo “madhesi” alineado con la india (y sobre todo, los de origen indio, ya sean autóctonos nacidos o recientemente emigrados), comenzó casi inmediatamente a declarar su descontento con las fronteras propuestas. Querían su territorio de las tierras bajas como parte de una sola unidad latitudinal política, no repartido como parte de varias longitudinales, que también incorporaron las poblaciones de las tierras altas. El problema es especialmente grave debido a que algunos informes indican que los “madhesi” comprenden más del 51% de la población, y la India fue acusada de bloquear la frontera en apoyo de sus compatriotas aliados con el fin de presionar a Katmandú para que cambie las próximas delineaciones federativas.

Un compromiso fue finalmente alcanzado, mediante el cual se hicieron algunos cambios, pero queda por ver si van a ser actualizados en la práctica o no, lo que en esencia transformaría a Nepal en una federación de identidades de-facto parcialmente controlada por la India. La situación es muy explosiva y todos los lados tienen enconadas reclamaciones que están a punto de dejar salir físicamente, y el inicio de una Segunda Guerra Civil nepalí crearía posteriormente una crisis en las relaciones entre India y China, ya que ambas partes se apresurarán a apoyar a sus parejas en el conflicto. Nepal podría verse como el campo de batalla caliente subsidiario de la Guerra Fría chino-india, que podría extenderse muy fácilmente a través de cualquiera de sus fronteras y, por extensión, tener consecuencias internas muy reales para cada gran potencia. Debido a lo que está en juego, una Segunda Guerra Civil nepalí podría incluso preceder a una segunda guerra entre China e India también, por limitada que sea.

¿Jalistán como la próxima Cachemira?

Los seguidores de la religión sij han exigido una mayor autonomía de la India a largo plazo, y algunos incluso han ido tan lejos como para pedir la creación de su propio estado subnacional de Jalistán en su tierra natal, el Punyab. Esta parte del país se extiende estratégicamente a ambos lados de la frontera paquistaní, y es por lo tanto un área de cero compromiso de las autoridades centrales indias, a menos que, por supuesto, la situación socio-política se deteriore tanto que Nueva Delhi se vea obligada a un compromiso. En el caso de que el Movimiento Jalistán relance una campaña sostenida por sus intereses, es posible que la India reaccione de forma exagerada, viéndolo como un plan de Pakistán y la respuesta de Islamabad al no muy sutil apoyo de Nueva Delhi al separatismo baluchi.

El gobierno de la India ya es muy sensible a cualquier exhibición pública grave de nacionalismo sij desde que los partidarios de esta ideología asesinaran a la primera ministra Indira Gandhi en 1984, y el pueblo de la India ya tiene un historial que muestra una propensión a pogromos reaccionarios. Dependiendo del rumbo que pueda tomar un movimiento nacionalista sij reavivado, especialmente uno apoyado desde el extranjero aunque sólo sea por medios diplomáticos y medios de comunicación, hay una posibilidad de que Jalistán pudiera convertirse en la próxima Cachemira como el estado indio sobrereactivo, vertiendo tropas militares en la intranquila región fronteriza y, sin darse cuenta, poniendo en marcha un efecto dominó incontrolable que en última instancia va en contra de sus propios intereses, y desencadenando otra guerra de poder con su adversario vecino.

Pelea en Baluchistán

El primer ministro Modi se salió de su manera de incluir el Baluchistán pakistaní durante su intervención en el 69 aniversario de la independencia de la India, en una medida simbólica que fue universalmente entendida como significando un cambio importante en la política exterior de la India, a saber, el apoyo del separatismo baluchi como medio de perturbar la actividad del Corredor Económico entre China y Pakistán (CPEC). Esta es la primera vez que la India ha interferido abiertamente en los asuntos de su vecino, y siendo Baluchistán tanto de importancia estratégica como existencial para Pakistán, puede ser visto como una declaración de guerra asimétrica tanto contra él como contra su socio chino, el último de los cuales depende excesivamente de la estabilidad de la provincia con el fin de garantizar la viabilidad del CPEC.

Una escalada de la violencia en Baluchistán podría por lo tanto provocar algún tipo de respuesta directa o indirecta china en apoyo de la soberanía de Pakistán y/o contra la propia estabilidad interna de la India, y esto podría progresar muy fácilmente hasta un brote involuntario de guerra en el subcontinente. Como una proyección más suave, sin embargo, los disturbios baluchis en Pakistán podrían derramarse a través de la frontera con la provincia iraní de Sistán y Baluchistán, que podrían entonces tener el efecto de poner en peligro la terminal de Chabahar del corredor norte-sur financiada por la India, y crear complicaciones en todos los caminos “aguas abajo” de esta línea logística. En diversos grados, esto podría producir una interrupción del comercio tan lejos como en Rusia y Europa Occidental, dando así a todos los socios tangenciales en este proyecto un interés en lo que está sucediendo y motivando su participación para resolverlo.

Saraikistán provoca una guerra civil en Pakistán

Hay un movimiento creciente en Pakistán por la región sur del Punyab para que le sea dada su propia condición de Estado en el país, con el fin de contrarrestar la prevaleciente (y algunos podrían decir, excesivamente dominante) influencia de la élite punyabí. Saraikistán, como sería llamada la entidad provisional, podría dar lugar a una distribución más equitativa del poder político-administrativo dentro de Pakistán, pero en consecuencia, también representaría una transformación fundamental de la estructura existente en el país debido a las consecuencias irreversibles que tendría. Después de casi 70 años de ejercicio de hegemonía interna para bien o para mal, el Punyab finalmente sería “cortado a su medida”, conduciendo a la dispersión de las decisiones desde el centro nacional hacia la periferia, y abriendo espacio para una coalición de estados “anti-Punyab”.

Por consiguiente, poco después pueden hacerse llamadas para codificar la recién descubierta influencia de las provincias vis-à-vis, del anteriormente incontestable dominio del Punjab, y devolver a Pakistán a una federación de identidades, que en este caso podría debilitarle considerablemente, animando a la India al mismo tiempo a tomar medidas más agresivas contra su rival en el preciso momento en el que es más vulnerable. Por tanto, la descentralización de Pakistán a través de la creación del estado de Saraikistan podría provocar la involución de pleno derecho del país, que incluso podría poner en marcha un golpe militar con los generales luchando por salvaguardar la soberanía del país frente a la esperada agresión durante este período de transición fundamental, y/o precipitar el estallido de una guerra civil entre los centralistas punyabís y los federalistas periféricos (que en la mayoría de los casos, probablemente incluirá a Baluchistán).

La Ruta del Algodón

La India se siente en peligro por la nueva ruta de la seda de China y ya está ideando una contraestrategia para competir con ella, una que previamente se ha denominado la “Ruta del algodón” y que fue explorada con más en detalle en un texto anterior del autor sobre este tema. La India tiene pocas trayectorias principales geo-económicas que se espera adopte al mismo tiempo, empezando por el este en la ASEAN y moviéndose hacia la derecha hacia Europa Occidental:

Ley de Oriente:

Modi evolucionó la política de “Mirar hacia Oriente” de su predecesor a una de “Ley de Oriente” y, en consecuencia, ha materializado unos planes concretos de cómo podría proceder. La India ya está llevando a cabo la carretera trilateral entre ella misma, Myanmar y Tailandia, que conectará directamente el país al mercado de la ASEAN a través de las inquietas provincias del noreste, por tanto, anunciando irónicamente cómo este rincón históricamente marginado de la India se ha convertido ahora sorprendentemente en su plataforma de vanguardia de lanzamiento para el futuro.

El marco de la BIMSTEC (Iniciativa de la Bahía de Bengala para la Cooperación Multisectorial, Técnica y Económica), representa las ambiciones globales de la India para consolidar su posición en el sur de Asia, mientras se integra ella misma y sus instituciones con Myanmar y Tailandia más estrechamente, lo que le otorga una posición fuerte en el continente ASEAN y formaliza su influencia en el bloque.

La iniciativa sub-regional BBIN (Bangladesh, Bhután, India, Nepal), está destinada a reforzar el núcleo hegemónico de la India en la región y asegurar la posición de Nueva Delhi, en el caso de que se permita al corredor BCIM, que implica a China (Bangladesh, China, India, Myanmar), proceder en su vecindario.

Mientras todo esto está pasando, India, naturalmente, también persigue conexiones marítimas con el ASEAN insular, en particular con su socio histórico-cultural de Indonesia, intentando conectar a los dos gigantes emergentes en un sistema de compleja interdependencia económica mutua, que más tarde podría elevarse a una anticipada alianza estratégico-militar anti-china.

El Océano Índico de isla en isla:

Figurando en lugar destacado en la gran estrategia de la India, está su ambición de control o de ejercer una influencia decisiva sobre todas las naciones de las islas del Océano Índico, lo que incluye a las Maldivas, Sri Lanka, Seychelles, Comoras y Madagascar. Las dos más cercanas al continente Indio (Maldivas y Sri Lanka) ya se encuentran vinculadas a Nueva Delhi en variados pero crecientes grados, mientras que los otras tres son escenario de la competencia entre la India y China, en particular las Seychelles.

Como parte de su estrategia para convertirse en una gran potencia en el ampliamente extenso Rimland del Océano Índico, la India también se embarcará en una campaña de modernización naval masiva que probablemente será asistida por los EE.UU. en un alto grado. Todo el objetivo en lograr el liderazgo en los mares y en las islas es controlar las Líneas marítimas de comunicación (SLOC), de las que depende el comercio chino-europeo y complementar las estrategias anti-chinas obstruccionistas del mundo unipolar en el Mar del Sur de China.

La línea roja:

Los imperialistas británicos siempre soñaron conectar el norte de África y el sur con una línea de ferrocarril, pero la India de hoy hubiera preferido que China construyera este tipo de proyectos de infraestructura conectivos y luego simplemente ‘aprovecharse’ de ellos para lograr la máxima ventaja rentable estratégica. Pekín está construyendo un sistema de redes ferroviarias internacionales, específicamente en la Comunidad del África Oriental (CAO, que tiene previsto integrarse en una federación en un momento indeterminado en el futuro), lo que podría ser muy útil para la estrategia económica de la Ruta del algodón de la India.

Ya un importante socio comercial para todos los países de África Oriental, Nueva Delhi podría utilizar las inversiones de Pekín con el fin de profundizar su propia influencia y competir con China en sus propios nodos de la Nueva Ruta de la Seda. Con el tiempo, ya que toda la parte oriental de África, desde Egipto a Sudáfrica, se fusiona multidimensionalmente con el centro de gravedad global de la India-Océano Pacífico, es probable que la India tome ventaja de su posición para poder incrustarse más a lo largo de la línea roja de África y convertir la totalidad de sus respectivos países en aliados, potencialmente, incluso en contra de china.

El Corredor Norte-Sur:

Mucho se ha discutido en Rusia sobre el potencial que el Corredor Norte-Sur tiene para beneficiar la integración pan-euroasiática, y si se completa con éxito, entonces el comercio del sur de Asia y de Europa occidental estarían vinculados entre sí por medio de Rusia, Azerbaiyán e Irán. Este es un sabio movimiento de parte de la India, ya que atrae a dos grandes potencias directamente a su órbita, y les da un interés en apoyar no sólo este proyecto en particular, sino también a la India en términos más generales, especialmente ya que Nueva Delhi se prepara cada vez más para una confrontación asimétrica con China. Ni Rusia ni Irán se espera que ‘tomen partido’, pero Nueva Delhi probablemente atribuye esto menos al sabio pragmatismo y más a su deseo egoísta de sacar una ganancia igualmente tanto de la Nueva ruta de la seda como del Corredor Norte-Sur.

Pastunistán como punto débil de Pakistán

Los pastunes son el grupo étnico más populoso de Afganistán, pero en realidad hay muchos más viviendo en Pakistán que en cualquier otro lugar del mundo. Esto se debe en gran parte a la arbitrariedad de la línea Durand de la era imperial, que fue trazada dividiendo esta (ahora) comunidad transfronteriza hace más de un siglo, y sigue siendo un pararrayos de controversia incluso en la actualidad. Es un hecho interesante que la mayoría de los talibanes paquistanís, y de los insurgentes en general que operan fuera de las Áreas Tribales bajo Administración Federal (FATA), a lo largo de la frontera con Afganistán, son pastunes étnicos, lo que demuestra que los deseos etno-nacionalistas en realidad podrían ser una fuerza motriz tan fuerte para ellos como lo es el Islam extremista.

El escenario de este modo se puede construir mediante el nacionalismo pastún transnacional convertido en un grave problema para la integridad territorial de Pakistán, especialmente si está secretamente apoyado por los rivales de Islamabad en Kabul y Nueva Delhi. En el caso de que el equipo de India y Afganistán apoye esta empresa y, posiblemente, incluso la de Baluchistán, entonces se trataría de una horrible pesadilla para Pakistán y socavaría gravemente la proyección exterior de su poder en su lucha por mantener su propia integridad territorial en medio de graves amenazas urgentes en su contra. Pastunistán es más importante para Pakistán que Baluchistán, principalmente debido a la cercanía de la amenaza que supone para la capital de Islamabad, y al hecho de que ya ha sido un problema activo desde hace algún tiempo, pero la fusión de ambas crisis en una estrategia singular de desestabilización anti-paquistaní sería lo peor que podría pasarle al estado.

Bangladesh se convierte en Bangla-Daesh

El superpoblado país de mayoría musulmana de Bangladesh ha estado bajo presión islamista durante el año pasado, con el Daesh reivindicando la responsabilidad de varios ataques terroristas de alto perfil desde el pasado otoño. El autor pronosticaba en un artículo el año pasado para Sputnik cómo este país del sur de Asia podría convertirse en un nuevo punto de acceso terrorista en el futuro próximo, uno que pondría en peligro inmediato la estabilidad de la India y que representaría una amenaza crítica para las ya inquietas provincias del noreste. Uno de los factores que contribuye a un futuro aún más incierto en el país es la rivalidad política entre dos partes principales de Bangladesh, cada una acusando a la otra de avivar los disturbios para obtener ganancias políticas.

Objetivamente parece como si el grupo de la oposición amigo de Arabia (y posiblemente aliado de EE.UU.) estuviera trabajando con estos y otros terroristas con el fin de debilitar al gobierno y crear las condiciones para un cambio de régimen “democrático” o violento, por lo que con tales factores motivadores, no es predecible que la amenaza terrorista vaya a desaparecer pronto en cualquier momento.

Por el contrario, cuanto más inestable se haga Bangladesh más descenderá de una república secular a un afligido estado terrorista pilotado por islamistas, y mayor será su utilidad estratégica al ser utilizado como una herramienta de presión o chantaje geopolítico contra la India. Bangladesh es también un socio clave de China en la Nueva Ruta de la Seda, por lo que sus problemas internos podrían conducir por extensión a repercusiones internacionales para la gran estrategia china. Si Bangladesh, en efecto, se convierte en Bangla-Daesh, entonces podría lanzar toda la región del sur de Asia al caos y afectar a todas las áreas habitadas por bengalís incluso fuera de sus fronteras (Bengala Occidental, Tripura, estado de Rakhine).

Sri Lanka, en el limbo

A pesar de derrotar finalmente a los separatistas tamiles en 2009 después de una sangrienta guerra civil de décadas de duración, Sri Lanka se encuentra bajo presión por sus “socios occidentales”’ para hacer más por integrar y asimilar el extremo norte del país recientemente reunificado. Aunque todavía no sugerido como una solución seria, esto obviamente podría tomar la forma de reivindicaciones federalistas por los tamiles y sus patrones internacionales, especialmente la India, lo que podría suponer la ventaja de tener un pequeño estado intermediario perpetuamente a favor de Nueva Delhi en el interior del país. Los tamiles del sur del estado indio de Tamil Nadu ya tienen extensos contactos transfronterizos con sus parientes insulares en Sri Lanka, por lo que la devolución de esta parte de la isla a una entidad Tamil inevitablemente trabajaría a favor de la India en la profundización de su influencia sobre su vecino, con el deseo conductor, por supuesto, de evitar que China controle totalmente el país (un pensamiento que siempre logra asustar a los estrategas de la India).

Las divisiones políticas entre los partidarios del ex presidente Rajapaksa y el actual líder Sirisena (vistos como más occidentales y amigos de India que su predecesor pro-chino), podrían crear una abertura para que esto suceda si es hábilmente explotado en la dirección “correcta”. Ya que Sri Lanka retrocede desde el poderoso Estado centralizado que era bajo Rajapaksa (que, todo hay que decirlo, perdió por un estrecho margen frente a su rival en las elecciones de 2015), a uno que prospectivamente podría estar más libremente descentralizado y tal vez incluso federalizado, podrían surgir de nuevo divisiones de identidad incluso más profundas que la tamil-cingalesa, y causar una brecha aún más amplia dentro del país, socavando su estabilidad y transformándolo en un campo de batalla de poder entre la India y China. Un brote de la violencia aquí podría tener un impacto negativo en el sur de la India y crear de forma innecesaria un frente que distraiga la atención de Nueva Delhi para centrarse en un momento en que está más preocupada por el desmantelamiento de Pakistán mediante intermediarios y por “actuar en oriente” para contrarrestar a China.

La guerra subsidiaria para terminar todas las guerras subsidiarias

India y Pakistán parecen estar en un rumbo de colisión inamovible, aunque no necesariamente uno en el que cual se enfrentan siempre directamente. Más bien, cada lado está preparado para apoyar una dispersión de los movimientos separatistas dentro del otro en una guerra de poder total para desmantelar existencialmente a su rival y quitarlo del campo de juego geopolítico para siempre. Este giro de los acontecimientos con razón podría ser descrito como uno de los más peligrosos y perjudiciales a nivel mundial debido a lo que está en juego, y tiene el potencial real de atraer a otras grandes potencias, ya que todo el mundo compite por el botín geoestratégico del sur de Asia.

Por un lado, Pakistán podría promover la insurgencia en Jalistán, las siete hermanas, y entre los naxalitas, mientras que la India podría hacer lo mismo con Baluchistán y Pastunistán.

La guerra fría chino-india que incipientemente ha estado calentándose durante el año pasado también tendrá un lugar central en el deseo mutuo de India y Pakistán de desmantelar al otro, con este conflicto asimétrico superficial bilateral ampliado para incluir a China y, por tanto, atrayendo al juego a todo el sur de Asia. India y Afganistán podrían alinearse en contra de China y Pakistán, y las situaciones latentes en Nepal y Myanmar podrían demostrar su valía para ser espacios de batalla reales de “guerra caliente” en los que se enfrentarían los intermediarios de Nueva Delhi y de Pekín. Esto haría toda la región fronteriza del Himalaya entre ellos igualmente tensa y potencialmente incluso militarizada, como la zona desmilitarizada entre Corea del Norte y Corea del Sur. A lo largo de la periferia del subcontinente indio, Sri Lanka es una incertidumbre en este momento, mientras que Bangladesh es el último comodín, ya que esto podría descender a Bangla-Daesh y barajar totalmente la baraja de cartas estratégica.

Las Maldivas, las Seychelles y las Comores serían importantes debido a su función de SLOC [líneas de código fuente] para facilitar el comercio indio-chino de Asia a Europa, aunque debido a esto, la naciente marina de guerra de cada gran potencia asiática se acoplará de manera diferente a la competencia por ellas, ya que experimentan con nuevas formas de proyección de poder. China sería especialmente desfavorecida debido a la distancia geográfica con la que tendría que operar, a pesar de que la marina de guerra de la India está comparativamente menos equipada para hacerlo incluso en su propia “región de origen ‘, así que las probabilidades en ese sentido podrían estar igualadas. África oriental representaría el recurso futuro y el mercado base para ambas partes, pero probablemente no sería el escenario de ninguna intensa rivalidad propensa a los conflictos entre ellas, a pesar de ser un elemento clave para el futuro sostenible a largo plazo de ambas.

En cierto sentido, la configuración estratégica en Asia del Sur y el más amplio Rimland del Océano Índico se asemeja algo a Europa en vísperas de la Primera Guerra Mundial, incluyendo África como una ubicación periférica de la rivalidad, aunque, no obstante, un importante contribuyente a los acontecimientos que más tarde estallaron. Teniendo en cuenta este equilibrio de fuerzas y la alineación regional predicha, se prevé que los EE.UU. y Rusia actuarían como los equilibradores últimos entre la India y China, con Moscú mucho mejor posicionado para hacer esto que Washington debido a la confianza casi igual que ha cultivado con ambos lados. Los EE.UU. son parciales y respaldan claramente a la India, mientras que Rusia no juega ningún tipo de juego, aunque para los EE.UU. lo ideal sería crear una serie de controversias que debiliten las relaciones ruso-indias con antelación a este gran enfrentamiento por poderes, y dividir así el futuro conflicto en los campos claramente discernibles de Rusia-China y Estados Unidos e India. Por lo tanto, a pesar de que no les afectará directamente, Rusia y los EE.UU. podría decirse que son posiblemente dos de los actores más importantes de todo este conflicto debido a los papeles únicos que pueden jugar por medio de la India y China, por tanto, en cierto sentido, hacer una guerra fría chino-india en el Rimland del Océano Índico conlleva los pesados matices de una ruso-estadounidense.

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La Mega Iglesia Corea del Sur extiende su desestabilización ideológica

Corea del Sur tiene una de las poblaciones de cristianos evangélicos de más rápido crecimiento de todo el mundo y también cuenta con algunas de las mega-iglesias más grandes del mundo. En sí misma, esta es una tendencia apolítica benigna relativa a las creencias de su población, pero integrada en una rica perspectiva regional, con nuevos acontecimientos recientes, entonces se convierte en una amenaza preocupante de desestabilización. Corea del Norte y China son conocidas sociedades ateas, teniendo la primera mucho menos tolerancia hacia cualquier forma de cristianismo que la segunda, pero ambas son el hogar de sectas cristianas secretas conectadas con el extranjero, que están empeñadas en derribar a sus gobiernos. Los radicales cristianos aún no han comenzado a recurrir a tácticas terroristas ‘tradicionales’ para hacerlo, pero son, sin embargo, definidos a veces como terroristas, dependiendo de las circunstancias de su captura y cualesquiera que sean sus actividades anteriores.

Corea del Sur ocupa un lugar destacado en esta trama porque es una base cercana para el tipo de agresivo proselitismo cristiano anticomunista que mina la confianza pública en Corea del Norte y China. La religión está siendo utilizada como grito de guerra para reunir a diferentes redes encubiertas de creyentes con el fin de generar una masa crítica de activistas contra el gobierno y el futuro descontento. No es sin razón que Pekín y Pyongyang sospechan y reaccionan ambas ante grupos cristianos secretos, ya que la historia demuestra que estas organizaciones y sus principales figuras se han utilizado regularmente como una quinta columna de vanguardia en anteriores campañas coloniales en África y Asia. Nada de eso está pasando exactamente en el presente, pero el principio es que los grupos religiosos ilegales que operan dentro de China y Corea del Norte – proselitistas especialmente hostiles, como los protestantes y los evangélicos – son utilizados como una fuerza “detrás de la puerta” para desestabilizar en secreto el estado desde el interior.

La mayoría de las personas no son conscientes de ello, pero China tiene una historia muy sangrienta de líderes religiosos y cultos a semidioses commandando legiones de seguidores a la guerra, y a pesar de que el mismo molde exacto es poco probable en el día de hoy, la idea de malévolos actores ensamblando redes ocultas de resistencia violenta anti-estatal bajo el disfraz de la religión y de Dios, es una amenaza continua para la estabilidad de China, no importa cuáles sean los tiempos que corran. La documentada historia de violencia religiosa y de culto en China explica la reacción automática de Pekín ante la promoción agresiva del cristianismo, y viendo cómo Corea del Sur es ahora la sede asiática de esta ideología, puede considerarse razonablemente que esta tendencia demográfica dentro de sus fronteras puede ser – y probablemente ya lo es en cierto grado – un elemento convertible en arma de Guerra híbrida contra China y Corea del Norte.

El THAAD convierte el noreste de Asia en un polvorín

La jugada planificada de antemano de los EE.UU. para explotar las reacciones de Corea del Norte a sus provocaciones militares, ha contemplado el despliegue del sistema “antimisiles” THAAD en Corea del Sur, aparentemente para protegerla contra Pyongyang, pero en realidad para preparar el futuro despliegue en todo el teatro de un amplio sistema que apunte a las capacidades de contraataque nuclear de Rusia y de China. Como respuesta más inmediata y lógica, Rusia y China dijeron que van a comenzar a trabajar más estrechamente en la elaboración de contra medidas coordinadas para esta amenaza mutua, posiblemente, incluso yendo tan lejos como para inaugurar su propio sistema de “antimisiles” conjunto. Lo que esto ha hecho es lanzar el noreste de Asia a la vanguardia de la nueva guerra fría entre los mundos unipolar y multipolar, incrementando dramáticamente las tensiones en este rincón de Eurasia.

Los alineamientos en desarrollo son Rusia-China y Corea del Sur-Estados Unidos, con Japón siendo un aliado de los dos miembros del segundo grupo de países, pero aún no totalmente coordinado cone llos en un marco trilateral. La memoria histórica de la experiencia de la Segunda Guerra Mundial está todavía muy viva en esta parte de Asia, y el público, tanto en Corea del Sur como en Japón, está por lo general en desacuerdo sobre la interpretación de esos acontecimientos por parte del otro, y sobre el papel (tanto histórico, como en cuanto a la forma en que actualmente debe ser expiado) del imperialismo japonés. Es posible, sin embargo, que el alto escalón político y del “estado profundo” (militares, inteligencia, y burocracias diplomáticas permanentes) de cada uno de ellos no comparta los puntos de vista populistas prevalecientes en sus sociedades, y que estén siendo fuertemente presionados por los EE.UU. para integrar este sistema tripartito utilizando, por supuesto, el truco de los medios de comunicación comercializados, de coordinar su respuesta ante Corea del Norte.

Este es un triángulo muy peligroso porque los EE.UU. están geográficamente aislados de las consecuencias más directas a las que podría dar lugar, por lo que se comportan mucho más irresponsablemente y con un toque de riesgo político, obligando a sus países ocupados de la región a hacer su voluntad, sin importar cuán perjudicial sea esto es para sus intereses nacionales. Parte de lo que está pasando aquí es que los EE.UU. también quieren provocar a China un sarpullido (como ha venido tratando de hacer continuamente con el Mar del Sur de China y las disputas fronterizas indias), de manera que pueda ser propuesta por Seúl una explicación “racional auto-evidente” en ‘legitimar’ por qué está trabajando más estrechamente con Japón y, posiblemente, incluso coqueteando con el TTP en algún momento en el futuro. Los lazos económicos China-Corea del Sur son muy estrechos y mutuamente beneficiosos, pero esto es exactamente lo que los EE.UU. están tratando de enturbiar, en una versión parecida adaptada a lo que había intentado hacer con el vis-à-vis entre Ucrania y Rusia, al obligar a Kiev a llevar a cabo una innecesaria “elección de civilización”. Algo muy estrechamente relacionado con esto está ahora en curso de realización con Corea del Sur y China, con el THAAD siendo el equivalente para Corea del Sur de lo que el Acuerdo de Asociación a la UE fue para Ucrania.

Por un lado, por más negativa que sea una tendencia como esta, en la que el noreste de Asia se está alineando en dos bloques separados y fácilmente discernibles, de otra parte esto lleva consigo una apariencia de “estabilidad” clásica de la era de la bipolaridad de la Guerra Fría, ya que está tomando forma un sistema de dos bloques en esta parte del mundo. Por otro lado, sin embargo, la impredecible bala perdida de Corea del Norte se encuentra justo en el medio de ambos, y no sólo podría “ir por libre” de una manera u otra y cambiar el equilibrio de poder, sino que también podría implosionar (ya sea “naturalmente” o por medio de provocaciones de Estados Unidos, tales como un golpe militar, una exitosa guerra económica a gran escala, y/o una revolución de color distante). Los sistemas de dos bloques sólo son estables mientras que no hay ningún agujero negro de incertidumbre literalmente justo entre ellos, papel que es el que Corea del Norte está jugando en este momento. Si puede ser contenida y gestionada con seguridad, entonces, Corea del Norte podría ser un activo valioso para la asociación estratégica entre Rusia y China en el equilibrio contra los Estados Unidos-Corea del Sur-Japón, pero según todos los indicios, esta es una tarea muy difícil, que podría incluso no ser factible en este momento. Por lo tanto, Corea del Norte sigue siendo una de las incertidumbres de más alto riesgo en todo el mundo, ya que cualquier cosa que suceda cambiará decisivamente el equilibrio de poder en el noreste de Asia, y afectará drásticamente el que llegue a la cima ya sea el mundo unipolar o el mundo multipolar.

Reunificación de Corea: ¿Qui Bono?

Una de las proyecciones de escenarios más populares para que participen los estudiantes de relaciones internacionales es imaginar bajo qué circunstancias podrían reunirse alguna vez Corea del Norte y Corea del Sur, y el impacto que esto tendría en los asuntos regionales. Para simplificar, hay tres posibilidades de cómo podría suceder esto de manera realista, y tres resultados relacionados:

Guerra:

Corea del Norte y Corea del Sur van a una guerra total la una contra la otra, en la que ambas resultan muy probablemente destruidas. El devastado campo de batalla, los soldados restantes y la población civil movilizada en cada lado se convierten en el telón de fondo de una intensa guerra de poder entre Estados Unidos y China, posiblemente incluso culminando con la intervención directa de ambos lados en la refriega, al igual que durante la Primera Guerra de Corea.

“Paz”:

Un golpe militar derroca a Kim Jong Un y purga rápidamente a sus aliados institucionales, lo que conduce a una reunificación repentina y rápida con Corea del Sur, aunque de cuestionable longevidad debido a la sorprendente confusión que provoca entre los regularmente adoctrinados norcoreanos y sus aliados militares “sin limpiar”.

Implosión:

Un golpe militar, una revolución de color, o una Guerra híbrida (cada uno de los cuales están estrechamente relacionados entre sí) podrían ocurrir para sumir al país en el caos, así como una combinación de colapsos humanitarios y/o socio-económicos ocurridos independientemente o de forma relacionada. Estas últimas proyecciones de escenario es menos probable que se traduzcan en una implosión en toda la nación, debido a la historia de este tipo de intensas crisis climáticas en el país durante la década de 1990, y también debido a que China ayudaría con provisión de alimentos si fuera necesario.

Una Corea reunificada probablemente tomaría una de las tres siguientes formas internas:

Destruida:

La península coreana es una tierra desolada que ahora debe ser reconstruida, con China y el resto de la comunidad multipolar participando en los esfuerzos de reconstrucción en el norte, mientras que los EE.UU. y sus aliados unipolares hacen lo mismo en el sur. Un gobierno dirigido por la ONU preside toda la masa de tierra, pero el país sigue estando dividido de facto como lo estuvo en la víspera de su separación internacional de-jure.

Partida:

La reunificación realmente nunca sucede en la forma y las dos Coreas siguen comportándose como unidades independientes, no importa al tipo de acuerdo político que lleguen entre ellas. Esto podría ocurrir si es destruida o si un golpe de estado toma el poder y conduce a un avance inmediato en las relaciones entre Pyongyang y Seúl. Este formato se podría utilizar para tranquilizar a los ‘patrióticos’ norcoreanos que no quieren la reunificación política inmediata en los términos de Corea del Sur, pero que son susceptibles a una nueva forma de asociación con sus compatriotas.

Pacífica:

Una Corea unida se convierte en una potencia económica aún más fuerte en el noreste de Asia de lo que la suma de cualquiera de sus dos partes anteriormente independientes jamás podría haber concebido, con un “milagro coreano” reemplazando incluso al de su predecesor alemán de la post-Guerra Fría. Incluso si las tropas de Estados Unidos o Corea del Sur no cruzan la antigua zona desmilitarizada, el recientemente reorientado ejército de Corea del Norte podría dirigirse en contra de China, sobre todo en medio de un ambiente de hostilidad entre las dos entidades (quizá usando el tópico de los coreanos étnicos en Manchuria), provocado por Estados Unidos al estilo del Mar del sur de China. La “Nueva Corea” se convierte así en un aliado de Estados Unidos equipado con armas nucleares en el corazón del noreste de Asia.

El regreso del Sol naciente

El primer ministro Abe está llevando a su país de nuevo a lo largo del camino del militarismo, y es obvio que los EE.UU. tienen la intención de utilizar su nación insular como su socio “dirigido desde detrás” en el noreste y el sudeste asiático. La reciente reinterpretación de la Constitución con el fin de permitir el despliegue de recursos militares en el extranjero en “apoyo” de “países aliados” es una señal peligrosa de que Tokio tiene la intención de desempeñar un papel mucho más firme a lo largo de la región del Rimland de Asia Oriental/Pacífico Occidental. Ya se ha descrito cómo se prevé jugar esto en el sudeste de Asia, pero en cuanto a su equivalente en el noreste, definitivamente verá a Japón doblar sus músculos como potencia naval y continuar provocando a China en el Mar Oriental de China.

Es un hecho poco conocido, pero a pesar de ser un país oficialmente ‘pacifista’, las “fuerzas de autodefensa” de Japón están equipadas con municiones de última generación y tienen acceso a bienes de alta tecnología que les hacen un formidable (aunque no declarado) poder militar, y la industria de energía nuclear del país produce suficientes residuos como para que Tokio pudiera construir 1.000 bombas nucleares en un año si la decisión fatal fueron tomada alguna vez. Sin embargo, a pesar de que esto tiene que suceder todavía y podría no ocurrir nunca, es inequívoco que Japón es una gran potencia que debe ser tomada en serio en todos los cálculos geopolíticos, y que el país del sol naciente por fin ha vuelto a la vanguardia de los asuntos continentales con el pleno apoyo de Estados Unidos.

Fuente: Katehon Asia central, Sur de Asia, Asia Oriental.

Escenarios de la gran Eurasia: Europa y Oriente Medio.

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2 Trackbacks to “Escenarios de la gran Eurasia: Asia Central, del Sur y Oriental”

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