El neorrealismo (estructuralismo)

ALEXANDER DUGINpor Alexander DuginKenneth Waltz: equilibrio de poderes y bipolaridad

Un teórico de la política estadounidense, Kenneth Waltz, es visto como el creador del neorrealismo. Waltz sofistica el esquema realista, incluyendo en él la concepción de la “estructura” de las relaciones internacionales.

En lugar del caos y la anarquía (realismo clásico) las relaciones internacionales se convierten en el campo del permanente cambio del equilibrio de poderes, su articulación, pero el potencial rectificado mantiene todo el sistema mundial en una posición o, en algunos casos, provoca sus cambios. Por lo tanto, la soberanía y su alcance, así como la capacidad de poner en práctica el interés nacional, no sólo dependen del Estado y de sus rivales y competidores en cada caso particular, sino de toda la estructura del equilibrio global de poderes. Y la estructura, en su opinión, influye activamente en el contenido y la extensión de la soberanía nacional, así como en la formulación de los intereses nacionales.

El realista clásico comienza su análisis desde el Estado individual. El neorrealista, después de Waltz, lo inicia a partir de la estructura global, integrada por los Estados individuales e influyendo en su perfil. Al mismo tiempo, como los realistas clásicos, el neorrealista dice que el principio fundamental de la política del Estado en las relaciones internacionales es el principio de la “auto-ayuda”.

Waltz describe en detalle la teoría de que el mundo bipolar es la disposición más estable de las relaciones internacionales, sobre la base del equilibrio de las dos hegemonías (norteamericana y soviética). La estructura en sí, no los intereses de los Estados nacionales, determina el alcance de la política exterior de los Estados de todo el mundo. La estimación de los intereses nacionales (y, en consecuencia, su aplicación) comienza a partir del análisis de la bipolaridad, la localización de cada Estado en el mapa mundial del espacio bipolar con el consiguiente carácter geopolítico, económico, ideológico y político.

De acuerdo con Waltz, la bipolaridad es la forma más rentable del equilibrio de fuerzas, ya que limita las posibilidades para la revisión cualitativa del statu quo por parte de los actores-Estados: todo el espacio del mundo se divide entre dos centros y sus satélites, e incluso los cambios locales se vuelven poco probables, ya que implican automáticamente en el conflicto a dos superestados que son capaces de destruirse mutuamente, así como a toda la humanidad, bajo la colisión nuclear directa.

La disolución de la URSS y, en consecuencia, del mundo bipolar en 1991, fue demasiado inesperada para los realistas como Waltz, él mismo y sus seguidores no lo previeron, estando seguros de la estabilidad de la estructura bipolar. Sin embargo, cualquier cambio empírico del sistema puede traer resultados repentinos en los casos particulares, y algunos nuevos cambios en todo el sistema de relaciones internacionales, pueden hacer relevantes de nuevo las teorías estructuralistas de Waltz, como suele ocurrir con las teorías científicas.

Robert Gilpin: Teoría de la estabilidad hegemónica y el orden mundial bipolar

El otro representante importante del realismo es el especialista en Relaciones Internacionales Robert Gilpin, que se concentró en los estudios de la estructura hegemónica. En su opinión, cualquier orden mundial tiene en su centro cierto poder hegemónico, el hegemón. Puede ser el único que crea la monopolaridad en el mundo, o el mundo puede constar de dos potencias hegemónicas, creando la bipolaridad (que estudió Waltz). Pero no puede haber ningún hegemón más. Con este enfoque el movimiento neorrealista estaba preparado para el año 1991 y el fin de la Guerra Fría, ya que pensaban en la posibilidad de la hegemonía monopolar, que se hizo más evidente al final del s. XX, representada por la dominación global de los Estados Unidos.

De acuerdo con Gilpin, cualquier hegemonía construye su propio sistema de orden internacional, asume la responsabilidad de los conflictos en la zona de su influencia y lleva a la periferia las normas del centro. Por lo tanto, dice Gilpin, la hegemonía se agota, gastando su energía desde el centro hacia la periferia, socavando su poder. Los que están bajo el control hegemónico, tarde o temprano, adoptarán habilidades económicas, militares y tecnológicas y, cada vez más fuertes, destruirán el orden mundial existente a su favor. Entonces, se produce el período de guerra del uno contra el otro, la degradación social, económica, cultural, hasta que una nueva hegemonía aparece.

Después de 1991 las teorías de Gilpin fueron ampliamente aceptadas y muestran de modo científico el mundo monopolar y la hegemonía estadounidense. En lugar de dos hegemonías, ahora es el turno de la única hegemonía estadounidense que define la estructura de las relaciones internacionales a escala global. Estas ideas también fueron desarrolladas por otros autores del movimiento tales como S. Walt y M Rupert.

Sin embargo, en este caso, el realista está seguro de que hay intereses internacionales en el centro del sistema. Bajo las circunstancias del mundo monopolar, se trata del interés nacional de un Estado (los EE.UU.) que está situado en el centro de la hegemonía mundial y es su fuente. Los otros países se incluyen en la imagen asimétrica correlacionando sus intereses nacionales a escala regional con su estructura global.

Al mismo tiempo, Gilpin tiene como objetivo mostrar que la hegemonía no es el estado rentable para un país, que tiene que gastar su energía para controlar las zonas de su influencia, que causan su entropía. El destino de la URSS es un buen ejemplo en este caso. Y, según Gilpin, los EE.UU. se enfrentan al mismo fin. Gilpin dice que el mundo monopolar es injusto, no sólo para aquellos que se convierten en el objeto de la hegemonía, sino para aquellos que son su sujeto. Una lógica tal recuerda mucho a la actitud colonial racista de R. Kipling en la difícil “Carga del hombre blanco”.

Gilpin ofrece introducir el concepto de “guerra hegemónica”, que describe como la consecuencia de la distribución desigual de los recursos entre las diferentes instituciones políticas. El que quiere reforzar sus ventajas, entonces es el que lleva a la guerra. Otro pretende redistribuir los recursos a su favor, y eso es un motivo para iniciar una guerra. Si Waltz, siguiendo las ideas del realismo clásico, cree que la guerra es la causa de la anarquía en las relaciones internacionales, es decir, no existe una institución que pueda detenerla, para Gilpin este no es el motivo, sino la circunstancia consiguiente, y el motivo real de la guerra es la voluntad de dominar, es decir, de crear el orden mundial de la hegemonía y de estar a la cabeza del mismo.

John Mearsheimer: Neorrealismo ofensivo

Un representante aún más clave del neorrealismo norteamericano, que da una importancia significativa a la hegemonía, es John Mearsheimer, quien junto a sus seguidores solían ser llamados los realistas ofensivos. Esto muestra las diferencias en la comprensión de la estructura de las relaciones internacionales. Waltz cree que en un momento u otro los Grandes Estados, en su competencia, decidirán limitar sus pretensiones por razones de seguridad, concentrándose en la defensa. Mearsheimer insiste en que la hegemonía siempre está centrada en el fortalecimiento de su poder y en debilitar a sus rivales, de lo contrario, puede perder su momento de dominación.

Mearsheimer, sin embargo, cree que la hegemonía global, es decir, el mundo monopolar, es imposible en todos sus términos, ya que significaría una sobre-extensión de la infraestructura que ningún gobierno podría permitirse, incluso los más poderosos. Es por eso que cualquier hegemonía tiene que ser sólo regional, observando estrictamente que la competencia hegemónica que podría limitar sus intereses no aparezca en la zona de su influencia. La hegemonía podría interferir en regiones lejanas sólo cuando los Estados locales no puedan evitar, por sí solos, la aparición de la hegemonía entre ellos, siendo capaz de someterlos a su ideología y de desafiar a los poderes lejanos.

Mearsheimer piensa que los EE.UU. son la hegemonía regional que es amenazada por China, que se está convirtiendo en hegemonía regional también, y que será capaz de competir con los EE.UU. en la región del Pacífico por lo menos. Predice la futura colisión entre China y los Estados Unidos.

Mearsheimer es bastante crítico con la política israelí y aún más crítico con el lobby pro-israelí estadounidense, al que dedicó uno de su libros, escrito junto a otro famoso neorrealista, Stephen Walt. De acuerdo con Mearsheimer, las formas del lobby israelí no sólo van en contra de los intereses nacionales de los Estados Unidos, sino que son perjudiciales para los intereses nacionales israelíes, impulsándolo a acciones irreflexivas y racistas contra los palestinos y las naciones árabes vecinas (criticó severamente las acciones militares de Israel en el Líbano, en 2006).

Mearsheimer es defensor de la proliferación de armas nucleares ya que, en su opinión, eso puede proporcionar plenamente la seguridad regional de las grandes potencias y armonizar la política mundial.

El realismo defensivo

A veces, el realismo defensivo se distingue del neorrealismo. Los realistas defensivos defienden que la anarquía en el mundo hace que el Estado se vuelva “obsesionado” por su seguridad. Esto provoca el “dilema de la seguridad”, cuando un Estado intenta aumentar su nivel de seguridad (por lo que la seguridad es considerada como un juego de suma cero) que conduce a la inestabilidad, ya que sus oponentes reaccionan aquí en su propio nivel de seguridad, con el objetivo de restablecer el equilibrio. Es la causa directa de la carrera de armamentos.

Los principales teóricos del realismo defensivo son Stephen Walt, Kenneth Waltz, Stephen Van Evera, Shiping Tang, Charles Glaser.

C. Glaser cree que el Estado, en algunos casos, puede informar mutuamente sobre sus intenciones pacíficas. Si un Estado puede probar a otro que su intención es buena, el “dilema de la seguridad” se puede anular.

Al mismo tiempo, el realista defensivo, al contrario que uno ofensivo, supone que la política interna del Estado puede influir de alguna manera en la política exterior, lo que los hace cercanos a los liberales en la política internacional.

El hiperrealismo de B. Chellaney

El otro tipo de neorrealismo es el llamado hiperrealismo. El representante más destacado del movimiento es Brahma Chellaney.

Los hiperrealistas ven en las relaciones entre los Estados el ciclo infinitamente repetido de las repeticiones. Creen que los conflictos y la competición entre los Estados no pueden convertirse en paz y amistad (excepto en los casos en que se unen para luchar contra un enemigo común), por lo que las mejores herramientas para alcanzar los objetivos políticos son las amenazas y el uso de la violencia. Como la mayoría de los otros realistas, los hiperrealistas están seguros de que la mejor y más eficiente manera de obtener la paz y la estabilidad es la acumulación de poder militar y estar listo para usarlo. Además, los hiperrealistas rechazan, de hecho, todas las objeciones de sus oponentes sobre el crecimiento activo del gasto en armamento, así como dudan mucho del papel eficiente de las instituciones, las leyes y los acuerdos en la política mundial. El hiperrealista tiene en cuenta sólo el poder y la fortaleza, las otras cosas son “ilusión humanitaria”. La guerra siempre tiene lugar cuando los competitivos Estados se dan cuenta de que la otra parte se ha vuelto demasiado poderosa o demasiado débil.

Steven Krasner: “fuerte” VS “débil”

Un activo representante del neorrealismo moderno es el estadounidense Steven Krasner.

Krasner distingue en sus teorías un concepto como el de “Estado débil” que, en su opinión, es el factor de inestabilidad y amenaza para los “Estados poderosos”. El “Estado débil” es incapaz de asegurar la aplicación de las leyes en su territorio, y eso crea condiciones favorables para que aparezcan los centros del terrorismo internacional. Krasner supone que para evitar esto los “Estados débiles” deben estar bajo el control de los “Estados fuertes”, que tienen la hegemonía mundial y regional. El hecho de que el Estado sea débil es suficiente para interferir en sus asuntos internos. Esta idea se desarrolla en su teoría de la “soberanía gradual”, en la creencia de que no todos los Estados nominalmente soberanos deben considerarse como plenamente soberanos. Los verdaderos Estados soberanos existen sólo en los Estados desarrollados democráticos occidentales. En el concepto, Krasner estudió los regímenes del Tercer Mundo, demostrando que los liberales en las relaciones internacionales tiene la tendencia equivocada, en su opinión, de observarlos desde la ayuda económica y el apoyo técnico a su desarrollo, cuando, según Krasner, al igual que otros Estados tienen como objetivo el poder y la seguridad. Al recibir el apoyo de Occidente tratan de convertir éste en poder potencial. En algunos casos, esto puede provocar nuevos conflictos y amenazas para el propio mundo occidental.

El otro tema desarrollado por Krasner en una especie de acercamiento no realista en las relaciones internacionales, es la idea de la toma de decisiones en la política exterior. Según él, todas las decisiones importantes en esa esfera deben ser tomadas en su mayoría por los altos funcionarios (en primer lugar por el Presidente), y no por la burocracia anónima, sin mandato legítimo de la sociedad para su actividad en las relaciones internacionales.

Katehon

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