El realismo geopolítico

ALEXANDER DUGINpor Alexander DuginGeopolítica y Relaciones Internacionales

La geopolítica es una ciencia completamente separada, basada en sus propios principios y metodologías. Sin embargo, la geopolítica y las Relaciones Internacionales estudian los procesos de la esfera internacional, es por eso que ambas ciencias comparten un gran número de cuestiones comunes. La geopolítica, como las relaciones internacionales, fue fundada a principios del siglo XX en el ámbito anglosajón, pero su institucionalización científica se desarrolló de forma diferente, y desconectarlas es bastante problemático. No obstante, hay una serie de autores que son considerados tanto en la geopolítica como en las relaciones internacionales, incluso desde diferentes posiciones y perspectivas.

La primera definición de la geopolítica fue dada por el politólogo sueco Rudolf Kjellén, que la calificó como la “ciencia de las relaciones entre el Estado y el espacio”; y si todos los autores siguen estrictamente la interpretación, la geopolítica sería parte de las relaciones internacionales, y como ciencia que estudia la interacción y los aspectos territoriales de las mismas puede convertirse en una rama independiente de ellas. Pero los primeros trabajos geopolíticos (H. Mackinder) mostraron que esta ciencia es mucho más que una simple rama de las Relaciones internacionales y que reclama su propia estructura y objetos de estudio, convirtiéndose en un nuevo nivel, lo que supone hacer un nuevo sistema de coordenadas. Es por eso por lo que, a decir verdad, la geopolítica debe considerarse como una ciencia totalmente independiente, al estar en la intersección de las ciencias políticas, la estrategia militar, la geografía económica, la sociología y las investigaciones de civilización.

Tal presentación de las teorías geopolíticas y de sus principales autores se realiza a través de libros especiales, monografías y libros de geopolítica apropiados, y en el contexto del realismo de las relaciones internacionales, sólo algunos aspectos de las teorías geopolíticas pueden ser útiles, incorporándose directamente en el contexto de la academia, por ejemplo, al estudiar la estructura de la interacción entre los Estados.

Alfred Mahan: el Poder Marítimo

El almirante estadounidense Alfred Mahan (1840-1914) no utilizó el término “geopolítica”, pero preparó conceptualmente la aparición de dicha ciencia. Fue él quien introdujo el término “poder marítimo”, que fue convertido en el concepto principal de la geopolítica por Mackinder.

Mahan cree que el “Destino manifiesto” de los EE.UU. consiste en convertirse en el imperio marítimo mundial obteniendo la batuta de Gran Bretaña. Es por eso que el objetivo principal de la política estadounidense es el desarrollo de la marina de guerra y el establecimiento del control sobre los océanos del mundo. Según Mahan, solamente una expansión global puede proporcionar la seguridad y el mantenimiento de los intereses nacionales de los Estados Unidos. Durante la expansión, los EE.UU., tarde o temprano, se enfrentarán a los Estados que se resisten a la dominación global, como lo fue en el caso de la Francia napoleónica o de la Alemania de Bismarck, por un lado, e Inglaterra por el otro. Pero en cada ocasión el ganador es aquel que controla el mar como el espacio más privilegiado para el comercio mundial. Por eso, cuanto antes los EE.UU. hagan realidad su destino global y los medios para obtener el control sobre el mar, más eficientemente abatirán a sus rivales (como la terrestre Rusia, en primer lugar) y alcanzarán la hegemonía planetaria.

Halford Mackinder: el Mar VS la Tierra

El fundador de la geopolítica es un geógrafo, diplomático y activista político británico, co-fundador de la London School of Economics, Sir Halford Mackinder (1861-1947). Fue Mackinder quien introdujo los términos del “Mar” y la “Tierra” como las categorías fundamentales de la geopolítica. Él entiende el “Mar” como el imperio marítimo, en su caso, Gran Bretaña, y la “Tierra” como las tierras del Estado continental, en primer lugar, Rusia. La lucha entre el Mar y la Tierra era una clave para descifrar el “Gran Juego” que fue interpretado por el Reino Unido y el Imperio ruso en los siglos XIX-XX y dibujado en el espacio del Báltico, Europa del Este, el Mar Negro, el Cáucaso y el Asia central, el Extremo Oriente y el Océano Pacífico. Probablemente, el dualismo de las dos civilizaciones, el Mar y la Tierra, la talasocracia y la telurocracia, fue descubierto por Mackinder como la ley geopolítica fundamental basándose en la comprensión sistemática de la contienda estratégica que se desarrolla dentro del marco del “Gran Juego”.

Mackinder es añadido a menudo a la lista de los realistas en las Relaciones Internacionales, ya que creía que la confrontación entre la talasocracia y la telurocracia, es decir, entre el Mar y la Tierra, son procesos históricos objetivos que no están conectados a las circunstancias particulares, los regímenes políticos, los códigos culturales o las diferencias religiosas, sino con la disposición especial del espacio que se muestra en la estructura de la sociedad y en sus tendencias fundamentales, y que se revelan en grandes períodos de tiempo y, sobre todo, en la confrontación con la otra forma de sistema. Por lo tanto, Mackinder compartía con los otros realistas el principio de la confrontación potencialmente militar entre Estados, como es habitual en el estándar y el marco natural donde se da el conjunto de las relaciones internacionales. Pero, al contrario que los realistas clásicos, Mackinder lo explicó no por el caos y la anarquía causados por la soberanía, sino por el principio de dualidad de las orientaciones geopolíticas, y las contradicciones fundamentales entre el interés estratégico geopolítico del Mar y de la Tierra. En la práctica, Mackinder y sus seguidores cayeron generalmente dentro del equipo de los realistas (sin embargo, hay algunas excepciones, como por ejemplo el geopolítico liberal atlantista Zbigniew Brzezinski), es decir, se mostraron escépticos sobre la posibilidad de una profunda y cualitativa transformación de la sociedad, que se hallaba en las familias geopolíticas opuestas. Ningún cambio ideológico en los Estados terrestres podría ayudar a acercarlos a la estructura de los Estados marítimos, ya que las contradicciones geopolíticas han de ser consideradas como algo inmutable, permanente y más fundamental que las fluctuaciones de los sistemas políticos y los regímenes.

Mackinder, siendo Alto Comisionado británico en el sur de Rusia en el período de la guerra civil rusa, consideraba a los bolcheviques, que controlaban el Heartland del antiguo Imperio ruso, como los seguidores directos de la geopolítica de los emperadores rusos, y llamó a apoyar al Ejército Blanco en diferentes formas, lo que podría ayudar a romper Rusia como la civilización de la Tierra, el enemigo permanente del Imperio británico, que a su vez representaba la civilización del Mar. En general, los análisis de la guerra civil rusa por parte de H. Mackinder y de E. Carr eran bastante similares, pero las conclusiones de sus análisis eran opuestas. La mayoría de los políticos y analistas británicos, en ese momento, estaban seguros de que los bolcheviques suponían algo diferente para Rusia, por lo que su gobierno no tendría oportunidad de serlo por mucho tiempo. Mackinder, así como Carr y algunos eurasianistas (en particular, P. Savitsky), consideraban a los bolcheviques como los sucesores directos de la civilización terrestre, el continentalismo ruso, y predijeron su victoria en la Guerra Civil y más lejos. Sin embargo, si Carr ofreció a Londres aceptar esto como un hecho y construir desde el principio relaciones pragmáticas y constructivas como con un futuro Gran Estado Mundial, Mackinder, por el contrario, encontrando la misma predicción una amenaza para el Imperio británico, instó a Londres a hacer todas las maldades posibles a los bolcheviques. Carr presionó a las autoridades en un sentido completamente diferente. Por lo tanto, dos realistas, basándose en el mismo análisis de una situación histórica particular, llegaron a dos conclusiones completamente diferentes. El ejemplo muestra muy gráficamente cuán diferentes pueden ser las recomendaciones basadas en diferentes esferas de averiguación científica en el ámbito de la política particular. El mismo análisis, realizado en el marco de la misma ciencia, puede aportar conclusiones completamente opuestas.

Nicholas Spykman: ¿Quién controla el Rimland?

Mackinder tuvo una gran influencia sobre el científico geopolítico estadounidense Nicholas Spykman (1893-1943), el co-fundador de la geopolítica norteamericana y también el representante del realismo estadounidense en la política exterior. Spykman hizo una revisión de las ideas geopolíticas de Mackinder haciendo hincapié en la “zona costera” (el Rimland), es decir, el territorio de la Europa Occidental, pasando por el Oriente Medio hasta la zona de Asia y el Pacífico. Spykman creía que esa área era crucial en la lucha entre el Mar y la Tierra. Mackinder afirmó que “quien domina Eurasia, domina el mundo”, Spykman cambió la fórmula en el sentido de que “quien domina el Rimland, domina el mundo”.

Spykman es considerado el principal creador de la teoría de la “contención”, que se convirtió en la principal estrategia de los Estados Unidos hacia la URSS en el período de la Guerra Fría. Ésta implicaba no permitir la expansión de la influencia soviética – que era la principal competencia para el hegemón mundial-, lejos del Heartland, y establecer un control directo e indirecto sobre el Rimland; en primer lugar, establecer la dominación directa de Estados Unidos sobre la Europa Occidental, no permitiendo a Alemania reforzar sus posiciones. Luego, era importante la entrada de Turquía en la OTAN; redirigir a algunos países árabes hacia los EE.UU.; recibir la lealtad de Irán hacia los EE.UU.; reforzar su posición en Pakistán sin romper con la India; separar a China y a Rusia apoyando a Japón, ocupado por Occidente desde 1945.

Carl Schmitt: el orden de los Grandes espacios

Carl Schmitt (188-1985), el jurista y teórico político alemán, hizo una gran contribución a la geopolítica, así como a las relaciones internacionales. Las teorías de Schmitt abarcan la amplia gama de los problemas conectados con las diferentes caras de la política, incluida la internacional, y muchos de sus conceptos y definiciones se convirtieron en clásicos. En los términos de la geopolítica, deseaba elaborar la base filosófica de los conceptos de Mackinder del Mar y la Tierra, describiendo las diferencias sociológicas y políticas entre la talasocracia y la telurocracia, comprendidas como diferentes sistemas de civilización. El Mar es un sistema de comercio, el individualismo, la comercialización, la disposición al desarrollo técnico, la industrialización, la modernización y la dinámica social. La Tierra es el sistema social jerárquico conservador, la jerarquía, los valores de auto-sacrificio, servicio, fidelidad y honor; es la sociedad más tradicional. Gracias a Schmitt la geopolítica ganó una gran base social teniendo en cuenta los códigos culturales y sociales.

Al mismo tiempo, Schmitt desarrolló las teorías sobre el registro legal del “orden de los grandes espacios”, estudiando cuidadosamente la Jus Publicaum Europeum, la Admiralty law inglesa, la Doctrina Monroe norteamericana y las bases legales del Tratado de Versalles. Schmitt muestra que el concepto de “gran espacio” (Grossraum) no es directamente un concepto político o jurídico, sino que es el proyecto estratégico de la disposición global y regional respetando el interés nacional de una u otra gran potencia o alianza. Él lo correlaciona con el concepto de “Imperio”, que incluye diferentes formas políticas, e incluso Estados enteros. Uno u otro régimen global del espacio político es llamado por él el “Nomos de la Tierra”.

Schmitt cree que cualquier gran potencia pretende tener un lugar privilegiado en el Nomos o crear uno nuevo. Es el caso de las transformaciones geopolíticas mundiales, las guerras, la colonización, la organización de bloques, etc.

Schmitt sigue a Hobbes en la comprensión del Estado, al que consagró varias obras. Cree que el Estado es la expresión social de la interpretación religiosa del mundo. Las religiones monoteístas y jerárquicas construyen sistemas políticos verticales. El politeísmo favorece la dispersión de los centros de toma de decisiones en diferentes niveles institucionales (subsidiariedad).

Las ideas de Schmitt son un arsenal fundamental para las relaciones internacionales, ya que dan las herramientas para un análisis filosófico detallado, así como los contenidos legales de los procesos internacionales y su conexión con la política, el Estado y los sistemas sociales. Al mismo tiempo, en términos del enfoque geopolítico, Schmitt une cualquier asunto estudiado con el factor espacial.

Schmitt puede ser incluido entre los realistas debido a sus convicciones de que los cambios políticos y, respectivamente, el Estado, son características importantes de la sociedad humana, y cualquier intento (liberal y comunista) de extinción del Estado es una fachada demagógica para establecer una “potestas indirecta” capaz de convertirse en una dictadura. En lugar de ello, Schmitt ofrece reconocer abiertamente la inevitabilidad de la política (determina la “política” como el ámbito donde existe la división entre amigos/enemigos) y discutir todos sus aspectos, incluyendo la dictadura, abierta y responsablemente.

Fuente: Katehon.

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