El realismo clásico

ALEXANDER DUGINpor Alexander Dugin – Uno de los fundadores del realismo clásico fue el filósofo político estadounidense Hans Morgenthau (1904-1979). Su obra principal es la Política entre las naciones, donde señala los grandes principios de su filosofía política. Morgenthau tiene como objetivo oponerse a la, en su opinión, excesivamente “optimista” comprensión de los procesos políticos a escala global que era común entre los científicos políticos estadounidenses de la primera mitad del siglo XX; y para lograr su objetivo, señaló de diferentes formas los principios fundamentales de la ciencia política, indicados por Maquiavelo y Hobbes. Por lo tanto, Morgenthau actualiza el punto de vista escéptico de los filósofos clásicos de la modernidad política acerca del tema de la propia naturaleza humana que, no sin la influencia de los socialistas, comenzó a ser entendido con demasiado entusiasmo. Morgenthau trató de llamar la atención sobre el punto de vista de que la naturaleza humana es espontánea y egoísta (axioma de Hobbes: el hombre es un lobo para el hombre), y la gente trata de utilizar cualquier situación para satisfacer sus inclinaciones individuales. Es por eso que cualquier proyecto político, incluso de carácter internacional, debe tener en cuenta este hecho y comprender todos los riesgos que aparecen en cualquier momento cuando se alcanza un nuevo y patente nivel de libertad o de independencia. Por lo tanto, liberar al Leviatán (el Estado con su violencia legítima) no sólo es prematuro, sino incluso imposible en el futuro, según Morgenthau, ya que la libertad encuentra el egoísmo agresivo y es capaz de destruir cualquier buena intención. Es por ello que Morgenthau sugiere seguir la lógica de Maquiavelo y separar la moralidad personal de los intereses del Estado, así como los estatutos legales, y tomar en cuenta sólo los dos últimos factores. Hay aquí una consecuencia, la del abandono de la moralidad en la política global.

Las Relaciones internacionales (RI), explica, podrían convertirse en una teoría científica completa, sólo si se basan en el principio de los intereses nacionales, describiendo las categorías de fuerza y ​​de poder. El significado de “intereses” incluye todos los principales factores del Estado como un actor interactuando con los otros actores. La noción une:

– La estimación racional de las necesidades del Estado (recursos, economía, espacio, energía, demografía, etc.);
– La voluntad de las élites políticas para lograr los resultados necesarios;
– La existencia objetiva de la fuerza, industrial, militar y potencial de los recursos.

El político eficiente es la persona que es capaz de realizar y poner en práctica el interés nacional más correctamente. Él juega el papel del cabeza de familia diligente y con los pies en la tierra que puede asumir la responsabilidad de poner en orden el área de todo el Estado y mantenerse en la parte superior, llegando a alcanzar los objetivos definidos y declarados. El interés nacional está cambiando constantemente, pero en la práctica siempre puede ser valorado con mayor o menor precisión por cualquier Estado, a pesar de la preferencia subjetiva. Esto es lo que hace de las RI en la práctica una verdadera ciencia, según Morgenthau. La determinación del interés nacional es un proceso bastante racional, así como el resultado de cómo uno u otro gobernante o político fue capaz de lograr el objetivo definido. Así que en todo este ámbito, con los intereses nacionales cruzándose con las interacciones de los Estados nacionales, el sistema es apropiado para modelar, interpretar racionalmente y elaborar. Morgenthau afirmó que el derecho objetivo, no los buenos propósitos y las invocaciones idealistas, era el que regía la sociedad. Sin embargo, esto toma en consideración que toda ley permite alcanzar los objetivos con mayor precisión y más eficientemente.

El tema principal y el criterio principal de la política exterior del Estado es la pregunta: ¿cómo influye la política en los intereses y el poder del Estado? Si se logran los intereses y el poder crece, tal política es objetivamente correcta y exitosa. Cómo es visto esto por los otros actores en el sistema internacional, en realidad no importa, ya que el principio de la soberanía y el caos en el sistema internacional de las RI, no permiten la existencia de una institución que pueda juzgar y condenar a los actores soberanos: tal juicio (condena) limita la soberanía o es hecho por otros actores que tienen su propio punto de vista y hacen sus propios cálculos, de acuerdo con sus propios intereses nacionales.

Hans Morgenthau es considerado, con razón, como un filósofo clásico del realismo en las RI, ya que sus obras resumen de forma brillante y con seriedad las principales teorías y principios del realismo en general.

Reinhold Niebuhr: El pesimismo antropológico y el pecado original

Un activista religioso y político estadounidense, Reinhold Niebuhr (1892-1971), hizo una gran contribución a la formación del realismo. Al ser un pastor protestante, Niebuhr criticó duramente a los optimistas antropológicos pensando que “creer en la posibilidad de que la humanidad se puede mejorar es una forma de orgullo demoníaco”. En lugar de ello, centró su atención en el problema del “pecado original” y consideró a la humanidad como un ser dirigido hacia el mal. La estrategia correcta para la sociedad, bajo estas circunstancias, de acuerdo con Niebuhr, es aceptar ese hecho y, en una expresión de modestia y humildad, utilizar instrumentos políticos para no permitir que se muestre la naturaleza oscura. Esta posición fue llamada “realismo cristiano”. De acuerdo con esto, Niebuhr justificó guerras, la represión y la persecución política de los activistas políticos y sociales que representan las posiciones del humanismo radical.

Niebuhr criticó a los “liberales”, “utopistas” y “pacifistas” que, escribió, sobrevaloran la inclinación humana a la bondad y su voluntad de crear una sociedad basada en el amor y la comprensión mutua. En lugar de ello, ellos abren la caja de Pandora, descubriendo el abismo del orgullo. Es por eso que en la política del Estado, como dijo Hobbes, Niebuhr encuentra la limitación de la libertad de los individuos con respecto a los intereses de la mayoría. Interpretando su posición en el marco de las RI, después de la II Guerra Mundial afirmó su teoría de que la URSS y sus aliados debían ser contenidos de forma activa, ya que eran los portadores del “comunismo radical”, y propuso hacer de un anticomunismo activo y ofensivo la base de la política exterior de los EE.UU. y de los países occidentales.

Edward Carr: tener o no tener

Otro reconocido filósofo clásico del realismo en las relaciones internacionales es el científico, historiador y diplomático inglés Edward Hallett Carr (1892-1982). Carr no se refería a sí mismo como un realista estricto, pero su posición en contra de los liberales en los asuntos internacionales, sus críticas al “utopísmo” y al optimismo acerca de las instituciones nacionales, lo empujaron efectivamente al realismo como una ciencia aceptada.

Carr da su punto de vista acerca de la estructura general de las relaciones internacionales, la cual tiene como base, en su opinión, la división principal de todos los Estados (siendo el Estado, como lo era para todos los realistas, el actor principal) en naciones que “tienen” o “que no tienen” . Esto introduce en la estructura del orden mundial una imagen radicalmente opuesta:
– “Tienen” países (Reino Unido, Estados Unidos, Francia, etc., los vencedores en la IGM), destinados a salvar el statu quo, el equilibrio de poder existente en la política internacional, así como a consolidar el orden existente con fórmulas morales.
– “No tienen” países que (Alemania, la URSS, Japón, etc.), por el contrario, quieren revisar el orden existente y cambiar la situación a su favor.

Al mismo tiempo, Carr cree que el pacifismo de los países que “tienen” se basa en el hecho de que están satisfechos con la situación actual, y la disposición de los países que “no tienen” se basa en su agraviado estado. Sin embargo, ambos tipos funcionan de esta manera no a causa de una actitud moral o amoral en las relaciones internacionales, sino por puro egoísmo nacional y por la estimación racional de sus propios intereses. La guerra y la paz, en cada caso, se convierten en decisiones puramente pragmáticas de una equiparación, pero muy diferente: los primeros porque quieren que todo siga sin cambios, los segundos que cambie a su favor. La lógica conduce a Carr a reconocer la relevancia de Marx y del marxismo, que consideran las relaciones entre la burguesía y el proletariado en el mismo sistema. La burguesía necesita orden, estabilidad y calma; el proletariado es capaz de cambiar su posición miserable sólo durante cataclismos, golpes y revoluciones.

Este es el realismo que trata de interpretar la realidad del sistema internacional en la otra cara de los “mitos moralistas” y la “utopía”, y que está en la base de la interpretación de Edward Carr de la historia política de la URSS, que él describe en su obra de catorce volúmenes, convirtiéndose en uno de los autores más respetables en sovietología. Sus oponentes entre los liberales le echaron en cara su “simpatía hacia Lenin y Stalin”, mientras que él trató de encontrar una objetividad y una lógica bastante pragmática a unos u otros pasos dados por las autoridades soviéticas, basados en estimaciones imparciales y racionales de los intereses nacionales. En 1919 Carr, mientras participaba en la Conferencia de Paz de París, predijo que el Ejército Rojo ganaría la guerra civil rusa y la creación del renacimiento de una estructura de estado poderosa y moderna. Hizo un llamamiento al gobierno británico para que dejase de apoyar al Ejército Blanco y comenzara a cooperar con los bolcheviques. Más tarde se Carr acercó al activista social y político ruso D. S. Mirsky (1890-1939), uno de los creadores del movimiento Eurasia. Es probable que su conocimiento de la cultura rusa (Carr había aprendido ruso en Ruga y había sido lector de literatura clásica rusa), y la estrecha amistad con Mirsky influyeran en la profunda comprensión de Carr de la política soviética, y en lo razonable de su predicción acerca de la regeneración de los bolcheviques como uno de los protagonistas más importantes del mundo después de la II Guerra mundial.

Raymond Aron: sociología de los sistemas internacionales

Raymond Aron (1905-1983) es un filósofo político y sociólogo francés que contribuye a la creación de la teoría de las RI. Al mismo tiempo, sus conceptos tienen un notable carácter sociológico que por lo general son excluidos por el pragmático realismo clásico de la escuela anglosajona.Supone un nuevo cambio en la ciencia. Aron afirma sus principales puntos de vista y concepciones en su clásico libro Paix et guerre entre les nations (Paz y la guerra entre las naciones), publicado por primera vez en 1962, que se convirtió en un éxito de ventas.

Aron basa su análisis en la sociología de Max Weber y su interpretación del Estado como “la única institución que tiene el derecho a la violencia”. Centrándose en el principio, él viene con una tesis realista de la anarquía en las relaciones internacionales. Aron afirma que, siendo anárquico, caótico por definición, todo el sistema de las relaciones internacionales no puede ajustarse a una teoría con relaciones causa-efecto. En lugar del enfoque causal, propone introducir el principio de “Verstehen” de Weber en la sociología, para analizar la cooperación entre los Estados. Tal actitud no es por lo general para crear como un sistema estándar para el comportamiento del Estado, o con los otros bajo diferentes circunstancias, sino para ayudar a entender por qué actúan de tal o cual manera, para encontrar sus verdaderos objetivos generalmente ocultos por la propaganda, la elocuencia, y la ideología. Aron llama a este enfoque Praxeología, es decir, análisis inductivo sustancial de la praxis particular.

Aron introduce la noción de un “sistema internacional”, que él define como un “número de unidades que interactúan, siendo capaces de involucrarse en una guerra común”. En cuanto a la actitud principal de las RI entre los Estados, se le considera un autor clásico por su idea de que la posibilidad de conflictos militares es resultado del reconocimiento de la anarquía internacional.

De acuerdo con Aron, la guerra puede tener como causa el deseo del Estado de aumentar su poder, seguridad, o para obtener la gloria. Los dos primeros factores son “objetivos” y “materiales”. El tercero es parte de los valores. Los valores, el código cultural y las actitudes sociales, son propuestos por Aron para ser tenidos en cuenta en la identificación de los intereses nacionales, junto con las razones materiales.

El sistema internacional se caracteriza principalmente por la correlación de las potencias participantes. Aron cree que el sistema internacional puede ser bipolar y monopolar, así como homogéneo cuando se basa en un Estado con sistemas políticos similares, y heterogéneo cuando los sistemas y regímenes son completamente diferentes e incluso opuestos.

El énfasis en la sociología, los valores y los códigos culturales hecho por Aron en sus obras, lo separa de los otros filósofos clásicos de las RI, acercándolo a los representantes de la escuela inglesa de las RI (H. Bull, M. White).

Henry Kissinger: destino de diplomático

El autor clásico del realismo en las RI es el político y activista social profundamente norteamericano, Henry Kissinger. Ex asesor de Seguridad Nacional de los EE.UU. (1969-1975) y Secretario de Estado (1973-1976). Kissinger era un político muy activo en la década de 1960 y hasta los años 90. Este período incluye su activo papel en la relajación de las tensiones entre los EE.UU. -con Nixon a la cabeza- y la URSS -con Brezhnev, (la distensión)-, y la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y China.

Kissinger no era solamente un político, sino un filósofo político del realismo en las RI; esto queda demostrado en el libro donde describe no sólo los aspectos de su carrera política, sino que detalla los fundamentos teóricos de su trabajo sobre la base de una particular y estudiada filosofía política.

Kissinger, al igual que los otros realistas clásicos, se basa en el principio de los intereses nacionales y la supremacía soberana ilimitada del Estado en el sistema internacional. Por lo tanto, reconoce por completo el principio de la anarquía y no establece el objetivo de poner orden de una u otra forma. Un enfoque tal requiere que todos los Estados sean tenidos en cuenta, son conceptualmente similares a pesar de su régimen político y sistema, la existencia o la falta de democracia, el mercado libre o la libertad de expresión. Cualquier Estado para un realista es la estimación racional de sus intereses nacionales, que sus gobernantes políticos tratan de poner en práctica de manera más eficiente. Por eso, explica Kissinger, el único factor que debe tenerse en cuenta es la política real, y si se utiliza con habilidad, sin prestar atención a la apariencia ideológica y moral, es posible alcanzar resultados impresionantes.

Aplicando prácticamente los métodos del realismo, Kissinger consideró a la URSS y a China no sólo como representantes de una ideología hostil para los EE.UU., la OTAN y Occidente en general, sino como Estados nacionales con específicos intereses nacionales, áreas de influencia y objetivos racionales. Discutiendo de intereses bajo algún tipo de pragmatismo puro con el “adversario ideológico”, Kissinger fue capaz de obtener en la práctica un fortalecimiento de las posiciones de los Estados Unidos en el siglo XX. Excluir la ideología, la moral, el respeto de los derechos humanos, las libertades, etc., le permitió llegar a un acuerdo con Moscú, así como con Beijing, que predeterminaron dos procesos importantes en la política mundial del período de la Guerra Fría: la relajación de las relaciones entre la URSS y los EE.UU., y la normalización de las relaciones chino-estadounidenses a principos de la década de 1970, que provocó las futuras reformas de los años 80 en China. Ambos procesos fueron iniciados por Kissinger y contaron con su participación activa. Comprendiendo los verdaderos asuntos económicos de la URSS y China, y dándose cuenta claramente de las pérdidas y de los beneficios del lado norteamericano tanto como del equilibrio entre los intereses nacionales, Kissinger construyó un sistema de diplomacia eficaz que redujo los riesgos de conflicto nuclear entre dos potentes Estados, ayudó a China a integrarse en la economía mundial y, muy probablemente, se convirtió en la razón de la disolución del Pacto de Varsovia y de la URSS, cuando la vigilancia de Moscú fue eficientemente “adormecida” por su realismo.

Fuente: Katehon.

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