El realismo y el Estado soberano

ALEXANDER DUGINpor Alexander Dugin – Si combinamos las principales posiciones de los tres autores clásicos de la ciencia política (Maquiavelo, Hobbes y Bodin),obtendremos la estructura fundamental del campo de las Relaciones internacionales (RI). Prácticamente todos los representantes de las teorías clásicas (positivistas) están de acuerdo en ello, en general. Pero la característica realista de las RI es que considera dicha estructura como constante, invariable y estándar. Según ellos, los tres -el Príncipe, Leviatán, y la soberanía- constante e invariablemente señalan un aprendizaje a través del cual son vistas todas las interacciones en las RI. Esto significa que, para los realistas:

– El único sujeto de las RI es el Estado nacional creado sobre la base de un contrato social, determinado por la necesidad de la autodefensa de los individuos egoístas, y para instaurar el orden en el estado depredador natural de la anarquía (Leviatán);

– El Estado nacional es gobernado por la élite política (el “Príncipe”) que trabaja sobre la base de la eficiencia, la voluntad, y con vistas a retener el poder, basada en una moral que difiere de la generalmente aceptada, si es que tiene alguna;

– El Estado es absolutamente soberano, es decir, no tiene ninguna institución sobre él que pueda ser capaz de limitar su libertad de acción o hacerle tomar en cuenta nada, salvo los intereses nacionales.

Los tres puntos forman la base de la comprensión realista de las RI. Tratando con un actor como el Estado nacional moderno, describiendo sus propios cambios teóricamente según Maquiavelo, Hobbes y Bodin, es posible crear el modelo teórico de las RI.

Llegamos así a una cuestión muy importante: todas las principales filosofías políticas de la era moderna se basan en la consideración de un Estado y crean sus teorías desde el centro hacia la periferia, donde se encuentran las fronteras de los Estados. La lógica de los realistas es la estructura también: el Estado es el actor principal de las RI, ya que se concibe a sí mismo, comienza a partir de sí mismo y no de cualquier otra cosa. La prioridad de la política interna sobre la exterior está en la raíz del fenómeno de la soberanía (así como del poder político y de la violencia legítima). El Estado nacional es considerado como una unidad absoluta, independiente, y funda su actividad en una lógica totalmente autónoma.

Sin embargo, el carácter específico de las RI es tener en cuenta no sólo un actor en el escenario, sino a muchos de ellos en sus interacciones. Esto exige nuevas conceptualizaciones.

La anarquía internacional

La escuela realista de las relaciones internacionales, sobre la base de la ciencia política de la era moderna, establece más conclusiones. La esfera de las RI, como la de la relación entre los Estados soberanos, es el campo de la anarquía (el caos), donde cada actor (el Estado) funciona sólo con respecto a sus intereses egoístas. Si, de acuerdo con Hobbes, la anarquía dentro del Leviatán es eliminada por el propio Leviatán, fuera, por el contrario, existe la anarquía. Es por eso que la guerra entre los Estados es una manifestación natural de las RI, la naturaleza como la batalla entre leviatanes. No hay institución más alta sobre el Estado soberano, por lo que éste se guía sólo por sus intereses, voluntades y recursos en las relaciones con los demás Estados. Los intereses, voluntades y recursos son calculados y aplicados por la élite política, es decir, el “Príncipe”, siendo capaz de demostrar su eficacia de gobierno, conservar el poder y lograr (por cualquier medio) sus objetivos. Por lo tanto, la política exterior del Estado se convierte en una parte de las responsabilidades de la institución personificada en el Leviatán, es decir, el portador de la soberanía, o el “Príncipe” (individual o colectivo). No son necesarios otros factores para identificar la naturaleza de este campo de las RI: es el campo de los poderes independientes (los Estados), las voluntades y los intereses que son limitados por las oposiciones y potencialidades de los otros jugadores. Al contrario que en el sistema político nacional, no hay Leviatán (cuyas decisiones sea obligatoro observar), ni soberanía (que el otro deba obedecer), ni “Príncipe” que haga uso de las élites nacionales y les dicte sus objetivos y métodos. Existe la pura anarquía, el caos. Y es la otra cara de la disposición ordenada, racional y estricta de la sociedad a nivel político interno.

La Paz de Westfalia: un momento histórico en la creación de un nuevo orden internacional en Europa y en el Mundo
 
La posición teórica, de acuerdo con la mayoría de los filósofos clásicos de las RI, se hizo realidad después de la Paz de Westfalia, cuando se celebró en Europa el primer congreso diplomático y dos acuerdos de paz, el Tratado de Osnabrück y el Tratado de Münster (14 de mayo y 24 de octubre de 1648), poniendo fin a la Guerra de los Treinta Años, que dividió Europa por motivos religiosos (los católicos contra los protestantes). También es el año en que terminó la Guerra de los Ochenta Años entre España y su antigua provincia, que tenía un trasfondo religioso. Los acuerdos influyeron en el Sacro Imperio Romano, España, Francia, Suecia, los Países Bajos y sus aliados representados por los duques del Sacro Imperio Romano. La Paz de Westfalia creó los nuevos principios del orden internacional europeo basado ahora en el reconocimiento de la soberanía de todos los Estados a pesar de sus diferencias religiosas. Por lo tanto, era un sistema que correspondía completamente a la estructura teórica de los filósofos políticos clásicos de la era moderna: sus ideas fueron confirmadas por los representantes de los más poderosos Estados de Europa, y se convirtieron en la base de la ordenación real del espacio político en Europa.

Al mismo tiempo, como señalan los representantes modernos de la sociología histórica en las RI, en primer lugar, el principio de soberanía correspondía plenamente sólo a los Estados europeos, pero no correspondía a las colonias ni a los países no europeos (por ejemplo, Asia), Estados que eran considerados con “ausencia” de soberanía o con una soberanía “dividida”. Sin embargo, aunque las RI como ciencia son completamente eurocéntricas, este hecho no modificó la estructura general en absoluto; se lleva a cabo normalmente con los actores básicos, los Estados nacionales, considerados como soberanos por defecto. En el caso de los Estados europeos, las normas y los hechos fueron en su mayoría armonizados, y en otros casos considerados como cosas “atrasadas” y “anómalas” que deben ser mejoradas (a través del pensamiento de la modernización).

El sistema de Westfalia, en su posición teórica, reconoce la soberanía de todos los Estados nacionales fortaleciendo el espacio europeo y, poco a poco, se convierte en el modelo básico de la estructura política del mundo entero. El principio de la soberanía de los Estados nacionales es el principio fundamental de la estructura política del mundo moderno y, como resultado, el sistema westfaliano sigue existiendo hoy en día.

(Traducción Página Transversal).

Fuente: Katehon.

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