Perspectivas y límites del ecumenismo (II)

LIMITES DEL ECUMENISMO CRISTIANOpor Ronald Lasetsky – Leer primera parte: Perspectivas y límites del ecumenismo (I).

Ecumenismo en nombre de la vida

El diálogo religioso con el objetivo de crear un bloque anti-liberal cuyos miembros compartieran puntos de vista antropológicos y éticos es posible, sin embargo, también fuera de la comunidad cristiana. Esto demuestran los progresos en las conferencias demográficas y sociales de las Naciones Unidas. Los orígenes del movimiento se remontan a 1927, cuando inspirada por la defensora del aborto y feminista estadounidense Margaret Sanger (1879-1966), se llevó a cabo la primera conferencia de este tipo en Ginebra bajo los auspicios de la Sociedad de Naciones. Las siguientes conferencias en Roma (1954) y Belgrado (1966) tuvieron un carácter profesional.

En la conferencia celebrada en Bucarest (1974), la posición de los Estados liberales promoviendo el aborto y el control de la población, dirigidos por los EEUU, chocó con la posición de los países de África, Asia, Iberoamérica y los estados socialistas y la Santa Sede, quienes se opusieron a este tipo de soluciones. También en la conferencia, grupos masónicos como el Club de Roma, que fue fundado en 1968 por un industrial italiano y partidario de la eugenesia, Aurelio Peccei (1908-1984), se presentaron abiertamente por primera vez: el Grupo Bilderberg, que fue creado bajo los auspicios de la CIA en 1954 como un foro para promover el atlantismo en Europa occidental; la Comisión Trilateral, que fue fundada en 1973 por miembros de la oligarquía política estadounidense. Se distribuyeron y popularizaron varias publicaciones tales como The Population Bomb (1971) de Paul Ehrlih (1932), y el National Security Study Memorandum of 2000, desarrollado por el Consejo de Seguridad Nacional de los EEUU. Estas publicaciones determinaron que la tasa de natalidad en los países del tercer mundo era una amenaza para la seguridad de Occidente y llaman a contrarrestarla, sin excluir el uso de la coacción.

En la siguiente conferencia sobre población en la Ciudad de México (1984), los países occidentales ejercieron menos presión sobre el control de la población, pero más sobre la liberalización de las economías de los países del tercer mundo. Tales recomendaciones desarrolladas durante la conferencia incluyeron el World Population Plan of Action [Plan de Acción Mundial sobre Población]. Su adopción ha encontrado resistencia por parte de los países musulmanes y muchos otros países de Asia, Africa e Iberoamérica, y el documento también fue criticado por la Santa Sede. La puesta en práctica de las recomendaciones neoliberales contenidas en el Plan de Acción Mundial sobre Población trajo crisis sociales y económicas, y en muchos casos también el colapso demográfico de algunos estados.

Un conflicto político a gran escala entre los Estados Unidos y la Santa Sede, y Occidente y sus agencias internacionales (UNFPA) y “el resto”, se produjo durante la Conferencia Internacional sobre “Población y Desarrollo” en El Cairo (1994). El bloque atlantista, en lugar de su anterior concepto de “control de la población”, presionó en su lugar acerca de la “libre elección” de las mujeres con respecto al embarazo, en cuanto a llevarlo a término o eliminar al feto, con el argumento de que la mayoría de las mujeres – si se les da la opción – opta por una menor descendencia, y que la alta fecundidad es enemiga del crecimiento y la prosperidad. La posición del bloque occidental liderado por los Estados Unidos era una mezcla de las exigencias de la conferencia de Bucarest (prosperidad a través de la despoblación) y de la mexicana (liberalización de los mercados y libertad del individuo en lugar de políticas pro-familia).

Estas soluciones trataron infructuosamente de bloquear el deliberado trabajo conjunto de las delegaciones de la Santa Sede e Iberoamérica (Honduras, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, República Dominicana, Perú, Paraguay, Argentina), de países católicos (Filipinas, Malta), y musulmanes (Libia, Argelia, Marruecos, Jordania, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Yemen, Yibuti, Irán, Pakistán, Afganistán, Malasia, Brunei). La Santa Sede también mantuvo contactos con aquellos países musulmanes que habían decidido boicotear la conferencia (Sudán, Arabia Saudita, Líbano, Irak).

La coincidencia de las posiciones de la Iglesia Católica y de los países islámicos y de Iberoamérica también fue visible en la conferencia “Medio Ambiente y Desarrollo” (Río de Janeiro, 1992), en la Conferencia sobre Desarrollo Social (Copenhague, 1995), en la Conferencia sobre la Mujer (Beijing, 1995), en las conferencias sobre los Asentamientos Humanos (Estambul, 1996), en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación (Roma, 1996) y en la conferencia “El Cairo + 5” (Nueva York, 1999).

Por parte de las organizaciones feministas estadounidenses, humanistas, ateas y católicas (Catholics for a Free Choice) partidarias del aborto, fueron usados argumentos ideológicos, que aparecieron con especial intensidad en las conferencias de Beijing y Roma,  como pretexto para registrar su oposición a la condición de observador que la Santa Sede tiene en las Naciones Unidas, y en su lugar rebajar su posición a la condición de una ONG. En respuesta, se presentó una declaración conjunta sin precedentes de ochocientas organizaciones católicas, protestantes y musulmanas para defender el actual estatus de la Santa Sede. El bloque anti-liberal ecuménico se convirtió así en un hecho (1).

En las relaciones entre los cristianos y los seguidores de otras religiones se puede, y por lo tanto es aconsejable llevar a cabo el diálogo religioso, cuyo objetivo sería desarrollar una estrategia anti-liberal común. Los países musulmanes son aquí un aliado natural de la Santa Sede y de los gobiernos cristianos. Los esfuerzos conjuntos para combatir al agresivo bloque occidental, su esfuerzo por imponer al mundo las políticas maltusianas y neoliberales, pueden ser un punto de partida para el diálogo sobre la ética y la antropología. El resultado de este diálogo debe ser por parte de cristianos y musulmanes el de formular e imponer comúnmente el concepto de un mundo policéntrico y una alternativa no liberal a la americanización, la globalización y el neoliberalismo.

Ecumenismo en nombre de la muerte

Existen también oportunidades para desarrollar el diálogo interreligioso sobre la base del concepto metafísico de la existencia de la Sophia Perennis. Entre los partidarios de esta tendencia se puede encontrar a autores católicos como el Padre Rama P. Coomaraswamy (1929-2006) y Jean Borella (1930), musulmanes como Sayed Hossein Nasr (1933) y Martin Lings (1909-2005), e incluso el metodista Huston Smith (1919). El valor de la metafísica perennialista sin duda debe ser objeto de discusión, incluido el diálogo interreligioso. Los logros de esta tendencia son de hecho muy prometedores y podrían elevar el diálogo religioso a un nuevo nivel, fortaleciendo la ortodoxia y al mismo tiempo la orientación anti-liberal de los participantes.

Por último hay que destacar las oportunidades ecuménicas que ofrece la actual situación política. Son especialmente evidentes en África. En la República Centroafricana cristianos y animistas afiliados a la milicia conocida como anti-Balaka han estado operando desde mediados de 2013. Están luchando contra la milicia musulmana Selek, procedente de la parte noreste del país. En la vecina Uganda, desde 1987, el Ejército de Resistencia del Señor, dirigido por Joseph Kony (1962) conduce la lucha por el establecimiento de un estado teocrático en el que la fuente primaria del derecho sería el Decálogo y las creencias tradicionales del pueblo Achola. En los años 1983-2005, en el actual Sudán del Sur, los cristianos y los creyentes de las religiones tradicionales africanas sostuveron una lucha por la independencia de aquel país en el año 2011, con una guerra contra los gobernantes musulmanes en Jartum. Bajo la presión de la agresión islamista, los cristianos y los representantes de otras religiones en Siria, Irak y Nigeria se hicieron política y militarmente cercanos los uno a los otros. A manos de los musulmanes, los cristianos sufren persecución en Egipto y Kosovo (2).

En todos estos casos (con la excepción de Uganda) en el lado de los agresores hay una variedad del Islam sunita cercano al salafismo, y en el lado de los atacados están los partidarios del sincretismo religioso de cristianismo, magia y creencias tradicionales. El precursor de dicha orientación tradicional entre los políticos cristianos fue François Duvalier (1907-1971), que gobernó Haití desde 1957 hasta su muerte. El líder tradicionalista y anticomunista de Haití fue el precursor de los movimientos tradicionalistas-revolucionarios cristianos de hoy en día en África.

Una leyenda espantosa creció en torno, tanto de los Tonton Macoutes, como de los actuales anti-Balac y Ejército de Resistencia del Señor, que recuerda a la leyenda que acompañaba al “loco” y “sangriento” Barón Roman von Ungern-Sternberg (1885-1921). Como el Khan Blanco de Mongolia, que hizo una síntesis de lamaísmo, magia, y cristianismo protestante, así los combatientes de hoy del sur de Sudán, Uganda, Siria y Africa central incluyen en el ámbito de la religión cristiana creencias tradicionales de sus países. Como von Ungern y Duvalier, fueron acusados ​​de estar fascinados por la muerte e incluso de canibalismo, con razón, si observamos que el concepto cristiano de la Eucaristía encierra un contenido que puede ser llamado “caníbal”, y la fascinación por el sufrimiento y la muerte se puede ver en toda la tradición de la literatura y las artes cristianas (von Ungern-Sternberg había domesticado la muerte y la imposición del sufrimiento con una visión ante los ornamentos de la catedral de su ciudad natal).

Preguntémonos, ¿quiénes son los enemigos del movimiento tradicionalista-revolucionario cristiano? Vemos juntos entre ellos a los occidentales y a los islamistas. Lo que tienen en común es la orientación anti-tradicional. Los liberales occidentales destruyen toda cultura sagrada y religiosa, tratando de uniformar el mundo de acuerdo con el patrón liberal-democrático. Los islamistas se hicieron famosos en los últimos años por la voladura de las estatuas de Bamiyán en Afganistán (2001), devastando mausoleos de santos sufíes en Tombuctú e intentando quemar la biblioteca local (2013), por la voladura del templo de dos mil años de antigüedad en Palmyra (2015), y por muchos actos similares de barbarie. Tenemos, en su caso, que hacer frente al fenómeno no tan raro de la religión que se vuelve contra la Tradición.

La línea divisoria fundamental aquí es por lo tanto un conflicto entre la Tradición y la anti-tradición. En un lado están (apoyándose además los unos a los otros en la práctica) los movimientos islámicos anti-tradicionales y el liberalismo democrático internacional, y en el otro lado, los partidarios del orden sagrado, de la cultura y del estado cristiano a través del cuidado de la herencia de los antepasados. Los demócratas liberales y los islamistas son enemigos de la Tradición, y debido a ello presentan a los movimientos cristianos tradicional-revolucionarios, o como supersticiosos (Ejército Popular de Liberación de Sudán) o como arcaicos y bárbaros (anti-Balaka). Los atacan con los temas del ateísmo abierto (liberalismo) o negador del carácter sagrado y divinizado de la realidad doctrinaria religiosa (islamismo).

La segunda de las posiciones indicadas, negando la coexistencia del mundo trascendental y el material, al mismo tiempo, prepara el terreno para el ateísmo práctico. La sustitución de la cosmovisión mítica por la visión del mundo racionalista es el primer paso hacia el ateísmo. El islamismo no es lo opuesto al liberalismo, sino que está preparando el terreno para él.

En las religiones abrahámicas, el fenómeno de la religión antitradicional es una función de la influencia semítica del desierto, porque está en la base del judaísmo y del islam que desarrolló los conceptos metafísicos con los que el monoteísmo acabó en la negación de cualquier ser espiritual que no sea Dios mismo. En la espiritualidad semítica, el individuo humano se encuentra solo ante Dios en el desierto espiritual. Cuanto más fuertemente está la “religión del Libro” bajo la influencia de la mentalidad del desierto, más pobre y más simplemente es percibido el mundo metafísicamente. En el cristianismo, la expresión simbólica de esa dualidad ya era conocida en la comunidad cristiana original dividida entre “judíos” judeocristianos y “griegos” pagano-cristianos.

Esta segunda variante corresponde a la comprensión del cristianismo por parte del ideal del ecumenismo revolucionario-tradicionalista, expresado en las palabras de Nicolás Gómez Dávila (1913-1994), que declaró ser “un pagano que cree en Cristo”. El diálogo interreligioso más profundamente entendido debe, de hecho, referirse a la revelación original, la Sophia Perennis, su ideal por lo tanto debe ser anti-liberal, anti-humanista, religioso y escatológico. La realidad debe ser vista como deificada y sagrada, la muerte como parte integrante del orden cósmico, el progreso hacia Dios como el crecimiento a través de capas orgánicas de conocimiento, logros materiales, experiencias, tradiciones y cultura transmitidas de generación en generación.

Notas
1. Zob. J. Balicki, E. Frątczak, Ch. B. Nam, Przemiany Ludnościowe. Fakty-Interpretacje-Opinie T. 1, Warszawa 2003, s. 335-463.
2. Zob. J. Agnew, Deus Vult: The Geopolitics of the Catholic Church, http://www.sscnet.ucla.edu/geog/downloads/856/391.pdf (15.01.2016).

08/02/2016

(Traducción Página Transversal).

Fuente: Katehon.

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