Raíces espirituales del conflicto ruso-estadounidense

KERRY BOLTONpor Kerry Bolton Independientemente de la Rusia conocida exteriormente, existe una interna Rusia eterna cuyo carácter embrionario la coloca en un rumbo antitético al de los EEUU.

La rivalidad entre los EEUU y Rusia es algo más que geopolítica o económica. Estas rivalidades son reflejos de visiones del mundo antitéticas de carácter espiritual. El filósofo historiador conservador alemán Oswald Spengler, que escribió sobre la morfología de las culturas como poseedoras de ciclos de vida orgánicos, en su libro epocal La decadencia de Occidente tenía mucho que decir acerca de Rusia, ideas que demasiado fácilmente pueden malinterpretarse como de carácter rusófobo. No es el caso, y Spengler escribió acerca de Rusia en términos similares a los de los “eslavófilos“. Spengler, Dostoyevski, Berdiaev y Solzhenistyn tienen mucho relevante que decir en el análisis del conflicto entre los EEUU y Rusia. Considerar sus diferencias como fundamentalmente “espirituales” explica por qué este conflicto continuará y por qué el optimismo entre los círculos políticos occidentales ante la perspectiva de una Rusia dócil, plenamente integrada en la “comunidad internacional”, fue tan efímero.

Por el carácter religioso de esta confrontación, un analista estadounidense, Paul Coyer, ha escrito:

En medio de la confrontación geopolítica entre la Rusia de Vladimir Putin y los EEUU y sus aliados, se ha prestado poca atención al papel desempeñado por la religión, ya sea como modeladora de la política interna de Rusia o como un medio para comprender las acciones internacionales de Putin. El papel de la religión ha tendido durante mucho tiempo a obtener poca atención en el estudio del arte de gobernar (aunque ha venido experimentando cierto renacimiento en los últimos tiempos), pero en ninguna parte ha jugado un rol más prominente – y tal vez en ninguna parte su importancia ha sido menos reconocida – que en su papel en el apoyo al Estado ruso y en el lugar actual de Rusia en los asuntos mundiales[1].

El ‘Alma’ de Rusia

Spengler consideraba a los rusos formados por la inmensidad de la tierra llana, antagonistas a la máquina de forma innata, enraizados en la tierra, campesinos incontenibles, religiosos y “primitivos“. Sin tener una comprensión más amplia de la filosofía de Spengler, pareciera ser un eslavófobo. Sin embargo, cuando Spengler escribió acerca de estas características rusas, se refería a los rusos como un pueblo todavía joven en contraste con el senil Occidente. De ahí que el ruso “primitivo” no es sinónimo del “primitivismo” tal y como se entendía popularmente entonces en relación con los pueblos tribales “primitivos“. Tampoco debería confundirse con la percepción hitleriana del “eslavo primitivo” incapaz de construir su propio Estado.

Para Spengler, el “campesino primitivo” es la fuente desde la que un pueblo extrae sus elementos más sanos durante sus épocas de vigor cultural. La agricultura es la base de una alta cultura, permitiendo a las comunidades estables diversificar el trabajo en la especialización desde la cual la civilización avanza.

Sin embargo, según Spengler, cada pueblo tiene su propia alma, una concepción derivada del idealismo alemán de Herder, Fichte y otros. Una alta cultura refleja aquella alma, ya sea en sus matemáticas, música o arquitectura; tanto en las artes como en las ciencias físicas. El alma rusa no es la misma que la faústica occidental, como Spengler la llamó, ni la “mágica” de la civilización árabe, o la clásica de los griegos y los romanos. La cultura occidental que fue impuesta a Rusia por Pedro el Grande, que Spengler llamó petrinismo, es un barniz.

Spengler declaró que el alma rusa es “la llanura ilimitada[2]. El alma rusa expresa su propio tipo de infinito, aunque no el del alma fáustica occidental, que se convierte en esclavo de sus propias técnicas al final de su ciclo vital [3]. (Aunque se podría argumentar que el sovietismo esclavizó al hombre a la máquina, un spengleriano citaría esto como un ejemplo de petrinismo). Sin embargo, las civilizaciones siguen el curso de su vida, y uno no puede ver las descripciones de Spengler como juicios morales, sino como observaciones. El final de la civilización occidental, según Spengler, no puede ser el de crear más grandes formas de arte y de música, que pertenecen a la época juvenil o a la “primavera” de una civilización, sino el de dominar el mundo bajo un régimen tecnocrático-militar antes de declinar en el olvido, al igual que civilizaciones mundiales anteriores. Mientras Spengler vio así el cumplimiento de la Civilización Occidental, la forma que esto ha asumido desde la Segunda Guerra Mundial bajo el régimen de los EEUU es muy diferente de la que podría haber asumido bajo el imperialismo europeo.

Es después de este declive occidental -que ahora significa el declive estadounidense – cuando Spengler hizo alusión a la siguiente civilización mundial como rusa.

Según Spengler, la arquitectura ortodoxa rusa no representa el infinito hacia el espacio que es simbolizado por la torre de la catedral gótica de la alta cultura occidental, ni el espacio cerrado de la Mezquita de la cultura mágica, [4] sino la impresión de estar sentado sobre un horizonte. Spengler consideró que esta arquitectura rusa “todavía no es un estilo, sólo la promesa de un estilo que despertará cuando la verdadera religión rusa despierte[5]. Spengler escribía acerca de la cultura rusa como un extraño, y por sí mismo debió haberse dado cuenta de las limitaciones que eso comporta. Por tanto, es útil comparar sus pensamientos sobre Rusia con los de los rusos dignos de mención.

Nikolai Berdiaev, en La idea rusa, afirma lo que describe Spengler:

En el alma rusa esta eso que corresponde a la inmensidad, la imprecisión, la infinitud de la tierra rusa, la geografía espiritual corresponde con la física. En el alma de Rusia hay una especie de inmensidad, una imprecisión, una predilección por lo infinito, tal cual es sugerido por la gran llanura de Rusia[6].

Las conexiones entre la familia, la nación, el nacimiento, la unidad y la madre patria se reflejan en la lengua rusa:

род [rod]: familia, género, especie, género

родина [Ródina]: patria, madre patria

родители [roditeli]: padres

родить [rodít’]: dar a luz

роднить [rodnít’]: unir, reunir a

родовой [rodovói]: ancestral, tribal

родство [rodstvó]: el parentesco

El liberalismo occidental, el racionalismo, incluso los mayores esfuerzos del materialismo dialéctico bolchevique, hasta ahora no han sido capaces de destruir permanentemente, sino a lo sumo de reprimir, estas concepciones -conscientes o inconscientes- de lo que es ser “Ruso“. Spengler, como se verá, incluso durante el período inicial del bolchevismo ruso, ya predijo que hasta esto tomaría una forma diferente, incluso antitética, a la importación petrina del marxismo. Pronto quedó claro que la URSS estaba de nuevo rindiendo homenaje a la Santa Madre Rusia en lugar de al proletariado internacional, con gran lamento de Trotsky.

“Socialismo ruso”, no marxismo

Al alma rusa le falta el ego/vanidad del hombre de cultura occidental; la persona busca el crecimiento impersonal en el servicio, “en el mundo hermano de la llanura“. El cristianismo ortodoxo condena el “yo” como “pecado[7].

El concepto ruso de “nosotros” más que de “yo“, y del servicio impersonal para la expansión de la propia tierra, implica otra forma de socialismo a la del marxismo. Es quizás en este sentido que el estalinismo procedió a lo largo de líneas a menudo antitéticas al bolchevismo previsto por Trotsky y otros [8]. Un reciente comentario de una visitante estadounidense a Rusia, Barbara J. Brothers, como parte de una delegación científica, afirma algo similar a la observación de Spengler:

Los rusos tienen un sentido de conexión a sí mismos y a los demás seres humanos que simplemente no forma parte de la realidad americana. No es que la competitividad no exista; es sólo que siempre parece haber más consideración y respeto por los demás en cualquier situación dada[9].

Del ethos tradicional ruso, intrínsecamente la antítesis del individualismo occidental, incluido el de las relaciones de propiedad, Berdiaev escribió:

De todos los pueblos del mundo los rusos tienen el espíritu comunitario; en el más alto grado el modo de vivir ruso y las costumbres rusas son de ese tipo. La hospitalidad rusa es un indicativo de este sentido de comunidad[10].

Taras Bulba

La literatura nacional rusa a partir de la década de 1840 comenzó a expresar conscientemente el alma rusa. En primer lugar el Taras Bulba de Nikolai Vasilievich Gogol, que junto con la poesía de Pushkin, fundó una tradición literaria rusa; es decir, verdaderamente rusa, y distinta de la literatura anterior basada en la alemana, francesa e inglesa. John Cournos afirma esto en su introducción a Taras Bulba:

La palabra hablada, nacida del pueblo, dio alma y alas a la literatura; sólo al venir de la tierra, de la tierra natal, se le permitió elevarse. Saliendo de la pequeña Rusia, Ucrania, con la sangre cosaca en sus venas, Gogol inyectó su propio virus sano en un cuerpo decadente, insufló su propio espíritu viril, el espíritu de su raza, en su nariz, y entregó a la novela rusa su dirección hasta este mismo día.

Taras Bulba es un cuento sobre la formación del pueblo cosaco. En esta formación el enemigo exterior juega un papel crucial. El ruso se ha formado en gran medida como resultado de la lucha durante siglos con tártaros, musulmanes y mongoles[11].

Su sociedad y nacionalidad fueron definidas por la religiosidad, al igual que las de Occidente por el cristianismo gótico durante la época de su “primavera“, en términos spenglerianos. El recién llegado a la Sich o aldea permanente, fue recibido por el Jefe como cristiano y como guerrero: “‘¡Bienvenido! ¿Cree usted en Cristo?’-`Sí, creo‘”, respondió el recién llegado. “‘¿Y cree en la Santísima Trinidad?‘ – ‘También creo‘.- ‘¿Y vas a la iglesia?’– `Sí, voy‘. ‘Haz la señal de la cruz‘” [12].

Gogol representa el desprecio con que se lleva a cabo el comercio, y cuando el comercio se ha introducido entre los rusos, en lugar de ser limitado a los no rusos asociados con el mismo, es considerado como un síntoma de decadencia:

Sé que las malas costumbres han penetrado en nuestra tierra; hay quien sólo piensa en conservar sus gavillas de centeno, sus haces de heno y sus rebaños de caballos, y en guardar en sus cuevas los embreados barriles de hidromiel; adoptan costumbres de los impíos, que el diablo se los lleve; desprecian su idioma, no quieren hablar con los suyos, y hasta los venden como se vende en el mercado a los animales […] ¡Que sepan todos esos traidores lo que quiere decir hermano en la tierra rusa![13].

Aquí podemos ver un socialismo ruso, es decir, lejos de ser el materialismo dialéctico ofrecido por Marx, es el místico sentimiento del nosotros forjado por la inmensidad de las llanuras y el imperativo de la hermandad por encima de la economía, impuesto por ese paisaje. El sentimiento ruso de misión en el mundo tiene su propia forma de mesianismo, ya sea expresado a través de la ortodoxia cristiana o en la forma no-marxista de “revolución mundial” bajo Stalin, o ambos combinados, según lo sugerido por la relación posterior entre el estalinismo y la Iglesia a partir de 1943 con la creación del Consejo para asuntos de la Iglesia Ortodoxa Rusa [14]. En ambos sentidos, e incluso en las formas embrionarias que tienen lugar bajo Putin, Rusia es consciente de una misión mundial, expresada hoy en día como el papel de Rusia en la creación de un mundo multipolar, con Rusia como pivote fundamental en la resistencia al unipolarismo.

El comercio concierne a los extranjeros, y las intrusiones traen consigo la corrupción del alma rusa y de la cultura en general: en el discurso, en la interacción social, el servilismo socavando la “hermandad” rusa, el sentimiento del “nosotros” ruso que Spengler describe [15].

La hermandad de los cosacos es interpretada por Gogol como el proceso formativo en la construcción del pueblo ruso. Este proceso no es biológico, sino del espíritu, trascendiendo incluso los lazos familiares. Spengler trató el asunto de la raza como propio del alma más que de la zoología [16]. Para Spengler, el paisaje era crucial para determinar en qué se convierte la “raza“, y la duración de las familias agrupadas en un paisaje determinado -incluyendo los nómadas que tienen un definido rango errante- forma ‘”un carácter de duración” que era la definición de Spengler de “raza[17]. Gogol describe este proceso de formación de la “raza” entre los rusos. Lejos de ser un agresivo nacionalismo de raza, es una expansión de hermandad mística bajo Dios:

El padre ama a sus hijos, la madre ama a sus hijos, los niños aman a su padre y a su madre; pero esto no es así, hermanos. La bestia salvaje también ama a sus crías. Mas emparentar por el alma y no por la sangre sólo lo puede el hombre. También hay hermandad en otras tierras, pero como en la tierra rusa no la hay en ninguna parte[18].

El alma rusa nace en el sufrimiento. El ruso acepta el destino de la vida en el servicio a Dios y a su Madre Patria. Rusia y la fe son inseparables. Cuando el anciano guerrero Bovdug es mortalmente alcanzado por una bala turca, sus palabras finales son exhortaciones sobre la nobleza del sufrimiento, después de lo cual su espíritu se eleva para reunirse con sus antepasados [19]. La mística de la muerte y el sufrimiento por la Madre Patria se describe en la muerte de Taras Bulba cuando es capturado y ejecutado, sus últimas palabras son las de la resurrección:

Espera, pronto llegará el momento en que habéis de saber lo que es la fe ortodoxa rusa. Los pueblos vecinos y lejanos lo presienten desde ahora. ¡De la tierra rusa se levantará un zar, y no habrá poder en el mundo que no se someta a él![20].

Petrinismo

Durante siglos ha existido una dicotomía, empezando por Pedro el Grande, consistente en intentar imponer un barniz occidental sobre Rusia. A esto se le conoce como petrinismo. La resistencia ante estos intentos es lo que Spengler llamó la “vieja Rusia[21]. Berdiaev escribió: “Rusia es una sección completa del mundo, un colosal Oriente-Occidente. Une dos mundos, y dentro del alma rusa dos principios están siempre involucrados en la lucha: el oriental y el occidental[22].

Con la orientación de la política rusa hacia Occidente, La “vieja Rusia” fue “forzada a una historia falsa y artificial[23]. Spengler escribió que Rusia había pasado a ser dominada por la tardía cultura occidental:

Fueron trasladadas a Rusia artes y ciencias de una cultura vieja, la ilustración, la ética social, el materialismo urbano, aunque en esta época, que para el alma rusa es época primitiva, la religión es el único idioma adecuado para comprenderse y comprender al mundo[24].

La primera condición para la emancipación del alma rusa“, escribió Ivan Sergyeyevich Aksakov, fundador del grupo anti-petrinista “eslavófilo”, a Dostoyevski en 1863, “es que debe odiar Petersburgo con todas sus fuerzas y toda su alma“. Moscú es santo, Petersburgo satánico. Una leyenda popular generalizada presenta a Pedro el Grande como el Anticristo.

El odio a “Occidente” y a “Europa” es el odio hacia una civilización que ya había alcanzado un avanzado estado de descomposición en el materialismo y que había tratado de imponer su primacía por la subversión cultural más que por el combate, con su perspectiva basada en la ciudad y en el dinero, “envenenando la cultura por nacer en el seno materno de la tierra[25]. Rusia era todavía una tierra donde no había burguesía y ningún sistema de clases verdadero, sino sólo el señor y el campesino, una visión confirmada por Berdiaev, que escribió: “No existían diversas líneas de demarcación social en Rusia; no había clases pronunciadas. Rusia nunca fue un país aristocrático en el sentido occidental, e igualmente no había burguesía[26].

Las ciudades que surgieron vomitaron una intelligentzia, copia de la intelligentzia del Occidente tardío, “con sus conflictos y sus problemas «leídos» y, abajo, en lo profundo, aldeanos desarraigados, con todo el pesar, la angustia y la miseria metafísicas que Dostoyevski ha sentido, con la constante añoranza de la dilatada tierra, con el odio amarguísimo hacia ese caduco mundo de piedra, en donde el Anticristo les ha inducido a entrar. Moscú no poseía alma propia[27]. Berdiaev afirma asimismo del petrinismo de la clase alta que “la historia de Rusia fue una lucha entre Oriente y Occidente dentro del alma rusa[28].

Katejón

Berdiaev afirma que mientras el petrinismo introdujo una época de dinamismo cultural, también puso una pesada carga sobre Rusia, y una desunión de espíritu [29]. Sin embargo, Rusia tiene su propio sentido religioso de misión, que es tan universal como el del Vaticano. Spengler cita a Dostoyevski, que en 1878 escribió: “todos los hombres deben convertirse en rusos, primero y ante todo rusos. Si la humanidad en general es el ideal ruso, entonces todo el mundo, en primer lugar, debe convertirse en un ruso[30]. La idea mesiánica rusa encontró una expresión contundente en Los endemoniados de Dostoyevski, donde, en una conversación con Stavrogin, Chatov afirma:

¿Reducir a Dios al atributo de la nacionalidad?… Por el contrario, elevo la nación a Dios… El pueblo es el cuerpo de Dios. Cada nación es una nación sólo en la medida en que tiene su propio Dios particular, con exclusión de todos los demás dioses en la tierra sin posibilidad de reconciliación, siempre y cuando se crea que por su propio Dios va a conquistar y expulsar a todos los demás dioses de la faz de la tierra… La única nación “portadora de Dios” es la nación rusa…[31].

Se trata de Rusia como el Katejón, como la “nación” cuya misión histórica mundial es resistir al hijo de la perdición, un literal Anticristo, según el Apocalipsis de San Juan, o como el lugar de nacimiento de un gran Zar que cumpla el papel tradicional de nexo entre lo terrestre y lo divino en torno al cual Rusia se une en esta misión. Esta misión como Katejón define a Rusia como algo más que un mero estado-nación étnico, como Dostoievski lo expresó [32]. Incluso la URSS, supuestamente purgada de todas esas nociones, simplemente las re-expresaba con retórica marxista, la cual no era menos apocalíptica y mesiánica, y vio al “Occidente decadente” en términos análogos a como cierto Islam ve en los EEUU al “Gran Satán”. No es de extrañar que los expertos de la academia occidental liberal, secularizada, la política y los medios de comunicación no pudieran entender, y de hecho se indignaran, cuando Solzhenitsyn pareció tan ingrato cuando, en su exilio occidental, condenó inequívocamente el liberalismo y el materialismo de un “Occidente decadente“. Una figura que fue celebrada durante tanto tiempo como un mártir del liberalismo occidental supo ser un ruso tradicional y no alguien que estaba dispuesto a rehacerse a sí mismo a la imagen de un liberal occidental en aras de los aplausos continuos. Atacó las concepciones del Occidente moderno de los “derechos”, la “libertad”, “la felicidad”, la “riqueza”, la irresponsabilidad de la “prensa libre”, “el estupor televisivo”, y se refirió al “declive occidental” con coraje. Hizo hincapié en que se trataba de un asunto espiritual:

Pero si alguien me preguntara, en cambio, si yo propondría a Occidente, tal como es en la actualidad, como modelo para mi país, francamente respondería en forma negativa. No. No recomendaría vuestra sociedad como un ideal para la transformación de la nuestra. A través de profundos sufrimientos, las personas en nuestro país han logrado un desarrollo espiritual de tal intensidad que el sistema occidental, en su presente estado de agotamiento espiritual, ya no aparece como atractivo. Incluso las características de vuestra vida que acabo de enumerar resultan extremadamente entristecedoras[33].

Estos son todos asuntos que han sido tratados por Spengler, y por los rusos tradicionales, ya sea que se hagan llamar zaristas cristianos ortodoxos, o incluso “bolcheviques” o seguidores de Putin.

La tesis de Spengler de que la civilización occidental está en decadencia es análoga a las evaluaciones más místicas de Occidente por parte de los eslavófilos, ambos llegan a conclusiones similares. Solzhenitsyn estaba en esa tradición, y Putin es influenciado por ella en su condena del liberalismo occidental. Putin señaló recientemente las diferencias entre Occidente y Rusia como de raíz “moral” y religiosa:

Otro serio desafío a la identidad de Rusia está ligado a los acontecimientos que tienen lugar en el mundo. Esto es aplicable tanto a la política exterior como a los aspectos morales. Podemos ver cómo muchos de los países euro-atlánticos están rechazando sus raíces, incluyendo los valores cristianos que constituyen la base de la civilización occidental. Ellos están negando los principios morales y todas las identidades tradicionales: nacionales, culturales, religiosas e incluso sexuales[34].

Spengler vio a Rusia como fuera de Europa, y aún como “asiática“. Incluso vio un renacimiento occidental vis-à-vis contra Rusia, que él consideraba como líder del “mundo de color” contra los blancos, bajo el manto del bolchevismo. Sin embargo, también hubo otros destinos que Spengler vio en el horizonte, que habían sido predichos por Dostoyevski.

Una vez que Rusia hubiera derrocado sus intromisiones ajenas, podría mirar con otra perspectiva sobre el mundo, y reconsiderar Europa no con odio y venganza, sino en el parentesco. Spengler escribió que mientras Tolstoi, el petrinista, cuya doctrina fue precursora del bolchevismo, era la “Rusia del pasado“, Dostoyevski era la “Rusia del porvenir“. Dostoyevski, como representante de la “Rusia del porvenir” no conoce “el odio de Rusia por Occidente“. Dostoyevski y la vieja Rusia son trascendentes. “Su poder apasionado de vivir es lo suficientemente comprensivo como para abrazar todo lo occidental también“. Spengler cita a Dostoyevski: “Tengo dos patrias, Rusia y Europa“. Dostoyevski como el precursor de una alta cultura rusa, “para él nada de eso tiene ya realidad, ni el petrinismo ni la revolución. Desde su futuro contempla el mundo como desde una lejanía y tiende su vista por encima de todo eso. Su alma es apocalíptica, añorante, desesperada, pero segura de ese futuro[35].

Para el “eslavófilo“, Europa es preciosa. El eslavófilo aprecia la riqueza de la alta cultura europea, mientras comprende que Europa se encuentra en un estado de decadencia. Podríamos recordar que, mientras los EEUU – a través de la fachada de la CIA del Congreso por la Libertad Cultural- promovía el expresionismo abstracto y el jazz en Europa (como ahora promueve el Hip-Hop, lo que el Departamento de Estado llama “diplomacia del Hip-Hop”), la URSS condenó eso como ‘cosmopolitismo desarraigado”. Berdiaev discute lo que él consideraba una inconsistencia en Dostoyevski y en los eslavófilos hacia Europa, y sin embargo es algo que es comprensible si tenemos en cuenta la diferenciación fundamental de Spengler entre cultura y civilización:

Dostoievski se llama a sí mismo un eslavófilo. Pensó, como hizo también un gran número de pensadores sobre el tema de Rusia y Europa, que sabía que la decadencia se estaba consolidando, pero que existe un gran pasado en ella, y que ella ha hecho contribuciones de gran valor para la historia de la humanidad[36].

Es de destacar que, mientras esta diferenciación entre Kultur y Zivilisation se atribuye a una tradición filosófica alemana en particular, Berdiaev comenta que estuvo presente entre los rusos “mucho antes de Spengler“:

Debe ser señalado que mucho antes de Spengler, los rusos señalaron la distinción entre “cultura” y “civilización”, que atacaron a la “civilización”, incluso cuando se mantuvieron partidarios de la “cultura”. Esta distinción, en realidad, aunque expresada en una fraseología diferente, se encontraba entre los eslavófilos[37].

Dostoyevski era indiferente al Occidente tardío, mientras que Tolstoi era un producto del mismo, el Rousseau ruso. Imbuidos de ideas del Occidente tardío, los marxistas intentaron sustituir una clase dominante petrina con otra. Ninguna representaba el alma de Rusia. Spengler declaró: “El verdadero ruso es un discípulo de Dostoyevski, aunque no lo lea, aunque y aún porque no puede leerlo. El verdadero ruso es un trozo de Dostoyevski“. La intelligentzia odia, el campesino no. Él finalmente derrocaría al bolchevismo y cualquier otra forma de petrinismo. Aquí vemos a Spengler declarar inequívocamente que la civilización pos-occidental será rusa.

Ha sido el pueblo sin ciudades que anhela realizar su forma propia de vida, su propia religión, su propia historia futura. El cristianismo de Tolstoi fue una equivocación. Tolstoi hablaba de Cristo y entendía por Cristo a Marx. El cristianismo de Dostoyevski es el del próximo milenio[38].

Para la verdadera Rusia, como Dostoyevski declaró, “ni una sola nación ha sido nunca fundada sobre los principios de la ciencia o de la razón[39].

En el momento de su último libro, Los años decisivos, publicado en 1934, Spengler declaró que Rusia había derrocado el petrinismo y las trampas del Occidente tardío. Mientras que denomina “asiática” a la nueva orientación de Rusia, afirma que la misma era “una idea nueva, y una idea que tiene futuro[40]. Para aclarar, Rusia mira hacia el “Oriente”, pero mientras que el occidental asume que “Asia” y Oriente son sinónimo de Mongol, la etimología de la palabra “Asia” viene del griego Aσία, c. 440 aC, en referencia a todas las regiones al este de Grecia [41]. Durante su tiempo Spengler vio que en Rusia:

(…) la raza, el idioma, las costumbres populares y la religión en sus formas actuales resultan irrelevantes. Todo ello puede transformarse, y se transformará, fundamentalmente. Lo que hoy existe allí es tan sólo la nueva especie de vida imposible de definir en palabras; una nueva especie de vida que no tiene conciencia de sí misma y con la cual está preñada una gran tierra que se halla en vías de dar a luz. Querer definir el futuro, fijarlo, introducirlo en un programa, supone confundir la vida con una frase sobre ella; es lo que hace el bolchevismo reinante que no tiene suficiente conciencia de su origen europeo occidental, racionalista y cosmopolita[42].

En la Rusia de 1934, Spengler ya vio que “del genuino marxismo hay muy poco excepto en nombres y programas“. Dudaba que el programa comunista estuviera “realmente siendo tomado en serio“. Vio la posibilidad de que los vestigios del bolchevismo petrino fueran derrocados, para ser reemplazados por un tipo de “nacionalismo” oriental que crecería “sin trabas y en formas gigantescas[43]. Spengler también se refirió a Rusia como el país “menos preocupado por el bolchevismo[44], y que la “cara marxista sólo se usa a beneficio del mundo exterior[45]. Una década después de la muerte de Spengler la dirección de Rusia bajo Stalin había perseguido definiciones más claras y el bolchevismo petrino se había transformado en la forma en que Spengler previó [46].

Conclusión

Como en el tiempo de Spengler, y siglos antes, continúan existiendo dos tendencias en Rusia: la vieja Rusia y la petrina. Ni uno ni otro espíritu es actualmente dominante, aunque bajo Putin la vieja Rusia lucha por resurgir. Los círculos políticos estadounidenses ven a esta Rusia como una amenaza, y gastan mucho en promover un “cambio de régimen” a través de la National Endowment for Democracy, y otras; estas actividades provocaron recientemente la reacción del gobierno de Putin contra tales organizaciones no gubernamentales [47].

Spengler, en una conferencia publicada en el Convención de Rheinish-Westfalia en 1922, se refirió al “antiguo, instintivo, claro, inconsciente y subliminal impulso que está presente en todos los rusos, no importa cuán completamente occidentalizada pueda estar su vida consciente – un anhelo místico por el Sur, hacia Constantinopla y Jerusalén, un espíritu de cruzada genuino, similar al espíritu que nuestros antepasados ​​góticos tenían en su sangre, pero que difícilmente podemos apreciar hoy en día[48].

El bolchevismo destruyó una forma de petrinismo con otra, despejando el camino “para una nueva cultura que surgirá algún día entre Europa y Asia Oriental. Es más un principio que un final“. El campesinado “algún día tomará conciencia de su propia voluntad, que apunta en una dirección totalmente diferente“. “El campesinado es el verdadero pueblo ruso del futuro. No permitirá ser pervertido o asfixiado[49].

El archiconservador antimarxista Spengler, en consonancia con la tradición alemana de la realpolitik, consideró la posibilidad de una alianza ruso-alemana en su discurso de 1922, siendo el Tratado de Rapallo un reflejo de esa tradición. “Un nuevo tipo de líder” despertaría en la adversidad, para “nuevas cruzadas y conquistas legendarias“. El resto del mundo, lleno de anhelo religioso, pero que cae en tierra infértil, está “desgarrado y lo suficientemente cansado como para permitirle de pronto asumir un nuevo carácter bajo las circunstancias adecuadas“. Spengler sugirió que “quizás el propio bolchevismo cambie de esta manera bajo nuevos líderes“. “Pero la silenciosa, profunda Rusia“, dirigiría su atención hacia el Oriente Próximo y Asia, como un pueblo de “grandes extensiones continentales[50].

Si bien Spengler postuló los ciclos orgánicos de una alta cultura que atraviesa las fases vitales de nacimiento, vigor juvenil, madurez, vejez y muerte, debería tenerse en cuenta que un ciclo de vida puede ser interrumpido, abortado, asesinado o golpeado por la enfermedad en cualquier momento, y quedarse sin cumplir finalmente. Cada uno tiene su analogía en la política, y hay muchos rusófobos ansiosos por atrofiar el destino de Rusia mediante el contagio político, económico y cultural. El bloque soviético cayó por contagio interno y externo.

Spengler previó nuevas posibilidades para Rusia, que todavía tiene que cumplir su misión histórica, mesiánica y de alcance mundial, una misión tradicional de la que Putin parece ser consciente, o al menos estar dispuesto a desempeñar su parte. Coyer afirma contundentemente: “El conflicto entre Rusia y Occidente, por lo tanto, es retratado tanto por la Iglesia Ortodoxa Rusa como por Vladimir Putin y sus adláteres como nada menos que un conflicto de civilización espiritual[51].

El fortalecimiento de la Ortodoxia es parte de este proceso, como lo es el estilo de liderazgo de Putin, a diferencia de un Yeltsin por ejemplo. Independientemente de cómo Rusia se llame hacia el exterior, ya sea monárquica, bolchevique o democrática, existe un centro de la Rusia eterna que se está desencadenando, y cuyo carácter embrionario la coloca en un rumbo antitético al de los EEUU.

(Traducción Página Transversal)

Fuente: Forein Policy Journal.

Notas

[1] Paul Coyer, (Un)Holy Alliance: Vladimir Putin, The Russian Orthodox Church And Russian Exceptionalism, Forbes, May 21, 2015, http://www.forbes.com/sites/paulcoyer/2015/05/21/unholy-alliance-vladimir-putin-and-the-russian-orthodox-church/

[2] Oswald Spengler, The Decline of The West, George Allen & Unwin, London, 1971, Vol. I, 201.

[3] Ibid., Vol. II, 502.

[4] Ibid., Vol. I, 183-216.

[5] Ibid., 201

[6] Nikolai Berdyaev, The Russian Idea, Macmillan Co., New York, 1948, 1.

[7] Oswald Spengler, The Decline, op. cit., Vol. I, 309.

[8] Leon Trotsky, The Revolution Betrayed: what is the Soviet Union and where is it going?, 1936.

[9] Barbara J. Brothers, From Russia, With Soul, Psychology Today, January 1, 1993, https://www.psychologytoday.com/articles/199301/russia-soul

[10] Berdyaev, op. cit., 97-98.

[11] H Cournos,‘Introduction’, N V Gogol, Taras Bulba & Other Tales, 1842, http://www.gutenberg.org/files/1197/1197-h/1197-h.htm

[12] N V Gogol, ibid., III.

[13] Ibid.

[14] T A Chumachenko, Church and State in Soviet Russia, M. E. Sharpe Inc., New York, 2002.

[15] Spengler, The Decline, op. cit., I, 309

[16] Ibid., II, 113-155.

[17] Ibid., Vol. II, 113

[18] Golgol, op. cit., IX.

<[19] Ibid.

[20] Ibid., XII.

[21] Spengler, The Decline, op. cit., II, 192.

[22] Berdyaev, op. cit., 1

[23] Spengler, The Decline, op. cit., II, 193

[24] Ibid., II, 193

[25] Ibid., II, 194

[26] Berdyaev, 1

[27] Spengler, The Decline, op. cit., II, 194

[28] Berdyaev, op. cit., 15

[29] Ibid.

[30] Spengler, The Hour of Decision, Alfred A Knopf, New York, 1963, 63n.

[31] Fyodor Dostoevski, The Possessed, Oxford University Press, 1992, Part II: I: 7, 265-266.

[32] Ibid.

[33] Alexander Solzhenitsyn, A World Split Apart — Commencement Address Delivered At Harvard University, June 8, 1978

[34] V Putin, address to the Valdai Club, 19 September 2013.

[35] Spengler, The Decline, op. cit., II, 194

[36] Berdyaev, op. cit., 70

[37] Ibid.

[38] Spengler, The Decline, op. cit., Vol. II, 196

[39] Dostoyevski, op. cit., II: I: VII

[40] Spengler, The Hour of Decision, Alfred A Knopf, New York, 1963, 60

[41] Ibid., 61

[42] Ibid.

[43] Ibid., 63.

[44] Ibid.,182

[45] Ibid., 212

[46] D Brandenberger, National Bolshevism: Stalinist culture and the Formation of Modern Russian National Identity 1931-1956. Harvard University Press, Massachusetts, 2002.

[47] Telegraph, Vladimir Putin signs new law against ‘undesirable NGOs’, May 24, 2015, http://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/europe/russia/11626825/Vladimir-Putin-signs-new-law-against-undesirable-NGOs.html

[48] Spengler, ‘The Two Faces of Russia and Germany’s Eastern Problems’, Politische Schriften, Munich, February 14, 1922.

[49] Ibid.

[50] Ibid.

[51] Paul Coyer, op. cit.

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