Pro Guerra y Fronteras abiertas. El marco geopolítico del problema de la inmigración masiva en Alemania

MANUEL OCHSENREITERpor Manuel Ochsenreiter – Los turistas que llegan hoy a la Stuttgart’s Hauptbahnhof (estación principal) pueden sorprenderse estos días, y no de una manera positiva. Los trenes están llenos de inmigrantes africanos inundando Alemania desde el sur de Europa. Cada día los inmigrantes ilegales están cruzando las fronteras alemanas. Desde que entró en vigor el acuerdo de Schengen en 1995 no hay controles fronterizos. Quien logró entrar en el espacio Schengen se puede mover en su interior sin ninguna barrera.

Algunas ciudades alemanas como Munich declararon oficialmente el estado de “emergencia” porque las autoridades de la ciudad no pueden manejar ya tal cantidad de inmigrantes ilegales. A lo largo de Alemania, pueblos y ciudades han manifestado que no pueden hacer frente al número de inmigrantes. Junto con la escasez de alojamientos en ciudades como Berlín, Munich y Hamburgo, Alemania también lucha para procesar las solicitudes, que pueden tardar más de un año.

El problema de la inmigración durante los últimos meses sólo ahora se ha hecho “reconocible”: los inmigrantes ilegales están en las calles, en las plazas públicas, y sentados en los parques de toda Alemania. Vienen de los Balcanes Occidentales, de África, Oriente Medio, Afganistán y Pakistán.

El gobierno alemán elevó su pronóstico para el número de solicitantes de asilo que se espera alcanzar este año a una cifra récord de 800.000, desde una estimación anterior de 450.000.

El número de inmigrantes en toda la UE se ha disparado durante los meses de verano, abrumando con ello a las autoridades, desde las islas griegas al puerto francés de Calais. Muchos emprenden peligrosos viajes por mar para alcanzar Europa del Sur, y luego hacer su camino a través del continente, con la esperanza de llegar a las naciones más ricas como Alemania, el mayor receptor de solicitantes de asilo en la UE.

El sistema alemán parece haberse derrumbado bajo la presión de la inmigración.

Ahora bien: ¿Cómo debemos tratar este problema? Los debates públicos sobre la inmigración se radicalizaron durante los últimos meses. Es una áspera guerra de palabras entre el bando de la “inmigración controlada” y el lobby de las “fronteras abiertas”. El lobby de las “fronteras abiertas” está representado por una extraña coalición de liberales y ONGs de izquierda, que incluye al Partido Verde, sectores de la izquierda y de los sindicatos, e incluso partes de la Democracia Cristiana. Es más, algunos grupos de medios de comunicación y sectores de la élite industrial reclaman la abolición total de las barreras migratorias. Debería memorizar esta coalición que volverá a aparecer más adelante en este artículo. El lobby de las “fronteras abiertas” lucha con fuerza para dominar el debate público en estos días. Quienquiera que dude de sus objetivos políticos es estigmatizado como “xenófobo”, o incluso como “nazi”.

Por tanto, el debate sobre la inmigración se ha deteriorado a pura histeria mediática, con todos los elementos de lo ridículo. Un ejemplo reciente: Uno de los presentadores de televisión alemanes mejor pagados, Claus Kleber, del canal de televisión estatal ZDF, fue vencido por la emoción cuando relató la historia de un conductor de autobús de Baviera que dio la bienvenida a los inmigrantes ilegales en su autobús con las palabras: “Tengo un mensaje importante para todas las personas de todo el mundo en este autobús: Quiero decir bienvenido. Bienvenido a Alemania, bienvenido a mi país. ¡Que tengas un buen día!”. Esa historia salió en el programa de noticias de Claus Kleber, que habló de la historia-de-la-bienvenida-del-conductor-de-autobús con lágrimas en los ojos. Por cierto: el mismo Claus Kleber no mostró ninguna emoción durante sus discursos belicistas contra Rusia o Irán.

La histeria continúa: el actor alemán Til Schweiger descubrió el tema de la inmigración para su trabajo de imagen. En las redes sociales ataca a cualquiera que critique la ideología de “fronteras abiertas”. Schweiger también anunció planes para construir un “centro de refugiados”, que le trajeron un montón de aplausos de la corriente política principal. Incluso, Sigmar Gabriel, el diputado vicecanciller de Alemania y líder del Partido Social Demócrata, organizó una mediática reunión junto a la estrella de cine alemana.

Schweiger ha comenzado a recaudar dinero para convertir unos cuarteles militares abandonados cerca de las Montañas de Harz en un centro de refugiados. “Me paran a diario personas que me felicitan y me dan las gracias”, dijo a los periodistas con orgullo. Aun así, hay gente que realmente se atreve a criticar a la estrella de Hollywood alemana. Para éstos tiene una sola respuesta: “La gente me atacó con los comentarios más repugnantes, xenófobos y racistas que he visto nunca. Fue realmente el lado feo, oscuro de Alemania que vuelve”.

El “lado feo” incluye, para Schweiger y el lobby de “fronteras abiertas”, todas esas voces moderadas que llaman a respetar el derecho de asilo de Alemania, como el partido euro escéptico fundado en 2013 “Alternative für Deutschland” (AFD). Ellos critican el hecho de que los inmigrantes a quienes se negó la solicitud de asilo no son deportados en consecuencia. El AfD golpea el nervio del problema: la Bundesamtfür Migration und Flüchtlinge (Oficina Federal de Migración y Refugiados) en Nuremberg declaró que hay más de un millón de solicitantes de asilo ahora mismo en Alemania. Más de medio millón de extranjeros con una solicitud de asilo denegada residen en territorio alemán, entre ellos muchos a los que se les negó hace años. Sólo alrededor de 40.000 refugiados están reconocidos por asilo político. Estas cifras demuestran a la perfección el caótico estado de cosas actual. En consecuencia, el término “asilo” ha sido despojado de su significado original para pasar a significar ahora una forma de migración. La gran mayoría de los inmigrantes en Alemania no son refugiados perseguidos; vienen por razones económicas. Las autoridades alemanas no actúan apropiadamente según su propia ley de asilo, según el partido AfD y otros críticos de la política de asilo alemana.

Además de la incapacidad para hacer frente al reciente caos migratorio, el gobierno alemán no hace ningún esfuerzo para analizar la conexión entre los movimientos migratorios globales y la política global de Occidente, que es fuertemente apoyada por Berlín. Es obvio que la política de guerra de las últimas dos décadas es, al menos, una de las razones principales de la migración.

El Presidente de Rusia, Vladimir Putin, declaró una fea verdad. Putin dijo lo siguiente en una entrevista con el canal de televisión suiza RTS: “En todo el mundo y en los países occidentales hay movimientos tectónicos en la opinión pública hacia una mayor protección de los intereses nacionales. En este momento Europa se enfrenta a un problema específico – una afluencia masiva de inmigrantes. ¿Pero examinó Europa los orígenes de las decisiones que condujeron a esta situación? Tenemos que ser honestos, estas decisiones llegaron desde el extranjero, mientras que Europa trata con el problema”, dijo el presidente ruso.

Estas frases de Putin contienen más verdad que todos los estudios migratorios publicados por las autoridades alemanas en su conjunto.

Un gran número de los inmigrantes procedentes de los Balcanes son albano-kosovares de la “República de Kosovo” – un régimen creado de facto por la OTAN, establecido en 1999 después de la guerra contra la antigua Yugoslavia. La fuerza aérea alemana apoyó la guerra contra Belgrado. Por primera vez desde la II Guerra Mundial aviones alemanes atacaron Serbia (esta vez bajo mando de la OTAN). La antigua provincia serbia que declaró su independencia oficialmente en 2008 (en realidad se trata de un protectorado conjunto de la OTAN / UE), se convirtió en un agujero negro de corrupción, pobreza y crimen organizado. El nivel de vida de la llamada “República de Kosovo” ha disminuido drásticamente desde 1999, aunque el país cuenta con ricos recursos. La pregunta legítima, aparte de todas las tragedias humanas de la guerra, debe ser: ¿La guerra de 1999 contra Yugoslavia sirvió a Europea o (en particular) a los intereses alemanes? La respuesta se aclara con todos los autobuses llenos de refugiados económicos de Kosovo que esperan beneficiarse del sistema de bienestar alemán.

El mismo problema aparece en otros conflictos armados con apoyo alemán. Los EEUU condujeron guerras contra Iraq (1991 y 2003) que no habrían sido posibles sin la ayuda y el apoyo financiero alemán, a pesar del hecho de que la Bundeswehr alemana no participó directamente en los conflictos. Pero Alemania ha sido y es todavía el más importante centro militar estadounidense. Centros de mando estratégicos estadounidenses, cuarteles, aeropuertos y otras instalaciones militares de Estados Unidos han sido ubicadas en Alemania desde el final de la Segunda Guerra Mundial, y ningún gobierno alemán ha exigido nunca que Washington retire sus tropas.

La guerra de 2001 contra Afganistán se llevó a cabo con la participación militar alemana. Hoy en día está claro: la misión de la OTAN creó más caos y violencia que la que practicó nunca el gobierno talibán antes de 2001.

Uno de los conflictos más importantes que abrió las puertas de la inmigración masiva, fue la agresión occidental contra Libia en 2011. Fuerzas aéreas occidentales bombardearon al legítimo gobierno libio mientras extremistas islámicos tomaron el control. Libia solía garantizar una barrera efectiva contra la migración masiva a Europa en el norte de África. El líder de Libia, Muammar al Gadafi, advirtió a los países europeos en 2011, mientras que su país era bombardeado hasta los cimientos por parte de Occidente: “Miles de personas de Libia invadirán Europa. No habrá ya nadie para detenerlos”.

El mismo patrón es visible en Siria: desde 2011 el país que solía ser una de las entidades más estables de la región está siendo cada vez más destruido por terroristas extranjeros y por financiación extranjera (para esos terroristas). Masas de sirios han dejado ya su tierra natal. La mayoría de ellos huyeron al Líbano, Turquía y Jordania, pero una cantidad respetable se las arregla para ir a Europa. En los últimos cuatro años Siria ha sido literalmente desangrada de su pueblo.

Desde el principio, Alemania ha jugado un papel destructivo en el conflicto sirio. La élite política alemana promovió su apoyo a la llamada “oposición armada” – un término camuflado para terroristas. Un ejemplo: Entre enero y junio de 2012, los miembros del llamado “Proyecto del Día Después” (es decir, el propuesto día después de que el presidente sirio Assad sea derrocado) trabajaron en un informe que trataría de abordar los principales aspectos de la futura transición en Siria. Fueron ayudados por expertos en planificación y diplomacia internacional. El proyecto fue supervisado conjuntamente, financiado y apoyado por el United States Institute for Peace [Instituto Estadounidense para la Paz] y el German Institute for International and Security Affairs [Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad] de Berlín. Unos 45 representantes de la oposición siria de diversos orígenes participaron, incluidos los Hermanos Musulmanes.

El Presidente de Rusia, Vladimir Putin, pone el dedo en la llaga cuando culpa a la agresión occidental contra naciones soberanas como Libia y Siria, como una razón importante para la presión migratoria contra Europa.

El ya mencionado lobby de “fronteras abiertas” dentro de Alemania desempeña un decisivo papel en el apoyo alemán para tal agresión. Los mismos grupos, partidos y organizaciones que promueven actualmente las políticas de inmigración masiva también están promoviendo la agresión militar occidental. En 1999, como ministro de Relaciones Exteriores, la figura del Partido Verde Joschka Fischer apoyó la participación militar alemana en la guerra de Kosovo. Hoy, el mismo partido promueve la ideología de “fronteras abiertas”. Y así, el lobby liberal de “fronteras abiertas” es idéntico al lobby “pro guerra”.

Una variedad de diferentes grupos liberales, incluyendo “asociaciones de artistas”, ha estado promoviendo las intervenciones militares en el transcurso de las últimas dos décadas, siempre con el mismo relato: Alemania tiene que estar en el lado correcto de la historia; Alemania tiene que ayudar a detener un “genocidio planificado” aquí (Kosovo), o el “gaseamiento de civiles” (Siria) allí. Hoy, el lobby de la guerra en Alemania argumenta de forma “antifascista”. Esa retorcida argumentación es dirigida incluso hacia Rusia y su presidente Vladimir Putin, que es llamado “dictador”, e incluso comparado con Adolf Hitler. El liberal lobby “pro-guerra”, argumenta que Berlín tiene que luchar por el catálogo liberal de valores occidentales.

¿Cómo podemos poner fin a un camino político (auto) destructivo? La única manera constructiva sería dar un cambio de sentido geopolítico completo en Berlín. Sin embargo esto incluiría automáticamente un debate acerca de la presencia norteamericana en suelo alemán. Pero ni el gobierno alemán ni la llamada “sociedad civil” parecen estar listos hoy para emanciparse ellos mismos de la influencia de Washington.

(Traducción Página transversal).

Fuente: Katehon.

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