Explicaciones complementarias del porqué de la ofensiva separatista catalana. Y del porqué de la ausencia de una respuesta general ante el nacionalismo disgregador.

NACIONALISMOS FACHASpor Pepe LópezLa entrevista a García-Margallo un día después de la «Diada»

► La simplificación de no poca gente de la izquierda ante el problema separatista.

El sábado 12 de septiembre, en el programa «La Sexta Noche», el periodista Jesús Maraña insistió en preguntarle al ministro García-Margallo por qué ha crecido tanto el independentismo en Cataluña desde 2011.
Maraña se obcecaba un tanto en simplificar este enorme problema, para convertirlo en arma arrojadiza contra el PP. Pero lo importante es que su postura representa la de no poca gente de izquierdas: se trata de lanzar la consigna de «Por culpa del gobierno de Rajoy que no sabe tratar a los catalanes, éstos se han cabreado y se quieren separar».

Ésta es una simplificación del problema tan reduccionista y desaforada como aquella de echarle toda la culpa a Zapatero por la Gran Recesión, por «no reconocer la crisis a tiempo», por «no maniobrar para atajar la crisis» y por «no saber generar confianza en los mercados». Como si el reconocimiento de la crisis por Zapatero nueve meses antes de hacerlo hubiera salvado la situación. Como si todas las maniobras o ajustes encaminados a recortar servicios básicos, despedir personal, congelar sueldos o pensiones, o vender lo que queda del estado, sin combatir la corrupción o el fraude, ni acometer cambios estructurales en un estado insostenible, hubieran servido de mucho (si no representan remedios que empeoran los males). O como si los mercados financieros hicieran caso de maniobras, medidas, decretos o anuncios del gobierno o del parlamento para «generar confianza». Cualquier experto sincero te dice que a las bolsas y finanzas les es indiferente lo que digan y hagan desde el gobierno, a no ser que decreten grandes barbaridades económicas.

Más o menos pasa lo mismo ahora ante el proceso separatista catalán. Muchos españoles de izquierdas (y no pocos de derechas) han reducido la causa del problema a que «el gobierno de Rajoy no sabe escuchar / no sabe negociar con los catalanes». O como dirían Iglesias y Errejón (que aciertan, en mi opinión, en muchas cosas, pero también desaciertan gravemente en otras) porque «Rajoy no sabe seducir a los catalanes».

Simplismo y reduccionismo extremo como las consignas lanzadas por el cinturón mediático de las derechas contra Zapatero a causa de la Gran Recesión, que ellos llaman simplemente crisis.

Pues no. Cierto es que Zapatero ayudó lo suyo en instalarnos en la inconsciencia de una economía que descansaba en la tristemente famosa «burbuja» -como el resto de dirigentes españoles de otros partidos empezando por los del PP- y que parecía a veces vivir en el mundo de Bambi, soltando frases de la «izquierda caviar-libertaria» y «popyflowers» como aquella memorable de «la tierra no pertenece a nadie, salvo al viento». Y cierto es también que los señores y señoras del PP se caracterizan por no escuchar ni atender a razones. Pero las causas de la Gran Recesión son mucho más profundas que las «carajas» de Zapatero, y las causas del auge separatista catalán no se deben a la incapacidad de escuchar o seducir de Rajoy. Estos simplismos sólo sirven para perseverar en no mirar más allá de las narices de los «hunos» y de los «hotros», como diría el maestro Unamuno, y seguir instalados en la pereza mental y las fobias acostumbradas de cada parroquia.

► Las explicaciones de García-Margallo:

El ministro de exteriores, quien parece ser uno de los pocos ministros de Rajoy que se atreve a pensar el porqué suceden las cosas, y hacerlo sensatamente, ofreció unas explicaciones históricas tanto al auge actual del separatismo catalán como a los ocurridos en otras ocasiones de la historia española. Dejando de lado sus soluciones, que consideramos como «paños calientes» que sólo aplazarían el problema, no eran nada desdeñables las razones puntuales o coyunturales dadas por el señor García-Margallo. Por ello invitamos a escuchar la entrevista.

Sin embargo, desde nuestro punto de vista, siendo válidas sus explicaciones, no son suficientes, pues pecan de quedarse en causas inmediatas o coyunturales. Éstas ayudan a comprender el porqué del secesionismo catalanista ahora mismo, pero no son suficientes para explicar las causas más hondas del «proceso». Entre otras cosas porque de sus explicaciones se deducía que el separatismo catalán es un fenómeno político oportunista que ataca a la nación española cuando ésta se ve afectada por momentos de crisis o caídas pasajeras, o sea, cuando el organismo se halla debilitado por una enfermedad pasajera o las secuelas de un accidente o incidente.

Se equivoca García-Margallo: el separatismo catalán es un fenómeno político oportunista que ataca a los organismos debilitados no por una «mala racha» sino por estados carenciales. Sí, lanza su acometida final cuando las carencias del estado quedan más patentes que nunca, pero el gran problema reside en las carencias «sistémicas» de España.

El documento «A favor de España» DE UPyD

Reseñemos asimismo el preámbulo del documento que UPyD sacó hace un par de años:

En «las razones del éxito del nacionalismo disgregador en España», Ramón Marcos diagnostica brevemente tres.

► Las condiciones de los años 70:

El nacionalismo se benefició de las condiciones que existían tras la muerte de Franco y en los primeros años del actual régimen, entre ellas la debilidad de la idea de España y sus símbolos de cohesión. Recordemos (esto lo hacemos nosotros) la impresentable identidad coyuntural (adhesión a Franco = españolidad), así como la insostenible identidad «esencial» (catolicismo = españolidad) que se había dado. Esas ideas «nacionales» significaban, por contra, conceptos anti-nacionales por excluyentes. Marcos recordaba asimismo la vinculación histórica en España entre la izquierda sociológica y el ideario nacionalista. Ambos campos, se suponen, eran incompatibles, pero cuando las pasiones políticas descansan más en «memorias históricas» que en idearios con un mínimo de coherencia (o bien los idearios no son más que un envoltorio impostor para llegar a un mero «quítate tú para ponerme yo»), ocurren estos extraños maridajes. Marcos también señalaba que en la transición se configuró un sistema electoral que, en un régimen de bipartidismo imperfecto, dio un amplio poder decisorio a los partidos nacionalistas, a lo que se unió la falta de un modelo territorial definido en la Constitución y la configuración de un sistema de partidos en Cataluña, donde el PSC ha competido con el nacionalismo en no ser menos nacionalista que él.

► La ingeniería social operada en los años 80, 90 y los tres primeros lustros de este milenio:

El nacionalismo ha sostenido una estrategia «creciente» durante las tres últimas décadas: en éstas ha conseguido imponer su ideología gracias a la intervención del poder político sobre la educación, los medios de difusión de masas y la acción singular del Parlamento catalán. Como indica Marcos, esta ingeniería social que ha durado más de una generación desmonta por completo una falacia del pensamiento catalanista: la que pretende hacer creer que las movilizaciones separatistas actuales son un movimiento espontáneo de los catalanes, y que la clase política regional se ha limitado a tratar de canalizar y liderar.

► La renuncia de España ante el éxito nacionalista.

Este diagnóstico es el más necesario, pues va más allá de explicar condiciones históricas parciales y estrategias políticas de un poder local. El documento pone encima de la mesa cómo es posible que el éxito del nacionalismo haya ido lográndose a la vista de todo el mundo, y sin que nadie haya sabido o querido darle respuesta. Como afirma Marcos «En España se ha renunciado a llevar adelante una estrategia política proactiva que evitara la pendiente que se estaba generando entre españoles por las políticas nacionalistas. El Estado muchas veces ha actuado tarde y mal, es decir, en el límite y de forma reactiva y poco o nada argumentada».

Sin duda, explicar por qué la inmensa mayoría de los españoles, teniendo nuestra comunidad política el grave problema de la ofensiva separatista en Cataluña, se ha desentendido completamente de este problema que debería preocuparnos por dos motivos, tanto por el daño que causaría a la nación (y, por tanto, a cada uno de nosotros) y por el aún mayor perjuicio que causaría a millones de catalanes que rechazan la separación. Explicar este «pasotismo» es lo más importante, y aunque vamos a dejarlo para otro momento, sólo apuntaremos al final un par de cosas que expliquen esta pasividad o ausencia de respuesta general ante el nacionalismo.

La entrevista a Vincenç Navarro.

Volvamos a centrarnos en las causas particularmente catalanas.

Más hondo ha sido Vincenc Navarro en esta entrevista en diario Público.

Entrevista que fue publicitada por «El Intermedio». Ojalá sea un indicio de que cierta gente de izquierdas, de una puñetera vez, abandonen sus complejos ante el nacionalismo (un fenómeno profundamente egocéntrico y reaccionario) si resulta que es «periférico». Complejos o añoranzas de compañerismos coyunturales pasados. Pero no recomiendo a nadie ilusionarse. No recuerdo que Navarro cargara sin contemplaciones contra el secesionismo de Convergencia y Ezquerra, sin tanto «tactismo», como esta vez. Es posible que lo hiciera antes, pero no me consta. Parece que se ha dado cuenta que no puede quedarse equidistante ante un proceso empujado por la huida hacia adelante de las derechas que han gobernado Cataluña durante la mayor parte de estos cuarenta años de monarquía parlamentaria.

► La «externalización de las responsabilidades». O el recurso continuo de las «incompetencias autonómicas».

Navarro recuerda que las derechas políticas catalanistas han venido representando los intereses de los mayores grupos financieros y económicos, así como de la clase dominante que siempre ha mandado en Cataluña (unas cuatrocientas familias). Navarro afirma, sin dejar lugar a dudas, que tales derechas han estado atribuyendo el declive de la Cataluña social no a las políticas de la Generalidad o las disposiciones de esas cuatrocientas familias, sino a causas externas a Cataluña, es decir, al resto de España. Ellos han insistido en el tan famoso como falaz «España nos roba», el «Expolio de Cataluña por España», y han venido quejándose que el déficit fiscal, es decir, la diferencia entre lo que «Cataluña» paga en impuestos y cotizaciones, y lo que el gobierno regional recibe del Estado español (que tanto el Mas como Yunqueras fijan en 16.000 millones de euros al año) es la causa de la infra-financiación del Estado del Bienestar catalán. Debido al control de los medios de mayor difusión en Cataluña por parte del poder separatista, este mensaje ha estado -como señala literalmente Navarro-: «promoviéndose por tierra, mar y aire, cuarenta y ocho horas al día, habiendo calado en grandes sectores de la población que ven o escuchan tales medios».

Por nuestra parte, no vamos a dejar pasar la falacia de que «Cataluña aporta en impuestos más dinero de lo que recibe». Cataluña NO aporta absolutamente nada a las arcas públicas. Como tampoco aporta nada de nada Madrid, ni la isla de La Graciosa ni el género femenino, ni el colectivo homosexual, ni la generación del 68, ni la «comunidad» bebedora de cerveza ni el estamento militar. Quienes pagan impuestos y cotizaciones son las rentas de personas físicas y jurídicas residentes en Cataluña. No lo hace Cataluña. Quienes pagan impuestos y cotizaciones son las rentas residentes en Madrid o isla de La Graciosa, no Madrid ni la isla. La Graciosa no rellena declaración de la renta alguna. Quienes pagan impuestos son las mujeres residentes en España, no el género femenino, que es una clasificación vital, no un organismo jurídico contribuyente. Y con lo demás lo mismo. Que se haya tolerado la imposición de semejante falacia indica cómo el individualismo característico de nuestra época acepta convivir con conceptos colectivistas sin que salten chispas. Y es que el individualismo que acepta tales falacias colectivistas demuestra que se trata de un individualismo borreguil, servil y cobarde a más no poder: sólo se atreve a agitar su condición ante los más débiles. «Soy ferozmente individualista… pero si eso molesta, me someto sin condiciones». Vaya individualismo más majo.

Pero sigamos la explicación de Vincenc Navarro, porque entra en otro capítulo muy importante.

► La sintonía fundamental entre el «brunete mediático» español y el separatismo catalán.

Capítulo que tanto el «brunete mediático» de la derecha española (más o menos liberal, liberal-conservadora o ultra liberal) como los medios en Cataluña, apenas se han atrevido a resaltar. Navarro nos recuerda también que la mayoría de medios públicos de difusión controlados por la Generalidad «han transmitido no sólo el argumentario separatista (que atribuye el declive social de Cataluña al supuesto expolio de Cataluña por el resto de España), sino también el argumentario neoliberal. El economista más promovido por tales medios de la Generalidad ha sido Sala i Martín, un economista ultra-liberal, ciudadano estadounidense que apoya en EEUU al Partido Libertario, de la ultraderecha estadounidense. Ese economista considera el Estado como el origen de todos los problemas, siendo el mayor defensor de la privatización de las pensiones (favoreciendo los sistemas de capitalización) y de los servicios públicos. Sus Lecciones de Economía son una promoción vulgar del neoliberalismo».

Cito tal cual:

«Es fácil de mostrar, como varios economistas catalanes críticos con el “establishment” catalán han señalado, que este déficit fiscal (el expolio) es mucho menor del que los señores Mas y Junqueras indican, siendo semejante al que se presenta en otros países de configuración federal. Y, aún cuando hay cuestiones legítimas y razonables de que hay componentes del déficit fiscal que deberían corregirse por ser injustos y discriminatorios, su tamaño es muy inferior (alrededor de 3.000 millones de euros al año) al enorme déficit de gasto público social de Cataluña (que es la diferencia entre lo que Cataluña se gasta “per cápita” en su Estado del Bienestar y lo que debería gastarse por su nivel de riqueza, diferencia que supone 19.000 millones de euros). El enorme retraso social se debe mucho más al expolio social que ocurre, primordialmente, dentro de Cataluña que al expolio fiscal. Es el expolio social la mayor causa del bajo nivel de ingresos a la Generalitat de Cataluña, consecuencia de las políticas fiscales y tributarias aprobadas por los partidos conservadores-liberales y de su enorme tolerancia al fraude fiscal (sobre todo de tres grupos, que son enormemente influyentes en tales partidos, y que incluyen las grandes fortunas, las empresas que facturan más de 150 millones de euros al año, que representan el 0,12% de todas las empresas, y la banca, todos ellos muy próximos a los partidos gobernantes en Catalunya y en el resto de España)»

No queda otra que seguir precipitándose por la pendiente.

Estas derechas catalanas ya no pueden «frenar al tigre» que han estado alimentando y soltando ocasionalmente para salir de apuros y evitar dar cuenta de sus competencias y responsabilidades. Y como ya no pueden volverse atrás… se suman a la «alegría del tigre» desatado.

Ha ocurrido muchas veces en la historia, cuando unos dirigentes no están dispuestos a corregir una situación que han provocado, y aunque corregirla evitaría males mayores al pueblo que dicen representar (al suyo y a los demás). El ejemplo sangrante (y nunca mejor dicho) de hace un siglo, por parte de la clase política y del alto mando militar franceses, durante la primavera de 1916. Se negaron rotundamente a considerar cualquier acuerdo de tregua con los alemanes no porque les preocupara que tal posibilidad fuera perjudicial para la patria (los alemanes estaban dispuestos a retirarse tras sus fronteras) sino porque ello podría desatar un cambio de régimen en Francia. Es decir, prosiguieron la carnicería de la guerra, confiando en la ofensiva de junio (que daría lugar a la tristemente famosa «Batalla del Somme», un desperdicio descomunal de vidas y recursos), sólo por orgullo y por no perder sus posiciones político-militares particulares.

Hoy está ocurriendo lo mismo ante el drama sirio, con los gobernantes de Francia, Arabia Saudita y Turquía: si dirigentes franceses, sauditas y turqueses rectificaran la política que han seguido estos cuatro años, empezarían a reducir tantos dramas, pero quedarían como lo que han sido: unos malditos irresponsables alimentando a bestias mucho peores que el dictador que querían derribar (aunque no querían derribarlo por dictador, sino por ser aliado de Irán y de Rusia). Franceses, sauditas y turqueses siguen erre que erre perseverando en promover medidas que lleven aún más la destrucción y la fragmentación de la pobre Siria. Eso está causando un desastre en los países del entorno (entre ellos la propia Turquía) y está afectando a todos los países del Mediterráneo, de Europa e, incluso, está afectando a Sudán… ¡Un país del Sahel empujado a acoger refugiados del norte, tal es la magnitud del desastre!

Conclusión sobre el proceso separatista: el nacionalismo disgregador es la puerta del ultraliberalismo.

Pero lo que queremos resaltar es el segundo apunte de Vincenc Navarro: el separatismo catalán, por mucho que les acompañe un partido que se llame «Ezquerra Republicana», encabece las listas de las elecciones plebiscitarias un supuesto «comunista buenagente» como Raul Romeva y cuente con el concurso de la «izquierda radical» de las CUP, alienta al mismo tiempo el ultraliberalismo que considera al estado -a cualquier estado- el gran objetivo a derribar, para dejar a la gente completamente a merced de los intereses de empresas privadas.

Lo venimos repitiendo desde hace un cuarto de siglo: el nacionalismo disgregador favorece los planes atomizadores de la globalización liberal -ya sea neoconserva o incluso ultraliberal- que convierte definitivamente a los ciudadanos en mercancía a libre disposición de las «corporaciones umbrella» de turno. El nacionalismo no sólo acaba con la condición política y civil de ciudadano convirtiéndole, en una primera fase, en individuo adherente a una identidad tribal, donde lo que cuenta es su adhesión a una «esencia» completamente subjetiva y sentimental, sino que en una segunda fase acaba con la condición de sujeto con mínimas garantías sociales y civiles para ser un pobre diablo a expensas de los paquetes de acciones de grandes compañías movidas tan sólo por el lucro.

Los anticapitalistas que participan entusiasmados del proceso de secesión pueden soñar que lloverá café revolucionario en el campo propicio a la movilización nada más proclamada la separación del resto de España, pero eso no va a ocurrir, evidentemente. Esos que se consideran socialistas están sirviendo de tontos útiles al igual que lo han sido los rebeldes de la «Siria Libre», más o menos laicos o afines a los Hermanos Musulmanes, que muy revolucionarios y libertadores ellos, han descoyuntado un estado, han destrozado una nación y han abierto las puertas a los cuasitacafres de Al Qaida y a los supertacafres del Daesh, quienes, por supuesto, ni creen en la soberanía nacional, aún menos en la revolución social y todavía menos aún en la libertad de nadie.

Apunte final sobre el pasotismo español.

Acabemos retomando lo que hablábamos antes: la ausencia de respuesta general ante el nacionalismo.

Las sociedades actuales -y no sólo la española, como ha dejado constancia el historiador y pensador británico Tony Judt, fallecido en 2010- han dejado que caigan de forma fulminante los ideales del siglo XX.

Los nacionalismos, además de ser un sentimiento azuzado por unas oligarquías locales para ocultar sus responsabilidades, son la «salida» febril y alucinada de unas poblaciones fragmentadas y húerfanas de proyectos e ideales comunes. El nacionalismo (esto es: el rechazo a compartir un estado con personas de otras etnias o territorios agitando un hecho diferencial, esto es, esgrimiendo la condición de «pueblo superior») les ofrece una ilusión de cohesión que parece cubrir el panorama desolador de la ruina de las ideologías.

Yo entiendo (y sé que afirmar esto es provocador) que la extrema facilidad con la que han caído los ideales del siglo XX, última expresión de la modernidad occidental, confirma que tales ideales ya habían muerto antes, y sólo la impostura y la costumbre parecía mantenerlos vivos. Hubieran muerto antes o cuando se cayeron de forma fulminante, el hecho es que ya no vivimos en Occidente: vivimos en las ruinas de Occidente.

Tanto la eclosión de los particularismos nacionalistas o sectarios neorreligiosos, como la indiferencia general ante la ruptura de la nación española, son dos signos de los tiempos, dos expresiones del vacío «post-occidental».

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11 Responses to “Explicaciones complementarias del porqué de la ofensiva separatista catalana. Y del porqué de la ausencia de una respuesta general ante el nacionalismo disgregador.”

  1. ¿Qué tal la letra un poco mayor? Tenéis espacio a la izquierda y a la derecha, ¿por qué una letra tan menuda?

  2. Miope, ¿¿has probado a pulsar Ctrl + ??

  3. Estimado amigo: tiene usted razón, la letra es demasiado pequeña. Es un aspecto que tenemos pendiente de revisar (la configuración de las plantillas gratuitas de wordpress no siempre permite modificar todos los parámetros). En todo caso, en este tema concreto del tamaño de la letra, y como se ha mencionado en otro comentario, puede probar a pulsar al mismo tiempo las teclas “Ctrl” y “+” -para aumentar el tamaño de la letra- y “Ctrl” y “-” -para disminuir el tamaño. Saludos y gracias por su visita y comentario.

  4. Francamente, me parece que este artículo no se encuentra al nivel al que Página Transversal nos tiene acostumbrados. Es una rabieta razonada, una pataleta de alguien que se ve superado por la situación. El proyecto nacional español (y esto va más allá de un constructo mental de las masas) lleva desgastándose décadas. De la dictadura de Franco salimos con un proyecto español monopolizado por la derecha liberal del PP (prefirieron derrotar simbólicamente a los herederos de la Segunda República en vez de integrarlos para su beneficio), lo que condujo al resto de fuerzas políticas al rechazo de la idea de España (a quien sí integraron y engordaron fue a las burguesías periféricas, por cierto). Mi generación y la de mis padres ha crecido entre el odio y la indiferencia a la idea de España por esa razón, también fuera de Cataluña. Clama al cielo que se vea en el proyecto secesionista catalán una acometida ultraliberal, ¿es acaso la España posmoderna el paraíso de la tradición y la economía popular o estatal? La clase dominante española está tan vendida a Occidente como la catalana o cualquier otra europea, ni siquiera la “derechona” defiende ya un proyecto soberanista español en la práctica, ¿por qué habría de preocupar esta cuestión a otras fuerzas económicas o políticas? El proyecto nacional español se ha quedado sin sujeto político, y eso pasó hace ya tiempo. Lo de ahora solo son las consecuencias lógicas en un periodo de crisis. Hasta cierto punto, la independencia de Cataluña es una continuación de la independencia de las colonias americanas, concretamente de la cubana de donde la burguesía catalana sacó bastante tajada. El imperio español se va al garete, y no será el único. Sálvese quien pueda.

  5. Para ser una “rabieta razonada”, vemos que comparte algunos puntos -nada secundarios- de tal rabieta. Sobre todo cuando acaba con un “sálvese quien pueda”.
    ¿Quizás no llegó a leer el último capítulo “apunte final sobre el pasotismo español”…?
    .
    Bien. Comentemos un par de enmiendas parciales que pretenden ser a “la totalidad”.
    .
    La primera es sobre la afirmación que “de la dictadura de Franco salimos con un proyecto español monopolizado por la derecha liberal del PP (prefirieron derrotar simbólicamente a los herederos de la Segunda República en vez de integrarlos para su beneficio)”.
    Franco murió en 1975 (teorías conspirativas aparte)
    Aznar llegó al poder en 1996.
    Son más de veinte años de diferencia. Casi una generación. Casi nada.
    La afirmación entre paréntesis es una valoración un tanto sorprendente. ¿Que el PP prefirió derrotar simbólicamente a los herederos de la II República en vez de integrarlos?. La verdad es que el “gran heredero” de la II República (por cierto… ¿la II República de donde? ahí está el gran fallo) fue el PSOE, que llegó al poder (facilitado por la monarquía y la televisión pública) en 1982… y se mantuvo hasta 1996.
    .
    Pero más importante que recordar los hitos temporales, es recordar que si el PP “ha monopolizado el proyecto español” ha sido, SOBRE TODO, por la renuncia pasmosa de los presuntos herederos de la II República… ¿española? ¿española vergonzante? ¿”paisana”…? a enarbolar sin complejos un proyecto español. Así pues, bien está cargar contra la derecha liberal… sin olvidar las responsabilidades y ausencias injustificadas de la izquierda “heredera de la II República… de ninguna parte”. Si el PP ha monopolizado la idea España, ha sigo, en su mayor parte, por culpa de una izquierda acomplejada y estúpidamente resentida (hay resentimientos que no lo son): estúpida porque el odio a tu enemigo no puede llevar a… cargarte Siria (otro ejemplo de necedad supina) porque odies a Al Assad o a los alawitas.
    .
    Considero (puedo estar equivocado, pero no creo) que esta justificación de la necedad de la izquierda española (que se olvide su condición nacional no quita que la tenga), que ha entregado la “marca España” a la derecha liberal, es el motivo por el cual se tacha de “rabieta” el artículo.

  6. La segunda enmienda que comentamos es la recriminación que veamos en el proyecto secesionista catalán una acometida ultraliberal.
    Fijémonos en que no niega tal acometida, sino nos responde con una versión del famoso “y el tú más” porque la España post-moderna es el infierno de la economía precaria y de la devaluación social y laboral.
    Respuesta también sorprendente, pues hemos dedicado un capítulo (citando a Navarro) sobre la sintonía fundamental entre el «brunete mediático» español y el separatismo catalán.
    Vamos, está claro para quien lea esta “rabieta razonada” -sin que la rabia le nuble el entendimiento- que también señalamos a la “parte no catalanista”.
    Aquí hay una traición del subconsciente que revela una mentalidad bipolar excluyente que comparten la mayor parte de la izquierda y la mayor parte de la derecha españolas: la derecha liberal -la “derechosa”- es heredera de esa derecha nacionalera -la “derechona”- que consideraba que quien no era adicto a Franco -o no era católico- pertenecía a la Anti-España; bien, pues la izquierda “heredera de la II República X” reproduce esa mentalidad simplista bipolar y excluyente ya que tachan de “facha” o “derechón” a todo aquel que reivindique la idea de España.
    Tal para cual.
    Y así nos va.

    Insistimos en lo expuesto: el secesionismo catalán es la puerta del ultraliberalismo.
    Llevamos décadas deslizándonos por pendientes neoliberales y cruzando puertas en este «descenso infernal».
    Pero todavía quedan puertas a «círculos más infernales».
    La fragmentación de España (o como dicen algunos «balcanización» de España; pero no nos gusta emplear términos geográficos de forma peyorativa) es la puerta a otro círculo infernal peor. O supondrá otra vuelta de tuerca más en esta caída del «sálvese quien pueda»
    Alegrarte que se hunda el barco donde tu también viajas porque odies con ganas al naviero es de una estupidez tremenda.
    Pero es lo que hay. Es la izquierda que tenemos.
    Es la izquierda que explica también porque la derecha ha venido ganando por goleada.
    .

  7. Estimado Guiado López, el asunto de la conciencia nacional española para mí es mucho más complejo de lo que presenta en su respuesta. Efectivamente, Aznar ganó unas elecciones décadas después de que Franco muriera, pero esto no invalida lo que yo he dicho: la España posfranquista, pilotada por los nacionalcatólicos liberalizados (después PP), renunció a integrar el acervo simbólico e histórico de la segunda república española, y no porque la “izquierda” no quisiera (y menos el vendido de Carrillo con su “guerra entre hermanos”). No digo que esto me parezca ni bien ni mal, digo que es un hecho. Soy de Extremadura, aquí no hay una sola familia que no se viera afectada en la guerra civil por la violencia del bando “nacional”, he ahí una de las razones del éxito electoral del PSOE durante tantos años, como en Andalucía y en Cataluña entre los emigrantes. Todos los extremeños corrientitos (los que no venimos de clanes adinerados) tenemos en la familia algún abuelo fusilado o reclutado forzosamente, huérfanos de la guerra, parientas peladas, purgadas o violadas por los regulares marroquíes. La matanza de Badajoz está viva en la memoria de mi familia, no hemos necesitado lecturas de intelectuales progres: mi bisabuela llevaba leche con yemas a los represaliados antes de ser fusilados en la Plaza de Toros (hoy un palacio de congresos). Esa memoria no es un invento de los lobbies de izquierda aunque estos la reproduzcan para sus intereses, sino que está viva en muchas casas y tiende a conservarse aunque sea como instinto antipepero (residuo de un antiguo proyecto político). Ese relato no ha sido integrado en el mito de la España posfranquista porque ambos se repelen, los muertos de las cunetas no han sido desenterrados y qué decir honrados o rehabilitados. Vuelvo a decir que esto no es una opinión mía, sino un hecho. Tanto es así, que creo que lo que más le interesaría ahora a los españolistas sería una victoria de Podemos: un partido progre, liberal, con sentido de Estado y partidario de una “reconciliación nacional” entre las dos Españas que realmente nunca se concluyó. Efectivamente: un segundo PSOE que termine lo que Felipe González dejó a medias. Otro caballo de Troya del Estado en el pueblo de izquierda. También podría hacerlo Ciudadanos si son listos, o incluso ambos. Y que no se nos olvide esto más breve pero no por ello menos importante: la mayoría de la gente de derecha o de izquierda no tiene una idea de España tan presente ni tan poderosa como para olvidar que la “nación” real es un estado mafioso en el que sus intereses no están representados. Eso desanima mucho a la hora de defenderla.

    Creo que se equivoca juzgando el proyecto nacional de la izquierda española: la izquierda española es muy españolista, se lleva mal con los independentistas aunque los necesite algunas veces por puro oportunismo (he militado unos años en esas filas y sé de lo que hablo). En Cataluña y en el País Vasco la izquierda española no tiene nada que ver con la izquierda independentista, son como el agua y el aceite. En Galicia se han juntado con ellos porque IU no es nadie (puro oportunismo, igual que el del PP con CiU). Cayo Lara y compañía son rabiosamente españolistas, en Podemos fuera de Cataluña también lo son (los independentistas de Compromís han rechazado una alianza con ellos para las próximas generales hace poco).

    Gracias por el comentario psicoanalítico, pero en su segunda respuesta creo que de nuevo no está teniendo en cuenta algunos factores. Y es que el “procés” no es algo monolítico. Por lo pronto, el resultado de las últimas elecciones catalanas supone un golpe muy serio para el liderazgo de Convergència. Gracias a la CUP (que de posmodernos tienen bastante pero de liberales poquito), Artur Mas seguramente no continúe como presidente de la Generalitat y pueda llevarse a cabo un programa de rescate social (cosa que ningún gobierno español se ha planteado y que puede acrecentar el apoyo y la participación de la clase trabajadora en el proceso independentista). Y queda mucho partido, yo creo que nos vamos a llevar más de una sorpresa: la dialéctica no se da solo entre Cataluña y el Estado, sino también dentro del propio proceso independentista. Este es el ariete que muchos esperábamos para el colapso del régimen del 78. Sabemos nadar. Salud.

  8. ¿Y para provocar el colapso del régimen del 78 hay que empujarlo con el ariete separatista? ¿Para qué queremos, entonces, provocar tal colapso, para cambiar esta nación y conseguir un estado menos injusto e integrador y no una cobertura de redes mafiosas particulares? ¿O para cargarnos ya la nación?
    Este planteamiento es muy similar al de los “Sirios Libres” en el 2011, que aceptaron ser aliados del ariete salafista para provocar el colapso del régimen de Al Ássad. Un ariete que ha terminado por destrozar una nación en la que nunca creyeron.
    ¿Y para qué se plantea una “reconciliación nacional” entre la derecha y la izquierda si, al mismo tiempo, se denuncia esa reconciliación como una trampa “aquea” en el “pueblo de izquierda”?
    En lo que sí le damos la razón es que la mayoría de los españoles de derecha o de izquierda no tienen presente una idea de España. Muchos porque confunden la nación real con la nación oficial. Otros porque reducen lo español a una identidad particular (a favor o en contra) Pero es que las fuerzas políticas que vienen sosteniendo esa mayoría de los españoles de izquierdas y de derechas han favorecido esa situación. Entonces, el problema reside en las reservas sociológicas de la derecha y la izquierda, que por uno u otro motivo (como, por ejemplo, apegos y fobias nacidas de viejas querellas) han seguido apoyando fuerzas políticas que no han querido defender una idea nacional.

  9. Estando con Tueco deacuerdo en términos generales, añadiría si me lo permitís que El Estado español lleva ya tiempo sumido en una profunda crisis política, cuya primera puesta en escena fueron las grandes movilizaciones que se dibujaron en la primavera de 2011. Esta crisis en el Estado prosigue erosionando todas las instituciones validadas en 1978 y, por tanto, la correlación de fuerzas de clase que las sostenía. Hay por tanto, una ruptura de los equilibrios alcanzados agravados además por la inexistencia de un plan reformista que la supere. Esto significa que la crisis política viene determinada por la incapacidad desde arriba para encauzar los problemas económicos, sociales y políticos (entre ellos la cuestión territorial en el que se confunde el no sentirse español con ser antiespañol).

    Insistir en afirmar que el secesionismo catalán o vasco es la puerta del ultraliberalismo… pues depende, a no ser que la idea de esa España sin complejos cabalgue unida a la Europa neoliberal sin complejos… Curioso me resulta la minusvaloración de las fuerzas rupturistas secesionistas de izquierda y el ensalzamiento de una izquierda reformista por la derecha sin complejos.

    Claro que, la manifestación más sintomática y llamativa de esta crisis desde arriba es el creciente desgaste del PSOE, al que ya habíamos caracterizado como el auténtico Partido de Estado que se enfunda con la rojoigualda en estos momentos tan críticos. Efectivamente, el PSOE representaba la vinculación de los sectores medulares del capital financiero español con las denominadas “clases medias”, relación que ha sido el lazo estructural más significativo del llamado Estado del Bienestar creado en Europa en las particulares condiciones de la postguerra y desarrollado al calor de los treinta gloriosos. Pero no sólo eso, además de este vínculo fundamental, el Partido Socialista también garantizaba la participación y la estabilidad de las burguesías regionalistas PNV-UPN, CIU, en el consenso constitucional. Evidentemente, la política de reestructuración capitalista propiciada por la crisis económica, dictada desde Berlín y Bruselas, ha ido dirigida a la revisión de ese bloque histórico del Bienestar que apunta fundamentalmente a la situación y posiciones de las clases medias, abarcando sobre todo a la periferia sur de la Unión Europea.

    No obstante, contra los deterministas económicos de todo género, hay que decir que el cuestionamiento de las alianzas de clase que conformaban el bloque de dominación del Régimen del 78 empezó mucho antes de la crisis económica, durante la mayoría absoluta de Aznar precisamente, con su política de criminalización de los regionalismos periféricos que tanto provecho han sacado de Madrid y tanto han machacado a la izquierda secesionista. De hecho, puede considerarse al “zapaterismo”, con su afición por el talante, como un postrero intento de recomponer el consenso constitucional, hecho definitivamente añicos con la actual crisis, que, además del creciente descontento entre las llamadas clases medias, ha revigorizado la reclamación nacional de Catalunya, quedando la CAPV, que no Nafarroa, sorprendentemente, postergada en un mar de estabilidad política protagonizado por la gestión del PNV y su Concierto económico.

    Realmente, el PSOE es el verdadero eje aglutinante del bloque de poder, sin complejo alguno, que daba forma al régimen de 1978. Tras los varapalos electorales que pudieran confirmar su declive, y aunque ha conseguido frenar su caída, intentará nuevamente presentarse como única fuerza capaz de gestionar la estabilidad del Estado, desgastando e intentando abatir a la nueva formación emergente denominada Podemos (lastrada ahora por el fracaso de Syriza en Grecia), algo que los sectores más reaccionarios representados por el Partido Popular son incapaces de llevar a cabo, aún a riesgo de verse sometidos por una tendencia modernizadora llamada Ciudadanos.

  10. Guiado López, su comparación usando la guerra de Siria no me parece afortunada. No tiene nada que ver el ejército “rebelde” sirio con los independentismos catalanes, y eso sin tener en cuenta que habla del Estado como si España fuera una plaza fuerte del antioccidentalismo; cuando tenemos en nuestro suelo, si no me equivoco, 4 cuarteles generales de la OTAN (ninguna en Cataluña, por cierto). Cuando la Transición española del 78 fue pilotada desde Washington y Berlín. ¡Si es precisamente Cataluña la región española más antiyanki gracias al independentismo indiferente a la expulsión de la UE y la OTAN! Ha sido la CUP la fuerza política que ha abanderado la lucha contra el TTIP en Cataluña, no Ciudadanos, ni el PP ni el PSC. Es muy respetable que le interese España como proyecto político, pero flaco favor le hace a su causa si parte de premisas falaces: no hay ninguna fuerza antioccidental en el campo político españolista, ni siquiera Podemos (callados en público y favorables a la “intervención” en Siria en privado).

    No es que para derrumbar el régimen del 78 haga falta el ariete separatista, es que hasta ahora no ha habido nada mejor ni tiene pinta de que vaya a haberlo, a caballo regalado no le mires el diente. Y es un error concebir el independentismo como algo singular, ya que este es en realidad un vector transversal a varios proyectos políticos (desde la democracia cristiana pasando por el neoliberalismo y la socialdemocracia hasta el socialismo más ortodoxo). La trampa aquea para el pueblo de izquierda es la toma en consideración de su memoria para instrumentalizarla en favor de un proyecto político contrario al de esa media España, cosa que, por todas las razones que mienta Comunista, solo podía llevar a cabo el PSOE. Muy de acuerdo con su análisis, Comunista.

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