Apuntes hispánicos para Alexander Duguin

BANDERA ESPAÑA ASPAS 4TP AMARILLO

por Antonio Moreno Ruiz – Es una actitud muy conservadora eso de decir “hijo, tú no te destaques, no te signifiques”; o “no te metas en política”. Y es que los conservadores no se enteran que, por mucho que uno esconda la cabeza como el avestruz, las cosas acaban afectando, y que “política” viene de “polis”, y que esta actitud miedosa e individualista no hace sino favorecer a quien al menos quiere creer en algo, al contrario que ellos, que no creen en nada. El hecho de que suban la luz y el agua ya es política, y lo que le pase a tu vecino, mañana te puede pasar a ti. ¿O es que uno se quedaría igual por “no significarse” si se enterase que su hermana ha sido violada? Con eso de “no te metas, no te destaques”, se pierde completamente la noción de la importancia y de la realidad. Hay que coger el toro por los cuernos, y comienza a estar muy en boga en nuestro tiempo eso de la Cuarta Teoría Política que viene siendo trabajada por el profesor ruso Alexander Duguin, el cual parece no pasar indiferente ante tirios y troyanos: O bien halla adhesiones fulgurantes, o bien se cruza ante odios fulminantes. Y comoquiera que muchos hechos acaban siendo globales a la fuerza, a pesar de que España ni está ni se le espera más allá de la confusión y el surrealismo, creemos que debemos estar atentos ante corrientes que, gusten más o gusten menos, se acaban sucediendo por nuestro entorno, y que si no hallan observaciones y respuestas, quedarán a la absoluta merced de los frutos que recojan otros, tal y como ha pasado en muchos episodios de nuestra desgraciada historia reciente, donde no se ha preparado una respuesta intelectual y cultural adecuada a muchos desafíos que han pasado delante de nuestras narices, máxime en épocas cruciales para nuestro devenir.

Con todo, vemos que por desgracia, es común que cuando literatos rusos se han referido a España, lo han hecho adoleciendo de conocimientos sobre nuestra verdadera historia, sobre nuestro verdadero ser. Hasta un grande como Dostoyevski cayó en ciertos tópicos sobre la Leyenda Negra. No es exactamente el caso de Duguin, viajero infatigable y conocedor de nuestro idioma y de algunos aspectos de nuestra cultura (1). Mas, porque nos interesa muchísimo lo que pasa en Rusia y porque estamos desarrollando eso en el “misterio hispano-ruso” (2), creemos de recibo aportar apuntes hispánicos ante esta corriente que irrumpe con fuerza.

Como diría Jack el destripador, vamos por partes;

Concretando en la Cuarta Teoría Política

Sobre la Cuarta Teoría Política poco podemos añadir a lo que dice el propio Alexander Duguin. No obstante, le reconocemos cierta honradez y humildad, pues según el propio autor, no es algo que esté terminado, sino que constituye una hipótesis de trabajo abierta a constantes aportaciones. Por tanto, reiteramos que sobre la Cuarta Teoría Política, más praxis que teoría, en todo caso hay que ir siguiéndola según la boca del propio autor y del llamado Movimiento Euroasiático.

Yo personalmente pienso que como españoles, poca Cuarta Teoría Política nos falta. Ahora bien, es posible que en Hispanoamérica, una praxis de este sentido sea conveniente en tanto y en cuanto a modelo de trabajo, no como fin absoluto. Y decimos esto porque, al contrario de lo que ocurre en la Europa occidental, en buena parte del complicado mundo, no existen unos clichés ideológicos que en seguida forman estereotipos. Al contrario, si por algo siempre se ha caracterizado la política, y más en el caso de las relaciones internacionales, ha sido por la transversalidad. Y es de cuestionarse en este mundo postmoderno que avanza hacia una hegemonía económica liberal-capitalista de progresismo “cultural” si realmente están sirviendo los bloques ideológicos tal y como se entendían hasta la Guerra Fría. O más aún: Es cuestión de si sirvieron realmente alguna vez.

Por ello, creemos que la Cuarta Teoría Política puede dar mucho juego, sobre todo en determinadas zonas. Mas como no hay nada definitivo en ello, lo dejamos como apunte interesante, siempre a revisar, siempre en lo que poder aportar.

Tradicionalismo

En cuanto al término “tradicionalista”; ya señaló cierta problemática en su día nuestro insigne polígrafo Marcelino Menéndez y Pelayo en tanto y en cuanto que, allende los Pirineos, “tradicionalista” había virado a otras consideraciones muy distintas de lo que podemos entender por tradición en el mundo hispánico. Y es que en España, el tradicionalismo (3), en puridad, es cristiano y aparece con el carlismo bajo el trilema Dios, Patria y Rey, unificando los valores tradicionales y la justicia social frente al liberalismo usurpador y golpista -ayudado principalmente por el imperio británico- desde 1833 como genuino movimiento contrarrevolucionario del Viejo Mundo; referente para legitimistas de toda Europa. Como dato curioso, valga reseñar que Rusia fue acaso la nación europea que más apoyó la causa carlista. A principios del siglo XX, D. Jaime de Borbón, Jaime III de España como rey legítimo, al ser vetado en el imperio austrohúngaro, pudo sin embargo hacer carrera militar como húsar del zar Nicolás II, participando, entre otros, en la Guerra de los Boxers, y llevando el uniforme de húsar con orgullo durante toda su vida. Fue el rey más completo de la dinastía legítima: Religioso, tradicionalista, patriota y abanderado de la justicia social; antiliberal integral, respetuoso de la diversidad regional pero fiero antiseparatista; conocedor de varios idiomas y de muchos países; tan aventurero como serio; siempre llevando sus largos años en Rusia en el corazón. Otrosí, en la Guerra Civil Española, un nutrido contingente de voluntarios rusos blancos ingresó en el Requeté, la milicia de la Comunión Tradicionalista, llevando sus banderas y sus popes al frente. Dizque entraron por Francia y cuando vieron a españoles con boina roja, pensaron que eran comunistas; pero le dijeron que no, que eran soldados que luchaban por Dios, la Patria y el Rey. Y en seguida pidieron alistarse, porque su lema en Rusia había sido Fe, Zar y Patria. Y no hace mucho, conmemorando a aquellos voluntarios, se levantó una cruz rusa en el Cerro del Contadero, en Guadalajara, como conmemoración de aquellos heroicos voluntarios; oficiando el padre Kordochkin, responsable de la parroquia rusa de Santa María Magdalena, en Madrid (4).

Creemos que a muchos patriotas rusos de buena voluntad les gustaría indagar en esta entrañable hermandad tradicionalista ibero-eslava, de la cual no se sabe mucho a priori, pero que constituye toda una digna epopeya que literariamente bien podría recrear algún Miguel Strogoff tradicionalista.

Por otra parte, en España hay gente que se ha acercado al tradicionalismo y ha coincido mucho doctrinalmente aun sin ser carlista, como han sido los casos de Donoso Cortés o Menéndez Pelayo. Empero, no creo que en España, teniendo este maderamen, nos interesen mucho “otros tradicionalismos”, ni “otras vías” para una tradición que en verdad está muy clara. Nuestra patria se reafirmó desde la lengua y el Derecho de Roma al Reino Visigodo de Toledo, y fue la invasión berberisco-musulmana la que truncó la confirmación de la incipiente nación hispánica; empero, el levantamiento de Don Pelayo en Asturias comenzó la batalla por recuperar la España perdida, con la cruz de la victoria como máximo símbolo. Fue la cruz, nuestro temperamento indígena (5) y el complemento romano-visigótico lo que nos hizo recuperarnos como identidad, y si bien no volvimos a reproducir el pasado reino visigodo en la exactitud del pasado, fue la vuelta a la Cristiandad lo que nos unió. Pero eso: La vuelta a la Cristiandad (que no al paganismo ni al esoterismo) la defensa de la Cristiandad frente al islam, además, como baluarte del Viejo Continente. Nosotros en Occidente, Rusia en Oriente.

Con respecto a “otros tradicionalismos”, no nos compete entrar aquí en un pormenorizado estudio sobre Evola y Guénon, de los cuales Duguin se declara discípulos. Otrosí, ni Evola ni Guénon eran cristianos, y creemos que hay confusiones y errores importantes en su doctrina que pueden desembocar en tragicomedias en la práctica tal y como fue la conversión al islam de Guénon.

De todas formas, dado el desconocimiento abismal que el español medio tiene sobre su herencia filosófica, política y cultural, más creemos que le valdría ponerse al día con lo suyo antes que meterse en ciertos exotismos que, reiteramos, no vemos necesarios. Porque incluso si se trata de escudriñar en raíces anteriores, el mundo clásico del cual formamos parte se nos abre de par en par, además, en conexión con el cristianismo. En ese sentido, como dice el bibliófilo Joseph Pearce, literatos ingleses como Roy Campbell o John R. R. Tolkien se interesaron por el paganismo que tenía más conexión con Cristo, no por el que aleja de él. Y es que acaso ellos iban en la línea anunciada por San Agustín de Hipona, de que la salvación había sido anunciada a los paganos de otras formas; por la “cultura de la imagen” que diría el mentado Tolkien. Ese camino sí lo consideramos correcto. “Otras vías”, como que no. Ya dijo nuestro gran literato Ramiro de Maeztu (admirador de Dostoyevski, por cierto), que el camino de España no tenía pérdida posible; y así, subrayamos la herencia grecolatina que continúa en lo hispano-católico, incluyendo la “catolicidad civil”, como dice el filósofo Juan Bautista Fuentes (6).

Eso sí, reconocemos que en otros puntos de la Hispanidad, determinados ideales se pueden tropezar ante senderos mucho más sinuosos, máxime en contextos geográficos o culturales donde están muy vivos los procesos sincréticos de todo tipo. En buena parte de los Andes, nunca se dejó de adorar a la Pachamama, así como a Brasil y al Caribe llegaron cultos animistas africanos que continuaron un desarrollo “independiente” en el Nuevo Mundo. Y por si fuera poco, la irrupción de la Teología de la Liberación fue letal, pues si con la independencia el liberalismo y las logias masónicas se enseñorearon definitivamente del continente, el desorden acaecido en la segunda mitad del siglo XX, con una táctica revolucionaria muy bien preparada por universidades belgas y holandesas y por el aporte de la KGB soviética (7), la situación espiritual hispanoamericana se veía entre el marxismo cultural y la continua injerencia liberal-protestante de los Estados Unidos. Si bien antes había sincretismo, por lo menos había algunos referentes claros; mas roto el sentido de la autoridad, perdidos los referentes que podían coincidir entre lo hispánico y lo prehispánico; en fin, destrozado todo sentido sagrado latente, con unos curas que se empeñan en sacar a la gente de la iglesia a patadas; pareciera que estamos ante un páramo. Y a pesar de todo, las iglesias no están vacías, lo cual no deja de tener harto mérito.

Por ello, nos gustaría decir que si bien concordamos plenamente con Duguin en que el liberalismo es un Anticristo social (¡acertadísima la definición del profesor ruso!), no todo lo que se diga antiliberal es necesariamente bueno. Esto sería caer en la misma, fallida y manida lógica del anticomunismo. El llamado “socialismo del siglo XXI” que comenzó Hugo Chávez en Venezuela no ha supuesto ningún cambio ante el mundo liberal, y lleva ya casi dos décadas. No son comparables a algunos líderes del mundo árabe que, por las circunstancias, fueron sus aliados, puesto que ni en la República Árabe de Siria ni en la Libia de Gadafi sus ciudadanos pasaron las necesidades y calamidades que están pasando en los países gobernados por esta “vía”, que aplican un sistema capitalista ramplón que está llevando a Venezuela, uno de los países más ricos del mundo, a pasar hambre sin producir nada, sin formar bien a su gente, teniendo tratos vergonzosos con el narcoterrorismo y endeudándose hasta las cejas. Y que no se olvide: Siendo Estados Unidos su principal comprador de petróleo; de un petróleo que ha estado malvendiendo, cuando no regalando, para extender una política que no ha llevado a ninguna parte.

Tampoco se olvide que si bien es descarado el intervencionismo angloamericano en la región, Chávez fue golpista en 1992, y fracasó; y cuando triunfó, no dudó en apartar al politólogo argentino Norberto Ceresole, que había sido su asesor, para dar paso a la izquierda más rancia y sectaria.

Otrosí, el indigenismo inyectado de estos movimientos, lejos de buscar las verdaderas raíces de los pueblos indios, o lejos de ahondar en sus tradiciones, no es sino una táctica de odio alimentada por ideologías modernas nacidas en las universidades europeas, acaso como continuación lógica de la Teología de la Liberación, que lejos de optar por los pobres, no ha supuesto sino una lanzadera politiquera, una “voluntad de poder” que en nada ha contribuido a mejorar la situación social de muchas comunidades que, de hecho, están todavía peor de lo que estaban antes. Y desde luego, esta onda sí ha contribuido a apoltronar a mucho indeseable. Curas que cambiaron la sotana por “trajes de paisano”, subvencionados líderes dizque sindicales, la liturgia convertida en un circo al más puro estilo moderno-protestante… Y se escoge como icono a Simón Bolívar, un oligarca mantuano descendiente de explotadores esclavistas, un dictador masón, individualista y liberal al que el mismísimo Karl Marx denostó con todas sus fuerzas (8) y que predicó salvajemente el odio a su propia sangre y cultura; tal y como lo hicieron buena parte de ilustrados y liberales del XVIII al XIX, y tal y como el marxismo recogió ese fruto podrido a principios del XX. Odio al blanco, odio a España. Y sin embargo, se empecinan en hablar la lengua de Cervantes, al igual que los separatistas ibéricos…

II

El hecho de que el dictador Bolívar sea el icono de este movimiento es en verdad muy ilustrativo: Bolívar al fin y al cabo, como San Martín y Miranda y tantos otros camaradas que actuaron al servicio del interés del imperio británico, murió solo, peleado hasta con los que se suponían que eran los suyos. En cambio, Joaquín Posada Gutiérrez, general secesionista y camarada de Bolívar, consignó que “es preciso que se sepa que la Independencia fue impopular en la generalidad de los habitantes; que los ejércitos españoles se componían en cuatro quintas partes de los hijos del país; que los indios, en general, fueron tenaces defensores del gobierno del Rey, como que presentían que tributarios eran más felices que lo que serían como ciudadanos de la República”. Y así, el líder indio Antonio Navala Huachaca estuvo defendiendo la bandera realista hispánica hasta 1835. Cisneros en Venezuela, Agualongo en Quito, o muchos compañeros de armas de los Pincheira en Chile son unos pocos testimonios de una realidad que se extendió por buenísima parte de las Españas Americanas. No era incompatible la tradición indígena con la Monarquía Hispánica, al contrario: Se implementaron hasta mutuamente, y luego de la Conquista hubo toda una política de pacificación y entendimiento; siendo que en amplias zonas andinas y guaraníes, apenas se hablaba español. Fueron las repúblicas las que obligaron a su aprendizaje masivo; mientras que con la Corona se continuó para muchos la legitimidad de los incas en el Perú, por ejemplo; así como desde el siglo XVI al XIX tenemos una nutrida lista mestizos y criollos ocupando cargos importantes en la administración y en las armas españolas: El Inca Garcilaso, con Juan de Austria sofocando la rebelión morisca de las Alpujarras y a posteriori enterrado con todos los honores en la catedral de Córdoba; Pablo de Olavide, ministro de Carlos III; el duque de San Carlos, ministro de Fernando VII; Joaquín Mosquera Figueroa, agente legal de Fernando VII ¡que llega a firmar en su nombre!… ¡Hasta próceres separatistas como Francisco de Miranda o José de San Martín fueron en su día oficiales del ejército español!

En cambio, el chavismo y adláteres manipulan la Historia para encima, defender a los mayores defensores de la modernidad en su tiempo.

Y que tampoco se nos olvide otro dato: Chávez siempre contó con un nutrido grupo de asesores españoles, los cuales han vivido estos años en Venezuela como marajás, mientras que la violencia y la necesidad se enseñoreaban contra el pueblo venezolano.

A día de hoy, los grupos de presión homosexualistas campean libremente por Venezuela, al igual que por la Argentina de los Kirchner y por el Brasil de Lula y Dilma, y por el Uruguay del reciente Mújica, al más puro estilo progre-occidental. En la Bolivia de Evo Morales el aborto campa a sus anchas. El uruguayo Mújica, un terrorista que nunca se arrepintió de sus crímenes, antes de dejar el poder legalizó la marihuana (al igual que Holanda), encontrando como máximo beneficioso al oligarca Soros, con quien se entrevistó muy amigablemente. Rockefeller también se entrevistó con él, y con Fidel Castro, y aquí paz, y después gloria.

¡Ah! Y Mújica fue públicamente condecorado por los sionistas uruguayos.

Nada antiliberal hay en este desgraciado, surrealista, esperpéntico y enésimo producto de la modernidad.

Y eso de las alianzas pues siempre ha sido transversal, porque Franco también tuvo buenas relaciones con un Fidel Castro que declaró tres días de luto oficial en Cuba cuando falleció el galaico general; el mismo que escribió al presidente Johnson advirtiendo que perdería la guerra del Vietnam y que Ho Chi Min era un patriota. Pero ni uno ni otro se comparan, como no se comparan Al Assad y Chávez por más aliados en política internacional que fueran. (9)

Y bueno, dudamos mucho que a Duguin en particular y a los patriotas rusos en general les gustara, o que de hecho, consideraran bueno y antiliberal, que en Siberia surgieran movimientos indigenistas que copiaran teorías modernas occidentales y tuvieran en la eslavofobia su principal bandera. Y es que evocando a Solzhenitsyn, creemos que la eslavofilia (que no el paneslavismo) puede ayudar mucho a la Rusia actual. Y no en vano Dostoyevski dejó dicho que “lo que necesita Rusia es más Rusia, no más Occidente.” ¡Cómo nos recuerda eso a nuestra España, a nuestra Hispanidad toda!

De verdad: No se trata ni de xenofobia ni de chovinismo barato. Tanto en España como en Rusia nos han introducido el complejo de inferioridad especialmente desde la Ilustración del siglo XVIII; y muchas veces, por no buscar en nuestra propia sabiduría, hemos querido ser lo que no somos, obteniendo por ello pésimos resultados. Hay que ser muy prudentes en este sentido y tener amor propio. No es de recibo que en España haya quien se precie de citar a autores cuyo apellido apenas acierta a pronunciar y que, sin embargo, nada sepan de la tradición romana y de su continuidad complementaria en la época visigótica (no sin ribetes bizantinos de por medio); de la tradición medieval condensada por Alfonso X el Sabio; de los grandes juristas de la Universidad de Salamanca que asentaron las Leyes de Indias y el Derecho de Gentes (¡mucho antes que aparecieran Sacco y Vanzetti por Estados Unidos!); del Siglo de Oro que encumbró nuestra literatura a lo máximo; de lo mejor de nuestra Ilustración encarnada en personalidades como José Cadalso o Gaspar de Jovellanos; o de polígrafos estudiosos como Marcelino Menéndez y Pelayo, Ramón Menéndez Pidal, Claudio Sánchez-Albornoz… En fin, tenemos demasiados nombres sin conocer que muchísimo nos aportarían, mucho más de hecho que doctrinas esotéricas extrañas. Dentro de la complejidad, hay que definirse, concretarse. Por eso desde aquí defendemos una política hispanista integral (10), porque España se reafirmó en América, donde, como bien dice el filósofo argentino Alberto Buela, debería ejercer su capitalidad cultural, y donde debería haber puesto sus miras económicas y geopolíticas de una manera clara y honrada antes que en una Unión Europea que es la crónica de una muerte anunciada. Curiosamente, en nuestra América contamos con toda una pléyade de intelectuales hispanistas que están combatiendo muy severamente a la Leyenda Negra que, en muchos casos, viene promocionada por la España oficial. Nombres como José Antonio Pancorvo, Pablo Victoria, Antonio Caponnetto, C. Rodrigo Iturralde, Patricio Lons, Francisco Núñez del Arco -y otros que se nos fueron hace no mucho como Luis Corsi Otálora o José Manuel González-, que muy buenamente están tomando el testigo de otros grandes como Rómulo D. Carbia o José Vasconcelos. Y muchos que se precian de conocer autores allende los Pirineos, osarán llamarse patriotas sin saber ni siquiera de estos hispanísimos autores.

Y eso por no hablar de cómo nos hemos dado la espalda con nuestra hermana y vecina patria portuguesa. Nada se conoce de su cultura, aun habitando la misma Península. Enfrentados artificialmente durante siglos, en cambio, Portugal siempre ha sido profético con respecto a la historia de España, como bien aseveraba Melchor Ferrer, el historiador del tradicionalismo español. Sin embargo han sido no pocos los portugueses que han presentado nuestra historia, identidad y esencia en su conjunto, siendo uno de los más señeros Joaquim Pedro de Oliveira Martins, señalado por personalidades tan dispares como Miguel de Unamuno y Marcelino Menéndez y Pelayo como “el historiador más artista de la Península”.

Definitivamente: Tenemos unos cimientos más que sólidos y, aun así, todavía mucho que aprender de nuestro potencial. El día que lo saquemos a flote, otro gallo nos cantará. Y en eso debemos trabajar, frente a un pueblo alienado y arruinado; un pueblo que no sabe que tanto el arco de herradura como la estrella de ocho puntas son símbolos de antigüedad hispánica, que nos han enseñado a atribuir a los foráneos muslimes. Un pueblo que, especialmente desde 1978, está siendo educado para odiar su historia y su esencia, ante unas oligarquías que han aplicado el “divide y vencerás” para obtener réditos políticos y nos están enfrentando entre hermanos; lo mismo que se hizo en el espacio post-soviético durante la última década del siglo XX.

Rusia y España han derrochado muchas fuerzas en empresas exteriores; por lo que se antoja que para exteriorizarse en este mundo, han de regenerarse a partir de ellas mismas, con la fe por delante.

Geopolítica

En cuanto a la Geopolítica, Duguin se nutre mucho de las teorías de Haushofer, ante lo cual, estamos en una dicotomía de la tierra frente al mar. Y esto en verdad, si bien puede ser interesante, no nos parece determinante, y mucho menos para el caso español. La geopolítica hispana quedó magistralmente definida por Juan Vázquez de Mella en sus Dogmas Nacionales. Resumiendo: La confederación con Portugal e Hispanoamérica y el dominio del Estrecho de Gibraltar, con su consiguiente costa norteafricana. De hecho, la frontera hispánica no sería el Estrecho, sino el Atlas, algo que a bien tuvieron los reyes de Portugal, Aragón y Castilla, poniendo en el actual Marruecos sus miras desde el siglo XIV, y no por “imperialismo”, sino por consecución de la Reconquista, tal y como selló en las postrimerías del siglo XV la reina Isabel la Católica.

Con todo, Juan Vázquez de Mella, una de las mejores cabezas pensantes del carlismo, decía que “…el Estrecho de Gibraltar es el punto central del planeta, que allí está escrito todo nuestro Derecho Internacional; parece que Dios, previendo la ceguedad de nuestros estadistas y políticos parlamentarios, se lo ha querido poner delante de los ojos para que supiesen bien cuál era nuestra política internacional. Es el punto central del planeta: Une cuatro continentes; une y relaciona el continente africano con el continente europeo; es el centro por donde pasa la gran corriente asiática y donde viene a comunicarse con las naciones mediterráneas toda la gran corriente mediterránea; es más grande y más importante que el Skagerrak y el Kattegat, que el gran Belt y el pequeño Belt, que al fin no dan paso más que a un mar interior, helado la mitad del tiempo; es más importante que el canal de la Mancha, que no impide la navegación por el Atlántico y el Mar del Norte; es muy superior a Suez, que no es más que una filtración del Mediterráneo, que un barco atravesado con su cargamento puede cerrar, y que los Dardanelos, que, si se abrieran a la comunicación, no llevarían más que a un mar interior; y no tiene comparación con el canal de Panamá, que corta un continente. Dios nos ha dado la llave del mar latino. La geología, la geografía, la topografía, las olas mismas del Estrecho chocando en el acantilado de la costa nos están diciendo todos los días: Aquí tenéis la puerta del Mediterráneo, y la llave; aquí está vuestra grandeza…“.

Asimismo, el jurista falangista Jorge Garrido (11), en un debate sobre la Hispanidad organizado por el Hogar Social Ramiro Ledesma, apuntaló muy bien en la situación geográfica de España como clave para entender las muchas posibilidades y organizaciones de cara a nuestro futuro.

Y es que ni nuestra geografía ni nuestro papel histórico cuadran en esa dicotomía de “tierra y mar”.

Nunca fuimos una talasocracia: Talasocracia no es sólo un “imperio marítimo”, sino un imperio de factorías, tal y como fue el fenicio. Y de hecho, estaba evolucionando hacia una política más territorial con Cartago, que era en verdad una aristocracia fenicia que dirigía a una masa compuesta por bereberes, iberos y galos. Gran Bretaña fue una talasocracia, o en términos de la escuela filosófica de Gustavo Bueno, un imperialismo depredador; frente al imperialismo generador (según la escuela de Bueno), o federativo, que quería Vázquez de Mella.

Puede ser que Portugal, por fuerza de las circunstancias, mantuviera una estructura talasocrática en determinados puntos de África, Asia y Oceanía; mas cuando pudo, estableció un imperio territorial, y así se vio en el Brasil, en la India, o incluso en la África del siglo XX que les fue arrebatada por una guerra a múltiples bandas en la cual tanto liberales como marxistas obtuvieron grandes beneficios. Empero, la obra de España en América, desde México a los confines rioplatenses, es eminentemente territorial. Fue diferente en el Caribe, como ha sido diferente nos atrevemos a decir hasta en las Baleares y las Canarias, por mor de la insularidad. Pero allá donde se pudo, la vocación territorial se impuso con fuerza. Y es que como expuso magistralmente Walter Schubart en Europa y el alma del Oriente (12), tanto rusos como españoles coincidimos en nuestro pensamiento de conjunto, en nuestra amplitud de miras y vocación universal por mor de la inmensa geografía que se despierta ante nuestros ojos, siendo cultura de frontera, teniendo respeto y amor por el silencio. Sí, tenemos un Estrecho, pero de apenas diez kilómetros; y luego nos topamos con la inmensidad de un Nuevo Continente, desde el Pacífico Norte a los antárticos confines.

Asimismo, dice Duguin que Rusia es el puente entre Oriente y Occidente. Y España también lo es, a través del Mediterráneo. Y no en vano parte de España fue bizantina durante dos siglos, y ese influjo bizantino continuó hasta muy avanzada la invasión musulmana, y está presente todavía en la liturgia hispano-visigótica mantenida por los cristianos mozárabes (13); liturgia que todavía está viva y que mantiene cierto auge en nuestro tiempo, de lo cual nos congratulamos, pues la defensa de la tradición debe ir guiada por iniciativas de este hermoso y entrañable cariz espiritual (14).

Por otra parte, las Españas y las Rusias han ejercido su papel de custodia de Europa, de muro de contención, de hinterland. Sin estos diques a oriente y occidente, jamás se hubiera consolidado la Cristiandad, y luego lo que convenimos en llamar Europa.

Nos congratula que el profesor Duguin exponga como modelos al Imperio Bizantino y al Sacro Imperio Romano-Germánico, y que a pesar de la mala prensa que -por mor de la propaganda leninista- gasta el término, defienda la idea de imperio frente a nacionalismos estúpidos y egoístas que muchas veces son alentados desde fuera. No en vano el imperialismo anglosajón, ya fuera por Gran Bretaña ya fuera por los Estados Unidos, aprovechó la Primera Guerra Mundial para esparcir la confusa idea de la “autodeterminación de los pueblos” y se apresuró a recoger los despojos del Imperio Austrohúngaro, siendo que, asimismo, extendían su colonialismo. Kennedy, que no fue precisamente un presidente “reaccionario”, no vaciló en mandar a la Guardia Nacional a Alabama cuando este estado amenazó con separarse. Con todo, creemos que la Monarquía Hispánica presenta un gran modelo supranacional basado en una rica tradición de valores eternos, pero que sin duda, debe ponerse de relieve en un lenguaje actual ante los desafíos de hogaño. Es por ello que como hispanistas estamos dando la batalla aun muchas veces en soledad e incomprensión, todavía sin un tejido social coherente y militante que empuje; pero con un sentimiento cada vez más extendido, que espera ser aflorado y dirigido….

III

La idea de Europa

Uno de los puntos que nos parece más chocante es el europeísmo, máxime al comprobar que España y Portugal entramos en una Europa falsa y por la puerta falsa. La Cristiandad, el Imperio Bizantino, el Sacro Imperio Romano-Germánico, y otras entidades herederas de estas tradiciones como la Monarquía Hispánica, el Imperio Austrohúngaro o el Imperio Ruso, fueron realidades concretas; pero la palabra “Europa” no alude más que a geografía. Y ni España ni Rusia son “exclusivamente europeas”, geográficamente hablando. Si Rusia es Eurasia, España puede jugar su papel también como Euráfrica y Euramérica. Y en ambos sentidos, si Rusia se siente la Tercera Roma, España no dejó de ser la que llevó Roma a América. No por nada el libro de cabecera de Hernán Cortés, conquistador de México, era la Guerra de las Galias de Julio César. No son pocos los historiadores que han subrayado el carácter romano de la conquista y el poblamiento español en el Nuevo Mundo.

Con todo, Europa no es una realidad política, ni cultural, ni racial, ni política, ni espiritual. Nunca lo ha sido. Si nos referimos a términos como “indoeuropeo”, estamos ante una realidad tan europea como extraeuropea; y no deja de ser algo bastante impreciso. “Indoeuropeo” es un término que puede servir para determinados estudios históricos, pero no para hacer política; ni tan siquiera “metapolítica”. Máxime porque buena parte de países como España, Italia, Hungría, Finlandia, Bulgaria, Grecia, Rusia, y en menor medida, hasta Francia, Noruega y Suecia, se nutren de contingentes poblacionales que no proceden de troncos indoeuropeos. Ugro-fineses o iberos/vascones eran pueblos de raza blanca pero que no hablaban un idioma indoeuropeo, y difícil es que tuvieran un patrón cultural o espiritual indoeuropeo (si es que esto existe); sin embargo los gitanos, que no son originariamente un pueblo de raza blanca, hablan un idioma de tronco indoeuropeo. Hacer de lo indoeuropeo una bandera política, o un conjunto de valores dominantes, no es transitar por un camino serio ni seguro; porque ahí todavía hay mucha tela que cortar.

No creemos que sea posible la creación de un “bloque europeo”. Atendiendo al beneficio de un mundo multipolar (cosa en la que sí creemos), pensamos que en Europa siempre habrá varios bloques. España por ejemplo padece la vergüenza de Gibraltar, una invasión británica de su territorio. Todavía en el seno de Europa hay muchos problemas motivados, otrosí, por fronteras artificiales impuestas por criterios nacionalistas o liberales, si es que finalmente no viene a ser todo lo mismo. Y qué decir de Rusia, cuyos problemas en el “frente ucraniano” ya fueron anunciados por Solzhenitsyn años ha, el mismo cuya actitud profética en la España de 1976 hizo rasgar vestiduras tanto democristianas como marxistas; el mismo que señaló con fina y matemática precisión los errores de un Occidente sordo, ciego y mudo, preso de la precipitación y la superficialidad, obnubilado en un confort que es un gigante con pies de barro, y con la misma base materialista y atea que el marxismo (15).

No en vano el jurista español Álvaro d´Ors decía, en La violencia y el orden (libro escrito en 1987): “No quisiera ocultar mis reservas frente a aquellos que, ante el conflicto Este-Oeste, toman decidido partido por el Oeste: Prefieren el Capitalismo al Comunismo. Esta opción, corriente en España como en todo Occidente, es explicable, pero no sé si es del todo acertada; en todo caso, estamos de nuevo en el error de la política del ‘mal menor’. Es evidente que en el hemisferio del Capitalismo la vida es más llevadera, y no deja de haber aquí un cierto aire de libertad, aunque las elecciones suelen estar muy condicionadas por la seducción de las masas, que ha alcanzado una perfección técnica irresistible, y que esta apariencia de libertad falta en el hemisferio comunista. Pero no es menos cierto que el deterioro humano del Capitalismo, al ser más placentero e insensible, resulta por ello mismo mucho más letal que la brutal disciplina del Comunismo. Este, por lo menos, puede hacer mártires, en tanto que el Capitalismo no hace más que herejes y pervertidos”. En este mismo libro, también escribió: “En este sentido he dicho alguna vez que el marxismo se ha convertido en la nueva religión del capitalismo, una religión que resulta para éste mucho más cómoda que la cristiana. Y por eso vemos que no son las empresas las dejadas al socialismo, sino las actividades tradicionalmente competían a la Iglesia: predicación, educación y beneficencia.”

Y es que el espíritu profético y la altura de miras se cruzan desde las Rusias a las Españas.

Empero, volviendo a qué es Europa, no creemos que Turquía tenga papel ninguno. La invasión turca de Bizancio, de la añorada y necesaria Romania, nos parece una calamidad se mire como se mire, y entendemos que los griegos quieran reconquistar su territorio, tal y como España reconquistó el suyo, tal y como los rusos se defendieron de los tártaros. El imperialismo turco, de cariz eurasiático, ha supuesto un extrañamiento para los pueblos de herencia bizantina, e incluso también para los árabes. Y eso por no hablar del terrible holocausto armenio (y también asirio y griego) que la nación de la media luna se niega a reconocer. Gracias a Dios la España de Felipe II en el XVI y los húsares polacos de Juan Sobieski en el XVII pudieron frenar las pretensiones invasoras de una corriente peligrosísima que se enseñoreaba desde Asia Central al norte de África y los Balcanes. Vade retro!

No estamos diciendo que haya que volver a un pasado romántico, pero Turquía siempre va a ser un problema, y no sólo para Europa. La actual nación turca es un engendro artificial resultado de la dominación de un pueblo eurasiático sobre una masa de esclavos de distintos puntos del Mediterráneo y el Cáucaso. El estado laicista de Ataturk, que llegó a cambiar el alfabeto, apenas ha mantenido el islam como foco de cohesión. La solución desde luego no es fácil, pero hay varias naciones europeas y asiáticas que están reclamando los robos de los turcos, y tarde o temprano será algo que estallará.

Y es que no todas las “vías” o “tradiciones” conectan. Por eso en Europa (que como idea no deja de ser algo moderno), siempre habrá diversos bloques, y de hecho no deja de ser saludable que así sea. Nosotros, como españoles, siempre nos sentiremos atraídos a un “bloque latino”, pero podremos colapsar con los intereses de Francia, como tantas veces nos ocurrió en el pasado. Y este ejemplo podrá valer para muchos pueblos.

Asimismo, reiteramos: Por supuesto que debe haber “políticas europeas” y que España debe tener su sitio en Europa, donde nunca dejará de tener raíces y conexiones; pero no podremos entrar mucho si antes no resolvemos nuestros Dogmas Nacionales, que empiezan en su Europa, pero que abarcan de por sí toda una geopolítica.

Conclusiones

Decíamos al principio que la corriente metapolítica (o “política integral”) liderada por Alexander Duguin recibe tanto adhesiones como odios; el caso es que a nadie le deja indiferente. Se podrá pensar que somos críticos, y de hecho lo somos; pero lo somos porque nos parece un fenómeno lo suficiente fuerte e importante como para querer trabajar sobre él.

Si bien sobrevolamos por aspectos que pueden ser problemáticos, no dejamos de reconocer los muchos méritos que tiene el movimiento eurasiático. Su militancia antiabortista y antihomosexualista es muy clara, y esto no es moco de pavo. Asimismo, el movimiento eurasiático ha conseguido que muchos jóvenes que andaban en cosas raras se hayan acercado al cristianismo. Y estas cosas son muy de valorar, dada la desorientación existente en temas importantes como estos.

Otrosí, no entendemos los odios encendidos de algunos sectores que se niegan a salir de la marginalidad, o lo que es peor: La automarginalidad. Ni Duguin ni nadie es perfecto, pero reconocemos los logros: Que en relativo poco tiempo, se hayan convertido en una referencia mundial; que hayan pujado en el mundo universitario y cultural (teniendo asociaciones de estudiantes y artistas, cosa que parece imposible en España a no ser que se sea progre…); que tengan influencia hasta en los ámbitos militares… Algo están haciendo bien, sin duda. Y esto parece despertar la envidia y el recelo de quien no quiere aceptar la dificultad de la práctica y vivir toda su vida en el romanticismo infantiloide de unas teorías que reputan como infalibles pero que jamás se molestan en poner en práctica. En cambio, a día de hoy en Nueva Rusia se está peleando a muerte contra el Nuevo Orden Mundial. Y aunque desde Occidente a veces podamos no entender determinadas simbologías u otros aspectos, desde luego es de admirar que todavía en el pueblo eslavo oriental haya quien es capaz de morir por defender su patria y sus ideas, cosa que no vemos que abunde mucho en Occidente. Y como dice Duguin, acaso en Nueva Rusia se está formando el tipo de sociedad resistente que será receptiva a sus ideas, hacia la construcción de un mundo más tradicional frente a una guerra en verdad impuesta por Estados Unidos en una de las encrucijadas del Viejo Continente.

Y bueno, para terminar: Con la humildad que viene demostrando Alexander Duguin al querer construir la Cuarta Teoría Política, no pretendemos con estos escritos establecer algo definitivo ni taxativo, válganos Dios. Simplemente nos gustaría aportarle algunos apuntes hispánicos, tanto a él como a la gente de su escuela. Porque nos interesa que cada vez haya más lazos entre las Españas y las Rusias; porque como españoles hemos estado muy acomplejados artificialmente al compararnos con nuestros vecinos y nunca nos hemos comparado con el mundo eslavo-oriental; un mundo rico y complejo, fronterizo, espiritual, que estaba ahí llamándonos; pero que por desgracia vimos como “Terra Incognita”. Y es que como decía el mentado Walter Schubart, “entre rusos y españoles no existen tan sólo semejanzas sorprendentes en la periferia de la vida, sino coincidencias en el centro del alma […] Misión de ambos es pregonar la realidad de Dios en el mundo de lo inconsistente. Por esto hubieron de hacer penitencia ante todos los pueblos de la tierra, mediante una múltiple miseria. Cuando quede cancelada la culpa, se levantarán en el nuevo eón a una nueva grandeza y renovarán la fe en la primacía del espíritu sobre el poder, en la primacía del alma sobre la cosa”.

Seguiremos atentos a lo que viene de Rusia, y ojalá si desde Rusia se lee más sobre España, lleguemos a esa interconexión que tanta falta nos hace a los puntales de un mundo que, aun siendo viejo, tiene siempre algo nuevo que ofrecer.

Notas:

(1) Véase: A la España negra | The Fourth Political Theory

(2) “El misterio hispano-ruso”, extenso artículo escrito por un servidor: El misterio hispano-ruso.

(3) Salvo algunas contaminaciones importantes, especialmente venidas de Francia y muy acertadamente señaladas y denunciadas por el profesor Manuel Fernández Espinosa:

Infiltraciones del ocultismo en el tradicionalismo español (I) – Infiltraciones del ocultismo en el tradicionalismo español (II) – Infiltraciones del ocultismo en el tradicionalismo español (III)

Asimismo, sígase:

Elucidación de la “tradición” (I) – Elucidación de la “tradición” (II) – Elucidación de la “tradición” (III) – Elucidación de la “tradición” (IV) – Elucidación de la tradición (V)

(4) Sobre la presencia rusa en el carlismo:

Voluntarios Rusos Blancos Requetés)

Premín de Iruña: Los requetés rusos

Premín de Iruña: Los sanfermines de 1939, primeros tras la …

Premín de Iruña: Ignacio Baleztena padre en plena guerra …

Сruz conmemorativa

(5) Véase: Raigambre: de godos y bizantinos…

(6) Sobre el filósofo Juan Bautista Fuentes: Juan Bautista Fuentes dice ahora: sobre España «en lo …

(7) Véase: Ex espía de la Unión Soviética – ACI Prensa

(8) La opinión de Marx sobre Bolívar:

El desprecio de Marx por Bolívar – Libertad Digital

Bolpress:: ¿Por qué Marx repudió a Bolívar?

Sobre Marx y su ojeriza contra Simón Bolívar

II

(9) Véase: Raigambre: a favor de Siria

“Para entender la República Árabe de Siria”. – Revista La…

(10) Véase: Dimensiones geopolíticas del Hispanismo – Revista La…

(11) Enlace del debate: HSMRL – Mesa Redonda Hispanidad 11-04-2015

(12) Comentarios al libro de Walter Schubart:

Antonio Moreno Ruiz: Mis lecturas: “Europa y el…”

Raigambre: rusos y españoles: el “Eón joánico…”

(13) Como “mozárabes” se conocían a los cristianos hispanogodos que vivían en territorio sometido por el islam. Los musulmanes les llamaron “mustaarab”, esto es, “arabizados”. Las pujantes comunidades del sur, la Meseta y el Levante mantuvieron la religión cristiana y el idioma, sólo que la evolución fue un poco diferente por mor de la inclusión de vocablos árabes y bereberes dentro de la gramática latina. Es lo que se conoce como romance mozárabe, con el que se encontró la lengua castellana en la Reconquista, quedando influjo en Valencia y muy probablemente en Andalucía.

Ellos eran los auténticos conocedores de los sabios griegos, a quienes traducían antes y durante la presencia islámica en España. Y es que no en vano hubo presencia bizantina durante dos siglos en territorio hispano.

Asimismo, el arte mozárabe se extendió de sur a norte, especialmente por la repoblación que gentes del centro y el sur de la Península hicieron en el noroeste; manteniendo el arco de herradura como elemento arquitectónico típicamente hispánico; además de la liturgia hispano-visigótica y el auge de los monasterios y las escuelas.

(14) Véase la página de la Hermandad Gothia, asociación que se ocupa por mantener la milenaria liturgia hispano-visigótica o mozárabe, que pervive en España aun con diversas reformas:

Hermandad Hispano Mozárabe “Gothia” | Mozarabia

III

(15) Sobre Solzhenitsyn en España, véase:

Solyenitsin en España en 1976 – Hispanidad Futura

Antonio Moreno Ruiz: de Benet y Solzhenitsyn.

Fuente: Raigambre II III

Extraído de: La Cuarta Teoría Política en español.

 

One Comment to “Apuntes hispánicos para Alexander Duguin”

  1. Otro excelente artículo, Sr Moreno Ruiz:lo invito a visitar el sitio web del que soy coordinador: http://www.hispanoamericaunida.com Si Hispanoamérica estuviera unida como un solo Estado soberano (como todavía lo está por suerte, Rusia), se haría realidad la esperanza de un futuro alternativamente mejor al mundo especulativo-depredador que nos han impuesto los anglosajones.

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