Una guerra está a nuestra puerta. Como siempre, necesitamos un año más.

RUSIA UCRANIA EEUU UNION EUROPEA

por Rostislav Ishchenko – Alejandro el Bendecido necesitó un año adicional para terminar la guerra con Turquía, entrenar a los soldados ya reclutados, y desplegar contra Napoleón en la frontera occidental un ejercito no de 200 mil, sino de medio millón de hombres, con el cual no necesitó retirarse hacia el corazón del imperio.

Iosif Vissarionovich Stalin necesitó un año adicional para completar la actualización técnica del ejército, formar las unidades motorizadas, y desplegar en la frontera una fuerza capaz de enfrentar al enemigo en igualdad de condiciones.

Esto no significa que por tanto las fuerzas desplegadas necesariamente tengan que combatir con éxito. En 1809, los austriacos y en 1939-1940 los franceses y los británicos tenían el tiempo y los recursos más que suficientes para desplegarse contra Napoleón y Hitler, respectivamente, teniendo fuerzas al menos iguales, y en algunos aspectos superiores a sus ejércitos. Los austriacos en 1809, así como los franceses y los británicos en 1939-40 tuvieron la iniciativa – decidieron cuándo elegir la acción ofensiva o defensiva. En ambos casos, las derrotas debido a la estrategia superior de los Estados Mayores Conjuntos de Napoleón y Hitler fueron catastróficas.

Sin embargo, todos estamos de acuerdo en que antes de la guerra, es mejor tener un año adicional que no tenerlo. Cuanto mejor te prepares para la guerra, mayores las oportunidades de ganarla. Lo más importante, tu victoria llegaría sin un enorme costo en pérdidas en vidas humanas y pérdidas morales, que, por regla general, acompañan a las guerras que inician con fallos.

Nuevamente necesitamos un año

Hace diez años, en 2005, tuve una conversación con uno de mis colegas – un experto en economía y finanzas. Siempre valoré sus opiniones, porque él, de ideas liberales, no era dogmático, sino una persona capaz de evaluar de forma razonable los fallos del sistema y a menudo era capaz de describir su problema con más precisión que sus oponentes marxistas más capaces.

Nuestra discusión se centraba en la inevitable (los dos estábamos de acuerdo en eso) crisis del dólar. Argumenté que la crisis ya está sucediendo, pero Washington sigue teniendo los recursos para prevenir que explote de forma abierta, impactando a todos los estratos de la sociedad y volviéndose más que evidente no sólo para el estrecho círculo de los políticos con acceso a la información, sino a toda la población del planeta. Mi colega no estaba de acuerdo con la afirmación de que el sistema del dólar haya agotado su potencial, pero argumentó que con la ayuda de instrumentos financieros y bancarios, la ilusión de bienestar podría mantenerse indefinidamente.

Quisiera hacer hincapié en que él no sólo conocía el sistema desde dentro (probablemente, tan bien como Trotsky conocía el sistema soviético), sino que también era lo suficientemente crítico hacia este, consciente de que cada sistema tiene sus fallos inherentes, y que ninguno existe para siempre (cada uno tiene un recurso limitado). Con el acelerado ritmo del proceso histórico en las últimas décadas, la vida útil de cada sistema se mide como mucho en décadas (para el momento de nuestra conversación, el sistema de Bretton Woods había existido durante 60 años y ya se había encontrado con las crisis que resultaron en serias modificaciones de este).

Mi conocimiento de economía llega hasta lo que de forma limitada adquirí en la clase de economía política que impartían en el departamento de historia de la Universidad de Kiev en 1987-1992 cuando estudié allí.

Es por eso que siempre reconocí la importancia de los aspectos económicos en las decisiones políticas, pero en mis propias evaluaciones de la situación política, entre ellas la esfera económica, prefiero confiar en mi conocimiento de los mecanismos políticos, que, por cierto, podrían a veces alterar la realidad económica más allá de lo que se aprecia.

¿Cómo puede suceder esto? – el gobierno de Ucrania nos da una demostración. Durante 23 años, ha estado actuando en contra de los intereses económicos nacionales; habiendo logrado casi eliminar completamente la economía nacional, se dispuso a eliminar a la población también. Por lo tanto, la fuerza política resultó ser más fuerte que las leyes económicas (el poder político es incapaz de hacer que estas leyes funcionan como lo desea, pero puede ignorarlas hasta el punto de provocar la ruptura completa del estado y de la sociedad).

Por lo tanto, llegué a la conclusión de que la economía basada en el dólar ya está en crisis, y por lo tanto, la pax Americana también está entrando en crisis, desde la evaluación de los procesos en los territorios post-soviéticos, sin duda, iniciados por los EE.UU. Para ese momento habían tenido lugar cuatro intentos de golpes de Estado “de color” (dos en 2000-2001 y 2004-2005, en Ucrania; uno en Georgia y uno en Kirguistán). Tres de ellos tuvieron éxito. Todos ellos fueron dirigidos contra Rusia.

Si la economía del dólar estuviera trabajando normalmente, los EE.UU. no tendrían ninguna necesidad de cambiar hacia la confrontación sus relaciones con Rusia. Lo que es importante es que Washington, a diferencia de su comportamiento habitual, no trató de iniciar la guerra económica contra Rusia, sino que inmediatamente entró en la confrontación política, diplomática y de información, es decir, empleó los mecanismos que normalmente preceden a las hostilidades militares “calientes” o usadas en lugar de estas últimas, con la esperanza de hacer capitular al adversario sin el uso de la fuerza militar.

No es ningún secreto que en ese momento Rusia estaba integrada en el sistema económico-financiero global estadounidense y estaba intentando activamente ser incorporada en la estructura de dominación global estadounidense a nivel político y militar. Lo que es más, Rusia estaba dispuesta a aceptar el papel de socio menor. El único obstáculo era que siendo consciente de su importancia militar (arsenal nuclear) y económica (recursos naturales ilimitados), así como posicional (enlace de tránsito a través de Eurasia), Moscú quería una sociedad especial. Esta exigencia, en esencia, estaba dirigida a ocupar una posición en el sistema político de Washington un nivel por encima del de la UE.

La situación no exigía una fuerte reacción por parte de los EE.UU. Dentro del sistema existente, Washington tenía la opción de forzar las negociaciones mientras jugaba por tiempo y, en el momento oportuno, golpear a Rusia con el “tiro de gracia” destruyendo de forma inesperada y al instante su economía de la misma manera como destruyó la economía Argentina o la de los “Tigres” Asiáticos.

En general, si asumimos que en 2005 la apariencia de los EE.UU. correspondía a la realidad de los procesos que tenían lugar detrás de la fachada, América no necesitaba pagar por revoluciones de colores. Estrangular a Rusia podría haber resuelto todo de forma más económica y más eficaz. Asumiendo el riesgo de la confrontación política y diplomática con Rusia (que inevitablemente resultaría de organizar golpes de colores) los EE.UU. ganó sólo una cosa – tiempo.

Pero el tiempo se convierte en un factor clave solo en una situación, cuando te das cuenta que te estas debilitado a un ritmo más rápido que el de los acontecimientos históricos normales el tiempo te da una oportunidad de triunfar sobre tu adversario. En pocas palabras, necesitas vencerlo antes de que él tenga la oportunidad de destruirte. En el caso de los EE.UU., solo podría dispararse de forma repentina una debilidad crítica debido a la crisis de la economía del dólar – todos los demás aspectos del poder de Estados Unidos se derivan del poder del dólar.

Sabiendo que las élites estadounidenses se parecen a las élites chinas, rusas o de Madagascar en que ven la crisis sólo cuando la tienen sobre ellas (reciben todo tipo de previsiones y siempre creen en las más cómodas, y es así, por cierto, cómo todas estas “Corporaciones Rand” hacen su dinero) deduzco la única conclusión posible. Si ya en 2005 los EE.UU. organizó el ataque a Rusia a una escala tal que no podría posiblemente interpretarse como algo involuntario, una provocación insignificante, o el resultado de la irreflexión de uno o dos departamentos, significa que la élite estadounidense está plenamente consciente de la crisis. Comenzaron a gastar recursos con el fin de ocultarlo all mundo y, conociendo los recursos disponibles y la rapidez con que se han agotado, podría predecir que el tiempo para el colapso está entre uno o dos años.

Por cierto, teniendo en cuenta la certeza de mi colega en que con la ayuda de los instrumentos bancarios y otras manipulaciones financieras los EE.UU. podrían sentirse bastante seguros hasta 2020 y corrigiendo su optimismo de economista liberal, llegué a la conclusión de que el colapso inevitable del sistema se producirá entre 2015 y 2020. Es por eso que escribí en su momento que el ingreso a la Unión Aduanera habría permitido que Yanukovich no sólo siguiera siendo presidente hasta 2015, sino incluso consiguiera la reelección por otros 5 años, después de lo cual el problema de los Estados Unidos habría desaparecido, y él habría estado a salvo. Por la misma razón, sigo insistiendo desde hace año y medio que la solución militar a la crisis de Ucrania era y es posible en cualquier momento a partir del invierno de 2014 y hasta el inicio de 2016 (con la primera opción siendo más probable que la segunda), mientras que la solución política no es posible antes de finales del 2016 – principios de 2017. Incluso podría ser más tarde, ya que hasta que los EE.UU. capitule no se resolverá nada, pero los EE.UU. no se irá fácilmente y combatirá hasta el final como el Tercer Reich. Ellos tienen todo que perder y no tienen arrepentimiento, ni piedad de nadie.

Quiero subrayar una vez más que estas conclusiones no están apoyadas en columnas de datos estadísticos, el tamaño del ejército o el número y la calidad de las armas, los datos sobre el crecimiento económico, etc. En primer lugar, es casi imposible obtener datos precisos. La mayoría de las veces, incluso los datos disponibles para el uso interno de las oficinas gubernamentales son imprecisos. En segundo lugar, los datos son menos importantes que la interpretación que hacen de ellos los que toman decisiones. Puesto que no tenemos información acerca de las decisiones tomadas, las órdenes emitidas, o las operaciones iniciadas en secreto, sólo podemos evaluar la situación política en base a los movimientos que observamos.

Es decir, en la vida y en el ajedrez, en la guerra y en la política, cada movimiento elimina un conjunto de posibles soluciones y abre otras. Cuantos mas movimientos haz hecho, más claros pueden verse tus objetivos (después de todo, siempre evitas deliberadamente algo e igualmente buscas deliberadamente algo). En ciertas etapas de una enfermedad, un médico puede, basado sólo en los datos médicos objetivos, diagnosticar sin ver algo, determinar el pronóstico e incluso decirle aproximadamente cuánto tiempo de vida le queda al paciente. Lo mismo ocurre en nuestro caso – todas las partes han hecho el número de movimientos suficiente como para ya no tener la posibilidad de retirarse. Las variaciones de la victoria podrían predecirse en esta etapa de las hostilidades con la misma facilidad con la que fue predicha la victoria en la Gran Guerra Patria, en abril de 1943.

Consideremos la situación tal como se desarrolló. Cuando los EE.UU. iniciaron los ataques “de color” sobre Rusia, Moscú no estaba preparado para responder adecuadamente en las esferas política, económica o militar. Rusia estaba totalmente incorporada a la economía del dólar, y cualquier intento de dañar la economía estadounidense habría resultado en un efecto boomerang para la economía rusa múltiple y amplificado. A principios del 2000, la estabilidad política de hoy solo era un sueño – los oligarcas aún estaban luchando con el Estado por el control real sobre el país. Al mismo tiempo, los crecientes sentimientos anti-oligarcas en la sociedad podían en cualquier momento haber dado lugar a una revuelta popular “sin sentido y sin misericordia”, después de lo cual no habría quedado nada del estado. El Cáucaso Norte aún no se ha estabilizado; el país se enfrenta a la amenaza terrorista. Y, por último, la única fuerza del ejército ruso para la época era el arsenal nuclear, pero no es prudente comenzar la guerra nuclear a la menor provocación.

Por lo tanto, los dirigentes rusos iniciaron combates externos posicionales a veces retirándose cuando era completamente imposible mantenerlos, a veces contraatacando como, por ejemplo, en Georgia y Siria. Sin embargo, Moscú actuó con mucho cuidado, evitando la sospecha de que se oponía deliberadamente a los planes estadounidenses. El Kremlin seguía insistiendo en la cooperación y aceptaba las peticiones estadounidenses (como permitiendo el tránsito hacia Afganistán). La diplomacia pública de Rusia casi se humillaba mendigándole a Occidente volver al diálogo constructivo. Las contra intrigas con el establecimiento de ONG amigas de Rusia en los países sometidos a los ataques “de color” no eran evidentes, y el trabajo encubierto con estructuras sencillas era invisible y no podían contrarrestar las acciones masivas de los EE.UU..

En general, el objetivo principal era ganar tiempo, preservar las posiciones estratégicas de importancia crítica y reformar el espacio político e informacional interno, así como la relación entre los sistemas económicos y financieros rusos y los mundiales, de tal manera que Moscú tuviera la oportunidad de enfrentar a Washington, no sólo en términos iguales, sino incluso con algunas ventajas tácticas. Al mismo tiempo, se llevó a cabo el trabajo clandestino en el campo internacional, o, en pocas palabras, la búsqueda de aliados potenciales y la preparación de alianzas. Y el ejército era entrenado y rearmado.

De hecho, precisamente estos planes de rearme del ejército y la marina nos demuestran que el liderazgo ruso considera crítico el período entre 2015 y 2020. Para el año 2015, se esperaba que el ejército lograra la capacidad de realizar una operación estratégica de un tiempo limitado en el teatro europeo proveyendo simultáneamente seguridad a lo largo de todo el perímetro de la frontera rusa. En 2020, el ejército (a juzgar por el ritmo en la entrega de armas y equipo) habrá alcanzado el nivel de preparación para una guerra a gran escala en Europa.

Para lograr todo esto, era necesario convencer a los EE.UU. de que Rusia no rompería las relaciones ya establecidas. En ese sentido, incluso se midió exquisitamente la reacción de Moscú a la agresión georgiana contra Osetia del Sur y no levantó, al parecer, serias sospechas en Washington. El uso de las tropas rusas después del ataque a las fuerzas de paz rusas era entendible para Washington. Un gobierno que se negara a responder de manera adecuada en una situación así perdería el apoyo de la opinión pública y podría enfrentar el resentimiento del ala militar. Que los rusos se abstuvieran de tomar Tbilisi y destruir el Estado de Georgia también tuvo un efecto calmante. Más aún, porque en ese momento Medvedev era el presidente de Rusia.

Recordemos el término “tándem”, ampliamente utilizado no hace mucho tiempo, pero ahora olvidado. Antes de que surgiera la asociación Putin-Medvedev, el Kremlin largamente demostró a Occidente una lucha entre los liberales y los “siloviki” (ministerios de poder), asustándole a EE.UU. que si los “siloviki” ganaban, se desataría el infierno. Pero los “liberales” ganaron. Por cierto, estoy convencido de que en Moscú los liberales y los “siloviki” creían honestamente que estaban comprometidos en una lucha implacable entre sí (y lo hicieron). De lo contrario, la información de que todo esto era un engaño se habría filtrado hace mucho tiempo. Como el viejo Muller solía decir: “En el Reich, no se puede creer en nadie. Pero puedes creerme a mí”. Sin embargo, mucho antes de esta frase de Bronevoy en la película “17 momentos de primavera”, todos los “técnicos en política” conocidos (desde Shang Yang hasta Maquiavelo) aconsejaban a los gobernantes, si era posible, no compartir sus planes con nadie, no sea que vayan a ser conocidos por el enemigo. Como sabemos, más vale prevenir que lamentar.

Durante cuatro años, Washington esperaba que Medvedev fuese reelecto para un segundo mandato. Esa esperanza no era del todo infundada – recibieron las señales apropiadas de Moscú. Sólo en 2012, cuando Putin regresó al puesto de presidente, y Medvedev, a pesar de todas las esperanzas liberales y los rumores sobre la feroz competencia en el interior del “tándem”, no hizo nada para mantenerse en el poder, los estadounidenses parecieron haber comenzado a entender que habían sido engañados. Pero no estaban del todo convencidos. Después de todo, el gobierno liberal de Medvedev, tan molesto para los patriotas, todavía seguía. Así que, la leyenda sobre la lucha entre los liberales y los patriotas en torno a Putin seguía pareciendo válida. Muchos en Rusia todavía creen en esto. Pero no en Washington, ya no.

Pero era demasiado tarde. Rusia ha ganado los 10 años que necesitaba. Si en 2004 los EE.UU. hubieran organizado una confrontación de la misma intensidad como la que se alcanzó en 2014, Moscú habría tenido pocas posibilidades de soportarla. En ese momento, las sanciones económicas no habrían pasado casi inadvertidas para la mayoría de la población; la mitad de los aliados de hoy habrían estado en el bando contrario, y la Unión Europea que hoy está saboteando abiertamente (por lo menos, la “vieja Europa”) la “cruzada” estadounidense, se habría unido a las filas anti-rusas sin un murmullo. Además, la “quinta columna” en Rusia todavía era fuerte. Y mucho más que eso se ha logrado en diez años.

Sé que se ha hecho popular bromear sobre el “astuto plan” de Putin, pero quiero hacer hincapié en que un liderazgo que actúe sin un plan estratégico es muy difícil que tenga éxito, sobre todo en una situación de tal criticidad. La Rusia de 2000 y la Rusia de 2015 son dos países diferentes. Si Putin ha logrado tal éxito sin un plan, sin el esfuerzo coordinado de un equipo bien seleccionado (aunque no todo el mundo en ese equipo supiera exactamente lo que estaban haciendo y por qué), si todo esto es sólo una serie de coincidencias, entonces las cosas son aún mejores, ya que el mismo Dios está del lado de Putin. Tan notable número de coincidencias sólo podría explicarse por un plan estratégico, o por intervención divina, o ambos. Cada quien es libre de seleccionar la explicación que más le guste.

Lo que es importante para nosotros, sin embargo, es que Rusia logró posponer por casi diez años, la gran confrontación con Estados Unidos y usó ese tiempo para prepararse para tal confrontación, aunque no del todo. Permítanme decir que Yanukovich fue el único que no se dio cuenta de la preparación del golpe de Estado en Ucrania. El momento era obvio – 2015. El falso comienzo del golpe de Estado en 2013 fue una sorpresa desagradable, no sólo para Moscú, sino también para Washington. Rusia se vio obligada a un conflicto directo con Estados Unidos antes de lo esperado. Los EE.UU. todavía no estaban lo suficientemente agotados y Rusia aún no ha ganado suficiente fuerza. Sin embargo, la situación en Ucrania en octubre-noviembre de 2013 dio motivos para un optimismo cauteloso. Moscú podría haber ganado y habría ganado esa ronda, si no hubiera sido por la cobardía patológica, la estupidez, y la traición final de Yanukovich, complementada por la incompetencia total y la corrupción de sus socios.

Las capacidades militares de respuesta rápida fueron suficientes en Crimea. Sólo podemos especular de si habrían sido suficientes para toda la Ucrania. Muchos todavía creen que debería haberse tomado ese riesgo. Por desgracia, los “muchos” nunca han comandado nada más grande que el batallón rebelde y nunca dirigieron nada más importante que su propia familia. Ese riesgo podría haber llegado a ser justificado, pero también podría haber llevado a consecuencias muy desagradables. Es por eso que se llama “riesgo”: es imposible calcular todas las posibilidades, y se desconocen las acciones de los otros jugadores. Por lo tanto, es posible ganar mucho, pero también perder mucho. En este caso, Putin no apostó – era responsable del destino de Rusia. Por eso eligió la opción más segura – ganar tiempo.

Sí, la lucha del Donbás le dio a Rusia el regalo de ese año extra y pagó ese año con la sangre de su pueblo. Ahora ha llegado el momento no sólo de pagar las deudas. También ha llegado el momento de la verdad. Rusia no podría haber contado con alargar el juego del gato y el ratón con Washington extendiendo el período de descanso más allá de 2015. Debemos considerarnos afortunados por esto. Rusia es mucho más fuerte ahora y se liberó de la perjudicial dependencia de la economía del dólar. Los EE.UU. se han debilitado tanto que los economistas que hace sólo unos pocos años autoritariamente decían que siquiera la idea de oponerse a los EE.UU. era imposible, dado el tamaño de su PIB, de pronto cambiaron de opinión y ahora debaten pomposamente si la economía de EE.UU. colapsará este año o en el 2016, y cómo sucedería exactamente.

Y ahora, por fin, he llegado a estos pocos párrafos que fueron el objetivo de todo este artículo. Todo lo antes escrito tiene el propósito de clarificar la línea de pensamiento. Permítanme recordarles que, en mi opinión, los políticos siempre tienen un número de opciones que les permitirían ignoran la situación económica real y las necesidades reales de la economía nacional y tomar decisiones deliberadas que, no obstante, se llevarían a cabo y a menudo llevan a consecuencias catastróficas.

He mencionado el ejemplo de Ucrania. Recordaré una vez más que en este país con la economía devastada, las arcas vacías, los sistemas políticos y administrativos destruidos, donde mercenarios mezclados con pandillas actúan en lugar de la policía o de la Guardia Nacional, en un país desgarrado por la guerra civil, los políticos (políticos débiles, incluso en la esfera intelectual) siguen en sus posiciones desde casi año y medio a pesar de que todas sus decisiones, sin excepción, van en contra de los intereses de Ucrania, la economía nacional, la supervivencia de la población, e incluso el sentido común. Esto se debe a la estabilidad de los recursos del Estado, que sigue en marcha por inercia cuando las estructuras estatales estan esencialmente muertas. Al igual que un pollo que corre por unos pocos minutos después de que su cabeza ha sido cortada.

Por favor, recuerden que Ucrania fue empujada a una guerra por los EE.UU. que ni siquiera se molestó en ocultar que lo que necesitaban no era la guerra de Kiev contra el Donbás, sino la guerra de Kiev contra Rusia.

Actualmente los EE.UU. están a punto del colapso económico y, posiblemente, la desintegración territorial debido a la desaparición de la estructura política y administrativa. Este escenario es real y Estados Unidos se enfrentará a él en el futuro próximo. Obama estaría feliz si eso no ocurriera en su período. Por lo tanto, estratégicamente los EE.UU. perdieron la guerra con Rusia sin disparar un solo tiro. Sin embargo, Alemania también perdió estratégicamente la Guerra en 1943. Eso no le impidió a Hitler tratar de ganar tácticamente en la batalla de Kursk. No podemos decir que tal intento no tenía ninguna esperanza de éxito. Los alemanes crearon una amenaza real y en algunos lugares casi rompieron el frente. El cerco y destrucción del grupo de ejércitos en Kursk habría llevado a la pérdida de casi un tercio de la mano de obra y las armas que la URSS tenía en el frente. Eso habría sido la tercera derrota masiva a partir de 1941. Los recursos del país, incluyendo humanos, no son ilimitados. Hitler simplemente trató de obligar a la URSS a perder tanto como en 1941 – muchas veces más soldados que Alemania. Las pérdidas en proporción de 5:1 habrían desangrado a la URSS antes de que Alemania perdiera la capacidad de resistir, por lo que habría sido necesario buscar la paz con Hitler.

Del mismo modo, los estadounidenses están tratando de ganar tácticamente la guerra que perdieron estratégicamente. El enfoque principal no ha cambiado – Rusia debe estar en guerra. Sólo que ahora están reclutando a la UE además de Ucrania, al menos a los miembros de Europa del Este. Aquellos que no crean esto, traten de contar el número de veces durante los últimos tres meses que diferentes políticos de varios países de la UE han declarado que Europa no quiere una guerra con Rusia, especialmente por Ucrania. Cuando no hay peligro de guerra, nadie habla de ello. ¿Han oído hablar a alguien en Mongolia indicando tres veces al día que no tienen intenciones de ir a la guerra con Rusia?

Dado que ni yo, ni ustedes, ni Putin, ni Obama, ni nadie, excepto Dios, sabe cuando se derrumbará la economía estadounidense, en 2016 o en 2020 – los EE.UU. tiene que organizar una guerra este año. No van a luchar directamente, naturalmente (alguien debe sacar las castañas del fuego por ellos). Pero la guerra debe empezar – no hay otra oportunidad para los EE.UU. de salvarse.

Es por eso que digo que una vez más nos hace falta un año adicional. Pase lo que pase con el dólar y la economía estadounidense, el régimen de Kiev no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir hasta 2016. Ya sobrevivió dos veces. El accidente de Ucrania, que se convirtió en el Stalingrado para la derrota de EE.UU. -un lugar simbólico- lo llevaría a la vergüenza y al declive catastrófico de su prestigio (los EE.UU. invirtieron demasiado en el golpe de Kiev y el apoyo al régimen nazi, sus aliados fueron profundamente arrastrados a la crisis – en general, involucró demasiado), así como la negativa automática de Europa a seguir participando en la aventura estadounidenses. Es por eso que Hollande y Merkel ayudaron a Putin a ganar tiempo con el Acuerdo de Minsk 2. La pérdida de Europa significaría la pérdida de dominio mundial y la caída del sistema financiero, económico y político de Estados Unidos, presenciada con sorpresa por la humanidad.

Teniendo en cuenta que los estados limítrofes del Báltico están dispuestos a compartir el destino de Ucrania, que se está preparando un Maidan para Bielorrusia con el propósito de comprometer parcialmente lo recursos de Rusia, que Polonia está envuelta cada vez con más profundidad en el apoyo a Kiev, que los EE.UU. está empujando a Rumania (conjuntamente con Moldavia) a repetir la “hazaña” de Saakashvili, no sólo en Osetia sino en Transnistria, – todos los elementos para iniciar la guerra están reunidos. Los EE.UU. coaccionará a la vieja Europa a participar en el desarrollo de los acontecimientos. Lo importante es tener al menos a un país miembro de la UE oficialmente en guerra con Rusia.

Puesto que entre los miembros recién adquiridos de la UE están los suicidas Bálticos, la guerra está a nuestra puerta. Puede que no ocurra. Durante los últimos años, los dirigentes rusos sacaron al país de tal tipo de trampas que nada parece ser imposible. Sin embargo, desde 1945 Rusia nunca llegó a estar tan cerca de una guerra como hoy.

Necesitamos sobrevivir a este verano. Después de esto el peligro de una guerra debería declinar. Por desgracia, no somos los únicos que sabemos esto, y en realidad no hay partido de la paz en Washington.

(Traducido del ruso al inglés por Eugenia. Ttraducido del inglés al portugués por Marisa Choguill)

Fuente: Comunidad Saker Latinoamérica

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