El conflicto islámico, país por país

AJEDREZ MUNDO

por Gustavo MoralesLa amenaza del terrorismo islámico (II). Los grupos islamistas y sus apoyos.

En el número anterior de esta revista repasamos los distintos grupos islamistas. En éste veremos los países en los que se asientan.

El Reino de Arabia Saudí

Dos millones de kilómetros cuadrados árabes recibió la familia Saud como pago por ayudar a los ingleses a desmembrar el imperio otomano. Un Reino con preeminencia en el mundo musulmán, porque suyas son las ciudades santas de la Meca y Medina y la peregrinación a la Meca es una de las cinco columnas del Islam.

Cada año, millones de musulmanes acuden a Arabia Saudí y dejan millones en divisas en la Casa de Saud. Sus clérigos a sueldo predican e influyen sobre los peregrinos. La peregrinación ha sufrido incidentes, con enfrentamientos y muertos en las revueltas con peregrinos chiitas a los que Riad puso cuotas de asistencia.

Dentro del Islam sunnita, el Reino practica el wahabismo. Su fundador, Mohammed ben Abdel Wahhab (1703-1792), tomó al pie de la letra el Corán. Predicó una salafiya: imitación de la vida del profeta Mahoma. Los wahabitas añaden una sexta columna al Islam: la yihad para convertir o exterminar a los descreídos (kafar), los malos creyentes y los apóstatas. Sus víctimas son los chiitas, los sufíes, la mayor parte de los sunnitas, los cristianos coptos y maronitas, los yazdíes… Además de la cuestión religiosa, el wahabismo hace de la violencia una dimensión estructural. Es la religión oficial de Arabia Saudita, Qatar y del Emirato de Sharjah. También la del Frente Al Nusra, Daesh y Al Qaeda.

El Reino de Arabia Saudí está bajo sospecha, ya que de su seno surgió Al Qaeda. Ben Laden era saudí, como 15 de los 19 terroristas que se estrellaron en Nueva York el 11-S. Bolsillos saudíes pagan a las milicias que actúan en Libia, Iraq y Siria, quienes negocian las compras de armamento que entregan a través de terceros, como Turquía.

Larry Johnson, de la CIA, acusa: “El principal problema para evaluar la amenaza terrorista es definir con certeza el patrocinio del Estado. A diferencia de hace 20 años, los mayores culpables hoy son Paquistán, Arabia Saudita y Turquía. Irán, a pesar de los desvaríos de su sector de derechas/neocon, no es tan activo en el fomento o facilitación del terrorismo”. Los tres principales patrocinadores del terrorismo en el mundo hoy en día son aliados de EE UU.

La presión que ejerce Washington muy discretamente hizo que, el pasado 30 de enero, el nuevo rey saudita terminara con los privilegios del príncipe Bandar, protector del Estado Islámico, y prohibió apoyar a ese grupo, reduciendo el perfil del reino en la manipulación del terrorismo internacional, función que le confió la CIA tras la revolución iraní de 1979.

La Alianza entre EE UU y Arabia Saudí tiene mucho calado. Riad, con su peso dentro de la OPEP y sus reservas, controla el mercado a su conveniencia y sustenta a la economía norteamericana, al imponer el pago en dólares del crudo.

Yemen, el vecino molesto

El movimiento chiita Ansarulá organizó hace meses, protestas masivas en Yemen contra el presidente Abdo Rabu Mansur Hadi, que terminaron en combates. Ansarulá tomó la capital, varias provincias meridionales y algunos puertos. Los de Ansarulá son conocidos como los hutíes, por su líder, Abdelmalek al Huti. Está en marcha una intervención militar de una coalición árabe encabezada por el rey saudí, para demostrar hasta dónde está dispuesta a llegar Riad para frustrar otro estado chiita en sus fronteras. Tiene una aviación poderosa, pero sus fuerzas terrestres no pueden librar una campaña sostenida en otra reedición de Afganistán pero con milicias proiraníes.

Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar, Bahréin, Egipto, Jordania y Sudán forman la coalición contra los rebeldes hutíes. De distintas formas, Israel y EE UU la apoyan. Quizás se justifiquen en las afirmaciones del jefe del Buró Político de Ansarulá, Saleh al Samad: “Apreciamos extraordinariamente el papel de Rusia, que apoya al eje de la resistencia frente al proyecto norteamericano, que siembra desafuero en el mundo”.

Irán: Del Sha a Jomeini

Es el paradigma de los golpes de Estado exteriores y sus consecuencias. Al predominio de ingleses y rusos en Persia, le sucedió EE UU. Los Aliados no dudaron en ocupar Irán y deponer al germanófilo sha Reza Jan para sentar en el trono a su hijo Mohamed Reza Pahlevi. Necesitaban el país para suministrar material a la URSS en lucha contra Hitler.

En 1953, la CIA y el MI6 británico derrocaron al Gobierno constitucional del doctor Mosadegh por nacionalizar su industria petrolera.

Eso acababa con el monopolio de la compañía hoy conocida como BP. Mosadegh fue depuesto y el sha Pahlevi volvió a reinar hasta la revolución iraní de 1979. En febrero de ese año, el imam Jomeini regresa a Irán. La familia real huyó otra vez. Los jomeinistas crearon múltiples organizaciones, una de las cuales, ‘los estudiantes en la línea del Imam’, asaltó la embajada de EE UU y secuestró a sus funcionarios. La operación de rescate del presidente Carter fue un fracaso estrepitoso. Otros fundan el cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, brazo armado de la República.

Moscú ocupó Afganistán en la Nochebuena de 1979, con lo que la frontera oriental de Irán quedó en manos de la URSS. La agresión vendrá por occidente. Saddam Hussein, presidente de Iraq, ve una oportunidad. Los revolucionarios iraníes están fusilando a generales y coroneles. El Estado revolucionario es campamental. A finales de septiembre de 1980, los carros de combate T-55 iraquíes violan la frontera. Hussein arguye que acude a liberar a los árabes del Juzestán oprimidos por los persas. Es la zona más rica en petróleo.

La respuesta iraní fue rotunda, con miles de voluntarios corriendo sobre campos de minas, cruzando pantanos electrificados. Iraq tenía información de Estados Unidos, armamento soviético, financiación árabe, aviones franceses pilotados por franceses… lo tenía casi todo. Los iraníes tenían fe, una fe resuelta que cambió el curso de la guerra. Y 70 millones de habitantes.

Los ocho años de conflicto internacionalizaron la guerra al llevarla al Golfo Pérsico, a las rutas del petróleo. También agotaron a ambos países. Como resultado final, Iraq será invadido por Estados Unidos y Saddam Hussein, ahorcado.

En 2013, Hassan Rohani fue elegido presidente de Irán. Esta primavera ha logrado un acuerdo con EE UU y la UE para terminar con las sanciones y mejorar el poder adquisitivo de los iraníes. Si Irán vende su petróleo en el mercado internacional, dispone de divisas y estabiliza el valor del rial, la moneda iraní.

El pasado septiembre en la ONU, el presidente Rohani se reunió con su homólogo austriaco Hans Fisher, cuyo país está cargo del proyecto Nabucco. Hablaron sobre la financiación de una conexión con los yacimientos iraníes de gas y petróleo, un tendido de 8.500 millones de dólares. ¿Irán vendería su gas a la UE, reduciendo su actual dependencia de gas ruso? ¿Frenaría el desarrollo de China al dejar de contar con el gas iraní?

Rohani abre una puerta que otros, como el ex presidente Ahmedineyad, quieren cerrar. El árbitro de la situación es el guía de la revolución, el ayatolá Jamenei.

Líbano y Hezbolá

Hezbolá es el principal movimiento libanés, sucesor de Amal Islámica, entonces liderada por Nabid Berri, hoy presidente del Parlamento, tan activo en los secuestros aéreos que se dijo que las siglas de la compañía aérea TWA significaban Travel With Amal.

Hezbolá es un grupo radical chiita proiraní, creado en 1982 como reacción a la invasión israelí del Líbano. En su desarrollo participó el actual guía de Irán, el ayatolá Ali Jamenei. Está comprometido también en la defensa de Líbano, Palestina, Siria, Yemen e Irán. Sus enemigos son EE UU, Israel y los salafistas wahabíes.

Participó en los ataques suicidas antiestadounidenses en Beirut, en 1983 y 1984. También está acusado de los ataques a la embajada de Israel en Buenos Aires, en 1992, y el atentado, en la misma ciudad en 1994.

Hezbolá está liderado por el jeque Hassan Nasrallá, un clérigo de 54 años, que fue comandante antes de liderar el grupo en 1992.

Algunos analistas calculan las milicias del ‘Partido de Dios’ en más de 8.000 combatientes y 20.000 militantes activos. Las fundaciones wadf del movimiento de resistencia islámico sustituyen las carencias del Estado en alimentación, sanidad, educación y han generado seguridad en su entorno. Hasta tal punto que el general cristiano Michel Aun, líder del primer partido de la oposición libanesa, es su aliado y la minoría cristiana maronita se siente protegida por Hezbolá ante la creciente violencia religiosa extendida por los musulmanes wahabíes.

Irán le proporciona material, instrucción y ayuda en todos los ámbitos. Son entrenados por los Guardianes de la Revolución. En menor medida, recibe apoyo de Siria y del impuesto religioso, o zakat, que se recoge en las mezquitas.

Israel se retiró del sur del Líbano en 2006 ante la asombrosa potencia de fuego libanesa. Asentada su credibilidad, Irán y Siria ampliaron la infraestructura militar de Hezbolá. Su recurso principal es un arsenal calculado en 60.000 cohetes y misiles. Sus milicianos están entrenados en variados sistemas de comunicaciones, armamento de varias generaciones. Saben saturar los medios de comunicación con sus acciones y divulgar su mensaje en Internet. Su guerra híbrida es una mezcla de tácticas de guerrilla, movimientos militares y tecnología en áreas urbanas densamente pobladas.

Los foros

La Liga Árabe

La Liga agrupa a las naciones árabes desde 1945. Sus objetivos iniciales fueron la descolonización del mundo árabe e impedir el establecimiento de Israel en Palestina. El secretario general de la Liga es Nabil al Arabi.

Es una liga, no una federación. Todos los estados mantienen su independencia. La sede está en El Cairo, Egipto. Fue la caja de resonancia del movimiento político aparecido en Egipto de la mano del coronel Gamal Abdel Nasser.

Hoy sirve para legitimar, en el entorno de Oriente Próximo, las intervenciones en Siria y Yemen según los gustos saudíes.

La Organización para la Cooperación Islámica (OCI)

Agrupa a los 57 estados musulmanes, incluyendo Palestina. Creada en 1969 durante la Conferencia de Rabat. Su sede está en Yidda, en la costa saudí. Sus jefes de Estado se reúnen cada tres años; los ministros de Exteriores, cada año. La Secretaría General da coherencia a la estructura y se renueva cada cuatro años. Ha sido crítica con el Gobierno sirio desde 2011.

La OCI busca la colaboración en la lucha contra el imperialismo y por la emancipación de Palestina. Aunque engloba más población y países, su peso específico es menor que el de la Liga Árabe.

Pero no sólo de suministros vive el hombre. Hezbolá está especializado en combates urbanos, donde la bruma de la guerra es más espesa, sin distinciones claras entre población civil y combatientes. También, la sociedad donde se desenvuelve Hezbolá tiene mayor capacidad para absorber bajas que las democracias occidentales. Allí son manifestaciones de luto por los mártires; aquí, preguntas en el Parlamento.

Es el caso del soldado español recientemente asesinado en el Líbano. Todo empezó con la muerte, el pasado 19 de enero, del general iraní Mohamad Ali Alahdadi en un ataque de un helicóptero israelí dentro de Siria. Junto al iraní murieron seis comandantes del Hezbolá.

Días después, Hezbolá atacó con cohetes posiciones israelíes en represalia. Los hebreos bombardearon el cuartel de la fuerza de interposición de los cascos azules, en este caso españoles, matando al cabo Francisco J. Soria. Hubo confusas declaraciones en las que se deslizaba que era un castigo por no haber impedido el ataque libanés.

En el ámbito palestino, Hezbolá mejoró la infraestructura militar de las organizaciones que operan en la Franja de Gaza: Hamás y la Yihad Islámica Palestina. Usaron miles de proyectiles, entre ellos, los cohetes Fajr-5 iraníes, que alcanzan Tel Aviv, Israel. Hezbolá también usa drones para recopilar información.

El movimiento libanés entrenó a las milicias chiitas iraquíes contra Estados Unidos y sus aliados, hasta la retirada de Iraq a finales de 2011. En Yemen adiestró a los rebeldes hutíes que han tomado la capital. El Gobierno de Bahréin acusó a Hezbolá de estar implicado en varias explosiones en la capital, Manama.

Por lo que respecta a Siria, Hezbolá es parte de los esfuerzos de Irán para evitar que el régimen sirio sea derrocado. Muchos de sus milicianos están en Siria. Inicialmente, ‘el Partido de Dios’ entrenó a huestes de Al Assad, en guerra de guerrillas, combates en zonas urbanas, explosivos, francotiradores, etc. Damasco es el aliado más próximo de la milicia libanesa, le proporciona logística y profundidad estratégica. Siria le provee de armas avanzadas y es la vía para el armamento que envía Irán. Además, Siria respalda a Hezbolá en el Líbano en su lucha contra sus opositores.

La oposición siria acusa a la milicia libanesa de preparar la creación de un cantón alauita apoderándose de aldeas chiitas en la costa siria. Los chiitas sirios jóvenes son entrenados por Hezbolá en el Valle de la Bekaá, Líbano.

Siria, la última guerra

Las fronteras sirias son complejas: al norte, la Turquía hostil de Erdogan; al este, el inestable Iraq chiita; al oeste, el Mediterráneo y Líbano y, al sur, palestinos, jordanos e israelíes. Tras desgajarse del imperio otomano, Siria fue protectorado francés que la primavera de 1947 trajo la independencia. Los siguientes diez años, sufrió 20 gobiernos, cuatro constituciones y una derrota en la guerra de 1948 contra Israel.

Dada la afinidad de las políticas sirias y egipcias y el carisma del presidente Gamal Abdel Nasser, Siria y Egipto se fusionaron, en 1958, como República Árabe Unida. Otro golpe de Estado sacó a Siria de la Unión, tres años después. En 1963, toman el poder oficiales sirios del Partido Baaz Árabe Socialista. Fundado por el cristiano sirio Michel Aflaq, tiene las premisas de laicismo, socialismo de Estado y nacionalismo árabe. El partido Baaz gobierna Siria desde 1963 y la familia Al Assad la preside desde 1970, cuando Hafez al Assad dio un golpe de Estado. Gobernó Siria tres décadas. Para ello, se apoyó en su familia y en los alauitas, un grupo musulmán próximo a los chiitas.

Durante su presidencia, Hafez combatió contra los Hermanos Musulmanes. Esa lucha tuvo su momento más cruento en 1982, con una sublevación sunnita en la ciudad de Hama, aplastada por Rifaat al Assad, hermano del presidente, quien dos años huyó al fracasar su golpe de Estado.

El primogénito y heredero del presidente, Bassel al Assad, murió en un accidente de tráfico en enero de 1994. Bashar, el médico afincado en Londres, fue llamado a la sucesión. Encontró flagelos similares a los que sufren las poblaciones de otros países del área: paro, falta de oportunidades, corrupción, nepotismo, autocracia, déficit de democracia y libertades. Bashar al Assad comenzó transformaciones para modernizar el país, cuando tuvo que hacer frente a un levantamiento. Las manifestaciones y protestas degeneraron en revueltas e insurrección armada. La Guardia Republicana, la élite militar, cayó bajo el mando del hermano menor, Mahir. La Seguridad General y la Militar, fueron asignados a su cuñado, Asef Shawkat.

Dada la afinidad de las políticas sirias y egipcias y el carisma del presidente Gamal Abdel Nasser, Siria y Egipto se fusionaron, en 1958, como República Árabe Unida. Otro golpe de Estado sacó a Siria de la Unión, tres años después. En 1963, toman el poder oficiales sirios del Partido Baaz Árabe Socialista. Fundado por el cristiano sirio Michel Aflaq, tiene las premisas de laicismo, socialismo de Estado y nacionalismo árabe. El partido Baaz gobierna Siria desde 1963 y la familia Al Assad la preside desde 1970, cuando Hafez al Assad dio un golpe de Estado. Gobernó Siria tres décadas. Para ello, se apoyó en su familia y en los alauitas, un grupo musulmán próximo a los chiitas.

Durante su presidencia, Hafez combatió contra los Hermanos Musulmanes. Esa lucha tuvo su momento más cruento en 1982, con una sublevación sunnita en la ciudad de Hama, aplastada por Rifaat al Assad, hermano del presidente, quien dos años huyó al fracasar su golpe de Estado.

El primogénito y heredero del presidente, Bassel al Assad, murió en un accidente de tráfico en enero de 1994. Bashar, el médico afincado en Londres, fue llamado a la sucesión. Encontró flagelos similares a los que sufren las poblaciones de otros países del área: paro, falta de oportunidades, corrupción, nepotismo, autocracia, déficit de democracia y libertades. Bashar al Assad comenzó transformaciones para modernizar el país, cuando tuvo que hacer frente a un levantamiento. Las manifestaciones y protestas degeneraron en revueltas e insurrección armada. La Guardia Republicana, la élite militar, cayó bajo el mando del hermano menor, Mahir. La Seguridad General y la Militar, fueron asignados a su cuñado, Asef Shawkat.

La falsa primavera árabe, de la que ya escribimos en estas páginas en octubre de 2011, se extendió a Siria. Pero no como en Túnez o en Egipto, por la fuerza de las masas en las calles, sino siguiendo el modelo libio que suma grupos de voluntarios yihadistas con armamento financiado por Arabia Saudí, Turquía, Qatar, Estados Unidos e Israel. Esos países y otros se comprometieron para derrocar al partido Baaz y a la familia Al Assad, aun a riesgo de convertirla en un estado fallido similar a Libia, en el mejor de los casos, y a Somalia, en el peor.

Los enemigos del Damasco baasista se sumaron. Las testas coronadas árabes ven con malos ojos ese ejemplo de socialismo de Estado y de igualdad de derechos de las mujeres. Los predicadores wahabíes detestan a los “herejes alauitas”. Los primeros creen en una interpretación literal del Corán; los segundos mantienen que cada aleya tiene un sentido oculto en un lenguaje para iniciados.

Israel y EE UU tienen cuentas pendientes con la familia Assad que durante años asiló y armó a grupos terroristas antioccidentales, desde el venezolano Carlos hasta el Frente Popular para la Liberación de Palestina del médico George Habache.

El presidente Obama aprobó el envío de armas y milicianos desde Libia hasta la base del proclamado Ejército Libre de Siria en Turquía, en aviones de la OTAN en 2011. El Pentágono pensaba repetir el modelo de golpe libio.

El 18 de julio de 2012 un atentado en Damasco asesina al ministro de Defensa, Davud Rajh; el cuñado del presidente y jefe de la inteligencia, el general Asef Shawkat; el consejero Hasan Turkmani y el jefe de la seguridad nacional, Hisham Bajtiary. La operación la comandó John Brennan, entonces primer asesor del presidente Obama en la lucha antiterrorista y hoy director de la CIA, en la que lleva un cuarto de siglo.

Estados Unidos descabezó la cúpula militar siria, armó y transportó a los insurgentes y socavó el plan de paz de Kofi Annan en la ONU.

Prefiere el cambio de régimen a la paz e identifica transición política con la renuncia inmediata de Al Assad. El problema es que el protagonismo de la rebelión ha pasado de un presentable y presunto Ejército Libre Sirio a milicias sarracenas como el Frente Al Nusra, Daesh o Estado Islámico y un sinfín de banderías por el estilo que degüellan, crucifican y queman vivos a los prisioneros y civiles.

Junto a Damasco se alinean Pekín, Moscú y Teherán. China movió su flota hacia el Mediterráneo cuando los buques occidentales se aproximaron a las costas sirias. Otro tanto hizo Moscú –interesada en el dominio del Mediterráneo–, que también perdonó a Siria tres cuartas partes de su deuda de 9.600 millones de dólares y se revalidó como su primer proveedor de armas desde 2006.

El Frente al Nusra

Jabhat al Nusra está formado, desde enero de 2012, por unos 8.000 milicianos sunníes para derrocar al gobierno laico de Al Assad y crear un estado islámico, según Abu Ahmed, su comandante militar en Hasakah. El líder del Frente es Abu Mohamad Al Golani, leal a Al Qaeda.

El reportero del New York Times C. J. Chivers, escribe que el Frente al Nusra –y también Daesh– “parecen menos centrados en derrocar” el Gobierno de al Assad y más en “establecer una zona de influencia que abarca la provincia iraquí de Anbar y las áreas orientales desérticas de Siria, estableciendo eventualmente un territorio islámico bajo su administración”.

La homologación occidental de Al Nusra se disipó en abril de 2013, cuando el jefe de Al Qaeda en Iraq comunicó que el Frente estaba bajo su disciplina. Muchos milicianos son sirios que lucharon contra estadounidenses en Iraq, a las órdenes de Abu Musab al Zarqawi.

La estructura del grupo varía. En Damasco opera en la clandestinidad, y en Alepo está organizado en batallones. Tiene en cada región un comandante y un jeque. El jeque supervisa al comandante desde el dogma y la fe.

Sus militantes han sido detenidos transportando elementos susceptibles de ser utilizados en la fabricación de armas químicas, concretamente gas sarín.

Al Nusra ha demostrado ser el único grupo rebelde en Siria que tiene miembros infiltrados  en instituciones gubernamentales, incluyendo el aparato de seguridad y el Ejército. Sus sistemas de espionaje son sofisticados.

El senador John McCain defiende apoyar al Estado Islámico (EI) para destruir Siria. Es caro, peligroso e impopular. Facilitaría una mayor intervención directa de Irán y de Rusia.

La Administración Obama prefiere destruir al EI coordinando bombardeos aéreos estadounidenses con tropas aliadas en tierra. Luego reforzar a esos grupos de oposición para mantener la presión sobre Al Assad. Pero, como reconoce el ex embajador EE UU Robert Ford, la única oposición en Siria son los yihadistas. Desde el principio, esa oposición que quisieron ver civilizada estuvo dirigida por el libio Abdelhakim Belhadj y el iraquí Abu Bakr al Bagdadí, dirigentes del EI.

Otras alternativas son contener al EI y reducirlo para proteger Iraq y desplazar los combates a Siria. También está la opción del asedio: El objetivo sería aislar al Estado Islámico para evitar su propagación. Las poblaciones bajo su dominio serían abandonadas a su suerte. Es la opción más económica y la menos honorable.

Egipto

En el país de los faraones, un joven comandante crea los Oficiales Libres, tras la derrota egipcia en la guerra de 1948 contra Israel. En 1952 da un golpe de Estado, derroca al rey Faruk I y proclama una república laica, árabe y socialista. Desde 1956 hasta su muerte en 1970, Gamal Abdel Nasser gobierna Egipto.

Para potenciar la agricultura y reducir la importación de alimentos, Nasser proyecta una colosal represa sobre el Nilo. Recoge aportaciones de países donde deposita templos y antigüedades que van a quedar bajo el agua con la presa, como el madrileño Templo de Debod.

Nasser nacionaliza el Canal de Suez, el de mayor tráfico del mundo. Francia y Reino Unido envían paracaidistas al Canal. Israel ocupa militarmente el Sinaí. Comienza la guerra de octubre de 1956. EE UU y la URSS forzaron a retirarse a los viejos colonialistas galos y británicos.

En febrero de 1958, a iniciativa del Partido Baaz de Siria, se unificaron los dos Estados en la República Árabe Unida, bajo la presidencia de Nasser. Se disolvió en septiembre de 1961.

En la Guerra de los Seis Días, Israel derrotó a los ejércitos egipcio, sirio y jordano. La rapidez y contundencia de los judíos humillaron a los árabes. Nasser quiso dimitir, pero los egipcios se lo impidieron. Su prestigio no había mermado. También inspiró la revolución libia de Gadafi en 1969, que preparó otra unificación política entre Egipto y Libia en 1970, que duró dos años y tampoco cuajó.

Nasser murió en 1970. Le sucedió el general Anwar al Sadat, quien rompió la alianza con Moscú y se acercó a EE UU. Sadat fue asesinado durante un desfile por los Hermanos Musulmanes, en venganza por su acuerdo con Israel.

Su sucesor, general Hosni Mubarak, estableció un largo periodo de orden y relativa tranquilidad, en una red de sobornos y corrupción.

La salida de las masas egipcias, representada en las muchedumbres de la Plaza de Tahir, pareció una ventana a la primavera. En las elecciones tras la huida de Mubarak, ganaron los Hermanos Musulmanes y comenzaron a reformar el país dando más poder al presidente Morsi e imponiendo la ley islámica. El Ejército egipcio reaccionó, dio un golpe ‘constitucional’ y convocó unas elecciones que ganó el general Al Sisi. Este personaje tuvo dos gestos inéditos: dirigirse a los alfaquíes y recriminarles que predicaran la yihad y presentarse en la Misa del Gallo de la sufrida minoría cristiana egipcia. Hoy apoya a la coalición de la Liga Árabe que lidera Arabia Saudí.

La Sociedad de los Hermanos Musulmanes fue creada por Hassan el-Banna en 1928, acogiendo a refugiados que huyen del rey Abdelaziz ibn Saud. Esos hombres formaron el núcleo duro de la nueva cofradía egipcia. En 1954, Nasser sobrevive a un atentado, disuelve la Hermandad, encarcela a 1.000 hermanos y ejecuta a algunos. El líder árabe los tachó de “saboteadores retrógrados”.

Finalmente, en los años 70, la cofradía creó la Yihad Islámica egipcia, antecesora de Daesh-el Estado Islámico, que buscaba el establecimiento del califato en Egipto.

Aun sin ser “una sociedad secreta wahabita”, la Hermandad Musulmana es una correa de transmisión de la secta madre que tiene su sede en Riad, Arabia Saudí. Actualmente, la Hermandad Musulmana incluso está representada en Washington, en el Consejo Nacional de Seguridad de EE UU.

Libia

Sin actividad económica, los ingresos del gas y el petróleo han bajado más del 90%. Un tercio de la población huyó a Túnez o Italia. Dos gobiernos reclaman la legitimidad apoyados en milicias armadas. La ONU reconoce al gobierno moderado de Tobruk, pero en Libia no existe el Estado, es el caos.

A estos dos ejércitos enfrentados se suma el nacimiento de una rama del Estado Islámico (EI), formada por libios veteranos de Siria en Al Nusra. Desde octubre pasado, los del EI degollaron a una docena de soldados libios. En enero, masacraron a ocho personas en el Hotel Corinthia, en Trípoli. Posteriormente, asolaron una aldea cerca de Ben Yauad. Este año han degollado a 25 trabajadores coptos cristianos. La escalada sigue.

A medida que empeora la situación, las potencias regionales intervienen más. Con el apoyo de Washington, el ejército de Haftar, el general del gobierno de Tobruk, busca suministros y armas en Egipto y Emiratos Árabes Unidos. El control de Libia, no sólo de su gas y petróleo, es vital. También por la vigilancia del desierto del Sahara, donde campan bandas de yihadistas, tuaregs armados por Gadafi.

Opción yihadista

El antiguo jefe del Grupo Islámico Combatiente Libio, Abdelhakim Belhadj, antes vinculado a Al Qaeda, declara ahora su lealtad al Estado Islámico (EI) en Libia. Ése es el hombre que Washington consideraba un “socio dispuesto” para derrocar a Gadafi en 2011. El ex presidente Aznar mencionó a Belhadj en las investigaciones de los atentados de 2004 en Madrid; también está acusado de dos asesinatos en Túnez por encargo de la Hermandad Musulmana.

Ese año, Belhadj fue detenido por la CIA en Malasia, que le entregó a Gadafi. Belhadj estuvo preso en Abu Selim hasta 2010. Un año después, mandaba el Grupo Islámico Combatiente libio, apoyado por la OTAN, acosando a Gadafi. Tras la muerte del dictador, siguió al frente del Consejo Militar de Trípoli hasta la primavera de 2012.

La adhesión de Belhadj a EI supone 3.000 combatientes más y una emisora local de televisión, dentro de la red dominada por las productoras del EI Al Hayat y Al Furqan. Hoy Belhadj es líder del Partido al-Watan, que pesca adeptos en la órbita de la coalición Amanecer de Libia, una amalgama de militantes de Al Qaeda, yihadistas que lucharon contra Gadafi en los años 90, beréberes, hermanos musulmanes y comerciantes de Misrata. Amanecer de Libia está financiado por Qatar y Turquía, en apoyo a los Hermanos Musulmanes.

Opción franconorteamericana

Otro hombre fuerte libio es el general Jalifa Haftar. Perteneció con Gadafi a los Oficiales Unionistas nasseristas. Ayudó a derrocar al rey Idris en 1969. Graduado en la Unión Soviética. Fue miembro del Consejo de Mando que gobernó Libia y jefe del Estado Mayor.

Haftar cayó prisionero, en 1987, en la guerra contra Chad. Gadafi repudió a los 2.000 libios capturados y acusó a Haftar de traidor.

Furiosos, juraron venganza y salieron de Chad en cuatro transportes Galaxy. Bajo el nombre de Frente de Salvación Nacional Libio, recibieron entrenamiento en Florida casi un año. Su intento de invasión desde Chad, al estilo Bahía Cochinos, acabó en el mismo desastre.

En 2011, Haftar llegaba a Bengasi para capitanear las operaciones militares contra Gadafi del Consejo Nacional Libio, sustituyendo a Abdul Fatah Yunis, ex ministro del Interior, que sería asesinado por milicianos poco comprensivos con su anterior empleo.

Tras nueve meses de lucha, el 20 de octubre de 2011, un grupo de combatientes en Misrata encontró a Gadafi y lo linchó.

Libia post Gadafi

En julio de 2012, los libios votaron su parlamento. Las elecciones no afectaron a las milicias. Asaltaron Bengasi y exterminaron abogados, jueces, militantes, militares, policías. Para celebrar el 11-S, el grupo Ansar al Shariá incendió el consulado norteamericano, mató al embajador, Cristopher Stevens, y a tres estadounidenses más. En diciembre de 2013, el congreso nacional aplicó la Shariá como la fuente de toda ley.

Jalifa Haftar reorganizó su fuerza con recursos de Egipto y Emiratos Árabes Unidos. Anunció la Operación Dignidad, para deponer al Congreso islamista. El presidente del parlamento, Nuri Abu Sahmain, y los Hermanos Musulmanes, expulsaron a Haftar del ejército. Ese mismo mes las brigadas Qaqaa y Sawaiq de Jalifa atacaron a las milicias en Bengasi, poniendo énfasis contra Ansar al Shariá hasta matar a su líder, Mohamed al Zahawi. El embajador Stevens estaba vengado.

En agosto del año pasado se constituyó, en Tobruk, un nuevo parlamento libio moderado que ordenó disolver las milicias y encargó a Haftar combatir, en Trípoli, a otros parlamentarios y a sus mesnadas yihadistas. Las fuerzas de Jalifa bombardearon el Congreso en la capital libia.

¿Quizás recordaba el cañoneo del Parlamento iraní que le dio la corona persa a un sargento de la brigada cosaca? El 4 de junio, el General sobrevive a un atentado. Su pequeña fuerza aérea, apoyada por aviones egipcios y de los Emiratos Árabes, responde bombardeando Bengasi, Ajdabiya, Misrata, Sirte, Tripoli y Derna. Los servicios secretos franceses y estadounidenses apoyan a Jalifa Haftar, para impedir la extensión yihadista y el surgimiento de un nuevo frente del EI en las fronteras del sur de Europa.

Fuente: Ausbancrevista

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