Sobre la verdadera naturaleza del yihadismo bélico

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por José Hernández – El mulá Mohammad Nasim Akhundzada fue un señor de la guerra afgano que operaba en la provincia de Helmand, desde donde en 1981 emitiría una fetua a través de la cual legalizaría el cultivo del opio, lo que él utilizaría para crear una red de narcotráfico con la que financiar su ejército de sicarios. Fue en esta misma época cuando se comenzaron a apoderar de Afganistán las primeras grandes redes de narcotráfico bajo el amparo de la CIA estadounidense y el ISI paquistaní, que las utilizarían para luchar contra la invasión de las tropas soviéticas en suelo afgano.

La materialización de esta simbiosis entre redes de narcotraficantes y los servicios secretos de la CIA y el ISI se centralizó en una base de datos que iba a permitir a estas bandas de narcotraficantes nutrirse de medios humanos y materiales con los que fortalecer su dominio sobre determinados territorios de Afganistán a cambio de comprometer los efectivos aportados por la red Al Qaeda en la lucha contra las tropas soviéticas. Este pacto del Gobierno estadounidense con las organizaciones criminales afganas que se realizó con la intermediación del Gobierno paquistaní tuvo su antecedente en las negociaciones secretas que el Gobierno de Estados Unidos realizó con el mafioso Lucky Luciano a fin de que este le pusiese en contacto con la mafia siciliana y así lograr la colaboración de esta organización criminal con las tropas aliadas en la invasión de Sicilia que se llevaría a cabo en 1943.

Fue el ISI paquistaní quien diseño la cobertura «religiosa» para las bandas de narcotraficantes afganas que habrían de implicarse en la lucha contra el invasor soviético. Antecesora de Al Qaeda, la Red Haqqani fue la primera estructura armada en ser instrumentalizada por el ISI para luchar contra la sovietización de Afganistán ya durante el gobierno de Mohammed Daoud Khan (1973-1978), primer presidente de Afganistán tras la caída de la monarquía. Su asesinato precedió en unos meses a la invasión del país por parte de la Unión Soviética en diciembre de 1978. Ya desde la presidencia de Daoud a mediados de los años 70 se empieza a establecer la colaboración entre los servicios secretos paquistaníes y las guerrillas afganas que se oponían a la implementación de dinámicas marxistas en el país, pero no sería hasta después de la invasión soviética que el ISI comenzaría a montar la cobertura religiosa para justificar la intervención de las bandas de narcotraficantes en la lucha contra el invasor marxista.

El montaje comenzó precisamente con la fetua del mulá Mohammad Nasim Akhundzada en 1981 que otorgaba legitimidad religiosa al cultivo del opio. Los sicarios de los narcotraficantes se transformaron entonces en guerreros de la yihad contra los soviéticos, pero ante la necesidad de aportar no solo recursos materiales sino también humanos a la lucha contra el invasor ateo, se decidió traer combatientes de otras partes del mundo. A pesar de lo dicho por Robin Cook, el nombre de Al Qaeda no aludía a ninguna base de datos contenida en un supuesto fichero donde figuraban los nombres de las personas que venían de todo el mundo, especialmente musulmán, a luchar en Afganistán contra las tropas soviéticas, sino que tal nombre provenía de los campos hasta los que el ISI hacía llegar a los combatientes extranjeros que iban a luchar a Afganistán. Concretamente Al Qaeda fue en su origen el nombre en clave que el ISI dio al primer campo, situado en la provincia de Helmand fronteriza con Paquistán, donde el servicio secreto paquistaní comenzó a trasladar a los primeros combatientes extranjeros, pero con la llegada masiva de estos a Afganistán se hizo necesario abrir más campos de llegada, y el nombre de Al Qaeda se hizo extensivo a todos ellos. Ya el primer Al Qaeda en la provincia de Helmand era un lugar controlado por sicarios del narcotráfico afgano con los que Estados Unidos había pactado su implicación en la guerra antisoviética.

El paralelismo entre la utilización que Estados Unidos hizo de los sicarios de la mafia siciliana a través del mafioso neoyorquino Lucky Luciano para que esta le facilitasen la invasión de Sicilia por las tropas aliadas durante la lucha contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial, y la utilización que Estados Unidos hizo de los sicarios al servicio de las bandas de narcotraficantes afganos para que estas le facilitasen la lucha contra los invasores soviéticos durante la ocupación de Afganistán, va a tener una proyección en la dinámica histórica que se materializará en la mundialización del narcotráfico y del yihadismo bélico como consecuencia del auge que respectivamente iban a tener ambos a partir respectivamente de la Segunda Guerra Mundial y de la invasión soviética de Afganistán.

Si la expansión mundial del narcotráfico a raíz de la Segunda Guerra Mundial se debió al pacto que Estados Unidos estableció con la mafia neoyorquina de Lucky Luciano, la expansión mundial del yihadismo bélico a raíz de la invasión soviética de Afganistán se debió al pacto que Estados Unidos estableció con las bandas de narcotraficantes afganos y a la cobertura religiosa con la que Paquistán comenzó a justificar la alianza estadounidense con esos sicarios del narcotráfico afgano.

A esta amalgama de sicarios del narcotráfico apoyados por Estados Unidos se unió la cobertura religiosa de la que el servicio de inteligencia paquistaní se valió para encubrir esta alianza contra natura establecida con el fin de combatir al invasor soviético, y todo ello rociado con los suculentos petrodólares de Arabia Saudí.

La siguiente fase en la mundialización del yihadismo bélico o yihabellicum fue la consecuencia derivada de la invasión de Kuwait por Iraq en el verano de 1990, que consistió en que una vez expulsadas las tropas iraquíes del emirato del norte del Golfo, Estados Unidos decidió abrir bases militares en Arabia Saudí, oficialmente para preservar al reino wahabí de potenciales agresiones de Sadam Husein. Este hecho fue considerado blasfemo por la red internacional de combatientes afganos, pues tropas estadounidenses se habían asentado de manera permanente en tierra sagrada del islam, y por ello Al Qaeda, derivado del nombre secreto con el que el ISI paquistaní designaba a la primera base logística controlada por sicarios del narcotráfico afgano de Helmand donde este servicio de inteligencia comenzó a ubicar combatientes extranjeros, decidió romper oficialmente con Estados Unidos y declarar la guerra a Occidente.

La perversa visión de la Yihad Menor que sustenta el yihadismo bélico mundializado

A pesar de la perversión de la utilización de un concepto que en su fundamento es objetivamente espiritual, periodística y políticamente es aceptado ampliamente, sobre todo en los países occidentales, el referirse a activistas islamistas que están inmersos en dinámicas terroristas como yihadistas.

En el lenguaje espiritual derivado de la Revelación coránica hacer la yihad alude a un combate interior contra las tendencias negativas del ego, es por tanto una yihad contra uno mismo. Pero como ocurre que el ser humano no solo interactúa consigo mismo y su dios, obviamente esto desde la perspectiva de la cosmovisión del creyente, sino que a la vez se ve forzado a hacerlo con sus semejantes, esta yihad tiene paralelamente una proyección exterior que es el combate físico contra el enemigo encarnado en un poder político-militar que intenta dañar la comunidad musulmana. Ambas yihad equivaldrían entonces a lo que en el lenguaje de la tradición islámica se denomina respectivamente Yihad Mayor y Yihad Menor. Esta distinción está basada tanto en hadices atribuidos al Profeta Muhammad como en prescripciones contenidas en aleyas coránicas.

Ocurre luego que dentro de la concepción jurídica del concepto Yihad Menor hay a su vez una división, pues mientras una parte mayoritaria de la tradición islámica legitima esta Yihad Menor entendida como combate armado cuando hay violencia humana contra la comunidad musulmana y se entiende entonces que esta tiene derecho a defenderse de dicha agresión, hay también una parte muy minoritaria que concibe una interpretación jurídico-religiosa de este concepto de Yihad Menor en el sentido de la obligación que tiene todo musulmán y musulmana de combatir la visión del mundo desde la incredulidad. Es decir, no se trata ya desde esta interpretación de la Yihad Menor solo de combatir por las armas a los que con las armas agreden a la comunidad musulmana, sino que se trata de dar cobertura espiritual a la supuesta obligación que atañería a todo musulmán y musulmana de combatir con cualquier medio a su alcance «la incredulidad» o kufr en sí misma.

Desde esta cosmovisión islámica minoritaria el combate armado contra lo que consideran fuerzas hostiles incluiría a todo aquel que no profesa su visión sectaria y extremista del islam, independientemente de que combatiesen o no por las armas a los musulmanes. Cualquier pueblo o comunidad humana que no siga su interpretación religiosa es por tanto un enemigo susceptible de ser exterminado. La lucha contra las tendencias negativas del ego propio se complementa con la lucha contra las tendencias negativas del ego del otro en forma de actos violentos según la perspectiva psicológica de esta tendencia islámica minoritaria. El efecto psicológico de esta creencia es devastador, pues desde ella se concibe que como musulmán o musulmana tienes la obligación de hacer que tu semejante cambie interiormente, o en caso de que esto no lo logres tienes el derecho de hacerle desaparecer físicamente. Esta es la premisa psicológica que condiciona la mente de los llamados «yihadistas». Promover la unanimidad en cuanto a la creencia religiosa es una obligación contenida en su perversa interpretación del Yihad Menor y en este sentido aterrorizar a los incrédulos para que se conviertan a su dogma religioso o en caso contrario abandonen las tierras por ellos controlados es una prioridad en su actividad yihadista.

No es la visión tradicional ampliamente aceptada en todas las comunidades musulmanas de la Yihad Menor, que apela al combate armado como defensa ante una agresión militar, la que condiciona psicológicamente el yihadismo bélico o yihabellicum como paradigma del terrorismo planetario y la inmisericordia de las acciones yihadistas, sino una segunda y oscura visión de la Yihad Menor que la concibe como un esfuerzo en pos del exterminio de la incredulidad en sí misma.

¿Se puede percibir en esta segunda visión sobre la Yihad Menor la utilización perversa de un mensaje espiritual que se tergiversa para conseguir finalidades políticas?

El Daesh es consecuencia de la alianza entre el Baaz iraquí y el crimen organizado

El Daesh es hoy en día el máximo exponente de la perversión que se hace de un mensaje espiritual para someterlo a los intereses expansivos de bandas de sicarios en el campo de la delincuencia organizada y de aspirantes a tiranos en el campo de los intereses geopolíticos.

Surgido del seno del yihadismo bélico o yihabellicum a su vez alentado por Estados Unidos para luchar contra las tropas soviéticas que invadieron Afganistán a fines de 1979, este movimiento político-militar se recubre de religiosidad para captar sicarios que nutran sus filas, imbuidos por esa oscura visión de la Yihad Menor que contradice la visión tradicional islámica. En realidad el Daesh es un instrumento del derrocado partido Baaz iraquí, que no ha hecho sino seguir la estela de la propia estrategia política que alimentó Estados Unidos al pactar con la mafia siciliana a través del mafioso neoyorquino Lucky Luciano en los años 40 para que esta organización criminal le facilitase la invasión aliada de Sicilia, y al pactar Estados Unidos también con los sicarios afganos del narcotráfico en los años 80 para que estos se involucrasen en la lucha contra el invasor soviético.

De lo primero se derivó la imparable expansión del tráfico de drogas por todo el mundo, y de lo segundo el auge del extremismo yihabellicum que amenaza a todo el planeta. Los nacionalistas del Baaz iraquí, muy laicos hasta la invasión estadounidense de su país en 2003, organizaron la resistencia copiando aquellas tácticas de guerra que impulsaron a la gran superpotencia americana a pactar con el diablo encarnado en la delincuencia organizada en Nueva York, Sicilia y Afganistán para combatir a sus entonces enemigos, la Alemania nazi y la Rusia soviética, y por ello no dudaron en utilizar, como había hecho Estados Unidos, al crimen organizado en Iraq y Siria para comprar sus voluntades y tomarlos como aliados en su lucha contra el invasor estadounidense, el resultado de esta alianza entre el Baaz iraquí que siempre ha visto al Baaz sirio como su enemigo y el crimen organizado es el Daesh.

Hoy el Baaz iraquí, como ayer Estados Unidos, cometieron la ignominia de no dudar en aliarse con el crimen organizado para conseguir sus fines geopolíticos y, aún peor, Estados Unidos abrió la puerta a la utilización perversa de un mensaje espiritual para que este fuese utilizado como arma contra sus enemigos políticos y militares, exactamente lo que ahora hace el Baaz iraquí.

Cómo desarticular esta infernal dinámica de terror

Obviamente todo lo expuesto hasta ahora tiene un caldo de cultivo en la injusticia universal que atenaza al planeta entero, y que es foco de miseria, marginalidad, hambre y de guerras. Para acabar con esta injusticia universal se precisa de implementar premisas financieras diferentes a las conocidas que conlleven a la de la estructura financiera mundial basada en la banca pública y privada, lo que supone que la facultad de hacer de depositaria y custodia del dinero le debe ser retirada a la banca y le debe ser trasplantada a unas nuevas entidades político-financieras resultantes de la fusión de la función bancaria básica de depositaria y custodia del dinero con la función político-administrativa de las corporaciones políticas de ámbito local.

No se puede repartir ninguna riqueza no ya si no hay riqueza que repartir, que sería la premisa que se deduciría de la lógica que impregna la primitiva mentalidad vigente, sino que no es posible repartir riqueza si no se cuenta con el mecanismo que permite la acumulación de riqueza en pocas manos. Y ese mecanismo no es otro que la existencia de la institución de la Banca pública y privada.

Y no hay que pensar en el concepto «Banca» en los términos de técnicas financieras en los que todos por inercia lo hacemos, sino que solo hay que pensar en la «Banca» en los términos más simples que esta institución supone, es decir, la necesidad de cumplir con la función de depósito y custodia del dinero. Hay que fijarse en lo más simple para a partir de ello edificar sobre nuevas premisas, no fijarse en lo más complejo, que es donde está la trampa mental que nos mete en un callejón sin salida. Si hablamos de fusionar la «Banca» con las corporaciones locales o ayuntamientos, ¿estamos hablando de unificar las funciones bancarias con aquellas instituciones político-administrativas o estamos hablando solo de fusionar la función básica de la Banca de depósito y custodia del dinero con esas corporaciones locales?

Se trata de construir el posibilismo que haga inviable la acumulación infinita de riqueza en el concepto económico del término no solo porque haya leyes que intenten limitar este, sino porque es imposible acumular riqueza cuando tu dinero solo se puede depositar y poner a custodia en el ayuntamiento donde residas.

A partir de esta dinámica, se sientan las bases para edificar una nueva estructura financiera mundial, a partir de que todo el poder de financiación reside en las estructuras políticas de las comunidades de base ya sean estas urbanas, rurales o tribales, de tal manera que estas nuevas estructuras político-financieras se vean obligadas a federar los recursos financieros que controlan para poder hacer funcionar la sociedad moderna y desarrollada que se ha de desarrollar sobre otras premisas mentales.

No obviemos que el primer sustento del yihadismo bélico o yihabellicum es la injusticia universal que rige en nuestro planeta, como lo es por otra parte de cualquier forma organizada de violencia, incluida la de estados que atacan e invaden otros estados…

El yihadismo bélico o yihabellicum es solo una forma más en la que se manifiesta la injusticia universal que nos atenaza debido al posibilismo financiero vigente, aunque hoy en día la percibamos como el paradigma de la violencia mundial. No obstante, y dada la injusticia universal que intrínsecamente provoca la estructura financiera que nos sustenta como sociedades organizadas, no sería erróneo considerar que si no fuera el yihadismo bélico o yihabellicum tendríamos como paradigma de esa violencia mundial a un engendro con nombre diferente, pero siempre sería consecuencia irremediable de esa injusticia universal…

Fuente: Alkalima.es

Extraído de: El Espía Digital

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