Levantamiento de sanciones a Irán, ¿una exigencia lógica o inadecuada?

BANDERA IRAN

por Rasoul Goudarzi – Poco después de que Irán y el Grupo 5+1 (EE. UU., el Reino Unido, Francia, Rusia y China, más Alemania) lograran un entendimiento sobre el programa nuclear iraní, el 2 de abril de 2015, las reacciones e interpretaciones al respecto no se hicieron esperar.

La principal diferencia entre ambas partes radica en la forma en que se debe proceder a levantar las sanciones impuestas a Irán. En este artículo queremos analizar si son lógicas las exigencias de Teherán de que se proceda a levantar el embargo de una vez o no. Además de estudiar la posibilidad de que estas posturas contradictorias impidan un acuerdo definitivo.

Las sanciones

Después del principio de acuerdo logrado entre Irán y el Sexteto, el presidente de EE. UU., Barack Obama, y su secretario de Estado, John Kerry, afirmaron que las sanciones contra el país persa serían levantadas paso a paso y no de una vez. Estas declaraciones se han enfrentado a las duras reacciones de las autoridades iraníes, quienes han advertido que no habrá un acuerdo a menos que se eliminen de una vez.

En este sentido, el Líder de la Revolución islámica de Irán, el ayatolá Seyed Ali Jameneí, afirmó: “Las sanciones deben ser levantadas por completo, de una sola vez. Uno [de los funcionarios occidentales] dice [que las sanciones serán levantadas] después de seis meses. Otro dice que podría incluso tomar un año. Otro más dice que esto podría tardar, incluso, más de un año. Estos son sus juegos convencionales y habituales. Dichos comentarios no merecen la atención ni son aceptables”.

A esto se pueden sumar las declaraciones del presidente iraní, Hasan Rohani, quien aseguró: “El Grupo 5+1, al igual que el Congreso, el Senado, el Gobierno y el presidente de EE.UU., todos deben ser conscientes de que si no se menciona el fin de las sanciones en el acuerdo, no habrá ningún pacto. Todos deben saber que el fin de los diálogos y la hora de firmar el acuerdo deben coincidir con el levantamiento de las sanciones contra el gran pueblo iraní”.

Tales afirmaciones ponen de relieve que el país persa no quiere tener un programa nuclear limitado a cambio de nada, una demanda que no parece carecer de lógica, si analizamos el proceso en que se impusieron las sanciones a Irán por su programa nuclear.

Todo comenzó en el año 2002, cuando la banda terrorista Muyahidín Jalq (MKO, por sus siglas en inglés), mediante un informe, alegó la existencia de dos sitios nucleares desconocidos en Irán, en los que se desarrollaban fases para la fabricación de armas atómicas. A partir de esa fecha, Occidente, encabezado por EE. UU., comenzó a presionar al país persa. En ese entonces, la base del régimen de sanciones contra Irán fue un informe revelado por la MKO, nada más.

Ahora, Washington y sus aliados aseguran que levantarán las sanciones paso a paso, cuando se cercioren de que el país persa no cuenta con la posibilidad de fabricar armas atómicas y la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) verifique la naturaleza pacífica de sus actividades nucleares.

Exactamente aquí es donde surge la cuestión a discutir. Si la contraparte declara que la base de su confianza hacia el programa nuclear iraní es la AIEA, por qué no quiere levantar las sanciones si desde aquel entonces, 2002, ni la Agencia ni el propio régimen de Tel Aviv o sus aliados occidentales han podido probar que Irán se haya adentrado en el camino del desarrollo de armas de destrucción masiva. Incluso algunos informes revelan que tales datos atribuidos a Teherán carecen de fundamento y son falsos.

Además, el Grupo 5+1 dice que su motivo de retirar las sanciones paso a paso se debe a la necesidad de tener la certeza y la confianza de que Irán no retomará sus actividades al nivel anterior, lo que quiere decir que, para ellos, tantos años de inspección más los últimos 20 meses de suspensión voluntaria de las actividades de Irán no producen ninguna certeza. Aun cuando las medidas de Teherán para fomentar la confianza fueron también reconocidas tanto por la AIEA como por parte de las autoridades de EEUU.

En este sentido, el secretario norteamericano de Estado, John Kerry, en la rueda de prensa en Lausana, Suiza, afirmó: “Irán ha cumplido con todos los compromisos acordados en el llamado ‘Plan de Acción Conjunta’, alcanzado con el G5+1 en noviembre de 2013 en Ginebra”.

Asimismo, un acuerdo nuclear definitivo supone que la contraparte ya tiene segura la intención del país persa de que si antes, supuestamente, buscaba armas atómicas ya no las quiere, así que no parece ilógico que Teherán quiera que se eliminen las medidas en su contra, dado que todas las presiones se debían a la posibilidad de que su programa nuclear constituyera una amenaza.

Además, si nos remontamos un poco en la historia contemporánea, podemos dar la razón a Irán para no confiar en EE. UU. e insistir en el levantamiento de las sanciones. En 1994, Washington firmó un Acuerdo Marco con Corea del Norte, que incluía el levantamiento del embargo a cambio de la suspensión de sus actividades nucleares. Corea del Norte cumplió su parte, es decir, cesó su programa atómico, pero Washington no quitó las sanciones y, a consecuencia, en 2003 fracasó el pacto.

Los peros de un acuerdo definitivo

Además del tema de las sanciones, hay varios puntos más en los que ambas partes discrepan, es decir el partidismo respecto a los diálogos, sobre todo de EE. UU. En el último caso, los senadores estadounidenses aprobaron una ley para que el Congreso revise un eventual pacto con Irán sobre su programa nuclear. Según la ley aprobada por el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el Congreso tendrá 30 días para revisar el contenido del acuerdo y aprobarlo o rechazarlo, y posteriormente, la Casa Blanca tendrá 12 días para vetar la decisión del Senado que, después, tendrá 10 días para buscar el apoyo de dos tercios de los congresistas para neutralizar el veto presidencial.

Este hecho se enfrentó a la dura reacción del presidente Rohani, quien dejó bien en claro que su país solo está dialogando con los Gobiernos del Grupo 5+1 y no le concierne para nada la situación interna de los miembros del Sexteto respecto a los diálogos.

No obstante, esta situación nos lleva a interpretar que EE. UU. necesita ese acuerdo definitivo. Fue Washington quien quería alejar a Irán de lo que consideraba un país con armas atómicas; en este contexto, los republicanos recurrieron a la presión, como las sanciones y las amenazas, pero el presidente Obama, que representa a los demócratas, abogó por la diplomacia, a pesar de las enormes críticas internas, especialmente por parte de los republicanos. En la situación actual, la Administración de Obama, y él en persona, necesita este pacto para probar la eficacia de su diplomacia. Además, en su quehacer como presidente de EE. UU. registra otro momento histórico, el restablecimiento de los lazos con Cuba, después de más de 50 años y la solución del problema nuclear iraní, tras más de una década.

No pretendo decir que Teherán no necesita un acuerdo, pero su fracaso no resultaría en un cambio en el país, tal como esperaban hasta hace poco los Estados Unidos. Además hay que destacar que las políticas de sanciones, hasta un punto, pueden resultar exitosas, aunque si la presión aumenta día a día su resultado sería adverso, una realidad que se percibe en las palabras de las propias autoridades estadounidenses, como las de la demócrata Dianne Feinstein, quien dijo: “La imposición de sanciones adicionales hará que Irán se desilusione de dialogar, hace que la comunidad internacional, sobre todo los países del G5+1, acusen a EE. UU. de incumplir sus promesas y evita que estos ayuden a la Casa Blanca en sus próximos pasos contra Irán”.

En este contexto, el presidente Obama aseguró que la imposición de más sanciones sería contraproducente, debido al apoyo del pueblo iraní a su sistema.

“Creo que el pueblo iraní ha demostrado que cuando está en juego su dignidad nacional o en algunos casos su reputación, son capaces de aguantar cualquier dificultad”, así manifestó Barack Obama en una entrevista con el New York Times.

Con todo lo expuesto, parece que el plazo del 30 junio para el pacto definitivo será crucial para ambas partes, a la hora de tomar decisiones de peso, además de analizar si vale la pena resolver las divergencias en el camino y dejar el partidismo o socavar los intereses nacionales.

18/04/15

Fuente: HispanTV

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