Los valores tradicionales como base del desarrollo humano del siglo XXI

SERGIO FERNANDEZ RIQUELME

por Sergio Fernández Riquelme* – El 3 de marzo de 2015 se asistió a la creación del Grupo de Amigos de la Familia (Group of friends of the family) en la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

A iniciativa de Bielorrusia, 17 países firmaron el documento fundacional de una iniciativa pionera en defensa de la Familia tradicional como base de la civilización, del progreso y de la estabilidad social.

Entre los firmantes destacaron las naciones de Oriente, orgullosas de su pasado, de sus tradiciones, en contraste de un Occidente al que consideraban negador de las mismas bases de su desarrollo contemporáneo. Proyecto que se sumaba a la Declaración de Protección a la Familia (Consejo de Derechos humanos de la ONU) de 25 de junio de 2014, promovida por Rusia y firmada por más de 30 países (Bosnia, China, Costa de Marfil, El Salvador, El Líbano, Filipina, Sri Lanka o Uganda); o la Declaración de los Derechos de la Familia (Comité de parlamentarios) de 5 de diciembre de 2014, a instancias de Hungría y suscrita por 216 cargos electos de 39 naciones.

En esta iniciativa, el mundo euroasiático (Rusia, Bielorrusia, Turkmenistán), persa (Irán), índico (Bangladés, Paquistán), árabe (Arabia Saudí, Kuwait, Catar) y malayo (Indonesia, Malasia), junto al emergente mundo africano (Egipto, Nigeria, Zimbabue), se ponían de acuerdo en reivindicar la Familia como el fundamento del desarrollo humano sostenible del siglo XXI. Naciones con diferentes religiones, tradiciones y culturas ponían el énfasis en “lo familiar” como patrimonio común de la Humanidad a defender:

– Reafirmaban que la Familia era la unidad grupal, natural y fundamental, que debía ser protegida por la sociedad y el Estado.

– Defendían que un desarrollo humano sostenible y genuino no era posible sin la Familia.

– Señalaban la importancia capital de políticas públicas orientadas a proteger la constitución propia de la Familia, como medio comprobado para garantizar el bien común.

– Estaban convencidos que los derechos de hombres y mujeres, de niños y personas mayores, de discapacitados y dependientes, se encontraban más protegidos dentro de un más amplio desarrollo familiar.

– Apelaban a que esta realidad familiar fuera el núcleo de la Agenda del Desarrollo Post-2015 por parte de la Organización de las Naciones Unidas, mediante acciones concretas de apoyo global (SDG Summit of 2015) y sectorial (“family-friendly”).

Patrimonio a defender ante lo que consideraban como la imposición neocolonizadora de los valores secularistas, neoliberales e individualistas del eje Norteamérica-Unión europea a nivel internacional. Imposición de un paradigma ideológico, a través de las presiones institucionales y las ayudas al desarrollo, que cuestionaba a la Familia como entidad natural base de la cohesión comunitaria y la consideraba como el gran freno a la evolución individual-consumista; pero que demostraba con su aplicación, en sus propios países, consecuencias desastrosas para la sostenibilidad demográfica (estancamiento poblacional solo mitigado por la inmigración, con crecientes retrocesos en España o Portugal), la cohesión social (graves problemas de convivencia en Estados unidos, Francia o Alemania, en especial ante las minorías étnicas), el crecimiento económico (decrecimiento en países punteros como Finlandia u Holanda, y crisis estructural en naciones como Grecia) y la estabilidad nacional (problemas educativos, de desempleo juvenil, de violencia ideológica).

Frente a este denunciado paradigma sociológico (la comunidad de consumo) y antropológico (el ser individualista) dominante en Occidente, estos países pretendían demostrar que era posible combinar crecimiento y estabilidad, herencia y progreso, libertad y moralidad, desde sus respectivas identidades culturales y desde el equilibrio siempre imperfecto entre Tradición y Modernidad. Y en dichos países, la Familia natural se demostraba como ese pilar imprescindible, ese valor de referencia con el que afrontar el reto de la globalización en sus límites y en sus oportunidades.

Rusia y Bielorrusia habían hecho frente a los impedimentos del pasado (anunciada extinción demográfica o desestructuración social tras la caída de la antigua URSS) poniendo “lo familiar” en primer lugar; Singapur o Malasia mostraban al mundo la capacidad de ser vanguardia económico-tecnológica con la más estrictica protección de la moralidad pública; Irán sobrevivía a la sanciones occidentales gracias al esfuerzo de sus redes familiares y sus creencias milenarias, protegidas legislativamente en 2015; China reconocía finalmente la necesidad de apoyar a la Familia y la Maternidad como base para salvaguardar su propio sistema político-social más allá de la inevitable finalización de la expansión comercial; en la emergente África, la mayoría de los países en vías de desarrollo sobrevivieron al desprecio occidental y a la debilidad estatal con familias pobres pero extensas; y en América Latina, diferentes naciones protegían a la Familia como la base de las comunidades que fundamentaba su unidad e independencia regional.

* Profesor universitario y Doctor en Sociología y Política social (España).

Fuente: HispanTV

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