¿Cuál es el camino de Yemen?

YEMEN

por Rasul Gudarzi – Han transcurrido más de cuatro años desde el inicio de las protestas populares en Yemen y el derrocamiento de su dictador, Ali Abdulá Saleh, no obstante, la sociedad yemení aún está sumergida en el caos, y se esfuerza por alcanzar la libertad, la democracia y el restablecimiento de la ley. En este artículo pretendemos analizar el porqué de la continua inseguridad y violencia en ese país. Además veremos por qué incluso después de la suscripción de un acuerdo nacional, no ha vuelto la calma en el país y las llamas del conflicto siguen activas.

Causas internas

Los choques y los enfrentamientos registrados en las últimas semanas cerca del Palacio Presidencial de Yemen, que se saldaron con la vida de varios ciudadanos, volvieron a orientar a la opinión pública y a los medios de comunicación hacia el fracasado levantamiento popular en ese país.

El problema radica en que, según el acuerdo de reconciliación nacional entre la oposición y el gobierno, el poder político debía ser compartido entre los partidos de forma justa y equilibrada, y el gobierno evitaría cualquier plan o intento por dividir o federalizar el país. No obstante, de acuerdo con el borrador de la nueva Constitución, Yemen se dividiría en 6 estados federales.

El movimiento chií Ansarolá (Houthi) dice que esa división, teniendo en cuenta la profunda brecha económica y geográfica existente, empeora la situación en las zonas norteñas, mientras que conllevaría a un mayor bienestar para las zonas centrales, profundizando así la brecha social. No obstante, las perspectivas políticas del nuevo gobierno yemení se centran en sacar adelante ese plan pese a la oposición de los residentes del sur del país y de los hutíes.

A través de la federalización del país, el gobierno pretende aislar a los hutíes. En base a esa división, todos los yemeníes disfrutarán de su derecho a la autonomía y podrán acceder y hacer uso del estratégico estrecho de Bab el-Mandeb, mientras los hutíes quedan excluidos. De esa forma, el gobierno que no ha podido reprimir y eliminar a Ansarolá de la escena política del país, quiere marginar a los hutíes.

Este ha sido el epicentro de los enfrentamientos de Ansarolá con el gobierno presidido por Abdu Rabu Mansur Hadi, ya que además de las profundas discrepancias religiosas y políticas entre ambos, destaca la mala situación económica y la inseguridad.

El pueblo yemení, durante más de cuatro décadas, fue gobernado por Ali Abdulá Saleh, y, durante este periodo, se convirtió en uno de los países más pobres del mundo árabe. El desempleo, la inflación, la brecha social y el dominio de un sistema dictatorial han desempeñado un rol importante en la situación actual de ese país.

Desde 1962, cuando Abdulá Saleh llegó al poder mediante un golpe de Estado contra el entonces líder Imam Mohamed Badr, ha habido enormes cambios en la estructura sociopolítica del país. A partir de ese momento, empezaron los conflictos y los choques entre el gobierno y los chiíes que habían gobernado. De hecho, las autoridades yemeníes consideran a los chiíes como una amenaza para su mandato, por lo que recurren a todo tipo de artimañas posibles para marginarlos. Ahora pretenden atribuirles la inseguridad que reina en el país, es decir los actos de violencia y las explosiones, para dejar mal y debilitar al grupo ante la opinión pública, que está cansada de tantos conflictos y de la crisis.

Causas externas

Yemen tiene una gran importancia para Arabia Saudí y EE. UU. por su situación estratégica: está rodeado por el mar Arábigo, el golfo de Adén y el mar Rojo. No se debe olvidar el rol destructivo de estos países, especialmente del reino saudí, en los acontecimientos que se producen en Yemen.

Riad es un actor muy importante, y no considera al territorio yemení como un país extranjero, sino que lo califica como su patio trasero, por lo que no quiere perder su influencia. Así que la llegada de los hutíes al poder en Yemen, debido a sus diferencias ideológicas y religiosas con los saudíes, se considera una amenaza para la influencia saudí. Por lo tanto, recurren a cualquier mecanismo posible para evitar un gobierno chií en su vecindad.

Perspectivas del escenario político yemení

Los aliados del anterior gobierno y los acompañantes del actual declaran que si ceden ante las demandas de Ansarolá, allanarían el camino de este grupo y pondrían en peligro el futuro del gobierno. Razón por la cual, parece que luego de suscribir un acuerdo con los hutíes, el primer ministro, Jaled Bahah y el presidente Hadi renuncian a sus puestos hasta la formación del Parlamento, para así responsabilizar a Ansarolá por la crisis y los acontecimientos en el país; tal como hizo Hadi al dimitir de su cargo, aunque luego se vio obligado a elegir entre marcharse del país o quedarse en el cargo como le habían dicho los hutíes.

De ahí que Ansarolá haya renunciado en varias oportunidades a asumir un cargo en el gabinete. Si Hadi dimite, se formaría un consejo presidencial con la participación de 9 grupos opositores para determinar el futuro del país.

De todos modos, independientemente de lo que suceda, es el pueblo quien sufre la crisis, sobre todo por el ambiente propicio para los terroristas de Al-Qaeda, que durante los últimos meses se habían visto afectados y se habían retirado de varias zonas por el trabajo conjunto entre Ansarolá y el Ejército.

Ahora, después de cuatro años del inicio de las protestas, el pueblo solo quiere una cosa; alguien que asuma el poder y se esfuerce por erradicar la corrupción, reducir la brecha social y ponga fin a la intervención extranjera.

Fuente: HispanTV

Extraído de: El Espía Digital

El conflicto por Yemen abre una nueva guerra a gran escala en Oriente Medio

La semana pasada “se hizo evidente” que Oriente Medio tendrá que hacer frente “a otra guerra a gran escala” que tendrá esta vez a Yemen como campo de batalla, considera el periodista Iván Yakovina. Arabia Saudita y EE.UU. están especialmente preocupados por la posibilidad de que el país, profundamente dividido, caiga en manos de Al Qaeda.

En un artículo publicado en el portal ‘Nóvoye Vremia’, el periodista afirma que “Arabia Saudita se prepara para invadir Yemen, un país que se cayó a pedazos, con un norte bajo el control de los chiitas y un sur que pronto estará en manos de Al Qaeda”.

“En los últimos meses este país se ha dividido en varias partes en conflicto, cada una de las cuales por sí misma podría convertirse en un gran problema para la comunidad mundial” y “juntas, prosigue Yakovina, forman un cóctel de diferentes tipos de extremismo, una anarquía absoluta, la pobreza extrema y el potencial genocidio”.

A su juicio, Yemen es el país más poblado y más pobre de la Península Arábiga, donde la falta de recursos “hace que diferentes agrupaciones tribales y religiosas pasen el tiempo aniquilándose unas a otras”.

En estos momentos la guerra la están ganando los rebeldes hutíes, que la semana pasada disolvieron el Parlamento y constituyeron una asamblea y gobierno provisional. Esta situación ha obligado a la mayor parte de los países europeos y árabes a evacuar sus embajadas por el miedo a que los hutíes pongan en práctica “su programa sanguinario basado en el odio al Occidente en general y a EE.UU. e Israel, en particular”, señala Yakovina.

Por otro lado, el sur del país, que no cede ante los rebeldes, también está dividido por regiones, cada una de las cuales está dirigida por grupos distintos: los líderes tribales, los exgenerales del Ejército yemení y, finalmente, los líderes locales de Al Qaeda.

De acuerdo con el autor del artículo, “ese último punto es el que más le preocupa al mundo”, sobre todo teniendo en cuenta el problema del Estado Islámico, que se formó en circunstancias similares y que hoy en día es “el principal dolor de cabeza y una pesadilla continua del mundo civilizado”.

“Ni EE.UU. ni Arabia Saudita menos quieren que la ‘franquicia’ del califato se extienda a todo el sur de Yemen. Desde el punto de vista de Riad y Washington, Yemen debe ser un país unido, laico y leal a ellos, y no encabezado por ningún tipo de hutíes o radicales islámicos”, explica Yakovina.

Los que más se preocupan por esta situación son los sauditas, que “corren el riesgo de encontrarse entre el califato sirio-iraquí en el norte y su clon yemení en el sur”, y en el punto de mira de ambos. Además de que las fuerzas de la monarquía del Golfo, por un lado, y las de los dos “Estados islámicos”, por el otro, serían comparables, hay que tener en cuenta que dentro de Arabia Saudita también hay bastantes “fanáticos que sueñan con la reconstrucción de un califato unido y el derrocamiento de la Casa Al Saúd, sumida en la corrupción y el lujo”, asevera el periodista.

Por esa razón Arabia Saudita ha exigido a la ONU una intervención inmediata que expulse a los hutíes de Saná y restaure el poder secular. En el caso de que la comunidad internacional no acceda a hacerlo, Riad ha amenazado con resolver el problema dentro del Consejo de Cooperación del Golfo.

Según Yakovina, “en esta situación, lo que llama la atención es el hecho de que los sauditas no vayan a luchar contra Al Qaeda, sino contra sus enemigos hutíes”.

“Arabia Saudita en solitario va a iniciar una larga guerra con resultados impredecibles, que, por supuesto, no contribuirá a la estabilidad del reino”, explica el periodista, agregando que “socavar la estabilidad, provocar una guerra y disturbios y tomar el poder en Riad” es “el sueño dorado” de Al Qaeda y el Estado Islámico.

Fuente: El Espía Digital

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