Los yihadistas del Isis no son medievales, están influenciados por la filosofía moderna occidental

TERRORISMO
por Kevin McDonald – En las últimas semanas ha habido un constante ruido de fondo que sugiere que “Estado Islámico” (Isis) y su ideología son una especie de retorno a un pasado remoto. A menudo se enmarca en un lenguaje como el utilizado la semana pasada por el viceprimer ministro, Nick Clegg, quien dijo Isis era “medieval”. De hecho, el pensamiento de la banda terrorista es en gran medida de una tradición mucho más moderna, occidental.

La intervención de Clegg no es sorprendente. Dada la extrema violencia de los combatientes de Isis y las imágenes frecuentes de cuerpos decapitados, es comprensible que se intenta dar sentido a estos actos como algo radicalmente “diferente”.

Pero esto no necesariamente nos ayuda a comprender lo que está en juego. En particular, se tiende a aceptar una de las afirmaciones centrales del yihadismo contemporáneo, a saber, que “se remonta a los orígenes del Islam”. A un partidario del Isis que sigo en Twitter le gusta decir: “El mundo cambia; El Islam no”.

Esto no es sólo una cuestión de debate académico. Tiene un impacto real. Uno de los atractivos de la ideología yihadista a muchos jóvenes es que desplaza el poder generacional en sus comunidades. Los yihadistas, y más ampliamente los islamistas, se presentan como “fieles a su religión”, mientras que sus padres en su opinión, están sumidos en la tradición o la “cultura”.

Necesita ser dicho muy claramente: el yihadismo contemporáneo no es una vuelta al pasado. Es una ideología moderna, anti-tradicional con una deuda muy importante hacia la historia y la cultura política occidental.

Cuando hizo su discurso en julio en la Gran Mezquita de Mosul declarando la creación de un “estado islámico” con él mismo como su califa, Abu Bakr al-Baghdadi citó una larga cita del pensador indio / paquistaní Abul A’la Maududi, el fundador de la Jamaat- e-Islami en 1941 y creador término contemporáneo de estado islámico.

El “Estado islámico” de Maududi está originariamente caracterizado por ideas y conceptos occidentales. Toma una creencia compartida entre el Islam y otras tradiciones religiosas, a saber, que sólo Dios es el juez último de una persona, y la transforma – convirtiendo la posesión del juicio de Dios en posesión de, y en última instancia, en monopolio de la “soberanía”. Maududi también se basa en la comprensión del mundo natural que se rigen por leyes que son expresiones del poder de Dios – ideas que que proceden de la revolución científica del siglo 17. Compagina estos en una visión de la soberanía de Dios, y luego pasa a definir esta soberanía en términos políticos, afirmando que “sólo Dios es el soberano” (El modo de vida islámico). El Estado y lo divino así se fusionan, por lo que a medida que Dios se convierte en política, la política se convierte en sagrada.

Esa soberanía es completamente ajena a la cultura medieval, con su mundo fragmentado y varias fuentes de poder. Sus orígenes se encuentran en su lugar en el sistema westfaliano de estados y la revolución científica moderna.

Pero la deuda de Maududi a la historia política europea se extiende más allá de su comprensión de la soberanía. El centro de su pensamiento es su comprensión de la revolución francesa, que a su juicio ofreció la promesa de un “estado fundado en un conjunto de principios”, en oposición a uno basado en una nación o un pueblo. Para Maududi este potencial se marchitó en Francia; su logro tendría que esperar “un estado islámico”.

En la Francia revolucionaria, es el Estado el que “crea” a sus ciudadanos y nada debe actuar como barrera entre el ciudadano y el Estado. Es por eso que hoy en día las agencias del gobierno francés todavía tienen una ley que impide la recogida de datos sobre el origen étnico, considerada una potencial comunidad intermediaria entre el Estado y los ciudadanos.

Este “ciudadano universal” separado de la comunidad, su nación o de la historia, es el núcleo de la visión de Maududi de “ciudadanía en el Islam”. Así como el Estado francés revolucionario creó sus ciudadanos, con el ciudadano impensable fuera del estado, así también el estado islámico crea sus ciudadanos. Esta es la base del argumento de otro modo ininteligible de Maududi de que sólo se puede ser musulmán en un estado islámico.

No mire al Corán para entender esto – mire a la revolución francesa y en última instancia a la secularización de una idea que encuentra sus orígenes en la cristiandad europea: Extra Ecclesiam nulla salus (fuera de la Iglesia no hay salvación), una idea que se transformó con el nacimiento de los estados modernos europeos extra stato nulla persona (fuera del estado no hay personalidad jurídica). Esta idea todavía demuestra un poder extraordinario hoy: es la fuente de lo que significa ser un refugiado.

Si el estado de Isis es profundamente moderno, también lo es su violencia. Los combatientes del Isis no simplemente matan; sino que tratan de humillar, como vimos la semana pasada, cuando acorralados reservistas sirios vistiendo sólo su ropa interior fueron conducidos a su muerte. Y buscan deshonrar los cuerpos de sus víctimas, en particular a través de manipulaciones postmortem.

Tales manipulaciones tienen como objetivo destruir el cuerpo como una singularidad. El cuerpo se convierte en una manifestación de una colectividad a ser borrada, su manipulación convirtiendo lo que antes era una persona humana en un “extraño abominable”. Tales prácticas son cada vez más evidentes en la guerra hoy.

Centro para el programa de Isis es su pretensión de herencia musulmana – observen la vestimenta de al-Baghdadi. Parte de contrarrestar esto requiere la comprensión de las fuentes de la época de su ideología y de su violencia. De ninguna manera se puede entender eso como una vuelta a los orígenes del Islam. Se trata de una tesis central de sus partidarios, a la que no se debe dar ningún crédito en absoluto.

Este artículo fue publicado originalmente en “The Conversation”.

Fuente: El Espía Digital

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5 comentarios to “Los yihadistas del Isis no son medievales, están influenciados por la filosofía moderna occidental”

  1. Un artículo muy necesario, lamentablemente es cada día más imprescindible explicar cosas obvias: ¿hay algo más “moderno” que ser revolucionario o terrorista?

  2. Muy acertado. Todos los reformistas islámicos fueron de formación europea y adeptos a la masonería y desconocedores de la cuidadosa y minuciosa legislación tradiciona islámica. Los métodos terroristas del Isis son la encarnación del anti-islam.

    Un español, Yasín trigo tiene realizado un esclarecedor trabajo que explica el origen y los artífices de este pseudo-islam antitradicional, del que copìo una parte:

    Muhammad Abduh, discípulo destacado de Al-Afghani, fue una marioneta política de los ingleses para destruir Islam. Fue nombrado por su amigo Lord Cromer director (Shayj) de Al-Azhar, en El Cairo, a la que convirtió en un nido de hipócritas (munafikun), tras interrumpir los planes de estudio, dificultando la enseñanza de las ciencias islámicas. En su libro más conocido, Risalah al-Tawhid (“Tratado de la unicidad divina”), considerado como la Biblia del reformismo musulmán, intenta demostrar la unidad entre fe y razón, partiendo de una correcta posición jurídica de la creencia (´aqida) ash´ari, hasta que al final del libro presenta unas opiniones claramente contrarias al Islam, llegando incluso a proclamar la abrogación de los ayats coránicos relativos al Yihad. Como refiere Mohamed T. Bensaada, “contra una tradición religiosa marcada demasiado tiempo por un asharismo degenerado en el cual el hombre estaba preso en una predestinación divina mal entendida, Muhammad Abduh va a destacar la importancia de la libertad humana, sin la cual no hay responsabilidad”; una posición audaz, “hasta el punto que se ha visto en él un pragmatismo casi agnóstico”, dado que sostiene que “la revelación religiosa no inventa ex nihilo los preceptos morales, en la medida en que estos últimos dependen de una existencia histórica objetiva. Sólo la debilidad y la ignorancia de los hombres justifican, según M. Abduh, el recurso a la revelación religiosa y a la profecía”.
    Tras su exilio de París y la colaboración en la revista Al-Urwa al-Wuthqa, M. Abduh volvió a Egipto, donde se dedicó a reformar la administración, los métodos de enseñanza y también los programas de la universidad de ciencias religiosas de Al-Azhar, de la que llegó a ser Gran Imam, al mismo tiempo que Gran Maestre de la Logia Unida de Egipto. Para ello fundó “una asociación clandestina cuyo objetivo es aproximar a los fieles de las tres religiones monoteístas, el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam, postulando que la esencia de las religiones es una sola, la búsqueda de la verdad” (Nour Eddine Affaya). Una síntesis o, lo que es lo mismo, un eclecticismo netamente masónico. De hecho —como continúa diciendo N. E. Affaya—, M. Abduh “se adhirió a la masonería (de la cual su maestro Jamal al-Din al-Afghani y otros intelectuales de la época también formaron parte) sabiendo que esa adhesión significaba la aprobación de los grandes principios de la Revolución francesa (libertad, igualdad y fraternidad) y el alejamiento de la Iglesia del campo de la investigación científica”.
    A partir de entonces editó y participó en numerosas revistas de difusión entre los musulmanes, en los que trató de conciliar el Islam y las exigencias del progreso, marcado fundamentalmente por el racionalismo y el humanismo, una vez rechazada la autoridad de las escuelas jurídicas del Islam sunnita. Con su discípulo Rachid Rida fundó la revista Al-Manar, que se convirtió en el órgano de la corriente salafista árabe y de la cual Rida continuará siendo redactor jefe tras la muerte de su maestro, trasladando años más tarde la sede de la revista a Ryad (Arabia Saudita), donde conoció una inflexión bajo la influencia del wahhabismo. En dicha revista atacaron con cinismo al Califato islámico (aunque nunca lo denunciaron expresamente), se toleró el poder inglés, se animó la no resistencia en Túnez y Argelia al poder francés, se condenó el sufismo, y se defendió a los bancos y a la democracia. Es significativo, a este respecto, que la primera sentencia (fatwa) que hizo M. Abduh como Shayj de Al-Azhar fuera la admisión por primera vez de los bancos en Egipto. En recompensa, fue nombrado Gran Mufti de Egipto (1899).
    Tanto Al-Afghani como M. Abduh tenían en común estos objetivos: la liberación de la influencia otomana; la independencia de Al-Azhar del Shayj al-Islam de Estambul; la reducción de todas las escuelas de jurisprudencia (fiqh) a una escuela común, reconociendo a los jawarich como una escuela legítima; y, finalmente, la apertura del ijtihad, esto es, el esfuerzo o práctica del juicio personal en cuestiones legales. Tras ellos floreció un importante elenco de intelectuales reformistas en todo el mundo musulmán, quienes se proponían el objetivo de movilizar a los pueblos conquistados contra las potencias europeas y de impulsar un movimiento de resistencia nacional conciliando Islam y modernidad.

  3. Gracias por su aportación. El trabajo al que hace referencia puede leerse en: http://yasintrigo.blogspot.com.es/2009/04/la-masoneria-y-los-modernismos.html

  4. Introduzco una crítica realizada en “facebú” por “Nasser Rh” y luego expongo mi comentario.
    Nasser Rh:
    “El autor establece analogías falaces y vulgares entre la revolución francesa y el ISIS, así como un desconocimiento total del origen del nacimiento de la idea de soberanía moderna, que es en realidad de Jean Bodin (siglo XVI, donde, en “Los seis libros de la república”, introduce el término), y que toma después Hobbes, y es:
    en primer lugar, muy posterior a la revolución que llama científica moderna de occidente, que realmente nace mucho antes, con Roger Bacon en el siglo XIII no en el siglo XVII (sin la revolución empirista de Bacon no habría mecanicismo de Descartes ni Newton en el siglo XVII)
    y en segundo lugar, la idea de soberanía del creador del término nada tiene nada que ver con la interpretación del autor del artículo, pues para Bodin la soberanía es terrenal y política (de ahí la novedad de Bodin respecto de sus predecesores, soberanía aplicado a lo terrenal y político y desvinculada de la religión) puesto que la universal, que es la de Dios, no está discusión, era bien conocida y estudiada por los escolásticos, además Jean Bodin era de educación escolástica.
    Y respecto a la revolución francesa….muchos errores. Es cierto que con ella nace la idea de “ciudadano universal”, así como la idea de “pueblo” en contraposición a la idea de “pueblo de Dios” de la iglesia católica. Pero olvida el autor, el “tercer estado de Sieyes” cuando habla de la relación estado-ciudadano al decir “nada debe actuar como barrera entre el ciudadano y el Estado” textualmente, desconociendo absolutamente que con la revolución francesa precisamente nace la nación política que se define como el cuerpo político que hace de INTERMEDIARIO entre “nación” (aquí como pueblo) y estado, sin perjuicio de que en la revolución francesa calara en las élites la idea de Rousseau a nivel ideológico frente a la de Montesquieu, pero en la práctica la figura de ente político intermediario es indiscutible.
    En fin, muchos errores de fondo que demuestran que ni al Mawdudi ni el autor artículo tenían idea alguna de lo que hablaban.”

  5. Unos cuantos apuntes sobre sus comentarios.
    1 – La analogía que realiza el autor entre la Revolución Francesa y el Estado Islamoide podrá ser «falaz», pero de ningún modo puede ser «vulgar» (al menos hasta ahora), pues en ningún colectivo de Oriente o de Occidente, del Norte o del Sur ha cundido esta idea, hasta el momento muy muy muy minoritaria.
    2 – Roger Bacon no provocó la revolución científica moderna: la propuso, en efecto, en el siglo XIII de la era cristiana (estudiando autores de la civilización islámica, por cierto) cuestionando las bases de la escolástica, pero no es hasta los siglos XVI y XVII cuando dicha revolución «se abre paso». Una cosa es un esbozo y otra ponerse manos a la obra.
    Por ejemplo: Pablo de Tarso propuso el cristianismo que conocemos en el siglo I… pero no es hasta los siglos IV y V cuando ese cristianismo se impone.
    Por cierto que fue otro Bacon, pero llamado Francis y que llegó nada menos que a ser canciller de Inglaterra, el más conocido impulsor del empirismo a comienzos del XVII.
    3 – La soberanía en el Estado Islamoide… ¿Acaso no es cruda e igualmente terrenal y política? ¿Que Bodin la desvincula de la religión? Bien ¿Acaso las Revoluciones Atlánticas -Angloamericana, Francesa, Española, Hispanoamericanas…- no vinculan la soberanía a una «religión secularizada» o antropocéntrica como los «derechos inalienables del hombre» -universal, inodoro, incoloro e insípido-?
    4 – Usted mismo hace -muy oportunamente- referencia a una de las contradicciones o tensiones internas de la revolución francesa, que puede sintetizarse, en efecto, entre la idea «nacional-naturalista» de Rousseau y la idea de nación política en concordancia con lo propuesto por Montesquieu: pero discrepo con su conclusión partiendo de la premisa que «en la práctica, la figura del ente político intermediario es indiscutible».
    Porque, por supuesto, «en la práctica» los entes políticos son indiscutibles… pero lo son los partidos políticos, las instituciones públicas, la prensa, los poderes fácticos, la clase dominante, los grupos de presión… PERO NO LA NACIÓN POLÍTICA que, por desgracia, no sirve de intermediaria entre el pueblo -o la nación prepolítica- y el poder soberano pues, en la práctica realmente práctica -y perdón por la redundancia-, esa nación no está «armada», no se encuentra vertebrada.
    En las sociedades contemporáneas, la «nación política», la «sociedad civil» son entes todo lo deseables que se quiera, pero, hoy por hoy, son entes fantasmales, autoengaños o se encuentran en «estado gaseoso». Ojalá existieran, pero como la famosa «Umma», sólo existen como consignas vulgarmente extendidas pero irreales.
    5 – Hombre, el autor está critica el pensamiento de Maududi. Por tanto, aunque Maududi estuviera equivocado con sus analogías ello no resta que, por muy falaces que fueran, tales analogías tuvieran efecto, una proyección posterior que es lo que se está criticando.
    Es como si, para criticar el apoyo de los movimientos neocristianos al sionismo dijéramos que el dispensacionismo -que es la principal cobertura religiosa de los mismos- es una herejía cristiana. Vale, bien, pero por muy falaz que sea el dispensacionismo desde el punto de vista de la ortodoxia cristiana, provocan EFECTOS ideológicos, sentimentales y prácticos bien REALES en las masas nominalmente cristianas que les llevan a apoyar los planes del Ente Sionista.

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