África y el mundo multipolar

VLADISLAV GULEVICH

por Vladislav GulevichA la luz de los recientes acontecimientos mundiales (disturbios en los países árabes, comercio ilegal de armas, dispersión de la amenaza terrorista por todo el mundo) África se encuentra en el centro de atención de la comunidad experta más frecuentemente. Esta región no está privada de las “joyas” enumeradas más arriba, y tropieza con las consecuencias de la guerra en Libia, así como con el incremento de la amenaza islamista representada por organizaciones extremistas tales como “Boko Haram” y “Ash-Shabaab”.

África siempre figuraba en los principales conceptos geopolíticos. Halford Mackinder, clásico del pensamiento geopolítico anglosajón, dividía África en tres grandes regiones – Sahara, África árabe y “el núcleo del sur”, que se extiende desde el Sahara hasta el cabo más al sur del continente (1). Karl Schmitt, destacado geopolítico alemán, incluía África en el espacio de la Gran Eurasia, al margen de la cual quedaban Australia y las dos Américas(2). La idea de la gran Eurasia de K. Schmitt se oponía a la doctrina de Monroe (América para los americanos), en la cual K. Schmitt veía una manifestación del voluntarismo geopolítico anglosajón. Como los americanos aspiraban a gobernar individualmente dentro de las fronteras de las dos Américas, K. Smith aspiraba a que Eurasia fuera gobernada por pueblos euroasiáticos. Desde el día en que K.Schmitt presentó su idea, la doctrina de Monroe adquirió otro contenido, no solamente interamericano, convirtiéndose en una estrategia de hegemonía planetaria de los Estados Unidos. La versión moderna de la doctrina de Monroe suena así: “América para los americanos y todo el mundo para los americanos”. Incluso África.

Ciertos países del continente africano son ricos en hidrocarburos (Angola, Nigeria, Libia, Sudán del Sur, Guinea Ecuatorial). Para Washington son una fuente importante para diversificar el suministro de energía. Y para 2015 el petroleo africano podría constituir casi una cuarta parte de todos los suministros extranjeros a los EEUU. Por eso, la atención del Pentágono hacia África solamente va a incrementarse. Además, a los Estados Unidos y la Unión Europea les ha surgido un competidor ambicioso, Pekín, cuya presencia se está haciendo todavía mas evidente en la región. Los chinos están infiltrándose lentamente, pero con perseverancia, en el ’reservado geopolítico” euro-americano, cerrando lucrativos contratos con los gobiernos locales.

Aquí nos acercamos plenamente al problema del orden mundial multipolar y al lugar de África en él. Debido al determinismo geográfico, Europa ha sido punto de referencia político-económico para África a lo largo de toda su historia reciente. Esto fuerza a ciertos geopolíticos a apartar “la zona euro-africana” (a la par de las zonas anglo-americana, pacífico-extremoriental y panasiática) como parte inalienable del mundo multipolar (3). La situación en África va a depender en gran medida de la posición de Europa. Los eventos de la guerra libia lo demostraron con toda evidencia. Cuanto mas atlantista, es decir, “americanocéntrica”, sea Europa, tanto más amplio y duradero será el control de África por parte de los EEUU.

La mayoría de los estados africanos viven de modo tradicional, se quedan irremediablemente detrás de la maquina económica de las principales potencias mundiales que están corriendo velozmente y han entrado en la época del turbocapitalismo, según la opinión de Edward Luttvak, famoso economista norteamericano. Mientras tanto, la mayoría de países africanos se hallan en posición de “agujero negro”, con la que nadie sabe claramente qué hacer. En el discurso político mundial sobrevuelan por ahora las nociones de “panamericanismo”, “panislamismo”, “panturkismo”, “panromanismo”, pero prácticamente no se oye nada acerca del panafricanismo.

Los primeros gérmenes de panafricanismo consciente se manifestaron en la obra político-social de William Du Bois (1868-1963), sociólogo, historiador y escritor norteamericano con raíces africanas. Du Bois se pronunciaba por la creación de una llamada elite negra que trabajara en bien de los afroamericanos. Su oponente táctico Booker Washington (1856-1915), defendía la igualdad racial y la integración socio- económica de la población blanca y la negra en EEUU.

La idea panafricana dio sus primeros pasos al margen de los Estados Unidos relativamente tarde: en ssentido amplio, la idea panafricana es debida a Kwame Nkrumah, primer presidente de Ghana. Nkrumah ,apoyado por Muammar El Gaddafi, se pronunciaba a favor de la creación de los Estados Unidos de África. Siendo persona de amplios pareceres, Nkrumah era oponente de la negritud (en la que veía un primitivo nacionalismo de negros) y sonaba con la consolidación del “gran espacio africano” en un único organismo geopolítico. Por ahora esta idea no ha sido realizada. Muammar El Gaddafi, líder de la Jamahiriya de Livia, fue su propagador mas notable. Él expresó esta idea por última vez en 2009, en Adís-Abeba.

El obstáculo para su realización no es solamente la lamentable condición de la economía de la mayoría de los países del continente negro, sino también su sorprendente variedad etnoreligiosa.

Es suficiente decir que si los Estados Unidos de África emergen en el mundo, su población hablaría casi 2000 lenguas, y tendría representantes de varias corrientes religiosas (catolicismo, ortodoxia, islam, creencias africanas tradicionales).

La división político-administrativa del continente africano es herencia de su pasado colonial, cuando las fronteras se delineaban según propósitos arbitrarios de la administración colonial. Los puntos más distantes en los límites del continente muestran ya por sus nombres la heterogeneidad etnoreligiosa, donde se observa la influencia cultural de las civilizaciones europea e islámica. El punto más al norte del continente es Cabo Blanco (Túnez). El punto más al sur, el cabo de las Aguljas (República de Sudáfrica); el más al oeste, el cabo Almadi (Senegal; y el más al este, el cabo Hafun (Somalia). Entre estos puntos desfila una larga hilera de pueblos y creencias que presenta agudos contrastes raciales y confesionales, lo cual no los hace mutuamente excluyentes. El continente africano en realidad está poblado por comunidades étnicas con un alto nivel de conciencia étnica, pero con un débil sentimiento de solidaridad interétnica. No se puede considerar África como un único espacio político-cultural si lo abordamos abordarlo desde posiciones unificadoras. Una África única y monolítica no ha existido nunca y nunca va a existir. La idea de los Estados Unidos de África imaginada por el presidente Kwame Nkrumah  se puede atribuir a la esfera del idealismo político.

Pero incorporar África al sistema del orden mundial multipolar es algo enteramente real, si se da a sus países la posibilidad de desarrollarse según la lógica natural. La decisión de crear la Comunidad Económica Africana (1991), y la formación de la Unión Africana (2002), son muestras de la aspiración del continente a  la integración.

Por el momento, la República de Sudáfrica (RSA) y Nigeria son los países más autorizados de África. Soal Kohen, moderno estratega norteamericano, en su sistema jerárquico de estados nacionales, ha clasificado la RSA como un país con alto nivel de control sobre su territorio, el cual cede considerablemente a líderes regionales como China, Rusia, la Unión Europea, sin hablar de los Estados Unidos como única superpotencia (4).

S.Cohen ha colocado a Nigeria en el mismo espacio que la RSA. Esta república es miembro del bloque BRICS como uno de los países más desarrollados económicamente en el continente.

Nigeria está abierta a la colaboración tanto con Pekin como con Moscú. Después de la desintegración de la URSS, Moscú tiene que abrir de nuevo África para sí en muchos aspectos. El rol y el lugar de África en el sistema del orden mundial multipolar depende de las relaciones entre Washington y Bruselas. El rol y el lugar de África en la política rusa también depende en gran medida de la posición de Rusia en Europa, y al mismo tiempo del dinamismo de las relaciones ruso-nigerianas y ruso-sudafricanas.

1.Mackinder H. Democratic Ideals and Reality: A Study in the Politics of Reconstruction, Washington D.C. National Defense University Press, 1996.

2. Schmitt K. Volkerrechhtliche Grossraumordnung mit  Inerventionsverbot furraumfremde machte. Ein Beitrag zum Reichsbegriff im Volkerrecht, Berlin, Wein,Leipzig, 1939.

3. Duguin A. Geopolitica, Moscu, “Gaudeamus”, 2011.

4. Cohen S. Geopolitics of World System, NY: Rowman&Littlefield Publishers, 2002.

Fuente: Disenso

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