Ucrania, el estado fallido

LEONID SAVIN
por Leonid SavinNuestro colega de Rusia L. Savin nos envía este importante trabajo para entender la crisis Ucrania y sus consecuencias geopolíticas regionales, es una clara visión distinta a la que nos tiene acostumbrado los medios masivos de comunicación occidentales. C.P.M.

Mientras Ucrania, o más bien lo que queda de ella, se encuentra en pleno proceso de redistribución de la propiedad y de desmantelamiento de los restos de su soberanía con la ayuda de los socios occidentales y las empresas transnacionales, se puede resumir algunos resultados relacionados con el estado de la educación y las reformas políticas de los últimos 10 años.

Nosotros distraemos intencionadamente los temas del mundo ruso y el espacio cultural e histórico común, preferencias territoriales que Ucrania ha recibido del poder soviético bajo Lenin, Stalin y Jruschov, y otros lugares comunes geopolíticos conocidos.

Echemos un vistazo a los últimos acontecimientos en Ucrania desde la posición de la escuela americana de la ciencia política, porque a la corriente de Kiev oficial le encanta repetir constantemente su amor y respeto por Washington.

Politólogos americanos y expertos en su tiempo introdujeron el concepto de Estado fallido – failed state. Por cierto, del inglés, este término puede ser traducido también como estado erróneo. Y para comprobar hasta qué punto Ucrania corresponde a este concepto, vamos a ver lo que pasó después de 1991, en el espacio postsoviético. Todas las repúblicas declararon su independencia y soberanía, aunque en varios lugares estallaron conflictos: en sus límites administrativos territoriales Moldavia no superó el test de resistencia, como prueba la separación de Moldavia de la región Transnistria (en algunos casos escrito como «Transdniéster», «Transdniestria» o «Cisdniéster», es un territorio ubicado principalmente entre el río Dniéster y la frontera oriental de la República de Moldavia con Ucrania. Desde su declaración de independencia en 1990 y especialmente después de la Guerra de Transnistria en 1992, es gobernada como la República Moldava Pridnestroviana -RMP, también conocida como «Pridnestrovia»-, un Estado  que reclama el territorio al este del río Dniéster, la ciudad de Bender y sus localidades circundantes ubicadas en la orilla oeste); en Georgia debido al comienzo de la limpieza étnica y la represión en Osetia del Sur y Abjasia; en Armenia y Azerbaiyán debido a las disputas territoriales. A pesar de la guerra civil, Tayikistán fue capaz de sobrevivir. Rusia también fue capaz de preservar su integridad, a pesar de la crisis de Chechenia y del separatismo. Ucrania, como Bielorrusia, estaban en la posición más ventajosa, pero la situación se estaba desarrollando en direcciones completamente diferentes. Después de la llegada al poder de Alexander Lukashenko, Bielorrusia ha tomado el camino del fortalecimiento de la soberanía y ha apoyado firmemente la idea de una política independiente, aunque con unos procesos de integración razonables. Pero Ucrania trató de jugar un doble juego. De una parte, el bloque GUAM (GUAM son las iniciales de los cuatro países que componen este bloque regional alrededor del Mar Negro: Georgia, Ucrania, Azerbaiyán, Moldavia. El grupo fue establecido en 1997, y en 1999 se sumó Uzbekistán, que se volvió a retirar en 2005), diseñado para asegurar un cordón sanitario en torno a Rusia. Pero el proyecto nació muerto, así como la cooperación con la OTAN, y la aplicación de la integración europea en el futuro. Por otro lado, se trataba simplemente de continuar recibiendo energía barata de Rusia y gastar las reservas acumuladas durante la era Soviética. Naturalmente, esto no podía durar para siempre y, con apoyo de Occidente, en Ucrania comenzó la construcción intensiva de la “sociedad civil”. En apoyo de esto fueron aportados fondos y recursos occidentales como un techo legítimo, y se creó un proyecto de Asociación Oriental, donde se asignó un papel importante a Polonia y Suecia.  Parecía que todo debía estar bien en Ucrania, funcionan  miles de instructores y agentes, el nacionalismo se hace más fuerte y los indicadores de democratización crecen. Pero cuando se ha iniciado el conflicto interno, un margen de seguridad ha desaparecido de inmediato.

Es obvio que si en la familia los propios niños se alejan de sus padres, entonces en casa ocurre algo disfuncional, y este problema debe ser resuelto con la ayuda de un tercero. Por cierto, en Europa occidental el estado mira atentamente la educación familiar y, si es necesario, envía a los niños a un orfanato o a padres adoptivos. Pero si la familia es fuerte y está unida, a pesar de la difícil situación, es probable que los pensamientos de fuga no vengan a la cabeza del niño y que él permanezca hasta su adolescencia cerca de sus padres. Esta analogía se puede usar con la península de Crimea. Es poco probable que la gran mayoría de los ciudadanos de la península, cualquiera que sea la propaganda llevada a cabo, y cualquiera que sea la preferencia económica que se le prometió, votaría a favor de la independencia de Ucrania y la reunificación con Rusia. Lo mismo puede decirse del Donbass. Hay regiones donde los “niños” quieren escapar rápidamente, pero están bajo una supervisión  muy fuerte y la amenaza de castigo es real. Por lo tanto, mientras tanto  callan y aguantan “palizas e insultos”.

La categoría de Estado fallido se acredita en muchos países, por ejemplo Afganistán. Sin embargo, incluso Afganistán, que sigue desgarrado por conflictos internos y sobrevivió a la ocupación militar estadounidense, permanece unido. Ucrania es un estado más parecido a Somalia, en pleno centro de Europa. Ahora queda por entender si fue un error la declaración de independencia en 1991, o los errores en el sistema durante el último período de la historia de Ucrania, ya sea en tiempos del presidente Kuchma, ya sea en tiempos del fanatismo de la revolución naranja de Yushchenko.

Por cierto, el estadounidense neoconservador Irving Kristol hizo una observación interesante acerca de la diferencia entre una democracia y una república. Él dijo que en una democracia a veces pueden gobernar las pasiones populares, pero que en una república se considera indigno y se toman medidas para que las pasiones estén subordinadas. Si tales emociones, que degeneran en violencia, se permitieran en Ucrania, es probable que en la clasificación de  Kristol Ucrania no fuera una república, aunque figure formalmente como tal. Vale la pena recordar las palabras del historiador Nikolai Ulyanov sobre la ley de la calle, es decir, el poder de la multitud. Si Ulyanov analizó la estructura de Hetmánschyna (hetmanato cosaco) y las revoluciones permanentes en la élite de los cosacos en Ucrania, esta fórmula es muy adecuada ahora para la situación actual, dado el hecho de que actualmente la élite está vinculada a fuerzas externas y también mantiene grandes cantidades de capital. Como escudo humano y carne de cañón están utilizando representantes jóvenes y sanos del pueblo ucraniano. Y a las fuerzas externas anteriormente citadas para sus propios intereses geopolíticos y económicos.

Por supuesto, podemos decir que la democracia no se da tan fácilmente, especialmente en los países en transición. Pero toda democracia tiene su propia complejidad. Ésta se hallaba en la antigua Grecia, en los EEUU, Suecia, Singapur y otros países industrializados. Y no es una cuestión de prosperidad económica y de desarrollo tecnológico, aunque estos indicadores pueden ser relevantes para la democracia.

El filósofo y culturólogo inglés Matthew Arnold dijo que “la dificultad de la democracia se encuentra en mantener unos altos ideales… Al mismo tiempo, que la actividad de los individuos que componen la nación, y que son muchos, esté sometida al servicio de un ideal, más elevado que el hombre común”. Pero, ¿acaso los patriotas ucranianos primitivos fueron capaces de formular un solo ideal? ¿Acaso la exención del visado a Europa, los ataques callejeros contra opositores políticos y los saltos al grito de “quien no salte es  moscovita” son altos ideales?

Y ahora vamos a hablar de las últimas reformas radicales ocurridas bajo el gobierno de las revoluciones. Reproducimos la opinión de la respetada filósofa política liberal estadounidense Hannah Arendt. Ella escribe que la revolución es un fenómeno político, la encarnación de las ideas filosóficas, que requiere unas metas y medios muy equilibrados, y precaución y cuidado. Una revolución triunfante no puede guiarse por el sentimiento de la plebe. La plebe y los marginados siempre estarán presentes en la revolución, pero para que la revolución no se transforme en revuelta social es necesario mantener a la multitud en la periferia.

Hay otro método para derrocar al gobierno. El motín. Hannah Arendt llama a la rebelión apasionada la negación del status quo – en forma de instituciones y formas de vida asociadas a estas instituciones. Sin embargo, ¿las instituciones existentes fueron destruidas en Ucrania? Simplemente, los puestos burocráticos fueron ocupados por otras personas, sobre todo sin conocimientos y sin la experiencia adecuada, lo que dio lugar a una nueva serie de problemas en los diversos campos, e incluso a la búsqueda de directivos para puestos ministeriales en el extranjero. Si hablamos de los hechos reales, destruyeron sólo monumentos de la era soviética y la infraestructura civil en el Donbass. Por lo tanto, incluso el motín apareció de alguna manera inacabado, aunque en sus espasmos ha matado a miles de ciudadanos  en Odessa, en Donbass, en los calabozos del Servicio de Seguridad de Ucrania y en las calles de diferentes ciudades a manos de los criminales, crímenes disfrazados de simbolismo político.

Así que esta llamada revolución fue falsa (un fake) debido a su naturaleza, y aceleró en gran medida la desintegración del Estado ucraniano. El estado actual de los ciudadanos ucranianos sólo puede ser descrito como un escapismo social, mientras que los usurpadores del poder, escupiendo en las leyes de la geopolítica, están explorando activamente los restos de los activos restantes de la era Soviética con sus socios extranjeros .

Fuente: Dossier Geopolítico

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