Crítica al eurasianismo intelectual de Gabor Vona

EURASIA

por Lic. y Prof. Mario Accorsi – “En los parajes sombríos de la historia, el hombre debe resignarse a mirar con paciencia las soberbias humanas.” (Nicolás Gómez Dávila)

Introducción

El 24 de noviembre de este año apareció un artículo muy interesante en el sitio Página Transversal (https://paginatransversal.wordpress.com/2014/11/27/algunas-reflexiones-sobre-la-creacion-del-eurasianismo-intelectual/) titulado “Algunas reflexiones sobre la creación del eurasianismo intelectual”. El autor del mismo es Gábor Vona, líder del partido político húngaro Magyarországért Mozgalom (Movimiento Por una Hungría Mejor), abreviado habitualmente como Jobbik.

Diagnóstico y propuesta de Gabor Vona

El líder húngaro parte del supuesto de que “el mundo globalizado de hoy está en crisis” y que esa crisis es consecuencia del carácter antitradicional de la globalización. La región euroatlántica “se esfuerza por imponer su propio modelo económico, político e intelectual al resto del mundo de una forma inorgánica, por la fuerza directa e indirecta, y con una clara intención de dominarlo”. La crisis no es económica, política, ni es producto del famoso choque de culturas o civilizaciones, sino que el origen de la misma es “una crisis del intelecto humano, y puede ser caracterizada como un conflicto entre los valores tradicionales (el significado convencional, normal, humano) y la antitradición (el significado moderno, anormal, subhumano), que actualmente domina el mundo cada vez más”.

Asimismo, para Gabor Vona, el euroatlantismo puede ser identificado como la antitradición y es Occidente el que “lleva la crisis consigo, de tal modo que cuando coloniza el mundo, de hecho extiende también un virus intelectual”

El líder del partido húngaro considera que el verdadero problema del euroatlantismo es su naturaleza antitradicional y que para hacerle frente no basta con construir otro frente antitradicional sino que se debe presentar “una respuesta supranacional y tradicional a la crisis internacional”.

Se pregunta por qué no se puede dar una respuesta tradicional dentro del marco euroatlántico. Su respuesta es clara: la modernidad antitradicional nació en Occidente, Occidente que tuvo bases tradicionales mucho más débiles que las de Oriente. Concluye diciendo:

La realidad es que el establecimiento de un marco tradicional verdaderamente supranacional sólo puede venir desde el Oriente.”

El fundamento de la resistencia a la corrupción que viene del Occidente y de la restauración mundial es la Tradición Metafísica como único centro intelectual fecundante del euroasianismo. En este punto Vona se apoya en el concepto de Tradición Metafísica desarrollado por René Guenón, Julius Evola y Frithjof Schuon considerándolos “las figuras clave en la restauración de la filosofía tradicional, fueron los que tuvieron la comprensión más profunda y más clara de lo trascendental, metafísica unidad de las religiones y de las culturas de Oriente y Occidente.” Y concluye que “sus enseñanzas se remontan a esas fuentes intelectuales antiguas que pueden proporcionar un sentido de comunión para el despertar de los cristianos, los ortodoxos, los musulmanes, los hindúes y los budistas de Occidente”

He aquí la clave para la lucha y el éxito del euroasianismo: “un fundamento que pueda garantizar perspectivas supranacionales y suprareligiosas, así como también una centralidad intelectual. La Tradición metafísica puede garantizar estas dos: universalidad y cualidad.” Así, el euroasianismo se transforma en un proceso civilizador mundial que no homogeniza las culturas sino que les da un marco en donde desarrollar sus tradiciones. Por eso dice el húngaro que “cada región, nación y país debe encontrar su propia forma de encajar orgánica y armoniosamente en sus propias tradiciones el enfoque filosófico tradicional del eurasianismo intelectual.” Y concluye que “el eurasianismo intelectual promueve la auto-realización y la consecución de los objetivos intelectuales de todas las naciones y culturas en su propio espacio.”

En conclusión, el euroasianismo intelectual propuesto es la creación de un frente “tradicional”, la unión de las tradiciones religiosas que han sido desplazadas del centro de la escena luego de perder la batalla intelectual y material contra la modernidad occidental.

¿Qué es la Tradición Metafísica?

La Tradición Metafísica es el concepto guenoniano de Tradición Primordial: desde el inicio histórico de la humanidad existió una Tradición única de donde abrevaron las demás tradiciones religiosas, algo así como la matriz de donde surgieron las tradiciones particulares. Estas han sido moldeadas por la mentalidad de cada pueblo.

El criterio de ortodoxia de cada forma tradicional particular, vale decir su legitimidad o autenticidad institucional, se mide en relación al vínculo interno u esotérico que mantengan con la tradición primordial. Es ella las que las nutre con su sabia o influencia espiritual. Existen niveles de graduación al interior de cada tradición sagrada que van desde lo más exterior (exotérico) hasta lo más interior (esotérico).

La adaptación contingente en el devenir histórico es lo que hace que exteriormente todas estas tradiciones presenten una anatomía diferente, pero esta diferencia exterior es solamente formal y accidental pues en el fondo todas son lo mismo y se identifican esotéricamente con la tradición primordial. Cada tradición tiene su propia forma dependiendo la mentalidad del pueblo o raza en la que se haya desarrollado pero en el fondo todas comparten un mismo conocimiento metafísico y simbólico proveniente de la Tradición Primordial. La obra de Rene Guenon es fundamental en ese sentido ya que proporciona las “claves” necesarias para acceder a la comprensión intelectual (revelación cognitiva) de este núcleo metafísico y principal al interior de todas las tradiciones[1].

¿Qué consecuencias puede traer esta teoría?

Primero y principal, la formación de un Imperio Mundial con un centro intelectual (o que se arrogue ser el centro intelectual) origen y fundamento de todas las tradiciones particulares. La Historia nos ha mostrado como un Imperio puede caer en la más clara opresión: el Imperio Romano era una unidad política y espiritual que permitía todas las tradiciones religiosas pero castigaba duramente a quienes se nieguen a rendir culto público al emperador. La condición sine qua non para pertenecer al euroasianismo es aceptar la llamada Tradición Primordial, presupuesto sin el cual es imposible no solo fundarlo sino convivir con él. ¿Qué pasaría si nuestra Tradición no acepta la Tradición de otro pueblo? ¿Solo se solucionaría con el concepto geopolítico de multipolaridad? ¿Serían unidades cerradas sin conexión pero respetuosas unas de otras? ¿Por qué se va a dar ese respeto? La historia demuestra que cuando los pueblos vivían en sus tradiciones, cuando la modernidad aún no existía, tampoco había concordia y paz.

Segundo. Se desprende de esta teoría una concepción jerárquica en cuanto al acercamiento que cada tradición particular tenga a la Tradición Primordial (esotérico): cuanto más cerca este del núcleo esotérico más perfecta será esa tradición particular. Ahora bien, ¿quién o quiénes definen cuan cerca está cada tradición particular del centro intelectual? Los iluminados, una elite tradicional que ha sido iniciada en los secretos primordiales. De hecho, para René Guenón la única institución occidental que permite la iniciación en los misterios de la Tradición Primordial es la masonería [2].

La paradoja de la Tradición

Nuestra Tradición es Católica (que significa Universal). Para nosotros la Tradición es una de las fuentes de nuestra Fe, junto con las Sagradas Escrituras, donde están las enseñanzas del Fundador de la Iglesia Católica, Jesucristo, y el Magisterio. Jesucristo fundó a su Iglesia y puso como vicario a San Pedro a quien le prometió la asistencia del Espíritu Santo para enseñar su doctrina y gobernar su Iglesia. La Iglesia es Apostólica, en Ella se transmite este poder de gobernar, generación tras generación, hasta el fin de los tiempos, pues así nos lo prometió el Mesías.

Para nosotros Jesucristo es el Mesías que vino a pagar la deuda que el ser humano tiene desde el Pecado Original, deuda infinita por ser el ofendido Infinito, y que solo puede satisfacer su Divino Hijo, que es Verdadero Dios y Verdadero Hombre. Él es la fuente de toda tradición, de toda verdad.

Jesucristo, que es Dios, ha Revelado todo lo necesario para nuestra salvación. Nada más se puede saber, nada más se puede conocer. Y lo ha hecho público, como lo demostró con su vida. El grado de comprensión de la Verdad depende de la disposición de cada alma a la Gracia Divina, y no de su iniciación a esa Verdad. Todo está ahí, no hay nada oculto. De hecho, Revelación quiere decir eso: manifestar una Verdad que estaba oculta, hacerla pública y para todos.

Jesucristo dijo “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.” (Jn 14:6) siendo el Padre la Sabiduría Plena, la Suma Bondad, la Justicia, el Amor. El Camino que Dios nos da es la Iglesia Católica fundada por su Divino Hijo. Fuera de ella no hay salvación, fuera de ella no se llega a la Sabiduría Plena y Total. Podrá haber destellos de esta Verdad diseminados por el mundo, sí, pero ya no son necesarios buscarlos pues se han mostrado a todas las naciones y a todos los hombres (o casi todos) en la Iglesia de Cristo.

La propuesta gomezdaviliana: el reaccionario.

No queremos atacar a esta propuesta contra la modernidad ya que de hecho nos ha dado muchas alegrías. Aceptamos la buena voluntad de sus impulsores y entendemos que en tamaño desorden se hayan enfocado en dichos autores. Su lucha puede darnos la libertad necesaria para mostrarle a Jesucristo, a la verdadera restauración en Cristo, como pedía San Pio X. Pero no podemos aceptar los principios filosóficos que mueven al euroasianismo intelectual propuesto por Gabor Vona porque van contra nuestra tradición cristiana.

¿Cuál es, entonces, nuestra posición? Nuestra posición es la del reaccionario gomezdaviliano.

No somos conservadores, somos reaccionarios. Gómez Dávila decía que “el conservatismo de cada época es el contrapeso a la estupidez del día” [3]. El conservador sostiene el sistema. Nosotros queremos eliminarlo.

Entonces, ¿somos tradicionalistas al estilo de Burke, por ejemplo? Tampoco. Porque quien hoy “parta de postulados similares a los de esos hombres tiene que ser partidario de una violencia revolucionaria análoga a la que ellos criticaron” [4].

No queremos vivir en el pasado y tampoco vivir pensando en el futuro, queremos ir más alto.

Si el progresista se vierte hacia el futuro, y el conservador hacia el pasado, el reaccionario no mide sus anhelos con la historia de ayer o con la historia de mañana. El reaccionario no aclama lo que ha de traer el alba próxima, ni se aferra a las últimas sombras de la noche. Su morada se levanta en ese espacio luminoso donde las esencias lo interpelan con sus presencias inmortales” [5].

La virtud de la esperanza nos guía. No esperamos ningún triunfo humano, pero estaremos ahí cuando la lucha arrecie. Nuestra actitud es expectante pero nuestra reacción, cuando el tiempo sea propicio, será determinante. Gómez Dávila decía que “cuando el tedio y el asco engendren tiempos propicios, la reacción no será trivialmente revolucionaria sino radicalmente metanoiática” [6]. Pedimos el cambio espiritual que luego ordenará los demás aspectos de la realidad humana. Nos preparamos para gobernarlo pero no gobernamos, porque “el reaccionario que intenta gobernar en tiempos democráticos envilece sus principios imponiéndolos con procedimientos jacobinos. El reaccionario no debe confiar en aventuras sino esperar una mutación de la mente” [7].

No es miedo, no es espanto, no es detención el estado en el que estamos, es expectación.

El reaccionario no se abstiene de actuar porque el riesgo lo espante, sino porque estima que actualmente las fuerzas sociales se vierten raudas hacia la meta que desdeña. Dentro del actual proceso, las fuerzas sociales han cavado su cauce en la roca, y nada torcerá su curso mientras no se desemboquen en el raso de una llanura incierta. La gesticulación de los náufragos solo hace fluir sus cuerpos paralelamente a distinta orilla.” [8].

Notas

[1] En: La Tradición en los últimos tiempos (blog) http://urizen1982.blogspot.com.ar/2013/04/rene-guenon-la-tradicion-primordial-y_19.html

[2] Guenón, René: Ideas sobre la iniciación, Villain y Belhomme – ed. tradicionales, París, 1973, p. 41.

[3] Gómez Dávila, Nicolás: Escolios, II, p.366.

[4] – Notas, p.287.

[5] – El reaccionario auténtico. En: Revista Universidad de Antioquia, Vol. 240, 1995, p.19.

[6] – Escolios, II, p.146.

[7] – Escolios, I, p.381.

[8] – El reaccionario auténtico.

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One Comment to “Crítica al eurasianismo intelectual de Gabor Vona”

  1. Pregunta: ¿Qué pasaría si nuestra Tradición no acepta la Tradición de “otro pueblo”?
    Respuesta: Pues que seguiremos cagándola -con perdón-.
    (y, dicho sea de paso, los pueblos NO tienen una sola tradición)

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