Antifascismo y extrema derecha, compañeros de armas en el Donbass

por Marta Ter y Abel RiuPor considerarlo de interés para nuestros lectores, reproducimos a continuación el artículo publicado por Marta Ter (coordinadora de txetxènia.org) y Abel Riu (politólogo especializado en el espacio ex-soviético), donde se visualiza desde posiciones de extrema izquierda el cambio de coordenadas en la realidad geopolítica, dando lugar a fenómenos hasta ahora insospechados.

El pasado domingo 2 de noviembre se celebraron elecciones legislativas en las regiones del Donbass controladas por los rebeldes pro rusos, en las que se impusieron con claridad la lista “oficialista” de Aleksander Zajarchenko (Donetsk) e Igor Plotnitsky (Lugansk). A pesar del alto el fuego acordado el 5 de septiembre en el marco del Protocolo de Minsk, los combates y el intercambio de fuego siguen sacudiendo esa región cada vez más alejada de Ucrania a nivel político y afectivo.

Durante los últimos meses la lucha en el Donbass ha atraído voluntarios de lugares muy diversos. Milicianos llegados de países como Serbia, la República Checa, Alemania, Hungría, Polonia, Italia, España, Francia, Grecia, Israel, Brasil, Australia, o incluso, de Estados Unidos se han incorporado a las filas de las Repúblicas Populares de Donetsk (RPD) y Lugansk (RPL). También, evidentemente, de Rusia y de otras antiguas repúblicas de la URSS como Bielorrusia o Kazajstán.

Izquierda y antifascismo

Empezando por la izquierda, la guerra en el este de Ucrania ha atraído a militantes comunistas de países del sur de Europa como Francia o España. Uno de los casos más conocidos -tanto en el Donbass como en el exterior- es el de Rafael Muñoz y Ángel, militantes de las juventudes de Izquierda Unida uno y los Colectivos de Jóvenes Comunistas el otro, los cuales se incorporaron en las filas de la RPD -concretamente al Batallón Vostok- a principios de verano.

A día de hoy, otros voluntarios españoles que se han unido a las filas, y están agrupados la mayoría de ellos en la Brigada Carlos Palomino, bautizada así en memoria del joven antifascista madrileño asesinado por un militar neonazi el diciembre de 2007. Durante los últimos meses se han alistado también unos 200 voluntarios comunistas llegados de Rusia (algunos de ellos miembros del Partido Comunista de la Federación Rusa) buena parte de los cuales se han incorporado al batallón “Prizrak” (Fantasma).

Estos, junto con grupos de combatientes comunistas locales, han formado la llamada Guardia Roja del Donbass, con el objetivo de coordinar todas las facciones comunistas y antifascistas que luchan en el territorio.

Sin embargo, no todas las organizaciones antifascistas rusas apoyan los rebeldes del Donbass, y en este sentido el pasado mes de agosto se publicó un comunicado firmado por más de 100 organizaciones y grupos de música antifascistas de ese país en el que explicaban sus motivos para no apoyar ninguno de los dos bandos en conflicto (ni el gobierno de Ucrania ni las fuerzas rebeldes), considerando que tanto unos como otros representaban los intereses de dos polos imperialistas (EEUU y Rusia).

Para los militantes extranjeros de izquierda involucrados en la guerra en el Donbass, ésta es ante todo una lucha del pueblo de Novorossiya (recuperando el término acuñado durante la época zarista y que engloba algunas regiones del sureste de la actual Ucrania ) contra el fascismo (ucraniano, en este caso), comparándola en múltiples ocasiones con la Guerra Civil española.

Del mismo modo, la consideran una lucha contra el antiimperialismo americano y lo que entienden como operación occidental para apoderarse de todo el territorio ucraniano, argumentando también su presencia en el marco de la solidaridad internacionalista. En línea con este posicionamiento, la banda de música ska italiana Banda Bassotti llegó hasta el punto de organizar una caravana de solidaridad antifascista con el Donbass, recogiendo fondos y ofreciendo dos conciertos, uno en Rostov del Don y uno en la misma ciudad de Donetsk. Curiosamente, las autoridades de la DPR prohibieron la participación de candidaturas comunistas en las elecciones que tuvieron lugar en las zonas controladas por los rebeldes el pasado domingo.

Según palabras de Miroslav Rudenko, uno de los primeros líderes que tuvo la República Popular de Donetsk, socialistas de países como Francia o Italia ven el Donbass como “parte de su lucha contra el capitalismo y contra el poder de las multinacionales“. “La mayoría de voluntarios extranjeros son idealistas, lo que ayuda a nuestra gente a mantener fuerte el espíritu de lucha“, apunta el mismo Rudenko. En este sentido, ya en el mes de junio las autoridades locales comenzaron a recuperar la idea de las Brigadas Internacionales que lucharon con el bando republicano durante la Guerra Civil Española de 1936-39. En declaraciones hechas el pasado mes de julio, el mismo Alexander Borodai -ex-primer ministro de la RPD- hizo una analogía de la guerra en el Donbass con la resistencia antifascista de la Guerra Civil española, llamando a voluntarios extranjeros de los países de Europa, América, Asia y África a alistarse en las filas en el Donbass.

Extrema derecha rusa

En el Donbass también se encuentran voluntarios de ideologías antagónicas a las mencionadas y que, paradójicamente, luchan juntos a favor de Novorrosiya. Hablamos de la extrema derecha, que como veremos, también tiene adeptos en las Repúblicas Populares de Donetsk y de Lugansk.

En Rusia, la crisis ucraniana ha provocado un seísmo en el seno de los principales grupos ultranacionalistas. La mayor parte de estos grupos apoyan a Novorrosiya pero también hay grupos de ultraderecha que apoyan Maidán. En algunos movimientos, el debate en torno a este conflicto ha causado la escisión o cierre de sus organizaciones.

Los principales grupos de extrema derecha rusos que apoyan Novorrosiya y que regularmente envían voluntarios al Donbass son las Juventudes Euroasiáticas de Duguin, Sputnik y Progrom, el Movimiento Imperial Ruso, las Milicias de Minin y Pozharski y los grupos neonazis Centuria Negra y Unidad Nacional Russa.

Uno de los grupos de milicianos de la organización Unidad Nacional Rusa.

De los anteriores, hay dos grupos que son especialmente activos a la hora de enviar voluntarios al Donbass; se trata del «Movimiento Imperial Ruso» y del grupo neonazi «Unidad Nacional Rusa». Ambos ofrecen «cursos de formación» a los voluntarios que quieren ir a luchar en el Donbass, y en sus páginas web hay fotografías donde se evidencia que han enviado decenas de combatientes.

A favor de la revuelta de Maidán encontramos un grupo neonazi ruso, Restrukt, que apoya Pravy Sektor. Uno de sus antiguos líderes, Roman Zhelezniov, es ahora voluntario en el batallón Azov. La organización ultraderechista Natsionalnoe Demokratie se posicionó en un principio a favor de Maidan, pero posteriormente algunos de sus miembros pasaron a apoyar las fuerzas de Novorrosiya. Por este motivo se produjo un enfrentamiento tan duro entre sus miembros que el grupo, según informa su página web, ha cancelado de momento todas sus actividades.

Finalmente, encontramos dos grupos que a pesar de continuar funcionando con normalidad están internamente divididos en cuanto al apoyo a Novorrosiya: son el grupo xenófobo «Movimiento Contra la Inmigración ilegal» DPNI y los neonazis de la «Unión Eslava» de Demuixkin.

Los grupos ultranacionalistas mencionados son heterogéneos y, dentro del espectro de la extrema derecha tienen idearios divergentes. Los principales motivos que les han llevado a unirse para defender Novorrosiya son básicamente dos. En primer lugar, defender «el mundo ruso» -representado en este caso por los rusos étnicos de la región del Donbass- de la agresión llevada a cabo por el gobierno de Kiev.

En segundo lugar, defienden una reconstrucción del espacio postsoviético basado en la hegemonía incontestada de Moscú. En este sentido, en una entrevista a Alexander Duguin de abril de 2014, este declaró que la crisis de Ucrania implicaría el nacimiento de una «Gran Rusia» la cual debería incluir aproximadamente el territorio que Moscú dominaba en el época de máximo esplendor del Imperio Ruso.

Los planteamientos de Duguin conectan perfectamente con los grupos de extrema derecha neoimperialistas. Por este motivo es tan común ver banderas imperiales así como algunas imágenes de los zares entre los milicianos de extrema derecha que luchan en el Donbass, haciendo referencia sobre todo a la figura de Nicolás II -último zar de la dinastía Romanov- y a su familia.

Esta amalgama de grupos comparten tres características que forman parte del núcleo de su ideología: son fervientes creyentes de la fe ortodoxa y afirman que ésta es un principio civilizador que convierte a Rusia en un país único y singular; son profundamente antisemitas y xenófobos, y creen en la supremacía eslava; y por último, sienten un profundo rechazo hacia occidente, considerado el principal enemigo que históricamente ha tratado de subyugar Rusia.

Tradicionalismo, eurasianismo y hermandad eslava

Dentro del espectro ideológico que estos voluntarios extranjeros representan en el Donbass, se encuentran también grupos tradicionalistas moderados. Los cosacos, por ejemplo, organizaciones militares que durante la Rusia zarista se encargaban de vigilar las fronteras del imperio a la vez que suministraban hombres para varias guerras a las órdenes del zar. Hoy en día aún existen agrupaciones de cosacos en Rusia, todas ellas inspiradas en los valores del imperialismo ruso, el conservadurismo social y la ultraortodoxa religiosa. Ya durante la anexión de Crimea, cerca de 1.000 cosacos fueron enviados a la península por el Kremlin, y 18 de ellos fueron condecorados por el Presidente Putin por haber protegido la seguridad durante la organización del referéndum del 16 de Marzo (Argumenty y Fakty, 23 de abril).

Del mismo modo, cuando estalló el conflicto en el Este de Ucrania, los cosacos del Don y de Kubán fueron los primeros en ayudar a los rusos étnicos de esta región. Ahora mismo son los grupos de voluntarios más numerosos, a los que se han unido cosacos de otras regiones de Rusia, como por ejemplo de los Urales.

En el Donbass se encuentran también varios grupos de combatientes tradicionalistas y conservadores venidos de diversos puntos de la Europa central, occidental y los Balcanes. El más conocido de todos es probablemente el que forman los chetniks serbios. Representan uno de los contingentes de voluntarios extranjeros más numerosos de entre los que luchan en el Donbass apoyando los rebeldes pro rusos (hasta 250 efectivos, la mayor parte agrupados en el llamado “Destacamento Jovan Savic”). Aunque normalmente se atribuye la implicación de combatientes serbios a la conocida hermandad ruso-serbia, según el experto en temas de seguridad serbio Zoran Dragishich el dinero también juega un papel muy importante para estos experimentados mercenarios, habiendo participado algunos de ellos previamente en otros conflictos como el de Siria o Irak.

Milutin Malisic, miembro de uno de los grupos paramilitares chetniks presentes en el Donbass.

Otro de los destacamentos de voluntarios extranjeros más conocido es el de los húngaros, agrupados dentro de la Legión de San Istvan, formado por húngaros étnicos procedentes de Rumanía, la zona de los Cárpatos ucranianos, Eslovaquia y la misma Hungría. Influenciados por las teorías eurasianistas de Alexander Duguin, ven en la Rusia de Putin no sólo un referente en cuanto a la defensa de valores antiliberales y tradicionales, sino también una aliada clave en su lucha por reconstruir la Gran Hungría, para la que la desmembración territorial de Ucrania es un paso indispensable.

En la misma línea encontramos el Batallón Ivan Georgievich Kundrat, formado por rutenos étnicos de la Transcarpatia, Eslovaquia oriental, Hungría y Polonia, con cerca de 400 voluntarios -según declaran ellos mismos. Para los combatientes rutenos (pueblo eslavo oriental esparcido por varios países del centro y este de Europa) la guerra en el Donbass representa una oportunidad de reivindicar la unidad de los cuatro pueblos eslavos orientales (rusos, bielorrusos, ucranianos y los propios rutenos), apoyando así lo que entienden como proyecto de Moscú para llevar a cabo esta unidad neoimperial.

Hay evidencias que prueban la presencia de voluntarios eslovacos, los cuales junto con otros milicianos del centro y este de Europa luchan en el Donbass “para honrar la amistad entre pueblos eslavos”. Estos y otros grupos de voluntarios integran algunos de los elementos presentes en el ideario eurasianista creado por Alexander Duguin, pero sin autodefinirse como tales. Sin embargo, al Donbass también han llegado voluntarios extranjeros para los que el principal referente teórico es el propio eurasianismo de Duguin, tanto de Francia (Unité Continentale y otros), como de Italia (organización Millenium – Partido Comunitarista Europeo) y Polonia (organización Falanga).

El Donbass como experimento eurasianista

La amalgama de diferentes organizaciones, partidos y grupos ideológicos presentes en el Donbass pone de relieve hasta qué punto las teorías de Alexander Duguin han influido en la política exterior rusa y en el desarrollo de muchos de los conflictos que tienen lugar en las antiguas repúblicas de la URSS. El eurasianismo nace a principios de los 90 como un instrumento que tiene como objetivo llenar el vacío ideológico con el que se encontró Rusia a partir de la caída de la URSS, y que entronca con el nacional-bolchevismo de Eduard Limonov. Junto con otros, como la Doctrina Karaganov, hoy en día se pueden encontrar elementos teóricos del eurasianismo en la política exterior del Kremlin, pero su objetivo es ir más allá.

En su obra La Cuarta Teoría Política, Duguin presenta lo que son las bases teóricas para una “Cuarta Ideología” que ha de emerger de las cenizas del comunismo, el fascismo y el liberalismo, que el autor considera obsoletas.

Desde un punto de vista geopolítico, el eurasianismo traspasa las fronteras de la “Gran Rusia”, presentándose como un mosaico transnacional e inclusivo, desde Lisboa hasta Vladivostok. A nivel ideológico, Duguin fusiona elementos de izquierda como el anticapitalismo, el antiimperialismo y el antifascismo con otros más vinculados tradicionalmente con la derecha como el euroescepticismo o antiliberalismo social de corte conservador, proyectando una concepción de la política identitaria como elemento clave en política exterior.

Uno de los elementos principales del discurso de Duguin que ha atraído la simpatía de buena parte de la izquierda europea es el antifascismo, muy presente en el Donbass como factor legitimitzador. Sin embargo, si observamos con atención a los adeptos al eurosianismo, encontramos que organizaciones de extrema derecha rusas o del resto de Europa como Jobbik, Amanecer Dorado o el Movimiento Social Republicano tienen vínculos con el eurasianismo. En el discurso de Duguin estas organizaciones encuentran una fuente de inspiración, sobre todo como proyecto geopolítico antiatlantista y de retorno a los valores tradicionales.

Según el relato eurasianista, Rusia es una potencia antifascista por antonomasia, siendo un factor intrínsecamente nacional y vinculado a su historia, sobre todo en referencia a la victoria sobre la Alemania nazi durante la Gran Guerra Patriótica (así llaman todavía en Rusia la Segunda Guerra mundial). De esta manera, el antifascismo se muestra no tanto como reacción al fascismo clásico sino como elemento de nation-building ruso, proyectable hacia el exterior. Según esta teoría, alinearse con Rusia implica pertenecer al bloque antifascista, mientras que estar contra Rusia presupone ser fascista.

Durante los últimos años, Alexander Duguin ha trabajado intensamente para extender su red de organizaciones afines más allá de las fronteras rusas, con el objetivo sobre todo de buscar apoyos a la política exterior de Moscú. Todos estos esfuerzos han dado sus frutos, y no sorprende pues la diversidad de organizaciones e ideologías presentes en el Donbass, cada una de ellas con sus respectivos motivos para apoyar esa lucha, algunas por propia iniciativa y otros por invitación.

El hecho de que dentro de las filas de Novororossiya a día de hoy estén conviviendo y colaborando con tanta facilidad comunistas con neofascistas y extrema derecha con extrema izquierda (una situación impensable hace pocas décadas) indica que, al menos en ese territorio, el sueño de Duguin comienza a tomar forma.

Fuente: El Espía Digital

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