La victoria de Rouseff en Brasil es otra victoria del mundo multipolar frente a EEUU

BRICS
por Juan Aguilar* – En la primera vuelta de las elecciones en Brasil, casi todas las encuestas acerca de la intención de votos le daban el triunfo a Dilma Rouseff. Inicialmente se pronosticó una carrera sumamente disputada con Marina Silva, pero, a partir de que la campaña de Dilma radicalizó su orientación de izquierda se debilitó la posición de la candidata del Partido Socialista y al final, la victoria de Dilma tuvo como su más cercano opositor al candidato del PSDB Aecio Neves, a quien se le presagiaba el tercer lugar.

Para esta segunda vuelta decisiva programada para el 26 de octubre, la opción era bien simple. Sólo había un candidato de la izquierda y otro de la derecha. Uno representaba las aspiraciones de las grandes masas populares y otro que respondía a los intereses conservadores del sistema capitalista.

Los conservadores apoyaban sus esperanzas en el hecho de que aunque la votación por Dilma fue superior a la de Neves, que fue segundo, y a la de Marina Silva, que quedó tercera, la suma de los votos a favor de ambos en la primera vuelta superó en más de 13 millones el número de sufragios que tuvo Dilma.

Las posibilidades electorales de Aecio Neves, el candidato de la derecha, dependían de cuánto pueda edulcorar sus programas a fin de captar el sufragio de la ciudadanía incauta, porque Neves era el candidato de los bancos privados nacionales y extranjeros, las empresas periodísticas, un segmento anti PT del empresariado nacional, las clases medias altas y parte de los sectores medios que se ven reflejados en los modelos de consumo y la política de los más ricos.

Neves representa la política brasileña tradicional, vinculada estrechamente con el neoliberalismo, el predominio del capital financiero, y la orientación al desarrollo de alianzas y relaciones más estrechos con Estados Unidos y las naciones industrializadas en detrimento de los nexos con Latinoamérica y el Tercer Mundo. Neves es partidario de las políticas de libre comercio, en especial de tratados de librecambio con las naciones más ricas.

Fue gobernador del estado de Minas Gerais durante dos periodos y se atribuye a su mala gestión el hecho de que, en ese estado que se consideraba feudo político de su familia, la candidata Dilma Rousseff venciera por amplio margen al del PSDB en la reciente primera vuelta de las elecciones y que el candidato a gobernador del PT derrotara por amplio margen al del PSDB.

Se sabía que la batalla electoral sería muy dura, dado que lo que estaba en juego es la continuidad de un proyecto de país que inició Lula da Silva y Dilma Rousseff promete profundizar y mejorar. La alternativa que encarnaba Aecio significaba el retorno a una fórmula ya probada durante los dos mandatos presidenciales de Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), cuyos resultados defraudaron a la mayoría de los brasileños.

La gestión global que promete Dilma tiene el sólido respaldo de una ejecutoria que llevó a Brasil a convertirse, de oscuro aliado menor de Estados Unidos, sin peso internacional significativo, en la prestigiosa séptima economía mundial que es hoy, con liderazgo no solo regional, sino global como miembro del grupo BRICS de países en vías de desarrollo llamado a contrarrestar la hegemonía unipolar imperialista.

En el terreno de la política continental, la dupla Lula-Dilma representa la defensa de la soberanía e independencia, el apoyo a la unidad e integración de América Latina y el Caribe, la solidaridad con Venezuela, Cuba y los demás procesos anti neoliberales de la región, y a favor de la paz mundial.

Brasil bajo presión de la CIA

Más de 200 políticos, intelectuales, activistas, artistas, gente del arte y la cultura firmaron un manifiesto, el pasado 26 de octubre, para llamar la atención sobre las acciones hostiles de Washington, con el objetivo de impedir la reelección de la presidenta Dilma Rousseff. El documento dice que un posible ascenso al poder de Aécio Neves, del PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña), que representa los intereses de los magnates, hubiera causado un daño irreparable al país. Neves hubiera desempeñado el papel de instrumento obediente en manos del gobierno de Estados Unidos. Washington hizo todo lo posible para lograr que Neves fuera el vencedor. Algunas cosas se hicieron discretamente; otras fueron acciones completamente clandestinas.

Se han movilizando todos los recursos publicitarios y de información de la CIA para apoyar a Neves. Cerca de 80 millones de brasileños tienen acceso a Internet, 150 millones son usuarios de teléfonos móviles. Los servicios especiales de EE.UU. conocen muy bien las numerosas técnicas para desestabilizar países. Recientemente, el país fue escenario de “protestas” contra la Copa del Mundo, lo que demuestra que hay fuerzas ya desplegadas en Brasil, listas para ser activadas en el escenario de una “revolución de color” en cualquier momento.

En Brasil no existe ninguna restricción sobre el funcionamiento de las organizaciones no gubernamentales (ONG), y muchas de las ONG que operan en Brasil tienen vínculos directos con el personal de la embajada y los consulados de los Estados Unidos, como con los operadores de la United States Agency for International Development [Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional], USAID. La inteligencia humana se usa para desacreditar las políticas del gobierno de Dilma Rousseff. Esparcen mentiras y desinformación, que pintan al gobierno como ineficaz e ineficiente, por todos los medios disponibles. “Expertos” de la televisión predecían el colapso nacional en el caso de que la actual presidenta fuera reelecta. Distribuyeron resultados dudosos de “encuestas de intención de voto” que sólo confunden a la gente y complican aún más cualquier visión objetiva de la realidad.

La prensa, utilizada como vehículo de propaganda dedicada a la distribución de “información” de investigaciones que realizan las mismas empresas de noticias, o encomiendan a otras empresas, repitieron sin descanso la frase “empate técnico”, que da lugar a la manipulación, falsificación y distorsión de los hechos, de los cuales la CIA se sirve para empujar el “liderazgo” del candidato cuya elección es más importante para EE.UU.

Rubens Antonio Barbosa es el jefe de asesores para asuntos internacionales de Aécio Neves. Muchos partidarios de Rousseff lo ven como el principal agente de la CIA en Brasil. Barbosa fue embajador de Brasil en Washington y presidente del Consejo Superior de Comercio Exterior de la Federación de Industrias del Estado de San Paulo. De acuerdo con su orientación pro-estadounidense, habla de “despolitizar la política exterior” y de que Brasil “reconsidere sus prioridades estratégicas en relación con EE.UU. y China.” Tras el pico del escándalo de espionaje, cuando se reveló que la CIA había estado espiando los teléfonos de la presidenta Rousseff, de los miembros del gabinete, comandantes militares y los servicios especiales, y después de que el presidente Obama se negara a pedir una disculpa formal, Brasil pasó a fortalecer sus relaciones con China, su mayor socio comercial desde el gobierno del ex presidente Lula da Silva. Barbosa dijo que en el caso de que Neves llegara al poder, EE.UU. volverá a ocupar la posición correcta (es decir, dominante) en las prioridades de la política exterior de Brasil. Esto es lo que se jugaba la República del Brasil.

Una de las expresiones más frecuentemente utilizadas por Barbosa ofrece una pista sobre lo que sería la política exterior de Brasil en un eventual gobierno del que éste participaría. Barbosa dijo que la protección de los intereses nacionales ya no será pasiva. Bolivia nacionalizó dos refinerías de Petrobras y el gobierno brasileño no hizo nada para proteger los intereses de Brasil. Neves y Barbosa prometían dar acceso a las compañías petroleras estadounidenses para extraer petróleo de la cuenca continental. El equipo de Neves dice que la política será “pragmática” y que se “corregirá” la posición de Brasil en temas como la relación con el Mercosur (Mercado Común del Sur, bloque sub-regional), con los BRICS y otros grupos internacionales.

Washington puso muchos esfuerzos en la preparación de las elecciones en Brasil. El Departamento de Estado y los Servicios Especiales enviaron docenas de agentes experimentados que ha trabajado en varias de estas operaciones, en todo el mundo. Por ejemplo, Liliana Ayalde, actual embajadora de EE.UU. en Brasil, hizo “un buen trabajo” en Paraguay al contener la propagación de la “ideología populista.” Ahora le toca el turno a Brasil.

Los principales agentes de la conspiración contra la presidenta Dilma son empleados de la embajada y consulados de Estados Unidos en Brasil: Alexis Ludwig (asesor político), Paloma Gonsalez (sección económica oficial), Samantha Carl-Yoder (Jefe de Sección Econ / Pol.) Kathryn Hoffman (secretaria política, Consulado General de EE.UU. en San Paulo) y Amy Radetsky (Cónsul Jefe de Asuntos Políticos y Económicos, Consulado General de los EE.UU. en Río de Janeiro).

El intelectual y político venezolano, Eleazar Díaz Rangel declaró que una posible derrota de Dilma sería “un desastre”. Los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff mejoraron la vida de decenas de millones en Brasil, que en el pasado vivían sin electricidad. El Partido de los Trabajadores ha iniciado cambios positivos drásticos en el continente sudamericano.

Los intereses de Estados Unidos en Brasil

Además de bloquear todos los proyectos de integración regional -del Mercosur a la Celac, pasando por la Unasur. En lo interno, buscaba un giro radical hacia políticas de mercado, con duro ajuste fiscal, que debilitaría el rol del Estado. Arminio Fraga, el comandante económico de Aécio Neves, dijo cosas muy significativas, que estuvieron de moda cuando él participaba en el gobierno de Cardoso: que el salario mínimo es muy alto en Brasil, frenando con ello la retomada del crecimiento de la economía. Que un cierto nivel de desempleo es saludable, claramente para debilitar la capacidad de negociación de los trabajadores. Que los bancos públicos han crecido demasiado, etc.

Hubiera sido un viraje netamente conservador, neoliberal, antipopular, entreguista, con todas sus letras. La campaña electoral brasileña demostró cómo el gran empresariado, en bloque, jugó en bloque en contra del gobierno, subiendo la Bolsa de Valores de Sao Paulo conforme había encuestas desfavorables a Dilma y bajando netamente cuando se daba lo contrario. Todo lo que Estados Unidos quería es que Brasil cambiara radicalmente de política, de inserción internacional, de modelo económico, de discurso político, de alianzas en la región y en el mundo. Pero gracias a Dios… perdieron.

Más aún, la situación en Brasil es además una especie de espejo de la situación en otros países en las Américas, fuertemente acosados por la derecha pronorteamericana. Lamentablemente, la memoria de los humanos es frágil. Para saber lo que hubiera significado la victoria del Partido “Americano” solo había que recordar cómo era Brasil cuando dominaban allí las políticas neoliberales.

Cuando Brasil era neoliberal

Para ello, nada más útil que el resumen hecho por TeleSur del Brasil neoliberal. El modelo neoliberal en Brasil se inició con el gobierno de Fernando Collor de Melo en 1990 y continuó durante los dos mandatos de Fernando Henrique Cardoso. Cardoso llegó al poder prometiendo:

  • Estabilidad monetaria producto del combate a la inflación.
  • Desarrollo económico por medio de inversiones extranjeras portadoras de la modernidad tecnológica.
  • Generación de empleos.
  • Redistribución de la renta.
  • Acceso del país al primer mundo.

Cardoso gobernó con mayoría absoluta en el Congreso, en coalición entre su partido, Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), con la derecha tradicional. Obtuvo el apoyo del empresariado nacional e internacional y gobernó con el beneplácito de la gran prensa. Las promesas no fueron cumplidas y las transformaciones llevaron a Brasil a otro puerto.

La herencia del PSDB

El crecimiento económico no fue retomado. Se incrementó el déficit público a través de políticas de endeudamiento con los sectores privados y los organismos internacionales.

La apertura neoliberal elevó las importaciones y produjo un déficit en la balanza comercial aumentados por el ingreso de capitales especulativos. Las exportaciones pasaron de 35 a 52 billones de dólares de 1992 a 1997, mientras las importaciones se triplicaron, ascendiendo de 20,5 a 61,3 billones. La balanza comercial pasó de un superávit de 15,2 billones de dólares al déficit de 8,3 billones.

Hubo un proceso de financiarización de la economía. El papel hegemónico en la economía lo pasó a tener el capital financiero. Los bancos fueron los grandes beneficiados del período.

Disminuyó la inversión pública en salud y educación. El presupuesto para la educación mermó del 20,3% en 1995, a 8,9% en 2000. en contraste los intereses para el pago de la deuda subieron del 24,9% de los ingresos a 55,1% en 2000.

Cardoso debilitó la capacidad regulatoria del Estado afectando los derechos de los trabajadores. Como consecuencia, hubo una política de “flexibilización laboral”que llevó a los trabajadores a no disponer de contratos formales, precarizando el empleo.

Creció el trabajo informal llegando al 55% en 2000, mientras el trabajo formal sólo alcanzó el 45%, rompiendo la tendencia inversa que se mantenía en Brasil.

Aumentó el desempleo, la economía informal y se deterioraron los servicios públicos. La clase media fue la principal afectada por las políticas neoliberales de Cardoso.

En los sectores pobres de la periferia urbana (40% de la población) se agravó la crisis social, creció la miseria, la exclusión social, la violencia, el narcotráfico. Se agravó la ausencia del Estado, permitiendo un posicionamiento de los grupos delincuenciales.

Este fue el país que encontró Luis Ignacio Lula Da Silva y el Partido de los Trabajadores al asumir el gobierno.

De momento al menos, Brasil se ha salvado de retornar al negro túnel del neoliberalismo, no abandonará los BRICS, empujará la integración Iberoamericana y sus ciudadanos no sufrirán las políticas depredadoras del capitalismo internacional. Es una victoria de los brasileños, de los iberoamericanos y de los pueblos del mundo que sienten que ha llegado el momento de que la Historia diga ¡basta! a décadas de infamia.

*Director de Elespiadigital.com

Fuente: El Espía Digital

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