Limpieza étnica por todos los medios: la verdadera política de ‘paz’ israelí

ISRAEL ENTIDAD SIONISTA ASESINA

por Ilan Pappé y Samer Jaber – Los árboles de pino en Palestina aparecieron con la creación del Estado de Israel. El pino es generalmente una especie europea que antes del siglo XX no se había observado en Oriente Medio. Fue traído a Palestina por los colonos sionistas, por dos razones principales.

Árboles de pino en el bosque Yatir, creado para desplazar a los residentes beduinos de la aldea no reconocida de Atir. La leyenda original en la foto de la página web israeltoday.co.il dice “Desde la formación del Estado de Israel, se han sembrado árboles para crear bosques en lo que fueron desiertos estériles durante siglos en Tierra Santa.”

En primer lugar, para darles a los colonos judíos la sensación de que habían migrado a un lugar que era parte de Europa. Al ‘europeizar’ Palestina, también se la ‘civilizaría’, reemplazando la población local inferior por una superior. Así, el sionismo no era sólo la redención de un mundo remoto, sino que también la revitalización de lo que a sus ojos era un desierto, tanto ecológica como culturalmente.

La segunda razón para su importación era de tipo práctica: fueron traídos para cubrir las huellas de la limpieza étnica de Palestina que tuvo lugar entre 1947 y 1948 y produjo la catástrofe palestina, la Nakba. El pino, de rápido crecimiento, fue ampliamente utilizado para crear parques nacionales y ocultar las ruinas de los pueblos palestinos destruidos y los barrios desalojadas por la fuerza en 1948.

Estos bosques se presentaron más tarde como los pulmones verdes de Israel, una alfombra ecológica para cubrir una tierra estéril. El mayor de estos “pulmones” es el Parque Nacional de Carmel en Haifa, uno de los primeros proyectos que trataron de borrar a los palestinos y la sociedad que existió allí durante siglos. Este bosque se extiende sobre pueblos como Ijzim, Umm al-Zinat y Khubbaza que han desaparecido y ya no se encuentran en el mapa.

Este método no se detuvo en 1948. Cuando Israel ocupó Cisjordania y Jerusalén en 1967, los bosques de pinos se plantaron una vez más para cubrir la nueva oleada de pueblos destruidos (Imwas, Yalo y Beit Nouba) en el Valle de Latrun, alrededor de Jerusalén. En su lugar se construyó el Parque Canada, el ‘pulmón verde’ para ocultar la inhumanidad del despojo de las aldeas palestinas.

Cubrir la limpieza étnica con bosques de pinos es probablemente el más cínico método empleado por Israel en su intento de ocupar tanto de Palestina como le sea posible con el menor número de palestinos que le sea posible.

Otro método utilizado tanto en 1948 como en 1967 fue renombrar los pueblos palestinos como asentamientos judíos, apropiándose del nombre árabe de la comunidad Palestina destruida para la construcción del nuevo asentamiento. Un comité de nomenclatura formado en 1949 ‘judaizó’ los nombres árabes al hebreo. El pueblo palestino de Lubya se convirtió en Kibbutz Lavi y la ciudad palestina de Asqalan se convirtió en la ciudad israelí de Ashkelon. Después de la ocupación de 1967, el asentamiento de Tekoa fue construido sobre la aldea cisjordana de Tuqu’.

El método principal sin embargo no fue la creación de parques y bosques, o el reemplazo del nombre de los pueblos palestinos. Fue, y sigue siendo, la colonización. Para tener éxito, estos esfuerzos ilegales propios del siglo XiX, tuvieron que ser aceptado y aprobados, aún en el 2014, por la sociedad judía israelí.

La expansión colonialista israelí en Cisjordania es vista por el ‘mainstream’ israelí como algo normal y necesario. Para la mayoría es un derecho histórico y para el resto se justifica como respuesta al crecimiento natural de la población judía en los asentamientos. En efecto, la colonización de Cisjordania ha anexado una gran parte del territorio a Israel (independientemente de cualquier acuerdo de paz futuro). Los palestinos en la vecindad de las colonias fueron sometidos a otras formas de limpieza étnica: expropiación de sus tierras, que alambradas, cercas y paredes que les encarcelan en sus propias tierras.

Por lo tanto la limpieza étnica de Israel permite al ser humano, así como los paisajes geográficos de Palestina. El control sobre el paisaje no se limita a la Palestina de 1948 o la Cisjordania de 1967. Es parte esencial del proyecto sionista hoy. Dentro de la línea verde, donde viven los palestinos que sobrevivieron a la Nakba, el plan maestro espacial prohíbe los permisos de construcción o ampliación del espacio otorgado a la población nativa que es ‘oficialmente’ ciudadana de Israel.

El control de la apropiación ecológica y espacial ha cambiado con los años; en estos días está gestionado por las fuerzas políticas de derecha israelíes. En el pasado, era la izquierda sionista que establecía los hechos sobre el terreno – sin anunciar públicamente las verdaderas intenciones detrás de ellos mientras mantenían sus acciones con un discurso jurídico que deliberadamente confuso, usando el derecho internacional, la ley jordana y la ley otomana para justificar la expropiación de tierras palestinas como “tierras del Estado”.

Antes y durante el llamado ‘proceso de paz’ iniciado en 1993, se mantuvo una política de hechos consumados a través de la construcción de colonias. Se pidió a los negociadores palestinos legitimar esta política a través de acuerdos, lo que hasta ahora se han negado a hacer. La derecha política israelí declara públicamente su deseo de cubrir Cisjordania con lo que llaman “asentamientos”, que en realidad son colonias propias del siglo XIX. Ni siquiera buscan, como lo hicieron sus predecesores, un acuerdo con los negociadores palestinos mientras continúan con sus políticas unilaterales.

La política de limpieza étnica, en sus distintos métodos desde 1948, es un tema consensuado en Israel y por tanto deja muy poca esperanza para la paz y la reconciliación. La actual izquierda israelí, auto-procalamada como el “bloque de la paz ‘, está dispuesto a oponerse a los nuevos asentamientos, pero se niega a reconocer la injusticia histórica infligida a los palestinos en 1948 y niega a los palestinos desplazados su derecho a regresar a sus hogares y tierra natal. La mayoría de sus miembros también aprueban la anexión a Israel de lo que llama “bloques de asentamientos”, grandes franjas de colonias judías ilegales en distintas partes de Cisjordania.

La negativa a reconocer el derecho del retorno y el deseo de mantener el bloque de asentamientos buscan mantener a Israel como un estado judío en la Palestina histórica, dejando a los palestinos una limitada soberanía, en un Estado sin ninguna viabilidad real, mientras que los palestinos dentro de Israel tendrían que aceptar una nacionalidad de segundo grado.

La estrategia de limpieza étnica se ‘vende’ de manera diferente dentro del país y en el exterior. Se habla de la necesidad de “preservar la identidad judía” frente a la opinión pública israelí, mientras en el extranjero se habla de la “necesidad de seguridad de Israel”. Tomados en conjunto estos pretextos o excusas forman el consenso israelí detrás de la estrategia de limpieza étnica.

Estos conceptos se utilizan ampliamente en todo el espectro político en Israel y constituyen el marco para el “consenso nacional” israelí. Además, consolidan los instrumentos políticos que niegan los derechos de los pueblos indígenas de Palestina y aún más su objetivo de mantener una mayoría judía.

Otra forma de limpieza étnica es el Muro de Apartheid que rodea las principales comunidades palestinas en Cisjordania, combinado con el sistema de control que Israel ejerce en los pasos fronterizos locales e internacionales. Ellos permiten a Israel obtener el máximo control sobre la población palestina al mínimo costo. Al mismo tiempo, los colonos israelíes se conectan con las principales ciudades israelíes a través de un moderno sistema de carreteras y circunvalaciones. Estas carreteras han sido construida de manera tal que los colonos no necesitan observar los pueblos o ‘molestas’ aldeas palestinas que viven encarcelados a su alrededor.

Este deseo de invisibilizar a los palestinos es evidente cuando se navega por los sitios web de las empresas de bienes raíces israelíes. Es difícil de encontrar en ellas alguna referencia a la presencia palestina en las propiedades o barrios ofrecidos para la venta.

El principal atractivo que se menciona en estos anuncios es que esas áreas no tienen ‘ninguna amenaza a la seguridad’ o que se encuentran no muy lejos de ‘una importante ciudad israelí’. Esta práctica de asegurar de manera explícita o implícita a los posibles compradores que la nueva propiedad no tendrá árabes en ella, en sus inmediaciones o en el futuro, no se limita a Cisjordania. Dentro de Israel en áreas como Safed, donde los estudiantes israelíes y palestinos van a la universidad, hay una campaña explícita para asegurar que los últimos no puedan conseguir alojamiento en la ciudad y los sitios web declaran públicamente que la venta es sólo a los judíos, señalando que su propiedad pertenece al Fondo Nacional Judío. Esta excusa se utiliza también en las ciudades mixtas como Haifa y Jaffa para atraer a los compradores a áreas ‘sólo para judías’.

Las políticas contra la repatriación de los refugiados palestinos es otro tipo de limpieza étnica. Su prohibición de volver no tiene nada que ver con cuestiones de absorción o la capacidad del país, sino con su nacionalidad. Israel es un país donde la ciudadanía no tiene ninguna relación con la nacionalidad de una persona. El judaísmo es una religión que se convirtió en una nación por medio del proyecto sionista que creó a Israel. En consecuencia los judíos-israelíes pertenecen a la nación judía y los árabes palestinos son una minoría. Cualquier judío en el mundo puede convertirse en ciudadano de Israel, mientras que un palestino cuyo hogar siempre ha sido esa tierra es un residente con derechos desiguales o simplemente no obtiene en absoluto la ciudadanía

El peor método de limpieza étnica es el que se impuso en la Franja de Gaza a partir del 2006 cuando los palestinos fueron ubicados fuera de la vista y más allá del cómputo demográfico mediante la imposición de un asedio a los 1,8 millones de personas que viven allí. Israel lo explicó como medida de seguridad, pero en verdad es parte de la estrategia de limpieza étnica que en este caso puede fácilmente convertirse en una política genocida. No es de extrañar que los palestinos se resistan a la limpieza étnica, con todo lo que tienen.

Lo que la limpieza étnica permitió a Israel hacer fue olvidar a los palestinos encerrados a través de todos los métodos usados para apropiarse de la tierra y “resolver” el problema demográfico. Aun cuando en la desesperación, el pueblo de Gaza se resistió al peor de estos métodos, ello no afectó a la mayoría de los israelíes. La carnicería que fue transmitida a todo el mundo, no pareció mover a los israelíes que continuaron, a pesar de lo que la propaganda israelí intentó retratar, su vida normal. La vida cotidiana se afectó por algunas semanas en ciertas partes de Israel, pero esto no fue suficiente para alertar a la sociedad israelí frente a los crímenes cometidos en su nombre.

El problema de Israel no es por tanto una u otra política, sino la estrategia que mantiene desde 1948, más cruel y eficaz que otras acciones similares en Medio Oriente y el mundo.

*Ilan Pappé es Director del Centro Europeo de Estudios Palestinos en la Universidad de Exeter. Samer Jaber es un activista político e investigador. Es el director general de Dar el-Karma Inc. for Media, Researches and Publications.

Fuente: Palestinalibre.org

Fuente: El Espía Digital

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