¿Dinamitó la CIA la posibilidad de que España entrara en el “club de los poderosos” asesinando a Carrero Blanco?

CRISTINA SANCHEZ

por Cristina Sánchez – ¿Tienen algo que ver la soberanía nacional de España, el asesinato de Carrero Blanco por la CIA y la energía atómica? Pues eso parece. Con Carrero Blanco saltó por los aires toda posibilidad de que España tuviera un peso específico en el tablero de la política internacional y la geo-estrategia. Es obvio decir que por eso murió. Con su muerte, los norteamericanos evitaban la posibilidad de que España “contara”, y se sumaban un lacayo más a la larga lista de países que atesoran en servidumbre.

No estamos aquí cuestionando la bondad o maldad intrínseca de la energía atómica. Es manifiesto, que a nadie le gusta acostarse con la bomba atómica. Psicópatas aparte. Me gustaría evitar el rasgue de vestiduras general de foros socialdemócratas, pacifistas, colectivos varios, femens y compañía, etcétera, etcétera… hablamos de soberanía, hablamos de poder tomar nuestras propias decisiones en materia de Economía, Cultura, Defensa, Agricultura… en todo. Porque eso es lo que supone tener voz y voto en el mapa político internacional. Y ese fue el juego que España perdió en los últimos años de la dictadura franquista.

1974. Año de la redacción del informe de la CIA

El 17 de mayo de 1974 la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) redacta un informe, desclasificado en 2008 a petición del Archivo Nacional de Seguridad de la Universidad George Washington. En el mismo se indica que, el Gobierno de Franco ha venido proyectando el desarrollo de un pequeño arsenal nuclear para reforzar su posición internacional, con ánimo de exhibir su músculo militar a Gran Bretaña, por la cuestión de Gibraltar y al soberano de Marruecos, Hasán II, por Ceuta, Melilla y el Sáhara. En el mismo, se señala la probabilidad de un nuevo enemigo, “impredecible”: la nueva y descolonizada Argelia, de la que se temía, pudiese pactar con Rabat.

En el democrático -por supuesto- informe de la CIA, de unas 50 páginas de extensión, se podía leer: “España es uno de los paí­ses de Europa merecedores de atención por su posible proliferación de armas nucleares en los próximos años […] Tiene reservas propias de uranio de moderado tamaño, un extenso programa de desarrollo nuclear (tres reactores operativos, siete en construcción y otros diecisiete más en proyecto) y una planta piloto de enriquecimiento de uranio”. Entre otras consideraciones de orden político.

La CIA estima que los datos son materia suficiente para incorporar a España en el grupo de “países peligrosos”, junto a Brasil, Irán, Corea del Sur, Pakistán y Egipto. Es decir, que un día, no muy lejano, tuvimos el peculiar honor, si se me permite, de pertenecer al bloque de los países no alineados con la globalización. Pero sigamos. El informe estimaba que este grupo indisciplinado de países, algunos de los cuales han capitaneado el famosos “eje del mal” unos años más tarde, necesitarían “diez años para desarrollar su programa nuclear“. El verdadero “peligro” de estos países que no se atienen a las normas del amo, radicaba exactamente, según la inteligentísima agencia norteamericana, en que “alguno de ellos podrí­a detonar un ingenio experimental antes de ese tiempo, quizás considerablemente antes, adquiriendo material u obteniendo ayuda extranjera“. Ayuda que, al parecer De Gaulle estaba dispuesto a ofrecer a España. Pero ahora iremos con eso.

El informe recuerda que a pesar de que España “tiene un acuerdo militar bilateral con EEUU, que los dirigentes españoles ven como una oferta de mayor seguridad que su independiente capacidad nuclear” –o eso creían ellos haciendo uso de su habitual prepotencia-, no se excluye la posibilidad de una improbable combinación de circunstancias: a saber, la localización de España, respecto a Gibraltar y el Norte de África, o la posibilidad de que España viese mermada su capacidad de seguridad, por parte de EEUU y la OTAN, que unidas o por separado, pudieran o pudiesen convertirse en una razón para que España desarrollase su “propia capacidad nuclear”.

KISSINGER CARRERO BLANCO

1970 y 1971: el cuartel general de Langley se rinde ante la posición geoestratégica de la Península Ibérica: “el ombligo del mundo

Mientras los generales de la OAS conspiran contra De Gaulle y se refugian en Madrid –Pierre Lagaillarde, Jacques Soustelle, Jean Garden, Lin Sarrien, entre otros-, lo que, como no podía ser de otra manera, supone un fuerte dolor de cabeza para el almirante Carrero, llegan noticias de Langley. “¿Ha caído usted en la cuenta de que España es el ombligo del mundo?”. La anécdota es del general Fernández Monzón, un capitán de los Servicios de Información, hombre de confianza del almirante, que intercambiaba información con la CIA y viajaba con frecuencia a su cuartel general en Langley. En una de esas reuniones, un militar norteamericano despliega un mapamundi y pregunta al agente español qué es lo que ve. Fernández Monzón responde: “un mapamundi“, “¿y en el centro?“, insiste el yanqui, “la pení­nsula Ibérica“, contesta Fernández. “Pues por eso está usted aquí“.

La CIA no iba desencaminada

Según el texto de Roberto Qumata, publicado hace unos años en El Correo, “la CIA estaba en lo cierto”. El almirante Luis Carrero Blanco “desvió cuantiosos fondos para dotar a España de la tecnología nuclear de doble uso civil y militar, al mismo tiempo que imipidió las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica, OIEA, y se negó a firmar el Tratado de No Proliferación, TNP”. Y aunque hoy nos parezca una “iranada” de la vida, estos fueron los planes que inspiraron la doctrina de las FAS, hasta que en los años ochenta, el presidente socialista, Felipe González, dio al traste con ellos, firmando el TNP y metiéndonos de lleno en la Organización del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN, que independientemente de todo su discurso oficial de buenas intenciones, se ha convertido hoy en el primer agresor mundial contra todas aquellas naciones soberanas que osan disentir de los planes estadounidenses que conllevan la globalización. A saber, el liberalismo planetario para uso y disfrute de unos pocos.

Según informaba la otrora doctrina militar del Ejército Español, la Armada daba luz verde y apoyaba sin fisuras la idea de construir dos sumergibles propulsados por energía atómica. Dos submarinos nucleares apostados en el estrecho bastarían para abortar los planes marroquíes de invadir Ceuta y Melilla. Sólo resta poner “los millones sobre la mesa”, recordaba Qumata.

No era una idea descabellada, la existencia de la central nuclear de Vandellós posibilitaba la obtención de plutonio para fines militares. Y por otra parte, el uranio, de los 1,2 millones de toneladas localizados en Europa, España contaba con 4.650 toneladas, convirtiéndose así en el segundo país de la Unión Europea en reservas evaluadas, por detrás de Francia, con 13.460. En Galicia, por ejemplo, la mineralización en rocas plutónicas epigenéticas se localizaba en Sas do Monte, municipio de Montederramo, provincia de Ourense,  y en Friol y Vilamaior, provincia de Lugo, mientras que las rocas metamórficas singenéticas, lo hacían en O Porriño, Pontevedra, según publicaba El Correo tiempo después. Por su parte, la obtención de plutonio era factible a través del proceso de fisión con el uranio, que se obtenía a través de los residuos de centrales como la de Vandellós que, por su grafito, es altamente plutonífera.

Dado que una bomba atómica es posible a partir de los 17 kilos de uranio enriquecido, España lo tiene todo para mostrar a Londres y Rabat su musculatura nuclear. Pero además, tal y como sospechaba la CIA en su informe, España cuenta con un aliado, el general De Gaulle, por el que Carrero siente especial predilección.

Según comenta en sus memorias el entonces embajador en Francia, José María de Areilza, “Francia está dispuesta a vender a España una central de grafito-gas”, lo que proporcionaría al Gobierno de Franco la posibilidad de disponer de una planta que no necesitaría enriquecer uranio para su funcionamiento, ya que bastaría con reutilizar sus residuos para obtener oro pulido de altísimo valor militar: plutonio.

Recordemos que la Francia del general De Gaulle no formaba parte de la estructura militar de la OTAN y que además, se había negado –al igual que Carrero, como veremos después-, a que los inspectores de la OIEA curioseasen sus instalaciones nucleares. Al tiempo, el almirante Carrero se resiste a entrar en la Alianza Atlántica y se niega a firmar el TNP. Nos parecerá mentira, pero hubo un tiempo en que dos viejas naciones vecinas se negaban a que una joven nación, por muy poderosa que fuese, anduviese por ahí husmeando, mientras prohibían husmear en lo suyo. Esta postura es la que De Gaulle o Carrero conocían como igualdad. Tribulaciones aparte, lo que hoy es ya una evidencia  es que la actitud de Carrero Blanco firmó su sentencia de muerte.

La agencia TASS rusa denuncia que la CIA ha asesinado al Presidente de España

Otros fueron más rápidos en afirmarlo. No necesitaron que pasaran 40 años para hacer una miniserie de televisión, en dos capítulos, titulada: “El asesinato de Carrero Blanco”, protagonizada por José Ángel Egido, que se mete magistralmente en la piel de Carrero. La agencia soviética de noticias Tass acusó inmediatamente a la CIA de asesinar al almirante, un político, publicaron “franquista, de tendencia nacionalista, que se niega a entrar en la OTAN y a cumplir ciegamente las órdenes de Washington”. Se pudo decir más alto, pero no más claro. Algún tiempo después, Joaquín Díaz Moreno, autor del libro, “Consideraciones en torno a Gibraltar, Ceuta y Melilla”, contestaba de manera enigmática a una pregunta que formaba parte de la entrevista que le realizaría el diario El Correo respecto a los acontecimientos acaecidos en estas fechas. Decir que Moreno anduvo por esa época escalando puestos en la Administración franquista. Desde la Secretaría del Gobierno Civil de Pontevedra hasta la Subdirección General de la Policía. Conocía pues, de primera mano, desde el asunto de Palomares, que enlazaremos a continuación, hasta los entresijos del Campo de Gibraltar, como jefe de Policía que fue. Circunstancia por la que era conocedor de los primeros escarceos de Vladimir Putin, oficialmente “agregado comercial”, oficiosamente “espía” del KGB en la colonia británica. Moreno contestaba al asunto de Carrero: “¿Conoce usted Madrid? ¿La iglesia de San Francisco de Borja está frente a la embajada de EEUU?”

Décadas de los 50, 60 y 70: Puesta en marcha, financiación de la bomba atómica española y fin de la historia

Gibraltar, Ceuta y Melilla componen el “triángulo sensible”, de la política exterior del franquismo. Pero además, Vigón, que regresa desde Argentina en 1936 para ponerse a las órdenes de Franco tras el alzamiento del 18 de julio, Carrero y el ingeniero de la Armada, Navascués, comprenden, al día siguiente de la catástrofe sin precedentes de Hiroshima y Nagasaki, el poder devastador de la monstruosa bomba atómica. Y la diferencia entre el poder que garantiza tenerla y el peligro que supone carecer de la misma.

José María Otero Navascués, científico de prestigio, pone en marcha la Junta de Energía Nuclear. En 1958 está listo el primer reactor de investigación que funciona con uranio enriquecido de doble uso, militar y civil. El progresivo y gradual desarrollo de la tecnología nuclear hace viables los proyectos de Zorita y de Garoña. ¿De dónde saca el almirante Carrero la financiación del sueño impronunciable de la bomba atómica? En unas declaraciones al diario El Correo, el alcalde de Santiago, Ángel Porto, confesaba años después que, probablemente, “de unas partidas extraordinarias para asuntos urgentes que proceden de un fondo secreto”, algo así como los “fondos reservados” de Felipe González, con los que se dotó el ministerio del Interior, en los años de la guerra sucia contra ETA. Pero al parecer, los fondos a los que refería el alcalde no eran secretos sino en la medida en que se ingresaban por procedimiento de urgencia, a favor del ayuntamiento de Santiago, pero con otro fin muy distinto, el de evitar el cierre del pazo de Raxoi. Lo que parece mucho más verosímil es que como algunas fuentes han publicado, el dinero de Carrero, no procedía de ámbito municipal alguno, sino del tráfico de divisas y cuentas “supersecretas” en Suiza. Lógico, además, por dos razones de peso: una, evitar las sospechas de la OIEA y dos, porque la compra de tecnología en el extranjero obligaba al blanqueo de dólares. Ya que la peseta no era moneda convertible.

En 1970, España se niega a suscribir el Tratado de No Proliferación Nuclear

El informe de 1971, confidencial en su momento, que termina filtrándose a la prensa ya bien entrada la democracia, del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), subraya que España es autosuficiente y que está capacitada para dotarse de cabezas nucleares, utilizando sus propias instalaciones. Un triunfalismo que tiene mucho que ver con la inauguración, al año siguiente, 1972, de la central nuclear Vandellós I, en Tarragona. Una central del tipo CGR –grafito-uranio- y refrigerada por gas.

Año 1976

Las grandes potencias andan preocupadas por el avance nuclear de doble uso de potencias que pueden dar al traste con sus planes de control mundial. Además, se sabe que está previsto realizar los primeros ensayos en el Sahara español, siguiendo así el ejemplo de De Gaulle, que había elegido el escenario del Sáhara argelino. Las sospechas por el creciente potencial nuclear español de un Franco que descansa en paz, recientemente, y un Carrero que ya lo lleva haciendo un par de años, se disparan al conocerse el calado del proyecto del Centro de Investigación Nuclear de Sira (CINSO), en la localidad de Cuba de la Solana, un proyecto aprobado por el Consejo de Ministros que preside Arias Navarro, el ¡4 de enero de 1976! Sobre todo si tenemos en cuenta que de dicho centro se podían obtener 140 kilos de plutonio al año.

Pudiera ser, piensan algunos investigadores, que la premura del Consejo respondiese, una vez desaparecidos de este mundo el dictador y el almirante, al conocimiento que los descendientes políticos de Franco tenían de las conversaciones que el almirante y presidente tuvo en su despacho con Henry Kissinger, 23 horas antes de salir volando, literalmente, con su coche, hasta lo alto de la azotea de un edificio, propulsado por la explosión producida por la colocación de un explosivo, inexistente en España, y con el que ETA no contaba, colocado en la calle Claudio Coello, calle adyacente a la iglesia de San Francisco de Borja y la embajada de EEUU. El jefe de la estancia de la CIA en España asegura en su libro: “Les vrais maîtres du monde –Editorial Grasset & Fasquelle, 1979, que la inteligencia norteamericana facilitó los planes de ETA para eliminar al presidente del Gobierno. Tal cual.

Las memorias de José María de Areilza no dejan lugar a dudas: “No queríamos ser los últimos de la lista. Estaríamos en condiciones de fabricar la bomba en seis o siete años“.

EEUU utiliza todo el poder que está en su mano, asesinato incluido -uno que sepamos-, para torcer los planes de España. No tiene complejos, ellos son una democracia y España una dictadura. Ellos son los buenos. La superpotencia exige al OIEA el chequeo de Vandellós I, del reactor rápido Coral – con capacidad para trabajar con plutonio en grado militar, con el que se obtienen los primeros gramos en 1969-, de la planta de la Junta de Energía Nuclear y de los reactores de investigación de Barcelona y Bilbao. Y, la medida definitiva, con la que intentan y logran doblegar a España, la prohibición del procesado de residuos radiactivos, a partir de la cual ya no será posible obtener plutonio y uranio enriquecidos. De nada había servido incluso “llegar los primeros” a Palomares. Sí. La cinta “Operación flecha rota”, que dio pie al reportaje La bomba de Palomares llega a Hollywood, ya confesaba que en 1966 hubo “militares españoles interesados en tomar muestras para resolver algunas dudas”. Más tarde otras fuentes lo revelaron, el más interesado en llegar al lugar donde habían colisionado dos aviones norteamericanos, que llevaban a bordo cuatro bombas de hidrógeno, fue el profesor Velarde: Guillermo Velarde Pinacho. El que fuese presidente del Instituto Nuclear de la Universidad Politécnica de Madrid, admitió años más tarde haber recogido “personalmente, algunos de los disparadores explosivos de las bombas nucleares”. De todo esto en su día, mutismo absoluto.

Obituario: La última misa en San Francisco de Borja

Tal y como reseña un viejo artículo de El Correo, Carrero es un estorbo, definitivamente, para la doctrina de la llamada “política del dominó”, junto a los gobiernos denominados filo o pro fascistas de Grecia y Portugal. Eran considerados “el vientre brando de Europa”, dado que en los tres países se multiplican las pancartas que rezan “yankee go home”, al tiempo que se vertebran sus partidos comunistas. No es raro que los yanquis oliesen a azufre.

Sin embargo, ya lo hemos dejado claro, es la contumacia de Carrero, con su negativa a formar parte de la OTAN, a firmar el TNP y no permitir que se husmeara por las instalaciones nucleares españolas, lo que lleva a la CIA a facilitar a otros, -que por lo que se ha sabido, sólo pretendían secuestrar al Presidente-, la eliminación del almirante.

Recopilemos, Kissinger llega a Madrid el 18 de diciembre de 1973. La embajada americana, donde se va a alojar el vicepresidente americano, lleva semanas vigilada por agentes de la CIA. El 19, al día siguiente, se entrevista con Carrero. La entrevista dura seis horas. En teoría nunca sabremos si allí hubo más que palabras. Pero la práctica, a día de hoy, nos dice que sí.

Según una reflexión en voz alta de Laureano López Rodó, “Kissinger estuvo un día antes, exactamente 23 horas antes, con el almirante Carrero y residió en la Embajada norteamericana; entonces me parece que los servicios de inteligencia de la Embajada también podrían haber detectado que algo ocurría en la calle Claudio Coello –donde el Dodge Dart del almirante sube a los cielos–, porque incluso podía afectar al propio Kissinger, que estuvo dos días en España… no menos sorprendente resulta que tampoco hubieran detectado una excavación que se realizaba a menos de cien metros de la Embajada de EEUU”.


Carrero se perderá su última misa en San Francisco de Borja. González Mata asegura que el mercenario –a sueldo de la CIA– que introduce por Torrejón las minas de última generación que llegan a manos de ETA, es el mismo que acabó con la vida de lord Mountbatten.

Telegrama oficial: “Lo mejor es que Carrero desaparezca de escena”

En enero de 1971, el telegrama confidencial 700, enviado por la Embajada de EEUU en Madrid a la Secretaría de Estado, dice así: “El mejor resultado que puede surgir… sería que Carrero desaparezca de escena, con posible sustitución por el general Díez Alegría o Castañón“. Para postre de males, en octubre de 1973 estalla la guerra de Yom Kipur y el almirante no sólo se opone a que España entre en la OTAN, sino a que los americanos utilicen las bases españolas para acudir en apoyo de Israel.

Si por un lado el Presidente es “antiamericano y más franquista que Franco”, según denominación popular, por el otro, no es menos baladí que Kissinger, a la sazón secretario de Estado, presenta, según el artículo reseñado, “el impecable pedigrí de judío-alemán-sionista-americano”.

No hace falta hacer muchos cálculos.

*Redactora Jefe de elespiadigital.com

Fuente: El Espía Digital

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: