Israel judaíza Jerusalén bajo la sombra del Ébola y del Daesh

ISRAEL ES UN CANCER SIONISTA

por Pablo Jofré Leal – Cuando aún no se apagan los ecos de la agresión del régimen de Israel a la Franja de Gaza, nuevas acciones del régimen de Tel Aviv reflotan la política de ocupación y sometimiento contra el territorio palestino, su población y sus símbolos sagrados.

En el caso específico de Al-Quds (Jerusalén) nombre en árabe de la ciudad cuyo significado es “la Santa” – el poder ejercido por el régimen de Israel mantiene desde el año 1967 a la fecha, una política de colonización a gran escala en la parte oriental de la ciudad. Ello, con el objetivo de estrechar día a día el cerco en torno a uno de los símbolos sagrados de la fe musulmana: la Mezquita Al-Aqsa, de tal forma de judaizar la ciudad en su conjunto. Para la Organización Islámica para la Educación, las Ciencias y la Cultura (ISESCO) entidad que agrupa a 16 países árabes y creada el año 1981 “La protección de los lugares religiosos islámicos y cristianos de Jerusalén es una responsabilidad árabe, islámica e internacional, por tanto es deber de la comunidad internacional reaccionar urgentemente contra las acciones israelíes que atacan la naturaleza única de la ciudad santa”.

La locura sionista, no puede recibir otro nombre aquella política destinada a saquear y destruir el patrimonio arquitectónico, religioso e histórico de otras creencias; se expresa día a día, con esta idea tan singular de construir el tercer templo del Judaísmo en los sitios donde se encuentran la Mezquita Al Aqsa y la Mezquita de la Roca. Operación que a la par de provocaciones permanentes de los sectores más reaccionarios de la sociedad israelí, se complementan con la judaización urbanística y demográfica de la Jerusalén árabe ocupada.

Destruyendo en ese propósito los barrios históricos de la ciudad (ligados a la cultura árabe y cristiana), trasladando mediante operaciones militares, a colonos sionistas que se instalan en medio de las barriadas árabes y, como se ha venido sosteniendo insistentemente por autoridades, políticos, la sociedad árabe e incluso los grupos cristianos que allí moran “asfixiando a la población árabe autóctona, violando la legalidad internacional y todo esto ante el silencio cómplice de los países que se dicen parte de la comunidad internacional”.

Estos actos, minimizados y mantenidos sin crítica mayoritaria, por la generalidad de la prensa internacional, han sido llevados a cabo por el régimen de Tel Aviv, paralelamente a la utilización de voladores de luces comunicacionales, que desvían la atención sobre la constante violación a los derechos de la población Palestina. En ese plano, el aparente desarrollo del Ébola en tierras allende el continente africano y el combate a EIIL o Daesh, en Siria e Irak son algunas de las herramientas utilizadas, por la guerra mediática de las potencias occidentales, para bajar el perfil a la agresión israelita. Ambos temas son importantes, pero su análisis, estudio y combate además de cruciales, hay que asignarles su justa dimensión en el marco de otros hechos condenables, crónicos e invisibilizados por los mismos que suelen hacer palpables otros acontecimientos.

Carnadas noticiosas

¿Cómo es posible pensar que el Ébola se constituya hoy en un problema mundial, cuando se le conoce desde el año 1976 cuando apareció en el Río Ébola en la República Democrática del Congo, y el 99,9% de las muertes por esta enfermedad radican en África? Los infectados por este virus entre el año 1976 y el 2013 cuando se declara la nueva epidemia, se contabilizaron en 3 mil con un 66% de mortalidad. El brote actual tuvo su inicio en Guinea en diciembre del año 2013, incrementándose en marzo y expandiéndose rápidamente.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) esta expansión, distinta a la que se observó en años anteriores se debe a que “los sistemas de salud de los países involucrados con el brote son frágiles y tienen importantes deficiencias en recursos humanos, económicos y materiales”. Esta perogrullada, muestra hasta qué punto el continente africano ha sido abandonado a su suerte en materia sanitaria mundial. Que sólo aparece en los medios internacionales cuando se genera algún genocidio, se secuestra a algunas estudiantes por parte de algún grupo fundamentalista o se desata una sequía o una epidemia que se lleva decena de miles de muertos. ¿Si se conoce que este virus existe desde el año 1976? ¿Si las cifras de mortalidad con un sistema sanitario feble como los africanos pasan del 66%? ¿Por qué entonces no se actuó antes o el sólo hecho de tener unos cientos de casos más despertó la alarmas?

El único país que ha acudido en ayuda, en forma masiva y desinteresada es Cuba, enviando brigadas médicas especializadas en el combate a la enfermedad, principalmente a Liberia y Guinea, que se unen a los 4 mil cooperantes cubanos que actualmente trabajan en África, en una política de apoyo a los pueblos africanos, que se extiende desde el año 1961 a la fecha cuando los primeros brigadistas cubanos llegaron a la recién independiente Argelia a apoyar a su naciente revolución. Extendiendo después su acción internacionalista a Etiopia, Somalia, Angola, Mozambique, la República Árabe Saharaui Democrática, Guinea, Liberia, Cabo Verde entre otras naciones.

El combate al Ébola tiene importancia, eso es indudable e indiscutible, y requiere el cuidado y atención pero enfocada, fundamentalmente en África, que requiere el apoyo de la comunidad internacional para combatir esta enfermedad peor también la pobreza crónica, el subdesarrollo e impedir el saqueo de sus riquezas. Y, no volcar toda la atención mediática por un par de víctimas occidentales, olvidando que hay 4 mil muertos en suelo africano. Eso es crear pánico ex profeso, alimentar la paranoia, dar curso al cierre de fronteras, a estigmatizar y desviar la atención sobre otros temas.

La principal causa de muerte en África no es esta enfermedad, llevada al extremo porque un par de blancos se contagiaron y hubo que sacrificar el perro de una enfermera española contagiada, cuando miles de subsaharianos mueren como moscas por sistemas de salud deficientes. Las principales causas de muerte en África son, por miles: las diarreas infantiles, las infecciones, el VIH, las guerras, la tuberculosis, el ahogarse tratando de llegar a Europa, la malaria, la muerte por hambre, de sed. De eso mueren los africanos en cantidades industriales. Por falta de atención medica básica, donde el Ébola es parte de este paisaje de desolación, donde la industria farmacéutica con su política comercial impiden el desarrollo de fármacos que vayan a atacar este tipo de enfermedades porque no son “rentables” en países considerados Estados fallidos y es mejor dejar morir a “tanto negro enfermo” que concretar una real política de combate a este tipo de enfermedades.

El análisis más fino de los hechos vinculados al Ébola parecen dar la razón para aquellos críticos que suponen que es mejor crear pánico porque de ese modo “el Ébola impulsa acciones de farmacéutica en la Bolsa” como lo señalaba la CNN en un titular la pasada semana al dar cuenta del trabajo de Tekmira Pharmaceuticals, una empresa canadiense que trabaja en un medicamento contra el virus, con financiamiento del Departamento de Defensa de EE.UU. y con el aval de la OMS que declaró el “estado de emergencia en salud a nivel internacional”.

Unamos a esa línea comunicacional, la importancia dada a Daesh y sus operaciones en territorio sirio e iraquí, presentando esas acciones, como contrarias al derecho internacional, formando una coalición encabezada por Estados Unidos para atacar las posiciones takfiríes y de pasada seguir desestabilizando al Gobierno sirio y reocupar Irak. Una política de combate a este grupo fundamentalista, efectuada cínicamente por los mismos que organizaron, financiaron y permitieron el desarrollo de este movimiento takfirí en el plano político, militar y comunicacional, como en su tiempo Al-Qaeda u otras organizaciones, que han servido a la estrategia global de Estados Unidos y sus aliados.

Daesh, circunscrito a la zona norte de Siria y de Irak ha devenido en una amenaza mundial, más por la dimensión comunicacional con que dicho grupo ha sido dotado, que la real capacidad que tenga de ser un contendiente con características globales. La lucha contra el movimiento terrorista ha evidenciado los objetivos particulares de los distintos socios de Estados unidos, como es el caso de Turquía y su renuencia a atacar a Daesh, más empeñado en que se destruyan tanto ese grupo, como las fuerzas kurdas que los combaten, en el objetivo mayor de derrocar al Gobierno de Damasco. Somos, en materia comunicacional aquello que consumismos y nos quieren mostrar como importante.

La historia de violaciones sigue su curso

En un marco mundial de noticias donde las ofensivas contra el Ébola y Daesh prima fuertemente, la población palestina sigue enfrentando la represión crónica de la potencia ocupante israelí en sus territorios. Hoy, resiste al recrudecimiento de las iniciativas destinadas a construir nuevos asentamientos ilegales en terrenos palestinos, tanto en Cisjordania como en Al-Quds (Jerusalén), generando la indignación y a la protesta de la sociedad palestina, que ha salido a las calles a exigir el cese de esta conducta colonizadora y profanadora de sitios considerados sagrados por el mundo musulmán. Tal es el caso de la Mezquita Al Aqsa, en cuyo entorno, entidades sionistas han comprado terrenos y edificios para construir sinagogas, seminarios religiosos e instituciones defensoras del “judaísmo” según las propias declaraciones de personeros ligados a esas instituciones sionistas.

Una de ellas, Elad, acrónimo hebreo de “a la Ciudad de David” representa a un grupo de colonos judíos, fuertemente ideologizados, que a principios del mes de octubre se trasladaron al barrio palestino de Silwan, situado en la ciudad vieja, creando una pequeña ciudadela fuertemente armada, dotada de cámaras de vigilancia y grupos de vigilantes militarizados, que acompañan a los miembros de este grupo cuando deben moverse por el entorno. Las siete residencias, adyacentes a la Ciudad Antigua, compradas por Elad, se hicieron a través de fondos facilitados por estadounidenses para comprar propiedades en los barrios árabes de la ciudad vieja según informó el diario israelita “The Jerusalem Post”.

Elad compró las viviendas a través de intermediarios, acción que para el centro de información Wadi Hilweh “aunque haya sido una compraventa aparentemente legal, representa una incautación ilegal de casas árabes”. Según fuentes palestinas se trata de la mayor compra de viviendas por parte de colonos en Silwan, desde el inicio de este proceso en 1986, lo que eleva el número de inmuebles en manos de ciudadanos judíos a 26, según las autoridades israelíes. De esta forma, 500 judíos viven en el barrio, en el que residen cerca de 50.000 palestinos”. Acciones macabras destinadas a generar las condiciones para un estallido social de proporciones.

Para el abogado israelí Daniel Seideman “esta acción de Elad y la política de judaización, contiene las semillas de la “Hebronización” de Jerusalén” refiriendo con ello a la ciudad situada en Cisjordania, donde un pequeño grupo de colonos, viven bajo la protección militar del ejército israelí, constituyendo una incitación permanente a la población palestina, que ve, día a día disminuir sus tierras de labranzas en desmedro de la ampliación de los asentamientos sionistas en la zona.

Otra de las organizaciones sionistas de carácter privado, que promueve la colonización judía de la ciudad vieja de Jerusalén y sus alrededores es Ateret Cohanim . Este grupo no habla de judaización sino de “redención de la tierra” donde el retorno a lo que denomina Eretz Israel debe interpretarse como un imperativo categórico para todo el pueblo judío, lo que es avalado por el carácter de “pueblo elegido” que la mitología judía ha tejido en torno a esta tierra. El portavoz de Ateret Cohanim, Daniel Luria, en una entrevista concedida hace pocos meses a una agencia francesa de noticias, confesó que la colonización de Jerusalén, la confiscación de tierras, la compra de inmuebles de palestinos vía artimañas tiene el objetivo de dificultar la división de la ciudad ante una eventual división en el reconocimiento del Estado Palestino. A confesión de parte relevo de pruebas, suelen decir los abogados.

Los periodistas Dalia Hatuqa y Gregg Carlstrom en un artículo titulado “Avanza el plan de ‘judaización” de Jerusalén” consignaron las declaraciones del ministro israelí de economía, Naftali Bennett, que señaló sin ambages cuál es la política de la derecha israelí sobre Jerusalén Este “hace 25 años, una maravillosa organización decidió devolver la Ciudad de David a los judíos, sostiene Bennett, refiriéndose a Elad. Poco a poco y con paciencia, comenzaron a comprar casas a buen precio y a poblarlas con familias judías”, creando así una verdadera cabeza de playa para obstaculizar una probable división de la ciudad. “El objetivo es, efectivamente, reforzar la presencia judía en todas las áreas de Jerusalén Este”, sostuvo por su parte Aryeh King, miembro del ayuntamiento de Jerusalén y activista derechista que fundó una organización dedicada a promover el asentamiento de judíos en Jerusalén Este. “De esta forma, podemos detener o, al menos, retrasar la idea de Bibi – Netanyahu – de dividir la ciudad y esperar que haya unos líderes políticos de derechas que no piensen así”. Dando a conocer esta idea peregrina del sionismo extremo, que Netanyahu y sus ministros representan un ala izquierda de la política israelí.

Elías Akleh de MWC News señala que el régimen “israelí ha financiado a grupos religiosos para que intensifiquen el asentamiento de judíos dentro de las murallas de la Ciudad Vieja, especialmente en los alrededores de la mezquita. Muchas yeshivas (escuelas religiosas judías) se han construido junto a las paredes de la mezquita. Estudiantes extremistas de estas escuelas religiosas acosan rutinariamente a los fieles musulmanes. Las fuerzas israelíes han impuesto restricciones más duras, prohibiendo la entrada a la mezquita y a la Ciudad Vieja a los musulmanes menores de 50 años. A pesar de los muchos controles establecidos por las fuerzas israelíes, miles de jóvenes musulmanes acuden a realizar sus oraciones de los viernes a las calles que conducen a la Ciudad Vieja, cerca de los controles israelíes”.

Ismail Ridwan, de la Organización Patrimonio Palestino y Asuntos Religiosos de Gaza, reveló que existe un plan israelí para judaizar todo Jerusalén y alterar su naturaleza cultural árabe. “Existe un macroplan para reforzar la presencia judía en todas las áreas de la ciudad, especialmente en la Mezquita Al Aqsa. Cuestión debatida incluso por los medios de comunicación israelitas, misma medida que se pretende implementar con la mezquita de Ibrahim, en Hebrón (Al-Jalil)”. Según Ridwan, este plan incluye la construcción de 100 sinagogas en diferentes partes de Jerusalén, sobre todo en la Ciudad Vieja, en el marco del aumento de las demoliciones y desalojos de viviendas palestinas en Jerusalén, para incrementar las viviendas que serán ocupadas por colonos judíos y establecer así una limpieza étnica.

El Mito del Pueblo Elegido

Los informes que se tienen sobre las actividades israelíes en las zonas sagradas para el mundo musulmán en Jerusalén Este señalan que durante el mes de octubre de este año 2014 las fuerzas militares israelíes acompañados por elementos radicales sionistas han irrumpido en varias ocasiones en la Mezquita de Al Aqsa utilizando granadas de ruido y gases para desalojar a los fieles musulmanes que realizan sus rezos habituales, de tal forma de permitir el ingreso de extremistas judíos por la explanada de la Mezquita para realizar sus actividades religiosas. Esta violación de los lugares religiosos musulmanes ha desencadenado la indignación del mundo musulmán, acompañado del silencio cómplice de los medios occidentales.

Estas acciones se explican, según Akleh “porque la conciencia colectiva judía ha sido programada, durante miles de años, con el mito religioso racista del pueblo elegido por Dios en la Tierra Prometida por Dios con un templo en su centro: el de Jerusalén, en el que residiría el espíritu de Dios. El gran proyecto colonial de los fariseos – ahora sionistas – de un Israel solo para los judíos no tendría sentido sin el Templo, la dimensión religiosa judía”.

Unido a lo señalado y la acción de Elad en el barrio Silwan, ese mismo día 300 judíos, escoltados por tropas israelíes ocuparon una Mezquita en los suburbios de Nablús. Esto provocó enfrentamientos en varias zonas cercanas a la mezquita. Los colonos judíos tres días después incendiaron la Mezquita Abu Baker Al Sadik de Akraba, ubicada en una aldea cercana a Nablús. “Si se hubieran perpetrado ataques terroristas similares contra casas y sinagogas judías, los medios occidentales controlados por sionistas denunciarían el “terrorismo”. Pero están ocupados con Daesh, el Ébola y la violencia policial. Así las cosas, estamos condenados a ser testigos de más violencia entre israelíes y palestinos” concluye el analista de MWC.

En un interesante ensayo donde se recopilan los artículos de 20 autores israelíes “El impacto duradero de la ocupación: lecciones de la sociedad israelí se da a conocer, como línea central argumentativa que la ocupación de los territorios palestinos se ha convertido en un componente central en la reestructuración de la identidad israelí pero, cuyos efectos corrompen, a una sociedad que ha abandonado los valores del respeto mutuo de las diversas culturas y religiones para dejarse avasallar por la cultura de la sospecha y el desprecio.

En ese sentido el ex decano de la Facultad de Filosofía y letras de la Universidad de Tel Aviv – ensayista en este libro – Marcelo Daskal afirma que “esa ocupación a la que se hace referencia está corrompiendo a la sociedad israelí ya que una sociedad ocupante convierte el valor del respeto por el otro en la sospecha crónica, que junto a la desconfianza dan camino a la negación del otro, el desprecio por el que es distinto, la humillación, la discriminación, la misantropía, la culpabilidad y deshumanización del otro. Esto, conlleva a un proceso de decadencia moral ya que se fragmenta la textura moral de toda la sociedad”

Las acciones israelitas en el territorio palestino, destinadas a su judaización están avaladas por su sistema ideológico y político, caracterizado por una derecha ultranacionalista, cada día más poderosa y cuyo objetivo es fomentar la ocupación y la aniquilación de todo aquello que no sea judío. Por ello, no es extraño constatar que la tendencia es creer que un Estado judío debe anteceder a un estado democrático, con tendencias extremistas donde se impone la idea que los ciudadanos de origen judío deben tener más derechos que los no-judíos.

Desde la proclamación del régimen de Israel, el año 1948 la política sionista ha hecho de la transformación física y demográfica de Palestina en general y de Jerusalén (Al-Quds) en particular su propósito político principal mediante un proceso de judaización. Usurpando tierras, edificios, propiedades religiosas, incluso de la Iglesia ortodoxa griega y la denominada Custodia Franciscana de Tierra Santa.

De nada han válido numerosas resoluciones de la ONU destinadas a exigir al régimen de Israel “que levante todas las medidas adoptadas y desista inmediatamente de adoptar toda acción que altere el estatus de Jerusalén” Resolución Nº 2253 del 4 de junio de 1967. Dicho documento no se tomó en cuenta cuando el régimen de Israel, entre ese año y 1970 confiscó 26 mil metros cuadrados según un informe del Consejo de Seguridad de la ONU de tierras palestinas. Desde el año 1967 a l actualidad, las autoridades israelitas han expandido el área de Jerusalén de los 40 a los 110 kilómetros cuadrados con límites de Hebrón por el Sur y Nablus al norte, al mismo tiempo que se restringía la libre circulación de la población palestina estableciendo 500 puestos de control militar.

En Jerusalén, en Cisjordania, en la Franja de Gaza, se ha establecido oficialmente la política de judaización de Palestina, autorizando asentamiento de colonos, instalando un muro de separación de 800 kilómetros de extensión. Cercando a los palestinos en sus barrios e instalando grupos sionistas con custodia militar en barrios mayoritariamente árabes. Esto, a contrapelo de nuevas resoluciones “la construcción del muro por parte de Israel, la potencia ocupante en territorio palestino ocupado, incluyendo el interior y alrededores de Jerusalén…son contrarios a las leyes internacionales – Resolución A/ES-10/L.18/R1,19/de Julio del año 2004.

El camino de las sanciones

La Unión Europea (UE), según un informe filtrado por el periódico israelí Haaretz el día miércoles 22 de octubre, estaría presionando Netanyahu para impulsar una solución definitiva al conflicto palestino-israelí. El documento de la UE, del cual ya se tenían antecedentes en el mes de julio, según consigna la agencia alemana de noticias DPA, critica abiertamente la política israelí de asentamiento de colonos, confiscación de tierras, demolición de viviendas y otras políticas de judaización en Cisjordania y en Jerusalén Oriental. Este documento estuvo sin salir a la luz por la campaña de agresión del régimen de Israel a la Franja de Gaza, que ocultó las críticas que se vislumbraba en los pasillos de Bruselas. Donde, lógicamente el lobby judío y las presiones de Washington jugaron su papel.

Este informe de la UE se conoce públicamente tras la decisión israelí de conceder el permiso de ampliación de la colonia judía de Givat Hamatos en Jerusalén Oriental “medida que socava el resultado de cualquier negociación de paz y que tan solo incrementa las tensiones”, sostiene la UE. Las autoridades israelíes temen que estas declaraciones sean la antesala de posibles sanciones contra el régimen de Tel Aviv, cuestión que hasta ahora jamás se ha concretado, a pesar de las múltiples violaciones a resoluciones internacionales de condena al proceder israelita.

Recordemos que el día 22 de julio en pleno fragor de la operación israelita de agresión denominada “margen protector” de las fuerzas ocupantes israelíes contra Gaza, que causó la muerte de 2500 palestinos, hirió a 12 mil de ellos, principalmente mujeres y niños, destruyendo gran parte de la infraestructura de la Franja de Gaza, la Unión Europea a través de sus 28 ministros de Relaciones Exteriores emitió una declaración conjunta que fue ampliamente vista como pro-Israel – sobre todo porque esa interpretación fue amplificada por los grandes medios de comunicación occidentales – y donde se condenaba el lanzamiento indiscriminado de cohetes contra civiles israelíes y se pedía el desarme de todas organizaciones en Gaza.

Sin embargo, el texto también criticó duramente al régimen de Israel por “la expansión de los asentamientos, la violencia de los colonos, el empeoramiento de las condiciones de vida de los palestinos, la demolición de viviendas, los desalojos y traslados forzosos y el aumento de las tensiones en la explanada de las Mezquitas”. Fundamentalmente, la declaración conjunta llegó a decir que el futuro de las relaciones bilaterales está condicionado a movimientos que la UE considere útiles para lograr la paz. Una declaración que se sale de los documentos clásicos proisraelitas y que señalan un camino de presión al régimen de Tel Aviv.

Frente a las actuales acciones del ejército israelí y colonos ultraortodoxos en terrenos sagrados del mundo musulmán, unido a las políticas de ocupación de tierras (en estricto rigor, la continuación de ellas) el Movimiento de Resistencia Islámica Palestina (Hamas) y el Movimiento de Resistencia Islámica de El Líbano (Hezbolá) advirtieron en sendos comunicados el pasado lunes 20 de octubre, sobre los planes de judaización implementados por el gabinete de Benjamín Netanyahu “encaminado a seguir su política de anexión de tierras palestinas. Estas medidas son violatorias de las resoluciones internacionales que califican de crimen la construcción de asentamientos y prohíben al régimen de Tel Aviv la apropiación y la toma de las tierras palestinas en estas regiones”. En este sentido, Hezbolá ha advertido, que la resistencia es la única opción ante los continuos crímenes y violaciones del régimen israelí que liberará las tierras ocupadas palestinas.

Por su parte, Hamas, junto con condenar las acciones israelitas ha llamado a todos los grupos populares palestinos a resistir ante los esfuerzos para la judaización de estas regiones. Asimismo, ha instado a todas las organizaciones judiciales a tomar medidas ante esta acción ilegal, ya que, a su juicio, “la usurpación de tierras agrícolas de esta forma peligrosa y en el momento del recogimiento de olivo es contraria a las leyes internacionales y se considera un nuevo crimen de este régimen”. El ejército del régimen de Israel anunció el domingo 19 de octubre, que confiscará 400 hectáreas de los territorios palestinos de la ciudad de Beitolahm (Belén), cerca del conjunto de asentamientos israelíes en Cisjordania ‘Gush Etzion”.

En una masiva manifestación de rechazo a las acciones israelíes contra la población, el territorio palestino y sobre sus símbolos sagrados, efectuada en Gaza, el portavoz de Hamas, Ismail Radwan, advirtió que “la escalada de amenazas contra la Mezquita de Al-Aqsa daría lugar a una explosión masiva en la región. No nos quedaremos de brazos cruzados viendo las violaciones sionistas contra la Mezquita. Debemos defender la santa Mezquita Al-Aqsa contra los planes de judaización sistemáticas israelí. Vamos a sacrificar nuestras vidas y hogares por el bien de nuestra Mezquita de Al-Aqsa y de Jerusalén ocupada. La Mezquita de Al-Aqsa es una línea roja, el régimen de Israel debe ser consciente de que las redadas en curso y los ataques a la Mezquita causarán una explosión volcánica en la región que va a llegar a la propia Tel Aviv.

Para las organizaciones de defensa del pueblo palestino y cada día más, para aquellos que se oponen a las políticas de judaización de Palestina, el presidente de la Autoridad nacional Palestina (ANP) Mahmoud Abbas, debe detener su coordinación de seguridad con el régimen de Israel y exigir una intervención internacional para proteger a Jerusalén ocupada y sus lugares sagrados de musulmanes y cristianos. Se debe caminar hacia la firma del Estatuto de Roma a fin de llevar a la Corte Penal Internacional (CPI) a los políticos y militares israelíes que han masacrado al pueblo palestino y al mismo tiempo hacer aplicar las resoluciones de las Naciones Unidas, que desde el año 1967 a la fecha han sido continuamente violadas por el régimen de Israel en materia relacionadas con la política de asentamientos ilegales, la destrucción de viviendas palestinas y la construcción del muro de la vergüenza.

* Pablo Jofré Leal es periodista y escritor chileno. Analista internacional, Master en Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en temas principalmente de Latinoamericanos y Oriente Medio. Es colaborador de varias cadenas de noticias internacionales.

Fuente: HispanTV

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