Entrevista con Marcelo Gullo: Brasil y Argentina deben apoyar industria boliviana

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por Rafael SagárnagaEl País ENResúmanos el concepto de la Insubordinación Fundante.

Marcelo Gullo – Todas las naciones que se convirtieron en grandes potencias, todos los países que lograron una distribución relativamente justa de la riqueza, todas las sociedades que logran un alto grado de justicia social lo lograron porque se convirtieron en países industrializados. Esto fue así desde Suecia a Los Estados Unidos, desde Alemania a Australia desde Japón a Cora del Sur, desde Suiza al Canadá. La industrialización fue siempre el factor sine qua non del poder, del éxito económico y de la justicia social y, en todos los casos, estos países lograron industrializarse realizando una insubordinación fundante.

EP EN.¿En qué consiste, entonces, una insubordinación fundante?

M.G. – El estudio de todos los países que han alcanzado, tanto el éxito económico como la justicia social -que realicé en mis obras: “La insubordinación fundante” e “Insubordinación y desarrollo”- me permite afirmar, científicamente, que en todos los casos (más allá de las diferencias y particularidades de cada uno de estos países, producto de los enormes contrastes religiosos, culturales, geográficos y políticos que los separan) se verifica la realización de una “insubordinación fundante”, es decir, de una conveniente conjugación de una actitud de insubordinación ideológica para con el pensamiento dominante, y de un eficaz impulso estatal que provoca la reacción en cadena de todos los recursos que se encuentran en potencia en el territorio de un Estado. En todos los casos la insubordinación ideológica consistió en el rechazo de algunos de los principios básicos del liberalismo económico, en especial de la aplicación del libre comercio. Y ahí está el ejemplo de EEUU que, por 100 años, fue la patria del proteccionismo económico y ahí está el ejemplo de Japón que, por 100 años, fue el campeón del intervencionismo estatal.

En Nuestra América y en nuestro tiempo histórico, el presidente Hugo Chávez tomó la decisión estratégica de realizar un proceso de insubordinación fundante e incluso ordenó que la Teoría de la Insubordinación Fundante fuese el marco teórico de la política exterior y de desarrollo de Venezuela pero, lamentablemente, lo sorprendió la muerte. Incluso diría que cuando Chávez se decidió, no solo a distribuir la riqueza petrolera, sino a industrializar Venezuela poniendo en marcha un proceso de insubordinación fundante no fue comprendido por la mayoría de los cuadros del chavismo que, en el fondo, seguían pensando: “¿Para qué vamos a industrializarnos si tenemos el petróleo?”.

EP EN¿Qué procesos históricos de insubordinación fundante abortaron? ¿Por qué tipo de errores?

M.G. – En el siglo XIX; en Nuestra América fueron detenidos por la fuerza y la intervención extranjera, encubierta o descarada, los procesos de insubordinación fundante conducidos por Rosas en Argentina y por Mariscal Solano López en Paraguay. En siglo XX, los procesos de insubordinación fundante conducidos por Perón en Argentina y por Getulio Vargas en Brasil. Errores en estos procesos hubo miles pero, ni Perón ni Vargas fueron desalojados del poder por sus errores sino por sus aciertos.

En 1946, cuando el Presidente Juan Domingo Perón intentó llevar a cabo un proceso de insubordinación fundante sufrió un boicot gigantesco, el boicot anglo-norteamericano de la incovertibilidad de la libra y el impedimento de que los países europeos utilizaran los dólares del Plan Marshall para comprar productos en la Argentina. Cuando los ingleses decretan la inconvertibilidad de la libra, el primer ministro británico dijo: “Con esta medida hemos herido de muerte el ambicioso proyecto industrializador de Perón.”

Sin embargo, como no pudieron tumbarlo a Perón con el boicot, Inglaterra, en 1955, le ordenó a la Marina Argentina – infiltrada hasta los huesos por la inteligencia británica y las logias- que realizara el brutal bombardeo de la Plaza de Mayo, es decir que bombardeara a su propio pueblo. Luego Inglaterra proveyó, desde Malvinas, a la Armada Argentina de combustible y espoletas para que bombardera la destilería de La Plata si Perón no dejaba el poder. Después vinieron 18 años de persecución brutal del peronismo y sus militantes. El golpe de Estado de 1976 fue la continuación de la revolución fusiladora que, en 1955 derrocó a Perón y costó a la Argentina 30.000 muertos.

EP ENLos casos de insubordinación que usted cita se dieron en contextos diferentes al actual. Unos, durante un capitalismo naciente, otros frente a un capitalismo imperialista. Nos hallamos en el marco de un capitalismo global. ¿Qué particularidades deberán experimentar estos procesos hoy?

M.G. – La particularidad es que deberán realizarse en conjunto. La América del Sur, debería realizar su insubordinación fundante en bloque. Debemos realizar la unidad continental para realizar nuestra insubordinación fundante. Por otra parte, mediante una política de consenso se debe determinar qué sectores serán apartados del libre mercado absoluto, para ser planificados indicativamente en el marco de un “neoproteccionismo” que significa un proteccionismo a plazo extremadamente corto y de forma extremadamente selectiva. No se trata de llevar la idea de autarquía a nivel sudamericano, sino de determinar qué sectores productivos del sistema sudamericano – mediante una política apropiada para su desarrollo – podrían adquirir, en plazos relativamente cortos -de 10 a 15 años- competitividad internacional y transformar esos sectores en sectores de interés estratégico continental.

EP EN El tema del colapso ambiental que castiga al planeta frena diversas iniciativas industriales. ¿Cómo administrar ese factor?

M.G. – Debemos aprender de los errores de los otros. Por eso nuestro proceso de industrialización deberá ser ecológicamente sustentable. Debemos apostar a las nuevas formas de energía limpia, a la armonía con la naturaleza, pero sin caer en el fundamentalismo ecologista que es una nueva trampa de la estructura hegemónica del poder mundial. Fundamentalismo ecologista que es, en definitiva, una nueva ideología de dominación fomentada y financiada, desde Londres, París o Nueva York, para mantenernos en el subdesarrollo.

EP EN¿Cómo encaramos la relación con mega poderes tales como las transnacionales petroleras?

M.G. – Todos los países de la América del Sur necesitan comprender que sólo podremos negociar en condiciones de igualdad con los mega-poderes si estamos juntos. Nuestros Gobiernos y nuestros pueblos deben comprender que las políticas de “autonomía nacional” deben dejar paso a una nueva política de “autonomía continental”. Que si el molino a viento dio la sociedad con el señor feudal y una Europa dividida en condados, marcas y principados con ausencia de un poder central capaz de dirigir el conjunto; y el molino accionado por el vapor, la sociedad con el capitalista y una Europa dividida en Estados naciones, la revolución tecnológica lleva a la constitución de los Estados continentales. Estados continentales que, por lo demás, serán los únicos capaces de relacionase con dignidad con los mega-poderes como las trasnacionales petroleras.

EP EN¿Cómo podría darse ese proceso de insubordinación en bloque Latinoamericano?

M.G. – El proceso de insubordinación fundante suramericano requiere como primer paso comprender la necesidad de una política industrial común, basada en una planificación industrial indicativa como la tuvo la Europa de posguerra, que creó la “Comunidad Económica del Carbón y del Acero”. Europa, no dejó librada al simple juego de la oferta y la demanda la producción de acero y cuando Europa cedió a las presiones del neoliberalismo la integración se convirtió en el instrumento de la hegemonía alemana. El proceso de integración como herramienta de la insubordinación fundante, no debe dejar librada la suerte de todos los sectores industriales a la supuesta “mano mágica” del mercado, que “todo lo arregla”. No hay insubordinación fundante sin integración, pero no habrá una integración liberadora sin una insubordinación ideológica.

Hoy nuestro gran problema es que el proceso de integración sufre de un “síndrome de inmunodeficiencia ideológica” que infectó, paulatinamente, a las elites intelectuales y dirigentes de la región a partir de la década del ‘80, provocando la “vulnerabilidad ideológica externa” la más peligrosa y grave de las vulnerabilidades posibles porque, al condicionar el proceso de la formación de la visión del mundo condiciona, por lo tanto, la orientación estratégica de la política económica, de la política externa y la filosofía misma del proceso de integración. En el proceso de integración rige hasta el día de hoy la lógica del neoliberalismo.

EP ENEn ese escenario, ¿cómo se establecería un equilibrio de intereses por ejemplo entre los países pequeños, como Bolivia, y Brasil?

M.G. – Ese equilibrio solo se puede establecer si el proceso de integración abandona la lógica neoliberal y nos convencemos de la necesidad de una planificación industrial conjunta. En el marco de un “neoproteccionismo selectivo” y mediante una planificación al estilo francés, es decir indicativa, se debe construir una política conjunta de programación industrial-tecnológica que reserve, para cada uno de los países, áreas específicas de competencia que les proporcionen ventajas significativas y creen, en los otros partícipes “nichos” de absorción de la producción de cada uno de los países.

Si el papel de países, como Bolivia, Paraguay, Venezuela o Uruguay, fuese, simplemente, el de productores de materias primas, ¿qué ventajas tendría la integración para estos países? ¿Es posible que la electricidad de Paraguay sólo sirva para alimentar la industria de San Pablo, Buenos Aires, Curitiba o Rosario?
¿Cuál es la diferencia para Bolivia -Estado asociado al MERCOSUR- entre exportar su gas, su último gran recurso natural, a California o a San Pablo y Buenos Aires? Para que una integración le resultara atractiva a Bolivia, más allá del romanticismo, Argentina y Brasil deberían comprometerse a desarrollar, a partir del gas boliviano, un complejo industrial (petroquímico) en Bolivia, y garantizar a la producción de ese complejo, un nicho de mercado en Brasil y Argentina. Podría pensarse también, por ejemplo, en el la instalación de un complejo siderúrgico en la región boliviana del Mutún, una de las reservas de hierro más importantes del mundo. Gracias a Argentina y Brasil, Bolivia dejaría de ser simple exportador de productos primarios sin valor agregado. Entonces sí, los campesinos y mineros bolivianos, tendrían una razón de peso para estar a favor de la integración. Pero, para la realización de esos proyectos, nuestras elites políticas necesitan superar su “vulnerabilidad ideológica”, es decir, dejar de pensar la integración como una simple zona de libre comercio y pasar a concebirla como “una zona de industrialización conjunta”. Claro, en la realización de ese cambio de concepción y en la ejecución de los proyectos concretos que de ello surjan la responsabilidad mayor le cabe al Brasil. Pero para ello la política económica del Brasil debe dejar de ser conducida por una burguesía paulistia bandeirante que solo concibe la integración como un instrumento para establecer su hegemonía sobre la América del Sur.

¿Quién es Marcelo Gullo?

Los libros del politólogo argentino, especializado en Relaciones Internacionales, Marcelo Gullo han generado un intenso debate entre analistas y políticos de Sudamérica. Su tesis central destaca que todas las naciones que llegaron a convertirse en países industriales desobedecieron conscientemente el consenso ideológico que reinaba en cada época. Remarca que lo hicieron incumpliendo especialmente las imposiciones del liberalismo económico. Paralelamente gestaron un “adecuado impulso estatal” a las políticas que se rebelan a la virtual imposición de la división internacional del trabajo. Rompieron con el forzoso destino de ser simples productores de materia prima.

“Todo proceso emancipatorio exitoso sólo puede ser resultado de una insubordinación ideológica contra el orden ideológico que en su momento estableció Gran Bretaña. Si un país logra sacarse de encima la subordinación cultural e ideológica, y además les da a esas decisiones un impulso estatal, realiza lo que yo llamo la insubordinación fundante. El ejemplo de este proceso lo encarnan los miembros del club de países ricos del mundo, como Gran Bretaña, Estados Unidos, Alemania, Japón, Canadá, Australia, Corea del Sur. Lo que sucede es que cada vez que un nuevo socio entra al club, cada uno en un momento histórico, y se desarrolla y adquiere poder, imita lo que antes Inglaterra: predicar todo lo contrario de lo que hizo para llegar a ese grado de desarrollo”, ha planteado Gullo.

Gullo ejerce la docencia en la Universidad Nacional de Lanús (UNLa) y, de la Escuela Superior de Guerra, de las Fuerzas Armadas Argentinas, en la Maestría en Estrategia y Geopolítica. También asesora a miembros de la Cámara de Diputados de la Argentina. Su teoría sobre “La insubordinación fundante” también inspiró a la Cancillería venezolana para desarrollar una doctrina oficial que rige, por orden de Hugo Chávez, como guía de la política exterior bolivariana.

Marcelo Gullo ha acumulado significativos méritos académicos y políticos. En 1981, comenzó su lucha política contra la dictadura militar que, desde 1976, había usurpado el poder. Es Doctor en Ciencia Política por la Universidad del Salvador. También se ha titulado como Magister en Relaciones Internacionales por el Institut Universitaire de Hautes Études Internationales, de la Universidad de Ginebra. Graduado en Estudios Internacionales por la Escuela Diplomática de Madrid. Obtuvo su licenciatura en Ciencia Política por la Universidad Nacional de Rosario. Las dos figuras más importantes para su carrera académica, de quienes se considera discípulo, son el sociólogo brasileño Helio Jaguaribe (Premio Konex Mercosur por su aporte a las humanidades) y el fallecido filósofo, teólogo e historiador uruguayo Alberto Methol Ferré.

“El intelectual preferido del Papa”, comenta el propio Gullo al mencionar a sus dos maestros. Es, además, asesor en materia de Relaciones Internacionales de la Federación Latinoamericana de Trabajadores de la Educación y la Cultura (FLATEC). Así mismo es miembro fundador del Instituto de Revisionismo Histórico Nacional e Iberoamericano Manuel Dorrego. Sus libros han sido publicados en Argentina, Italia, Francia y Brasil.

Fuente: Macelo Gullo

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