Las torres de Thulsa Doom

10 MULTINACIONALES CONTROLAN CONSUMO

por Juvenal – Cada vez que una de ellas anuncia (su departamento de comunicación, que hasta eso tienen) su intención de abrir un nuevo centro en tal o cual localidad, los políticos de la misma junto con los regionales -y si es preceptivo los nacionales también- aplauden la iniciativa, babean de placer y salen en todos los medios posibles y probables auto-colgándose las medallas por haber llevado a su amada localidad un buen puñado de “nuevos” puestos de trabajo gracias a la implantación de un nuevo centro de esa multinacional.

Si hay que recalificar terrenos, se recalifican; si hay que modificar planes urbanísticos, se modifican; si hay que dar incentivos fiscales a esa empresa, se le dan; si hay que corregir una o más leyes, se corrigen. Todo sea por el progreso y la prosperidad… de esa empresa, intente usted ese trato de favor -a un nivel menor, obviamente- para cualquier proyecto que tenga y verá lo que se encuentra. O quizás, con lo que no se encuentra, ya que no le harán ni puteñero caso.

De los puestos de trabajo perdidos por las numerosas pequeñas empresas que cierran cuando se les viene encima uno de estos Godzillas; de la incomodidad de tener que acudir en coche a un horrendo y antinatural centro comercial (Dios los cría y ellos nos hacen juntarnos a todos en el mismo sitio); del trato impersonal, aséptico y generalmente poco profesional; de las largas esperas en las cajas… qué les voy a contar a ustedes -pobres sufridores como yo- que no hayan padecido estoicamente en sus personas en innumerables ocasiones.

Pero existe otra cara de la moneda -también tremebunda- y es la relación de estos Godzillas con otra de sus víctimas; el proveedor. Pero no una gran y enorme empresa como ellos, sino una empresa pequeña y española.

Llevo como ocho años trabajando con ellos y las cosas que te encuentras son entre oníricas y malvadas en su mayoría.

Y adelantándome a alguno que otro ser inteligente que dirá que por qué trato con ellos, le diré las dos razones que me obligan a esa relación no por mí deseada: mi mujer y yo (y mis hijos) tenemos la mala costumbre de comer todos los días -entre otras- y además, muy pocos sitios quedan ya para poder plantearse una venta alternativa a esos canales de distribución, que fagocitan o eliminan -sin prisa pero sin pausa- cualquier posible compentencia por grande o pequeña que esta pueda ser.

Como este país es democrático, libre y permite la libertad de expresión (ahora rían conmigo a carcajadas), entenderán que no pueda dar nombres.

Lo primero es que se interesen por tu producto y una vez conseguido esto, entrar en negociaciones para que ellos lo comercialicen. De las condiciones laborales de los empleados, métodos de producción o del origen de los materiales con los que trabajas nada quieren saber, pero -eso sí- te hacen firmar un documento de “buenas prácticas”. Esto no quiere decir nada, ya que si se atrevieran a comprobar alguno de los términos firmados con las empresas orientales con las que trabajan, verían que no son llevados a la práctica y la mano de obra esclava del tercer mundo es la que produce los productos que estas multinacionales nos venden aquí a precios reducidos. Siempre saldrá el neo-liberal de turno que nos relatará triunfante y rabioso cómo eso hace que la economía de estos paises escale puestos en el ranking mundial y que si no hiciese ese trabajo se moriría de hambre con toda probabilidad; pero eso que se lo cuenten al que está en un telar 12 horas al día por medio dolar de salario… y al trabajador europeo que perdió su puesto de trabajo al cerrar la empesa para la que trabajaba, al no poder competir en precios con los orientales. Y por otro lado, a la multinacional sólo le interesan sus beneficios; ni las condiciones de lo trabajadores, ni la calidad del producto ofertado, que como sabemos es muy inferior -en general- a la de los productos europeos.

Pero ahí estamos todos, contentísimos de lo barato que nos ha salido tal o cual producto… hasta que lo metemos en la lavadora -si es texil- y sale hecho unos zorros o se rompe a la primera de turno si es otra cosa.

Y sí me gustaría relatarles algunos casos concretos vividos en primera persona.

En una visita a cierta primera marca de distribución deportiva para plantear la campaña siguiente, teniendo en cuenta las altas subidas que habíamos tenido en el último año de materias primas, transporte, etc, pedimos poder subir el precio de uno de nuestros productos. La respuesta fue contundente: paguen menos a sus trabajadores para así aumentar su beneficio, pero este precio no se toca… si quieren seguir teniendo relaciones comerciales con nosotros. Tuvimos que mantener el precio para que nos siguieran comprando, ganando menos y colando por el aro. No se trataba de aumentar nuestros beneficios, sino sólo de mantenerlos.

Los trabajadores de cierta multinacional del bricolaje (también quizás la primera de España) poseen también una educación excelente: cuando los llamas por teléfono, te cuelgan -sistemáticamente- el aparato. Además, pocos saben leer un excel o escribir sin muchas y abundantes faltas de ortografía. En numerosas ocasiones al recibir un correo de ellos, los dos comerciales que llevamos el departamento tenemos que sentarnos -pensativos y meditabundos, cual lingüista que se enfrenta al homérico desafio de descifrar una antigua inscripción escrita en una lengua desaparecida- delante de la pantalla del ordenador para intentar ver qué ·##?¿/()($¿& quieren decir; no saben expresar una idea mediante palabras. Por no hablar de su ineficacia para la propia compañía; al cambiar al jefe de sector de cualquier tienda (sucede muy muy a menudo) el que entra de nuevo no suele tener ni idea de lo que ocurre a su alrededor. Nos pasó con un producto del que se venden miles de unidades, pero que al cambiar al jefe, dejaron de hacer pedidos; la razón, “este producto no se vende”, cuando si hubieran mirado (probablemente no saben cómo hacerlo, o no se les ocurrió) el histórico de ese producto, hubiesen visto las cifras de venta del mismo. Y esto no pasa en un centro concreto, sino que es la tónica general.

Sin embargo, otra gran firma de distribución nacional, con muy mala fama en lo que respecta al trato dado a sus trabajadores (desconozco si es así), mantiene una relación con el proveedor que muy pocas tienen y estos sí se aseguran de la calidad del producto que les intentas vender.

Y en cuanto a los márgenes con los que trabajan, son en algunos casos brutales: desde el 120% que suele ser lo mas habitual, hasta el 300% de cierta empresa de venta por catálogo.

Intentas aconsejarle lo que deben comprar y en qué cantidades, pero su prepotencia hace que no te escuchen y cuando meten la pata debido a su falta de inteligencia -lo que ocurre más a menudo de lo que puedan creer- te amenazan con no volver a trabajar contigo si no pueden devolver la mercancía por ellos pedida bajo su criterio y sin nuestro asesoramiento. Y no es que seamos más listos que nadie, pero trabajamos con unas 600 tiendas y la experiencia siempre ha sido -o debería ser -un grado. Y aquí, un caso concreto: cierto jefe de compras nos hizo un pedido de 500 unidades todas del mismo color, para cada una de sus tiendas. Intentamos aconsejarle que hiciera el pedido en colores surtidos, para así tener mas posibilidades y rapidez en la venta, pero se negó; la operación fue un fracaso y de no ser porque el inteligente señor dejó de trabajar en ese puesto, nos habríamos encontrado con miles de productos del mismo color en nuestros almacenes, de haber aceptado la devolución de su error, lo que a una empresa pequeña puede llevar al cierre.

Casos como los arriba descritos hay muchos más, ellos son así de listos y sobrados. Y de ineptos. Aunque tambien hay excepciones, no todos son así a Dios gracias.

¿Y a qué viene lo de las torres del título? En la película Conan “el bárbaro” (buena película y maravillosa banda sonora), estas torres representan el avance del poder de Thulsa Doom, especie de mago negro con muy negros intereses que impone su voluntad a diestro y siniestro. Los habitantes se quejan de ellas y los reyezuelos no pueden hacer nada contra él: algo parecido a lo que ocurre con estas multinacionales -transnacionales- que van por todo el mundo imponiendo sus criterios y formas a todo bicho viviente; aplastando -ellas dicen que no ¿quien se lo cree?- al comercio tradicional; determinando precios de compra a los productores de lo que sea; haciendo valer sus condiciones laborales y agrupándose cada vez más en megaconsorcios, que con el paso de muy poco espacio de tiempo sólo serán uno: la Compañia, que sustituirá al Estado. El oscuro, no publicitado y olvidado por todos Tratado de Libre Comercio, ayudará a ello.

Y entonces los precios, las condiciones laborales, los productos ofertados y la calidad de los mismos será homogénea y uniforme. Y la globalización habrá dado un paso más.

¿Surgirá Conan y matará a Thulsa Doom?.

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