¿Por qué se defendió Gaza?

RAMZY BAROUD

por Ramzy Baroud – Mi vieja casa familiar en el campo de refugiados de Nuseirat, en Gaza fue reconstruida recientemente por su nuevo propietario, un hermoso edificio de tres pisos con grandes ventanas adornadas por marcos de color rojo. En la reciente y mortal guerra de Israel contra Gaza, la casa sufrió daños significativos. Desde lejos se puede ver un gran agujero causado por los misiles israelíes, en la parte de la casa donde estaba la cocina.

Parece ser que el objetivo original no era mi casa, sino la de nuestro amable vecino, que se ha pasado toda su vida trabajando en empleos manuales en Israel, y más tarde se colocó como conserje de una de las escuelas administradas por la ONU en Gaza. Todos sus ahorros habían  sido invertidos en su casa, donde vivían varias familias. Después de que unos cohetes de “advertencia” volaran parte de su casa, varios misiles pulverizaron el resto.

Todo mi barrio fue destruido. Ví por casualidad las fotos del barrio lleno de escombros en Facebook. El descampado donde jugábamos al fútbol cuando éramos niños quedó llenó de agujeros provocados por los misiles y metralla. La tienda donde solía comprar caramelos con mi paga, fue volada. Incluso el cementerio donde nuestros muertos debían “descansar en paz” era todo menos pacífico. Había signos de guerra y destrucción por todas partes.

Mi última visita fue hace unos dos años. Me puse al día con mis vecinos sobre las últimas novedades políticas y las nuevas sobre quién había muerto y quién estaba todavía vivo a la sobra de las paredes de mi vieja casa. Uno de mis vecinos tras quejarse de sus últimos achaques, me contó que su hijo Mahmud había caído luchando en las filas de la resistencia palestino.

No podía hacerme a la idea de que Mahmoud, el niño que yo recordaba corriendo semidesnudo y moqueando, se había convertido en un luchador feroz con un rifle automático dispuesto a resistir hasta la muerte ante el ejército israelí. Pero eso es lo que había ocurrido, y había muerto luchando.

El tiempo lo cambia todo. El tiempo ha cambiado Gaza. Pero la franja nunca fue un lugar pasivo, de personas que subsisten con dádivas, o con una sensación generalizada de victimismo. Cuando se crece en un campo de refugiados querer ser un luchador por la libertad precede a cualquier pensamiento racional sobre la vida y las muchas opciones que puede ofrecer, y todos los niños de mi generación querían ser fedayines.

Pero las opciones para los habitantes de Gaza son cada vez más limitadas, incluso para mi generación.

Desde que Israel sitió Gaza con ayuda y de manera coordinada con Egipto, la vida para los habitantes de Gaza se ha convertido en gran medida en una cuestión de mera supervivencia. La franja se ha convertido en un enorme experimento israelí sobre control de población. A los habitantes de Gaza no se les permite salir, pescar o cultivar la tierra y los que se acercan demasiado a una “zona de nadie” arbitrariamente designada como tal por el ejército de Israel dentro de las fronteras de Gaza, son tiroteados y muchas veces asesinados.

Hace tiempo que la población de la franja sabía que estaban solos. El breve período que estuvo Mohammed Morsi en el poder en Egipto ofreció a Gaza cierta esperanza y respiro, pero terminó pronto. El asedio se hizo, tras el derrocamiento de Morsi, más agobiante que nunca.

Los dirigentes palestinos en Ramallah hicieron muy poco para ayudar a Gaza. Para garantizar la desaparición de Hamas, la Autoridad Palestina y Mahmoud Abbas continuaron su “coordinación en materia de seguridad” con Israel, mientras Gaza sufría un asedio draconiano. No había dudas de que después de todos los intentos fallidos de romper el cerco y el creciente aislamiento de Gaza, los habitantes de Gaza tenían que encontrar por si mismos como acabar con el bloqueo.

Cuando Israel comenzó su campaña de bombardeos sobre Gaza el 6 de julio, y un día más tarde iniciaba oficialmente la llamada “Operación frontera protectora”, seguida de una invasión terrestre, hubiera podido parecer que Gaza estaba dispuesta a rendirse.

Los analistas políticos venían señalando que Hamas estaba en su nivel más bajo tras el reflujo de la Primavera Árabe, la pérdida de sus aliados egipcios, y su dramático cambio de fortuna en Siria y, naturalmente, Irán. La hipótesis de que “Hamas esta a punto de doblar las rodillas” fue puesta sobre la mesa como algo implícito en la lógica que rodea el acuerdo de unidad entre Hamas y Fatah. Y la unidad fue visto en gran medida como una concesión de Hamas al Fatah de Abbas, que continua disfrutando del respaldo político y la ayuda financiera de Occidente.

El asesinato de tres colonos israelíes en la Cisjordania ocupada a finales de junio fue la oportunidad que buscaba el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para poner a prueba la falsa hipótesis del debilitamiento de Hamas. Lanzó su guerra, que se acabó convirtiendo en un genocidio, con la esperanza de que Hamas y otros grupos de la resistencia se verían obligados a desarmarse o ser completamente erradicado, como prometieron varios portavoces israelíes.

Pero no lo consiguió. Desde los primeros días de la guerra fue evidente que no podía derrotar a la resistencia, al menos no tan fácilmente como había esperado Netanyahu. Cuantas más tropas lanzaba a la guerra en Gaza, más bajas tenía el ejército israelí. La respuesta de Netanyahu fue aumentar el precio que tenia que pagar la resistencia palestina infligiendo tanto daño a los civiles palestinos como fuera posible: más de 1.900 muertos, cerca de 10.000 heridos, una gran mayoría de los cuales eran civiles, y la destrucción de numerosas escuelas, mezquitas, hospitales y miles de casas, obligando a huir de sus hogares a cientos de miles de personas. Pero ¿ a dónde se huye cuando no hay a dónde ir?

El discurso político israelí, habitualmente cauteloso, se comenzaba a desmoronar ante la firmeza de Gaza. Funcionarios y medios de comunicación israelíes comenzaron a pedir abiertamente un genocidio. El corresponsal en Oriente Medio Jeremy Sal explicó:

“Los sionistas más extremistas dicen en voz alta que los palestinos tienen que ser aniquilados o por lo menos, abandonados a su suerte en el Sinaí”, escribió, citando a Moshe Feiglin, el presidente adjunto de la Knesset israelí, que pidió “la conquista militar total de la Franja de Gaza y la expulsión de sus habitantes. Su confinamiento en tiendas de campaña a lo largo de la frontera del Sinaí, mientras se decide su destino final. Los que continúen resistiendo deben ser exterminados”.

Desde el comentarista israelí Yochanan Gordon, quien coqueteó con el genocidio “cuando el genocidio es admisible”, a Ayelet Shaked, que abogó por el asesinato de las madres de los que resisten y son muertos por Israel. “Deben correr la misma suerte que sus hijos. Nada sería más justo. Deben desaparecer, al igual que las casas físicas en las que criaron las serpientes. De lo contrario criarán más serpientes”, escribió en Facebook.

Las referencias al “genocidio” y el “exterminio” y otros términos devastadoramente violentos ya no son “acusaciones” lanzadas por los críticos de Israel, sino una auto-acusación cotidiana y pública realizado por los propios israelíes.

Los israelíes están perdiendo el control de décadas de su hasbará (1), una red de propaganda tan cuidadosamente tejida e implementada, que muchos en el mundo entero se han dejado engañar por ella. Los palestinos, los de Gaza en particular, nunca han ignorado las intenciones genocidas de Israel. Construyeron su resistencia con el pleno conocimiento de que lo que les esperaba era la lucha por su propia supervivencia.

La llamada “frontera protectora” de Israel es la prueba final del verdadero rostro de Israel, el del genocidio. Se llevó a cabo, prestando esta vez poca atención al hecho de que el mundo entero estaba observando. Los trending hashtags de Twitter, que comenzaron con #GazaUnderAttack, luego #GazaResists, rápidamente se transformaron en #GazaHolocaust. Este último fue utilizado por mucha gente que nunca pensó que se atrevería a hacer este tipo de comparación.

Gaza logró mantener a raya a Israel en una batalla de proporciones históricas. Una vez que entierre a sus hijos, reconstruirá una vez más sus defensas para la siguiente batalla. Para los palestinos en Gaza no se trata de meras estrategias de resistencia, sino de su propia supervivencia.

Nota:

(1) Hasbará (הַסְבָּרָה), “explicación, esclarecimiento”, término utilizado en hebreo por los portavoces del estado de Israel para designar el argumentarlo oficial sobre sus posiciones o acciones y la estructura de difusión de esta propaganda oficial con sede en la oficina del Primer Ministro y unidades dependientes en varios ministerios israelíes. La traducción oficial de hasbará a otros idiomas es “diplomacia pública” (ndt).

Ramzy Baroud, es profesor de historia de los pueblos en la Universidad de Exeter. Es editor general Middle East Eye y fundador de PalestineChronicle.com. Su último libro es My Father Was a Freedom Fighter: Gaza’s Untold Story (Pluto Press, London).

Traducción para “sinpermiso”: Enrique García

Extraído de: sinpermiso

Fuente: Resistiendo

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