Los dos pilares de la impunidad sionista. Lo que muchos defensores de la causa palestina no se atreven a denunciar.

DENUNCIAR A ISRAEL ES ANTISEMITISMO

por Pepe López – Resulta descorazonador ver como la mayoría incide muchas veces, tan sólo, en el aspecto personal y pasional del sufrimiento de las víctimas del Ente Sionista -que no «Israel»-, sin querer afrontar, en primer lugar, la misma naturaleza y discurso del sionismo, y en segundo lugar, la cobertura simbólica sentimental tan amplia que goza en Europa, América del Norte y Sudamérica, que es lo que le DA LA IMPUNIDAD para cometer todas las fechorías que comete.

Esa impunidad se refleja en el silencio informativo de los grandes medios españoles sobre los ataques continuos sobre Gaza.

Quien «despolitiza» una serie de crímenes ejecutados por motivos políticos y cometidos al amparo de un paraguas identitario, NO puede presentarse como contrario a esos crímenes.

Es como aquellos años en que la mayoría de los medios de difusión y muchos españoles, se limitaban a horrorizarse y condenar -«enérgicamente»- los atentados de ETA sin querer entrar nunca en entender los motivos políticos y la cobertura ideológica del terrorismo etarra. El mayor crimen de ETA estaba no en que matara niños y adultos (cualquiera puede matar niños y adultos en un accidente, por ejemplo) sino en la propia ideología de ETA. La organización consideraba (y lo sigue pensando) dos cosas: que vascos y el resto de españoles son pueblos de naturaleza antagónica e irreconciliable, y que no pueden convivir bajo el mismo marco político; y por tanto, que todos los vascos que no piensen eso son traidores a su pueblo y, por tanto, es legítimo eliminarlos. Aquí radicaba el verdadero crimen de ETA.

El verdadero crimen del Ente Sionista se encuentra en su propio origen constitutivo: se consideran herederos del «pueblo elegido», y por tanto, con todo el derecho del mundo a invadir, ocupar y expoliar las tierras de otro pueblo, y destruir, bloquear y asfixiar la vida del mismo en tanto «pueblo ordinario». En su misma naturaleza de creerse con derecho a matar a diez palestinos (o a veinte, o a cincuenta) por cada miembro del «pueblo elegido» muerto está su verdadero crimen.

Pero, además, el Ente Sionista encuentra dos coberturas simbólica-sentimentales formidables que apenas nadie -ni siquiera los supuestos defensores de los derechos humanos de los palestinos- se atreven a señalar:

La primera cobertura es el identitarismo «judeo-cristiano occidental». La inmensa mayoría de los sionistas del mundo NO son NI siquiera descendientes de judíos, sino que son hijos de «cristianos viejos». El supremacismo antisemita occidental es, actualmente, casi unánimemente prosionista, pues considera al sionismo como su «hermano mayor» (en tanto que heredero único del judaísmo), de forma que sus hermanos menores están obligados, por identidad simbólica-cultural, a apoyar a sus «hermanos mayores». Diversas sectas evangelistas, así como sectas católicas -Opus Dei, Legionarios de Cristo o Camino Neo-Catecumenal- han ido imponiendo su «comunión con el sionista» en el seno de una feligresía que, hace décadas, no comulgaba para nada con el mismo.

Y la segunda cobertura es el victimismo por el drama de los judíos europeos en la II Guerra Mundial, drama elevado no sólo a la categoría de incomparable y absoluto, sino que ha sido capitalizado de forma exclusiva por el sionismo. Se da un doble «monopolio del sufrimiento»: no sólo la persecución y muerte en campos de concentración de judíos europeos se ha convertido, poco menos, en el único genocidio de la historia (olvidando también la persecución y muerte en campos de concentración de millones de personas no judías durante el mismo periodo) sino que a un movimiento se le ha instituido heredero único de las víctimas judías en Europa. Es como si Izquierda Unida capitalizara en exclusiva las víctimas causadas por los rebeldes del 18 de Julio (incluyendo las víctimas que eran anticomunistas), o el Partido Popular capitalizara en exclusiva las víctimas causadas por el Frente Popular (incluyendo las víctimas comunistas afiliadas al POUM). Los sionistas capitalizan su condición de «víctimas mayores incomparables» de los «Nazi-Fascistas», y en su condición de víctimas incomparables del Nazi-Fascismo, tienen patente de corso para actuar como les parezca.

Así pues, si la mayoría de la derecha cristiana tiende a comulgar con los sionistas porque son sus «hermanos mayores» en el bloque identitario confesional «judeo-cristiano» (además de comulgar por su supremacismo antisemita -los palestinos son «más semitas» que los judíos-), la mayoría de la izquierda antifascista tiende a comulgar con los sionistas porque son las «víctimas mayores» de un mismo enemigo común en el pasado.

Quien no quiera entrar a denunciar estas dos coberturas, no pretenda decir que lucha contra los crímenes del estado sionista.

5 comentarios to “Los dos pilares de la impunidad sionista. Lo que muchos defensores de la causa palestina no se atreven a denunciar.”

  1. Estoy con Ceresole: el sionismo tenía un componente laico que era mayoritario entre los israelíes y judíos en general, de ahí que el laborismo fuera durante muchos años el partido más votado. Desde el atentado de la AMIA en Argentina y el posterior asesinato de Isaac Rabin, ambos a manos de judíos ortodoxos, Israel se erige en el único representante del pueblo judío en todo el mundo, con lo cual hablamos de nacional-judaísmo más que de sionismo.

  2. Podría decirse que el sionismo desde su nacimiento siempre fue un nacional-judaísmo, que consideraba que los judíos tenían derecho a un estado propio como tal grupo nacional, dentro de una cosmovisión política moderna y nacionalista, y no principalmente por cuestiones religiosas. De ahí que para buena parte de los ortodoxos, el Estado de Israel sea incluso contrario a la propia religión judía.

  3. Bien, de acuerdo; digamos que hay dos versiones del sionismo, la laica y la religiosa, y que dentro del judaísmo existen los nacionalistas y también los contrarios al Estado de Israel, que consideran, estos últimos, que Israel no puede formarse hasta que no venga el Mesías.

    El nacional-judaísmo actual tiene como pilar no tanto la idea (falsa, por otra parte) de que todo pueblo tiene derecho a formar una nación (que sería propio del sionismo laico) como la idea de que el pueblo judío es el único, como pueblo elegido, con derecho a dirigir su futuro y el de los demás. Ahí está lo del rabino Ovaida Josef. Para estos judíos lo ocurrido hace dos mil años, hace sesenta o ayer por la tarde tiene una unidad de destino, que es la que está en el Antiguo Testamento; no así para los laicos, que sí se sentían judíos pero se alejaban de la idea de ‘pueblo elegido’ frente a los demás pueblos, que ahora vuelve a florecer. Estos nacional-judíos no aceptan un Estado aconfesional, que sí aceptaban los laboristas. Hoy, por ejemplo, jamás habrían aceptado a los etíopes.

    http://www.ethiopianreview.com/index/43065

    Por eso Rabin, laborista, buscaba un acuerdo con los palestinos, cosa que los convencidos de que son el pueblo elegido no estaban dispuestos a aceptar. De ahí esto:

    Israel no reconocerá una nacionalidad israelí porque pretende mantener el carácter judío a toda costa

    http://www.rebelion.org/noticia.php?id=175651

  4. No sabemos hasta qué punto el sionismo laico ha sido menos supremacista que el religioso (llamémosles así para simplificar) a la hora de concebirse a sí mismo y a la hora de tratar a los palestinos. Con el correr de los años, puede que cierta izquierda -por lo demás, muy minoritaria- sea hoy más receptiva a la idea de dos estados (estados de verdad, no en plan campo de concentración palestino actual), incluso a la idea de un estado compartido… pero desde luego el régimen sigue siendo igual de racista, supremacista y genocida que al principio, manden unos o manden otros.

    Otra cosa es considerar que a pesar del lavado de tarro sionista en escuelas y demás, la globalización también les ha llegado a ellos, y los israelitas comunes también quieren su desfile del orgullo, su concierto de Madonna, y su hamburguesa de multinacional… incluso muchos ven con buenos ojos “re-engancharse” a la diáspora (véase si no la expectativa que ha creado en la entidad sionista la inmensa estupidez del iluminado Gallardón con el tema de regalar la nacionalidad española a los descendientes -reales o supuestos- de los sefarditas expulsados de España)

  5. “El nacional-judaísmo actual tiene como pilar no tanto la idea (falsa, por otra parte) de que todo pueblo tiene derecho a formar una nación (que sería propio del sionismo laico) como la idea de que el pueblo judío es el único, como pueblo elegido, con derecho a dirigir su futuro y el de los demás”
    En efecto, pero el sionismo laico se benefició (y sigue beneficiándose) de la idea de Occidente como “civilización única”, como “civilización elegida” y “más evolucionada” (por lo tanto, “más humana”), y por tanto, con derecho a elegir el destino (y la destrucción si se ve amenazada su hegemonía) de los demás.

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