Entrevista a Alain de Benoist: “La victoria de Marine Le Pen va más allá de la derecha y de la izquierda”

ALAIN DE BENOIST

Tal vez se trate de tu paradoja personal: desde hace tiempos inmemoriales siempre te has definido en favor de Europa. Pero los movimientos disidentes que te leen asiduamente optan, a menudo, por posturas más nacionalistas. ¿Cómo resolver esta ecuación con múltiples incógnitas, tanto más difícil de resolvercuanto que no siempre se sabe de qué Europa estamos hablando?

El principal reproche que se le puede hacer a la Unión Europa es haber desacreditado a Europa cuando las condiciones objetivas que abogan por una Europa políticamente unida son más apremiantes que nunca. Aunque considero que el soberanismo no lleva a ningún sitio, puesto que ningún Estado aislado está en condiciones de hacer frente a los actuales retos planetarios, empezando por el control del sistema financiero, comprendo muy bien las críticas que los soberanistas vierten contra la Unión Europea. Es más, las comparto, puesto que la soberanía que se quita a las naciones no se traslada a una escala supranacional, sino que desaparece por el contrario en un agujero negro. Es más que natural, en tales condiciones, que haya una tentación a replegarse sobre el Estado nación. Pero para mí la consigna no es: “Por Francia, contra Europa”, sino “Por Europa, contra Bruselas”.

¿Qué piensas de la indiscutible victoria del Frente Nacional en las recientes elecciones europeas?

Es una confirmación de que los franceses no quieren que vayan sucediénose en el poder, año tras año, unos partidos que realizan la misma política liberal de siempre sin cumplir nunca sus problemas ni conseguir nada de nada.

Por ello, el FN aparece ante la gente como la última esperanza. Al mismo tiempo que marca un indudable giro histórico […], el resultado del partido de Marine Le Pen está lleno de enseñanzas. Indica, en primer lugar, que ya no funciona la demonización de la que ha sido objeto, por la sencilla razón de que la gente ya no cree en argumentos repetidos hasta tal punto que han perdido cualquier sentido. Pero hay más. Resulta que esta misma demonización, que pretendía deslegitimar a un molesto competidor transformándolo en enemigo repulsivo y odiable, ha conseguido exactamente todo lo contrario: que el FN se instale duraderamente en el centro de la vida política francesa. […]

Esta victoria electoral también muestra la razón que  tenía Marine Le Pen al oponerse a quienes la empujaban a situarse como partido de la “derecha nacional”. Lo que hace actualmente el FN es superar felizmente la disyuntiva derecha-izquierda. Es entre los jóvenes y en las clases populares donde alcanza los mejores resultados: en las elecciones europeas, un 43% de los obreros votaron al Frente, ¡y sólo un 8% a los socialistas! Esta base popular demuestra que el FN ha dejado de ser un partido de protesta para convertirse en un partido capaz de aspirar al poder, al tiempo que su adversario prioritario sigue siendo más que nunca la UMP.

Y en este contexto, ¿qué piensas del auge de todos estos movimientos “identitarios” y “euroescépticos” en Europa?

Su común denominador es, manifiestamente, el populismo. No hay que dejar de repetir que el populismo no es una ideología, sino un estilo, y que ese estilo es compatible con orientaciones muy distintas. Basta, por lo demás, comparar el FN con la Lega Norte en Italia, o el Vlaams Belang en Flandes, para ver hasta qué punto sus posturas son divergentes, ya se trate de regionalismo, del programa económico y social o de la “laicidad”. El auge de los movimientos populistas traduce evidentemente el descrédito de los partidos de la Nueva Clase, totalmente cortados del pueblo, y la desconfianza de la que son objeto hasta el punto de engendrar auténticos pánicos morales. También pone de manifiesto la increíble amplitud de la crisis de la representación. El FN, que ha sido el partido más votado el 25 de mayo, ¡sólo dispone de dos o tres diputados en el Parlamento! El UKIP, primer partido británico en haber superado, desde 1910, tanto a los conservadores como a los laboristas, ¡sólo cuenta con un escaño en el Parlamento de Londres! ¿Y luego se asombran de que reviente el tinglado!

Tal como están las cosas, ¿qué hacer con Europa? ¿Redefinirla? ¿Encarrilarla de otro modo? ¿Liquidarla de una vez por todas o, por el contrario, darle otra vida, suponiendo que aún sea posible?

Europa es actualmente un gran cuerpo enfermo, paralizado, bloqueado, incapaz de definir su identidad, dispuesta a salir de la Historia para convertirse en un objeto de la historia de los demás, como lo muestra su dócil consentimiento a fundirse en una gran zona de libre comercio atlántica donde se impondrían ineluctablemente las normas medioambientales, sanitarias y sociales de los Estados Unidos. Esta Europa se ha construido desde el comienzo en contra del sentido común, de arriba abajo, sin tener en cuenta el principio de subsidiariedad, sin fijar fronteras y sin que nunca los pueblos hayan estado asociados en su construcción. Es una Europa que, sumida en el buenismo y en la falta de conciencia de sí misma, ha hecho suyos los principios del liberalismo más destructivo. Encarrilarla por otros derroteros implicaría que decidiera ser una potencia soberana y no un mercado, y que esta potencia fuera capaz de encarnar un modelo de cultura y de civilización capaz de jugar su papel en un mundo que volviera a ser multipolar. Lejos estamos de todo ello.

Fuente: El Manifiesto

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