El Doctor Frankenstein de la ideología de Género y la distrofia del pensamiento dominante

CRISTINA SANCHEZ

por Cristina Sánchez – ¿Qué es la ideología de género? No podemos contestar esta pregunta sin dar a conocer a John Money, el médico psiquiatra y psicólogo que con sus ideas dio lugar al término. Un horrible experimento, de consecuencias nefastas, sobre el que mintió acerca de los resultados obtenidos, y el coro progresista de variadas y surtidas comparsas, hicieron el resto.

El poder adquirido en los EEUU, como profesor de Pediatría y Psicología médica de la Universidad John Hopkins, hizo imposible que salieran a la luz las investigaciones de las pocas voces científicas que osaron enfrentarse al establishment compuesto por medios de comunicación y pensamiento único. Cuando lo consiguieron ya fue demasiado tarde para muchos niños. Y aunque las cosas cambiaron al menos en alguna medida, la ideología de género ha traspasado fronteras llegando hasta nuestra Europa, esta Europa que no reconoce ni su padre, cansada, trasnochada y vendida. Y el exponente más reciente lo tenemos en la ley de ideología de género aprobada hace sólo unos pocos días por la Junta de Andalucía. Pasen y vean. Abre sus puertas el castillo de los horrores.

En oposición al determinismo biológico, -según el cual el sexo, como otros aspectos del ser humano, está controlado por los genes del individuo, tesis que se complementan en Sociología, Filosofía, Biología, Genética e incluso espiritualidad-, para Money el comportamiento está regido por la educación como varón o mujer y no por el sexo biológico dado al nacer. De hecho, fue quien trasladó el término “género” de las ciencias del lenguaje a las ciencias de la salud cuando estaba investigando problemas de hermafroditismo en el departamento de psiquiatría y pediatría del hospital de la Universidad de Hopkins. Los niños, aseguraba, “nacen psicosexualmente neutrales y se les puede asignar uno u otro género en los primeros años de su vida, en los que, con sólo un cambio en la práctica de su aprendizaje, junto con una sencilla intervención quirúrgica, es posible construir una nueva identidad de género. Y un niño puede convertirse en una niña y una niña en un niño”.

El doctor Money

Nació el 8 de julio de 1921 en Nueva Zelanda y falleció el 7 de julio de 2006 en Estados Unidos. En 1944 se graduó en la Universidad Victoria de Wellington con una maestría en Psicología y otra en Educación. Trabajó en la Universidad de Otago en Dunedin pero en 1947 emigró a los Estados Unidos para estudiar Psiquiatría en la Universidad de Pittsburgh. En 1952 terminó su doctorado en la Universidad de Harvard. El resto, desde 1951 hasta su muerte como profesor de Pediatría y Psicología médica en Hopkins, es lo que le narramos a continuación. Bueno, resaltar que fue el primer miembro honorario de la Asociación Española de Sociedades de Sexología (AEES) –¿cómo no?, española, por supuesto- y se ha propuesto que el premio de investigación de la Federación Española de Sociedades de Sexología (FESS) lleve su nombre. Y para subir acompañados al podio de la nadería, añadir que en 2002 recibió la medalla Magnus Hirschfeld, de la Sociedad Alemana para la Investigación Científico-social en Sexualidad. ¿Por qué le llamarán ciencia, cuando deberían llamarle ingeniería social?

Montando cimientos desde donde arrancar con su nueva ideología

Money reactivó las controversias en la comunidad científica acerca de lo innato o adquirido, y ello le dio rienda suelta para comenzar los experimentos. Partiendo de anomalías sexuales congénitas y cirugía de reconstrucción genital, necesarias en casos requeridos por malformaciones de nacimiento, ciertamente minoritarias, según indican las estadísticas al respecto, Money decidió considerar el género, ligado a la subjetividad, más determinante que la Genética y la Naturaleza. Sus estudios sexológicos sobre niños intersexuales, hermafroditismo, fantasías sexuales, parafilias y pedofilia, justificadas en gran medida por el propio desarrollo de sus investigaciones y sus líneas de pensamiento, son muy numerosos. Fue muy prolijo, tal y como exigen las teorías que no existen, introduciendo términos: orgasmo seco en el varón, sexosofía, papel de género, travestofilia, principio de Adán, principio de Eva, identificación cruzada, cruce de género, ginemimesis y andromimesis… Vaya usted a saber. Por supuesto, formó parte del movimiento de liberación sexual de las décadas 1960 y 1970 y sus posiciones personales sobre el ejercicio de la de sexualidad, en especial de las parafilias y la pedofilia fueron muy controvertidas. Animaba a sus pacientes a experimentar con todo tipo de deseo sexual, incluida la «lluvia dorada», la coprofilia, las amputaciones y el autoestrangulamiento. Para Money no eran perversiones, sino «parafilias». En abril de 1980 explicó en la publicación Time que una experiencia de pedofilia “no tenía necesariamente una influencia negativa sobre el niño”. Durante toda su carrera este hombre fue reverenciado, recibiendo homenajes, numerosos reconocimientos y premios, además de sabrosas subvenciones. Creó la primera clínica para la identidad de género, celebrada por las mayores y más importantes revistas estadounidenses e internacionales. Hoy sus estudiantes y protegidos, cuenta el periodista estadounidense John Colapinto, “ocupan posiciones preeminentes en algunas de las universidades, instituciones de investigación y revistas científicas más estimadas de los Estados Unidos”. Colapinto, una de las pocas voces que se interesó en la verdad, transformó en libro –As Nature Made Him: The Boy Who Was Raised As a Girl-, su célebre investigación sobre el experimento de Money, publicada por primera vez en diciembre de 1997 en la revista Rolling Stone.

El doctor Money, alias Frankenstein y el caso Reimer conocido como caso John/Joan

Lo que realmente lo hizo famoso internacionalmente fue el fracaso, que él maquilló de éxito, de la reasignación de sexo en el caso de David Reimer, conocido como el caso John/Joan, quien debió vivir como una niña a partir de la amputación accidental de su pene, pero nunca logró identificarse en un rol femenino y terminó suicidándose. Money supervisó su caso, considerando que la reasignación de Reimer fue exitosa, con lo que probó, ante la comunidad estadounidense que la identidad de género -percepción subjetiva que un individuo tiene sobre sí mismo en cuanto a sentirse hombre o mujer, según la popular Wiki, un diccionario ideológico muy manipulado-, se aprendía. Como asegura Juan Lejárraga, Money “extrapoló sus conclusiones sobre los intersexuales a todos los bebés con desarrollo normal”. Decir que la cirugía genital en casos de intersexualidad se desarrolla por vez primera a finales de los años 30 por Hugh Hampton Young, un cirujano de la universidad Johns Hopkins. Pero el actual protocolo pediátrico de tratamiento de bebés intersexuales debe su desarrollo a la influyente figura de John Money. Veamos los detalles.

El bebé, cobaya para el científico ideólogo

El 22 de agosto de 1965 nacieron en el hospital St. Boniface de Winnipeg, Canadá, dos gemelos idénticos, Bruce y Brian Reimer. Ambos tenían un problema de fimosis en el pene, por lo que fue necesaria una circuncisión, operación sencilla y de rutina, a la que los padres, Ron y Janet, dieron su consentimiento sin problemas. Son operados 8 meses después, el 27 de abril de 1966. Por un error increíble, el pene de Bruce se quema con un cauterizador. “Se separó en trocitos y desapareció completamente”.

Los padres, desesperados, tras una serie de consultas médicas se pusieron en manos de John Money, un médico del que habían oído hablar en los platós de televisión, a los que era asiduo, por sus milagros de “reasignación sexual” que llevaba a cabo, como ya hemos dicho, en el Johns Hopkins Hospital de Baltimore. El hombre del discurso brillante y de inteligencia sofisticada, era el creador de la ideología de género, basada en la idea de que la identidad de una persona no está fundada en los datos biológicos del nacimiento, sino en las influencias culturales y el ambiente en el que crece. Money, que guiaba la clínica pionera en cirugía transexual de Baltimore, estuvo encantado de ocuparse del pequeño. Bruce era la cobaya que él estaba esperando para demostrar la bondad de sus teorías, un pequeño varón sin pene al que podía transformar en una niña. Cuando Ron y Janet, que entonces tenían sólo 20 y 21 años, le conocieron, se quedaron fascinados por el personaje. El doctor “me parecía un dios“, dijo la madre.

Hasta conocer a Bruce, el campo de acción de Money se había limitado a los hermafroditas. El niño fue para él su ocasión dorada. El médico les explicó que le podía dar al niño una vagina que funcionara perfectamente, pero que necesitaba su colaboración para que Bruce se convirtiese en niña. Era importante que la vistieran como una niña, que no le cortaran el pelo, que hicieran lo posible para que ella se sintiera “una ella” y no “un él”. Así tendría una vida feliz.


Primer paso: castrar al niño. El 3 de julio de 1967 Bruce fue castrado por el Dr. Howard Jones, un colaborador de Money, y Bruce se convirtió en Brenda. Sus padres se pusieron manos a la obra. Sin embargo, nunca funcionó. La pequeña Brenda ignoraba las muñecas que le regalaban, adoraba pelear con sus amiguitos, construía fuertes en lugar de peinarse delante del espejo. En el baño, hacía pipí de pie. Los primeros años de colegio empeoraron muchísimo la situación. Brenda empezó a ser especialmente violenta y la suspendieron. Segundo paso: Vender el “éxito”. Mientras tanto, ajeno al sufrimiento familiar, Money publicó su libro, Man & Woman, Boy & Girl (Hombre y Mujer, Niño y Niña), en el que puso al mundo al corriente del extraordinario “caso de los gemelos” según el volumen, un “rotundo éxito” y una “prueba concluyente” de que “no se nace varón o hembra, sino que uno se convierte en varón o en hembra”. Al mismo tiempo, la obra es adoptada por el movimiento feminista. Y fue alabada en las primeras páginas del Time y del New York Times Book Review, lo que dio a su autor la indiscutible celebridad de un gurú.

El mundo se dispone a adoptar la nueva ideología

Sólo un desconocido investigador llamado Milton Diamond se atrevió a expresar su perplejidad ante el caso. Pero fue ignorado. Al contrario, “el caso de los gemelos de Money fue decisivo para que se aceptara universalmente no sólo la teoría según la cual los seres humanos son, cuando nacen, psicosexualmente moldeables, sino también la cirugía de reasignación sexual como tratamiento para los niños con genitales ambiguos o dañados. El método, que antes se realizaba sólo en el Johns Hopkins, se difundió rápidamente y hoy se lleva a cabo en casi todos los principales hospitales del país”.

La realidad es completamente distinta y Money es consciente de ello

Brenda seguía comportándose «como un marimacho», defendía a su hermano en las peleas y le costaba estar con sus amigas. Periódicamente, los dos hermanos iban a la clínica de Money para ser sometidos a unos estresantes test psicológicos. Durante estas sesiones, a los dos gemelos de seis años se les mostraban imágenes de sexo explícitas “para reforzar su identidad/rol de género”. Los dos hermanos estaban obligados a simular actos sexuales entre ellos. En una ocasión, el Dr. Money “les hizo una foto con una Polaroid”. Para Brenda, estas sesiones, a las que se tenía que someter también sola, eran una tortura. Porque, además de los abusos, la Brenda diseñada imaginaba en sus sueños que era un veinteañero “con bigotes”, pero tenía miedo de decírselo a sus padres por temor a desilusionarlos.

De hecho, Ron y Janet, frustrados por el comportamiento de la niña, intentaban por todos los medios aplicar los consejos de Money: se paseaban desnudos por la casa, iban a campamentos de nudistas, presionaban a la pequeña para que asumiera actitudes femeninas…

El precio de la ideología

Todo ello les llevó a un agotamiento nervioso: Janet intentó suicidarse, Ron empezó a beber. Money, mientras tanto, publicó un nuevo libro de éxito, Sexual Signatures,Características sexuales“, en el que incidía en que Brenda, “atravesaba felizmente su infancia como una verdadera chica”, aunque la realidad era que Brenda, comenzó a tener instintos suicidas con once años. Asistentes sociales, médicos y psicólogos –uno detrás de otro- entendieron que algo no iba bien, pero la fama de Money era demasiado grande para poder ensombrecerla.

A los doce años empezó el tratamiento con estrógenos para hacer crecer el pecho. En la última visita que tuvo en el estudio del Dr. Money, éste provocó un encuentro con un transexual que le expuso y magnificó a Brenda las ventajas de la operación quirúrgica de cambio de sexo. Brenda huyó y les dijo a sus padres que si la obligaban a volver “se suicidaría”. “Money me gritaba, me decía que me quitara la ropa y yo no quería. Me quedaba quieto, y él me chillaba: ¡No! A mí me asustaba que fuese a darme una paliza, así que terminaba por desnudarme y quedarme inmóvil, temblando de pánico”.

Ya alejada del médico, el calvario seguía. En el colegio la llamaban “gorila” y algunos periodistas empezaron a interesarse en ella. En 1977, un equipo de la BBC fue a Winnipeg para hablar con sus médicos. Todos confirmaron la misma impresión: Brenda no era la “chica feliz” de la que hablaban los best-sellers de Money. De hecho, éste se niega a recibir a los periodistas de BBC.

Tras las amenazas suicidas de Brenda, su padre, Ron, le revela a su hija la verdadera historia, algo que Money había prohibido. Como relata John Colapinto, Brendase sintió aliviada” porque por fin entendió que “no estaba loca”. La primera pregunta que le hizo a su padre fue: “¿Cuál es mi nombre?”.

Brenda elige llamarse David: “el niño que combate y vence al poderoso Goliat

Brenda decidió volver a su sexo biológico. Elige llamarse David porque este es el nombre “del rey asesino de gigantes de la Biblia”, el niño que combate y vence al poderoso Goliat. Empezó a inyectarse testosterona, le crecieron los primeros pelos en el rostro, a los dieciséis años se sometió a la primera operación para la creación del pene. Mientras esperaba la mayoría de edad, permaneció escondido dos años en el sótano de su casa. A los dieciocho años pudo entrar en posesión del dinero que el St. Boniface Hospital le había concedido como indemnización y adquirió una furgoneta equipada con todas las comodidades, a la que bautizó según el fin que tenía que tener: “Furgoneta para copular”. La cosa no fue así. David no tenía capacidad de erección y el tema se supo entre sus amigos.

Intenta de nuevo el suicidio dos veces más. A los veintidós años se sometió a una segunda faloplastia y, dos años después, tuvo su primera relación sexual. Pero aún era profundamente infeliz.

Colapinto relata que en el verano de 1988 David hizo algo que no había hecho antes: “acabé rezando. Podría ser un buen marido, si se me diera la posibilidad”. Dos meses después conoció a Jane, una madre soltera que había tenido tres hijos de tres hombres distintos. Se enamoraron. David vendió la inutilizada furgoneta para copular y compró un anillo de brillantes. Se casaron el 22 de septiembre de 1990.

Se destapa la verdad. Comienza el declive

Para Money, “Hot Love Doctor, Doctor Amor Caliente, ndr”, como lo llamaban los periódicos, empezó el declive. Aunque ya no hablaba del caso de los gemelos, Money continuaba sosteniendo las tesis de género, que le facilitaban grandes financiaciones, también públicas. Sin embargo, Milton Diamon no dio nunca su brazo a torcer. Todos los años ponía un anuncio en el American Psychiatric Society Journal para intentar contactar con el psiquiatra que trata a los gemelos. Keith Sigmundson, supervisor del tratamiento de John, se ha planteado durante años publicar el desenlace real del caso John/Joan, pero no acaba de decidirse. Por un lado, está “acojonado”, textualmente, de John Money y de lo que pasaría con su carrera si se mete con el pez gordo, el gurú. Por el otro lado, la conciencia le remuerde. Cuando por fin Diamond consigue su teléfono, lo primero que le dice Sigmundson es: “Me preguntaba cuánto tardarías en encontrarme”.

Superadas las reticencias de Sigmundson, decidieron entrevistar a David Reimer. Cuando éste se enteró del éxito de su caso, según la bibliografía médica, se animó a colaborar para que ningún otro niño tuviera que pasar por lo que calificaba de “tortura”. Tardaron casi dos años en conseguir publicar su artículo. The New England Journal, American Psychiatric y American Pediatric lo rechazaron por polémico. Después de todo, estaban diciendo que durante 30 años se habían practicado reasignaciones de sexo sin base científica. Finalmente lo aceptaron en Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine y se publicó en marzo de 1997; los resultados saltaron a la portada del New York Times.

David concedió algunas entrevistas en la televisión con el rostro escondido. Después aceptó la petición de reunirse con Colapinto por el simple motivo de que éste trabajaba para Rolling Stone y a David le gustaba el rock’ n’ roll.

La familia Reimer nunca sanó

El experimento de Money puso a la familia Reimer en absoluta crisis, los demonios no dejaron de perseguirla. Solo Ron, después de un periodo difícil vinculado al alcohol, consiguió retomar las riendas de su vida. Janet siguió sufriendo profundas crisis depresivas e intentos de suicidios. Su hermano Brian tuvo varios fracasos matrimoniales y pasó por las drogas y el alcohol. Se suicidó en 2002. David, después de la muerte de su hermano, no fue el mismo. Iba todos los días a visitar su tumba en el cementerio. La empresa en la que trabajaba cerró, se peleó con su mujer y, el 4 de mayo de 2004, condujo hasta un parking aislado y se disparó en la cabeza. Tenía 38 años.

Si se hubiesen respetado los derechos del niño, en lugar de cacarear los trasnochados “derechos humanos” que dicen defender, Brian se habría sometido a una faloplastia cuando hubiese tenido la edad adecuada. Y cualquier cuidado necesario, psicológico incluido, tras el accidente, habría sido muchísimo menos traumático. Ni siquiera es comparable. Y todo esto se hizo sin pensar en absoluto ni en la salud ni en la felicidad del niño. Sino en post de la fama de Money, un personaje que si no lo es, se comportó como un psicópata. (**)

La sombra de Money es alargada

Lo incomprensible es que las fundadoras del feminismo de género –que, por supuesto, no son todas las feministas- basaron su teoría en los fraudulentos estudios del Dr. Money. Kate Millet publicó el libro “Sexual Politics” en 1970, que fue como la Biblia del feminismo, donde citando a Money, afirmaba que las diferencias entre hombre y mujer reflejaban imperativos no biológicos, pero sí prejuicios y expectativas sociales. La socióloga feminista Ann Oakley decide retomar el concepto de Género e incorporarlo a la Sociología.

Para el feminismo las “evidencias” mostradas por Money parecen ser como revelaciones divinas y concluyentes que ellas discursean como un dogma. Una teoría que fracasó desde su experimentación se ha convertido en el nuevo paradigma para las políticas públicas a nivel mundial, desde las Naciones Unidas hasta el pequeño Jardín de Niños, en donde aplicando políticas de género se trata de cambiar las conductas de niñas y niños, hombres y mujeres para buscar una igualdad que no saben en qué radica.

Resumiendo, a Money, todavía hoy, que es lo peligroso, se le considera un héroe del feminismo y los derechos de los homosexuales, como si esto tuviese algo que ver con sus experimentos. Su implicación no era solo teórica. Reconocido bisexual, defendió con ardor el matrimonio abierto, la divulgación de pornografía y hasta el incesto y la pedofilia.

Su teoría sobre la diferenciación sexual se considera la más progresista y moderna (Fausto-Sterling, 2000, p.67). Todavía hoy, la mayoría de los textos médicos recomiendan la cirugía y la reasignación de sexo al nacer en casos de ambigüedad genital. ¿Cómo es posible? Bien, se supone que por una mezcla de intereses ideológicos, económicos e inercia.

Money rechazó comentar el caso John/Joan, incluso tras la muerte de David, citando leyes de confidencialidad. Sin embargo, afirmó que el tratamiento mediático reflejaba un sesgo conservador y era parte del movimiento antifeminista, que enfatiza la importancia de los genes en la masculinidad y la femineidad con el propósito de volver a los roles sexuales tradicionales. Es decir, respondió tirando balones fuera. Ni una palabra del sufrimiento provocado mientras gozó de una fama, al parecer, mundialmente reconocida.

Money en la Junta de Andalucía la pasada semana

El pasado 9 de abril se votaba en el Parlamento andaluz la toma en consideración de la Proposición de Ley integral para “la no discriminación por motivos de identidad de género y reconocimiento de las personas transexuales en Andalucía”. El proyecto, consta de un largo preámbulo ideológico dividido en cuatro partes, además de un articulado de 21 puntos divididos en cuatro títulos.

El Título III está dedicado a la Educación y a los menores, para desgracia de los alumnos y los menores andaluces. Bien, después de lo expuesto, da verdadero pánico sólo imaginar que, la reciente ley andaluza, en vistas de aprobarse, reza: “el cambio de sexo será la política oficial de la Junta de Andalucía en los casos de niños, con una posible distrofia de género”.

Si un niño se siente una niña o su familia considera que se realizará mejor siendo una niña, la Junta asumirá que el cambio de identidad es la mejor solución para el menor y organizará todas sus relaciones para que no tenga otra opción que la de cambiar de sexo”.

Postulado de la sinrazón y la barbaridad de la ideología del pensamiento único: La Junta de Andalucía anuncia que: “Se obligará a toda la comunidad escolar a admitirlo en los baños y vestuarios de chicas, aunque sus órganos genitales sean los de un chico. Se obligará a sus compañeros a llamarlo por su nombre de chica y a tratarlo como una chica”, Se obligará a los profesores a cambiar todos los papeles del alumno para adaptarse a su nueva identidad de género”. -Que no se diga que la Junta no sabe obligar-. Continúa: “Se obligará a los padres de los demás alumnos a ver cómo algo natural que el chico vaya vestido de chica al colegio y comparta servicios y espacios íntimos con sus hijas”. Impresionante capacidad para la integración, como puede observar el lector. Sigue: “Se preparará al menor para el inexorable cambio de sexo, un proceso que culminará con los drásticos tratamientos hormonales y con la operación quirúrgica de cambio de órganos genitales” –por lo menos reconoce que son drásticos, que no es poco-. Y a esto, además, no se lo pierdan, lo llamarán, sin complejos, derechos del menor, o algo así.

Pero además, la Junta amenaza: “Cualquier solución que no pase por este itinerario, quedará excluida y será proscrita como una alternativa transfoba” –la negrita es de la Junta-, la nueva palabra-policía incluida en el proyecto de ley para marcar a cualquiera que no acepte que la identidad de género es una elección del niño/individuo; una más, como la elección de unos zapatos o un modelo de coche.

La escatológica y psicópata sombra de Money nos persigue hasta la Junta de Andalucía. No es ya que se dedique a legislar, como denuncian muchos andaluces, “basándose en casos excepcionales, con la que está cayendo…”. Lo más difícil de aceptar es que esta izquierda española, progresista y liberal hasta las trancas -la iniciativa es del PSOE y de la nueva IU-, no se cansa de imponer dogmas de la ideología liberal de género, intentando–¡quién la ha visto y quién la ve!-, dar parámetros y criterios de Liberté, égalité, fraternité.

El drama es que, la nueva ideología de género, “convierte a los niños en cobayas de los experimentos de ingeniería social de los políticos”, tal y como acusa un grupo de ciudadanos en la web, que se opone a la ley. “El principal problema –dicen- es que no experimentan con sus propios hijos, sino con los hijos de los demás”.

Los ciudadanos españoles denuncian:

“El Título III, dedicado a los niños y la Educación, no es el único apartado escandaloso de esta nueva ley andaluza de transexualidad. El proyecto prevé medidas de discriminación positiva para las personas que hayan cambiado de sexo, que se considerarán como un grupo preferente en las políticas de empleo de la Junta de Andalucía. Todo el proyecto descansa en la premisa ideológica de que el sexo de una persona es una elección individual y no una condición biológica. -Les suena, ¿no?- Este es el núcleo de la ley, coincidente con el dogma fundamental de la ideología de género. Todo el largo preámbulo del proyecto no es más que un farragoso desarrollo de este principio. El proyecto invoca falsos principios internacionales, como los de la cumbre de Yogykarta, organizada por el potentísimo lobby de género y sin ninguna trascendencia en el Derecho Internacional. En cambio, el proyecto desprecia la descripción de la “disforia de género” como un trastorno psicológico catalogado por la Organización Mundial de la Salud. Para el PSOE e IU-Los Verdes, autores de esta proposición de ley, todo se arregla si cada uno puede elegir su propio sexo. Para los niños andaluces que duden o cuyos padres duden, cambiar de sexo será la única solución que les ofrecerá la Junta de Andalucía”.

Este artículo no pretende cuestionar en lo más mínimo a las personas homosexuales, adultas y responsables de sus propias vidas. Únicamente denuncia la grandísima estupidez humana, la falta de responsabilidad de nuestros gobernantes, el desprecio a la Ciencia y a la Naturaleza. Con la primerísima pretensión de “defender” los derechos de los niños.

*Redactora Jefe de Elespiadigital.com

(**) Recomendamos al lector ver el documental realizado para la BBC: “El Dr Money y el niño sin pene”

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