Manuel Funes Robert

MANUEL FUNES ROBERT

por Eduardo Arroyo – Le conocía aproximadamente desde hace veinticinco años. Conversé con él en incontables ocasiones, muchas de ellas por teléfono y otras tantas presencialmente, en algún que otro pequeño café. Dos o tres veces en su casa. Recibí por correo docenas de sus escritos, a menudo dedicados. Le entrevisté en video y grabé varias conferencias que, a su vez, yo mismo organicé solo o con ayuda.

Obtuve así algunos documentos dignos de análisis y de reflexión por parte de todos aquellos que quieran conocer los acontecimientos de nuestra época.

Y es que Manuel Funes Robert ha sido sin duda el más grande economista que ha dado España en el último siglo. Gracias a él aprendí multitud de cosas sobre los auténticos fundamentos de la economía, sobre sus fines y sobre las verdades a las que debe servir.

Algunas de ellas son tan importantes que los economistas del presente no quieren hoy siquiera mencionarlas, porque don Manuel fue uno de esos espíritus libres que se preocupan de decir las cosas aunque al poder no le guste.

En los últimos meses mantuve poco contacto con él debido a ocupaciones familiares pero no por ello le olvidé un solo momento. En diciembre le envié mi acostumbrada felicitación postal de Navidad agradeciéndole, como todos los años, haberme enseñado tantas cosas sobre una materia que constituye la verdadera arma de destrucción masiva de la época.

Todo esto, cuando se le prestaba la atención suficiente, era fácil de entender. Solo había que oírle hablar: su mente ágil y vivaz encadenaba un razonamiento con otro e intercalaba con frecuencia citas aprendidas de memoria del Quijote.

Hablaba como nadie sobre la naturaleza del dinero, sobre el papel de los bancos centrales, sobre la inflación y la estanflación, sobre la diferencia entre la economía productiva y la financiera o acerca de para qué sirve la economía.

Su percepción del sentido de la economía era radicalmente diferente del de aquellos que le criticaban. Siempre le sentí dolido por el ostracismo de muchos de sus compañeros de profesión, quizás porque nadie fue jamás más crítico para con el servilismo de muchos de ellos.

En la clase política todo fue muy parecido. La derecha le ignoró porque desde hace décadas ha dejado de comprender la importancia de dotarse de un pensamiento económico que permita comprender los fenómenos de nuestro tiempo, respetando ciertos principios.

Por pura actitud reaccionaria, en su crítica al estatismo de la izquierda, la derecha se ha arrojado en los brazos del liberalismo económico que es, paradójicamente para esa misma derecha, el más poderoso agente destructor de las sociedades tradicionales.

Por otro lado, la izquierda pretendió utilizarle, solo de vez en cuando, tomando de aquí y allá todo lo que servía para criticar el liberalismo, aunque fuera de un modo harto superficial. Sin embargo, cuando pudo le ignoró y no es de extrañar. Nadie como Manuel Funes ha explicado la naturaleza del dinero y su cometido para la vida de las naciones.

Solo él entendió la importancia de la soberanía económica nacional, hoy secuestrada y entregada a entidades oscuras, totalmente al margen del control democrático del pueblo al que se dice, retóricamente, servir.

Solo él señaló la importancia de la dirección política –que no control político- de la economía y únicamente él explicó la insuperable contradicción del liberalismo, como teórico defensor de las libertades particulares y al mismo tiempo defensor de las potencias económicas que esclavizan a millones.

Fue Manuel Funes, un valedor audaz de la libertad política de los pueblos y, por consiguiente, un valladar contra el cosmopolitismo progresista. A este respecto, el citado ostracismo de la izquierda evidencia la complicidad de ésta con el avance de la globalización, una tesis reiterada en multitud de ocasiones desde esta columna.

Por eso fui testigo de que Manuel Funes llamó a muchas puertas y en casi ninguna se percataron de que ofrecía muchas claves para entender las sombras de nuestra época.

A este respecto, si yo tuve algún mérito fue el de haber procurado con todas mis fuerzas incorporar lo mejor de sus ideas a cuantos proyectos en favor de la libertad de los pueblos y de la comunidad nacional han decidido consultar mi humilde opinión.

Hoy Manuel Funes ya está muerto y no me cabe duda, como le dijera de palabra en muchas ocasiones, de que su obra no se escribió para deleitar la frivolidad del poder incontestable de nuestros días, sino para servir de referente a los que en el futuro estudien la oscuridad que hoy nos acecha por doquier. Quizás en otra época en que las cosas estuvieran menos subvertidas, la obra de Manuel Funes hubiera pasado sin pena ni gloria.

Pero el problema es que vivimos en un mundo en el que todo está tan dado la vuelta que tiene un mérito gigantesco mantenerse en pie cuando todo se derrumba. Funes ha muerto y con ello ha entrado en la Historia de las Ideas. Otros le valorarán como merece.

Los sumisos, por una u otra razón, a la ortodoxia dominante a lo sumo tendrán su momento. Así que los que quieran entender que entiendan.

Mientras tanto, a muchos solo nos queda despedir con tristeza a un hombre honesto y a un gran amigo. Dios le acoja en su seno.

Fuente: ESD.

One Comment to “Manuel Funes Robert”

  1. «…señaló la importancia de la dirección política –que no control político- de la economía y (…) explicó la insuperable CONTRADICCIÓN del liberalismo, como teórico defensor de las libertades particulares y, al mismo tiempo, defensor de las potencias económicas que esclavizan a millones».
    Equilicuá.

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