Fuerzas que emergen

CARLOS MARTINEZ-CAVA

por Carlos Martínez-Cava – “El Estado favorecerá un régimen de participación de los empleados y trabajdores en los beneficios de las empresas, y legislará sobre los demás aspectos de las relaciones entre aquellos y éstas, y sobre la defensa de los empleados y trabajadores en general.” (Artículo 45. Constitucion de Perú de 1933). Abundan artículos y reflexiones en torno a los pequeños partidos que pueden hacerle daño electoral al Partido Popular o, impedir la irrupción de otras alternativas políticas del llamado entorno “social patriota”.

Si esa preocupación es tan profunda, no alcanzo a extraer otra conclusión que la deficiente formación ideológica de quienes durante mas de treinta años han podido sentirse parte de esa “tercera via”.

Siempre he entendido que los herederos ideologicos de los movimientos políticos que quisieron contestar al capitalismo y al marxismo, se postulaban por una sociedad donde el comunitarismo, la soberanía y, sobre todo, la justicia social, ocuparan un lugar preeminente.

En la irrupción del partido de Santiago Abascal o la pujante emergencia política de Albert Rivera, no veo el liderazgo de opciones que representen ese discurso alternativo a la globalización, al secuestro de la soberanía por Bruselas, al mandato de entes supra nacionales para dictar legislaciones laborales restrictivas, o la construcción de sistemas de representación política que resuelvan el dilema que la partitocracia ha sumido a las sociedades occidentales. No veo la enunciación de principios que propongan otra visión del mundo del trabajo

No basta con denunciar la corrupción y proponer la eliminación de subvenciones a partidos y sindicatos si, con ello se sigue afirmando o sosteniendo que ése modelo (y no otro) es el correcto.

Lo realmente rebelde y contestario a este actual estado de cosas sería la proposición de normas como la que la Constitución de Perú de 1933 recogía y que sirven de preambulo a éste texto. Enunciación que vió su continuidad en la norma suprema peruana de 1979 en su artículo 56: “El Estado reconoce el derecho de los trabajadores a participar en la gestión y utilidad de la empresa, de acuerdo a la modalidad de ésta. La participación de los trabajadores se extiende a la propiedad en las empresas cuya naturaleza no lo impide”.

Romper la crisis sistémica en la que se encuentra sumida España no es cambiar un partido por otro, ni una oligarquía por otra. A nuestra Nación le fue robado, en 1975, un período constituyente donde el Pueblo determinara –con mandato expreso- qué tipo de Estado y de representación política deseaba.

Todos y cada uno de los partidos que ahora aspiran a romper la dictadura bipartidista que gobierna España lo hacen desde la conformidad con el estatus impuesto de desindustrialización masiva, de dictadura de sindicatos vinculados a una economía liberal y dirigida desde Bruselas .

El temor a la emergencia de esas fuerzas no traduce otro significado que utilizar elementos del mismo sistema para mantenerlo incólume. Porque nada hay en ninguno de esos partidos que provoque el nacimiento de otro modelo de sociedad.

Lo realmente preocupante es contemplar como miles de españoles que se afirmaban parte de una alternativa social y nacional han caído cautivados por las mismas fuerzas que han dicho combatir en cuanto han cambiado de cara o de símbolo.

No me encontrarán entre ellos.

Mi sitio. Nuestro sitio, el lugar de los que aspiramos a dotar a España de Soberania y capacidad de decisión política y bienestar popular pasa por romper los dictados de la Troika, denunciar la “deuda odiosa” y no pagarla, nacionalizar la banca y los servicios energéticos esenciales. Derogar la Reforma Laboral y construir otro marco de soberanía en el trabajo.

Nuestro sitio no está en las moquetas ni en los aires de viejas caras recicladas bajo otras siglas. Nuestro sitio se identifica con el sacrificio, con ese verbo que ya no se conjuga y que es capaz de alumbrar la noche más oscura que cubre España. Pero no para encumbrar nuevos señoritos mientras otros aplauden.

Nuestro sitio es una España sin autonomías, sin sindicatos complices ni partidos que taponan la representación real y popular.

Nuestras victimas del terrorismo son también las que llenan las listas del INEM y para las que nadie ha creado Asociaciones desde las que vivir sin trabajar o catapultarse a las listas de otros partidos ya existentes.

No puede haber –ni existirá- España sin otra España muy diferente a ésta.

16/02/2014

Fuente: Carlos Martínez-Cava

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